Alessandro Volta. El hombre, el científico, el creyente
autor: Piersandro Vanzan
fecha: 1999-07-03
fuente: Civiltà Cattolica 3577
(tambien en Alessandro Volta: l’uomo, lo scienziato, il credente)

En el bicentenario de la invención de la pila. De A.Volta científico, físico autodidacta que sin embargo revolucionó el mundo de la electricidad con sus máquinas, teorías y descubrimientos – a tal punto que A. Einstein consideró la invención de la pila como la "base fundamental de toda invención moderna" -, se ha dicho casi todo, aunque el bicentenario de la pila, 1799-1999, ha incentivado ulteriores investigaciones. (1).Un poco menos, en cambio, se ha hablado de Volta como hombre: de sus notables calidades morales, por supuesto unidas a humanos defectos, de su ambigua conducta política (nota 11) y de su largo magisterio académico. Muy poco, por fin, se ha analizado a Volta creyente, al cual ,por tanto, dirigimos la atención, sin olvidar los otros aspectos, (2).

Datos biográficos

Alessandro Volta nació en Como, último de siete hermanos, el 18 de febrero de 1745, de don Filippo y doña Maddalena de los condes Inzaghi. Como de costumbre en la nobleza del tiempo, Alessandro fue puesto a niñera por casi tres años en casa de una mujer cuyo marido era un hábil constructor de barómetros y termómetros, así que en una lápida está escrito que "le infundió aquel amor por la ciencia que lo llevó a la pila". Se cuenta que Alessandro habló muy tarde y hasta los siete años le resultó difícil conversar, pero pronto revela peculiares capacidades e interés en el estudio, así que hace exclamar al padre Filippo: "Tuve en casa un diamante y no me había dado cuenta"(3). Después de la prematura muerte del padre(1752) - que había despilfarrado su patrimonio con demasiada y alegre prodigalidad -, la familia se ve obligada a dividirse: Alessandro, con la madre y las tres hermanas (Marianna, Cecilia y Chiara: las primeras dos se harán sucesivamente monjas), va a casa del tío Alessandro, canónico, mientras los otros tres hermanos (Giuseppe, Luigi y Giovanni) se trasladarán en casa de otro tío, el archidiácono Antonio y, según la costumbre del tiempo, abrazarán pronto la vocación (dos en el Capítulo catedral y el tercero en el Orden dominico).

En 1757 Alessandro inicia los estudios humanísticos, de retórica y filosófia en el Colegio de los jesuitas en Como y resulta que, a pesar de su vivacidad, siempre fue el primero del curso, completando en una hora lo que para los demás exigía mucho más tiempo. Dedicaba todas las horas "ahorradas" al estudio de los fenómenos naturales: a tal punto que compuso, con sólo 12 años ,un pequeño tratado de notable interés. También sobresale en latín e italiano – sus autores preferidos son Virgilio y Tasso, pero también lee De rerum natura de Lucrecio e, imitándolo, escribe un poema de 492 hexámetros en latín sobre los más recientes descubrimientos de física - y con solo, 13 años, aprende francés. En pleno Enciclopedismo, impacta la determinación de Volta al estudiar aquellos textos anticatólicos, para confutar sus errores.

No maravilla por lo tanto que semejante chico - de óptima familia, espiritualmente piadoso e intelectualmente dotado - atrajera los cuidados especiales del jesuita p. G. Bonesi, profesor de retórica y luego de filosofía en el Colegio de Como y atento pescador vocacional (4). De hecho, en este tiempo Volta escribió algunas poesías en que manifestó evidentes señales vocacionales, también confirmadas en más de 30 cartas intercambiadas con Bonesi y en las memorias de Gattoni, que considera bien fundada la vocación de Alessandro. Este amigo de Volta (luego sacerdote) actuó de intermediario oculto entre los dos cuando estalló la persecución del tío, el canónico Alessandro. Así que, ingeniándonos entre las opuestas interpretaciones, nos parece poder afirmar que Bonesi no tendió solapadas redes sino que fue pródigo en consejos espirituales hasta que creyó cierta la vocación de Alessandro, aunque con tonos desilusionados y amargos, se apartó al verla desmoronar, bajo los golpes de los parientes, que sacaron a Alessandro de los jesuitas y lo metieron en el Seminario Benzi (5).

Es un período, en todo caso, en que Alessandro escribe mucho, compone poemas en latín, italiano y francés, mientras, a confirmación de sus intereses también bíblico-teológicos, recordamos que en 1762, a los 17 años, durante el verano en Gravedona, escribe hasta 11 cuadernos, sin el auxilio de ningún texto, en que sustenta (contra el amigo Gattoni) que incluso en los animales hay algún principio de espiritualidad. Revelador por fin es este episodio a confirmación de como estuviera dirigido a la observación de todo fenómeno natural. Cuando los campesinos de Monteverde le dijeron que en el agua de un manantial había briznas de oro, Volta alcanzó el lugar y tanto se asomó en la ribera para observar, que cayó en agua, arriesgando el ahogamiento. Las briznas de oro eran solamente los reflejos de la miga amarilla. Para concluir: acabado el bachillerato en el Seminario Benzi, a pesar de las presiones del tío canónico para que emprendiera los estudios forenses, abandonará todo currículo regular y procederá como autodidacta estudiando los fenómenos eléctricos (6).

Genialidad y ritmos irresistibles del científico Volta

En 1769, apenas tenía veinte y cuatro años, publicó su primer trabajo con el título De vi attractiva ignis elettrici ac phaenomenis independentibus, dedicado a Beccaria. En este trabajo, de tipo epistolar, muy frecuente en la época, Volta traza un programa de investigación que se preocupa de unificar las fuerzas eléctricas con las de atracción de origen newtoniana.En 1771 escribe un segundo trabajo, dedicado esta vez a Spallanzani, profesor de Ciencias naturales en la Universidad de Pavía, con el cual desde hacía poco tenía relaciones epistolares, sobre física y biología. En este trabajo, además, presenta una nueva máquina electrostática "con discos y aislantes de madera bien tostados". En 1774, acosado por exigencias financieras, pide una cátedra de profesor, adjuntando los dos trabajos susodichos, que fascinan al conde Firmian, ministro plenipotenciario del imperio habsbúrgico para Lombardía, que lo nombra director y sucesivamente docente de Física experimental en las Regias Escuelas de Como (7). Pero las nuevas responsabilidades no le impiden continuar las investigaciones y, profundizando lo que ya había teorizado en el De vi attractiva, construye (en 1775)un nuevo aparato capaz de proporcionar electricidad sin necesidad de una continua fricción, como en las máquinas electrostáticas de entonces. Este nuevo instrumento, llamado por el mismo Volta "electróforo perpetuo", es inmediatamente utilizado en todos los laboratorios europeos, y precisamente le otorgó a Volta éxito internacional, que hábilmente supo aprovechar para sus numerosos viajes de estudio a Alemania, Suiza, Holanda, Francia, Inglaterra y Austria (8).
En 1778 el conde Firmian lo nombra profesor de Física Particular en la Universidad Ticinense y en 1785, según la práctica del tiempo, los estudiantes lo eligen rector. En la Universidad de Pavía - donde, gracias a la clarividencia de la emperatriz Maria Teresa, habían sido llamados L. Spallanzani, A. Scopoli, los dos Fontana y, más tarde, A. Scarpa, L. Brugnatelli etcétera - Volta se dedica no sólo a la enseñanza, sino también a reestructurar el laboratorio de Física, enriqueciéndolo con muchos instrumentos, planeados directamente por él o comprados en sus viajas al extranjero (9). Por fin una referencia merece la disputa Volta-Galvani que, además, resultó determinante por la siguiente invención de la pila. En 1792, al conocer los experimentos de Galvani sobre la electricidad animal, incrédulo se pone a repetirlos: en un primer momento concordando pero, sucesivamente, considerando las contracciones de la rana no debidas a una electricidad de origen animal sino a una electricidad externa, provocada por el contacto de los dos metales que constituyen el arco. La rana adquiere por lo tanto el papel de un simple (pero muy sensible) electroscopio. La hipótesis voltiana, rechazada por Galvani y por los partidarios de la electricidad animal, da comienzo a un debate que se extiende en el mundo científico europeo, dividiéndolo en galvanianos y voltianos (10).

Inevitablemente con la fama también llegaron los honores. Tras comunicar su invención en 1800 al Royal Society de Londres, Volta presenta la pila en 1801 en el Institut de France, frente a Napoleón Bonaparte, que lo premia con una medalla de oro, (11). Como Lucati recuerda, en la biblioteca del instituto el mismo Napoleón raspó las últimas tres letras de la inscripción "Al gran Voltaire" y quedó "Al gran Volta". Pero el Comasco fue tan humilde que escribió: "De entre las muchas cosas que deberían procurarme placer ,y que son hasta demasiado lisonjeras, yo no me jacto creyéndome más de lo que soy; a la vida acomodada por una vana gloria prefiero la tranquilidad de la vida doméstica". Y pasamos así a describir al hombre Volta, rico en calidades ético-espirituales y también defectos humanos.

Principales rasgos físicos, morales y afectivos de Volta

Acerca del retrato físico de Volta, he aquí lo que escribe T. Bianchi: "Era alto, bien configurado, de porte grave y lleno de aquella majestuosa negligencia, que es propia de una atención, que, consagrada a grandes meditaciones, no ve nada a su alrededor. […] Los rasgos eran bien pronunciados, pero ni ásperos, ni duros, ni altaneros: y si su mirada no relampagueaba foco de un genio altivo, brillaba de una penetrante y viva reflexión. Su cara, más bien que estar austera y de seño fruncido o soberbia por desdeñosos labios, era humana por majestuosa dulzura, y venerable por dulce majestad" (12). Por cuánto concierne su bonito rasgo y las altas calidades de ánimo citamos aún a Bianchi: "Sus modos estaban llenos de decorosa y no amamerada modestia, y fueron de aquella cortesía agraciada, que más agradable se da en los grandes personajes. […] Índole dulce, mansa, unida a sabiduría y a gloria que orgullecía al más desdeñoso de los cínico; y al genio vivaracho y creador iba unido a cándida costumbre; y muchas y tan bonitas virtudes estaban coronadas por la más sincera y más maravillosa humildad. […] Buen padre, óptimo marido, ídolo de la familia; liberal, cortés, querido por los amigos; piadoso con el infeliz, bendecido por el pobre. […] Era de humor alegre, muy amigo de la inocente broma; y en las cultas y divertidas brigadas culto y alegre a un tiempo. […] Su vida moderada por la más templada parquedad" (13).
De su parte el amigo canónico Gattoni observa: "Raro carácter el de Volta que nunca se exaltaba; que no miraba de arriba abajo a nadie, como es costumbre de ciertos sabios; que era familiar, afable con todos, conformándose a la capacidad de cada uno sin desprecio; y que era deseado en cada clase social como alma vivificante de la sociedad. Sé quien se hizo su amigo, y traicionó su secreto, pero de él nadie pudo dolerse”. Por fin, a tales calidades se tiene que añadir un notable autocontrol, que le permitió quedar calmo también en los momentos más difíciles. Así en Pavía (en 1796), cuando fue objeto de violentas algazaras para la sospecha que favoreciera el traslado de la Universidad a Milán, no sólo afrontó impávido los energúmenos que lo injuriaban, sino también, como el Polvani refiere, "aun sabiendo que estaba malvisto y que habría hecho bien en alejarse de allá [del Colegio Borromeo] y de Pavía, él se fue también al Bottegone [luego Café Demetrio]. Por la noche se fue también a teatro, desafiando las cóleras de los adversarios. También allá hubo quien le aconsejó apartarse, pero no lo hizo" (14).
Pero toda aquella humildad y modestia - al punto de ironizar sobre los triunfos parisienes (15) - no lo hicieron insensible a honores y reconocimientos, especialmente cuando iban unidos a ventajas económicas, ni los nombramientos en las varias Academias fueron exclusiva iniciativa ajena. Era esmerado informando a los científicos de media Europa, cuando llegaba a resultados importantes, para garantizarse el mérito de la prioridad (16). Y sin embargo, por cuanto sensible a las cuestiones de prioridad, nunca Volta abrió procedimientos jurídicos, conformándose con reivindicar sus derechos en cartas privadas o a lo sumo en los discursos académicos. La índole templada y la instintiva prudencia campesina lo hicieron incapaz de encaminar cuestiones que hubieran podido excitar los ánimos, levantando inevitablemente resentimiento y livor.
Sobre las raíces campesinas del ánimo voltiano mucho han escrito los biógrafos: aquí nos limitamos a dos pruebas significativas. Lo primero concierne su sencillez de costumbres referida por M. Monti: "En Camporra, con mucho gusto se mezclaba a los campesinos en el corral, de entre las tinajas, y sobre los bancos de la rústica cocina. Les contaba las más extrañas cosas del mundo, les enseñaba algunos experimentos de física, o les proponía enigmas. Yendo en tiempos de la vendimia a sus comedores un poco más alegres , comía con ellos macarronis, la maicena, los arroces. Se servía con las manos como los héroes de Homero […] y bebía de la garrafa". El segundo concierne su innato pudor que le hizo evitar temas en que hubiera podido emerger todo su valor y, por tanto suscitar malestar en sus interlocutores. Un pudor que no sólo amaba el trato y el decir sencillos - a lo mejor ocultándose tras las bromas-, sino que detesta las palabras altisonantes o las rarezas. Sobre el primer aspecto, C. Cantù observa: " Escuchándolo conversar con su criada o charlando entre campesinos y con obreros, apenas habrías creído al afamado que era, sí le rebosaban aquellas gracias, que manan a menudo de un ánimo o soso o malvado, pero que de su labio llovían sin ofender a nadie, si no para recrear a un espíritu en los estudios cansado". Deploraba la elocuencia, en cambio - abundante en el mundo universitario -, "Me asustó el título de un libro que me vino hacía tiempo de entre las manos: Archontologia Cósmica. Me gustan los términos técnicos, los vocablos científicos, pero querría a veces que tuviesen menos de mágico, por no decir de diabólico" (carta del 4 de agosto de 1776 a M. Landriani).

Muchas otras ocasiones por señalar encontramos en las relaciones entre Volta y sus colegas, antes en el Colegio de Como - cuatro años idíliacos - y luego en la Universidad Ticinense, en los muchos años de enseñanza (17). Nos limitamos a recordar que en la universidad paviana, entre 1765 y 1785, "las ciencias hablaban a la Europa entera" (Mascheroni), gracias no sólo a los susodichos Brugnatelli, G. y M. Fontana o Spallanzani, sino también a A. Scarpa - anatomista, destituido en 1798 como el Oriani y el Galvani a Bolonia, por rechazar el juramento jacobino -, S. A. Tissot, llamado de Lausana a la cátedra de Clínica (le sucedía P. Frank, procedente de Gottinga), P. Tamburini en la cátedra de Filosofìa moral y Derecho natural (con Zola a la cabeza del jansenísmo lombardo), V. Monti en la cátedra de Elocuencia (luego de U. Foscolo) y muchos otros. Gracias incluso a buen carácter, el Volta tuvo muchos amigos: en Como (Gattoni, Giovio etc.) y en Pavía - de Frank a Foscolo (que estuvo entre las auditorías de sus lecciones y le donó la relación Dell'ufficio della letteratura [Del oficio de la literatura], con dedicatoria autógrafa), de Scarpa a Tamburini etc. -, y en media Europa (Lichtenberg en Gottinga, Lavoisier en París, Magellan, físico portugués de estancia en Inglaterra, Saussure en Ginebra etc.) Incluso tuvo, como ocurre sobre todo entre los intelectuales y relativos bandos académicos, varios percances. Famoso aquél con Spallanzani. El hecho remonta a 1785-86, cuando Volta era rector de la Universidad. Mientras Spallanzani se encontraba lejos, en Constantinopla, tres profesores - G. Fuente, Scarpa y Scopoli - y el guardián del museo, canónico S. Volta, lo acusaron de haber sustraído muestras de minerales en el Museo de la Universidad para enriquecer su colección privada. Una vez que vuelve Spallanzani se celebró el proceso; el imputado le presentó al conde Wilzech, plenipotenciario austríaco, sus defensas y obtuvo la absolución. Los imputados fueron reprochados, el guardián alejado del museo. Lo que sigue tiene algo grotesco (18), pero bien revela cuanto altanero y vengativo fuese Spallanzani, mientras que Volta intentó allanar la controversia y sacar al amigo Scopoli del ridículo. Spallanzani coge la ocasión y acusa a Volta de ser sólo un rector sombra- que no intervino en su tiempo para bloquear a los culpables -, sino un inútil profesor, porque no explica los princìpios de la geometría, del álgebra y de la mecánica, sino habla solamente de aires, calor, electricidad.

Unas palabras por fin sobre los afectos de Volta, generalmente sosegados pero que, en un caso, fueron borrascosos. Hecho que, lejos de escandalizar, nos vuelve al Comasco más humano o, cuánto menos, no muy desencarnado (19). En realidad, después de los amoríos juveniles y los inocuos flirteos románticos - poéticamente estilizados en sus versos -, el alma y el cuerpo ya están en la plena virilidad y sienten la ansiedad de un amor entero y una mujer con que entablar una unión de por la vida. Pero no fue Teresa Peregrini - que se casó en 1794 – la que quiso por primero Volta y habría querido por mujer. Otra antes, Marianna Paris, romana, cantante de teatro, a la que se unió con un largo y turbulento amor (1788-92). En efecto el Volta, frecuentándola, siente que esta mujer va introduciéndose cada vez más en su corazón, hasta desencadenar una intensa pasión. Al fin, después de varios conflictos interiores y choques por los prejuicios de la burguesía provinciana y la tradición puritana, le escribe al hermano mayor, el canónico Luigi, confiándole de haber intentado en vano apartarse de ella y que haría la última tentativa. Si alejándose hubiera aumentado el dolor, entonces lo ruega que no se oponga, sino que cuide de su paz física y espiritual. En efecto confiesa: "Transcurridos un período de extravíos y, libre y suelto, me fui detrás de amoríos vagos; pero ahora que me dí a un amor solo, siento que seré muy regular y de apego honrado y legítimo."
Significativamente fue la misma Marianna que quiso que la familia fuera informada. Alessandro pensaba en cambio tener escondida la relación y afrontar solamente el tema boda eludiendo el obstáculo debido a la profesión de la compañera. Aquel acto de lealtad desencadenó el escándalo: no sólo se sublevó rabiosa la familia, sino también el conde Wilzech; sólo el amigo y colega Tamburini lo apoyó porque, como buen jansenista, creyó que la honesta coherencia tuviera que prevalecer (con la boda) sobre cualquier otra conveniencia o hipocresía. En una carta del octubre de 1789 Volta pide tiempo: tres años pasan en súplicas, de un lado, y oposiciones por el otro. Volta teme que Marianna, una vez abandonada, se fuese por mal camino y se perdiera: no quedaba que casarse con ella y mantenerla secretamente en Milán (20). Fracasada también esa tentativa, es Marianna misma que renuncia, mientras que Alessandro siente que ya es hora de encontrar a una mujer por la vida. Ya nuevas damas tratan de expugnar su corazón: la noble Giulietta Rovelli y doña Antonietta Giovio; pero será Teresa Peregrini que lo logra, el 22 de septiembre de 1794, en la iglesia de San Provino en Como: "Diosa incluso ella - el Rota escribe -, pero del hogar". Que le regaló no sólo serenidad doméstica, sino también tres hijos: Luigi, Flaminio y Zanino. Del segundogénito, pues, que mostraba una sobresaliente inclinación para las matemáticas, se pronosticó que emularía al padre. Son años felices y relativamente calmos, pero en 1814 - cuando Flaminio, de dieciocho años, muere de encefalitis - empieza la parábola descendiente y en Volta se intensifica la profunda religiosidad de siempre, qué ahora tocará puntas casi místicas.

Alessandro Volta: un creyente de veras, a pesar de todo

A pesar de los desagradables hechos apenas referidos, las calidades del alma voltiana, lejos de perjudicarse, salen fortalecidas. También en la dimensión religiosa más verdadera, que inicia con la ya recordada vocación jesuítica rica de rezos, mortificaciones y vida espiritual, como resulta del epistolario (vol. I, cartas 5,13, 22, 27, 32, 35). Una vida espiritual intensa - Misa cotidiana, frecuencia de los sacramentos (confesión y comunión), rezo cotidiano del rosario (21), catecismo -, mínimamente atenuados en el curso de los años y siempre nutridos con estudios bíblico-teológicos y apologéticos. Feliz resulta esta síntesis del Cantù: "Encariñado con su religión, no sólo por costumbre, sino por sus largas meditaciones, no descuidó la delicia de la oración y las formas exteriores del culto, tampoco cuando la moda impuso que cada hombre no vulgar debiera o nutrir o mostrar desprecio por lo que un tiempo era sagrado a los padres". Es interesante también saber que en los años de enseñanza en el Colegio de Como no encontró indecoroso enseñar la doctrina cristiana a los niños en la iglesia parroquial de San Donnino, donde todavía una lápida recuerda enfáticamente que "aquí enseñando el catecismo se preparó al milagro de la pila" (22). Cuando, luego, en 1778, fue llamado a la universidad de Pavía y le fue imposible continuar aquella enseñanza, no por eso dejó de frecuentar -en Pavía y en las iglesias de las ciudades por las cuales pasaba o tenía morada - la explicación de la doctrina cristiana, generalmente gracias a la homilía de la Misa festiva y, sobre todo, durante las vísperas.

Justo este vivo y constante interés por los profundos estudios sobre la fe está a la base de su encuentro con Tamburini, apóstol del jansenísmo lombardo junto a G. Zola (23). Surgido en Francia, este movimiento religioso se difundó de Port-Royal a toda Europa, invocando una vuelta a las líneas originales de la Iglesia primitiva, sintetizadas más o menos en estas tesis: más que los rituales cuentan la fe y el espíritu de caridad; el hombre, emancipándose de la mediación sacerdotal y de las formas devocionales, debe comunicar directamente con Dios; una moral austera (y no el laxismo jesuítico) tienen que conducir la vida práctica; la Iglesia debe organizarse según principios democráticos, poniendo punto final al centralismo absolutista romano; el Papa, Obispo de Roma, tiene sobre sí la autoridad de un Concilio Universal; los órdenes monásticos tenían que ser suprimidos, porque pertenecían a la inerte vida contemplativa; el Estado tenía que emanciparse de la Iglesia y ésta renunciar a su poder temporal.
Los biógrafos disputan sobre las causas (y el grado de adhesión) que orientaron jansenisticamente al Volta. Una circunstancia favorable puede encontrarse en el hecho de que las actitudes extremistas del movimiento afectaron al sentimiento e idealismo de los jóvenes (Volta, en la época, tenía 35 años). Se puede creer que él, movido por su propio rigor lógico, haya visto en el jansenísmo un perfeccionamiento de la religiosidad católica tradicional (24). Por fin, si vemos en el jansenísmo un movimiento de purificación de la Iglesia - sobre la línea, por ejemplo, de san Carlo Borromeo en vez que "un movimiento de hostilidad hacia la Compañía de Jesús" (E. Rota) -, entonces no parece extraño, considerando también la intensa espiritualidad y cierta cultura teológica de Volta, que él haya simpatizado con aquel movimiento.

Por fin, omitiendo otras pruebas, recordamos dos episodios de 1815 que mejor ilustran no sólo su unión de fe y ciencia, sino también su celo en ayudar a los que se encontraban en crisis de fe. Ante todo el encuentro con Silvio Pellico en la finca veraniega de los condes Porri - Silvio era preceptor de sus hijos -, testimoniado en la carta de Pellico a Porro (el 22 de septiembre de 1815), y quizás otros siguieron sus huellas (pero no documentables). De una siguiente lírica de Pellico (25) sabemos que entonces él era prácticamente ateo y que Volta contestó con tales argumentaciones que le puso en el corazón el germen de fe que luego madurará en la cárcel de Spielberg. El otro episodio concierne la "profesión de fe", mandada al canónigo G. Ciceri de Como (carta n. 1.703), en que textualmente escribe: He faltado es cierto en las buenas obras de Cristiano Católico y soy culpable de muchas culpas, pero por gracia especial de Dios no me parece de haber faltado gravemente de fe, y estoy seguro de no haberla abandonado nunca. Si aquellas culpas y desórdenes míos han dado lugar a sospechar en mí también la incredulidad, declaro abiertamente a cada cual y estoy listo a declarar en cada encuentro, y a toda costa, que he tenido siempre y tengo por única verdadera e infalible esta Santa Religión, agradeciendo sin fin al buen Dios de haberme infundido tal fe en que me propongo vivir y morir con firme esperanza de conseguir la vida eterna."
Al término de esta larga digresión voltiana - que pero, en realidad, sólo es la punta de un iceberg - podemos afirmar que Volta penetró a fondo sea en el gran libro de la naturaleza, sea en el de la revelación cristiana, y que la búsqueda de las leyes físicas no encarceló su mente en la materia sino le facilitó oír la voz del Ser primero, inmutable y necesario que fuertemente lo llevaba a si. Y cuando, después de 1814 - con la muerte prematura de su segundo hijo y el fin del mito napoleónico -, todo parecía derrumbarse, progresivamente él abandonó la escena del mundo que muchos honores le había proporcionado y, intensificando su unión con Dios, se apartó en su granja de campo, en Camnago (1819), donde morirá el 5 de marzo de 1827.

Notas

1 La apertura oficial de las celebraciones voltianas se realizó el 19 de marzo de 1999 en la academia de los Lincei de Roma y continuó el día siguiente en Como, ciudad natal del científico, y en Pavía, donde él desarrolló por más de 30 años su actividad científica y didáctica. En particular en Pavía se inauguró el Gabinete físico de Volta, donde han sido recogidas todas las reliquias voltianas poseídas por la Universidad. Ésta hospedará, en el arco de las celebraciones, que se cerrarán el 20 de marzo de 2000, numerosas manifestaciones, entre cuyas señalamos: a) congresos internacionales, para ilustrar no sólo la figura y la obra del científico lombardo, sino también todas las aplicaciones consiguientes de la invención de la pila; b) iniciativas divulgadoras y exposiciones, para sensibilizar la opinión pública (y especialmente los estudiantes) a las celebraciones del bicentenario. Ya está disponible un sitio Web, mientras que una exposición interactiva afectará el desarrollo de la electricidad con particular atención a la contribución de Volta y a sus siguientes aplicaciones derivadas de la invención de la pila. Tal exposición será inaugurada en Rimini, durante el Mitín de la amistad e interesará sucesivamente todas las provincias lombardas. Además recordamos las siguientes exposiciones: "La pila de Volta, una chispa larga dos siglos " (Milán, 15 de abril-15 de mayo de 1999); "La instrumentación eléctrica de 1800" (Pavía 6 de septiembre-3 de octubre de 1999); "200 Voltios. El bicentenario de la pila" (Como, septiembre de 1999); "L’ electricité dans ses premiers [sic] grandeurs: Galvani, Volta, Coulomb" (Pavía, Como, París, otoño de 1999); "Herencia de Galvani y Volta" (Institutos de Cultura italianos en el extranjero, 1999-2000). Por fin la Universidad de Pavía está completando la edición nacional de las Obras de Volta con un volumen relativo a la Instrumentación voltiana, mientras que la entera obra será digitalizada y disponible sobre CD-ROM y en Internet.

2 Dentro de la inmensa bibliografía voltiana, elegimos las obras que, en orden cronológico, mejor atañen los varios aspectos nombrados en el presente ensayo: Z. VOLTA, A. Volta, Milán, Civelli, 1875; C. CANTÙ, Storia degli italiani [Historia de los italianos], 6 voll., Turín, UTET, 1893-96; C. GRANDI, A. Volta, Milán, Bertarelli, 1899; E. ROTA, L'Austria in Lombardia [Austria en Lombardía], Milán, Albrighi, 1911; B. CARRARA, Il sommo fisico A. Volta, modello di devozione a Maria SS. ed esemplare di cristiana perfezione [El sumo físico A. Volta, modelo de devoción a Maria SS. y ejemplar de cristiana perfección], Treviglio, Messaggi, 1918; C. VOLPATI, A. Volta nella gloria e nell'intimità [A. Volta en la gloria y en la intimidad], Milán, Treves, 1927; C. POLVANI, A. Volta, Pisa, Domus Galileiana, 1942; M. AZZI GRIMALDI, La vita e i tempi di A. Volta [La vida y los tiempos de A. Volta], Milán, Mursia, 1961; V. LUCATI, Scritti voltiani [Escritos voltianos], Como, Comune, 1974; G. BONERA-P. VANZAN, A. Volta: l'uomo, lo scienziato, il credente [A. Volta: el hombre, el científico, el creyente], Pavía, Casa del Giovane, 1999. Como último señalamos la edición nacional de las // [Obras] de A. Volta, 7 voll., Milán, Hoepli, 1918-29 y del //Epistolario di A. Volta [Epistolario de A. Volta], 5 voll., Bolonia, Zanichelli, 1949-55, que contiene 1.905 cartas y varios apéndices.

3 Merece mención - también por las repercusiones que este hecho tendrá más tarde sobre Alessandro - que don Filippo fue miembro de la Compañía de Jesús por 11 años (1710-21).

4 En Grandi se lee que Volta fue ayudado en los estudios por los jesuitas, con libros y máquinas y colmado de mil caricias de donde, como es natural, se inclinó por aquella religión", mientras más cáustica es una carta del hermano mayor Giuseppe (Epistolario, vol.I, carta 2) que cree infundada la vocación de Alessandro.

5 Los motivos de tanta hostilidad respecto a la posible vocación jesuítica de Alessandro parecen haber sido la probable antipatía del tío canónico por aquel orden - del que además se planteaba su posible disolución (ocurrida luego en 1773) - y el negativo recuerdo de la fallida vocación de Filippo (cfr nota 3).

6 Estudia los textos de Musschenbroek, Nollet y Beccaria, tres de los mayores científicos que se ocupaban en aquel período de electricidad, y desde 1763 emprende una correspondencia con Nollet, que lo estimula en los estudios teóricos, y con Beccaria, que lo empuja en cambio a hacer experimentos. Después de dos años empieza a frecuentar el laboratorio privado que el amigo Gattoni le ofrece y realiza sus primeras experiencias de electricidad. En particular estudia las propiedades eléctricas de la seda y de la madera, hecho aislante friéndolo por mucho tiempo en el aceite. Pero con esto entramos en el capítulo del Volta científico, que debemos a las sugerencias del prof. Gianni Bonera, de la Universidad de Pavía.

7 También en semejante encargo Volta revela su genialidad proponiendo una interesante reforma escolástica, extraida de la Ratio studiorum de los Colegios jesuíticos, suprimidos el año anterior. Cfr. Epistolario, Vol. I, Apéndice II, con detalladas propuestas acerca del nuevo orden didáctico-educativo.

8 Además se debe recordar que durante las vacaciones en el verano de 1776 en el Lago Mayor, mientras entre los cañaverales hurga con un bastón el fondo fangoso del agua, ve subir a flote y luego desvanecerse en el aire abundantes burbujitas gaseosas. Recoge ese gas y descubre su carácter inflamable y lo llama “aire inflamable natural del pantano" (se trata del actual metano, cuyo descubrimiento luego debería ser atribuida a Volta). El interés por los gases inflamables lo conduce a utilizar la chispa eléctrica para provocar su explosión en ambiente cerrado, construyendo un aparato (pistola eléctrico-flogopneumática) sucesivamente llamada pistola de Volta, y poniendo a punto un instrumento de análisis de la salubridad del aire llamado eudiómetro. Siempre en el mismo año, construye una lámpara perpetua a gas inflamable y tiene la idea de transmitir de Como a Milán una señal eléctrica a través de un largo hilo metálico, tenido aislado del terreno a través de palos de madera. Es la idea que, después de unos años, encontrará su realización en el telégrafo.

9 La enseñanza de Volta era tan seguida que se construyó una nueva gran sala a hemisferio, llamada por él "mi vago y cómodo pequeño teatro de física" (hoy aula Volta). En este período realiza el electroscopio condensador, un instrumento capaz de revelar estados eléctricos extremadamente débiles. Además durante tales investigaciones Volta fija los conceptos de cantidad de electricidad (Q), capacidad (C) y tensión (V), llegando a formular la relación fundamental del condensador (Q=CV). Entre 1786 y 1792 se ocupa en particular de meteorología eléctrica y estudia las propiedades físico-química de los aeriformes, llegando a determinar, diez años antes de Gay-Lussac, la ley de dilatación uniforme del aire.

10 La disputa tiene resultados inciertos hasta los últimos meses del siglo, cuando Volta, explotando la diferencia de potencial debida al contacto de dos metales diferentes, logra realizar, introduciendo un tercer conductor electrolítico, un enlace en serie capaz de componer las aportaciones de cada elemento, realizando así la pila. Era el año 1799.

11 Sucesivamente Napoleón lo nombra senador del recién constituido Reino de Italia (1809) y le atribuye el título de conde (1810). Los biógrafos hacen remontar a estos felices encuentros la admiración de Volta por Bonaparte y las moderadas simpatías para los franceses. No por nada, los jacobinos lo acusaron ser partisano de Austria, mientras que una vez vueltos los austríacos se le acusó de ser semijacobino. En realidad, sea la educación familiar sea el entorno burgués comasco lo inclinaron naturalmente hacia Austria, pero no por esto, bajo los franceses, es menos devoto (incluso definiendo "sabios" a los que no toman partido por ellos, como le escribe a Frank en el 1798). Particularmente él definió la política un mar borrascoso y, con el sentido práctico del alma campesina, creyó que "desviar cuando la calle desvía es necesidad de caminos". En el fondo él quiso proceder en sus investigaciones y por tanto fue dócil con todos los Gobiernos: consiguiendo de todos las ayudas necesarias para continuar sus estudios, pero siendo tachado de oportunista. Emblemático es su tratar de componerselas con respecto al juramento a la República Cisalpina (cfr Cartas nn. 905-907).

12 Útiles y curiosos los datos que C. Lombroso dedujo de los restos voltianos cuando, en 1875, fueron exhumados por su definitiva tumulación en el templo voltiano. Enorme resultó la capacidad craneal (más que 1.865 cm3, o sea superior de un cuarto a la media de los cráneos italianos masculino). También la circunferencia craneal (570 mm) resultó superior a las proporciones normales, incluso de los grandes italianos (excluido Donizetti).

13 Para C. Cantù la mansedumbre de ánimo - que rechaza sea la ambición sea el espíritu de rivalidad - es la calidad principal de Volta. Bastaría para confirmarlo la siguiente observación: "En su larga carrera, pasada entre la que llaman irascible linaje de literados, en 148 autógrafos y sus 72 actos diferentes, que nosotros recogimos en el archivo de Estado y en la preciosa colección en el instituto Lombardo, no encontramos nunca una palabra ofensiva, un sentimiento de rencor ni tampoco malvadas alusiones."

14 Entre las muchas anécdotas a hoc elegimos un par, referidas por el hijo Luigi, que subrayan su fuerza de ánimo y humorismo: "Una vez, atracado en el camino por varios mesnaderos bien armados, les habló con mucha franqueza, sin desalentarse, así que un magistrado tuvo a decirle, bromeando, que él arengó a los malandrínes. La otra vez, lanzado con violencia de unas tablas, que se habían apenas levantado del suelo, estuvo tranquilo algún tiempo pensando por qué pudiera estar empolvado en la parte opuesta a la de la caída."

15 A propósito de la pila y de los triunfos parisienses, los reevalúa en una carta irónica: "El extenderse de algunas líneas y el achicarse de mis pajuelas en la ampolla, y los otros jueguecitos tienen de hecho una interesada atención no sólo de parte de algunos físicos […], sino de los ministros y del primer cónsul, y han hecho hablar todo París, y los periódicos. ¡Mirad, dirán, adónde van a perderse muchas cabezas! Yo mismo, dejándome de burlas, me asombro cómo mis descubrimientos antiguos y nuevos sobre el así llamado galvanismo, que demuestran no ser que pura y simple electricidad movida por el contacto de metales diferentes entre ellos, hayan producido tanto entusiasmo."

16 Por este motivo interrumpió la amistad con F. Fontana, docente en Florencia. En la carta a Landriani (el 3 de mayo de 1778), relativa al eudiometro a aire inflamable y la producción del oxígeno a través de ácidos diferentes del nitroso, después de haber expresado la duda que Fontana hubiera llegado a conocer aquel aparato gracias al barón Dietrich o el abad Venini, escribe determinado: "Mi carta a Priestley ya desde principios de septiembre [1777], está publicada, y hará ver quien ha sido el primero."

17 "Quien ha sido su discípulo", certifica el canónico Gattoni, "da testimonio del celo, del interés que tomó instruyendo a la juventud. No fue nunca de los que esperaban el fin de la hora y con la mirada al calendario para comprobar el último día del mes. Y después de la hora tenía en círculo a sus alumnos hasta que ellos no se cansaran de oirle, y como no hubían instrumentos físicos en el Colegio, los conducía a su laboratorio [que el mismo Gattoni le había ofrecido] y estaba horas enteras experimentando lo que en la escuela acababan de oír de teoría". A proposito de las clases Bianchi refiere que "las frecuentaban los del lugar y los extranjeros, y se oían como a otros oráculos de ciencia. El método que tenía en la enseñanza era el que seguía en sus descubrimientos. […] Empezaba con señalar los fenómenos que habían dado motivo a sus nuevas observaciones, y a sus sabias sospechas: y como de éstas y de análogos experimentos descendiera a las consecuencias, de modo que no afirmaba nunca el descubrimiento para luego probarlo, sino al revés partiendo de las causas, que lo habían hecho prever,y pasando por los medios con que lo había alcanzado […]. En todo pues conservaba un rigor esmerado en la exposición de los principios, de los cuales partía, en la narración de los procedimientos, en la descripción de los experimentos, y en la producción de las pruebas; aborrecía cada exposición de ideas confusas entre sí, y cada disgresión, que le alejara del objetivo que se había propuesto: usaba un estilo simple, pero jovial y animado; así que excitaba la atención de quien lo escuchaba, no la cansaba nunca; instruía al intelecto, no lo atormentaba; deleitaba la mente, no la aburría."

18 Spallanzani manipuló una tráquea de pollo, así que apareciera como un gusano. Scopoli, conocido fisiólogo, la clasificó como gusano, mandando una relación al presidente de la londinense Academia de las Ciencias, ya advertido por Spallanzani. La burla atravesó los confines de Europa, mientras Spallanzani se hizo publicidad de ello publicando, en 1788, cinco cartas dirigidas a Scopoli y en las cuales, además de demoler su valor como fisiólogo, atacaba incluso a Volta, culpable de ser amigo de Scopoli y de los demás conjurados.

19 Acerca de la temática sexual-afectiva, Volpati rechaza la tesis del siglo XIX, que creyó a Volta casto hasta la boda, y escribe: "Por cuántos los estudios lo absorbieran, también en él ardió aquella parte de humanidad, hecha de instintos […] proclives a los juegos de amor". Lichtenberg (carta del 22 de noviembre de 1784 a Wolf) se expresa así con respecto a Volta: "Es un hombre guapísimo[…] y en algunas horas, en mi casa, cuando armamos jaleo, […] he notado que sabe mucho de electricidad de las chicas."

20 Por eso Volta manda una súplica al emperador Leopoldo II, pidiendo ser trasladado de la Universidad Ticinense a la de Milán. Después de seis meses la respuesta fue negativa, también parece por el contragolpe del hermano Luigi.

21 Le debemos al ya nombrado jesuita Carrara la información que Volta, ya miembro de la Congregación Mariana en el Colegio de los jesuitas en Como, cuando por voluntad de la familia pasó al Seminario Benzi, continuó su devoción mariana en la Congregación del oratorio festivo que los padres dirigían en la ciudad, para la juventud noble y estudiosa.

22 En la obra nombrada de Grandi leemos: "Casi todos los domingos […] él, en un rincón de la iglesia de San Donnino, rodeado por una multitud de jóvenes y mancebos todo atentos a aprender de su labio el catecismo, que magistralmente les enseñaba. No hay en Volta ni afectación ni severidad, es toda bondad y dulce persuasión, más que un maestro experto, parece un padre de entre sus hijos y con mil maneras se granjea el amor, la docilidad, la atención. […] Él explicaba el Catecismo como un maestro, sacando comparaciones y ejemplos, los más fáciles para la mente de sus jóvenes oyentes, se hacía niño entre los niños. Agraciado hablando para alegrar a su pandilla contaba inocentes chistes, bonitos cuentos que alegraban la enseñanza y despertaban la atención. Los jóvenes acudían numerosos. Volta no fue sólo un sabio, sino tuvo un corazón grande y sabía bien que el amor es el primer secreto de la enseñanza. La clase de doctrina de Volta era la más abarrotada y a menudo muchos no encontraban sitio". Y, recordando que los mismos curas querían seguir aquellas clases, añade que "se conformaban con pasar cerca de aquella clase dichosa, para escuchar también ellos algo de la enseñanza del Gran Físico."

23 Ambos docentes en el Ateneo Ticinense, contagiaron no sólo a Volta sino a casi todos los profesores de la Facultad teológica (curas y religiosos): F. Alpruni, barnabita; V. Palmeros, clérigo regular del oratorio; S. Perendoli , olivetano; C. Barletti, scolopio. No hace falta olvidar que la autoridad eclesiástica por mucho tiempo no estuvo contra el jansenísmo así que Volta - como mucho de sus colegas - pudo creer que estaba siguiendo una orientación teológica perfectamente legítima. En todo caso, cuando en 1792 Francesco II apartó a Tamburini y a Zola, empezaron a disminuir las simpatías voltiane, que menguaron ulteriormente en 1794 - cuando fue promulgada la bula Auctorem fidei, contra el Sínodo jansenista de Pistola, y la enseñanza universitaria de teología fue puesta bajo el control de la autoridad eclesiástica -, apagándose completamente en el 1799.

24 Hipótesis posible pero el amigo Gattoni imputa las simpatías de Volta para el jansenísmo a sus deficiencias teológicas. En efecto defiende bien a Tamburini y los demás compañeros "sin comprender el estado de la cuestión" que, "a pesar de sus raros talentos y la ciencia física que posee en algunas ramas, que trataba de artículos teológicos y morales."

25 Probablemente de 1834, titulada "A. Volta" y sellada por el lema: "Erat vir ille simplex et rectus et timens Deum" (Job 1,1). En esta lírica - cfr Cantiche y Poesías de S. Pellico, Florencia, Le Monnier, 1860, 393 y ahora en el Apéndice XL del nombrado Epistolario - el Pellico revive su crisis de fe y las conmovedoras palabras de Volta.

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License