Biología y verdad. Leyes naturales y verdad científica
autor: Francesco Salamini
Académico de los Linceos, miembro del comité científico de Expo 2015. Ya profesor de Botánica y Fisiología en la Universidad de Piacenza, ha dirigido institutos para el mejoramiento genético de las plantas en Italia y en el extranjero
fecha: 2015-12-30
fuente: SCIENZAinATTO/ Biologia e verità. Parte seconda: leggi di natura e verità scientifica
Publicado en el n° 59 de Emmeciquadro
traducción: María Eugenia Flores Luna
previos: Biología y verdad. Las bases científicas del comportamiento

Una introducción al debate sobre el problema ciencia y verdad en ámbito biológico, documentando las intersecciones entre el conocimiento de la realidad natural y la responsabilidad del científico.

Esta contribución se inspira en la conferencia tenida por el autor durante el congreso anual de la Asociación Universitas University desarrollado en el CERN (Organización europea para la investigación nuclear) de Ginebra en febrero de 2015 en torno al tema ciencia y verdad.

En la primera parte, publicada en el n° 59 - diciembre de 2015 de la revista, ilustrando los conocimientos científicos sobre el comportamiento humano, el autor ha preparado el terreno para reflexionar sobre lo cognoscible de lo real y sobre la responsabilidad del científico en la investigación y en la comunicación.

Un terreno difícil, donde los «datos» de la ciencia se comparan a menudo con las «reflexiones» del mundo filosófico, pero, para el autor, una ocasión para demostrar la importancia de la consciencia personal de cada hombre frente a las verdades maduradas en la propia vida, expresada en la clausura de la citación de Rabbi Akiba: «Mide la sinceridad y la piedad en tu corazón y conocerás las distancias en el cielo».

En la primera parte de esta contribución se ha hecho referencia a cuánto la genética, el estudio de la evolución, la neurología y la psicología evolucionista y algunas hipótesis cosmológicas puedan contribuir a una discusión sobre ciencia y verdad.

En efecto, si la sede última de la verdad es la consciencia, ésta existe sólo como sede de la unicidad de cada individuo. En el debate plurisecular en torno a la posibilidad del hombre para formular juicios de verdad se han confrontado diversas posiciones.

Sin embargo, sea que se haga referencia a principios de valor emanados de un Ente externo al mundo y al universo, sea que dentro de nosotros el azar, la necesidad y la contingencia las hayan creado, o sea que el futuro, incluyendo la mente humana, haya estado en potencia contenido en la molécula de un ADN primigenio, la consciencia de cada hombre, definido su estado moral, debe respeto a lo mismo aceptando y practicando las verdades que ha madurado.

De la antropología a la pregunta cosmológica

Según Telmo Pievani [42] la astrofísica es un catálogo de «huecos» explicables: no sabemos explicar la singularidad del inicio del universo, la formación de las galaxias, el inicio del tiempo, los confines del universo, la naturaleza de la luz, qué había antes del Big Bang, cómo acabará nuestra historia universal. Es posible que algunas de las notas de Pievani no encuentren respuestas para inherentes y obvias dificultades metodológicas de la investigación astrofísica.

Es experiencia común observar que las reflexiones sobre el cosmos han siempre generado más preguntas que provisto respuestas [53, 54]. La sola pregunta si hubo un «nacimiento del tiempo» ha atraído la atención continua de científicos, filósofos y escritores. Probablemente ha ocurrido el nacimiento de nuestro tiempo así como ha nacido nuestro universo.
Aquí Ilya Prigogine advierte que no hay que olvidar que la ciencia describe fenómenos repetibles. Si un fenómeno ha sido único, singular como el Big Bang, estamos frente a un aspecto casi trascendental, que puede escapar a la ciencia.

El nacimiento de nuestro tiempo no debería, según el autor citado, ser el nacimiento del tiempo. Ya en el vacío fluctuante el tiempo preexistía al estado potencial. Podemos imaginar un tiempo potencial en estado latente y que pide un evento para actualizarse. En esta imaginación el tiempo no nace con nuestro universo sino precede a la existencia, y podrá asistir al nacimiento de otros universos [55].
El universo de los cuantos
Propone una difícil verdad del mundo, totalmente externa al hombre, fundada en alternativas de probabilidad.

Werner Heisenberg descubrió que en la escala típica de las partículas subatómicasI los parámetros físicos de las partículas como energía y tiempo, posiciones y cantidad de movimiento están interconectadas: cuando la precisión de medida de una magnitud aumenta, la medida de una segunda pierde precisión [56].

La teoría de los cuantos acepta que las partículas subatómicas puedan tener comportamientos inesperados explicables sólo si una partícula se encuentra en dos lugares contemporáneamente [44]. Este límite de precisión que penetra el universo es conocido como «principio de indeterminación de Heisenberg».
Hugh Everett [57] se convence que la matemática de los cuantos describiera la realidad: si las relativas ecuaciones admiten múltiples resultados, en alguna parte se verificarán todos. Es el punto de partida para sospechar de la existencia, en dimensiones que nosotros no podemos percibir, de muchos universos. La cosmología cuántica hipotiza que universos-burbujas múltiples broten en modo casual de un vacío cuántico con probabilidades calculables [58].

La aceptación de la teoría de los cuantos ha profundamente modificado nuestro modo de ver el mundo porque representa un alejamiento radical del antropocentrismo e hipotiza una fuente física de posibles eventos para nosotros desconocidos y sobre todo que difícilmente se pueden indagar.

Con consideraciones radicadas en la biología, ya Jacques Monod [40] había advertido a la comunidad humana de su aislamiento en un universo desconocido.

Al contrario, Einstein, el científico que ha dominado la física del siglo XX [II] sospechaba que Dios pudiera estar escondido en la naturaleza de las leyes físicas, una actitud que contenía la admisión de la existencia posible de una verdad absoluta.
La búsqueda de verdades científicas en el cosmos ha sido particularmente provechosa [59], pero la complejidad y vastedad del objeto por indagar queda tal que hace la verdad científica particularmente difícil de definir y controlar.

La contribución de la cosmología a nuestro tema es de todas maneras relevante: introduce preguntas más que respuestas pero pone en juego disciplinas, como la filosofía y la teología que, por rol e historia han y pueden contribuir a responder al quiénes somos.

El mundo es real y cognoscible

Nuestra especie siempre ha considerado casi un deber el tentativo de explicar el mundo y a sí misma. El enfoque a las verdades del mundo físico, incluidas aquellas del hombre, por siglos objeto de la filosofía, se identifica hoy en la ciencia, motor del saber que sostiene a las tecnologías en uso en las actuales sociedades. Con límites o incertidumbres.

Un ejemplo concierne al estudio de la base biológica de la naturaleza humana que, hacia el final del siglo pasado, viene considerado con temor: se temía que pusiera en duda los ideales sociales que las sociedades humanas se asignaban. Un filósofo, Emanuele Severino [60], reclama, al respecto, la tesis de Gyorgy Lukacs (Historia y consciencia de clase; 1923).

Lukacs fue negativo, respecto a la aplicación de los métodos de las ciencias naturales a la sociedad, porque la ciencia asume que la naturaleza no sea en sí irracional: si se notase contradicción, esta debería adscribirse a la reflexión científica sobre la realidad (el concepto había sido explicado para evitar que en el análisis de la sociedad capitalista automáticamente se absolviera, teniendo que buscar culpas sólo en el método adoptado).

Cuando, con el advenimiento de la sociobiología y de la psicología evolucionista, los miedos reaparecen, el mundo de los biólogos y de los filósofos se divide en dos facciones que se han desde entonces enfrentado en posiciones a menudo veteadas de ideologías contrapuestas (una larga crónica, de una parte, de cuanto sucedía se puede leer en John Dupré [61]). A pesar de que la disputa aún no se ha calmado, es casi una obligación moral afrontar sin reservas cada intento por responder de modo científico también las preguntas que nos conciernen [62].

Como ya se ha discutido, se tiene sin embargo que considerar que de las teorías científicas se dice que son «probablemente» verdaderas [63].

No obstante esto, la ciencia se basa en un a priori: el mundo externo a nosotros es real y es posible comprenderlo [64]. Multitud de científicos y de filósofos incluso han sido fascinados por la idea de un mundo no sólo objetivamente real sino también determinísticoIII.

Dadas ciertas condiciones iniciales, la concatenación de los eventos evolutivos hubiera sido escrita ya al inicio del proceso, como si los hombres fueran prisioneros de eventos que remontan incluso al origen del tiempo [2].
En realidad la historia natural nos enseña che, especialmente por cuanto concierne a la evolución de la vida sobre la Tierra, la contingencia (ausencia de una dinámica preordinada en el juego de los vínculos que han regulado la conjunción entre azar y necesidad [42]; se vea también otras) ha jugado un rol.

Esta posición es compartida, sin embargo recordando, especialmente en las ciencias biológicas, existen casi infinitos resultados del pasado evolutivo asimilables a tantos micro determinismos: se considere, por ejemplo, el desarrollo de un huevo de Drosophila en una larva, donde innumerables procesos metabólicos entre sus interagentes vienen repetidos al infinito de modo similar para todos los huevos, una observación que había servido a Conrad Waddington [65] para aclarar que el desarrollo orgánico era canalizado, concepto extendido también a la evoluciónIV.

Una consideración análoga se adapta a la estructura de la materia donde las partículas elementales - que existen en número finito - obedecen a leyes que regulan sus pocas interacciones [66] y que Giovanni Bignami [59], cuando considera la «Teoría de la Evolución del Todo», extiende, más allá de la biología, también a la química de los procesos inorgánicos y orgánicos afirmando que, en un contexto local dado, la diversa velocidad de las reacciones químicas apremia una reacción que prevalece sobre las otras, un resultado casi darwiniano.
La vida debe tener en cuenta la dinámica de estas reacciones condicionadas por leyes físicas y químicas, y, de consecuencia, la evolución química asigna dirección y solución a procesos asimilables a formas de determinismo químico [59].
Una visión neurológica del determinismo biológico está presente en el comportamiento individual: cuando los hombres se consideran capaces de elevarse sobre su naturaleza biológica definiéndose a sí mismos con las propias ideas vienen en parte subestimados los códigos sociales. Las neuronas espejo sugerirían, al contrario, que también los códigos sociales tienen un fondo claramente biológico [23].

Las dudas sobre la existencia de verdades absolutas e intrínsecas al mundo que conocemos pueden también ser epistemológicas, el no conocimiento o poca precisión de leyes o conceptos sobre la naturaleza debida a ignorancia o indiferencia o imposibilidad. Por ejemplo, el no conocer «aquello que había antes del Big Bang» podría significar que existe un horizonte para el conocimiento teórico (en el sentido del horizonte de los fotones: el lugar de los puntos del espacio donde la velocidad aparente de su expansión alcanza aquella de la luz, frontera del espacio observable).

Verdad y leyes de la naturaleza

La Tierra es un laboratorio en el cual la naturaleza o Dios manifiestan los resultados de infinitos experimentos [67]. En busca de posibles explicaciones de la naturaleza en la cual vive, el hombre interpreta los experimentos naturales intentando obligarlos a leyes físicas.

El proceso que la ciencia sigue al tratar de definir las leyes naturales es discontinuo, siendo a menudo vinculado a fulguraciones mentales de científicos individuales activos en tiempos y condiciones permisivas para sus descubrimientos. Además, el proceso está frecuentemente sujeto a revisión que afina la verdad científica.

Vienen presentados dos casos de cómo la verdad científica raramente es absoluta pero a menudo perfectible si no negable y sustituible.
El primero concierne a la modificación hereditable de un carácter inducido por el ambiente. La planta Craterostigma plantagineum pierde hasta el 96% de su contenido en agua, resurgiendo luego después de algunas horas de rehidratación.

Craterostigma plantagineum es una pequeña planta que crece en Sudáfrica y pertenece a la familia de las Scrofulariaceae. La especie es un modelo para los estudios sobre la resurrección de tejidos y plantas enteras.

La planta, que tiene un aspecto del todo normal, dejada sin agua se seca hasta contener sólo el 2% de agua. Diferente de las plantas que conocemos, las plantitas secas de Craterostigma si se meten en agua retornan al estado normal de hidratación y continúan viviendo.

El tejido de la planta cultivada in vitro es tolerante a la pérdida de agua si es pre-incubado con las hormonas ácido abscísico (ABA). Las hormonas, o la carencia de agua, inducen, en efecto, la transcripción de los genes que confieren a los tejidos la capacidad de rehidratarse renaciendo.

Un experimento de transformación de Craterostigma con un constructo que, una vez injerido en el genoma, puede activar funciones responsables de la resurrección, ha permitido aislar tejidos transformados que resisten a la perdida de agua en ausencia de las hormonas.
Ha sido aislado y secuenciado el ADN del gene CDT-1 responsable del comportamiento de estos tejidos que quedan vivos aun cuando han sufrido una grave pérdida de agua. Pertenece a una familia de retrotransposones (elementos genéticos que pueden cambiar su posición en los cromosomas cuando su ARN viene producido, copiado en ADN y reinsertado en el genoma), retrotransposones transcritos especialmente durante el secado de los tejidos.
El gene CDT-1 no codifica una proteína sino un pequeño ARN (siARN a doble filamento de 21 pares de nucleótidos) capaz de abrir los caminos metabólicos de la resistencia a la perdida de agua [68]. Ha sido también reconstruida la serie de retro transposición que han permitido a la planta la síntesis de niveles significativos del siARN (small interferingARN) y por tanto su capacidad de renacer.

Es coherente interpretar el experimento asumiendo que una variable ambiental - sequía - induce la retro transposición de un elemento repetido, al cual sigue la inserción de nuevas copias del mismo en el genoma, que así adquiere la capacidad de resistir a drásticas condiciones ambientales. Aquel descrito es un mecanismo del todo coherente con la hipótesis de Lamarck relativa a la herencia de los caracteres adquiridos bajo estímulo ambiental.
El segundo caso de distorsión de la verdad científica concierne a los organismos genéticamente modificados.

En Europa, Italia incluida, los OGM son discutidos adoptando la premisa falsa de que son dañosos a la salud, y al ambiente. Se comprendería la posición de gobiernos y medios de comunicación si se sostuviera que razones económicas y turísticas no recomiendan el recurso a los OGM.

No se comprende, en cambio, cómo es que una verdad muy simple venga sustituida por una falsa. ¿De dónde viene el miedo hacia estos inocuos productos de la tecnología? Se pregunta Pinker [10]. El autor lo asocia en parte a una escuela de periodismo que acepta como verdaderos datos falsos derivados de experimentos sobre el efecto de alimentos OGM en los ratones, pero en parte da una impostación mental relativa a nuestra intuición biológica que nos impulsa a creer que las cosas vivas tengan una esencia invisible que les da una forma y facultades.

En el contexto de la discusión de los OGM se considera que los alimentos naturales deriven de organismos con pura esencia de planta o de animal, conferida a ellos también por la potencia del ambiente natural donde ellos crecen. Esta intuición, que se forma precozmente en los hombres y ayuda a definir también los comportamientos hacia el mundo que nos circunda, es una falacia naturalista que nos puede llevar al error.

Para concluir sobre aquellas que en los libros de texto vienen propuestas como leyes naturales, es verosímil que cada científico se conceda interpretaciones variables y niveles diferentes de aceptación (está aquí eventualmente considerar la posición de Dupré [61]: sostiene sobre bases empíricas y conceptuales que no existen leyes de naturaleza universales y estables).

La diversidad interpretativa de las leyes naturales se refiere a los qualia: si de un lado mina la plena aceptación de parte de la comunidad científica, del otro introduce formas de crítica que ayudan a modificarlas o cambiarlas: las verdades incompletas parecieran casi una necesidad de la ciencia en evolución.

Fuera de nuestro mundo

En la contraposición entre quién cree el mundo autosuficiente y quién lo ve como materialización de entidad o deseos externos al mundo, o en la discusión entre determinismo y contingencia, la existencia de una entidad, llamémosla Dios, viene a menudo afrontada con alusiones apuradas si no indiferentes: se sostiene «retorna el creacionismo», a menudo identificado con el diseño inteligente.

La discusión que sigue, todavía, excluye esta reciente interpretación de la realidad del mundo, asumiendo que discutir su verdad sin considerar la hipótesis Dios es acto de ilógico orgulloV.

« ¿Tiene que ver Dios con aquello que existe?» La pregunta no es inútil si en los siglos ha atraído la atención de tantos filósofos y científicos. Voltaire: «Si existe un reloj tan perfecto tiene que existir un relojero». Gottfried Wilhelm Leibniz: « ¿Por qué hay algo antes que nada?». Isaac Newton creía que su teoría se limitara a describir los efectos de la gravedad y que Dios pudiera estar escondido en la naturaleza de la gravedad, una posición similar a aquella de Albert Einstein que, por un cierto periodo de su vida, sospechaba que las leyes físicas fueran la encarnación de Dios. Para los pitagóricos Dios no era un matemático, sino la matemática era Dios.

La idea de que la matemática sea el lenguaje del universo, y de consecuencia la idea de que Dios sea un matemático, nace de la obra de Arquímedes al cual Galileo Galilei se alinea [5]. También Stephen Hawking cree que si sea desarrollada una teoría del todo, los hombres conocerán la mente de Dios. Posiciones más agnósticas o críticas objetan que cualquier entidad capaz de sostener el entero cosmos tiene que encontrarse más allá de la humana comprensión, en tal caso no importa si afirmamos que existe o que no existe [3], la pregunta no es de pertinencia científica y el Big Bang no es una metáfora de la creación. Para Richard Dawkins desafiar la autoridad de pensadores como Kant y Hume no tiene que atemorizar: «Dios existe o no existe. Es una cuestión científica; un día conoceremos la respuesta y mientras tanto podemos decir algo bastante concreto en mérito a las probabilidades» [42].
Es cierto que existe al menos un universo, el nuestro, compatible con la vida humana. ¿De dónde provienen las constantes fundamentales de la naturaleza? ¿Por qué son así «adaptas» a la aparición de la vida y del hombre?
Una extinción de especies acuáticas ocurrida entre el Pleistoceno y el Plioceno quizá fue causada por radiaciones cósmicas provenientes de una supernova del Escorpión Centauro. Se hizo la hipótesis que formas de vida avanzadas tengan concretas probabilidades de evolucionar sólo en las regiones galácticas pobres de estrellas, las zonas de vida. En las regiones más densas fenómenos asimilables a la explosión de supernovas podrían cancelar con regularidad cada intento evolutivo [69].

Una hipótesis cosmológica es el modelo científico tradicional: el universo inicia en un determinado momento y lentamente degenera hacia el estado de muerte térmica. El modelo tiene consenso porque introduce la noción de tiempo universal - el tiempo de Dios - y la certeza que ha existido una fecha precisa para la creación [64].

La cosmología cuántica admite en cambio la existencia de universos múltiples que nacen, con probabilidades calculables, de modo casual, del vacío cuántico, como si existieran límites absolutos a nuestra capacidad de predecir el futuro basándonos en leyes físicas.

Su aceptación ha profundamente modificado nuestro modo de ver el mundo. Quizá sólo ha postergado la pregunta cosmológica en un improbable tiempo absoluto [70], añadiendo de todas maneras incertezas que la ciencia tiene que considerar solicitando también las contribuciones de la filosofía y de la teología.

La verdad es una responsabilidad individual

En el texto se ha tratado de conducir al lector a senderos difíciles aun para quien ha escrito. Aquello que emerge de las páginas que preceden a menudo contiene, en efecto, muchas verdades al menos parcialmente cuestionables. Además, si la sede última de la verdad es la consciencia, ésta existe sólo como sede de la unicidad de cada individuo: único quiere decir diferente pero también responsable de sí mismo y para sí mismo.

Una actitud que puede ayudar es reconocer que si por una parte el orgullo de ser como somos nos acerca a las grandes preguntas, de la otra la práctica de la humildad sugeriría un juicio de sí mismo continuo en términos de verdad.

Es verdad que conocer cómo la evolución ha influido en los impulsos morales ayuda si se los considera parte de nuestro patrimonio genético [52, 71]. Para Emmanuel Kant, en cambio, sólo una ley universal puede garantizar a un ser racional una razón suficiente para actuar de buena fe, una anticipación de la necesidad de un Ente externo al mundo que se convierte en referencia para juicios de verdad.

La psicología moral, dominada en el siglo pasado por Jean Piaget (1896-1980) y Lawrence Kohlberg (1927-1987), sostenía una tercera vía: los juicios morales son trasmitidos por la sociedad, perfeccionados en función de la experiencia y basados en la capacidad de razonar sobre dilemas morales [72].

En este debate plurisecular viene a menudo olvidado el rol de una posible cultura de la verdad practicada sobre bases personales. En efecto, sea que se haga referencia a principios de valor emanados por un Ente externo al mundo y al universo, sea que dentro de nosotros el azar, la necesidad y la contingencia las hayan creado, o sea que el futuro, mente humana incluida, haya sido en potencia contenido en la molécula de un ADN primigenio, la consciencia de cada hombre, definido su estado moral, pide ser leales aceptando y practicando las verdades que ha madurado.
Es un reclamo difícil de comunicar, pero no menos particularmente útil para quien se dedica a la investigación científica (se reconsidere el párrafo sobre el autoengaño). La mejor expresión de esta recomendación es una citación puesta al inicio de un capítulo del libro La secreta geometría del cosmos.
EL autor cita a Rabbi Akiba, mártir en 132 d.C. IV: «Mide la sinceridad y la piedad en tu corazón y conocerás las distancias en el cielo» [58].

Notas
I. En la mecánica cuántica se asume que las fuerzas o las interacciones entre las partículas sean todas describibles a través del intercambio de partículas.

II.
La fuerza gravitacional que puede actuar también a grandes distancias es atractiva y tendría que ser mediada por partículas (los llamados gravitones).
La fuerza (interacción) electromagnética involucra las partículas dotadas de carga eléctrica, como los electrones y los protones, pero no con aquellas carentes de carga, como los neutrones. La interacción electromagnética es atribuida al intercambio de partículas dichas fotones.
La tercera fuerza está indicada como fuerza nuclear débil responsable de la radioactividad, es decir del decaimiento de los núcleos atómicos.
La fuerza nuclear fuerte, entra las cuatro la más fuerte, garantiza la cohesión entre la materia del mundo en que vivimos. Es responsable del vínculo que une los protones y los neutrones en el núcleo de un átomo. Al interno de los protones y neutrones, las partículas elementales (los quark) son tenidas juntas por una partícula, el gluón [69].
El problema de la unificación de las fuerzas y de las partículas elementales que constituyen la materia es discutido, con dificultad por el exceso de detalles especiales, en Frank Wilczek [66].

III. La relatividad general no toma en cuenta las propiedades de la materia descritas por la física cuántica. Asume que la gravedad sea consecuencia de la curvatura del espacio-tiempo que está «distorsionado» por la distribución de la masa-energía presentes en ella. La masa del Sol encorva el espacio-tiempo cuadrimensional: la Tierra sigue una trayectoria rectilínea en el espacio-tiempo, pero en el espacio tridimensional se mueve a lo largo de una órbita elíptica. Según la relatividad general, en proximidad de una masa elevada como aquella de la Tierra el correr del tiempo es más lento.
La teoría predice la existencia en el universo desde un punto donde la teoría misma pierde validez: las soluciones de las ecuaciones de Einstein indican que hace cerca de 13,7 millones de años la distancia entre las partículas vecinas tiene que haber sido igual a cero.
La existencia de esta topografía particular cósmica es un ejemplo de lo que los matemáticos definen una singularidad del espacio-tiempo que, para nuestro universo, corresponde al llamado Big Bang. George Gamow predijo que en aquel tiempo el universo habría debido ser extremamente caluroso y denso. Robert Henry Dicke y Jim Peebles sugieren entonces que fuera posible ver los resplandores del universo primitivo porque la luz de las regiones remotas habría podido alcanzarse sólo ahora.
Esta luz existiría bajo forma de una radiación a microondas: la radiación cósmica de fondo. En cualquier dirección Arno Penzias y Robert Wilson apuntaron su antena, la radiación de fondo no variaba: confirmaron así el asunto de Alexander Friedman: el universo parece idéntico en cualquier dirección se le mire [69].
Hoy sabemos que el universo se está expandiendo en un valor comprendido entre el 5 y el 10 por ciento, cada millón de años [69].
Las galaxias se alejan sistemáticamente entre ellas con velocidades proporcionales a su distancia; Georges Lemaitre indica que no huyen sino es el espacio-tiempo que se expande. Las galaxias, además, no deberían ser estructuradas si tuvieran que ser detenidas sólo por su gravedad. Nace de aquí la hipótesis de la materia obscura que de todas maneras desarrolla gravedad. Si el universo se está expandiendo, debe existir una fuerza expansiva correspondiente, por ahora indicada como energía obscura. Entre energía y materia obscura se alcanza el 96% de todo lo que contiene el universo. El restante 4% es la materia que conocemos que, según el modelo estándar, consiste en dos tipos de partículas: quark y leptones.
El modelo estándar explica la fuerza electromagnética y las dos fuerzas nucleares (fuerte y débil) que son mediadas por mensajeros, los bosones (fotón, gluón, bosones W e Z). El bosón de Higgs debería conferir a las partículas una masa. No está aún disponible una visión del mundo que contenga también la fuerza de gravedad (discutido en Bignami [59]).
Según la teoría cuántica es posible que el espacio-tiempo haya una extensión acabada sin tener sin embargo límites como un confín o un margen externo [69]. Carl Friedrich Gauss, Janos Bolyai, Nikolai Ivanovich Lobacevskij y Bernhard Riemann han, en efecto, desarrollado las geometrías no euclidianas, demostrando que un espacio ilimitado no es necesariamente infinito: es finito pero sin fronteras, una hiperesfera.

IV. Stephen J. Gould [78] al explicar el significado de la palabra evolución asigna al proceso una curiosa connotación determinista, posición que no trasluce por su poderosa obra de investigadores y divulgadores «Evolución en inglés significa desarrollar en el tiempo, en modo progresivo y direccional, una secuencia de eventos, como se desenrolla la cima enredada de las hojas de helecho, una “evolución” de partes preformadas».

V. El concepto de canalización considera el rol de decisiones metabólicas relativas especialmente a la organización de los planos de desarrollo corporal, decisión que en etapas de desarrollo sucesivos condicionan la decisión de ulteriores posibilidades de desarrollo. Éstas, en efecto, tienen que respetar los límites puestos de las decisiones precedentes.

VI. Un tema fascinante es puesto por la pregunta: ¿es concedida a la inteligencia y a la razón la capacidad de probar la existencia de Dios? La consideración de la vida y del pensamiento de Anselmo de Aosta [79] contribuye a una respuesta.

VII. Creo para comprender, credo ut intelligam, reasume la especulación del filósofo medieval. Anselmo retiene muy humano que la fe tienda a la auto-comprensión [80]. En efecto, declara «si no creeré, no comprenderé» (Proslogion) y confiere al pensamiento un rol indispensable al realizar un plano de la verdad donde la mente humana es capaz de captar la realidad y de dar juicios morales [81]: «la inteligencia alcanzada en la vida está a la mitad entre fe y visión beatífica, y cuanto más se camina hacia la inteligencia, tanto más se acerca a la visión».
Es una actitud que tiende a la búsqueda de la evidencia intelectual del objeto, Dios, de la indagación [82]. Anselmo manifiesta, en esto, un profundo deseo: Credo sed intelligere desidero (De libertate arbitrii).
En el Monologion afirma «Y cuando hablo de un decir de la mente o de la razón, entiendo no pensar el sonido significante, sino el ver presentes en la mente con la mirada del pensamiento las cosas mismas futuras o existentes». Hasta explicarse en la afirmación que «la mente racional es la única criatura que pueda elevarse a investigar la suma esencia […] por similitud de naturaleza. Es por tanto evidente que cuanto más intensamente la mente racional espera conocerse a sí misma, tanto más eficazmente se eleva a conocer la suma esencia».
Anselmo ha anticipado que en la comprensión de cómo el cerebro obra y se ha evolucionado está la llave que explica al hombre y que lo acerca al primer motor.

VIII. Rabbi Akiba. Ben Joseph Akiba (Akiva) ha sido una autoridad de la tradición hebraica y uno de los padres del judaísmo rabínico. Nacido en torno a 50 d.C. Muere en 132 d.C., ajusticiado por los romanos después de muchos años de cárcel.

IX. Rechazó obedecer un edicto del emperador Adriano que prohibía la práctica y la enseñanza de la religión hebraica. Su tumba en Tiberiade es meta de peregrinaje de oración.

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