2. La tiranía de lo feo
autor: Giovanni Fighera
fuente: La tiranía de lo feo
Qué ha ocurrido?
traducción: María Eugenia Flores Luna

2.1. "Lo bello es feo y lo feo es bello"
Cuando el hombre ya no tiene la conciencia del propio yo, podríamos decir también de la naturaleza de su corazón, hecho para el amor, para el bien, para la belleza, entonces emerge lo feo, la negatividad, la pérdida de sentido de las cosas. Muerte, obscenidad, fealdad, anormal empleo de la sexualidad reemplazan deseo de vida, lo sagrado, belleza y ternura amorosa: he aquí en parte aclarados algunos escenarios artísticos, seudoartísticos y cinematográficos de la contemporaneidad. En la contemporaneidad se ha realizado la profecía de las brujas de Macbeth que al principio exclaman: "Lo bello es feo y lo feo es bello". Hoy se ha afirmado la tiranía de lo feo justo en los campos artísticos que por excelencia consagraban el triunfo de la belleza. Basta con aducir algún ejemplo. El "New hoover convertibles" de Jeff Koons, es decir una aspiradora puesta en una vitrina de museo, ha inaugurado en 1984 el Neo-Geo o commodity sculpture. Sarah Lucas en 1994 en la obra "Au naturel" hace empleo de fruta para imitar la relación sexual sobre una cama, mientras que "Strange fruit" de Zoe Leonard en 1992 se convierte en la más evidente expresión del Kitsch: cáscaras de naranjas cosidas juntas para recomponer un nuevo fruto. Aún, luego las corrientes del Site specific o el Land art no son más que algunas entre las muchas expresiones de arte contemporáneo a la búsqueda de la subversión total, de la novedad, de la absurdidad del concepto mismo de objeto artístico.

2.2. Las etapas
2.2.1. El Kitsch: la obra de arte se convierte en producto de consumo. He aquí en resumen las etapas que han llevado al desarreglo de la obra de arte y a la destrucción de la idea de belleza.
Primer paso. A finales del siglo XVIII e inicio del XIX, ya difundida en muchos países europeos, la revolución industrial lleva a la producción en serie a través de la cadena del montaje. Indudablemente, este nuevo proceso de producción influye intensamente también en la idea de exclusividad de la obra de arte. Así a mitad del Ochocientos se afirma el Kitsch, que deriva de la unión entre la inserción del hecho artístico al interior de la lógica de producción industrial y el deseo de la clase social burguesa, ya afirmada como predominante, de gozar de la obra de arte directamente en su propia casa. Esta necesidad lleva a la realización en serie integral o parcial, a precios competitivos, de obras de arte famosas para un público cada vez más numeroso. Estas ya no son copias sino verdaderas reproducciones industriales.

2.2.2. El objeto común se convierte en arte. Segundo paso. El Novecientos se abre con las vanguardias históricas que proponen, en muchos casos, una subversión radical respecto al concepto de obra de arte tradicional. Marcel Duchamp (1887-1968) transforma en un primer momento una rueda de bicicleta, luego un urinario en obras de museo abriendo la vía por la cual cualquier objeto, independiente del propio contexto cotidiano y de su uso, puede convertirse en ocasión de fruición artística. Unos años más tarde Hugo Ball, dará vida a la vanguardia dadaísta (1916-1921) que, recurriendo al ready-made ("ya listo"), al collage, al ensamblaje, al fotomontaje, tratará de desbaratar la estructura del concepto de arte tradicional en nombre de una ampliación de los estilos, de la abolición de la separación entre arte y vida y de la creación de un tipo de "no- arte". La vanguardia futurista, en esos años, consagra la superioridad de los productos tecnológicos sobre las obras de arte. En el "Manifiesto del movimiento futurista" (1909) Tommaso Martinetti escribe que el automóvil es más bello que el "Nike di Samotracia", porque es más moderna. Si el arte es desnaturalizado con respecto a su estatus ontológico, el mismo artista ya no tendrá una función educativa, moral, de poeta, de referencia para la misma época. ¿A que puede servir una obra de arte que todos pueden realizar, destituida de toda regla, exenta del entero legado de la tradición anterior?

2.2.3. Todos artistas en un mundo sin artistas. Tercer paso. En las décadas siguientes, la evolución natural de la transformación de un objeto de uso corriente en obra de arte es que cualquiera puede ser artista. Los sujetos del arte vienen, ahora, retirados del mundo de la cultura de masa y de los mitos predominantes en el imaginario colectivo (Elvis Presley, Marilyn Monroe, la Coca Cola…). Nace el Pop art. Si el kitsch ha transformado una obra artística en fenómeno de masa, el Pop art trasforma el objeto de masa en producto artístico. El artista estadounidense Andy Warhol, 1928-1987, afirma que en la época contemporánea quienquiera puede ser famoso por un cuarto de ahora. A la rapidez y a la extensión de la fama corresponde, en cambio, de modo inversamente proporcional la facilidad con que la fama misma se disuelve. Afirma Alain Finkielkraut en Nosotros, los modernos: "Todos autores, en un mundo sin autor: es ésta la última forma de la igualdad… ".

2.2.4. El trash. Cuarto paso. Se afirma el trash o bien la basura. Anulada la tradición y el legado valedero y técnico de la tradición misma, o bien anulada cada experiencia artística, subestimado todo lo que es del pasado (conque no sea anterior de pocas décadas, porque en tal caso se pondría de moda) se puede proponer tranquilamente a la vista y a los oídos de todos la basura: el trash. La "verdadera basura" se ha convertido en arte: no un sueño sino una pesadilla, aquella de la destrucción del arte, se está convirtiendo en realidad.

Qué ha ocurrido?

2.3.1. La pérdida de lo simbólico. Si nos preguntamos qué ha ocurrido, podemos sin duda subrayar algunas tendencias de fondo. La primera es sintetizable en la pérdida del valor de lo simbólico, es decir de la capacidad de poner juntos, unir lo particular con lo universal, con su sentido. En la Edad Media había menos piezas del rompecabezas de la realidad, pero el hombre tenía bien presente la imagen que tenía que reconstruir. Hoy las piezas del rompecabezas han aumentado, pero ha desaparecido para muchos la imagen de referencia, el significado del todo, el sentido último de la realidad. Un ejemplo más para explicar esta situación contemporánea. Si indagamos de manera más analítica el escenario estético de hoy, se constata la separación entre arte y belleza, entre arte y realidad, entre arte y misterio, entre arte y hombre, entre arte y forma. Aquel arte que siempre ha tenido una forma, sinónimo mismo de belleza, a menudo se ha vuelto amorfa, sin forma. La coincidencia entre bello, bueno y verdadero se ha disgregado en el tiempo. Un tiempo la belleza también era sinónimo de bondad y verdad. Hoy el arte ya no quiere ser bello, ni bueno, ni verdadero, porque ya no existen, dicen muchos, ni belleza ni bondad ni verdad.

2.3.2. El dominio del cerebralismo y de la idea. La segunda tendencia es consecuencia de la primera. La fractura entre forma y contenido ha conducido en el Novecientos, siglo de las ideologías dominantes, al dominio del cerebralismo, de la ideología, a la primacía de la idea sobre el objeto, sobre la belleza, sobre la realidad.

2.3.3. Arte y economía. En fin, y ésta es la tercera tendencia, entre el Ochocientos y el Novecientos el hecho artístico ha sido insertado en un cuadro económico. Los cuadros se han convertido en inversiones, el criterio de valoración se ha ligado a las medidas de la obra y al coeficiente de multiplicación proporcional con el currículo del artista. Los movimientos artísticos se han convertido en modas sometidas al tiempo y al albedrío de los críticos de arte.

(continuará en 3. El retorno a la belleza perdida)

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