Antropología, somos cada vez más «africanos»
autor: Fiorenzo Facchini
fecha: 2014-01-10
fuente: Antropologia, siamo sempre più «africani»
traducción: María Eugenia Flores Luna

Hasta algo más de hace diez años el estudio de la evolución humana se basaba en los fósiles y en la documentación de los ambientes del pasado. Desde algo más de una decena de años, gracias a técnicas poco a poco más refinadas, se estudia el ADN antiguo, nuclear y mitocondrial, contenido en los huesos, a través de las variaciones que eso presenta en las secuencias nucleotídicas. Los análisis son más penetrantes, con respecto a los métodos morfométricos usados en la paleoantropología, porque pueden llegar a determinar genes particulares y permiten calcular la divergencia genética o eventuales mezclas entre poblaciones. Ellas no sustituyen las informaciones ofrecidas por el dato morfológico, pero pueden integrarlo de forma más precisa.
A sugerir una nueva rama del árbol filético humano, aquel de los Denisovianos, ha sido el ADN mitocondrial extraído de una falange del meñique de una mujer, encontrada en una gruta en Denisova en los Montes Altaj (Siberia) y referido a época del hombre de Neandertal (alrededor de hace 40.000 años). El estudio ha sido efectuado en 2010 en el laboratorio del Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology, en Lipsia, bajo la dirección de Svante Paabo. Sucesivamente se ha sumado el análisis del ADN de dos molares encontrados en la misma gruta. La comparación con el genoma de 6 Neandertales y de 54 individuos modernos muestra diferencias mayores con respecto a los Neandertales que con respecto al hombre moderno. En particular el ADN denisoviano comparte un número elevado de variantes (del 4 al 6% de ADN) con los modernos grupos Papua de la Nueva Guinea y algunas poblaciones del sureste asiático, sugiriendo cruces ocurridos en un pasado no muy lejano entre los Denisovianos y los antepasados de aquellos pueblos. Las conclusiones que se pueden sacar sugieren alguna relación entre Neandertales, Denisovianos y Hombre moderno. En efecto si la divergencia entre la cepa neandertal y aquella del hombre moderno es puesta entre hace 500.000 y 700.000 años, se podría admitir un antepasado común más antiguo para las tres líneas (Neandertales, Denisovianos y Hombre moderno). Ello podría identificarse en el Homo heidelbergensis, que se ha formado en la descendencia de Homo erectus / ergaster africano, migrado en Eurasia. Hace falta recordar que la primera oleada migratoria de África tiene que haber sido muy antigua, si hace 1,77 millones de años en Dmanisi, en Georgia, han vivido hombres con caracteres relacionados a la cepa africana del Homo habilis/ergaster, según los recientes estudios ejecutados por el equipo guiado por Lordkipanize.

Pero a complicar las cosas ha sido la secuencia del ADN mitocondrial en el fémur de un precursor de Neandertal encontrado en Atapuerca (España) en el yacimiento de Sima de los huesos («pozo de los huesos»), que remonta a un período entre hace 300.000 y 400.000 años, del cual ha sido dada noticia en Nature y Science. El hallazgo hace parte de un complejo ya conocido, atribuible a 28 individuos, con características morfológicas de Homo heidelbergensis, precursor de los Neandertales. El hombre de Sima de los huesos de Atapuerca es muy parecido al Hombre de Tautavel (Pirineos orientales), que ha vivido en la misma época, también él probable representante del Homo heidelbergensis, la especie que se encuentra en Europa entre hace 600.000 y 250.000 años, procedente de África. Los análisis efectuados en el ADN mitocondrial extraído del fémur de Sima de los huesos evidencian sorprendentes afinidades con el ADN de la mujer de Denisova, que ha vivido mucho tiempo después, hace 40.000 años, a 7000 Km. de distancia. Debería admitirse por tanto alguna antigua mezcla entre la línea denisoviana y aquella de Neandertal o un antepasado común que se conctaría quizás a la cepa de Homo Heidelbergensis o a Homo antecesor. Además a esto se refiere otro importante hallazgo, siempre encontrado en Atapuerca en la gruta de la Gran Dolina y que se remonta a hace unos 800.000 años. Bastante obscura queda la relación de los Denisovianos con la forma humana moderna. El interés del estudio del ADN extraído del fémur de Atapuerca es sea de orden metodológico que paleoantropológico. Se trata de la determinación del ADN más antiguo hasta ahora efectuada y hecha posible por nuevas tecnologías (hasta ahora el ADN antiguo estudiado era aquel de los Neandertales de hace unos 50.000 años. Además la edad del hallazgo, estimada con los métodos biomoleculares, resulta coincidente con aquella determinada por yacimiento.

En el plano paleoantropológico se abren diversos problemas. ¿Cómo explicar la cercanía genética del Hombre de Sima con Denisova? ¿Podría haber sido un origen común o alguna mezcla antigua (cfr. gráfico en esta página), de la que se ha atenuado o perdido la huella en los Neandertales más recientes? Al mismo tiempo la cercanía de los Denisovianos al Hombre moderno pone el problema de cuándo haya ocurrido en la evolución humana la eventual separación de las tres líneas (Neandertales, Denisovianos, Hombre moderno) de antepasados comunes africanos. La separación podría haber también ocurrido en tiempos diferentes. Pero la identidad antropológica de una población no es dada sólo por la línea genética de pertenencia. ¿Qué humanidad se esconde bajo el ADN denisoviano? ¿Qué rostro, cuáles características morfológicas, qué cultura tenía aquella población? Nos lo dirán los restos esqueléticos y paletnológicos que esperamos puedan venir a la luz en los próximos años. Al mismo tiempo ulteriores análisis del ADN sea de los fósiles de Atapuerca que de otros restos más antiguos de los Neandertales clásicos podrán proveer elementos muy valiosos para delinear el escenario evolutivo de los precursores de las más antiguas formas Neandertalianas europeas y de la forma arcaica del hombre moderno originada en África alrededor de hace 200.000 años, porque permitirían combinar los dos enfoques: paleoantropológico y biomolecular. En efecto el escenario europeo de la población humana depende de la llegada de grupos de África.

Las piezas que faltan para la reconstrucción de los más antiguos desplazamientos en el Mediterráneo aún son muchas. No sabemos si el perfeccionamiento de las técnicas biomoleculares pueda permitir determinar el ADN antiguo de los restos africanos, mal conservados en los climas calientes. En todo caso las diversidades genéticas no deberían ser entendidas como expresión necesaria de la especie en sentido biológico. Todo establece por numerosas mezclas que deben haber ocurrido en la historia del genoma humano y no serían explicables admitiendo especies diferentes. Los análisis del ADN advierten de la fácil costumbre de identificar especies donde se observa alguna diferencia. Las investigaciones biomoleculares como aquellas paleoantropológicas, conducen a una única cepa africana y ponen en evidencia, más que aquellas paleoantropológicas, cruces y parentesco cuya reconstrucción queda muy compleja.

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