Apuntes sobre la epistemología
autor: Francesco Ventorino
fuente: Appunti sull'epistemologia
traducción: Moisés Rodríguez

Es mi intención dar una panorámica sobre la problemática de la fundación de la ciencia, para localizar la operatividad cultural de aquellas categorías que emergen al trazar las grandes líneas de esta problemática.
Epistemología, (de epistème: saber válido, saber fundado), significa discurso que tiende a justificar la certeza de la ciencia. Las ciencias, en efecto, se dicen exactas, no porque su certeza sea prevista, sino porque sus datos vienen formulados en términos matemáticos. La exactitud no va, por lo tanto, confundida con la certeza. La exactitud hace parte del lenguaje de las ciencias, mientras que la certeza concierne su contenido de saber sobre la realidad.

1. Ciencia y "mito"

Desde el principio de la ciencia, se ha tenido esta exigencia de un saber riguroso que tuviera estas dos características: aquella de un saber fundado, por lo tanto válido para todos, un saber que tuviera tal fundamento de valer para todos y como tal fuera comunicable; aquella de un saber sobre la realidad que, justamente porque rigurosa, permitiera dominarla para utilizarla. Esta exigencia hizo desarrollar la epistéme en Grecia del V al III siglo A.C., en contraposición a aquel precedente saber sobre la realidad que era el mito.
El mito, en efecto, incluso siendo la expresión de un conocimiento del real, más bien precisamente de "cómo están las cosas en su origen", no fue un saber que pudiera ser dominado por el hombre. Más bien, justo porque se refería a un criterio más allá y más grande que el hombre mismo, el mito - mientras se ofrecía como una interpretación del real, como el significado último de éste - al mismo tiempo negó al hombre la pretensión de un saber exhaustivo.
El mito "pone al hombre frente a un ”ya dado", a un origen del cual el hombre no es dueño, sino interlocutor. Por eso, el mito reclama al hombre a una actitud de escucha y no de dominio, para captar el sentido que habita en las cosas y no aquello que el hombre quiere imponer a éstas. El mito es el lugar en que el hombre es interpelado por un significado originario, que él tiene que acoger, para ser reconducido a su verdad originaria.
En este sentido, se puede decir que la ciencia nace de una exigencia que pone el hombre en una actitud opuesta a aquella en la cual él es reconducido por el mito: la exigencia de dominar las cosas, la actitud de quien impone a las cosas el significado y el valor de uso.
Así la epistème se configura, desde su origen como rotura con el mito: a la revelación del origen y del significado de la realidad, ofrecida por el mito, se sustituye un saber que quiere ordenar toda la realidad, para dominarla.
Esta tentativa de medir y dominar todo con la razón se ejerció en la metafísica como teoría general de la realidad, (el tentativo era sostenido por una metodología "rigurosa" de razonamiento, es decir la "lógica" o la "dialéctica"). Con análogos instrumentos y criterios de medición y de dominio, se procede respecto a la naturaleza en particular: nace así la ciencia.
Todo esto evidencia como la tentativa del hombre de dominar la realidad excluye la pregunta acerca del origen, es decir acerca del significado ya dado (que solicita la obediencia de la escucha), y reduce la totalidad de lo real dentro de una producción teórica, en función de un dominio técnico sobre ella.

2. Edad moderna y contemporánea

Es en este contexto, la exigencia de un saber epistémico así descrito, que en la edad moderna se vuelve relevante el problema de la fuente del conocimiento, si sea ella la razón o la observación. Racionalismo y empirismo se encuentran en la pretensión de haber localizado el manantial último, el criterio supremo e infalible de la certeza, aunque si el uno la reconoce en la evidencia que el pensamiento tiene de sí mismo y el otro en la evidencia con la cual la naturaleza ofrece sí misma en la observación: en todo caso se dusca un criterio de certeza para fundar un saber válido y objetivo, (cfr. K. Popper, Ciencia y Filosofía).
Pero la reflexión epistemológica contemporánea se hace cada vez más experta respecto a este modo de plantear el problema de la certeza científica y esto fundamentalmente por dos órdenes de consideraciones.
A. Se percatan que no se puede poner la observación al origen del proceso de producción del saber científico.
La teoría, como hipótesis racional sobre la realidad, gobierna la observación, en el sentido que a ella pone la tarea de verificar o de falsificar la hipótesis misma que la mueve y la conduce. No existe objeto de observación que dentro de una hipótesis o de una perspectiva científica sobre la realidad: "el objeto no se crea sino al final de un largo proceso de objetividad racional" (Bachelard).
En este sentido, nos encontramos ante la superación de la objetividad del hecho bruto: "la enumeración más simple, la catalogación de 'hechos' sin comentarios ya es una interpretación… se aprenden los hechos a partir de una teoría, según un método, han sido arrancados del contexto por una teoría", (Lukács, Historia y conciencia de clase).
Como la observación es mandada por una hipótesis, así la hipótesis puede derivar de una observación. Por tanto, ¿qué hay al origen del proceso de la producción científica? El proceso de la producción científica se revela tan complejo que, desde ahora en adelante, no es posible separar estos dos factores: la razón o la imaginación, que está al origen de las hipótesis y la observación, por la cual las hipótesis son desmentidas o verificadas.
¿Pero la observación es capaz de verificar las hipótesis con las cuales se mueve a observar la realidad? ¿La realidad observada provee pruebas suficientes para que se puedan decir verificadas las hipótesis científicas? Hasta un cierto período de tiempo, no muy lejos de nosotros, el hombre científico ha contestado positivamente a esta pregunta: la realidad observada puede dar las pruebas definitivas de la validez de una hipótesis formulada.
El avanzar de la sagacidad epistemológica ha llevado a afirmar hoy que ninguna observación y ninguna serie de observaciones podrán nunca verificar definitivamente una hipótesis. Se ha empezado, por tanto, a usar una palabra para designar la relación entre hipótesis científica y observación de la realidad: la palabra "falsificación". Ella significa que la realidad no puede verificar ninguna hipótesis, pero puede desmentirlas en todo o parcialmente. La falsificación permite el progreso de la ciencia, porque provee los límites de la posibilidad de utilizar una hipótesis y porque induce a buscar nuevas hipótesis que hay que sustituir a aquellas en todo o parcialmente falsificadas; hipótesis más verosímiles, aunque precisamente por esto más falsificables, (cfr. Popper).
B. Se dan cuenta de las interferencias ideológicas en la producción del saber científico: intereses extra científicos juegan dentro de la constitución del saber científico y dentro de su desarrollo, produciendo de los obstáculos epistemológicos como puntos de resistencia del pensamiento al pensamiento. Estos intereses tienen su terreno de origen en valores sociales, cuales la religión, la moral, la política…, (cfr. Bachelard).
A esta constatación se reacciona sustancialmente en dos modos.
Una primera reacción, de tipo cientificista, reconoce que todavía existe en el hombre una zona que la ciencia no controla y es aquella que hemos llamado ideológica, la cual molesta interfiriendo la misma producción del saber científico; pero esto ocurre porque la ciencia no ha progresado suficientemente. Den tiempo a la ciencia y ella también dominará esta zona: todo será reducido dentro de un saber que permitirá al hombre dominar incluso a sí mismo. Este "dar tiempo a la ciencia" es una fe en la ciencia, por la cual el progreso de la historia es confiado al progreso de la ciencia.
Hay que notar que esta ciencia – a la que se permite imponer los objetivos a la existencia humana, porque se arroga el poder de invadir hasta aquel espacio en el cual el hombre decide de sí y de los otros - es la misma ciencia que ha surgido sobre la exclusión de la pregunta acerca del origen y del significado global de la realidad, porque esto no podía ser dominado sino reconocido. La ciencia, incapaz de reconocer el valor y el sentido originario del hombre, puede imponer solamente objetivos a la existencia humana, que, bajo la pretensión de la cientificidad, esconden intereses aún más latentes y más inhumanos.
A esta solución, de tipo cientificista, se opone aquella de tipo revolucionario. Esta, reconociendo que no se puede eliminar las interferencias ideológicas en la producción científica y por lo tanto la presencia en ella de un sujeto determinado por sus intereses, pone la pregunta acerca de este sujeto y lo localiza en el proletariado como único sujeto adecuado a reconducir la historia hacia la liberación del hombre.
Existe una espera mesiánica respecto a la ciencia, la espera que ella domine la entera realidad; existe una espera mesiánica respecto al hombre, que el hombre que posee la realidad a través de la ciencia no sea el dueño, sino el proletario hecho libre por la revolución. Dos mesianismos, dos rostros de la misma actitud humana: aquél que, en la fe, podemos definir como "judaísmo". Los judíos son los que no han reconocido la salvación ya presente y por tanto están esperando una salvación que tiene que venir.

3. Una concreta hipótesis que hay que verificar

Frente a estos mesianismos, nosotros reafirmamos nuestra identidad, que nace de aquel acontecimiento de salvación ya experimentado que es la comunión cristiana. Ésta genera una subjetividad histórica que no puede no ser cultural y política.
Si no queremos renunciar a la libertad de ser nosotros mismos en la historia, para confiarnos al progreso cientificista o al mesianismo revolucionario, nos tenemos que poner como un sujeto que quiere administrar no sólo la utilización del saber científico, sino la misma producción de éste.
La actitud que ha caracterizado a muchos católicos respecto a la ciencia, de respeto por su "objetividad", de defensa de su "neutralidad" o "autonomía", se revela a la luz de cuanto hemos dicho no sólo incorrecto en la fe, sino también insostenible de un punto de vista estrechamente científico.
¿Puede nacer para nosotros un nuevo modo de enseñar las ciencias?
¿Por qué la ciencia es una de aquellas materias cuya enseñanza ha quedado sistemática? Intenten enseñar con método histórico una ciencia y su sistematicidad vigente será puesta en crisis, en fuerza de la relativización que vendría de su pretensión 'epistémica'.
No existen textos que enseñan la ciencia con el método histórico, esto no ocurre por casualidad. Cuando han querido relativizar los valores de nuestra tradición cultural, han descubierto enseguida que el método era aquel del historicismo, que es difundido en todas las enseñanzas de tipo humanístico; cuando quieren que sea inamovible el sistema científico vigente, entienden enseguida que su enemigo es la historia.
Se podría hacer una historia de la ciencia, haciendo emerger todas las categorías que definen el proceso de producción del saber científico: eso le daría al hombre la conciencia de los límites de su 'certeza'. Se podría hacer una historia de la ciencia, recuperando todo lo que no ha entrado a hacer parte de la ciencia "sancionada", es decir la ciencia "caducada". Sería interesante descubrir quién y por qué ha decidido trabajar sobre ciertas hipótesis y dejar caer otras: eso nos daría las dimensiones reales del empleo del poder de la ciencia de parte del poder político, económico, etc…. En fin, tiene que venir fuera un empleo más emancipado del saber científico en función del sujeto que nosotros somos. Esto es lo que tenemos que inventar juntos.

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