¿Averroes? Los monjes difundieron la filosofía occidental
autor: Andrea Bennegi
fecha: 2009-03-10
fuente: Ma quale Averroé? I monaci di Mont Saint-Michel diffusero la filosofia occidentale

Pero ¿cuál Averroes? Los monjes del Monte Saint-Michel difundieron la filosofía occidental

Sylvain Gouguenheim, medievalista al École Normal Supérieure de Lión, ha publicado recientemente un libro (Aristóteles contra Averroes. Cómo Cristianismo e Islam salvaron el pensamiento griego) que ha instigado una encendida polémica sea en su patria que en Italia.

Substancialmente la posición del historiador francés invita a considerar, con mayor ponderación, la deuda de la Europa medieval respecto a la cercana cultura árabe. Partiendo de una serie de reflexiones y evidencias históricas, Gougenheim ha creído posible empuñar y refutar la hipótesis que Europa deba exclusivamente al mundo islámico el conocimiento de Aristóteles y luego el nacimiento de su propio pensamiento filosófico.

No se trata, está claro, de un problema secundario. Como el autor recuerda, detrás de la teoría de la "deuda de Europa" está la convicción que el occidente medieval sólo haya salido de la barbarie y de la incultura, gracias a la aportación benéfica de los árabes. "Todo el occidente en su conjunto ha sido edificado sobre la innegable aportación del Islam […]. Es gracias a los pensadores árabes que Europa ha conocido el racionalismo" (Zeinab Abdel Aziz).

En el centro del debate está pues el corazón de la identidad cultural europea. La actual interpretación afirma que los pensadores medievales hayan logrado apoderarse de las principales obras de Aristóteles sólo cuando – a causa de la conquista cristiana de España – empezaron a circular sus traducciones del árabe. La respuesta de Gouguenheim se articula sustancialmente en tres argumentaciones: la búsqueda del saber griego autónomamente promovido por los europeos, el papel del Monte Saint-Michel en la difusión de las obras aristotélicas antes de los resultados de la Reconquista, la relación entre Islam y filosofía.

Procedamos con orden. No es verdad, el historiador opina, que los caminos por los cuales Aristóteles llegó a Europa necesariamente hayan pasado el Islam. Los europeos no dejaron nunca de interrogarse sobre el pensamiento griego, ni habrían podido hacerlo: la aportación griega al pensamiento cristiano y el persistir de la tradición griega dentro del mundo bizantino (siempre en fecundo contacto con la civilización medieval europea) obligaban a occidente a una cerrada comparación. Desde la activa obra intelectual de Antioquía, por ejemplo, llegaban continuamente obras de pensadores y filósofos griegos. Europa ha buscado pues conscientemente los textos griegos, sin deber esperar que le llegaran fatalmente en regalo de los árabes. Entre estos textos, hubo ciertamente los escritos de Aristóteles.

Lo prueban, entre los otros, los manuscritos producidos en el Monte Saint-Michel (no al azar el título original del libro es Aristote au Mont-Saint-Michel). En el scriptorium de la antigua abadía, hacia la primera mitad del siglo XII, las obras del gran filósofo fueron traducidas, en efecto, directamente del griego por obra de los monjes copistas. No conocemos sus nombres, a excepción del italiano – pero educado en Constantinopla y por tanto greco fono – Giacomo Véneto. A él debemos la transcripción de la Física, de la Metafísica y de los Analíticos segundos, entonces desconocidos en Europa. El meollo del debate académico suscitado por Gougenheim gira sobre todo alrededor de la actividad de Giacomo, empezada mucho antes de que desde Toledo llegaran las transcripciones del árabe. Es una simple cuestión de fechas, Gouguenheim subraya: Giacomo ha empezado las traducciones antes del 1127 y las ha continuado hasta la muerte (1145-1150); Gerardo de Cremona – el que primero tradujo Aristóteles del árabe – ha iniciado las suyas después del 1165 (traduce la Física en el 1187, exactamente cuarenta años después del monje italiano de la abadía normanda). El punto es fundamental, ya que Giacomo Véneto y sus compañeros benedictinos – y no más los árabes – se convierten así en "el anillo faltante en la historia del paso de la filosofía aristotélica desde el mundo griego hasta el mundo latino". Las traducciones del Monte Saint-Michel tuvieron enseguida una vasta difusión: se encuentran copias de ellas en Bolonia, en Chartres, en Oxford. Gracias a ellas las mayores figuras del mundo occidental han tenido acceso a los textos de Aristóteles. Y con cuál inmenso provecho, respecto a las tentativas llevadas a la práctica por los árabes.

Aquí yace en efecto el tercer factor considerado por el historiador: los árabes – él dice – sólo tomaron de los griegos lo que creían útil, sin embargo sin asimilar su espíritu. La filosofía, para el Islam, fue por lo tanto sencillamente una "suma de conocimientos", sin nunca convertirse en un "problema". En Occidente la comparación fue completamente diferente. Delante de Aristóteles, los teólogos medievales – acostumbrados a una cultura que se reconocía arraigada en el pensamiento griego – supieron dialogar con eficacia, llegando a modificar y renovar la misma concepción del mundo y del espíritu. Por tanto, según la teoría de Gouguenheim, no sólo Europa ganó a Aristóteles en absoluta autonomía respecto a Islam, sino también supo apropiarse de él con una profundidad radical que era imposible para la sensibilidad coránica.

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License