Chagall. El hebreo que ha encontrado Cristo en el ...
autor: Grazia Massone
fecha: 2010-05-11
fuente: ARTE/ Chagall, l’ebreo che ha incontrato Cristo nel "miracolo" del quotidiano
[ARTE / Chagall, el hebreo que ha encontrado Cristo en el "milagro" de lo cotidiano]
traducción: Carmína Vasquez

Chagall el hebreo, Chagall el visionario, Chagall el ruso que eligió vivir en Occidente. Pero sobre todo Chagall el pintor, la única categoría que comprendía cada aspecto de su poliédrica personalidad. El hebreo ruso Moshe Segal cambió hasta su nombre para integrarse en el mundo occidental, ha mantenido hasta el último instante de su vida esta visión maravillosa sobre la realidad. Una vida larga la suya, llega hasta los 98 años. Setenta de los cuales pasados lejos de su patria, la querida Vitebsk, (una pequeña ciudad de la actual Bielorrusia).

Nacido en 1887 y muerto en 1985 en el país de Saint-Paul-de-Vence, descubrió casi por casualidad el arte, como cuenta en su autobiografía Mi vida. Un compañero de clase, al quinto año, ve un dibujo suyo colgado en la habitación y le dice: "Escúchame, pues ¿tú eres un verdadero artista?”. Chagall intenta hacerse explicar quién es un artista, pero el amigo se va sin decir nada. Para Chagall es una fulguración, el revelarse de la vocación. Así el joven hebreo de Vitebk se recuerda de haber visto en la ciudad la insignia de una escuela de pintura y se inscribe.

De aquí inicia una larga carrera que lo llevará a San Petersburgo, y luego a la París de Picasso y los cubistas. No son éstos sus puntos de referencia sino Renoir, Monet, Van Gogh, Gauguin; y sobre todo los maestros antiguos que encuentra en las salas del Louvre: Rembrandt, Chardin, Gericault. En París frecuenta un grupo de out-sider también aunado por la proveniencia extranjera y algunos de la pertenencia al pueblo hebreo como Modigliani y Soutine. París quiere decir para él el descubrimiento del repertorio de imágenes cristianas, que ve en gran copia en los museos y en las iglesias. Chagall ya quebrantó la regla hebrea que prohíbe generalmente la representación del hombre y los seres vivientes, en cumplimiento a la regla contenida en Deuteronomio 5, 8: ”No te harás ídolo ni imagen alguna de lo que está allá arriba en cielo, ni de lo que está aquí abajo sobre la tierra, ni de lo que está en las aguas bajo la tierra".

Eligió la pintura, pero la llenó de símbolos hebreos. Como el protagonista de la novela de Chaim Potok, (Mi nombre es Asher Lev), pinta no tanto por la belleza cuanto por la verdad, la verdad de sí y de su pueblo al que declarará siempre pertenecer. Es siguiendo la verdad que Chagall encuentra el” hebreo” Cristo y todo lo que es derivado de él.

Sus telas se llenan de imágenes pescadas con libertad de la tradición iconográfica narrativa cristiana y de aquella simbolista hebrea; Cristo en cruz lleva el tallet, el chal ritual para el ruego, convirtiéndose en emblema de la persecución del pueblo hebreo, el gallo hebreo que tiene el poder de la previsión les recuerda a los cristianos la traición de Pedro, la novia y el novio que son el signo del pacto entre Dios y el pueblo de Israel pueden aludirles a la interpretación de la Iglesia como la novia de Cristo.

Si su arte es intensamente religioso, no quiere decir que sea arte sagrado. He aquí lo que nos dice acerca de esto el artista mismo: "La fe religiosa ¿es necesaria para el artista? El arte, en general, es un acto religioso. Pero sagrado es el arte creado por encima de los intereses: gloria u otro bien material. […] El arte me parece ser sobre todo un estado de ánimo", (Marc Chagall, Conferencia pronunciada en Chicago en el 1958).
En estas palabras del amigo Abram Efros, escritas en el 1918, se entrevé el secreto de Chagall. "En los cuentos para niños la unión preferida y más común entre los acontecimientos es la expresión "de repente", […]; la expresión "de repente" advierte al oyente que este conjunto omnipotente de posibilidad ahora está a punto de estallar en una de sus rarezas. Traduzcamos esto "de repente" en el lenguaje del visionario y obtendremos "milagro". Pero no "milagro" en el sentido de excepción insólita y rara que viola las leyes de la naturaleza sino "milagro" como elemento ordinario de la cotidianidad, "milagro" que rechaza la posibilidad misma de una "vida fuera del milagro" […] ". (A. Efros, , Le stregonerie di Chagall, en Chagall, il teatro dei sogni [Las brujerías de Chagall, en Chagall, el teatro de los sueños], Milán, Mazzotta, 1994,
Debe ser este su apego tenaz al dato de la milagrosa cotidianidad que lo hace próximo a nosotros, capaz de dar forma a nuestra imaginación en la pintura. Dejamos a sus palabras el último pensamiento:
Un día, yo lo sé,
me acogerás y de la muerte se desvanecerá el recuerdo
pero no el amor,
y de la vida se desvanecerá el misterio
pero no el hechizo.
Y al compañero de mis miedos
podré por fin mostrarle cuánto
- secretamente - yo deseaba
que estuviese cerca de mí
en el día de Tu revelación.

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