6. El colombre
autor: Nellina Matuonto Banzatti
fecha: 2012-02-23
fuente: La boutique del mistero 6 - Il colombre
(La boutique del misterio 6 - El colombre)
traducción: Juan Carlos Gómez Echeverry

"El colombre" es quizá el cuento más conocido de Dino Buzzati. Publicado por primera vez en 1966, se integra luego a la "Boutique" como elocuente metáfora del insuprimible deseo de verdad innato en el corazón del hombre, pero también del aspecto ambivalente que el signo ofrecido por el destino puede asumir, hasta llegar a ser trastocado fácilmente en enemigo al cual evitar en lugar de un tesoro para conquistar.

Stefano Roi, protagonista de "El Colombre", vive pues toda la vida en la angustia de haber sido de algún modo signado por el destino: el colombre, un pez terrible y misterioso al que todos los marineros temen, lo ha elegido desde pequeñito como su víctima y se obstina en esperarlo en el mar, cruzando mar adentro, pero no tanto como para no ser divisado también por Stefano desde la ribera, cuando él decide dejar el mar para ponerse a salvo de esta persecución.

"Stefano permanece allá, atónito, con el corazón que lo golpea. A distancia de dos o trescientos metros del muelle, en el mar abierto, el siniestro pez se sumerge y vuelve a salir, lentamente, de vez en cuando saca el hocico del agua y lo dirige a tierra, mirando casi con ansia a ver si Stefano Roi viene por fin.
Así, la idea de aquella criatura hostil que lo esperaba día y noche se vuelve para Stefano una oculta obsesión. Y también en la lejana ciudad le ocurría despertarse en plena noche con inquietud. Él estaba seguro, sí, que centenares de kilómetros lo separaban del colombre. Sin embargo sabía, sea que estuviera en las montañas, en los bosques, en los llanos, el escualo lo esperaba. E incluso, si se trasladase al más remoto continente, todavía el colombre se colocaría en el espejo de mar más cercano, con la inexorable obstinación que tienen los instrumentos del hado."

Completamente subyugado por la fuerza de este espejismo funesto pero fascinante, al final el protagonista acepta el desafío del enemigo, renunciando a la vida confortable y carente de peligro de la tierra firme.

"Stefano se había hecho su vida, no obstante, el pensamiento sobre el colombre lo agobiaba como un espejismo funesto y al mismo tiempo fascinante; y, con el pasar de los días, en lugar de desvanecerse, parecía hacerse más insistente. Grandes son las satisfacciones de una vida laboriosa, acomodada y tranquila, pero es más grande aún la atracción por el abismo. Stefano tenía apenas veintidós años, cuando, despidiéndose de los amigos de la ciudad y licenciándose del empleo, tornó a la ciudad natal y le comunicó a la madre la firme intención de seguir la profesión paterna.
(…)
Y Stefano empezó a navegar, dando prueba de calidades marineras, de resistencia a las fatigas, de ánimo intrépido. Navegaba y navegaba, y sobre la estela de su barco, día y noche, en bonanza y en la tempestad, el colombre le perseguía. Él sabía que aquella era su maldición y su condena, pero justo por esto, quizás, no encontraba las fuerzas para separarse. Y nadie a bordo divisaba al monstruo, excepto él
"¿No veen nada en aquella parte?” les preguntaba de vez en cuando a los compañeros, indicando la estela. "No, no vemos realmente nada. ¿Por qué?” “No sé. Me parecía…” “¿Acaso habrás visto por casualidad un colombre?" decían ellos, riendo y tocando madera. "¿Por qué se ríen? ¿Por qué tocan madera?” "Porque el colombre es una bestia que no perdona. Y si se pusiese a seguir este barco, querría decir que uno de nosotros está perdido." Pero Stefano no cedía. La incesante amenaza que lo perseguía parecía más bien multiplicar su voluntad, su pasión por el mar, su valor en las horas de lucha y peligro."

La gran ocasión se le presentará al final de la vida (como le ocurre al teniente Drogo protagonista del "Desierto de los Tártaros”), y será una gran sorpresa:
"Hasta que, de improviso, un día Stefano se da cuenta de haberse vuelto viejo, muy viejo; y nadie a su alrededor sabía explicar porqué, siendo rico como era, no dejaba por fin la maldita vida de mar. Viejo, y amargamente infeliz, porque toda su existencia había sido consumida en aquella especie de absurda fuga a través de los mares, para huir del enemigo. Pero, más grande que las alegrías de una vida acomodada y tranquila, era para él la tentación del abismo.
Y una tarde, mientras su magnífico barco echaba anclas a lo largo del puerto donde había nacido, se sintió próximo a morir. Entonces llamó al segundo oficial, a quien le tenía una gran confianza y le ordenó que no se opusiera a lo que él estaba a punto de hacer. El otro se lo prometió por su honor. Teniendo esta seguridad, Stefano, al segundo oficial que lo escuchaba asustado, le reveló la historia del colombre, que lo había seguido por casi cincuenta años, inútilmente
“Me ha escoltado de un lado al otro del mundo" dijo, "con una fidelidad que ni siquiera el más noble amigo habría podido demostrar. Ahora yo estoy a punto de morir. También él, quizá, estará terriblemente viejo y cansado. No puedo traicionarlo."
Dicho esto, hechas las despedidas del caso, hizo calar en el mar una chalana y subió en ella, después de hacerse dar un arpón. "Ahora voy a su encuentro” anunció. "Es justo que no lo decepcione. Pero lucharé, con mis últimas fuerzas." Con cansados golpes de remo, se alejó de la orilla. Oficiales y marineros lo vieron desaparecer a lo lejos, sobre el plácido mar, envuelto por las sombras de la noche.//
Había en el cielo una hoz de luna.
No tuvo que fatigarse mucho. De improviso el horrible hocico del colombre emergió a lado del barco.
"Heme aquí, finalmente" dijo Stefano. "Por fin solos los dos!” Y, retomando sus últimas energías, levantó el arpón para golpearlo.
"Ay" aulló con voz suplicante el colombre "qué largo camino para encontrarte. También yo estoy destruido por la fatiga. Cuánto me has hecho nadar. Y tú huías, huías. Y no has entendido nunca nada." "¿Por qué?” dijo Stefano, picado por la curiosidad. "Porque no te
he seguido a través del mundo para devorarte, como pensabas. Del rey del mar recibí el encargo de entregarte esto." Y el escualo sacando fuera la lengua, le entregó al viejo capitán una pequeña esfera fosforescente.

Stefano la tomó entre los dedos y miró. Era una perla de tamaño desmesurado. Y reconoció la famosa Perla del Mar que da, a quién la posee, fortuna, potencia, amor y paz en el ánimo. Pero ya era demasiado tarde.
"¡Ay de mí!” dijo sacudiendo tristemente la cabeza. "Cómo todo es equivocado. He logrado condenar mi existencia: y he arruinado la tuya." "Adiós, pobre hombre" contestó el colombre. Y se hundió para siempre en las oscuras aguas.

El misterio, una vez más presenta su lógica diferente de la humana, pero para Stefano ya es "demasiado tarde…”

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