Calvino y Ignazio de Loyola un problema de gracia y libertad
autor: Giuseppe Reguzzoni
fecha: 2009-07-22
fuente: Giovanni Calvino e Ignazio di Loyola, un problema di grazia e libertà

No fue específicamente un teólogo, más bien fue un humanista y jurista, sin embargo, pocos hombres han incidido con profundidad en la historia religiosa de la Europa moderna. Hablamos de Juan Calvino (Jean Cauvin), nacido en Noyon, Piccardia el 10 de julio de 1509, hace ya quinientos años. Tenía una personalidad inteligente y propensa a los estudios literarios, pero para complacer a su padre, siguió la licenciatura en Derecho en la Universidad de París, donde se puso por primera vez en contacto con las corrientes del pensamiento filo luterano. A la muerte de su padre retomó los amados estudios humanísticos, justo en el mismo período en que comenzó a frecuentar la Sorbona Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Jesús y gran protagonista de la Contrarreforma Católica. Estas dos personalidades nunca se conocieron, coincidieron en el mismo entorno cultural e idéntico período. Dos historias paralelas, dos personalidades fuertes y en muchos aspectos muy similares. Calvino vio en Jesucristo, al juez justo coronado de gloria, Ignacio al Señor de la Misericordia cuya gloria es la cruz; el primero sacó la Reforma protestante de los estrechos límites del mundo germánico, y gracias a su capacidad organizativa y su carisma la convirtió en un fenómeno europeo y mundial; el segundo, pasó de la vida militar a una militancia apasionada por Dios que se había manifestado en la experiencia de Manresa, convirtiéndose en el corazón de una intensa experiencia misionera en el mundo. En París, Ignacio de Loyola llegó para consolidar su formación teológica, Calvino para obtener una licencia en Derecho.
No se puede decir exactamente que París fue la Manresa de Calvino, pero sin duda en algunas corrientes intelectuales filo protestantes que prosperaban, él encontró una importante confirmación a las exigencias inflexibles y a la crítica de la espiritualidad medieval, que durante algunos años lo agitaban. El naciente Protestantismo parisino fue ante todo un fenómeno intelectual con rasgos aristócratas, que gozó incluso de simpatías en el entorno de la Corte. En octubre de 1534 se distribuyeron en París hojas en contra de la Misa católica, uno de los cuales, al parecer, fue pegado en el apartamento del rey Francisco I, que reaccionó con dureza ordenando la detención de numerosos protestantes. Calvino abandonó Francia, se radicó primero en Estrasburgo y luego en Basilea. Aquí en agosto de 1535 completó la primera versión de su obra "Institutio christianae religionis" trabajo que luego experimentó una serie de revisiones y ampliaciones. Al centro de ésta hay la idea que la Reforma no es sino un retorno a los orígenes cristianos, tal como son testimoniados en la Biblia y no una nueva iglesia. De modo particular para Calvino el corazón del mensaje cristiano se explica con la teoría de la doble predestinación: el destino de cada persona, la condenación o la salvación, se deciden ya antes del nacimiento; el éxito en esta vida está en cumplir las virtudes que es la señal de la elección divina. Por este motivo, los fieles, actuando de conformidad con las llamadas virtudes calvinistas – el rigor moral, el trabajo duro, el ahorro, la templanza, la resistencia al dolor - pueden medir el grado en que Dios los ha elegido para la salvación. Las obras no favorecen nada, pero a través de ellas podemos captar la señal de la salvación a la que se está destinado. De todo eso derivan un fuerte dinamismo confesional y un apasionado activismo práctico, de los que, el trabajo duro y la parsimonia son la expresión más evidente. Sin embargo la propagación del modelo calvinista, no se dio en gran parte por la sugestión de sus ideas, sino, al menos al inicio, por una serie de circunstancias afortunadas.

En mayo de 1536 Calvino dejó Basilea para viajar a Estrasburgo, pero a causa de los conflictos locales que en ese entonces encendían la región y el sur de Alemania, tuvo que hacer una parada en Ginebra. Se trataba inicialmente sólo de una desviación, pero, ante la insistencia del predicador reformado Guillaume Farel, Calvino decidió quedarse en la ciudad sobre el Lemano. Ginebra se había adherido a la reforma sólo para hacer desaires a los Savoia contra los cuales estaba construyendo su autonomía ciudadana, y no por sus verdaderas convicciones. Farel y Calvino entonces comenzaron a trabajar para preparar un catecismo y una profesión de fe a la cual todos los Ginebrinos habrían de jurar fidelidad, pero pronto se manifiesta una resistencia fuerte por parte de la población. Calvino y Farel tuvieron que abandonar Ginebra y trasladarse a Estrasburgo. Aquí Calvino intensificó sus contactos con el ámbito luterano, sin nunca conocer personalmente a Martin Lutero. Este último, sin embargo, fue diferente a Calvino, por su personalidad, sensibilidad e historia. Lutero era un hombre apasionado, perpetuamente en lucha con las tentaciones de la carne, pero también amante de la buena mesa y de la compañía. Las Tischreden de Lutero son las transcripciones de las conversaciones hechas en la mesa, en la que los chistes, las bromas hasta el límite de la obscenidad y las invectivas teológicas a menudo se mezclan. Calvino no conoce nada de eso: ninguna huella de angustia y pasión, sólo certezas indiscutibles y absolutas, que coincidían con la tradición real y auténtica. También la elección de casarse es debida a motivaciones intensamente diferentes. Para Lutero, el ex monje agustino profundamente sensorial y pasional, el matrimonio es remedium concupiscentiae, mientras que para Calvino es una necesidad social. Calvino, en efecto se casó, pero no por amor, sino para dar un buen ejemplo, y no por casualidad “eligió” una viuda con hijos. Pero las diferencias entre los dos son en su mayoría de carácter doctrinal. Lutero no acepta la teoría de la doble predestinación y afirma el valor de la consubstanciación, por la que Cristo está realmente presente en el Sacramento de la Cena. Calvino que toma una posición intermedia entre Zwingli (que niega cualquier valor de la presencia real en la Última Cena) y Lutero, admite como máximo un tipo de presencia espiritual. Las diferencias dogmáticas entre Calvino y Lutero estaban destinadas a estallar y a producir una ruptura profunda en seno al protestantismo.
En el 1541 el consejo municipal ginebrino volvió a llamar a Calvino, aceptando sus propuestas de reforma y la introducción de sus estrictas reglas morales. Ante el proyecto de regulación rígida de disciplina social y moral, la ciudad manifestó casi de inmediato, sus profundos desacuerdos y oposiciones, pero Calvino esta vez reaccionó con la máxima dureza y con medidas legales estrictas y despiadadas. El ejemplo más notable fue el del teólogo español Miguel Servet, que negaba el dogma de la Trinidad y que por esto estaba pasando por un juicio por parte de la Inquisición. En 1553 Miguel Servet huyó de Lyon y buscó refugio en Ginebra. Calvino poco después de su llegada a la ciudad le había detenido y condenado a la hoguera como hereje. Mientras tanto, aún más se agudizaron los contrastes con los luteranos que en opinión de Calvino tenían una concepción diferente de la cena todavía demasiado cercana a la de los "papistas", mientras maduró un acercamiento con Heinrich Bullinger, sucesor de Zwingli en Zúrich. Por este acuerdo nació la iglesia reformada helvética, que ya se contraponía no sólo a la Iglesia católica, sino también a las iglesias luteranas.
Además del tema de la doble predestinación y de la diferente concepción de la Cena, fue muy importante la manera de pensar la relación entre estado e iglesia. Para Lutero, el Estado tiene el derecho a la reforma de la iglesia y el ciudadano debe obedecer siempre al Estado, cuya autoridad, como dice San Pablo, "viene de Dios”. Para Calvino, la Iglesia tiene el derecho a imponer sus propias leyes y principios morales al Estado, como de hecho sucedió en Ginebra a partir de las "órdenes eclesiásticos" de 1541. La posición de Calvino en Ginebra era cada vez más fuerte, gracias también a la consistente inmigración de protestantes procedentes de todas las regiones de Francia (aproximadamente cinco mil sobre una población de 15.000 habitantes). Ginebra se encaminó a ser así la Roma del protestantismo: fueron prohibidas las danzas y la música profana, el juego de azar, los adornos y el lujo, la lectura de textos literarios no religiosos y no constructivos. Se quemaron en público no sólo las obras de los "papistas" y de los herejes, sino también obras maestras de la literatura renacentista, consideradas paganas e inmorales.
La Reforma calvinista, como aquella zwingliana en Zúrich fue violenta y destructora, actuó en todos los territorios helvéticos pasados a la Reforma, despojando iglesias y destruyendo preciosas obras de arte. Entre 1542 y 1546, en un breve lapso de cuatro años, en los que se aplica la nueva disciplina eclesiástica en Ginebra, se ejecutaron más de sesenta condenas a muerte por motivos morales o religiosos. Mientras tanto, de toda Europa llegaron a Ginebra nuevos adeptos atraídos por la fascinación de Calvino, que produjo un entusiasmo que a menudo se volvía fanatismo. Gracias a la colaboración de Teodoro de Beza fue instituida la nueva academia teológica de Ginebra, destinada a formar pastores y misioneros para ser enviados a cualquier parte de Europa. El monumento a los reformistas, erigido en Ginebra en 1909, junto a Calvino, Farel y Teodoro de Beza, sitúa la imagen de John Knox, reformista de Escocia y organizador de la iglesia Presbiteriana y la de Oliver Cromwell, el puritano fanático que guió las tropas británicas en la devastación de Irlanda, en una horrenda masacre para borrar el catolicismo de la Isla.
Ginebra se volvió así el centro del calvinismo europeo y mundial. En tanto que la salud de Calvino empeoró progresivamente, al punto que a causa de la tuberculosis, en los últimos meses fue obligado a gobernar la ciudad desde su cama. En este punto, la biografía de Calvino presenta una sorprendente semejanza con la de San Ignacio de Loyola, quien desde su lecho de muerte, envió cartas a los misioneros jesuitas esparcidos por todo el mundo, pero una vez más, podemos ver también la diferencia entre la fe absoluta de Calvino y la vehemente pasión por Cristo y por la Iglesia de San Ignacio. Calvino murió el 27 de mayo de 1564 a los 54 años de edad. Inició su obra de reforma rebelándose al autoritarismo de la Iglesia romana, dejó detrás de sí un régimen entre los más intolerantes que la historia de Occidente haya conocido. Identificando de hecho el cristianismo con la pureza legal y la coherencia ética, Calvino, como escribe Daniel Rops, termina siendo el antepasado espiritual de Robespierre y precursor del moderno fanatismo ideológico.

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