Antropología 3. La experiencia de lo sagrado en la vida ...
autor: Stanislaw Grygiel
fuente: L'esperienza del sacro nella vita dell'uomo
traducción: Cristina Brembilla
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Antropología 2. La persona humana y su transcendencia
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Antropología 5. La libertad y las tres virtudes teologales
Antropología 6. El lenguaje para la verdad de la persona

La persona humana: dos imágenes
El mito de la caverna
La educación
Conocimiento y opinión
Introducción a "fanum" y a "profanum"

Hemos dicho que ser persona para el hombre significa ex-sistere (tender) hacia una realidad en la que él vive, no identificándose todavía en ella. Tal es la verdad que nos constituye.
Hablando de la persona en estos términos hemos entrevisto el sentido del concepto de naturaleza (de la definición de Boecio): naturaleza es la esencia de un ser, en cuanto constituye el principio de su actuar, de su manera de existir. La esencia de la rosa hace que la rosa se porte como una rosa y no como un caballo. La esencia, la naturaleza, de la persona humana está en la tensión hacia aquella realidad en la que vive, no existiendo todavía en ella. En este sentido lo que yo soy nace, no existe todavía plenamente, no es cumplido, mi esencia nace dentro de mí, es una cosa futura para mí; luego yo queriendo presentarme a los demás debería ser capaz de presentar mi futuro.
La palabra naturaleza es un participio futuro de nascor, naturus-a-um, (es decir cosas que tienen que nacer). Naturaleza es la morada donde yo habito por la fe y la esperanza (no hablo de la fe religiosa, sino de la fe en el hombre, que se cumple en la fe en Dios). Entonces mi persona es un futuro.
De la persona podemos hablar a través de dos imágenes estupendas: una cultural y una bíblica.
La primera imagen proviene de Homero: Ulises vuelve hacia su casa que se encuentra en la isla de Itaca, donde lo esperan la mujer, el hijo y un perro. Ulises, de vez en cuando, en su existir hacia la casa, hacia la morada paternal, se para en las islas, seducido por las bellezas de las diosas, y, por tres, cuatro, cinco años piensa que estas bellezas son el principio y el objetivo de su existir. Pero la memoria de Itaca no le permite pararse con esta o aquella divina belleza, sino lo empuja a volver a Ítaca.
La segunda imagen es la de Abraham y de Moisés. San Pablo en una carta dice que Abraham y Moisés salen de la tierra de la esclavitud y con fe y esperanza caminan hacia la tierra prometida, pero hasta en el acto de la muerte no la alcanzan, no entran en ella, aunque estén muriendo sólo pueden mirarla desde lejos.
Aquí vemos otra realidad de la persona humana. Si alguien se define a través de esta o aquella "Ítaca", en resumidas cuentas se define a través de una realidad que hay que poseer, un objeto; en cambio Moisés y Abraham, hasta muriendo, no eran capaces de tocar con manos aquello en que habían creído. Su tierra prometida estaba más allá del tiempo, más allá del espacio, no era un objeto.
Si usamos estas dos imágenes para hablar de la persona humana, podemos decir que ser persona significa realizar continuamente un éxodo, una "salida" del status quo, de la prisión, de la esclavitud y de todo lo que tenemos en las manos, y salir, caminar con fe en algo más.
Algunos realizan su ser persona como lo realizaba por ejemplo Ulises o Don Juan, hoy salir con una chica, mañana con otra. Ser persona humana de esta manera significa ser una mariposa que vuela de una flor a otra. Pero la imagen de Moisés nos dice que se puede caminar continuamente hacia la misma tierra prometida que es dada a nuestra esperanza y a nuestra fe. El hombre no puede pararse tampoco al lado de los ángeles, porque también ellos no son plenamente.
Otra imagen alumbrante y estupenda es el encuentro de Cristo con Maria después de la Resurrección. Maria está buscando el cuerpo de Cristo, ya que no lo encuentra en la tumba. En el jardín ve un hombre que ella cree al jardinero y se dirige a él: "Señor, si tú lo has cogido dime dónde lo has puesto." Ése contesta con una palabra sola: "Maria", y ella lo reconoce enseguida: "Rabbuni, Maestro", pero Cristo dice: "No me detengas, pues todavía no he subido a mi Padre”. Aquí está la esencia misma de la persona humana, que tiene todavía que "subir". Nosotros como personas no podemos detenernos, pararnos tampoco a lado del cuerpo de Cristo que todavía no es plenamente transfigurado en la realidad del Padre.
Ven como es grande la trascendencia de la persona humana que tiende a una morada que nos es dada sólo a través de la fe y la esperanza y hacia la que nosotros tenemos que 'subir' continuamente hasta un momento que no conocemos.
El mito de la caverna de Platón habla justo de esta esencia de la persona humana y esta educación. Los esclavos en la caverna miran en el muro las sombras, es decir las hipótesis, las teorías y reducen toda la realidad a estas hipótesis.
Otro ejemplo: dos personas, por la noche, ven algo negro, uno dice que quizás es un ladrón, otro dice que quizás es un perro. Entonces haría falta averiguarlo, es decir haría falta acercarse al punto negro: así se vería que es una mata.
Los esclavos en la caverna se pueden liberar de las sombras, de las hipótesis sobre la realidad y sobre el hombre acercándose a la realidad para verla de cerca, para conocerla. Acercarse quiere decir abandonar las opiniones, las hipótesis para estar libres y aceptar la realidad tal como es, no como a nosotros parece que sea, es decir amarla. El amor es una condición del conocimiento, quien no ama un ser no conocerá nunca este ser, sino construirá muchas hipótesis sobre eso, reduciendo su realidad a las mismas hipótesis; esto significa ser esclavos, vivir en la caverna.
Cuando uno quiere la realidad, empieza a conocerla, es 'informado', es decir educado, sale del mundo de las teorías, de las hipótesis, sale de la esclavitud y es liberado, se comporta delante de las cosas (flores, agua), según su verdad y les hace justicia. Quien hace justicia a la realidad se pone justo, es justificado. Y quien es justificado se comporta en otro modo con respecto a los otros que todavía no son justificados, que son esclavos.
Los dos hombres que ven la mancha oscura, uno dice que es un ladrón, otro que es un perro y se portan según estas hipótesis: tiemblan. Supongamos que llegue otro hombre y que éste diga que aquélla es una mata porque la ha tocado: ése se comporta en un modo diferente, porque se comporta según la verdad, hace justicia a la verdad misma, no a su hipótesis.
Pero los primeros son dos, el tercero está solo; si se mete la verdad a los votos vencerá la mayoría, es decir vencerán las hipótesis y perderá la verdad.
Platón dijo una cosa estupenda, que quien ha visto la realidad, gracias a su amor, es decir al Bien que brota dentro de él como el sol e ilumina la realidad, se porta de manera diferente, es decir da testimonio a la verdad de las cosas, mientras que los demás dan testimonio a sus hipótesis. Pero como ellos son la mayoría lo ridiculizan, lo abofetean y hasta lo matan, como dice con una frase casi profética Platón: "Lo Justo será matado por el esclavo."
El volver a vivir entre los esclavos es llamado ser enviado. Lo Justo les es mandado a los esclavos, queriente o malqueriente, por que portándose de manera diferente ya les es enviado a ellos para dar testimonio. Platón dice que el Justo tiene que bajar en la caverna para hablar con los esclavos acerca de la verdad y la luz del Bien, aunque no lo quiera, aunque será matado.
También Moisés, como recuerdan, ha sido enviado, después de la experiencia de la zarza ardiente, desde el monte Horeb a Egipto, para liberar a los Judíos de la esclavitud.
También la Samaritana en el pozo de Jacob, después de haber hablado con Jesús, lo ha reconocido, ha creído en Él, como en el Mesías y ha sido enviada a la ciudad para hablar con todo el mundo acerca de la verdad de la Persona en la que había creído.
La verdad necesita testigos, testimonios, mientras que las teorías necesitan pruebas. La persona humana no prueba que hay un ladrón o un perro, la persona ama, se acerca a la realidad, la conoce y, portándose según la verdad de lo que ha conocido, da testimonio.
Por esta razón, según yo, es muy peligroso y quizás contra la persona humana, hablar de las asi llamadas pruebas de la existencia de Dios, porque si se empieza a probar, siempre se encontrarán hipótesis, que explican el funcionamiento de cierto sistema. La existencia de Dios, en cambio, como la de la flor, de la piedra… necesita del testimonio de la persona humana y no de las pruebas.
Ahora podemos decir que en esto consiste la dignidad de la persona humana: nosotros caminamos hacia la verdad que no tenemos que poseer, sino que tenemos que ser.
Si miramos de esta manera la persona humana, también entendemos el concepto de educación. Educar significa ayudar el otro a caminar, a salir de la esclavitud. Es muy difícil ser educadores, porque hace falta ya ser un poco educados, es decir libres. En realidad hay un solo Magister, porque sólo él está infinitamente más adelante de todos nosotros.
El hombre en su esencia es educador, tanto más uno es persona cuanto más es educador, 'educe' de la esclavitud y conduce hacia la libertad, es decir hacia la verdad. En griego conducir se dice ago, de aquí pedagogo: era él que conducía a los niños a escuela, donde, al menos ex definitione, deberían enseñar la verdad. Desafortunadamente hoy las escuelas se han convertido en cavernas platónicas donde se enseñan las hipótesis, las teorías.
Nosotros conducimos en cuanto ya somos conducidos hacia el futuro. La palabra ago asume la forma del futuro axo. Eso hacia que nosotros caminamos se convierte en el centro, el eje, alrededor del que y hacia el que nosotros existimos, actuamos, amamos. Este centro con el que nosotros nos identificamos y que es nuestra persona, constituye nuestro futuro.
Nosotros, que somos conducidos y conducimos otros hacia ese 'eje', nos convertimos un poco en seres futuros: en griego axioi, en latín digni, en español “dignos”. Cuanto más yo camino hacia el axis tanto más me convierto en axios, digno.
Dando testimonio al centro hacia el cual vivo a través de la fe y de la esperanza, yo, en mi existir, me hago cada vez más evidencia de este centro, reflejo el eje. Quien me ve puede adivinar este eje, y yo me convierto en axioma, en latino dignitas, en español dignidad, evidencia, certeza.
El Justo es certeza de la verdad; los esclavos no aman la certeza y la dignidad, no quieren ni ser conducidos, ni conducir, a ellos les basta la duda (y dicen que esto es pluralismo!).
Podemos decir entonces que la persona humana cuanto más es si misma, tanto más es evidencia de la tierra prometida, es decir de Dios. Cuanto más somos personas, tanto más reflejamos a Dios, o Dios se refleja en nosotros.
Por esto no se comprende bien por qué algunos teólogos, cuando encuentran alguien que es certeza de Dios y no de las propias opiniones, lo critican como si ser testimonio de Dios fuera contra la dignidad y la libertad de la persona.
Volviendo al mito de la caverna, hemos dicho que los esclavos reducen lo que vislumbran de lejos a sus hipótesis; mientras los que se acercan a las cosas amándolas, se libran de las hipótesis y realizan en sí una conversión: se alejan del muro, salen de la caverna y gracias al amor, al bien que les brota desde dentro como el sol, ven como las cosas soy y les hacen justicia según su verdad. Platón llamaba este conocimiento, episteme, y llamaba lo que es propio de de los esclavos opinión, doxa.
Hemos dicho que los esclavos no conocen, sino construyen hipótesis (ladrón, perro) y luego buscan la verdad a través de experimentos, modificando continuamente las hipótesis. En cambio el conocimiento de los justos constituye la ciencia.
Hoy todo ha sido volcado: las ciencias son la doxa de los esclavos. Se sigue construyendo hipótesis, averiguándolas y modificándolas, sin parar. La averiguación consiste en manipular las cosas para poseerlas: si se logra manipularlas, poseerlas, la verificación ha tenido éxito y se puede sustentar la hipótesis, si no, se tiene que cambiarla.
Hoy los científicos, en cuanto científicos se comportan de esta manera frente a la realidad y nosotros hemos adquirido esta mentalidad, es decir hemos olvidado que cada ser es algo tal como es, sólo nos interesamos en las hipótesis que funcionan en nuestro mundo artificial y que nos permiten vivir cómodamente también manipulando las cosas y las personas. Hoy las ciencias 'construyen' y nosotros llamamos éste construir 'conocer'. Heidegger ha dicho que los científicos no piensan: sí, porque pensar significa custodiar las cosas en su verdad. Para los que conocen, cada cosa es sagrada; en cambio, quien no conoce, manipula.
Las hipótesis no son juzgadas según la verdad, sino según la eficiencia: quien tiene en las manos las hipótesis más eficientes es más potente, domina los otros, domina el mundo. Por ejemplo, el conflicto entre las dos súper-potencias no es el conflicto entre dos justos, sino es el conflicto dentro de la caverna entre dos esclavos: vence el más potente, el que ha construido la hipótesis más eficaz, mientras que el otro se derrumba. Pero no se ha derrumbado en cuanto ser, sino en cuanto poseedor de hipótesis, entonces se ha derrumbado un sistema, mientras que el otro se ha demostrado más eficiente; no es cierto pero que en futuro no será construido un sistema aún más eficiente.
Los constructores de las hipótesis tienen miedo del hombre que está en frente suyo y por lo tanto intentan dominarlo o poseerlo, porque a esto sirven las hipótesis. ¿Cómo se puede dominar al otro hombre, obligarlo a hacer lo que se quiere que haga? Debería conocer su esencia. Pero hemos dicho que la esencia del hombre es existir hacia un centro, alrededor del cual él construye su morada. Observando al hombre de modo científico se puede hacer una hipótesis: si de su comportamiento resulta que ha puesto su centro en lo que posee, por ejemplo los pantalones, para aquel hombre los pantalones constituyen su trascendencia, se identifica en ellos, él se autodefine en ellos, son su tierra prometida; entonces para poderlo dominar construyo una situación artificial (experimento científico) en la que lo inserto, tomo sus pantalones y le digo: "Si no escupes ahora sobre este hombre, yo destruyo tus pantalones". Es un chantaje. Si este hombre realmente se identifica con los pantalones, si son su 'eje', él sin duda escupirá sobre este hombre, porque es natural que nadie quiera destruir su identidad, sería para él un pecado, un mal. Muchos hoy, en nuestra sociedad, escupen sobre el otro hombre: eso significa que la persona de muchos es construida alrededor de los pantalones.
Puede ocurrir que alguien no quiera escupir, diga: “Puedes destruir mis pantalones". Eso quiere decir que mi hipótesis no es eficiente, que tengo que cambiarla porque este hombre se identifica con otra cosa. Entonces hago otras observaciones y otra hipótesis: entiendo que ése se identifica con un director de empresa. Pongo de nuevo el chantaje: "Si no escupes te despido". Algunos ceden, otros resisten. (Todo esto podrá parecer infantil, pero la vida es así, tanto al este como al oeste).
Así sigo construyendo hipótesis, estando convencido de que hay una cosa que poseer con la que el hombre se identifica: sólo hace falta encontrarla.
Esta condición es la esencia misma del materialismo. El materialismo consiste en el hecho de que nosotros estamos convencidos que cada ser, que toda la realidad se reduce a pura potencia y que sólo puede ser algo sólo si se identifica en otra cosa, es decir si es alienada (en los pantalones, en la carrera…). Cada realidad tiene su identidad en algo que hay que poseer. También el hombre, cuando se pregunta quién es, contesta enseñando lo que posee (las máscaras): cada ser mora en lo poseído y justo esto es alienación. El cientismo de hoy consiste en la condición que todos los seres son enajenados, por lo tanto manipulables, sólo hace falta saber dónde han puesto su identidad (pantalones, puesto de director…): si logro tomar en las manos estas cosas puedo dominarlos. Es la dialéctica siervo-dueño. Pero tal actitud frente a los hombres significa experimentar continuamente con ellos y afirmar que son manipulables.
Si nos quedamos en el cientismo llegamos a una hipótesis límite: si un hombre no se identifica ni con los pantalones, ni con la carrera, ni con el sexo… sólo queda su cuerpo, su vida (muchos en nuestro siglo han vivido personalmente estos experimentos). Entonces se reconstruye el chantaje con la vida como objeto. Esto es realmente problemático porque en un sentido muy profundo cada uno de nosotros es su cuerpo, aunque en cierto sentido hay que poseerlo, al menos espacio-temporalmente.
Muchos con su comportamiento demuestran que esta hipótesis es eficiente: escupen para poder salvar su vida. Pero algunos desmienten la hipótesis, diciendo que no escupen para poder salvarse, ésta es una cosa nueva, terrible, porque dejándose matar conservan su identidad y se salvan, mientras que si cedieran al chantaje perderían su identidad. Así ha sido por Sócrates y por Kolbe, por ejemplo. ¿Pues, con qué se identifica este hombre? ¿Dónde está su centro, su futuro? ¿Qué más puede poseer? Ahora inicia un momento terrible para el constructor de las hipótesis, porque o mata a este hombre, pero así no ha vencido porque él ha muerto y ahora no se puede seguir haciendo experimentos; o bien lo deja libre, pero no lo ha dominado.
Entonces hace falta cambiar actitud hacia la realidad, hace falta acercarse a este hombre, conocerlo, dejar de hacer hipótesis: hace falta convertirse. Kolbe, por ejemplo, ha puesto en una situación terrible al Lagerführer de Auschwitz, que podía convertirse o matar, pero quedarse así con las manos vacías.
Convertirse significa dejar de mirar técnicamente la realidad como una masa potencial, manantial de energía para mis construcciones, y reconocer en cambio que el otro hombre no es manipulable, se identifica con una realidad que no es para poseer, sino sólo para ser.
Nos preguntamos por lo tanto dónde se encuentra la realidad con la que este hombre se ha identificado, dónde ha encontrado un refugio, una realidad que le ha dado la libertad, por la cual ahora ya no es chantajeable. Tiene que ser una realidad que no posee nada, que es llena libertad, lleno Ser, 'son Él que Soy', Dios. Quien se identifica con tal realidad, es absolutamente libre y más fuerte que todos los esclavos cientistas de la caverna.
En la Edad Media, cuando la policia buscaba a un hombre, él buscaba un sitio donde ser intocable, donde nadie pudiera pararlo ("Maria no me detengas, pues todavía no he subido a mi Padre"), donde era inviolable: así entraba en las iglesias donde los que lo estaban buscando no podían entrar. Allí hasta un ladrón era libre, trascendente todo el espacio fuera de la iglesia: la iglesia era un espacio inviolable, transcendente, una dimensión diferente. Quien moraba en tal espacio era inviolable. Ser sagrado significa justo entrar, vivir, ampararse en una realidad que ya no es para poseer, para violar.
Quien mora en las cosas que hay que poseer es chantajeable; en cambio Sócrates, Kolbe y sobre todo Cristo, viven en un espacio diferente, heterogéneo, se convierten en no manipulables, no chantajeables.
En Egipto, la esclavitud de los Judíos consistía justo en vivir en las cebollas, en las manzanas, en los peces. El faraón poseía estas cosas y entonces podía chantajearlos. Los Judíos se acostumbraron porque era cómodo vivir con estos peces, manzanas, hasta cuando, también en el desierto, se acordaban estas cosas y se rebelaban a Moisés. Es decir recordaban la comodidad de la esclavitud, porque es cómodo ser esclavo; ser libre es más difícil porque hace falta buscarse la vida, sólo hace falta ser y no poseer. En el espacio del ser, el hombre es inviolable. Es en este lugar sagrado - fanum - que Dios se revela.
Cuando un hombre ha entrado en el fanum, sus acosadores pueden entrar sólo si se convierten y junto con él "existen" hacia Dios. Pero también pueden tratar intentarlo para que salga del fanum y cuando él saca sólo un dedo para tocar el relampagueo que le enseñan (el recuerdo de las cebollas, de las manzanas) él se convierte en manipulable porque ha salido delante del fanum, es decir en el pro-fanum, y los acosadores pueden hacer de él lo que quieren. No puedes dialogar con el diablo porque así haces su juego, sales del fanum, te vuelves profano, ya no eres inviolable, enseguida empiezas a enajenarte de nuevo, entras en el juego dialéctico de la enajenación.
En este salir del fanum consiste nuestra profanación. Profanar el ser significa sacarlo de su identidad, de su verdad, sacarlo de él mismo para hacerlo entrar en mis hipótesis (ladrón, perro); profanarse significa volver a entrar a la caverna de los esclavos, no como el Justo, que es mandado, sino como uno de los esclavos.
Podemos entender entonces en qué consiste la violencia: respecto al hombre enajenado (en el profanum) consiste en el chantaje, sólo hay que conocer en qué se identifica, construir una situación artificial, un experimento, y chantajearlo. Pero hay una violencia hacia quien está en el fanum, hacia quien es sagrado para intentar sacarlo del fanum: es la tentación. Hay por lo tanto dos tipos de violencia, porque cada uno de nosotros está un poco en el fanum y poco en el profanum.
En esta perspectiva se reexamina la historia de Adán y Eva: Adán, después de la creación, intentó autodefinirse, ser autoconsciente, contestar a la pregunta '¿quién soy? '. El Génesis cuenta esta historia que expresa la misma realidad expresada por la historia de Ulises, de Moisés y de Abraham y nuestra misma historia personal, que es tensión hacia nuestra identidad. (Y no es un caso que Juan Pablo II, cuando quiere explicar los problemas fundamentales o los misterios de la communio personarum, de la Iglesia, siempre empieza del principio, del Génesis).
Así Adán ha empezado a buscar aquella realidad a través de la que definirse. Y ha empezado a dar los nombres a las cosas. El Génesis dice que Adán fue sumergido en un sueño profundo. Cada uno de nosotros, en cuanto es como Ulises como Don Juan, es decir en cuanto contesta a la pregunta '¿quien soy'? a través de las realidades que poseer, es como Adán sumergido en el sueño de la autoconciencia: es decir no sabemos quiénes somos.
A cierto instante Adán ha entrevisto a Eva, y en aquel momento la miró, se despertó y gritó: "Ella es carne de mi carne y hueso de mis huesos", es decir yo soy tú y tú eres yo. Adán se despertó: había comprendido quién era.
El encuentro con otra persona nos despierta. Cuando el hombre que quería chantajear ha contestado que hubiera podido matarlo pero él no habría escupido, estaba en una situación terrible: o cambiarme o quedar en el vacío. ¿Qué significa cambiarme en tal situación? Significa decir: ésta es carne de mi carne, yo soy tú y tú eres yo, entro en tu refugio y me encuentro inviolable también yo. Así si el comandante alemán 'hubiera entrado' en Kolbe, se hubiera puesto inviolable con respecto a Himmler u otros, habría estado en el fanum; en cambio, no 'habiendo entrado', seguía siendo chantajeable.

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