5. Lo Bello que salva
autor: Giovanni Fighera
fuente: Il Bello che salva
traducción: Jorge Enrique López Villada

5.1. La belleza educa, cambia, mueve. Volvamos entonces a la belleza, ya llegando al final de este recorrido, preguntémonos: ¿es ella algo opcional en la vida del hombre o tiene un relieve central? Dostoievski en El Idiota llega a afirmar que "El mundo será salvado por la belleza". El escritor ruso escribe, luego, en Los Demonios: "Yo declaro que Shakespeare y Rafael son superiores a la liberación de los campesinos, a la química, superiores a la humanidad entera, porque son el verdadero fruto de toda la humanidad". El Papa Juan Pablo II expone una afirmación semejante diciendo en su carta a los artistas en 1.999, que el estupor por la belleza lleva aquel entusiasmo que permite siempre alzarse y repartir. Un personaje de la película "Las vidas de los otros" exclama: "¿Cómo se puede ser malo después de haber escuchado esta música?". La belleza verdadera cambia, educa, mueve. Escribe San Justino, mártir y filósofo: "Todo lo bello nos interesa. El cristianismo es la manifestación histórica y personal del Logos en su totalidad. Por consiguiente todo lo que de bello ha sido expresado por quienquiera nos pertenece a los cristianos."

5.2. La belleza de los santos. La belleza ya redime desde ahora. Pensemos en la belleza de los santos. San Ireneo escribe que "la gloria de Dios es el hombre que vive". C. Moeller escribe que "la belleza del teatro sólo es superada por la belleza de los santos". Pensemos en la figura de Marguerite Barankitse, en su mirada luminosa. Ella que ha visto el rostro de la muerte, que ha visto morir tantos amigos, ha abierto un orfanato que ha hospedado más de diez mil niños. El Papa Juan Pablo II en la encíclica Veritatis splendor escribe:
"El esplendor de la verdad brilla en todas las obras del Creador y, de modo particular, en el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26), pues la verdad ilumina la inteligencia y modela la libertad del hombre, que de esta manera es ayudado a conocer y amar al Señor. Por esto el salmista exclama: «¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!» (Sal 4, 7).
¡Cuántos ejemplos fulgentes de rostros luminosos de la gracia del Señor, gozosos en Cristo nos ofrece la vida!

5.3. La belleza de Cristo y de la Virgen. En Cristo la humanidad entera es redimida, la entera creación es redimida. “Yo hago nuevas todas las cosas” se dice de Cristo en el Apocalipsis. El hombre mismo es redimido, su yo disgregado es recompuesto y curado, como dijo Pirandello en la entrevista de1.936 a Carlo Cavicchioli. En Él sucede que un pueblo pueda dedicar su tiempo libre para edificar una catedral. Pensemos que una reciente investigación ha puesto al descubierto que el 84% del dinero empleado para la construcción de la Catedral de Milán provino de pobres trabajadores (entre estos también muchas prostitutas). Cristo es caridad en la verdad, verdad en la caridad. Cristo nos fascina con su belleza. La belleza permite tener juntas la verdad y la caridad, hace que no estén separadas: verdad sin caridad implicaría una selección y una actitud intransigente, caridad sin verdad se traduce en filantropía. Cristo es bello, bueno y verdadero.
Cristo ha triunfado ya sobre el mal y sobre la muerte, aunque el mysterium iniquitatis durará hasta el final de los tiempos y hasta entonces Dios necesita de los hombres (es decir, pide nuestra adhesión al bien, a lo bello y a lo verdadero), hasta el triunfo definitivo del Juicio Universal. Tenemos en la Virgen una gran intercesora cerca del Hijo: "Ad Jesum per Mariam" (a Jesús a través de María) como dice San Bernardo, y Dante suscribe:

"Aquí eres faz meridiana
De caridad y abajo entre los mortales
Fuente viva de esperanza."

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