5. El perro que ha visto a Dios
autor: Nellina Matuonto Banzatti
fecha: 2012-02-15
fuente: La boutique del mistero 5 - Il cane che ha visto Dio
(La boutique del misterio 5 - El perro que ha visto a Dios)
traducción: Juan Carlos Gómez Echeverry

El perro que ha visto a Dios" situado en una posición central en "La boutique" es el cuento más largo, subdividido en XXII capítulos muy cortos: todo un pueblo cambia frente a un signo en la que reconoce la presencia del misterio, de lo divino. Todos se sienten juzgados por la mirada de un perro que compartió la vida de un viejo ermitaño en las cercanías del pueblo.
Detengámonos brevemente sobre los antecedentes. Silvestre, el ermitaño, había dedicado los últimos años de su vida de oración y penitencia por la conversión de Tis, un pueblo de incrédulos, que ni siquiera frente a la visión de extrañas luces nocturnas que podían hacer pensar que en compañía de Silvestre estaba nada menos que Dios, había sabido conmover a sus habitantes de su indiferencia y de las costumbres de su arraigada vida malvada.
Pero después de la muerte del ermitaño, de repente los habitantes de Tis vieron vagar entre sus casas a un perro "feo y esmirriado" que observa aquí y allá y parece espiar a los habitantes del pueblo. “Es de esperarse cualquier cosa cuando Dios está de por medio, se oyen contar tantas cosas…".
La gente, en fin, no se siente ya más segura de su propia conducta malvada, porque la mirada indagadora del perro Galeón les reclama de algún modo la presencia de Dios, tomándolos por sorpresa en medio de sus gamberradas.

"Los hombres no se sienten ya solos, ni siquiera cuando están en casa con las puertas trancadas. Aguzan de manera continua el oído: afuera, un crujido sobre la hierba: un cauto y blando brincar sobre las piedras de la calle, un ladrido lejano. Buc buc buc, es el sonido característico que hace Galeón. No es rabioso, ni áspero, sin embargo atraviesa el pueblo entero.
De acuerdo, no es nada, quizás me he equivocado en las cuentas" dice el agente de negocios después de haber peleado duramente con la mujer por dos pesos. "En fin, por esta vez te la dejo pasar. Pero a la próxima…" anuncia Frigimélico, el de la ladrillera, renunciando de golpe a despedir al peón.
"En últimas es un gran tipo, mujer…” concluye inesperadamente, en contraste con cuanto había dicho antes, la Señora Biranze, en conversación con la maestra, a propósito de la mujer del alcalde. Buc buc buc ladra el perro callejero, y puede ser que ladre a otro perro, a una sombra, a una mariposa, o a la luna, pero no se excluye que ladre por una razón muy clara, como si a través de los muros, las calles, el campo, le haya llegado a sus orejas la maldad humana. Al oír el ronco reclamo, los borrachos expulsados de la hostería rectifican su comportamiento. Galeón comparece inesperado en el trastero donde el contador Federici está escribiendo una carta anónima para advertir a su jefe, propietario de la fábrica de pastas, que el contador Rossi tiene relaciones con elementos subversivos, "Contador, qué estás escribiendo?” parecen decirle los dos ojos mansos. Federici le indica buenamente la puerta. "¡Vamos, bonito, fuera, fuera!” y no osa proferir los insultos que le nacen del corazón. Después se pone con la oreja a la puerta para cerciorarse que la bestia se ha ido. Y luego, para mayor prudencia, echa la carta en el fuego.
Aparece, absolutamente por casualidad, a los pies de la escalera de madera que lleva al apartamentico de la bella y descarada Flora. Ya es noche profunda pero los peldaños crujen bajo los pies de Guido, el jardinero, padre de cinco hijos. Dos ojos brillan en la oscuridad. “Pero no está aquí, ¡carajo!” exclama el hombre en voz alta para que la bestia lo oiga, casi sinceramente irritado por el malentendido. “Con la oscuridad uno se equivoca siempre…. ésta no es la casa del notario"! Y desciende abruptamente las escaleras. O bien se oye su ladrar sumiso, un dulce gruñido, a modo de reproche, mientras Pinin y el Gionfa, habiendo entrado de noche en el trastero de la obra, le han echado mano a dos bicicletas. "Toni, hay alguien que viene" susurra Pinin con absoluta mala fe. “También a mí me ha parecido” dice el Gionfa "mejor salgamos" Y se deslizan afuera sin haber hecho nada.
(…)
¿Cuánto durará la persecución? ¿El perro no se irá nunca más? Y si queda en el pueblo, cuántos años todavía podrá vivir? ¿O bien, hay algún modo de sacarlo de en medio? El hecho es que, después de siglos de negligencia, la iglesia parroquial comenzó de nuevo a llenarse. El domingo, a misa, viejas amigas se encuentran. Cada una tenía su excusa lista: "¿Sabe qué le digo? Que con este frío el único sitio donde se está bien resguardado es la iglesia. Tiene los muros grandes, he aquí la cuestión… el calor que han almacenado de verano, ¡lo echan fuera ahora! ". Y otra: "Hombre bendito el arcipreste, don Tabià…. me ha prometido las semillas de tradescantia [i] japonés, ¿saben?, aquella bonita de color amarillo…Pero ni modo… Si no me hago ver un poco por la iglesia, él se hace el difícil, y simulará haberse olvidado…"
Todavía otra: "¿Sabe, señora Erminia? Quiero hacer un entredós de encaje como aquel de allá, que está en el altar del Sagrado Corazón. No puedo llevármelo a casa para copiarlo. Necesito venir aquí para estudiarlo…. ¡Eh, no es en absoluto simple!". Escucharon, sonriendo, las explicaciones de las amigas, preocupadas sólo porque la suya pareciera bastante plausible
(…)
Mientras tanto, sobre el atrio, Galeón estaba extendido al sol: pareciera que se concedía un merecido descanso. A la salida de la misa, sin mover un pelo, miraba de reojo a toda aquella gente: las mujeres en la puerta, alejándose quien de una parte, quien de la otra. Nadie se dignaba darle un vistazo; pero hasta que no hubieran doblado la esquina, sentían sus miradas en la espalda como dos puntas de hierro"

Las cosas pues, empiezan a cambiar por causa de la presencia del misterioso perro: la gente reconoce el placer de la amistad y el provecho de relaciones libres de la mentira y del abuso; la misa dominical vuelve a ser frecuentada.
Y cuando por fin el perro es encontrado muerto, ¿qué hicieron los habitantes de Tis?
"¿Respiraron? ¿Se entregaron a una loca alegría? Aquel incómodo pedacito de Dios se había ido finalmente, es verdad, pero estuvo demasiado tiempo en medio. ¿Cómo volver atrás? ¿Cómo recomenzar otra vez? En aquellos años los jóvenes habían ya tomado costumbres diferentes. La misa del domingo después de todo era una distracción. E incluso las blasfemias, tenían ahora un sonido exagerado y falso. Se preveía finalmente un gran alivio y en realidad nada"

Y cuando al final deciden enterrar a Galeón junto a la tumba del ermitaño, ¿cuál sorpresa los espera? El esqueleto del verdadero perro yacía desde hace tiempo allí cerca, revelándoles a los habitantes del país que el perro que cambió sus costumbres de vida fue en realidad un perro cualquiera.
Una señal misteriosa pero real de la presencia de Dios reconocida por todos – parece decir Buzzati - tiene el poder de cambiar la existencia de todo un pueblo a un nuevo estilo de vida que frente a la experiencia sabrá revelarse más humano, más conveniente, más razonable con respecto a las antiguas costumbres…

Notas del traductór
i. Planta Amor de hombre, Tradescantia. Tradescantia fluminensis 'Variegata'. De la familia de las Commelináceas; el nombre genérico está dedicado a J. Tradescant, que junto con sus hijos fueron jardineros de Carlos I y Carlos II en Londres. Fuente: http://www.laguiadeplantas.com/index.htm?/PLANTA/348.htm

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