Ciencia, razón, verdad
autor: Enrico Bombieri
Matemático, docente del School of Mathematics anexo al Institute for Advanced Study, Princeton.
Paul Davies
Arizona State University, director del Beyond: Center for Fundamental Concepts in Science.
Xavier Le Pichon
Docente de Geodinámica del Collège de France.
Marco Bersanelli (moderador)
Docente de Astrofísica en la Università degli Studi di Milano.
fecha: 2007-08-20
fuente: Scienza, ragione, verità
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La verità è il destino per il quale siamo stati fatti", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "La verdad es el destino para el que estamos hechos")
traducción: Jorge Enrique López Villada

MODERADOR:
El título de este encuentro es el mismo del congreso internacional que apenas hemos concluido en la universidad de San Marino: "Science, Reason and Truth". El congreso de San Marino, organizado por Euresis, con el soporte de la John Templeton Foundation, se ha enfocado en el tema central del Meeting de Rímini, la verdad, y ha querido proponer un debate a nivel académico sobre la cuestión de la verdad en la búsqueda científica. Investigadores de varias disciplinas han sido interrogados con preguntas como: ¿Qué empleo hacemos de la razón cuando obramos en el campo de la búsqueda y del descubrimiento científico? ¿En qué sentido se puede hablar de "verdad" cuando se ve involucrado el conocimiento científico? Ha sido un debate difícil, apasionante, interesante, del que todos hemos aprendido algo y del que todos hemos salido con el deseo de aprender aún más.
El congreso de San Marino, como también este encuentro, quiere ser una tentativa, pequeña e inicial, para contribuir a lo que Benedicto XVI ha indicado en el encuentro a Verona de este año (1): "Hace falta ampliar los espacios de nuestra racionalidad, reabrirla a las grandes cuestiones de lo verdadero y de lo bueno, conjugar la teología, la filosofía y las ciencias, en el pleno respeto de sus propios métodos y sus recíprocas autonomías, pero también en la conciencia de la intrínseca unidad que las mantiene unidas". Abordar como tema fundamental el de la búsqueda de la verdad desde ángulos diversos, según las varias disciplinas científicas (matemática, física, cosmología, geología, etc.) pero también según la filosofía o la teología, permiten percibir una gran tarea, permite desear hacer propia la "conciencia de la intrínseca unidad" que "mantiene juntas" las cosas y mantiene unido nuestro conocimiento de las cosas.
Tres de los estudiosos y protagonistas del debate de San Marino están aquí como nuestros invitados. Ahora bien, nosotros claramente hoy no queremos ni pretendemos hacer una síntesis de aquel congreso. Más bien pienso que tengamos aquí una gran ocasión para encontrar a tres protagonistas de aquel debate: no a través de tres conferencias sino a través del diálogo con ellos, para escuchar sus testimonios como científicos y como personas (científicos de disciplinas diferentes y hombres que usan la razón de modo serio y profundo y a los máximos niveles en sus correspondientes campos de búsqueda), para ponerlas como ejemplos en acto de una apertura de la racionalidad. Presento brevemente a nuestros ilustres invitados.
Enrico Bombieri, matemático de fama mundial, docente de la School of Mathematics del Institute for Advanced Study de Princeton. Bombieri es considerado una de las máximas autoridades a nivel internacional en el ámbito de la teoría de los números. Nació en Milán, estudió matemáticas en la Universidad de Milán. Después de haber concluido sus estudios en 1963 enseñó en la Scuola Normale Superiore di Pisa y luego se desplazó a Princeton en 1977. En 1974, aún joven, recibió el Fields Medal (que es el máximo reconocimiento científico en el ámbito de las matemáticas, premio análogo al Premio Nobel), por sus estudios en la teoría de los números, el estudio de los enteros y sus relaciones, las superficies mínimas y la geometría algebraica. Además del Fields Medal también ha recibido el Premio Feltrinelli y el Premio Balzan. ¡En estos días he descubierto que Enrico también es un gran artista y un gran coleccionista de sellos postales y conchas!
A Paul Davies ya lo conocemos: fue invitado del Meeting hace cuatro años. Se ocupa de física teórica, cosmología y astrobiología. Actualmente es director de Beyond, un nuevo instituto de investigaciones interdisciplinarias de la Arizona State University dedicado al estudio de conceptos fundamentales en la ciencia, con el principal objetivo de individuar nuevas líneas de investigaciones interdisciplinarias. La investigación de Paul versa sobre temas cruciales como el origen del universo (se ha ocupado en particular de la teoría de los campos cuánticos en un espacio-tiempo curvo en el universo primordial), las propiedades de los agujeros negros, el origen de la vida. Se ha ocupado también de teoría de la complejidad, de la naturaleza del tiempo, de los fenómenos emergentes. Como todos bien sabemos, Paul Davies es uno de los más acreditados escritores científicos, ha publicado 27 libros, de ellos, el más reciente, cuyo título en inglés es "The Goldilocks Enigma: why is the universe just right for life?" (2), estará pronto traducido al italiano.
Finalmente tenemos a Xavier Le Pichon, profesor de geodinámica en el College de France, recibió su Ph.D en geofísica en Estrasburgo en 1966, ha aportado grandemente a la teoría de la Tectónica de Placas. Ha sido el primer investigador en desarrollar un modelo global basado sobre un análisis cuantitativo que ha permitido una mejor comprensión de fenómenos fundamentales como los terremotos y la reconstrucción a gran escala de la configuración histórica de los continente en el pasado. Ha recibido una gran cantidad de reconocimientos, entre los que se cuentan la medalla Maurice Ewing, el premio Huntsman, el Japan Prize, la Wollaston Medal, el premio Balzan (en 2002) y la Wegener Medal (en 2003). Es miembro de la Academia Francesa de las Ciencias desde 1976. Además de todo esto, Xavier está implicado activamente con la comunidad del Arca, que muchos de nosotros conocemos: una comunidad de personas que han decidido compartir sus vidas con personas minusválidas. Particularmente, Xavier es fundador de un centro en Francia para ayudar a las familias en las que se tienen casos de personas minusválidas.
Para nuestro diálogo de hoy propondré algunas preguntas a las que cada uno de nuestros invitados, a su turno, contestará brevemente. La primera es: ¿Cuál es el problema científico sobre el cual está trabajando actualmente y cómo trabaja?, ¿cuál es el modo como lleva adelante su investigación?

ENRICO BOMBIERI:
Buenos días. Mi método de trabajo es un poco desorganizado. Trabajo al mismo tiempo sobre muchas cosas y si trabajando sobre un problema logro adelantar, entonces continuo en él, hasta que en un cierto momento la inspiración ya no está más, y entonces lo dejo un poco de lado, descanso, voy a pescar, hago alguna otra cosa y luego tomo otro problema. En este momento tengo dos proyectos. Uno muy simple que es volver a leer la redacción de un trabajo que hice en colaboración con un colega mío de Princeton el año pasado, un trabajo que parecía al principio fácil y divertido y que luego se tornó cada vez más complicado hasta que, después de cerca de 70 páginas de duras matemáticas, hemos logrado concluirlo. Pero ahora está el problema de redactarlo, que no es fácil; uno escribe para demostrar algo, no para mostrarse lo competente que uno es, uno escribe para comunicar algo a quien lee, por lo tanto, el problema es escribir de modo comprensible la motivación por la cual uno hace ciertas cosas, y esto no es fácil. Se trata en todo caso de algo técnico y por lo tanto lo hago de manera metódica y precisa.
Está el trabajo que me apasiona desde hace cuarenta años y es el trabajo sobre la hipótesis de Riemann. Quizás algún día lograré saber cuál es la verdad de esta hipótesis, es decir, ahora sé que es verdadera, pero cómo hacer para demostrarlo, no lo sé. Hasta hoy siempre he entendido que debo detenerme en algún momento. Cuando trabajo sobre un problema, si lo dejo de lado (algunos meses o un año), dejándolo filtrar en la mente inconsciente, después de este tiempo lo retomo, y entonces a lo mejor me percato que lo podía abordar de un modo diferente, así que lo retomo y vuelvo a trabajar en él. Un trabajo también puede ser difícil, pero no hay que desanimarse, porque se aprende también de las experiencias negativas, del no lograr hacer algo. Éste es mi método de trabajo. Incluso el trabajo con resultados negativos uno lo acoge como experiencia.

PAUL DAVIES:
En tu introducción te has referido al hecho que estoy fascinado por el tema de los orígenes. Durante toda mi carrera he trabajado sobre el tema de los orígenes del universo y ahora me he adentrado en otro campo bien apasionante, como es el del origen de la vida, ¿cómo es que de la no vida se ha pasado a la vida? Es un problema hacer terminar la química y hacer iniciar la biología, ese umbral de transición siempre es difícil entenderlo, es un gran misterio. Hay científicos que dicen que la vida es increíblemente compleja, que puede darse solamente una vez en el universo observable, pero otros científicos sostienen que debe existir un principio cósmico profundo, llamado a veces "imperativo cósmico" que hace que la vida emerja tan pronto se dan las condiciones que la favorecen. Se trata, por tanto, de dos posiciones extremas y la verdad, a este punto, es que nadie sabe nada. Nadie tiene idea de en cuáles lugares la vida puede surgir en otros planetas, en otros lugares del universo, no se sabe si el universo favorece la vida o si nosotros estamos solos en este universo.
En este tiempo estoy ocupándome de modo particular de un tema que les explicaré. Si la vida es "fácil" y por lo tanto difusa en el universo, ciertamente debe haberse replicado muchas veces aquí en la Tierra. Los biólogos nos dicen que todas las formas de vida conocidas sobre la Tierra tienen que haber tenido un origen común. Pero ¿qué se puede decir de aquellas formas de vida que no son como las que conocemos? La mayor parte de lo vivo sobre la Tierra tiene el aspecto y la forma de microorganismos. Ahora bien, estudiando los microorganismos podemos saber de qué están hechos, podemos estudiar su química. Si nosotros estuviéramos rodeados por una vida macrobiótica diferente a la que nos es familiar y conocemos, no podríamos comprenderla con simples observaciones. Por esto, en la Arizona State University estoy dando los primeros pasos en una serie de experimentos para tratar de localizar una eventual forma de vida alternativa, no en otro lugar del universo, no en el espacio lejano, sino aquí, sobre la Tierra. Un tipo de vida ajena pero que está justo delante de nuestros ojos, que podría estar a lo mejor también dentro de nuestro organismo y de la que no somos conscientes. Naturalmente tenemos que hipotizar si existe tal forma alternativa de vida sobre la Tierra, que se limita a formas microbióticas y convive pacíficamente junto a la vida que nos es familiar y que conocemos. No parece haber ningún motivo en contra de esta hipótesis. En particular, estamos tratando de ver si existen otras formas de vida que puedan compartir la Tierra utilizando elementos diferentes de los que están en la base de la vida que conocemos, es decir, el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno, el oxígeno, el azufre y el fósforo. Ahora bien, éstos son elementos bastante comunes, a excepción del fósforo. El fósforo es bastante extraño como elemento. Uno de mis colegas ha sugerido que quizás haya formas de vida que podrían no utilizar el fósforo y por lo tanto estamos buscando formas de vida extrañas que se basan, por ejemplo, en el arsénico. Es una hipótesis muy amplia que quizás no nos lleve a ningún lado, pero obliga a microbiólogos y astrobiólogos a no dar por sentado que toda la vida sobre la Tierra está tan estrechamente correlacionada hasta el punto de haber tenido un único origen. Puede ser que hayan existido muchos orígenes de la vida, así nosotros podríamos estar capacitados para encontrar un producto de estas muchas formas de vida. Si estamos así capacitados para localizar tales formas alternativas de vida, tendríamos un indicio de que la vida es un imperativo cósmico y está implícita en la naturaleza del universo y esperaríamos por lo tanto, que la vida estuviese difundida, podríamos entonces esperar encontrar formas de vida sobre cualquier planeta fuera de la Tierra. Personalmente no estoy convencido ni de una ni de otra hipótesis, de lo que sí estoy convencido es que es realmente un estudio fascinante.

XAVIER LE PICHON:
Yo trabajo especialmente sobre la tectónica activa, aquella que produce los sismos, los terremotos y el proceso de vulcanismo. Hace tres semanas me encontraba en el mar de Marmara, en Turquía, en el estrecho de Estambul en un submarino. Estaba examinando la gran fractura, la gran falla que hay en el estrecho de Estambul, de la cual se espera un gran terremoto que puede ser devastador para la ciudad de Estambul. Trabajo en este tema luego del gran terremoto de Turquía de 1999. Hoy podemos hallar datos extremadamente interesantes: bajando en los submarinos podemos examinar la falla, ver si es reciente, qué cambios se han originado, qué gases están presentes; además, nos valemos de satélites para medir los movimientos tectónicos. Con todo esto buscamos establecer una serie de medidas para valorar el estado, la condición, la situación de las fuerzas que están actuando sobre esta gran falla y que pueden producir este catastrófico terremoto. Tengo otra actividad en curso en este tiempo y que me interesa mucho y concierne al sur de Francia, a Provenza. Allí está el gran laboratorio de fusión nuclear llamado Iter. En las investigaciones de este centro participan todos los países del mundo, entre ellos Francia, y yo participo en lo que se relaciona con la valoración del riesgo sísmico. Hemos desarrollado nuevas hipótesis sobre las posibilidades de terremotos en el sur de Francia. No entraré en detalles, pero para mí es un aspecto muy interesante desde el punto de vista intelectual y tiene consecuencias prácticas muy importantes pues este trabajo me lleva a pensar de un modo nuevo y a plantearme nuevas preguntas, como por ejemplo: ¿por qué razón geológica todo el sur de Francia se está desplazando lentamente hacia el Mediterráneo y se producen sismos que pudieran ser bastante graves? He aquí dos ejemplos de investigaciones que estoy realizando en los actuales momentos.

MODERADOR:
Pues bien, hemos conocido un poco más de nuestros invitados. Ahora quiero pedirles que nos cuenten, en pocas palabras, qué ha sido para cada uno de Ustedes lo más interesante de su labor o uno de los más interesantes descubrimientos o algo verdaderamente novedoso donde hayan sido protagonistas, cómo ha sucedido y cómo se involucraron.

ENRICO BOMBIERI:
Desde mis inicios, cuando empecé a estudiar los números – algo prematuro, desde cuando tenía unos 12 años - siempre me he interesado en el problema de los números primos. Los números primos son, en cierto sentido, los bloques elementales de la multiplicación y por lo tanto tienen un significado que va más allá de la curiosidad. Hay otros números, los llamados "números curiosos", definidos de modo extraño, con extrañas propiedades. Pero los números primos son realmente fundamentales y por lo tanto son objetos interesantes. Entre los grandes problemas abiertos en el estudio de los números primos está, en particular, su distribución. Su sucesión es muy irregular, si la vemos, por así decir, con lupa, pero vista en el conjunto tiene una notable regularidad y entender estas diferencias en su distribución es muy importante. Añadido a esto está la famosa hipótesis de Riemann, formulada en 1859, que es, en cierto sentido, la clave para solucionar el problema de entender la distribución de los números primos.
Ahora bien, en 1965 el doctor Davenport, dictó en Milán durante un mes un curso sobre sus investigaciones. Trabajé en esos días con Davenport y al fin del curso me dijo: "Hagamos juntos un trabajo, yo he preparado 27 argumentos, uno de ellos debería funcionar". Entonces yo era joven e inexperto y después de haber estudiado los 27 argumentos, le contesté: “No me gusta ninguno". Él quedó un poco sorprendido y me dijo: "Entonces, ¿qué propones?” yo contesté "Tengo un trabajo que he comenzado, no está terminado, pero me parece interesante… ", él dice: "Bien, veámoslo". Lo encontró interesante y me dice: "Sí, todo esto está bien, pero aquí, donde haces estos pasos, hay un modo mejor: en lugar de usar la hipótesis de Riemann, usa estos otros resultados y conseguirás la misma respuesta sin ninguna hipótesis". Se refería al trabajo de otros matemáticos, algo controvertidos, pero que conocían las técnicas para hacer estas cosas. Le contesté a Davenport: "Está bien, los probaré, y veremos qué sale", y me puse a trabajar. En un cierto momento, luego de una media hora de trabajo entendí, como una inspiración, cómo simplificar todo el problema y en ese punto tuve como una especie de visión, supe ya cómo era todo el proceso y entonces me dediqué a escribir todo el trabajo, trabajé sin interrupción por tres días con sus noches. Poco después me encontré con Davenport en la estación y le di el trabajo completo. Creo que éste es el trabajo más gratificante que he realizado. Fue algo extraño el modo como salió, hay unos momentos de inspiración y uno es un afortunado si logra tenerlos. Claro, también se puede ser un gran científico sin tener estos momentos.

PAUL DAVIES:
Uno no sabe sino hasta el final, si el trabajo que está desarrollando tiene un sentido o no. Pero, si miro hacia atrás mi carrera, encuentro momentos que han sido muy importantes. En los años 70 me interesé en el origen del universo. Hoy sabemos que el universo empezó con el Big Bang, para el cual tenemos ya una fecha y es 13.7 mil millones de años atrás. Una de las razones por las que hemos sido capaces de fijar esta fecha, no tengo que explicártelo a ti Marco, es el calor producido por el estallido del Big Bang, que todavía está hoy presente en el universo, llena por entero el universo. Ya a fines de los 60, supimos que esta radiación está presente en todo sitio del espacio. Cuando enfocamos la bóveda celeste, somos capaces de medir en cualquier sitio la temperatura del universo y esta temperatura es prácticamente la misma en todas direcciones. Lo cual nos dice que inmediatamente después del Big Bang el universo era uniforme, la materia tuvo una distribución equilibrada en todo el espacio. Pero cuando miramos el universo actual, vemos que la materia se ha aglutinado en grandes "grumos": entonces tenemos galaxias, cúmulos de galaxias, y super-cúmulos de galaxias. Vemos por lo tanto una estructura, la cual asume órdenes de tamaños muy variados en el universo. Entonces claramente, a este punto, encontramos un problema teórico: ¿cómo se han desarrollado estas estructuras a tan gran escala partiendo de aquella uniformidad primordial? Emerge claramente que el universo ha tenido principio en una condición que no fue completamente uniforme: hubo evidentemente irregularidades, variaciones en la densidad de la materia desde el principio. Pero, ¿de dónde vinieron estas variaciones?
Hoy sabemos con certeza que estas variaciones estaban ya presentes en el universo primordial, porque muchos experimentos, algunos realizados por satélites, han logrado medir tenues variaciones de temperatura que trazan las oscilaciones de la densidad del universo. Son aparentemente muy pequeñas, del orden de 1 sobre 100.000, pero son variaciones muy importantes. Pero ¿de dónde provienen? El trabajo que he desarrollado con un estudiante en los años 70 creo da una respuesta a esta pregunta.
Nos interesaba aplicar la física cuántica, que se aplica normalmente a los átomos y a las moléculas, al universo entero. Esto tiene un sentido: sabemos que el universo se expande y por lo tanto en el pasado tuvo que ser muy pequeño, hasta dimensiones a las cuales la física cuántica ya empieza a ser importante. Hemos aplicado por lo tanto teoría cuántica de los campos al universo en expansión. En particular, quisimos tener un modelo del universo que se expande en cierto modo, muy simple: sus dimensiones se duplican en un intervalo de tiempo predeterminado. Hemos elegido este particular modelo, que se llama técnicamente "espacio de De Sitter”, porque es particularmente simple y se prestaba para solucionar los aspectos matemáticos sin utilizar un ordenador (¡de modo que mi estudiante pudiera obtener su Ph.D sin trabajar demasiado!). Hemos aplicado la teoría cuántica de los campos al espacio de De Sitter y hemos demostrado cómo los efectos cuánticos provocan pequeñas variaciones en la densidad de la materia, que perduran hasta al final de la fase de De Sitter durante la cual el universo se expande con velocidad exponencial.
Luego está la propuesta de la teoría inflacionaria del universo, según la cual, poco instantes después del Big Bang el universo dio un salto enorme de dimensión pues sufrió un período de rápido crecimiento exponencial. De esta manera, y sin proponérnoslo, la teoría que nosotros habíamos desarrollado como ejercicio académico, tomó gran importancia para comprender la estructura misma del universo. Sería apresurado decir que se trata de los efectos cuánticos que mi estudiante y yo estudiamos en los años 70, pero parece ser la hipótesis más acreditada. Así que puedo decir que en cierta medida hemos logrado "explicar" nuestra propia existencia, porque si no hubiera estructuras de enormes proporciones en el universo, si no existieran las galaxias, las estrellas, los planetas, no existiría tampoco la vida. De cierta manera nuestra presencia aquí, hoy, depende fundamentalmente de esas oscilaciones cuánticas que sucedieron durante las primeras fracciones de segundo después del Big Bang.

XAVIER LE PICHON:
Hace cuarenta años (tenía treinta años en aquella época), cuando apenas descubríamos en el ámbito científico que la superficie de la Tierra ha estado en movimiento continuo: grandes placas, semejantes a enormes balsas, se desplazan unas con respecto a las otras. Pero no sabíamos exactamente a qué velocidad estas placas se acercaran, como en las regiones de los Alpes, la cordillera del Himalaya o las fosas oceánicas. En el verano de 1967 trabajé por tres meses, incluso las noches, buscando crear un modelo de la Tierra intentando medir las velocidades de acercamiento o alejamiento de las placas tectónicas. Trabajaba todas las noches en el ordenador y regresaba la mañana siguiente. Y una bonita mañana he llegado a casa y le he dicho a mi mujer: “¡Lo logramos: hemos encontrado cómo funciona la Tierra, ahora ya sé cómo funciona! ". De cierta manera tuve la impresión de haber descubierto un secreto. Creo que algo así es una de las mayores alegrías de un científico, cuando tiene la impresión de haber entrado dentro de un diálogo con la Tierra, con la naturaleza; cuando el científico hace preguntas, hace las preguntas correctas, en aquel punto la naturaleza acepta contestar.
Cuando la naturaleza da buenas respuestas uno se apasiona. He descubierto que África se acerca a Europa un centímetro al año, la India se acerca a China cada año cinco centímetros y luego el Himalaya, el Tíbet: no se pueden imaginar la felicidad, el júbilo, la excitación, la alegría de haber logrado entrar dentro de este diálogo con la naturaleza. Pienso que esto es lo de más profundo que hay en la ciencia, es decir, el darse cuenta de poder hacerle preguntas a la naturaleza. Cuando se hacen bien estas preguntas, cuando se ponen estas preguntas de modo inteligente, en el momento justo, la naturaleza contesta. Y allí, después de tres meses, así, de repente he encontrado la respuesta que buscaba.
Creo que es ésta la aventura más extraordinaria que estamos viviendo actualmente: la humanidad ha aprendido a dialogar de modo cualitativo y cuantitativo con la naturaleza. Los resultados de este diálogo modifican nuestro mundo y plantean muchas preguntas, nuevos problemas. Pero todo esto hace parte de la necesidad del hombre de entender dónde se encuentra, de dialogar con la naturaleza, lograr descubrir todo el entorno que lo circunda.

MODERADOR:
Ahora quiero preguntar a nuestros amigos invitados cómo ha empezado en ellos aquel deseo de conocimiento, al que acaba de hacer referencia Xavier. Cómo sucedió en sus experiencias personales el descubrir esta inclinación y también qué es lo que la ha mantenido viva a través de los años: porque han pasados años, y no pocos, de cuando han comenzado y no veo en Ustedes señales de desvanecimiento de esta pasión. También quiero preguntarles cuál es el enemigo de esta pasión, de la apertura a la realidad que hace posible el conocimiento científico.

ENRICO BOMBIERI:
Pues, desde muy joven, desde niño, siempre me ha gustado la ciencia, porque de cierta manera está conectada directamente con lo que vemos, con lo que tocamos. Al principio me gustaba todo, luego, poco a poco me he enfocado en cosas un poco más abstractas: más que la física, por ejemplo, me gusta la astronomía, las matemáticas. Quiero contarles que cuando niño, estaba en tercero elemental, una vez la maestra escribió en el diario de tareas que se entregaba en casa, que en las clases yo era muy atento, pero que estaba flojo en aritmética. ¡Era verdad! La maestra era realmente buena y eso hace que tenga buenos recuerdos de aquella época. Ella tenía razón, mi interés para las matemáticas se desarrolló hacia el quinto grado: tuve que esperar un poco. Luego a la edad de quince años las matemáticas fueron para mí la cosa más interesante: entender ese mundo extraño de fórmulas, de conceptos, comprender cómo se usa una integral para calcular un área, la geometría…
Una vez mi padre, que se interesaba mucho en lo que yo hacía, me dijo: "Quizás sea mejor consultar un experto, porque trabajando solo no se puede hacer todo". Así que después de un par de tentativas, tenía quince años, encontré al doctor Ricci en Milán. Ricci quedó entusiasmado conmigo, me tomó bajo su auspicio y se volvió mi mentor. Continué con mis estudios de bachillerato clásico: el latín, el griego, que me gustó; y también inicié una intensa correspondencia con Ricci, que me guió durante mi preparación inicial. Debo decir que ésta experiencia ha sido mucho, muy importante: no sólo como estímulo, sino también porque me evitó giros equivocados. Así fue que muy pronto encontré mi camino.
Debo decir que durante mi carrera, por algún motivo, suerte también, siempre he encontrado todos las caminos abiertos, todas las puertas abiertas, todos siempre listos a ayudarme y por lo tanto, trato de hacer también lo mismo devolviendo un poco todas estas cosas bellas que he recibido, ayudando a los demás a encontrar su propio camino.

PAUL DAVIES:
Yo creo que desde siempre he sido un físico de corazón. Desde cuando me cuerdo, siempre he tenido un gran interés con respecto al mundo, al universo. Sobretodo siempre me han interesaron las cosas ocultas. Recuerdo que cuando tenía siete u ocho años me interesé en los átomos y pensé: "¿Cómo sabemos que los átomos existen si no logramos verlos"? También recuerdo que saliendo de casa y fijándome en la bóveda celeste me maravillaba por lo que había sobre nuestras cabezas a pesar que muchos no lo notaran porque estaban demasiado absortos por su vida cotidiana. Crecí en Londres en los años 50 y recuerdo que fue una época aburrida. No éramos una familia acomodada: una familia con tres hijos viviendo en un pequeño piso (un flat, como lo llamamos nosotros en Inglaterra), pocos juguetes e incluso la comida no era abundante; raramente íbamos de vacaciones, y cuando lo hacíamos íbamos una semana a una localidad costera de Inglaterra, generalmente muy fría. Pensaba que utilizando la imaginación, fijándome en el cielo nocturno o en la luz de una linterna estando bajo las cobijas, podría entrar en un mundo mucho más fascinante. A la edad de doce años recuerdo que mis padres me regalaron un kit de revelado fotográfico. Recuerdo el entusiasmo cuando revelé mi primera fotografía: ver gradualmente aparecer la imagen sobre el papel inmerso en la solución reveladora, me parecía magia. Estaba realmente fascinado, era otro reino escondido que podía traer a la vida mediante el procedimiento de revelado e impresión fotográfica.
Algunos años después he construido un pequeño telescopio: podía permitirme sólo comprar el espejo, todo el resto lo construí con pequeñas cosas que encontré en casa. Como telescopio funcionaba. Luego he construido uno más grande. Pero quizás lo más grande fue el día en que, a mis dieciséis años, recibí de Margaret Tatcher, elegida de nuestra circunscripción, un atlas astronómico como premio por mis notas escolares. Aquello fue como el punto de inflexión, desde aquel momento he empezado a ocuparme de temas que todavía hoy me apasionan y me fascinan: el nacimiento de las estrellas, la relación entre el observador y el mundo alrededor nuestro.
Haciendo un gran salto en el tiempo, de treinta o cuarenta años, contesto a la pregunta que nos ha hecho Marco: ¿qué nos empuja a llevar adelante este trabajo? Bien, tengo que decir que sigo fascinado igualmente hoy por las cosas que estudio como lo estaba cuando era un adolescente. Los científicos son como niños: miran a su alrededor con maravilla, con estupor. Tanto es así, que si abandona este estado como de niñez, ya no se tienen este estupor, por esto yo siempre he pensado que el mundo es fascinante, misterioso. La cosa increíble es que este misterio puede ser descubierto, es posible entrar en este misterio utilizando los instrumentos científicos, nuestro intelecto, es posible desplazar las fronteras, es posible llegar a entender por qué existen ciertos fenómenos en el mundo. Es posible llegar a revelar este misterio: éste es el gran interés de la ciencia. La ciencia no es una materia terminada como un acontecimiento pasado que es transmitido de una generación a la otra: la física, las ciencias son disciplinas vivientes, todavía existen muchísimas cosas que tenemos que descubrir. Creo que lo que más me empuja hacia nuevos descubrimientos es que mientras más envejezco más crece en mí el deseo de continuar. Ciertamente también hay un lado aburrido: debo escribir cada vez más documentos, debo siempre hacer parte de más comités, debo cada vez más relacionarme con los demás… pero no existe nada que haga disminuir en mí aquella chispa con la que he nacido y con la que creo que moriré: es mi “destino”, usando la palabra que está en el título del Meeting: yo creo que trabajar en este ámbito es mi destino.

XAVIER LE PICHON:
Nací en Vietnam, en las orillas del Océano Pacífico. De pequeño, a los siete u ocho años, estando en la playa, me preguntaba: "¿Qué habrá bajo el agua"? Esta pregunta que me ha acompañado, me ha seguido cuando regresé a Francia en barco durante tres semanas. Miraba el mar y me preguntaba: "¿Pero qué habrá allá bajo? Cuatro mil metros de agua, ¿qué sucederá allá abajo"? Desde entonces siempre he mantenido vivo este interrogante, esta pregunta: "¿Qué es este nuestro planeta Tierra? ¿Cómo funciona, qué sucede dentro"?
Durante el congreso de San Marino, que apenas hemos concluido, uno de los conferencistas ha dicho: "Se puede tener una relación con una persona, pero no con un trozo de roca." Pero yo he contestado: "¡No, no, no! Las cosas no son así, yo tengo relación con las rocas, las rocas me hablan". Cuando miro un paisaje, cuando miro los Apeninos, los Apeninos me hablan: hay una historia presente, una afinidad. Hay un gran deseo de conocer la Tierra como a alguien que me ha hecho surgir, aparecer; la vida a fin de cuentas viene de la Tierra. Yo necesito saber, entender, establecer una afinidad que pueda alimentar mi contemplación. La contemplación se alimenta de estos elementos, es algo que no me ha abandonado nunca.
He tenido la suerte de navegar en todos los océanos del Globo y también de ir bajo los océanos, trabajando en los submarinos y en los batiscafos, he visto cosas excepcionales, maravillosas. Piensen que he sido de los primeros hombres en bajar a los tres mil metros en medio del Atlántico, allí donde se producen el nuevo fondo oceánico. Estaba emocionadísimo, tenía la impresión - para uno como yo que se nutre de la Biblia - que fuese el Génesis: veía la Tierra que nacía delante de mis ojos.
¿Cuáles son los obstáculos, las dificultades? No lograría dejar la ciencia… aunque me propusiera abandonarla. En mi vida ha sucedido un drama. Me he dicho: "La ciencia me ha puesto en un rincón de la sociedad, lejos de los otros hombres; doy todo mi tiempo a la investigación y ya no logro ver a los que sufren a mi alrededor. En aquel punto he ido a pasar un mes con las de Madre Teresa de Calcuta, cuidando de los pobres de la calle, entonces me pregunté: “¿Puedo continuar en la ciencia si me alejo de los demás"? He solucionado entonces el problema entrando en la comunidad de Arche, donde vivimos con personas que tienen problemas psíquicos y mentales.
Ésta es una de las grandes cuestiones de la ciencia: la ciencia es un producto de la sociedad, de la humanidad; y existe un peligro para el mundo de la ciencia: aislarse, vivir en su propia "torre de marfil" al margen de la sociedad. Hoy lo vemos: a menudo la opinión pública ya no sabe lo que sucede en la ciencia. Creo que hace falta reconstruir los puentes, devolver a la ciencia el sentido de servicio hacia los hombres. Ella nos enseña a dialogar con la naturaleza, es una aventura humana para todos. Las consecuencias de la ciencia favorecen a todos, todos tienen que llevar la voz cantante sobre el modo como la ciencia debe ser empleada.
Para mí, el modo como he podido mantener contacto con las demás personas ha sido a través de mi familia; pero también con muchas personas con problemas mentales, que tienen problemas psíquicos y que se han vuelto mis amigos.

MODERADOR:
Esta intervención introduce a la última pregunta que he querido proponerles y que vuelve sobre el título del Meeting "La verdad y el destino para el que estamos hechos". Con la ciencia, indudablemente, se busca una verdad, algo verdadero se busca. Weiskoppf dijo: "Cada verdadero científico intuye un sentido, consciente o inconscientemente. Si así no fuera, no seguiría adelante con ese fervor, así, esto une a los científicos, en la búsqueda de algo que se llama verdad."(3) Además nunca estaríamos satisfechos con respuestas parciales, tendemos inevitablemente a una verdad exhaustiva. ¿Cuál es entonces, según ustedes la relación que hay entre una verdad científica (matemática, física, etc.), por tanto una verdad parcial y provisional y nuestra necesidad profunda, última, humana de una verdad última, de una verdad como "destino”?

ENRICO BOMBIERI:
Quizás el mejor modo, para mí, de contestar a esta difícil pregunta es explicar las razones por las que he aceptado participar en este encuentro. Las matemáticas, para mí, son la ciencia más bella porque conlleva la lógica de la razón. Pero también durante años me he dado cuenta que las matemáticas no lo son todo, pues hay cosas mucho más importantes.
Nosotros vivimos sobre la Tierra, sobre este bonito planeta, en la comunidad de los hombres y esto viene antes. Porque sin la presencia de ustedes, todas la matemáticas que hago no tendría ningún sentido. Por eso he decidido venir y escuchar y aprender qué cosa piensan otras personas que, como yo, pasan sus vida estudiando estos problemas pero de maneras diferentes de como yo los estudio, entonces de ellos podré aprender algo nuevo.
La verdad científica es algo que siempre cambia, mientras más aprendemos, más nuestro concepto de verdad cambia. Al principio, por ejemplo, se pensaba que la Tierra era plana, pues si uno no se mueve de casa ve el horizonte plano. Pero cuando uno empieza a moverse, se aprende más y se da cuenta que hay dificultades con la idea de una Tierra plana y se piensa entonces que es redonda; pero luego no es perfectamente redonda, etc. Entonces el conocimiento, la verdad científica está sometida a cambios. ¿Cuándo se vuelve falsedad? Cuando uno insiste en no querer aceptar lo que la evidencia muestra, cuando uno se niega a examinar, a reexaminar lo que sabe. En este punto las cosas se ponen difíciles y la verdad desaparece.
Se habla también de la verdad en sentido absoluto. Mi consideración personal es que la verdad en sentido absoluto no podemos alcanzarla solos y por lo tanto hay un elemento supremo, hay un Dios que viene antes que nosotros, que llega a nosotros y que nos ayuda a comprender estas cosas. Con esta esperanza uno sigue adelante y continúa buscando la verdad.

PAUL DAVIES:
Hay una expresión en inglés que significa "cegados por la ciencia”. Los más cegados por la ciencia son los científicos. El motivo es que el éxito de la ciencia es tal que no nos paramos a pensar en cómo ella funcione de veras. ¿Por qué está ordenado el universo de modo racional e inteligible? ¿Por qué los seres humanos, que han evolucionado en el curso de millones de años sobre nuestro planeta, pueden con la búsqueda científica y matemática llegar a descubrir un orden oculto en el universo?
Cuando Isaac Newton vio caer la manzana del árbol, ¿qué vio? ¿Veía sólo una manzana que caía? ¿Qué ha deducido con su intelecto? Un esquema matemático que conectó aquel movimiento al de los astros del cielo. Nosotros podríamos ver manzanas que caen por un millón de años y no lograríamos la misma deducción. Sin embargo, más allá de la complejidad y de la riqueza de los fenómenos cotidianos, hay un esquema matemático profundo y unificador. El hecho que los seres humanos tengan la capacidad de decodificar la naturaleza, de descubrir el texto oculto que implica los fenómenos cotidianos que observamos es una capacidad completamente sorprendente y nosotros no deberíamos dejarnos cegar por la ciencia, no deberíamos darla por deducida suponiendo que siempre funciona, suponiendo que ésta es una situación descontada. En realidad es una situación sorprendente, es sorprendente que el universo esté ordenado de modo matemático, de modo que nosotros lo podamos comprender, en cuantos seres humanos. He aquí por qué estoy tan interesado y fascinado por la ciencia, porque revela este sentido profundo del universo.
Los científicos a menudo opinan que el papel de la ciencia es descubrir cómo funciona y cómo obra la naturaleza, mientras que interrogarse sobre el objetivo, sobre el sentido, sobre el por qué el mundo es tal como es, no es concerniente. Pero no se puede ser humano sin tener esta curiosidad de ir más allá, de llegar al por qué. Personalmente dedico mucho tiempo a reflexionar sobre lo que podría ser el objetivo, el sentido del universo y cómo los científicos podrían individuar la presencia de este significado. Naturalmente tenemos que ser muy cautos con las palabras, porque provienen del discurso humano, de la comunicación humana: hablamos de objetivos y significados que luego proyectamos sobre la naturaleza. Pero si obramos con cautela, creo que se puede afirmar con certeza que la naturaleza no es arbitraria, que es un esquema de cohesión, coherente. De otra parte, si creemos que no existe este esquema de coherencia no podríamos ser tampoco científicos, porque no podemos esperar que cada nuevo paso de descubrimiento de una nueva capa de descripción de la naturaleza se pueda encontrar aún más orden, armonía y significado. Creo, por lo tanto, que la importancia de la ciencia radica precisamente en el hecho que el universo presenta un esquema ordenado, algo parecido a un significado, a un objetivo. Si no tuviera este significado, este objetivo, la ciencia no tendría absolutamente sentido.
Naturalmente los científicos pueden continuar en su trabajo de todos los días sin preocuparse del objetivo y del significado de la naturaleza, pueden seguir trabajando con las leyes de la física. Pero si damos un paso atrás y nos interrogamos sobre el por qué podemos hacer ciencia y cómo nos introducimos en este esquema tan amplio del universo, entonces - desde mi punto de vista - es evidente que hay algo más amplio, hay algo más grande que va más allá de la vida de todos los días, que va también más allá de las vidas de todos los días de los científicos y nosotros hacemos parte de ese gran proyecto.
Mi destino personal es el de ser un físico, de contribuir a la física, en lo poco que puedo dar. Pero creo que el destino de la humanidad, en su complejidad, es hacer parte de este proceso más grande de descubrimiento. No creo que seamos al centro del universo, no creo que estemos en la cumbre de la creación, pero creo que la vida no es una aberración, un fenómeno aislado privado de sentido. El hombre y la vida deben ser considerados con seriedad, tienen un significado profundo, no solamente en el sentido de la sociedad humana, sino también en un sentido cósmico.

XAVIER LE PICHON:
Creo que para cualquier persona que reflexione es claro que el hombre con su presencia sobre la Tierra ha modificado intensamente el entorno. Estamos en un tipo de proceso de co-creación, contribuimos a crear una Tierra muy diferente a la que nuestros antepasados han conocido. Esto es inevitable: hoy somos más de seis mil millones, tenemos necesidades muy relevantes y la ciencia es un instrumento indispensable para esta transformación del mundo, para poder vivir mejor. La ciencia, que es un diálogo con la naturaleza, nos provee información básica para transformar el mundo. Pero la ciencia no nos dice en qué dirección debemos que ir. Éste es el punto clave: la ciencia no nos da la verdad última. Somos nosotros quienes tenemos que decidir lo que haremos con los resultados de la ciencia, qué dirección tomaremos.
En mi ámbito, a menudo somos requeridos como expertos sobre los grandes problemas naturales, como el cambio climático ligado a la masiva liberación de anhídrido carbónico y otros gases de efecto invernadero; o bien, sobre los terremotos como el gran terremoto de Sumatra, un acontecimiento de violencia inaudita, que ha golpeado intensamente las poblaciones del océano Indico; hay preguntas fundamentales abiertas: ¿cómo construir las ciudades? ¿Cuáles energía usaremos dentro de cincuenta años? ¿El petróleo acabará dentro de poco? Ahora bien, a estas preguntas sólo la ciencia puede contribuir dando elementos técnicos para tomar decisiones. Pero hay una diversidad de decisiones, y este es el obstáculo.
La humanidad por la primera vez está obligada a tomar decisiones globales. En lo concerniente al clima, a la energía y a muchos otros campos. La humanidad necesita de la ciencia. Al mismo tiempo la ciencia tiene que convertirse en un bien común de toda la humanidad y de sus aplicaciones dependerá el ideal que elegirá la humanidad, de lo verdadero que trataremos de llevar adelante. No creo que lleguemos a un mundo orwelliano donde serán los científicos quienes impondrán a los ciudadanos el modo de cómo orientar sus destinos. Nosotros necesitamos la verdad, nuestro destino es la verdad. La ciencia contribuye, provee elementos significativos, sin embargo, la ciencia tiene que ser tomada como patrimonio global y ser valorada por sus consecuencias sobre toda la humanidad.

MODERADOR:
Estamos realmente agradecidos a nuestros invitados. Entre las muchas "piedras preciosas" que nos han regalado en el diálogo de hoy, quisiera resaltar lo que Xavier nos dijo acerca de la sensación que uno tiene haciendo ciencia, de estar en un "diálogo con la naturaleza" y cómo nuestra tarea es la de hacer buenas preguntas para ser sorprendidos por las respuestas que nos concede la naturaleza. Este diálogo tiene en sí algo conmovedor: Xavier nos ha hablado de la alegría y de la emoción de encontrarse implicado en este diálogo. También hoy hemos tenido la alegría del encuentro con personas que viven este diálogo con la naturaleza. El ejercicio de esta relación con la realidad torna la razón abierta, curiosa - como dijo primero Paul - siempre más juvenil. Un diálogo que no se da por supuesto y cuya misma existencia tiene en sí algo sorprendente. Nace así un tipo de "humildad racional", si así se puede llamar, frente a lo verdadero por lo cual - como dijo Enrico – nos damos cuenta que la verdad última no la podemos hacer solos, ni podemos alcanzarla solos: nos tiene que venir al encuentro, y esto no contradice aquella curiosidad, no quita el deseo de conocer, mejor aún, parece alimentarlo más.
Hemos realizado el congreso en San Marino, donde por dos días hemos dialogado de estas cosas, pero con un método diferente al empleado en el debate de hoy: en San Marino, evidentemente, hemos tratado de afrontar las cosas en términos más técnicos, un poco más especializados. Pero tengo que reconocer que el tono que hemos empleado hoy aquí, es decir, el del testimonio personal, desde un cierto punto de vista me parece más eficaz para comunicar y conocer la verdad. Cité al principio las palabras del Papa que nos invita a "ampliar los espacios de nuestra racionalidad". Si miramos nuestra experiencia, el modo más eficaz de ampliar el espacio de nuestra racionalidad es el encuentro con otras personas, el encuentro con personas como las que hemos encontrado hoy.

1. Benedicto XVI - Verona 2006. Visita pastoral con ocasión del cuarto Congreso Nacional de la Iglesia Italiana. Octubre 19 de 2006
2. Paul Davies. “The Goldilocks Enigma: why is the universe just right for life?", Allen Lane. 2007
3. Victor Weisskopf, Il privilegio di essere un fisico, Jaca Book, Milano 1994, págs. 54-55.

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