Charles Darwin. A propósito de evolucionismo
autor: Mario Gargantini
fecha: 1991
fuente: A proposito di Darwin e di evoluzionismo
(llevado por Uomo di scienza, uomo di fede, LDC, Torino-Leumann 1991

Se han necesitado 13 años para que el término evolución aparezca en la obra de Darwin: en efecto, solamente en la sexta edición (1872) de The Origin of Species, el autor utiliza el verbo "to evolve" [evolucionar] para indicar la sucesión de las varias especies vivientes.

Desde entonces el célebre biólogo inglés se ha convertido, en la opinión pública, en el símbolo de la visión evolutiva de la naturaleza y esta frecuentemente todavía hoy viene asumida como ejemplo de una ciencia que sabe superar las "estrechas" y "infantiles" descripciones ofrecidas por los textos sagrados de las grandes religiones.
A más de un siglo de distancia, es posible intentar una evaluación más calmada y menos apriorística sea de la obra científica de Darwin que de sus consecuencias sobre la mentalidad del hombre contemporáneo.

El contexto

Ante todo es necesario considerar el contexto histórico o cultural que ha alojado la actividad de investigación de Charles Robert Darwin.
Nos situamos en las décadas centrales del siglo XIX, en pleno clima positivista: las ideas de Comte se difunden, acompañadas por los éxitos de las ciencias experimentales y de la tecnología utilizada en la neonata industria.
En Inglaterra el profeta de la nueva filosofía positiva es Herbert Spencer, del que Darwin tomará en préstamo el termino "supervivencia del más apto" para indicar el éxito de la lucha general por la supervivencia.
El clima natural esta impregnado de materialismo y los creyentes son cada vez más torpes en el encauzar los ataques procedentes de distintos frentes.
No asombra por tanto la incidencia del momentáneo acercamiento de Darwin a la Teología, estudiada en Cambridge a fines de los años '20, lejos de los fermentos de Oxford de los que poco después habría brotado la conversión de Newman. Los estudios teológicos, a lo sumo, contribuyen a convencerlo de la inaceptabilidad de las doctrinas fijistas, es decir de la concepción de la naturaleza donde cada relación de descendencia entre las especies era excluida: cada especie viviente, para los fijistas, tuvo su origen propio, debido a un especial intervención divina. Sin embargo, entre los mismos naturalistas seguidores de las ideas de Linneo, el clasificador de las especies biológicas, se abrió una posibilidad para la hipótesis de que los niveles inferiores de la "escala natural" se hayan desarrollado en el tiempo, después de que el Creador había fijado las grandes subdivisiones (las clases, las familias y el género).
Una seria revisión histórica demuestra fácilmente como la teoría darwiniana no haya llegado como un meteoro a trastornar una tranquila y consolidada visión del mundo: estaba ya en acto la revolución cultural.
De evolución habían ya hablado explícitamente tanto el gran naturalista francés Buffon como el compatriota Lamarck, el que publicó su texto fundamental en 1809, el mismo año del nacimiento de Darwin. Lamarck también había avanzado una explicación teórica del fenómeno evolutivo, sosteniéndose con dos ideas - bases: la tendencia íntima de la naturaleza a ganar niveles siempre crecientes de complejidad y perfeccionamiento; y la adaptación al ambiente, extendiéndose en el tiempo a través del mecanismo de la transmisión de los caracteres hereditarios adquiridos. Habría podido ser él el padre del evolucionismo; pero encontró la tenaz oposición de Cuvier y de toda la escuela francesa que dependía de él.
Pero es sobre todo en la economía y en las ciencias sociales que las nuevas concepciones echan raíces profundas: cambia la concepción del estado; nuevas dinámicas vienen a regular las relaciones entre los individuos; se habla en términos de "poblaciones" y se inicia a aplicar la estadística al análisis del comportamiento social.
La idea de evolución, por lo tanto, se sentía en el aire; como incluso "su explotación en contra el argumento de la finalidad", es decir de un diseño que existe debajo de la entera historia del universo.
Darwin entonces no debemos verlo cómo el padre del evolucionismo sino como el resultado de un proceso cultural más grande.

La obra científica de Darwin y sus límites

Al interior de esta revolución, el aporte de Darwin consiste en el hecho de que pensó haber encontrado la causa de la evolución biológica y también poderla documentar. Paralelamente, los partidarios de la ideología evolucionista, ven en su obra una sorprendente confirmación de sus tesis, sustentada por el carisma intocable de la cientificidad.
El mérito científico más importante de Darwin consiste en el haber enfocado el problema central: admitida la idea de una evolución, hace falta explicar su causa. A diferencia de Lamarck, Darwin recurre al concepto de "selección natural": como el hombre, desde cuando ha sido campesino y ganadero, ha sabido seleccionar plantas y animales, así la naturaleza lograría seleccionar los seres vivientes en base a su capacidad de adaptarse a las condiciones ambientales.
Bajo el influjo, explícitamente declarado, del pensamiento del economista Malthus, Darwin ve la naturaleza como sede de una incesante lucha por la existencia: varias especies aparecen en escena pero sólo las más aptas resisten, transmitiendo sus características favorables a los descendientes. A diferencia de Lamarck, aquí la adaptación no es causa de la variedad de las especies sino instrumento para seleccionar entre individuos ya diferentes. Como luego surgirían estas variaciones (hoy diríamos "mutaciones") no está claro; o mejor, es fruto del "caso", por lo tanto sin obedecer a una particular finalidad o seguir una dirección preestablecida.

La teoría presenta algunas intuiciones válidas y muchos límites: las primeras serán la base para las modernas teorías evolutivas, dentro de las cuales los segundos sólo serán superados en parte. Verdaderamente sin embrago la obra de Darwin tuvo en aquella época más realce que lo que sus méritos científicos merecían.
Sin embargo algunos grandes biólogos no escondieron su disidencia: basta con citar Claude Bernard, fundador de la medicina experimental y el mismo Pasteur. Una rápida reseña de los límites del darwinismo da a entender el motivo de tales acreditadas perplejidades.

Ante todo la selección natural puede actuar como motor de la evolución sólo si tiene delante una variedad de especie y, como se ha dicho, no está para nada claro el origen de las variaciones; como también del mecanismo que preside a su transmisión hereditaria. Darwin, consciente de tales lagunas, intentó explicaciones completamente insuficientes e incluso basadas en conceptos poco científicos (alguien dijo también "poco darwinianos").

Otro límite era la documentación del hecho evolutivo en su totalidad y continuidad histórica: es conocida la polémica sobre los llamados "anillos faltantes", es decir sobre aquellas especies intermedias de las que faltan documentaciones fósiles atendibles. Además la paleontología mostraba señales de evolución a saltos, con especies que aparecían y se extinguian de repente, sin particulares relaciones con otras contiguas. Y se tienen inclusive pruebas de algunas especies que han existido por largos períodos sin mostrar variaciones, en evidente contradicción con la hipótesis de la variabilidad causal continua.

Y finalmente la gran cuestión del hombre, de la que la selección natural por si sola, parece incapaz de explicar facultades intelectuales y morales o fenómenos como la conciencia y la actitud religiosa.

A la luz de las revisiones actuales del darwinismo, la mayoría de los biólogos cree haber solucionado bastante bien muchos problemas relativos a la "microevolución", es decir a la formación de los individuos pertenecientes a los niveles inferiores de la escala de los seres vivientes; queda en cambio sin resolver el problema de la "macroevolución", es decir de la formación de los grandes grupos sistemáticos (por ejemplo, como se haya pasado de los invertebrados a los vertebrados); además de la cuestión del surgimiento del género Homo.

La concepción de la ciencia y la visión del mundo en Darwin

Del momento que todavía hoy, quitando sus límites, Darwin es exaltado como modelo ejemplar de investigador en Biología, es oportuno detenerse sobre su particular aproximación a las ciencias.
Teniendo que pronunciarse en elegir entre el enfoque inductivista y deductivista, él mismo con certeza se alineó claramente en el primer grupo, refiriéndose explícitamente a los dictámenes del método baconiano y afirmando moverse "sin alguna teoría preconstituida”.
La epistemología del 1900 pero ha contestado la pretensión de basar cualquier teoría científica en el puro análisis de una serie abundante de casos particulares: cada recolección de datos siempre es una operación impregnada de teoría, como incluso la elaboración de los mismos datos.
En la obra de Darwin, metiendo en paz a muchos divulgadores, no hay la prueba científica ni del fenómeno evolutivo ni tanto menos del mecanismo de la selección como su explicación. En una carta escrita después de la segunda edición de The origin, el autor afirma: "Pero yo creo en la selección natural no porque yo pueda probar en cualquier caso aislado que haya transformado una especie en otra, sino porque agrupa y explica bien, me parece, un gran número de hechos… ".
Darwin se ha movido dentro de un cuadro basado sobre el postulado (ideológico) de la evolución y de su continuidad ("natura no facit saltus”). Es legítimo por tanto preguntarse, como hace E. Brovedani, cuánto hay de científico y cuánto de ideológico ya en la obra original, más allá de toda aquella operación cultural que le ha decretado el éxito.
El horizonte ideológico de Darwin es identificable con la visión típica del materialismo mecánico, por el que la explicación de la realidad no requiere otras razones sino aquellas ofrecidas por las leyes científico-matemáticas. Él mismo escribió: " No tengo que permitir que se vea hasta que punto creo en el materialismo" y, 20 años antes de la publicación de The Origin, señalaba:"No admitiría nunca que el hombre, bajo el pretexto que hay un abismo entre él y el animal, tenga un origen diferente."

Los responsables del éxito

Desde su aparición, las teorías darwinianas fueron objeto de aquello que hoy se llamaría una gran operación de imagen, teniendo como principales supporters T. Huxley, H. Spencer, E. Haeckel y el hijo Francis Darwin; los que amplificaron el papel de la evolución como explicación de la naturaleza, donde Darwin había privilegiado el principio de la selección natural.
A finales de 1859, poco después de la publicación de The Origin, Huxley firmó una entusiasmante reseña en el "Times" y en 1878 escribe el ensayo Evolution para la Enciclopedia Britannica. Fue él poco después quien sacó de problemas al maestro, cuando llovieron acusaciones de “enemigo de la religión”, inventando el término "agnosticismo."
Todavía hoy en día, siendo cada vez más difícil sustentar una incompatibilidad entre ciencia y religión, son muchos los investigadores que se esconden en el cómodo rincón neutral del agnosticismo para evitar medirse con las cuestiones fundamentales de la existencia. Cuánto en realidad tal neutralidad sea solo supuesta e ilusoria, ha ya sido discutido en estas páginas.
De Spencer ya se ha dicho; añadiremos que en 1862, en los First Principles ("Primeros principios"), se apresuró a definir filosóficamente el concepto de evolución y sucesivamente trató siempre de corroborar el carácter de la evolución como teoría general de la naturaleza.
El zoólogo Ernst Haeckel, fue responsable de la difusión del darwinismo en Alemania y promotor de un explícito empleo del evolucionismo en dirección antirreligiosa. A su demérito no debe ser olvidada la acción que lo llevó a falsear los datos experimentales con tal de respaldar sus tesis: acción que fue desenmascarada y de la que tuvo que pedir excusas públicas. Sin embargo eso no constituyó un freno por el darwinismo: comprobando el rol determinante de las presiones ideológicas respecto a los contenidos estrictamente científicos.
Al final, el hijo de Darwin en 1888 escribe una biografía del padre, donde el sustrato ideológico de la entera construcción darwiniana sale expresamente a flote.

Consecuencias

En campo puramente científico, la impostación evolutiva darwiniana tuvo un peso determinante sobre el desarrollo de la Biología, extendiéndose fácilmente también a otras disciplinas cual la Geología y la Cosmología. Incrementó las investigaciones paleontológicas, en base a las que hoy podemos considerar aceptable, con mayor soporte documental, el hecho que haya existido una evolución (dejando abierta la explicación de sus mecanismos de base).
No fue pero un vínculo absoluto y no impidió el surgir de teorías que llenaron algunos de las lagunas más grandes; recientemente, posteriormente, se han abierto campos de investigación fuera de algunos de sus dogmas: contra la gradualidad de la evolución, por ejemplo, se habla hoy de evolución por saltos (teoría de los equilibrios puntuales); y se vuelve a considerar la adaptación al ambiente como posible causa de las variaciones, según las ideas de Lamarck.
La herencia más pesada hay que investigarla seguramente a nivel cultural o de visión de la naturaleza. Aquí el nudo central queda el del finalismo: sí es decir en los acontecimientos naturales se deba o no ver un diseño, un proyecto, una orientación. Toda la filosofía subyacente al darwinismo se mueve con el objetivo de explicar la vida sin hacer ninguna referencia al fin último; a la luz de lo que se ha dicho antes, Darwin no alcanzó la meta, no logró (como Stanley Jaki ha escrito) "a enseñar la irrealidad del fin último”. Sin embargo el programa de búsqueda anti-finalista no ha sido abandonado y, de distintas formas, ha sido retomado muchas veces hasta la moderna versión creada por Monod en El caso y la necesidad.
Se puede concluir sin embargo que, para quién no se deja fácilmente seducir de los mitos culturales, el ataque de la biología darwiniana a la visión finalista religiosa no despierta particulares preocupaciones. Y hacen de veras un pésimo servicio a la verdad los que pretenden forzar la ciencia a concordar necesariamente con todos los detalles de las descripciones bíblicas (si se piensa a los creacionistas americanos) o, menos groseramente, a los que asumen algunas conclusiones científicas (sobre todo en campo de la cosmología) a soporte de una explicación de sentido finalista de la realidad. Acerca de esto merece la pena recordar la aguda observación del cardenal Newman, que no hizo lo suficiente para contestar a Darwin; Newman dijo: "creo en un diseño porque creo en Dios, no en un dios porque veo el diseño."
Es peligroso en efecto apoyar la fe sobre teorías que pueden revelarse inadecuadas; viceversa, la visión global que deriva de la fe puede ayudar a las teorías científicas a encontrar su justo lugar y su útil (pero parcial) función explicativa.
Entre las consecuencias de la "filosofía" evolucionista, un sitio especial debe ser reservado a su impacto sobre la ética; en particular sobre la ética social y política que, a fines del 800 e inicios del 900 se ha abundantemente inspirada en el principio de la supervivencia del más apto, hasta justificar los grandes totalitarismos políticos e ideológicos. Es sabido que Marx le ofreció a Darwin dedicarle la traducción inglesa del Capital (que el biólogo rechazó); como también son evidentes las contribuciones del darwinismo, filtradas por Haeckel, en la estructura de la ideología nazista. También un tipo de capitalismo sin escrúpulos, personificado por los grandes magnates americanos, pudo justificar el sacrificio para las minorías impuesto por la lucha económica en nombre de una evolución social general que inevitablemente premió a los más aptos.
Hoy muchas mistificaciones se han derrumbado; otras quedan, sobre todo a nivel popular y escolar.
En todo caso una atención crítica y una profundización de todas sus implicaciones es obligatoria para quien opera en campo educativo; porque, como también afirma Brovedani, el evolucionismo continua siendo "un paradigma central" en las ciencias modernas, y "puede ser considerado como la ideología dominante de la comunidad científica internacional".

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License