4. Una gota
autor: Nellina Matuonto Banzatti
fecha: 2012-02-07
fuente: La boutique del mistero 4 - Una goccia
(La boutique del misterio 4 - Una gota)
traducción: Juan Carlos Gómez Echeverry

No hace falta que ocurra una inundación completa para que el misterio llame a la puerta turbando el apacible vivir de todos: basta una sola gota de agua.
Una simple, pequeña gota de agua que se permite contradecir en cambio las leyes de la naturaleza. Es una gota de agua que sube las escaleras.
"Y por tanto se tiene miedo."

Éste es el tema inquietante de otro famoso cuento que hace parte de la "boutique": “Una gota”.
El argumento se dice pronto: por la noche "a lo largo del ojo de la escalera número E de la inmenso edificio" se registra un hecho aparentemente insignificante, casi imperceptible, pero misterioso y angustioso por su singularidad: una pequeña gota de agua sube las escaleras y su curioso ruido que repica en el silencio turba el sueño de todos los inquilinos.
"Laten los corazones cuando el tierno paso parece tocar el umbral. Menos mal, no se ha detenido. He aquí que ella se aleja, tic tic, encaminándose al piso superior."
El narrador, que habla en primera persona, es un testigo directo y se hace portavoz de la consternación general:
"Nosotros, que antes no escuchábamos nada y nos considerábamos exentos, sin embargo, desde hace algunas noches oímos algo. La gota todavía está lejana, es verdad. A nosotros sólo llega un repiqueteo muy leve, eco débil que atraviesa los muros. Sin embargo es señal que ella está subiendo y se hace cada vez más cercana.
Incluso dormir en una habitación interior, lejana de la escalera, no sirve. Mejor oír el ruido, antes que pasar las noches en la duda de si está más cerca o no. Quien habita en aquellas habitaciones recónditas, a veces no logra resistir, escapa en silencio por los pasillos y se queda en la antecámara, detrás la puerta, con la respiración suspendida, escuchando. Si la oye, ya no osa alejarse, esclavo de indescifrables miedos. Peor aún, no obstante, si todo está tranquilo: en este caso ¿cómo excluir que, apenas vueltos a dormir, justo entonces no empiece el ruido?

Buzzati, en calidad de narrador, toma entonces en consideración una serie de preguntas que nacen, bien sea en las personas implicadas, bien en los lectores también ellos de algún modo partícipes del inexplicable hecho. Hay pues quien tiende a reducir el misterio a un hecho fácilmente explicable, banalizándolo (“¿un ratón quizás? ¿Un sapito salido de los sótanos?”); hay quién se aventura en una explicación simbólica o poética, pero negando así el fenómeno en cuanto tal ("¿Sería por casualidad una alegoría? ¿se querría simbolizar la muerte, acaso? ¿O algún peligro? ¿Y los años que pasan? En absoluto, señores: es sencillamente una gota, sólo que viene por las escaleras. ¿O de manera más sutil, se quiere representar los sueños y las quimeras? ¿Las tierras anheladas y lejanas donde se presume está la felicidad? ¿En fin, algo poético? No, absolutamente. ¿O bien, los sitios más lejanos aún, al confín del mundo, a los que jamás llegaremos?”)

Ninguna de estas hipótesis se acepta por parte del narrador: la razón del hombre quisiera calmarse dentro de los límites de una explicación que no turbe sus certezas, pero hace falta antes o después tomar conciencia que un quid misterioso puede asomarse de repente en la realidad de modo inquietante, en una forma concreta y real.
"Pero no, les digo, no es una broma, no hay doble sentido, se trata, ay de mí, precisamente de una gota de agua, por cuanto se puede presumir, que viene de noche, sube por las escaleras. Tic tic, misteriosamente, de peldaño en peldaño. Y por tanto se tiene miedo."

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