Biología y verdad. Las bases científicas del comportamiento
autor: Francesco Salamini
Académico de los Linceos, miembro del comité científico de Expo 2015. Ya profesor de Botánica y Fisiología en la Universidad de Piacenza, ha dirigido institutos para el mejoramiento genético de las plantas en Italia y en el extranjero
fecha: 2015-12-30
fuente: SCIENZAinATTO/ Biologia e verità. Parte prima: le basi scientifiche del comportamento
Publicado en el n° 59 de Emmeciquadro
traducción: María Eugenia Flores Luna

Un tratamiento de las bases científicas de los mecanismos de formación del comportamiento humano. Para introducir más específicamente el debate sobre el problema ciencia verdad en ámbito biológico.

El artículo (del cual publicamos en este número la primera parte), se inspira en la relación tenida por el autor, conocido sobre todo por las investigaciones en el campo de las biotecnologías agroalimentarias, durante el convenio anual de la Asociación Universitas University desarrollado en el CERN de Ginebra en febrero de 2015, en torno al tema ciencia y verdad.

Frente a un tema tan complejo, para contribuir al debate con referencia a los aspectos biológicos de la persona conviene ante todo tomar en consideración los conocimientos científicos sobre el comportamiento humano - tantos y de ámbitos disciplinarios extremamente diferentes, respecto a aquellos estrechamente fisiológicos o bioquímicos a aquellos neurológicos y psicológicos.

Así se prepara el terreno para reflexionar sobre la cognoscibilidad de lo real y sobre la responsabilidad del científico en la investigación y en la comunicación.

Es inevitable que aquellos que se dedican a la ciencia apliquen también a ellos mismos cuanto conocen, especialmente para comprender, por cuanto sea posible, las bases científicas del comportamiento humano, sendero que inevitablemente conduce a las preguntas antropológicas: quiénes somos y quién soy. En esta memoria se hará referencia a cuánto la genética, el estudio de la evolución, la neurología, la psicología evolucionista y algunas hipótesis cosmológicas puedan contribuir a una discusión sobre ciencia y verdad.

La necesidad de verdad existe como consecuencia del hecho de que nuestra especie es social: nace, es decir, como componente no secundario de las interacciones entre individuos. Por eso es relevante y connatural al tema tratado hacer referencias al conocimiento, incluso parcial, del complejo sistema neurobiológico que genera nuestras interpretaciones del mundo y, sobre todo, los módulos de comportamiento, nuestros y de los demás hombres.

La discusión se complica y se enriquece considerando los recientes progresos de las disciplinas que estudian la genética y la evolución del comportamiento en los animales y en nuestra especie. La tentativa no es simple por desarrollar.

Los científicos tienen una visión fuerte de la verdad y no toleran equivocaciones filosóficas acerca de su realidad o importancia. Esta pretensión de verdad deriva esencialmente de su capacidad de lograr que materia y energía hagan aquello que los científicos se esperan [1]. Por siglos la visión del mundo y del universo ha sido discutida sobre todo por los filósofos y por los historiadores. Cuando, más tarde, la ciencia ha tratado de enfrentar el mismo tema, se han creado contraposiciones entre científicos y humanistas [2].

De toda manera es creíble que la ciencia proponga certezas (si bien aproximadas): en matemática la convergencia de las opiniones golpea por la frecuencia con la cual ocurre respecto a la consideración de situaciones políticas, sociales, religiosas [3]. Pero que, frente a las «realidades» del mundo y «verdad» de las leyes físicas y biológicas que lo gobiernan, yo, tú, nosotros podemos, también sólo en parte, disentir, es una posibilidad. Un ejemplo es aún la matemática: ha sido discutido si existe independientemente de la mente humana o si es una invención humana.

Una corriente de pensamiento cree que las entidades matemáticas sean un hecho objetivo [I]. Otros, en cambio, concluyen que «La matemática es una parte natural del hombre. Nace de nuestro cuerpo, de nuestro cerebro, y de nuestras experiencias cotidianas del mundo» [4] (en [5]).

Unidad de la especie, unidad del individuo

Que la especie humana sea algo único y especial es una constatación bien clara para los neurobiólogos [6]. En particular, las emociones están vinculadas a valores, principios y juicios que sólo los seres humanos tienen [7]. Además, sólo el hombre es considerado un ser moral y religioso y probablemente el sentido moral los deriva de los instintos sociales ya en parte presentes en los animales que viven en grupo [8].

La mímica facial, que refleja sensaciones como alegría, disgusto y rabia, es una respuesta automática común y específica para todos los hombres [9], así como las sociedades humanas estudiadas por los antropólogos tienen en común una larguísima serie de características únicas [10].

También en el desarrollo de la cultura, que se basa en la memoria a largo plazo, los humanos superan en modo casi infinito a los otros animales.

«Ya en general, parece posible dar una explicación plausible del porqué la condición humana sea una singularidad y por qué algo similar haya ocurrido una sola vez» [11].
Esto introduce los contenidos, en términos de verdad, de las respuestas que se pueden dar a la pregunta antropológica: ¿son estos contenidos siempre verdaderos en absoluto para la especie o son, al menos en parte, específicos de quien responde o de los tiempos históricos en los cuales la respuesta viene dada?

El mundo que nos circunda de hecho es dominado por la diversidad de lo real material y cultural, diversidad que incluye aquella de las mentes humanas y de los cerebros que las nutren [12]. Se plantea aquí el problema de qué es la verdad para un solo sujeto humano: ¿cada uno crea su verdad cuando se explica el mundo o ella es una propiedad del mundo que existe fuera de él y que él es sólo capaz de imaginar?

La formación del cerebro: un evento irrepetible

Nosotros somos nuestro cerebro, aparentemente único para cada individuo [13]. La pretensión de unicidad se basa en robustas evidencias experimentales.

Las poblaciones de Homo sapiens son altamente heterocigotos [14], así como lo es cada individuo singular: es la premisa para comprender que ya la recombinación entre el ADN de pares de cromosomas produce, a cada generación, personas con una altísima probabilidad de ser únicas en el mundo.

A este mecanismo se añade la mutación que, en regiones de los cromosomas heredadas en su totalidad de un padre, sustituye los nucleótidos presentes con otros con una frecuencia, en especie diferentes, entre uno sobre mil y uno sobre un millón por generación, y la frecuencia en los hombres está entre las más altas [15].

A estas mutaciones de nucleótidos individuales se suma un número significativo de variantes genómicas estructurales causadas especialmente por secuencias repetidas del ADN. Éstas pueden ser cortas (micro satélites) o de largueza variable, repetidas en tándem o distribuidas variadamente en el genoma.
Representan el sustrato o la condición para reorganizaciones genómicas debidas a replica inexacta, reparación del ADN, contracción o expansión de secuencias repetidas, trasposición y tras trasposición, reintegración en el genoma de pares de los transcritos (citaciones en [16]). También el ambiente juega un rol a favor de la diversidad genética individual cuando induce modificaciones epigenéticas del ADN a menudo hereditarias [17].

Una sorprendente hipótesis concierne a la capacidad que un genoma individual tiene de generar cerebros diferentes. Ya Gerald Edelman [18] había sugerido que, durante el desarrollo del cerebro, grupos de neuronas estén en competición para ser seleccionadas según su posición y origen clonal [19].

La composición en neuronas del cerebro resentiría, es decir, un proceso donde el azar juega un rol. Serían implicados, particularmente, eventos transpositivos, frecuentes en las divisiones precoces del cigoto, tales de conferir, eventualmente, ventajas selectivas a los clones de células neuronales resultantes. Por eso la formación de un cerebro representa un evento irrepetible incluso para un mismo genoma que, en potenza, tendría la capacidad de desarrollar un gran número de cerebros alternativos [20].

Mente o consciencia?

De Platón y Aristóteles en adelante, la capacidad racional (que tiene sede en el cerebro) ha sido considerada como un atributo de la naturaleza humana, la característica que separa al hombre de los animales «inferiores», signo de la benevolencia de un Dios [3].

El cerebro está entre las estructuras más complejas del Universo: 100 millones de neuronas, cada una con 1000-10.000 contactos con otras neuronas (sinapsis). Consiste de dos hemisferios, cada uno con cuatro lóbulos: frontal (sentido moral, sabiduría, intuición), parietal (decodificación de estructuras 3D), occipital (visión), temporal (emociones) [21].
En el hombre la corteza (espesor de 4 mm) es extremadamente desarrollada.

Las neuronas espejo y el sentido de sí mismo

Las neuronas de algunas áreas específicas, dichas de comando motor, se activan cuando se cumplen acciones o gestos motores. Estudiándolas, Giacomo Rizzolatti y colaboradores en la Universidad de Parma [22] notaron que grupos de neuronas (neuronas espejo) se activan cuando se cumple una cierta acción, pero también cuando el individuo (un mono en el caso) mira a otro individuo que desarrolla la misma acción.
Estas neuronas espejo son particularmente desarrolladas en el Homo sapiens y permiten «leer» las intenciones de los demás (es decir de reconocer las acciones y de comprender las razones que están detrás de aquellas acciones), un carácter indispensable para criaturas que viven en comunidades sociales.

En los hombres, y sólo en los hombres, las neuronas espejo se han vuelto tan sofisticadas que permiten descifrar incluso intenciones ajenas muy complejas. Considerando que la cultura se puede adquirir por imitación, las neuronas espejo están programadas para integrar en la propia mente cuanto deriva de experiencias ajenas.

Sin embargo, las neuronas espejo, incluso haciendo sentir sentimientos y cumplir acciones en empatía con otros, son parte de un mecanismo neurobiológico que puede favorecer la violencia imitativa [23]. Están activas durante las relaciones sociales porque las consiguientes reacciones son cruciales para la comprensión de las relaciones mismas [23]. Median también la adopción de posiciones conceptuales ventajosas elaboradas por otros [6]. Desde este punto de vista la unicidad de un cerebro contiene partes de la unicidad de otros cerebros.

La evolución y el funcionamiento de una máquina tan compleja esperarán aún muchas generaciones para ser racionalmente descritas. Se pueden sin embargo comprender algunos pasajes evolutivos cuyo conocimiento puede al menos hacernos intuir los estrechos senderos que la investigación experimental debe recorrer. El estudio de las sinestesias, en particular, se presta a este objetivo. Sinestesia es la condición de una persona que percibe algo en uno de los sentidos sin que este venga estimulado (ejemplo: un número visto es asociado en la mente a un color). ¿Puede ser una coincidencia que las áreas del cerebro designadas a números y colores sean inmediatamente adyacentes?

La explicación es que módulos específicos del cerebro son topográficamente en parte sobrepuestos y este estado es a veces hereditario. En el giro fusiforme del cerebro un objeto visto viene representado acústicamente; durante la evolución de la base física del lenguaje se ha activado una sinestesia que ha asociado el aspecto visivo a un fonema, o entre área visiva y área de Broca que controla los músculos de la vocalización [21].

Áreas y módulos asignados a funciones diversas son luego integrados en una función superior que da al individuo una percepción unitaria. Está localizada en la corteza del hemisferio hizquierdo: interpreta y hace coherentes las historias externas actualizando el sentido de sí mismo y sus creencias.

Qualia

Es el plural del latín quale. En los estudios sobre la consciencia el término es usado para indicar la naturaleza de la experiencia subjetiva del mundo, es decir las calidades sensoriales individuales que derivan, por ejemplo, del perfume del café apenas molido, del sabor de la piña, del azul del cielo o del timbre de un violonchelo.
Son parte fundamental del film de la vida de cada uno de nosotros derivadas de experiencias con un distinto carácter fenomenológico, inequivocables pero difíciles de describir [7]. De toda manera es claro que el conocimiento de un evento presente en la mente es modelado según la perspectiva del individuo al interno del cual se forma, y no da una perspectiva común a tantas personas.
Las metáforas y las similitudes en parte dependen de los qualia: «una sensación evocada da especificidad y permite expresar lo no expresable» [25]. Si se está de acuerdo que la ciencia busca leyes explicativas de valor universal, a la definición de éstas la contribución de los qualia podría ser mínima. No obstante esto los qualia tienen relevancia para la vida de cada uno de nosotros, incluso aquella de los científicos che aceptan con muchas y personales matices las leyes físicas o biológicas que sostienen el mundo.

Noam Chomsky, por ejemplo, sostiene que «es decididamente posible […] que se aprenda más sobre la vida del hombre y sobre su personalidad de las novelas y no de la psicología científica». Las novelas, en efecto, narran la especificidad de la experiencia personal, siempre única como lo es la historia personal de cada uno que se modifica con cada experiencia [25].

La consideración de los qualia introduce el rol del ambiente y de la cultura, e incluso de la contingencia, al plasmar mentes humanas individuales y, sobre todo, pone en duda las pretensiones que la verdad definida por los hombres deba ser absoluta.

Azar y necesidad

El concepto de evolución [26] de los organismos vivientes ha sido propuesto, en varias formas, mucho antes que fuera codificado en la obra de Charles Darwin [II].

En la Philosophie Zoologique Jean Baptiste Lamarck [27] sostiene con fuertes motivaciones el rol de la evolución en la especiación, y Charles Lyell [28], un competente sostenedor y amigo de Darwin, en el segundo volumen de los Principles, resume admirablemente esta hipótesis. Lamarck favorecía la adquisición progresiva de la complejidad orgánica y la herencia de los caracteres adquiridos bajo estímulo ambiental. Darwin consideraba el libro de Lamarck absurdo [29].

La herencia de los caracteres adquiridos se volvió un tema importante sólo cuando Augusto Weismann (1834-1914) aclaró la distinción entre soma y línea germinal de los animales y se preguntó cómo podían caracteres impresos durante la vida en el soma ser reproducidos en la línea seminal [30].

Darwin y la lucha por la existencia

Durante el viaje en el Beagle Darwin se dio cuenta de las crueles y continuas luchas entre tribus de salvajes de Sudamérica para acceder a recursos escasos. Maduró aquí la convicción de que la lucha por prevalecer y sobrevivir ha sido central para las dinámicas evolutivas [29].

Michele Lessona [31], contemporáneo de Darwin, lo comenta escribiendo que «la lucha por la vida es una ley fatal, dolorosa, cruel, de todos los seres vivientes, incluso del hombre». En la base de la selección natural de los individuos existe el egoísmo, una deducción extendida luego a genes individuales: Richard Dawkins [32] la ha popularizado con el título de un libro hecho famoso: The selfish gene.

No todo cuanto ha sido propuesto por Darwin se mantuvo. Roy Davies [33] sostiene que la idea de especiación también múltiple de un progenitor común estaba presente en la mente de Alfred Russel Wallace que sobre el tema podía presumir una fuerte prioridad.[III] No queda tampoco la propuesta de la herencia de los caracteres debida a la mezcolanza de gémulas de los padres que alcanzan la línea seminal (blending inheritance). Mendel, a la teoría de las «sangres miscibles», sustituirá aquella de los «genes inmiscibles» [34]. La misma gradualidad de la modificación de los caracteres que conduce primero a la diferenciación de poblaciones diferentes y luego a la especiación ha sido en parte abandonada. En efecto ha sido aceptado que las especies pueden aparecer y desaparecer en modo discontinuo (teoría de Gould y Eldredge [35]); por ejemplo, la alopoliploidía en los peces y en las plantas es un gran factor evolutivo de naturaleza discontinua [36, 37]

Queda la investigación, discusión y presentación orgánica de los resultados disponibles para plantas y animales que ilustran los efectos de la selección. En conjunto certifican que la selección es en grado de modificar hereditariamente los caracteres: en su segundo libro más importante [38] Darwin reasume una impresionante serie de datos como sustento de la eficacia de la selección y propone usar esta prueba como sustento a una teoría del origen de las especies, donde los efectos de la selección natural son aceptados como verdaderos por analogía con aquellas de la selección «artificial».

El ADN y el stress ambiental

Sin embargo es indudable que la teoría de la evolución nos ha concedido al menos una visión parcial de la posición del hombre en el mundo, así como una reflexión sobre quién somos o qué no somos [39].

Sobre esta teoría el neodarwinismo, que ha integrado en la teoría de Darwin especialmente los aportes de un siglo de genética, ha construido una base teórica donde también azar, necesidad, contingencia y determinismo son considerados. En El azar y la necesidad, Jaques Monod [40] asigna a los seres vivos dos propiedades: la invariancia (la reproducción precisa del ADN), y la teleonomía (la presencia de estructuras que aparecen dirigidas a un fin, un telos). Reconduce la segunda propiedad a la primera: la teleonomía sería el resultado de mutaciones casuales que la invariancia del ADN reproduce exponiéndolas a los mecanismos de la selección (la necesidad) [41].
En este proceso se asigna un rol a la contingencia, eventualidades no necesarias pero posibles y no justificadas ni negadas por vínculos externos a ellas [42]. Sin embargo, James Shapiro [43] ha recientemente introducido una novedad, en la percepción de la evolución orgánica, haciéndose la pregunta de cómo, en la evolución, se forma lo nuevo.

Los sistemas de control de la síntesis y reparación del ADN tienen un rol central: tienden a la invariancia del ADN cuando el ambiente es estable, pero introducen reestructuraciones e invenciones cuando la célula está expuesta al stress ambiental. El genoma, es decir, sería un sistema de memoria que se lee pero también que acepta ser escrito (a read-write, RW, memory system).

Son las novedades progresivas inventadas por el ADN para prevalecer como factor evolutivo en la selección natural. En esta visión disminuye la relevancia y la prioridad del azar: las mutaciones que cuentan (aquellas que sirven para superar los cambios ambientales) no son casuales y el ambiente tiene un rol evolutivo bien preciso y casi determinista que evita la espera de conjunciones favorables entre azar y necesidad. Si este asunto es verdad, es difícil negar que un operador molecular con poder de cambio del genoma actúe al azar. Caería, si Shapiro se revele creíble, otro baluarte de la teoría evolutiva de Darwin.

La posición de Shapiro es fuerte: ¿si el ADN es en sí fuente acumulada de variaciones y de selección, es quizá su estructura química y estérica que posee un contenido determinista? Francis Crick ha considerado la posibilidad de que la Tierra haya sido «inseminada de vida por formas de inteligencia aliena», casi a encontrar una explicación al evento más extraordinario de toda la historia del mundo: la vida que se ha originado una sola vez [44]. Con un corolario: para que el acto de inseminar tuviera un sentido, el actor tenía que tener claro o haber programado a priori la historia natural del planeta Tierra. Esta casi provocación pone en modo explícito la posibilidad de que nuestra biología en parte determine los comportamientos.

Comportamiento social: altruismo y moralidad

Los comportamientos altruistas en la naturaleza nacen y se difunden por parentela, reciprocidad, parasitismo [45]. Son raros: en poquísimas especies animales el interés del individuo sucumbe al interés por el grupo.

Las agregaciones naturales de individuos corresponden a menudo a familias donde los miembros están ligados por parentela [46]. Su evolución ha sido particularmente estudiada en los insectos, definidos eusociables [IV]. que viven en grupos organizados y practican la ayuda mutua.

Eusociabilidad

La ausencia de egoísmo en la colonia de hormigas es debida al comportamiento de las hormigas obreras que renuncian a reproducirse.

En las Himenópteras (abejas, avispas, hormigas) las hembras se desarrollan de huevos fecundados y por tanto sus cromosomas están presentes en pares (estado diploide). Los machos en cambio tienen origen de huevos partenogenéticos no fecundados y por tanto contienen sólo un elemento de cada par cromosomático (estado aploide).

Se deduce que el macho que fecunda a la reina produce espermas con cromosomas idénticos: las hijas, por tanto, tienen un bagaje cromosómico idéntico a mitad (transmitido por el padre) y para la otra mitad uno o el otro de los cromosomas de l0s pares de la madre. Por consiguiente el coeficiente de parentela entre las hijas (cuanto del bagaje cromosómico es en común entre ellas) es de 3/4, mientras entre madre e hijas de 1/2.

Las hijas hembras, por tanto, están entre ellas más emparentadas de cuanto lo están con sus mismos hijos y si la eusociabilidad se desenvuelve en base a los lazos de parentela, se explica por qué en los himenópteros las hembras obreras tienden a renunciar a reproducirse favoreciendo una modalidad reproductiva, la aplodiploidía, que aumenta la frecuencia de los alelos de los genes para la sociabilidad, hasta el punto que la reina asume el rol de única madre generadora, según un mecanismo altruista de estrecha base génica [45, 47, 48].

La selección por parentela ha sido entusiastamente aceptada por los neodarwinistas [V] e introduce a la discusión de cómo la extraordinaria evolución del cerebro humano haya permitido a nuestra especie practicar la forma más avanzada de eusociabilidad, donde la misma no sólo se vive en la realidad sino es también representada en infinitas y variables hipótesis mentales.

Después de la publicación de Sociobiology, el libro de Osborne Eduard Wilson [49] que trataba del desarrollo de los comportamientos sociales utilizando las nuevas ideas sobre la selección natural, el autor fue pesantemente atacado por su visión [VI].

El libro consideraba la evolución de comunicación, altruismo, agresividad, sexo, parentela, vistos en las especies eusociables, hombre incluido. Propio de Wilson [11, 50] viene un reciente ataque a la teoría de la evolución por selección de parentela: considerando que en la dinámica evolutiva la selección natural es la fuerza creativa activa, y que en los insectos sociales se está frente a un simple caso de selección individual entre reinas (entendiendo que las obreras son sólo una extensión fenotípica del genotipo de la reina), aquella observada es una selección de tipo individual.

Wilson propone una selección natural multinivel donde se desarrolla una interacción entre las fuerzas selectivas que influencian miembros singulares de un grupo (selección individual) y otros tipos de selección que conciernen a relaciones entre grupos (selección de grupo [VII]), donde el suceso depende de la cooperación entre miembros que favorece el altruismo y la reciprocidad.

Biología y moralidad: ¿dónde nace el sentido moral?

La evolución del altruismo en parte corrige la casi brutalidad de la teoría de Darwin: la crueldad de la lucha por la supervivencia viene en efecto suavizada, particularmente en nuestra especie, por las actitudes sociales de individuos que viven en comunidad [51]

La evolución de la eusociabilidad y del cerebro que la sostiene se ofrece, además, a la discusión del origen del sentido moral. Steven Pinker [10] cree que también la moral es de retenerse hija de la evolución: todos son dotados, una constatación más simple que creer que cada uno deba fatigosamente fabricársela. La biología evolucionista, en particular, introduce a las relaciones entre los miembros de grupos sociales que pueden compartir o no opiniones o afirmaciones, argumentándolas por una presunta base lógica: la existencia de términos de referencia objetivos, en ausencia de una verdad.

La discusión sobre las raíces biológicas del altruismo ha creado enlaces entre biología y cultura [10].

El primer puente es representado por la emergencia de la ciencia de la mente, cognitive science. La mente puede ser en parte explicada utilizando una teoría computacional. En particular, en el cerebro la gramática combinada del lenguaje se mezcla con otros módulos mentales al generar pensamiento e intenciones.

El segundo puente es representado por la neurociencia donde se estudia el efecto de la inactivación de genes individuales en la funcionalidad mental.

El tercer puente son los conocimientos de genética del comportamiento, es decir de cómo el genoma controla el comportamiento.
El cuarto es la disciplina conocida como psicología evolutiva, el estudio de cómo la historia filogenética contribuye a explicar las funciones adaptativas de la mente.

La idea de un origen natural de la moralidad nace a inicios del Ochocientos con el positivismo de Auguste Comte, es retomada por Herbert Spencer y por Konrad Lorenz a mitad del Novecientos y luego por la sociobiología de Wilson.

No obstante las críticas, es alta la atención a la tentativa de correlacionar la naturaleza biológica de los seres humanos con la generación de los comportamientos morales y de las normas morales. «La moralidad de los seres humanos va distinguida del altruismo animal sobre la base de las propiedades de la acción moral. No es suficiente que un organismo se comporte en modo altruista sino es necesario que tenga creencias morales y sienta obligaciones morales.

Durante la filogénesis la selección natural ha favorecido las disposiciones al respeto, al amor, a la cooperación. El sentido moral es parte de la naturaleza humana: los seres humanos, únicos entre los seres vivos, han desarrollado a lo largo de la evolución propiedades biológicas tan elevadas que son capaces de manifestar comportamientos morales, aunque esto no significa que las propiedades biológicas puedan determinar directamente ni la manifestación de los comportamientos morales ni los contenidos de las normas morales» [19].

En esta, como en muchas más reflexiones sobre este importante argumento es evitado, sin embargo, el punto neural de la discusión: ¿quién nos informa sobre el por qué el sentido moral tendría que tener valor absoluto en ausencia de una certificación objetiva suya; dicho de otro modo, ¿el nuestro es un sentido moral universal o, por ejemplo, podrían existir diversos sentidos morales? Se tiene que explicar que si en cualquier modo ha nacido un sentido moral, este ser moral suyo necesariamente implica la existencia de verdades objetivas
Sin embargo, Maffei advierte que «la verdad no es otra cosa que la síntesis dinámica del pensamiento colectivo, es decir el pensamiento que viene aprobado por la mayoría» [9]. Si es así entra en juego la responsabilidad personal hacia la búsqueda y la práctica de la verdad. No hay, en efecto, dudas de que formas de verdad existen dentro de nosotros, formas incluso únicas para cada uno, pero compartibles en parte por la mayoría.

Auto engaño

En muchos organismos vivientes han evolucionado formas de engaño conocidas como camuflaje y mimetismo. En el camuflaje el individuo tiende a confundirse en el ambiente en el cual vive negándose así al depredar; en el mimetismo el individuo imita, con el objetivo de defensa, a otros seres vivos o componentes del ecosistema que lo circunda.

El auto engaño es una evolución de la selección a favor del engaño. Es un proceso activo y organizado y su uso de parte de los hombres es potenciado por el lenguaje [45].

Simon Blackburn [3] cita el caso de un poeta que se lamentaba de la imposibilidad que cada uno de nosotros tiene que verse como los otros nos ven. Explica que esta condición es posible porque en el cerebro el auto engaño es endémico: el agente que opera en el cerebro sabe algo pero se engaña contándose otra cosa y convenciéndose de que se trata de la verdad (un ejemplo: se cree más fácilmente en las verdades placenteras que en aquellas desagradables).

Desde este punto de vista nuestra mente es consecuencial hasta un cierto punto, después de eso aplica una lógica preparada por una innata tendencia al acuerdo. Por eso placer y desagrado, y bien y mal tienen componentes subjetivos. «Una cosa a nosotros no es agradable o desagradable en sí misma, sino como consecuencia de la evaluación que de ella da nuestro cuerpo» [24].

El cerebro humano es una máquina para producir argumentos ganadores con el fin de convencer a los demás de que se tiene razón y sobre todo para convencerse a sí mismo de eso. Es posible que el cerebro quiera más la victoria que la verdad [52].

Notas
I. También Martín Gardner [73] sostiene que los números y la matemática tienen una existencia propia, independiente de los hombres. Godfrey Harold Hardy [74] cree que la realidad matemática es independiente de nosotros y que nuestra tarea es sólo descubrirla.
Cuantos creen que la matemática exista independientemente de los seres humanos se dividen en dos grupos: los «verdaderos» platónicos, para los cuales la matemática existe en un mundo eterno y abstracto, y aquellos que creen que las estructuras matemáticas son una parte real de «este» mundo natural.

II. Darwin tuvo muchos predecesores relativamente a la hipótesis de que las especies estuvieran sujetas a cambios y por tanto en evolución. De este parecer había sido Erasmo Darwin, el abuelo de Carlos. Erasmo escribió una Zoonomía publicada en 1794 donde introduce conceptos luego discutidos por Darwin.
Erasmo Darwin sintió la influencia de Lamarck cuando escribió «A lo largo de muchas generaciones los órganos parecen haber sido gradualmente modificados por los esfuerzos que los animales han hecho por satisfacer sus necesidades transmitiendo a la descendencia aquel constante perfeccionamiento adquirido en el adecuarse a determinados usos» [31]. Darwin no reconoció nunca créditos al abuelo Erasmo así como a Lamarck [29].

III. Wallace se había dado cuenta de que cada área geográfica aislada tenía especies diferentes de aquellas de otras regiones, aunque estas eran climáticamente y geológicamente similares. Además sabía que especies afines extintas estaban juntas en el mismo estrato geológico, para certificar que especies similares tendían a ser coetáneas y contiguas espacialmente.
Wallace deduce que la distribución de los organismos en la tierra dependía del hecho de que especies afines habían tenido un antepasado común. Propuso la Sarawak law: «cada especie ha tenido un origen coincidente sea en el espacio sea en el tiempo con una especie preexistente estrechamente afín». Por primera vez venía establecido dónde y cuándo podía suceder la especiación.
La ley viene ilustrada en el trabajo publicado en The annals and magazine of natural history en 1855 con el título On the law which has regulated the introduction of new species. El ensayo, escrito cuatro años antes El origen de las especies, trata todos los temas preferidos por Darwin: el gradualismo, el adaptación, la especiación alopática, los testimonios fósiles [75].

IV. En dos mil seiscientas familias de insectos y otros artrópodos sólo quince tienen especies eusociabiles: la eusociabilidad ha aparecido una vez en las hormigas, tres en las avispas y al menos cuatro en las abejas. Es muy rara en los vertebrados: sólo una rama de los grandes monos africanos ha superado el umbral de la eusociabilidad.
La secuencia evolutiva tiene dos pasos. Una cooperación altruista protege un nido estable. Los miembros de los grupos pertenecen a generaciones diversas y se dividen el trabajo sacrificando los intereses personales por aquellos del grupo [11].

V. Para Darwin la existencia de las castas estériles en las sociedades de los insectos era una violación al rol de la selección entre individuos como motor de la especiación. La paradoja «es menos evidente o incluso desaparece si se considera que la selección podría aplicarse a la familia, como hace el mejorador vegetal que habiendo notado un carácter positivo en una planta recurre a las semillas del stock original de las cuales las había extraído, convencido de obtener de nuevo plantas superiores» [26].
En 1963 un joven biólogo, William Hamilton, elaboró la teoría de la selección por familia (o de parentela), kin selection, quizá reprendiendo el concepto de una nota de Darwin, pero en tiempos particularmente propicios porque la genética estaba en pleno desarrollo [52].

VI. The blank slate. Esta interpretación de la mente humana corresponde a la idea de que ella no tiene una estructura dedicada y que puede ser modificada a gusto por la sociedad. En latín: tabula rasa.
Normalmente atribuida a John Locke [76], está alineada con la idea del «noble salvaje», y es decir que los pueblos al estado natural son altruistas y pacíficos: la violencia sería el producto de las sociedades llamadas civiles.
Jean Jacques Rousseau no creía correcta la idea de la tabula rasa pero estaba convencido de que los comportamientos negativos fueran debidos a la civilización.
Thomas Hobbes era de opinión opuesta: cada hombre lucha contra otro; la actitud al mal se opone a la civilización que es sólo posible si las poblaciones delegan su autonomía a un soberano o a una asamblea de comunidad, el Leviatán, monstruo marino sometido por Dios al momento de la creación. Para Hobbes la naturaleza humana difiere de un reloj mecánico solo en la complejidad [10].

VII. Después que Hamilton había sugerido buscar las raíces del altruismo en la selección por familia, George William [77] sugirió que el altruismo podría ser extendido más allá de la barrera de la parentela.
Él sugirió que los individuos que dan más valor a la amistad y menos a la agresividad tienen una ventaja evolutiva y que la selección entre grupos debería favorecer aquellos caracteres que promueven las interacciones entre personas diferentes [52].

Indicaciones bibliográficas
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