1. El método. La razón como relación con una "no posesión"
fuente: Il metodo: la ragione come rapporto a un “non proprio”, en La consegna tradita. Riflessioni sul senso della storia
traducción: Juan Carlos Gómez Echeverry

El "Taller sobre la persona y sus vínculos" parte del deseo de constituir un sujeto de trabajo común donde puedan encontrarse aquellos que quieren interrogarse sobre el sentido de la "novedad" de la propia experiencia cultural. No se trata de dar lugar a un "pensamiento único, sino de encaminar un recorrido que sea un vivir la cultura en la fe, […] un recorrido común en el cual recoger la posibilidad de trabajo en función de posibilidad común de parangón" (Vittadini). Eso puede ocurrir en cuanto se aúne algo más radical que nuestras ideas. El recorrido no está, pues, caracterizado y posibilitado por el hecho de tener las mismas ideas, sino por el emerger de un estilo, de un modo de juzgar que se percibe como inconfundible y común. Lo inconfundible y lo común no dependen del tener las mismas ideas, sino del percibir y representar una actitud, una posición" (Dalmasso).
Esta actitud es posible alcanzarla por un deseo común: en el deseo de confrontarse, y por tanto en el "desear un lugar donde esto pueda nutrirse de una compañía continua" (Dalmasso). Se trata por tanto de redescubrir una novedad en acto, preguntándose por cuál "relación contiene esta novedad con nuestro modo de plantearla con respecto al saber" (Dalmasso), ya que "la experiencia cristiana instituye un nuevo modo de relacionarse con el saber". Esta novedad se refleja y se documenta colaborando juntos por individuar aquellos recintos ideológicos sobre los que se quema incienso: ¿qué es la política?, ¿qué es volverse ricos?, ¿qué es ser felices? Son todos ejemplos en los cuales la novedad de una experiencia, que nos transforma y nos dispone de una manera diversa, nos interpela y obliga a comprender que reflexionar sobre "quiénes somos” no puede consistir en el identificar un punto de vista, no puede ser una visión de las cosas, sino que es algo que me ocurre en el momento en que lo siento y lo entiendo (el credo ut intelligam va, finalmente, puesto a tema y vivido como un método. (Dalmasso).

La relación con el saber que viene de esta manera a configurarse es una relación con una "no posesión", con algo que no domino y no puedo dominar, y que sin embargo produce efectos de transformación sobre el sujeto: es una relación con un acontecimiento que opera una transformación. "Está en la naturaleza misma del método que la claridad de nuestro hacer y de comunicarnos sea el responder a un punto que nos atrae sin que podamos poseerlo. El modo nuevo sería: pensar que el hecho que las cuentas no nos den no sea algo negativo. Es la verdad y nuestra relación con ella la que nos des-coloca, y nos desplaza. La verdad no es algo que podamos tener en el puño, no es sólo un reconocimiento; incluso el hecho que Dios nos ama puede ser falso, si es sólo un enunciado o profesado y no una reconversión.
El "Taller sobre la persona” quiere ser un lugar en el que uno se sostiene para relanzar esta pregunta y esta conciencia. Este saber cómo un dejarse interpelar implica un saber cómo kata hemas, (cerca de nosotros, en casa), según la fórmula con la cual los Padres griegos definían la filosofía iluminada por la fe" (Dalmasso). El "Taller sobre la persona y sus vínculos" se configura por tanto como una casa (Maiocchi). Por lo tanto, de una parte la verdad como algo que nos transforma, des-coloca, desplaza, y nos pone en movimiento, de la otra un lugar común en el cual este movimiento de transformación viene sostenido por una compañía abierta a la verdad y a sus efectos de transformación.
La "no posesión", en cuanto acontecimiento que origina una experiencia semejante, hemos tratado de verificarla desde dentro de la investigación y la enseñanza. Ha emergido así una estructura de juicio sobre nuestro pensar que es ciertamente excéntrica con respecto al clima cultural de nuestra sociedad: por el cual enseñar es preguntar y preguntar es enseñar (Agustín, De magistro). Esta afirmación, poco comprensible al día de hoy, alude al hecho que en el origen de estos dos actos está en acción una verdad que no es nuestra. Esta verdad no nuestra acontece, es decir nos transforma: nos damos cuenta de ello en el acto mismo en que somos transformados (Dalmasso). Enseñar es en efecto "pedirle a otro que viva conmigo aquello que me constituye. Esto es enseñar: hacer de tal manera que otro viva conmigo aquello que me constituye. Es también verdadero lo recíproco: preguntar es enseñar. Al inicio de todo camino en común está la ayuda recíproca a poner las preguntas" (Camisasca).

En consecuencia, la relación con el saber no es una relación con un contenido, ya que “no hay contenidos y autores que se puedan asumir como garantía de un saber más verdadero que el de los otros" (Bonicalzi). Relacionarse con un saber a partir de una "no posesión" significa, en efecto, exponerse a correr "un riesgo y también una posibilidad de trabajo enorme, de encontrar una positividad en el trabajo" (Bonicalzi). La relación con el saber como momento en el cual se puede arriesgar con todo se enlaza a una categoría que considera juntos la teoría y la experiencia: "el testimonio; no como empeño ético que se añade a las razones, sino como tejido de la razón misma" (Bonicalzi).
El testimonio es una razón que deja abierta la posibilidad de la irrupción de una pregunta, driblando cualquier dualidad: yo-tú, alteridad-identidad, mundo-yo. El testimonio está en el secreto irreducible, obliga por tanto a una estructura de la razón que no es representativa y ni siquiera hermenéutica, sino engendrada por este tercero. El método que ha atravesado este recorrido es por tanto aquel de "una razón que está al interior decidida por un tercero; que obliga a un método, no como ampliación de un punto de vista. En este sentido, el sujeto que interroga tiene que guardarse de olvidar la distinción entre saber y verdad.
La idea irrenunciable, la esencia misma del método, entendido como camino es el de poder sensibilizar a la verdad. En la relación con el saber no se trata de asumir "la idea perversa de un cúmulo de saber cristiano" (Maiocchi). Es por el contrario desde el interior de la razón que se reconoce el empeño, con un residuo que interpela y expone en primera persona, pero en presencia de otros y a partir de otro. “Introduce también en la razón aquella grieta que el racionalismo y los reduccionismos siempre saturan. Con este método vivido así, por el contrario, se enfrenta la brecha de la ideología y de la idolatría" (Bonicalzi).

Un pensamiento empeñado, interesado, trata por tanto de sustraerse a la ideología en cuanto se niega a saturar y cerrar la pregunta, ya que este dejar abiertas las preguntas, o reabrir las preguntas que una razón ideológica tiende a saturar, genera la "razón como capacidad de encuentro". Ésta, en lugar de ser una razón que divide, se convierte entonces en una razón productora o generadora de vínculos, "una razón que hace unidad" (Campodonico).
En lugar de seguir un racionalismo abstracto, se trata de ejercitar la razón concibiéndose perteneciente a un contexto común. "Común", en este sentido, quiere decir: contexto considerado capaz de hospedar y consolidar relaciones que no partan de militancias, de separaciones fuertemente ideologizadas, sino de la conciencia del deber actuar en cierto modo para satisfacer exigencias concretamente compartidas, co-participadas también cuando no son puestas desde una única tradición cultural (Crippa).

La razón, además, tiene que ver siempre con una "no posesión" porque ella “está siempre en situación; se comienza siempre desde una situación; si se hace sistema, éste es instrumento o modalidad organizativa de las razones conocidas, para moverse mejor en las situaciones. La razón entendida, en cambio, como conciencia del porqué de lo que existe
y acontece, es continua apertura al acontecer mismo. En este sentido el hombre habita la tierra en una continua activación de la razón. Esta última por tanto señala que la cuestión de fondo del existir es un problema de morada, de tener casa, no de pensar de manera justa, sino de estar interiormente en paz sobre la tierra. Razona quien vive en esta paz, como habitante entre habitantes" (Crippa).
La razón, su ejercicio, no coincide pues con la angustia argumentativa, sino precisamente con aquella capacidad de saber estar en la pregunta que caracteriza el testimonio en cuanto estructura de la razón. El testimonio pues ha sido puesto a prueba como "un pensamiento que nace implicado, porque existe un acontecimiento que implica, que precede al pensamiento. No es un punto de vista, sino una implicación. Ésta es la garantía de la unidad de la experiencia, no una unidad de contenido, sino de un dinamismo" (Botturi)

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