Antropologia. No estamos hechos para estar solos
autor: Eugenio Borgna
Médico en jefe Emérito de Psiquiatría, Hospital Mayor de Novara
Giancarlo Cesana
Docente de Higiene General y Aplicada en la Università degli Studi de Milán Bicoca
Davide Rondoni (moderador)
Poeta y Escritor
fecha: 2008-08-28
fuente: Non siamo fatti per essere soli
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "O protagonisti o nessuno", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "O protagonistas o nada")
traducción: María Eugenia Flores Luna

MODERADOR:
Buenas noches, bienvenidos a este encuentro que tiene un título bellísimo y también un poco provocador; bellísimo porque es un título que prácticamente se lo ha inventado Dios: quien de ustedes tiene alguna frecuentación bíblica, o al menos lo ha oído mencionar, en el relato de la creación Dios hace al hombre, hace a Adán, y luego, después de haberlo hecho, casi como si no lo supiera - y esto es extraordinario - casi como si no se lo imaginara, mirándolo, mirando su criatura, la más perfecta entre sus criaturas, se percata de que no está hecho para estar solo. Luego se puede discutir sobre la compañía que le ha dado, se podía conformar quizás con el gato. Estoy bromeando, es una gran compañía para todos como sabemos. Me asombra de aquel relato bíblico este hecho: que Dios es como si no se lo hubiera imaginado, es como si haciendo la más perfecta de sus criaturas no haya imaginado que éste se habría sentido sólo. Porque la soledad es una cosa propia del hombre, pero aquí escucharemos a nuestros amigos más expertos que nos dirán cómo la soledad sea una cosa propia del hombre, de su libertad, de algo específicamente suyo. Por eso es un título bellísimo, un título que nos concierne a todos.
Por otra parte es un título provocador: no estamos hechos para estar solos. Es provocador no sólo porque, después de cuatro días de Meeting quizás la gente querría un poco de soledad, pero también porque en cambio vivimos en una cultura donde parece que la frase más de moda sea "lo importante es estar bien consigo mismo", en una cultura es decir que concibe al hombre, cuya vida es buena, como una mónada, como decían los filósofos, es decir el hombre que no necesita nada más, que cuando está solo puede decir que está bien solo - "estoy bien conmigo mismo" - como si fuera una gran conquista. Por eso es un título que entra, según yo como la lama de un hacha no sólo en la vida de todos nosotros, sino también en la época en que vivimos.
Por eso hemos invitado a dos personas que tienen título para hablar de ello, dos personas muy conocidas del pueblo del Meeting, que son Eugenio Borgna, que trabaja en el hospital mayor de Novara y tiene una gran actividad de atención a los pacientes que lo ha hecho famoso no solamente en Italia, sino también fuera del ámbito científico y de la producción propiamente científica por algunas publicaciones que dedica a las cuestiones más candentes de la vida y de la interioridad humana como son sus ensayos sobre la melancolía donde además se repiten a menudo citaciones de poetas y literatos. Por otra parte Giancarlo Cesana, que todos conocen, profesor de higiene en la Universitá degli Studi de Milán y psicólogo además de director científico del hospital San Giuseppe de Milán. Sus publicaciones no son sólo científicas sino cubren un amplio radio de temáticas y siempre está atento a estudiar las relaciones entre enfermedad y sociedad. Por eso creo que son las personas más aptas para hablar de este tema. La palabra al doctor Borgna.

EUGENIO BORGNA:
Gracias, estoy aquí lleno de gratitud por la invitación que me ha sido hecha y también por la amistad con que la invitación se ha realizado, agradecido infinitamente también de poder decir algo en esta asamblea tan vasta, tan unida, tan trasfigurada cierto por un común reconocimiento al mensaje invisible, indestructible de don Giussani. Me parece ver aquí en las pantallas también de la televisión aquella palabra suya ardiente, profunda, humanísima, revolucionaria en saber captar los aspectos cierto teológicos, pero también humanos y psicológicos de las personas. El tema es extraordinariamente bello, intenso, pasible también, si queremos, de interpretaciones posibles diferentes.
No es posible confrontarse con un tema como éste – “no estamos hechos para estar solos" - si no partiendo de dos premisas: la primera es que solamente si nos educamos a sentir, a revivir, a analizar, a sondear aquellos que son nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras aptitudes también para la plegaria, solamente si nos educamos a captar qué se mueva en los secretos de nuestra interioridad, podemos tratar de captar algo de aquello que ocurre en la vida, pero sobre todo en los sentimientos, en las emociones, en la interioridad, en los otros. Entonces no hay conocimiento psiquiátrico, no hay tampoco un puente abierto a la comunicación que supere nuestras singulares soledades hacia aquellos horizontes de comunión, de comunicación, de infinito que representan en el fondo el verdadero sentido de la vida. Tenemos que empezar pero, a veces fatigosamente, a echar las cuentas con el miedo de mirar dentro de nosotros, con el miedo de intercambiar nuestras debilidades a través de experiencias y acontecimientos que no podemos sólo borrar. Recordemos, como San Pablo ha escrito, que justo nuestras debilidades son nuestra fuerza. San Pablo luego se sentía orgulloso de su debilidad, de sus errores, de su cansancio, de sus traiciones. Y entonces no nos cansemos de mirar dentro de nosotros, no nos cansemos de mirar a los ojos a las personas que viven junto a nosotros, o que, también sólo temporáneamente, nos rozan. No nos cansemos sobre todo de mirar más allá de aquella que es una condición sólo aparentemente parecida a la soledad, es decir el aislamiento, porque en realidad son dos experiencias humanas totalmente diferentes la una de la otra. En la soledad, en la verdadera soledad, se vive en efecto una apertura continua e infinita, como también don Giussani ha escrito, mientras en aquella deformación de la soledad auténtica, que podemos llamar aislamiento, desfallece no sólo cada esperanza, no sólo cada deseo de encontrar al otro, sino también cada intención de infinito. Entonces hago una citación breve de don Giussani, que estas cosas las ha dicho mucho mejor de como estoy intentando hacer yo ahora, porque describe un camino que no habría podido hacer si no precisamente acompañándome a la lectura, o en todo caso al renacimiento dentro de mí, de algunas de estas fulgurantes intenciones, humanísimas y cristianas, psicológicas y metafísicas, que vuelven única la grandeza de don Giussani. Escuchémoslo: "Primero de todo tenemos que abrirnos a nosotros mismos, es decir, darnos cuenta vivamente de nuestras experiencias, mirar con simpatía lo humano que hay en nosotros. Debemos tomar en consideración lo que verdaderamente somos. Considerar significa tomar en serio lo que sentimos, todo, descubrir todos los aspectos, buscar todo su significado."
En una de estas reflexiones de don Giussani, en el fondo, se recoge el sentido de lo que he tratado de decir hasta ahora, y es decir que sólo partiendo de esta búsqueda continua, profunda, a veces afanosa, a veces también peligrosa, de lo que nosotros somos en nuestros aspectos humanos y cristianos, podemos entender mejor qué signifique esta frase maravillosa, que quiere subrayar el destino, que es otra palabra mágica, otra palabra sobre la cual don Giussani ha construido ante todo este movimiento de inaudita fuerza espiritual, pero también de una extraordinaria fuerza de irradiación. Empezamos de nuevo cada vez que nos encontramos con los otros, sobre todo cuando entrevemos en los otros sombras que pueden ser a veces desgarradoras, como las que he visto en este Dvd sobre las condiciones carcelarias, sólo si ponemos en comparación continuamente los acontecimientos exteriores con aquellos interiores que ocurren dentro de nosotros. Entonces podemos realizarnos, también podemos superar aquella tentación a la soledad que nace a veces porque nos dejamos encarcelar por los egoísmos, por las apatías, por las indiferencias, por los rechazos, a veces cierto también justificados.
La segunda premisa, para introducirnos en un contexto más amplio, es ésta: más allá de lo que nosotros somos, más allá de nuestras condiciones de soledad y aislamiento, también podemos estar solos en medio de familias enteras, también podemos sentirnos solos dentro de una muchedumbre inmensa y en cambio no sentirnos solos aun cuando estuviéramos en el desierto. "El gran silencio", que ha sido hecho en un monasterio cartujo en Francia, en la alta Saboya, nos dice cómo también en el silencio absoluto, también en un coloquio que pasa solamente por la plegaria, por la plegaria también común, con la voz de la belleza de estas montañas encantadas, nevadas, se pueda rescatar la propia aparente soledad negativa para hacerla en cambio la más alta y profunda experiencia, aunque si para nosotros que vivimos en el mundo no puede sino ser solamente un momento de nuestra vida: ¡ay si viviéramos solamente hundidos ininterrumpidamente también en la soledad más auténtica y profunda! Pues la segunda premisa es la libertad, y también aquí las palabras que don Giussani ha escrito están entre las más profundas. Yo leo muchísimo, a decir la verdad, pero imágenes, palabras, pensamientos como éstos no los he encontrado nunca. Cierto, tengo delante la imagen de estas palabras inmersas en los gestos, en la simplicidad y en la transparencia sobrecogedora con la cual también los pensamientos más profundos venían de don Giussani testimoniados con una simplicidad que, en realidad, es la categoría menos frecuente pero quizás también más preciosa en nuestra vida. Y entonces hay una sola cosa que es insoportable para el hombre religioso, y podemos serlo todos más allá de nuestras creencias, es decir negar que haya algo de infinito en nosotros, algo que Leopardi había captado, y es éste el motivo por el cual don Giussani lo amaba, habiendo descubierto en Giacomo Leopardi esta ansia de infinito, y luego la percepción de que solamente en la esperanza - con la que concluiré - es posible hallar un sentido en la vida.
La esperanza, como ha escrito en su espléndida encíclica "Spe Salvi" Benedicto XVI, es relación, no olvidemos nunca esto. He aquí entonces las palabras de Giussani: "La única cosa insoportable al hombre religioso es que el nombre……” - es un tema éste de candente actualidad y es por esto que proféticamente, hace años, don Giussani había intuido el enorme desarrollo que las neurociencias están asumiendo, pero también ciertos riesgos fatales que sobre el plano del reduccionismo estas ciencias llegan a proponer, como si todo pudiera ser transcrito en términos de simple fisiología o neuro-fisiología. En cambio la naturaleza se pone delante de la imagen del misterio que la hace consciente de si, autodeterminante, libre. "Es contra esta reducción, contra el reduccionismo que es hoy tan difuso, que nosotros nos erguimos". Esta palabra es frecuente en don Giussani. Esta revuelta interior a veces es indispensable, necesaria, cuando el alma parece estar immersa en las nieblas de la esperanza cristiana, y en cambio está sumergida por los soles cegadores de las avanzadas tecnologías que dejan descubierta, insegura, débil nuestra alma, sobre todo nuestra esperanza. También cito una parte en la que Giussani habla de un filósofo marxista que ha escrito un libro importantísimo porque ha sabido también captar las contradicciones que existen en la esperanza. También hago esta cita porque así podemos captar una vez más la dimensión ilimitada de la cultura no sólo religiosa y teológica, sino también filosófica de don Giussani. “Decía Bloch – en El Principio Esperanza, para quien tenga ganas de leer los tres volúmenes de más de mil páginas - que al inicio de este siglo la ciencia muchas veces relata una infinidad de pequeñas verdades en función de una gran mentira, y la gran mentira es aquella que yo - don Giussani, precisamente - he llamado reducción del hombre". Por una parte está esta invitación, este salto continuo a mirar dentro de nosotros, por la otra la conciencia de que somos libres, y entonces también somos libres de transformar la soledad, que por sí misma, también es una experiencia humana sumamente significativa como también don Giussani ha escrito, en aislamiento. Pero tenemos que lograr huir, borrar las huellas del hedonismo, del egoísmo feroz que tiende a hacer de cada uno de nosotros, como hemos escuchado de Rondoni, unas mónadas con las ventanas siempre cerradas que no miran. ¿A qué no miran? Al dolor que existe en el mundo, pero también a las alegrías que hay en el mundo, a las alegrías que pueden ser vividas interiormente sólo si logramos donarla a alguien, a algo que una vez más nos confirme cómo no estamos hechos para estar solos, para el aislamiento, para la soledad negativa, para el egoísmo. Estamos hechos en cambio para abrirnos continuamente al encuentro con los otros.
Una de las experiencias recientes que más me han sobrecogido y que todavía hoy me conmueven, he podido vivirla, captarla, también en este encuentro que he tenido en Milán con las familias de la acogida. Aquí he encontrado un testimonio extraordinario de qué signifique vivir una esperanza personal no para cerrarla en los confines de nuestro yo, de nuestra soledad, sino en cambio para donarla a los otros. En realidad la esperanza además de ser relación, como Benedicto XVI ha escrito, también es donación de sí, capacidad de transmitir la antorcha de la esperanza. Estos contextos familiares tan opuestos, tan heridos, a veces también tan abrumados por una realidad a las que no es posible resistir, con lo que hacen milagrosamente por la asistencia me han hecho entender que habría podido proponer a quien está hablando y también a ustedes: estar solos, vivir una condición de aislamiento absoluto se puede a veces, aunque ésta sea la última de las condiciones humanas, cuando la esperanza, esta estrella de la mañana que en todo caso acompaña siempre a nuestra existencia y nuestra vida, se reaviva, aún en el momento en que las sombras de la vida se hacen intensas.
Me encamino a la conclusión de mi reflexión que logro sólo hacer cuando encuentro asambleas en las que no puedo no reconocer esta voz secreta que habla en nosotros, que nos lleva a los unos cerca de los otros, sea incluso en el silencio, porque precisamente es la voz de la esperanza, del aislamiento rescatado y transformado en soledad. También estas bellísimas imágenes que he visto ahora de la cárcel me parece que demuestren justo cómo la dimensión humana de los presos, el estar solos sin esperanza, el estar solos sin ni siquiera el deseo del otro y no sólo estar solos sin el otro, pueda precisamente cambiarse en soledad, esto quiere ser el pequeño mensaje que querría dejar a quien nos está escuchando y también a mí que estoy hablando. También en condiciones de aislamiento extremo, también cuando parece no haber más ventanas que se abren en nuestra alma, lo que ocurre fuera de estas situaciones, esta donación continua a los otros, puede transformar el aislamiento, este silencio mudo, en una soledad que continúa cierto en la cárcel pero que se transforma en una condición humana de la que no podemos huir ciertamente.
A este punto cito a Etty Hillesum, como también hice cuando he hablado en este encuentro sobre las familias de la acogida, que están todavía tan increíblemente vivas en mí, porque es un altísimo testimonio, uno de los más bellos que se pueda dar. Aquí hay muchos jóvenes que en todo caso conocen cierto la historia, saben que ha ocurrido en aquellos lugares terrificantes de la que se ha quitado luego, por ejemplo, la voz de un testimonio muy luminoso, radiante, redentor y profético. Etty Hillesum, que ha sido prisionera en un campo de concentración alemán, ha escrito un diario brevísimo que tienen que recordar, como Marina Corradi que escribe sobre Avvenire hizo transformándolo en una reducción dramatúrgica, captando y también salvando el espíritu esencial de la cosa. He querido de algún modo historiar mi discurso, ligando sus palabras a la palabra infalible de don Giussani pero también a aquellas que son testimonios inconscientes. Etty Hillesum cierto no lo ha conocido nunca, pero las cosas que dice me parecen de veras vecinas a las que don Giussani nos ha testimoniado y que nos continúa testimoniando. ¿Qué cosa podía ocurrirle a ella prisionera? En aquella condición de terror sin fin no podía sino ser sobrecogida por la desesperación y por la pérdida de toda esperanza, y sin esperanza se muere. Etty Hillesum dice: "Las amenazas y el terror crecen día a día. Levanto alrededor de mí la plegaria como un muro oscuro que ofrece amparo, me aparto en la plegaria como en la celda de un convento, salgo afuera más 'recogida', concentrada y fuerte. Este retirarme en la celda cerrada de la plegaria, se convierte para mí en una realidad cada vez más grande". He aquí entonces como de un título que abre horizontes frente a nosotros también pueden manar experiencias de vida como las que he tratado de relatar, experiencias de vida como aquella de Etty Hillesum.
Pero en estos pocos minutos que quedan querría hacer una última cita de don Giussani, porque podría nacer en ustedes la pregunta sobre cómo se pueda superar el aislamiento en que a veces nosotros también nos precipitamos, o sobre cómo se pueda superar la soledad, aunque sea bella, intensa y profunda, cuando se prolonga demasiado impidiéndonos transformarla en una matriz de comunión y comunicación. Se puede ir más allá solamente si nos sucede de encontrar a alguien, en nuestro corazón ante todo, cierto, pero también en la nostalgia y en la realización de un encuentro. Y entonces he aquí la última cita de Giussani: "La palabra encuentro implica en primer lugar algo imprevisto y sorprendente". El transeúnte lo recuerdan, el mendigo sobre el que también don Giussani ha escrito, sobre el cual ha dicho cosas que son un escándalo para la conciencia moderna pero que deberían ser en cambio un estímulo profundo para nuestras conciencias. En segundo lugar la palabra encuentro implica algo real que nos toca concretamente, que inspira nuestra vida. Entendido de esta manera cada encuentro es único, también aquel de esta noche para mí, porque las circunstancias que lo determinan no se repetirán jamás así. Justo porque cada encuentro, esperando que nuestra vida esté llena cada día de encuentros con otros, es una pieza precisa de la voz que llama a cada uno de nosotros por nombre, cada encuentro es una gran ocasión ofrecida por el misterio de Dios a nuestra libertad. Mi recorrido se cierra aquí, gracias.

MODERADOR:
El profesor nos ha dado un primer aspecto de qué significa transformar el aislamiento en soledad, una soledad que no sea amarga, sino ocasión para tomarse más en serio, como ha comenzado al principio. Cesana, ¿qué quiere decir en cambio para ti probar, o qué cosa entiendes por este paso entre el aislamiento y la soledad? ¿O también no soledad?

GIANCARLO CESANA:
He aquí, que la intervención del profesor Borgna me obliga a hacer una premisa que no había previsto. Hay un nivel de la experiencia en que se está solos, se está inevitablemente solos porque nadie, tampoco Dios, puede tomar nuestro puesto. Éste es el momento en que se mueve el amor, en el cual se decide la libertad, se acepta o se niega, es decir se ama. Se decide es decir que no se está solo, que no se está aislado, que no se es mónada, y quiero hablar de los pasos que, al menos en mi experiencia, ayudan a hacer este recorrido: el recorrido de amar, es decir el recorrido de salir de la soledad, que es una cuestión de razón.
El primer paso, el primer aspecto de la salida de la soledad, es el reconocimiento de que somos dependientes. Es el aspecto más físico, más grosero, y quizás también por esto más descuidado. Para vivir tenemos necesidad del aire, tenemos necesidad de ser cuidados, y el niño tiene necesidad de ser cuidado por muchos más años que los cachorros del perro o el ratón. Será que convirtiéndose en abuelos nos volvemos más tiernos, pero a mí me conmueve mucho la fragilidad de los niños, su exposición sea en términos físicos que psíquicos, y el cuidado, en el fondo consciente o inconsciente, que se requiere para hacerlos crecer. Somos dependientes, no nos hemos hecho solos y no nos hacemos solos, tenemos necesidad de beber, tenemos necesidad de comer, tenemos necesidad de una contribución externa a nosotros. Necesitamos de algo que nos venga dado, lo decía don Giussani en El sentido religioso: por el hecho mismo de que uno hace un respiro afirma otra cosa distinta. Afirma aquello del cual depende. Pero la dependencia, como saben bien, no es inmediata, hace falta reconocer que somos así, pero puede no ser un factor de gran satisfacción porque la dependencia, cuando es total, se convierte en esclavitud y por lo tanto es una unión que deja solos, luego veremos el por qué.
El segundo aspecto, el segundo nivel en que se percibe, se puede percibir la salida de la soledad es la correspondencia, es decir, se depende pero es aquello del que se depende que también da satisfacción. Ciertamente dependemos del aire para vivir, pero respirar a pulmones llenos en un mañana azul de montaña es agradable, es bonito, corresponde, nos sentimos hechos para esto. Luego estamos en un mundo en que aquello del que dependemos también nos da placer, también nos da gusto. Como se puede entender bien en negativo por dos observaciones, una de Dobraczynski, un autor que ha escrito acerca de santos, que hace una observación muy aguda, muy banal pero aguda: "La gente busca aquello que tiene al alcance de la mano". Todos nosotros buscamos aquello que tenemos al alcance de la mano, y nos desesperamos cuando desaparece aquello que antes no apreciábamos. Porque nosotros de esta correspondencia que la realidad manifiesta respecto a nosotros, por la cual nosotros estamos hechos para la realidad y la realidad está hecha para nosotros, precisamente como de la dependencia de la realidad, tampoco nos percatamos. Nos damos cuenta de ello cuando desaparece, cuando la máquina se rompe, cuando quien está cerca te hace un desaire, cuando quien debía servirte se rebela. Cuando lo que nosotros hemos buscado, teniéndolo al alcance de la mano, a un cierto punto desfallece, entonces lo sentimos, nos desesperamos y nos enfadamos. Es impresionante como éste sea uno de los motivos fundamentales de las peleas cotidianas, de las peleas familiares más banales. Lo que no va como siempre ha ido, como siempre habría tenido que ir, se convierte en un hecho irritante, pero ésta es la prueba del hecho que en efecto la realidad nos corresponde.
También según un diagnóstico ideológico, se puede decir lo que decía Simón Weil hablando de la condición obrera, que según yo no se aplica a cualquier tipo de trabajo, porque hay empleados que trabajan exactamente como obreros, donde la repetitividad es prácticamente la misma con igual humor, con el mismo sueldo y el mismo sentido de opresión. Se es un objeto en poder de la voluntad ajena. Puesto que no es natural para un hombre convertirse en una cosa, es el problema de la dependencia de antes, así como no hay constricción tangible, no existe el torturador de Auschwitz, que citaba antes el Profesor Borgna, no hay fusta, no hay cadenas, hace falta doblegarse solos a esta pasividad. Cómo sería bello poder dejar el alma donde se mete el carnet de presencia y retomarla a la salida, pero no se puede: el alma se la lleva consigo al taller, al despacho, al trabajo, hace falta callarla todo el día. A la salida a menudo ya no se la siente porque se está demasiado cansados. Hay precisamente una caída del yo cuando desfallece la correspondencia, cuando desaparece el gusto del vivir que se saca de las cosas el yo se afloja. Es una cuestión dramática y se puede entenderlo bien mirando aquello que dice don Giussani en el décimo capítulo del Sentido religioso, que es uno de los ejemplos que me ha siempre conmovido más, justo porque describe muy bien el problema de la vida, el problema que siento gravemente yo en mi vida. Supongan que nazcan, que salgan del seno de su mamá, con la edad que tienen en este momento, con el desarrollo y la conciencia que tienen ahora. El primer movimiento de la mirada sería de estupor por todo lo que existe. Porque se siente la correspondencia, es decir se siente que aquello que existe, está hecho para mí y que yo estoy hecho para lo que existe. Éste es un grandísimo punto. El niño crece dentro de este punto, sin darse cuenta, pero esta correspondencia es lo que lo hace crecer. En efecto, si no percibe nada, psicológicamente estalla. El misterio del autismo, el misterio de la locura, nace de aquí, de la fallida percepción de la correspondencia, es decir de la percepción que con la realidad en el fondo no hay ningún nexo, no hay relación, no está hecha para mí y yo no estoy hecho para ella. La primera reacción, pues, es de maravilla pero después se subleva la contradicción, por cierto. Hay estupor en ver la montaña, el estupor que tantas veces he sentido citar delante del Monte Blanco, porque a menudo vamos a hacer las vacaciones en el Aquino, pero luego cae el alud porque la vida está llena de aludes. Y entonces sale una opción, porque el problema de la correspondencia impone y obliga una opción, obliga a una decisión. Es el problema de la confirmación en la vida de una correspondencia, es decir del hecho de que la realidad está hecha para mí y yo estoy hecho para ella, pero esto es contradictorio, la vida no es una cosa plana, no es, como siempre digo, una película porque la vida es peor que el cine: nosotros vamos al cine para identificarnos, pero la vida es peor. Aquí se me pone una opción, una decisión: ¿qué vale, la maravilla inicial o la decisión sucesiva? La desilusión es una cuestión grave, gravísima, y puede hacer perder el gusto de vivir. Más bien, entiendo que hay un planteamiento de la existencia donde en el fondo esta desilusión es una especie de principio no cognitivo.
Me vienen siempre a la cabeza dos cosas. Primero, una experiencia que he hecho varias veces, y que pero me ha impactado mucho una vez por la respuesta que he tenido. Enseñando historia de la medicina, en las últimas dos horas examino siempre los problemas así llamados de la bioética, el nacimiento, el aborto, y allí siempre me juego el juicio favorable de los estudiantes porque peleo. A un cierto punto, naturalmente yo digo lo que pienso con respecto a estas cosas, yo doy mi opinión, porque si lo digo enseguida ya no hay gusto, luego pregunto a ellos qué piensan, porque los estudiantes siempre te miran con los ojos caídos, y entonces la situación se aviva. Si pregunto: "¿Tú qué piensas? ¿Qué piensas del uso de la ritalina con los niños para tenerlos tranquilos?", por ejemplo. Respuesta: "Cada uno la piensa como quiere". No me contestan diciendo qué piensan, sino diciendo que cada uno puede pensarla cómo quiere y ésta es la solución de la cuestión: esto quiere decir que no existe el gusto del vivir. No hay confirmación de una correspondencia como factor de conocimiento. Como decía Teilhard de Chardin, citado siempre por don Giussani, "el mayor peligro que pueda temer hoy la humanidad no es una catástrofe que venga desde fuera, una catástrofe estelar, no es el hambre ni la peste". Era un optimista porque vivía antes de todos los problemas alimenticios que tenemos hoy, de las enfermedades infectivas. "Pero - continúa - es en cambio aquella enfermedad espiritual, la más terrible, porque el más directamente humano entre los flagelos, que es la pérdida del gusto de vivir". Es lo que don Giussani veía en los jóvenes de hace 20 años, es decir que no tienen energía afectiva, no tienen el gusto por la vida, no se apegan, y es bellísima la conclusión del profesor Borgna al respecto del encuentro, cuando ha dicho con un famoso ejemplo: "Los jóvenes son grandes, gruesos, pero están enfermos dentro". Y decía "El remedio, el único remedio es el encuentro". La conclusión del profesor Borgna es verdadera, es decir se requiere un hecho que te involucre totalmente, sea tu inteligencia que tu libertad porque la soledad no es estar solo, sino la ausencia de sentido. Se puede estar entre millones de personas y estar solos como perros. Siempre pienso en la gente que va sola al cine: van solos al cine, entre mucha gente, en la oscuridad, para estar solos porque aquellas presencias no tienen significado.
Llegamos al tercer paso, a la tercera consideración. La correspondencia y la opción para la correspondencia son un movimiento de la razón, pero a un cierto punto llega una cuestión, la que rompe efectivamente la soledad, precisamente el encuentro que es el don. Lo que rompe la soledad es la conciencia de que la vida es un don. No la vida en el sentido que yo he nacido solo, sino toda la vida está hecha de dones. Recuerdan la frase citada muchas veces de Madre Teresa: “Hemos recogido a un hombre de las alcantarillas, medio comido por los gusanos, y lo hemos llevado a casa". Y él ha dicho: “He vivido en la calle como un animal, pero moriré como un ángel amado y curado, un don". Y era así maravilloso ver la grandeza de aquel hombre que podía morir sin dar la culpa a nadie, sin maldecir a nadie, sin hacer comparaciones. Ésta es la grandeza de nuestros pobres, el descubrimiento de la vida como don. Ésta es la rotura definitiva de la soledad y el principio del encuentro. Hemos escuchado todos a Vicky decir: "Tú tienes un valor, me decía Rose, y es un valor más grande que la enfermedad. Si Rose me mira de este modo, es decir como portadora de un valor más grande que la enfermedad, pensaba, ¿cómo será la mirada de Dios?". Pero éste es el aspecto menos interesante, el aspecto más interesante es la frase que viene después: "Luego he entendido que en el rostro de Rose, yo estaba mirando el rostro de Dios". Es decir el signo, la potencia del signo como transmisión del sentido, es decir una relación que pero ya no es sólo una relación contigo, se convierte en la posibilidad de la relación con todo. Esto es el don, ésta es la vida como don, éste es el principio de la caridad, éste es el principio del amor - no cito la palabra amor porque puede parecer deducido. El encuentro es lo que es dado y en este dado, en este caso en el rostro de Rose, "estaba mirando el rostro de Dios", existe la esperanza, la esperanza de todo, la esperanza por todo el mundo y para todos. Éste es el encuentro, la transmisión de esta potencia de significado, porque la palabra "significado" quiere decir relación. El significado es la relación de las cosas conmigo y con todo, una relación que me haga como el pobre de antes, aquel que ha muerto como un ángel, que no me haga ya maldecir a nadie porque es de este modo que se puede afrontar también la circunstancia desfavorable. Es así que la razón ya no decae, porque ya no está sola y ya no está sola porque tiene a alguien en quien poder creer, porque para poder creer se necesita alguien para seguir, alguien visible para seguir, entonces se cree. La fe es seguir a alguien sino es abstraída, es filosofía. La fe es seguir a alguien pero no por él, no por mérito suyo sino por lo que lleva, porque él es el principio de una relación, introduce a todos en una relación. Es esto lo que rompe la soledad, es esta conciencia. En el libro "Sunset limited", de Cormac McCarthy, autor que está haciéndose muy famoso también porque es muy filmado, y esto es un hecho, piensen en "No es un país para viejos" que, entre paréntesis, nadie ha entendido qué quiere decir porque sobre todo no es ya un país donde la sabiduría cuenta, donde la tradición cuenta, donde la historia cuenta; en todo caso, el título "Sunset limited" es referido al nombre de un tren, el Sunset limited precisamente, que pasaba en la metro de Nueva York y había allí uno que se quería tirar abajo, un intelectual blanco, un profesor blanco que estaba cansado y decepcionado de la vida, que se quería tirar y llega este pobrecito, negro, que vive justo en los suburbios de Nueva York, porque quien ha estado en Nueva York puede ver barrios que son exactamente como las Favelas de Río de Janeiro, iguales, precisos, idénticos. El negro lo lleva a su casa y luego todo el libro, que es pequeñito, es un diálogo entre los dos hombres donde el negro es el que tiene el planteamiento positivo y el blanco aquello negativo. El negro dice al blanco: "Creer no es como no creer. Uno que cree al final llega a la fuente de la fe y ya no tiene que buscar otra cosa, no hay otra, pero quien no cree tiene un problema: se ha metido en la cabeza desentrañar el mundo, pero cada vez que pica una cosa falsa encuentra abajo otras dos que explicar. Si Dios, después de haber creado el mundo, se ha puesto también a girar en medio de él, entonces cuando uno se levanta en la mañana puede poner los pies en tierra sin preocuparse de entender de dónde ha venido aquella tierra". Si existe el significado, si hay una relación a través de la cual puedo entrar en relación con todo el resto, no debo preocuparme de entender siempre de dónde viene todo. No debo tener ansia de esto, pero si no es así, entonces toca encontrar otra explicación de lo que uno quiere decir cuando dice realidad, y toca juzgar todo bajo aquella luz, siempre que luego sea una luz, también a ti mismo. Aquella pregunta vale para todos: "¿Y entonces qué dice Profesor? Tú que no tienes fe, ¿tú existes de veras?". La soledad es esta duda. La novelita acaba de modo dramático porque prácticamente, lo digo porque así nadie se ilusiona, el blanco se va de la casa del negro y va a suicidarse una segunda vez. La cosa impresionante es que antes parece que el negro haya ganado, pero luego se estrella contra la dureza del blanco y se queda pasmado cuando el blanco le dice: "Usted dice que yo quiero el amor de Dios, no es cierto. Quizás quiera el perdón, pero no tengo a nadie a quien pedírselo". Falso, tenía allí a aquel que lo había salvado. “No puedo volver atrás". Falso, podía hacerlo muy bien. "Y no puedo poner las cosas en orden". Puede ser, "pero todo se puede resumir al final, a lo mejor una vez, pero ahora no, ahora sólo me queda la esperanza de la nada y a aquella me aferro". Así acaba. Es decir él rechaza el don que tiene delante, rechaza a quien lo ha salvado. Esto es realmente terrible porque no tener fe es contra la razón. He aquí el verdadero principio de la soledad. En cambio, y no es para nada descontado, escuchen qué dice Giussani y con esto concluyo, en El milagro de la hospitalidad: “Hay entre nosotros una infinidad de ejemplos que no pueden dejarnos hoy como ayer, que despiertan en nosotros una inquietud divina, es decir una inquietud que busca la totalidad, que busca el infinito, buena, sacrosanta, que hace picar las manos. No tengamos miedo de seguir, recordemos que todo puede suceder, si acontece la primera cosa a la que somos deudores, aquella gracia por la que te he encontrado, amigo. La vida es un don por aquel instante en que he sentido mi destino idéntico al tuyo, en el que nos hemos encontrado, también nos hemos reconocido sin decírnoslo, sin entender, confusamente, tanto es así que estamos acá". He aquí la rotura de la soledad.

MODERADOR:
No una conclusión, sino además del agradecimiento necesario a Giancarlo y al Profesor Borgna, permítanme una especie de relanzamiento, porque la soledad es un problema humano. Las montañas no se sienten solas, las nubes no se sienten solas, los perros, a pesar de lo que decimos, no se sienten solos. En cambio el hombre tiene esta experiencia abismal, con respecto a la cual hace falta todo el don, todo el reconocimiento de la potencia de un don que viene de algo infinitamente distinto, si no la soledad no se rompe. La característica del hombre solo, que no decide aceptar el don, según lo que nos ha indicado claramente Giancarlo, la característica del hombre que acepta una soledad, el aislamiento, en lugar de la decisión de aceptar el don del cual los signos son infinitos en la vida, la característica de este hombre es que se aburre. Tanto es así que los grandes genios del '900, y también antes, piensen en Leopardi o en Baudelaire, que dice que “el aburrimiento puede tragarse el mundo", se aburrían. Al hombre solo parece que el mundo sea tragado, que ya no exista, como si le hubiera desaparecido todo frente a los ojos. "El aburrimiento se traga al mundo" dice Baudelaire en una poesía suya. Eliot, gran lector de Baudelaire, dice en efecto que "el mundo no acabará en un choque sino en un lamento", acabará en el lamento de hombres que ya no tienen una relación positiva con la realidad. El Meeting es en cambio una manifestación de hombres que no se aburren, no de hombres buenos o perfectos o justos o que saben más que los otros, sino de hombres que no se aburren, que tienen una relación positiva con la realidad por lo cual el mundo no acaba en un lamento, sino recomienza en cada instante. Buenas noches.

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