Conocimiento y educación
autor: Andrew Davison
Lecturer of Christian Doctrine at the Faculty of Theology of Oxford University and Junior Chaplain at Merton College in Oxford
John Milbank
Professor in Religion, Politics and Ethics at the University of Nottingham
Adrián Pabst
Lecturer in Politics and Religion at the University of Kent in Canterbury
Stefano Alberto (presentador)
Docente de Introducción a la Teología en la universidad Católica Sagrado Corazón de Milán
fecha: 2009-08-23
fuente: Conoscenza e educazione
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La conoscenza è sempre un avvenimento", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "Conocer siempre es un acontecimiento")
traducción: María Eugenia Flores Luna

STEFANO ALBERTO:
Buenas tardes, bienvenidos a todos. Empezamos ahora un experimento: como han podido ver en el programa, éste es el primero de una serie de encuentros con el título Focus. Intentamos presentar en el Meeting momentos en los que grandes personalidades, grandes maestros hablan a un público más selecto, para ir más a lo específico, más al fondo de un cierto argumento. Muchos de Ustedes están aquí porque han sido invitados personalmente, es un tipo de seminario. Al final de las intervenciones de nuestros huéspedes, habrá la posibilidad de hacer alguna pregunta. El tema, como ven, es arduo: "Conocimiento y educación". Recordando el tema principal, "Conocer siempre es un acontecimiento", que será desarrollado sobre todo en la lección de Di Martino, mañana, y luego en aquella de Carrón, el martes, además de muchísimas otras intervenciones, queremos afrontar directamente el problema. Frente a un uso reducido de la razón, estamos ya acostumbrados también nosotros a vivir divididos entre saber y creer, entre fe y razón. El mundo del conocimiento ya es limitado al mundo de la ciencia, mientras todo lo que concierne al conocimiento por la fe, al conocimiento moral, es algo subjetivo. Frente a un uso reducido de la razón, frente a un uso reducido del conocimiento - el conocimiento reducido a instintividad e impresión mecánica de la circunstancia, o bien a la ideología, a un esquema, a una teoría que se proyecta sobre la realidad -, el gran desafío es descubrir de nuevo en cambio que el conocimiento es algo que acontece, es un encuentro entre la realidad fuera de nosotros y nuestra energía cognoscitiva, nuestro corazón, nuestras exigencias, entre las cuales aquella de la verdad, de conocer realmente las cosas como son y como se nos imponen. Pero todo esto es un largo camino. No se aprende mecánicamente a usar la razón según todas sus potencialidades. Un conocimiento de este tipo acontece como la aventura de un encuentro, acontece dentro de un encuentro. Casi nadie más habla hoy de educación, casi nadie más hoy está dispuesto a correr aquel riesgo, como lo llamaba Giussani, por el cual mi vida introduce la tuya a la totalidad de los significados. ¿Recuerdan la frase famosa de don Giussani? "Hágannos ir por ahí desnudos, quítennos todo, pero déjennos la libertad de educar". Es decir, dejen que una vida pueda introducir al significado de la vida. Pues, para iluminar, para ayudarnos a coger los nexos entre conocimiento y educación - conocimiento y educación son ambos un acontecimiento, no existe el uno sin la otra -, hemos pedido, en nombre de la amistad y del hecho de que ya no los sentimos huéspedes sino protagonistas del Meeting, ante todo al prof. Milbank, que es ya de casa, y a sus dos amigos, Andrew Davison y Adrián Pabst, que nos ayuden a entrar en este nexo: conocimiento y educación. Daría ante todo la palabra a Father Andrew Davison que, me decía antes, tiene dos trabajos, two jobs: es profesor y sacerdote anglicano en la universidad de Oxford. Antes ha desarrollado sus estudios en la facultad de Química, consiguiendo el doctorado en Bioquímica en el Merton College; ha estudiado teología en Cambridge, se ha especializado en Roma, donde también ha colaborado en la guía espiritual de los estudiantes anglicanos. Después de su ordenación en el 2003 y una experiencia en parroquia, ha iniciado una brillante carrera académica. Algunos de sus textos son ya objeto de discusión en toda Inglaterra, justo porque ha logrado destacar el corazón de la experiencia anglicana, que no puede ser ella misma sin recuperar los enlaces con la tradición, con la totalidad de la tradición cristiana. A él la palabra.

ANDREW DAVISON:
Mil gracias. Como apenas se ha dicho, el conocimiento es algo que acontece siempre en el ámbito de los encuentros. Quisiera concentrarme sobre la importancia de las personas, sobre la importancia de la educación y del aprendizaje. El título elegido por este Meeting es de veras excelente: el conocimiento sin duda es siempre un acontecimiento, el conocimiento es algo específico, histórico, conectado con un lugar y personas particulares, además de experiencias y objetos específicos. Esta tarde quisiera ilustrarles un tema particular, quisiera hablarles de la deuda que tenemos con respecto a nuestros educadores, benefactores a los cuales debemos inmensa gratitud. Quiero conectarme más a este tema general del conocimiento como acontecimiento y, en particular, concentrarme en la relación entre conocimiento y educación. Quiero decir que la educación siempre es un acontecimiento, sin duda. Cada uno de Ustedes podrá recordar a un profesor que ha hecho la diferencia. Mi hermana, por ejemplo, ha tenido problemas cuando ha pasado a la escuela secundaria, no le ha gustado nunca estudiar mucho y, en aquel momento del paso, se ha sentido perdida. Sin embargo hubo un profesor, su tutor en aquella clase, que la ha ayudado muchísimo, con gran gentileza y sensibilidad, en aquellos primeros años tan difíciles. Yo mismo he sido muy afortunado: les podría mencionar un gran número de profesores excelentes, personas de gran intelecto, generosas, gentiles, talentosas, entusiastas y apasionadas. He tenido profesores de este tipo, primero en las materias científicas, luego en teología y en filosofía. Estas historias subrayan el hecho de que la educación siempre implica a personas particulares. Es un aspecto, éste de la educación, seguramente muy importante para Ustedes, en el ámbito de Comunión y Liberación: don Giussani les ha dejado una gran herencia, en términos de educación. Sobre todo, él mismo ha sido un ejemplo viviente de cómo la educación deriva del encuentro entre las personas. A mi manera de ver, ésta ha sido la característica principal de su vida: de veras a él le importaba encontrar a las personas intensamente, y hacía de tal manera que aquel encuentro se convirtiera en una ocasión para la búsqueda de la verdad. Durante este año, en el que ha sido anunciada la beatificación de Henry Newman, he recordado su lema: "Cor ad cor loquitur”, un corazón que habla al corazón. Creo que éste fuese también el lema de don Giussani. Y Newman, naturalmente, es uno de los mayores dones que mi Iglesia haya hecho a la de Ustedes. El don de la educación es un don que recibimos de nuestros educadores, un don que debería llenarnos de gratitud. Y la gratitud es otro tema que yo asocio a don Giussani, ante todo porque sé que Ustedes nutren hacia él un profundo sentido de gratitud: a través de su vida, su trabajo, sus obras, él se ha convertido en su benefactor. En segundo lugar, porque he frecuentado una escuela de comunidad en Oxford, y en aquella ocasión he leído un texto escrito por don Giussani, en el que él decía que hoy las personas se comportan como alguien que, volviendo a casa, encuentra un espléndido ramo de flores sobre la cama, y se pregunta sobre qué tipo de flores son, e ignora en cambio la pregunta más obvia, que concierne a la procedencia de estas flores. Por lo tanto, se ignora una pregunta fundamental: don Giussani nos enseña justo el hecho de que al mundo le falta un sentido de maravilla y de gratitud hacia Dios. La gratitud y la gratitud hacia los educadores, son el tema principal de mi intervención. En efecto, cada vez que estoy invitado a tener una intervención, pienso enseguida en mis profesores, hacia los cuales tengo una gran deuda de gratitud, y pienso sobre todo en el que considero mi mejor profesor, Tomás de Aquino. Él explora a fondo el tema de la educación, y de la educación como acontecimiento: pensemos en sus obras, en su trabajo que siempre ha sido realizado para una situación particular, por ejemplo para ayudar a una persona o a una comunidad específica. Sus textos, la Summa, ayudan a los profesores a dar hasta cursos personalizados, o también a los pastores a prepararse para trabajos y encargos específicos. Su texto más famoso sobre la educación, no tiene un título general, con respecto a la enseñanza, sino se concentra en el componente humano. Se titula: Sobre el educador, (De veritate). Tomás de Aquino ha dicho cosas espléndidas sobre el concepto de deuda y gratitud en su discusión sobre la justicia, afirma que todos nosotros tenemos deudas de agradecimiento y gratitud hacia muchas personas. En particular, las divide en categorías. La primera categoría concierne la deuda que tenemos hacia Dios, la fuente de todo lo que es bondad. Sucesivamente viene nuestro padre, hoy diríamos nuestros padres, después de ellos vienen las personas que tienen importantes responsabilidades, personas de las que recibimos lo que podemos definir beneficios generales. Luego están los benefactores, de los cuales recibimos beneficios particulares, privados. Es muy interesante, justo para nuestro tema de hoy, que en muchas ocasiones Tomás de Aquino haya subrayado el hecho de que la educación es el ejemplo de un don que viene a beneficio del que lo recibe. La educación es un elemento positivo que genera una deuda: según él, este bien genera una así llamada cadena de imitación. Por lo tanto, nuestros padres imitan a Dios, y de Dios vienen todas las cosas buenas y todas las formas de enseñanza… Nuestros padres, que nos transmiten a nosotros como ser - precisamente, la educación - comparten de este modo la labor de Dios. Tomás de Aquino procede diciendo que hay otros que, a su vez, comparten el trabajo de nuestros padres. Por ejemplo, nuestros profesores, que participan en el trabajo de ellos. Espero puedan ver que hay un enlace muy estrecho, en el pensamiento de Tomás de Aquino, entre nuestros benefactores primarios por lo tanto Dios, nuestros padres y nuestros profesores. La educación es un don extremadamente precioso, un don específico: las cosas buenas que recibimos, por lo tanto, crean una deuda respecto a quien nos la ha donado. Tenemos deudas hacia Dios y hacia nuestros padres, hacia las personas importantes y hacia nuestros benefactores: los cristianos se enfrentan con muchas deudas, como también dice el Padre Nuestro, pero hay en cambio un tipo de deuda de la cual nos alegramos, la deuda de gratitud que san Pablo llama la deuda de amor. Hacia Dios y hacia los padres tenemos una deuda que es mucho más grande que nosotros y nos supera, que no seremos nunca capaces de recompensar, pero hay en todo caso otros de quien hemos recibido beneficios, y los educandos claramente entran en esta categoría. ¿Por qué este argumento es tan importante? Ante todo, es un óptimo argumento: santo Tomás de Aquino, el universal maestro de la iglesia, está de acuerdo con el lema del Meeting, “conocer siempre es un acontecimiento". En segundo lugar, quiero que recordemos los muchos dones maravillosos que hemos recibido de nuestros profesores. Acordarse del bien que otros nos han hecho es algo que nos alegra siempre, que nos anima, que debería actuar como un estímulo para que lleguemos a ser buenos educadores de nosotros mismos, y sobre todo buenos educadores hacia los otros, de cualquier modo sea posible, porque de esta manera podremos empezar a recompensar la deuda que tenemos hacia nuestros educadores. Podemos agradecer con palabras, pero también podemos agradecer con nuestras acciones, recompensar la deuda tratando de ser nosotros mismos buenos profesores, buenos educadores, o bien sustentando el trabajo de los profesores con nuestro tiempo, nuestros recursos. En fin, tengo otras dos razones para recordar a nuestros profesores como benefactores. La primera razón: acordarse de los profesores como benefactores refuerza el vínculo que nos une al interno de la Iglesia y de nuestras comunidades. En Inglaterra, la vida de las comunidades, desgraciadamente, está extremadamente deteriorada. Dondequiera vemos egoísmo y apatía, los vínculos que unen a las personas se están desmoronando: ¿por tanto, qué mejor remedio que acordarnos que la educación siempre es un acontecimiento, un acontecimiento que crea una deuda entre nosotros y nuestros educadores, una deuda que nos estimula a actuar de modo generoso hacia los otros? Esto nos permite consolidar de nuevo la unión que tenemos con los otros. Quiero volver al punto de partida, en particular al pasaje de don Giussani, a la anécdota de la persona que encuentra las flores sobre la cama. En este caso, vemos que nadie se pregunta de quién vengan estas flores, por lo tanto, a quién debe gratitud. La fe cristiana es objeto de un enorme ataque, al menos en los países del mundo angloparlante, pero no hay duda sobre el hecho que esto también vale para otras partes del mundo: parte de esta situación es debida a la profunda apatía que hay hacia Dios y a las cosas religiosas.
Renovar la gratitud, en mi opinión es fundamental justo para afrontar los desafíos que nos esperan. Hay muchísimo trabajo que queda por hacer en la evangelización y en la apologética, en mi país y en el de Ustedes, por mi iglesia y por la de Ustedes. Y si tuviera que subrayar un punto específico en el cual inspirarnos, quisiera citar justo el concepto de gratitud. Nuestra tarea es despertar la gratitud, gratitud por la vida, por la existencia, por el amor y por la felicidad, por la familia y por los amigos, por la educación y el conocimiento, y por muchísimas otras cosas. Don Giussani siempre ha querido suscitar la maravilla: quería que las personas vieran y percibieran el mundo en toda su gloria, pensaba que esto habría reconducido a las personas a Dios, y tenía razón. Para ver el mundo tal como es, se necesita justo despertar este sentido de maravilla que tiene que ser la gratitud. Muchas personas lo advierten en profundidad. Sale a la superficie en momentos particulares, durante una boda o en el momento de un nacimiento, o bien cuando viene a faltar alguien y se recuerda la vida de la persona que se acaba de perder. En estos momentos, tal como en otros, nosotros podemos animar la gratitud de las personas que nos circundan, podemos animarlas a considerar la cuestión fundamental: ¿a quiénes estamos agradecidos por las cosas buenas que tenemos en nuestra vida, respecto a quién nutrimos gratitud por la vida, la belleza, el amor? Nosotros estamos agradecidos a quien nos dona todo esto, Dios mismo. El mundo, como lo conocemos siempre ha estado basado en la esperanza, también en la deuda, quizás. Pero nos hemos olvidado de la deuda más grande. Éste es el recorrido que tenemos que emprender, y sobre todo hacer emprender a los que aún no han conocido y honrado a Dios. Y me parece aquí, hoy, que el conocimiento y la educación sean un óptimo punto del cual empezar. Quizás las personas podrían iniciar a ver la educación como un acontecimiento, y de aquí partir para pasar luego a la gratitud, y de la gratitud pasar a Dios. Gracias.

STEFANO ALBERTO:
Gracias a Andrew Davison por esta profundización que interpela la experiencia de cada uno de nosotros. De cualquier manera sea nuestra vida, nadie de nosotros, pienso, puede negar esta gratitud hacia alguien que no nos ha dicho qué debíamos hacer, no nos ha llenado de leyes y de reglas, sino ha sabido, con su humanidad, con el testimonio del compromiso, con el drama de su vida, estimular nuestra humanidad, realmente "un corazón que habla a otro corazón". Quiero retomar las señas de gran realismo en una realidad social en disolución. Esta dinámica, a partir del encuentro, de la comunión y del intercambio de dos vidas, puede parecer absolutamente algo romántico o imposible. Pero si somos realistas, es la única vía. Las alternativas son el adoctrinamiento, una vez más la ideología o la renuncia a priori a comunicar algo realmente significativo para la vida. Quisiera que ahora el doctor Pabst profundizara estas temáticas. Para quien no lo conoce, después de la licenciatura en economía en Cambridge y la especialización en estudios europeos, ha estudiado y trabajado en París, primero en el instituto de estudios políticos, consiguiendo una licenciatura en Ciencias políticas, luego un diploma en Teología y Filosofía en el Instituto Católico. Después de haber profundizado los estudios de política y cultura francesa, en 2002 ha regresado a la Peterhouse, en 2003 se ha licenciado en Teología y ha completado los estudios con el Ph. D. en Filosofía de las religiones. Ahora es Lecturer, primer paso como profesor de academia e investigador de la universidad de Kent. Además de una carrera académica que se está revelando muy prometedora, es autor y editorialista de muchos periódicos y revistas. Adelante.

ADRIAN PABST:
Mil gracias por las gentiles palabras de introducción. Tengo el gusto de participar en este bellísimo evento, el Meeting de Rímini, y quisiera concentrarme en particular sobre cómo se pueda hacer el bien, cómo el conocimiento y la educación de la voluntad sean fundamentales para la economía y la política más de cuanto no lo sean otros principios, por ejemplo el mercado. En su encíclica más reciente - Caritas in Veritate -, Benedicto XVI utiliza una metafísica pre-secular para desarrollar una economía post-secular. Se dice que en este documento se basa en una idea católica, que se basa en una idea social, que se basa en la caridad. ¿Cómo sabemos que es posible? Como dice Descartes, no se puede, basándose en las ideas innatas de la mente; y tampoco, como dice David Hume, es posible tener un conocimiento de la bondad sobrenatural en Dios porque ella se hace conocer por una autodifusión creativa. El Papa dice en la encíclica que el amor revelado es donado por Cristo y derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Ya que el conocimiento de la verdad solicita este don del amor divino, no puede ser dado por el hombre. La venida de Cristo, en efecto, nos revela al Dios presente en las escrituras, aquel del ágape y del logos, por lo tanto el conocimiento de la bondad superior siempre es un evento, el evento de la encarnación, de la muerte y de la resurrección de Jesucristo. Por mentes cultivadas como las nuestras, esta relación no puede ser captada enseguida de manera perfecta o absoluta: más bien, en los seres que han sido creados hay grados de conocimiento y discernimiento, tal como en la creación hay grados de ser y de bondad. La creación siempre participa en la que puede ser llamada economía divina. Cada criatura participa en la apertura, al hecho de que el hijo hace conocer al padre: aquello que se puede captar en el eterno don de la palabra es la creación misma. Nicolás de Cusa, teólogo místico del siglo XV, decía que la palabra logos envuelve la creación, la creación se infunde luego en la palabra encarnada, y por lo tanto la realidad puede ser comprendida como un evento que permite obtener la revelación. Aquí se trata de razonar sobre la revelación: como diré hoy, el conocimiento y la educación a la bondad son fundamentales, hasta más fundamentales que la política y la economía. Frente a un mundo dominado por el mercado y por la competencia, la contribución única de la Iglesia es sustentar la verdad del amor promoviendo una educación que transmita estándares, normas de verdad, y fomente prácticas virtuosas como prudencia y justicia. Por la República de Platón, sabemos que la bondad no es un ideal abstracto y separado del mundo, más bien, es autora de todo. Ésta es una paradoja que es desarrollada por el neoplatonismo cristiano como el de Agustín, Boecio o Tomás de Aquino que han encaminado esta visión, afirmando que la bondad divina coloca todas las cosas en relación con las otras, y por lo tanto cada cosa es correlacionada a otra. Esta unión hipostática de las divinidades en Jesús revela y perfecciona el orden divino de la creación, y es por esto que nos permite captar la verdad y la justicia en la bondad común en la cual podemos participar. En la larga tradición católica del personalismo, Benedicto dice que el desarrollo auténtico para cada persona y para toda la humanidad comporta un traslado de la relación de la Trinidad en el mundo personal, social, económico, político. Si educación significa razonar sobre la relación, entonces ella también tiene que ocuparse de la transmisión y del estudio de la verdad, ya que Dios es uno y trino, y esto también se refleja sobre nuestro mundo, sobre el individuo y sobre sus relaciones. Luego está la relación de don recíproco en el amor. Aquí se trata de un cambio entre individuos dentro de la comunidad, en la comunión con Dios que le permite al hombre desarrollar relaciones sanas y felices. Una cuestión que va más allá de las ideas de la izquierda o la derecha, sobre todo las más radicales. Benedicto también dice que una antropología que sea realmente cristiana, y una política que sea realmente cristiana, van más allá del extremismo secular y del fundamentalismo religioso, porque ganan la defensa de la santidad absoluta de la vida a la búsqueda de la paz y la justicia. Pasamos ahora a la cuestión de la economía política. ¿Cómo este concepto puede traducirse en un sistema social, político y económico, diferente? El Papa es favorable a una economía que vaya más allá de la tradicional dicotomía derecha/izquierda. En efecto, esta encíclica insiste en que el conocimiento y la educación son elementos más fundamentales de cuanto no lo sean el estatalismo o el libre mercado. Es decir, puede haber una verdadera democracia o una verdadera economía de mercado, si hay una cultura que ya está embebida de conocimiento y de educación a la bondad. Se cree que la izquierda proteja el estado y la derecha defienda el mercado, pero son ideas equivocadas. La izquierda ve al mercado como una posibilidad mayor para distribuir renta a las personas, la derecha tiene una actitud opuesta. Existe esta ambivalencia entre derecha e izquierda. El estado, que es defendido siempre por la izquierda, sustenta un mercado controlado por el estado, por lo tanto el estado y el mercado reducen - para la izquierda - la naturaleza y el trabajo, pero la naturaleza tiene bienes de cambio cuyo precio es establecido por la ley de la demanda y la oferta. La encíclica va contra la subordinación de todo a las leyes de la economía, defiende la santidad de la vida y es por esto que el Papa rechaza sea el estatalismo de la izquierda que el feticismo del mercado de la derecha, porque este modelo binario acaba por corroer la sociedad, mientras una economía que está basada en la solidaridad construye la sociedad. Benedicto no habla de una sociedad civil como la de hoy, cuyas instituciones están sujetas al orden simbólico del estado y el mercado, más bien pide un nuevo tipo de asentamiento en el que el mercado y el estado se conviertan en una entidad que en cambio conteste a las exigencias auténticas de las personas. Con este objetivo el mercado y el estado tienen que ser recolocados dentro de una más amplia red de relaciones sociales gobernada por las virtudes y los principios universales de justicia, solidaridad, hermandad y responsabilidad. Una vez más, podemos ver cuál es el verdadero valor de la educación y del conocimiento. Sin estos principios, ni la democracia ni la economía de mercado pueden funcionar bien, servir a las exigencias de las personas: de otro modo, llevan a una centralización de los recursos y de las riquezas, justo lo que está sucediendo. La Iglesia nos enseña que la bondad va más allá de la libre competencia o del estatalismo, y las enseñanzas de la Iglesia pueden ser aplicadas a la economía. El Papa fomenta la creación de empresas que sean basadas en la mutualidad, como cooperativas o empresas de propiedad de los dependientes mismos: esto permite enriquecer a la comunidad y no sencillamente a los altos funcionarios o a los accionistas. Hay otros ejemplos, en Italia, en particular, pero también en España como la cooperativa Montrecoppie que da trabajo a más de 100.000 personas y tiene una facturación de más de 30 mil millones de dólares. No se trata pues de ejemplos insignificantes: Benedicto también ha dicho que asociaciones profesionales pueden establecer precios justos y sueldos adecuados. En realidad, el Papa va más allá de una simple redistribución de las rentas de parte del estado, si se trata de redistribuir la renta, considerando a los dependientes accionistas. El capital es producido por trabajadores y organizaciones que hacen parte de la comunidad, no se trata de créditos prodigados por bancos que quieren ganar beneficios para sus accionistas. Todas juntas estas ideas que son desarrolladas en la encíclica, van más allá de una reforma gradual y constituyen una profunda transformación de la lógica secular que está a la base del estado y el mercado, además de contratos privados y comisiones públicas, el Papa trata de introducir la lógica de dádivas y intercambio de dones en el proceso económico.
Argumentación clave es que el intercambio de bienes y servicios no puede funcionar bien si no existe el don gratuito de la confianza recíproca, corroída por el apretón crediticio mundial. Es por esto que en el paso 57 dice lo siguiente: "el principio de gratuidad y la lógica del don como expresión de la hermandad pueden y tienen que encontrar sitio dentro de la normal actividad económica". Por lo tanto la gratuidad es algo que no tiene que ocurrir solamente donde nos sea cómodo, sino en toda la economía - dice el Papa -; no se trata de una visión reaccionaria y nostálgica, más bien Benedicto amplía la visón que era ya propuesta hace 40 años por el Papa Pablo VI: un desarrollo socioeconómico puede ser solamente sano si basado en el don de la confianza, esto no vale sólo en las relaciones con amigos, miembros de la familia, pequeños grupos, sino también en la entera sociedad. Se trata por lo tanto de la experiencia concreta del evento del amor que nos abre la vía al amor y a la vida, que son un don divino. El evento del amor nos permite entender que la vida misma es un don divino. Aquí Benedicto hace referencia a su primera encíclica Deus Caritas est, en la que escribe que todo encuentra su propio origen en el amor divino, todo es forjado por ello y todo acontece a través de ello. El amor es el más grande don divino a la humanidad, es su promesa y nuestra esperanza.
Pasamos a las conclusiones. Colocando la verdad y la dignidad a la base de la economía moral y ecológica, el Papa afirma que el cristianismo evita el dualismo moderno que domina la cultura política y económica contemporánea. Se trata de una unión hipostática de lo humano y de lo divino, que ocurre en Jesucristo y que nos revela la que es la intención y la promesa divina de restablecer el orden creado para una relación cada vez más estrecha con Dios. El conocimiento de la providencia divina no es limitado a la fe cristiana, por la revelación de las Escrituras, ni a una dependencia de la racionalidad natural. A diferencia de la moderna separación entre razón y fe, el cristianismo católico ortodoxo siempre ha visto la razón como un don divino que es elevado por la revelación. Benedicto ha sugerido que la fe ayuda a la razón a ver los efectos de Dios en todas las cosas: de la misma manera, el razonamiento ayuda a la fe a buscar la propia acción, correlacionando el deseo natural de la bondad sobrenatural divina a la entera creación, la cual refleja al Creador de una manera que la razón, que es limitada, no puede captar nunca completamente. Luego no se trata de ir a investigar a través del conocimiento científico, sino se trata de ir más a fondo. El conocimiento y la educación en efecto son vinculados no solamente a la vida familiar, escolar, a los estudios, son conceptos prácticos que hacen parte de la política y de la economía. Nuestro sistema político económico tiene que promover el conocimiento de la bondad a través de la revelación que ocurre en Jesucristo: es éste el mensaje que el Papa Benedicto XVI nos ha lanzado en esta encíclica. Entonces cuando existe un conocimiento de más alto nivel se trata del conocimiento de Dios, pero también existe un conocimiento inferior, es decir el conocimiento que nos permite intercambiarnos recíprocamente dones los unos a los otros. Gracias.

STEFANO ALBERTO:
Ante todo se han dado cuenta de cómo sea tomada en serio la última encíclica del Papa. Me contaban que el día después de que ha sido publicada, en Nottingham todos ya la habían leído, y el doctor Milbank ha escrito un ensayo bellísimo que pronto estará disponible también en italiano. Esta atención no es casual, porque la puesta en juego – nos dimos cuenta de ello en esta breve, pero eficaz intervención del doctor Pabst - realmente concierne a los elementos esenciales de una sociedad. Sigan haciéndonos creer que bastan los análisis de derecha o izquierda, pero de la crisis - que no es casi crisis económica sino crisis de confianza y de lo humano - no se sale con eslóganes, a menudo multiplicando leyes y normas en contradicción entre ellas, sino teniendo el coraje de mirar a la cara, de nuevo, a aquella apasionante, enigmática célula de cada sociedad que es el hombre. ¿Y quién es hoy capaz de reflejar en la escuela, en las universidades, también reservando recursos en los balances del estado, quién es capaz de reservar una atención totalmente gratuita a la razón y a la libertad del hombre? En este sentido, la pasión educativa, la atención - uso una expresión fea, para entendernos en italiano - al capital humano, es la encrucijada por la que pasa el destino de cada sociedad. Si hoy hay alguien, en Europa pero también más allá del Atlántico, que insiste particularmente sobre la urgencia de superar el dualismo que nos caracteriza, es justo el profersor Milbank a quien pedimos la intervención conclusiva. Ya es uno de los colaboradores más importantes del Meeting, saben todos que es profesor de religión, política, ética en la Universidad de Nottingham, que ha enseñado en la universidad de Lancaster y Cambridge y Virginia y que es el principal exponente del movimiento de pensamiento y acción conocido como Radical Catholics, justo sobre el fundamento de la evidencia de que no hay una realidad sagrada y una profana. Hace falta, ésta es la tesis, superar la herida de la sociedad moderna, esta grieta en que el hombre cae, la separación entre la razón y la fe, este irreducible dualismo. Pero esto no es sólo la superación de la separación teórica, ocurre en la vida: va por lo tanto redescubierto un movimiento que invada todos los intereses, los afectos y los aspectos de la vida, no sólo a nivel teórico, sino más profundamente, a nivel cultural en sentido amplio, educativo en sentido propio.

JOHN MILBANK:
Se ha tratado de modo extenso de la enseñanza social católica, que es representada siempre como una tercera vía entre derecha e izquierda, una tercera vía más radical con respecto a los derechos, a la derecha secular y a la izquierda secular. Esta tarde trataré de sugerir el hecho de que podría ser una tercera vía de pensamiento católico que trate de superar las visiones pedagogas y educativas: en otras palabras, una tercera vía que se coloca entre el individualismo secular de un lado y el romanticismo del otro. Una tercera vía que pudiéramos definir de romanticismo cristiano: creo que don Giussani ha dado una contribución fundamental a esto, ya que él mismo, primero, ha subrayado la importancia del papel fundamental de la educación en echar las bases de la sociedad. Y lo ha hecho con sus obras: ya en los años 60 hemos tenido ejemplos que han puesto en evidencia cómo la escuela secular hubiera encaminado un proceso totalizador de formación. Y los cristianos no han dado por descontado que fuera un proceso neutral. Creo que don Giussani ha adoptado un enfoque diferente y haya llegado a conclusiones diferentes, pero un punto me ha conmovido mucho. Observo lo que ocurre hoy: por un lado hay países que tienen una actitud muy secular, por el otro, escuelas cristianas, religiosas, también islámicas, que lo están haciendo muy bien. Y muchas personas, que tienen una posición secular, quisieran enviar a sus hijos a estas escuelas religiosas. Un tipo de paradoja, donde la confianza en el enfoque secular está disminuyendo, donde hay un desmoronamiento de las creencias que llevan a las personas a ser orientadas hacia la secularización. Esto echa una luz sobre las perspectivas para la nueva sociedad del mañana. Volvemos al concepto de tercera vía, en relación a tres problemas específicos que conciernen a la teoría de la educación. El primer problema concierne a la educación de masa: ¿es una cosa buena o no? A menudo se responde que sí, es una cosa buena. Pero es obvio que quizás uno de los defectos de Jean Jacques Rousseau haya sido afirmar que la educación de masa no es una cosa buena. Este pensamiento después ha generado una división entre Ilustración y romanticismo, dentro de la cultura secular. Se trata de un argumento mucho más crucial de lo que se crea. ¿Por qué ha afirmado J. J. Rousseau que la educación de masa no era una buena idea? Quizás porque pensaba que allí hubiera una propensión natural de los seres humanos hacia la reflexión creativa, y que la educación fuera un modo para estimular el desarrollo de esta creatividad, que permitiera por lo tanto al individuo desarrollarse a fondo. Es obvio que cada sistema educativo se basa luego en una estructura, y esto hace de tal manera que las personas entren en un sistema de competición y competencia que puede generar rivalidad también negativas, un tipo de mimesis negativa. Sabemos que más somos cultos, más intentamos acumular dinero, alcanzar objetivos cada vez más ambiciosos, más elevado es el nivel de decadencia que se alcanza. Además Rousseau sostenía que la educación de masa llevaba a extenderse ideas mediocres, buenas pero no así buenas, por lo cual, si volvemos al pasado, vemos que en el Medievo se han desarrollado pensamientos mucho más sutiles y agudos con respecto a nuestros tiempos modernos: en el Medievo habían menos pensadores, menos personas cultas, que pero habían desarrollado ideas muy interesantes. Desgraciadamente, hoy, el resultado es inversamente proporcional, en el sentido que hay muchas personas que estudian, que piensan, pero se generan pensamientos que en término medio son poco agudos, poco interesantes: una consecuencia, precisamente, de este enfoque de masa. Rousseau aún afirmaba que hacía falta repensar el pensamiento de Platón y revisar los procesos de gobierno de la sociedad. Yo, por algunos motivos, estoy de la parte de Rousseau, creo sea necesario revisar este platonismo pero, volviendo a los tiempos oscuros modernos, hay un enlace entre la agudeza de pocos y la escasa agudeza de muchos. Vemos que Platón y los otros pensadores han logrado poner juntos mensajes y conceptos muy agudos, en el sentido que habían combinado un conjunto de conocimientos y tradiciones que se remontaban también a tiempos precedentes. Por tanto, había de veras una agudeza única, mientras que hoy existe el dominio de la burguesía. Sabemos que es verdadero para Inglaterra, sabemos que hay una cierta teorización del pensamiento ateo, casi un tipo de admiración. En el fondo, se piensa también que hay una actitud de prejuicio hacia algunos conceptos: por ejemplo, se piensas al tema de la muerte. En Inglaterra, muchos piensan que cada uno tiene el derecho a elegir cómo morir, pero en realidad nadie lo elige, ya que todos nosotros tenemos que morir, se trata de algo inevitable y nadie verdaderamente puede elegir cómo morir. Se trata de pensamientos muy difíciles por comunicar en los medios de comunicación populares. Conceptos importantes, pero difícilmente comunicables: he aquí porque hace falta ser muy cautos cuando se habla de democratización de la educación. Yo no estoy negándola, pero quiero levantar reflexiones y dudas, quiero subrayar un problema que existe y que no ha sido afrontado. También el segundo punto que concierne a la educación ha sido afrontado por Rousseau: concierne al problema de la naturaleza con respecto a la información. Hoy tenemos un contraste entre la educación concentrada en el niño y la comunicación de la información, un razonamiento lógico, por lo tanto una aproximación, muy centrada en los hechos. Volvemos al pasado, a la actitud romántica, regresamos a la Ilustración, que tenía una aproximación diferente de aquella de hoy. Hoy tenemos formas de educación tecnocrática, dirigidas solamente a perseguir objetivos de estado. Me conmueve que, con la educación de masa, la clase popular inglesa tenga niveles de aprendizaje que son los peores nunca antes alcanzados. Hubo un deterioro en el aprendizaje medio: no se leen ya textos fundamentales como Shakespeare u otros grandes autores, mientras en el pasado también la clase media, la clase popular, leía textos de Milton y Shakespeare. En Inglaterra, todos dicen que el nivel medio de aprendizaje está mejorando. No es verdad, la ignorancia se extiende: y esto es un hecho. Tenemos que preguntarnos si el modelo debería ser cambiado y de qué manera: ¿deberíamos tratar de favorecer este modelo centrado en el niño, o no? ¿Cuál es el mejor modelo? ¿La educación consistiría en la enseñanza de hechos, por lo tanto de informaciones técnicas, o no? Y hay otro problema que concierne al hecho de que la educación no es algo que emerge naturalmente en el niño. Nosotros somos animales lingüísticos, y no se tiene en cuenta la propensión endémica que, más o menos, algunos sujetos pueden tener hacia el aprendizaje. Rousseau mismo ha subrayado el problema de las propensiones personales que pueden convertirse en un problema en la sociedad. Tenemos al poeta británico William Blake, que ha hablado precisamente del gigante de Albione, el gigante que tenía por así decir grandes amigos, un tema que también fue retomado por Rousseau. El tercer problema de la educación concierne al objetivo de la instrucción. Rousseau trata de sustituir los ideales a las ideas: se preocupaba sobre todo de la brutalidad de la naturaleza, por ejemplo en el sexo, en la esfera sexual, que era según él dominada por la brutalidad. Y quería que el sexo fuera guiado no por la religión sino por el eros y el sentimiento. La noción de la idea presente en la mente divina, la idea divina es vista como abstracta, separada de la realidad: la idea, el sentido de la idea eterna es sustituido por tanto con los ideales. El ideal se vuelve de por sí vago, es puesto a la prueba de los hechos: esto ha llevado al terror de la revolución francesa y a otras formas de terror que se han verificado sucesivamente, porque no sabemos cuál pueda ser la materialización de los ideales. Por tanto, el hecho de que las ideas hayan sido sustituidas por ideales no puede superar la prueba del cientismo, en cuanto los ideales son simplemente proyecciones e ilusiones. Hay tres problemas en la instrucción: la educación de masa parece no funcionar bien, hace falta encontrar la mediación entre naturaleza y formación, en fin existe la inadecuación de una educación o instrucción que sean simplemente seculares. Se requiere por lo tanto una instrucción que pueda solucionar estos tres problemas. Entonces, ante todo hay una tercera vía que tiene en cuenta la idea platónica del acuerdo, o bien de la inocencia. Hace falta recordarle al niño que tiene un origen divino y por lo tanto una relación de participación con Dios. Hay poetas ingleses que hablan de la pérdida de la inocencia, en cuyos versos entran en juego la pérdida de la inocencia y la mediación de la tradición de Platón. Platón en efecto tiene en cuenta estos aspectos culturales y el rol jugado por las diversas personas, hace falta encontrar un equilibrio en la instrucción entre la transmisión de la tradición, por un lado y el aprendizaje por los que nos enseñan. Una verdadera educación funciona de este modo, cada vez que se enseña a una nueva clase sucede algo nuevo, como todos los educadores saben, se trata de un acontecimiento en sentido real y proprio y es por esto que la instrucción tiene que ser personalizada, tiene que tener en cuenta el carácter del alumno. El educador está seguro de sí, ya conoce la propia profesión, por lo tanto puede guiar a las personas que están aún en la inseguridad y en la incertidumbre, si logra sustituirse al alumno en llevar la carga que éste tiene que llevar. Entramos en una visión jerárquica, pero sabemos que el profesor tiene que aprender también del alumno, porque no se trata simplemente de un simple traslado de informaciones, se trata de una introducción a la tradición en la cual docente y discente contribuyen de manera única. Creo que esto sea fundamental para la solución de los problemas relativos a la educación de masa, es decir se requieren elementos de elite y se requieren también elementos de popularidad, que tengan en cuenta la unicidad de cada persona y de las tradiciones locales, mientras que el elemento elitista corresponde a la tradición de la sutileza sofisticada, que tiende a desaparecer a causa de la instrucción de masa. Si la instrucción, la cultura es transmitida por los medios de comunicación, entonces esto no está bien, hace falta encontrar un compromiso, compromiso precisamente entre elemento de popularidad y elemento elitista, esto nos permite alcanzar una visión de la participación metafísica, de otro modo se corre el riesgo de basarse simplemente en la información naturalista o extremadamente técnica. La instrucción tiene que permitir a las personas captar realmente la que debería ser la instrucción del hombre, tiene que ser una metafísica de participación. Lo que añade el cristianismo a todo eso, es que en un mundo como el nuestro podemos crear de nuevo esta participación a través de la enseñanza de Cristo. El entero misterio de la participación del por qué existe Dios y también algo distinto, es decir la creación, puede ser resuelto místicamente por la revelación de la existencia del hombre divino. La enseñanza humana por lo tanto se convierte no solamente en la transmisión de informaciones sino también en la transmisión de la enseñanza divina. Gracias.

STEFANO ALBERTO:
En estos últimos veinte minutos del profesor Milbank, han sobresalido muchas provocaciones. Nos conceden justo un cuarto de hora, no, un minuto, no, diez minutos. Hay tiempo al máximo para dos preguntas: si hay, debería existir un micrófono, y si no hay, también podemos sin él. ¡Por favor! Máximo dos, todas las otras afuera. Por favor, digan a quién hacen la pregunta.

PREGUNTA:
Soy Michelle y soy americana, soy una investigadora de la universidad del South California. Pues, veo una separación, por ejemplo en el campo educativo, entre razón y afecto. Una división muy profunda, por la cual la razón es estudiada como cosa completamente separada del afecto. Parece que en su propuesta se habla de una ausencia de conciencia, de una incapacidad nuestra a reconocer el bien. Pero si no existe esto, no se puede ir adelante: ¿cómo debemos afrontar este problema? Gracias.

JOHN MILBANK:
Creo que el punto que ella ha subrayado sea muy importante, sea complementario a lo que he dicho y lo profundice, en el sentido que se tiende hoy a decir: ésta es mi elección, esto es lo que siento. La alternativa, en la perspectiva secular, es hacer una apelación a una razón emotiva neutral. Si el afecto tiene que desarrollar un trabajo intelectual, Platón dice que el amor de por sí puede ser descubierto, entendido desde el punto de vista cognitivo. Esto es crucial. Pero no he recordado una cosa, aquello que ha sido profundizado por Giussani, es decir que la instrucción moderna es negativa desde el punto de vista psicológico, porque no hace otra cosa que vomitar hechos no correlacionados entre ellos y puntos de vista que no son completos, mientras los niños necesitan una visión unificada del mundo, que pueden luego aceptar o rechazar. Quería referirme a una de las cosas que ha subrayado ella en su intervención tan interesante sobre el tema de la relación. En las ciencias humanas pero también en aquellas naturales se piensa que la estructura del átomo explique el mundo, pero esto sabemos que ha sido superado, sabemos que hay otras entidades que están conectadas entre sí y por lo tanto el atomismo ya no es capaz de explicar el mundo. Entonces si el atomismo no es verdadero, ¿qué hay en la base? Éste es un punto que tiene que ser debatido, porque no hay sólo un tipo de relación, tenemos que debatir el sentido de la relación en la metafísica o en la economía antropológica, si no solucionamos este problema quedamos fijos y atados a viejos paradigmas, que encontramos todavía en la instrucción y en la educación. En la búsqueda no hay una respuesta unívoca, se trata entonces de entender dónde está la bondad, discernir la bondad. Es la bondad misma un punto que debe ser definido, pero no puede ser en todo caso reducida a la subjetividad, porque más allá de la subjetividad está el absolutismo y el relativismo que también en nombre de la Ilustración hay que rechazarlos. Luego hay una contradicción interior, por lo tanto hace falta debatir ante todo sobre la objetividad, antes de hablar de instrucción e investigación.

ANDREW DAVISON:
Aquí hablamos de la relación entre voluntad e intelecto, se trata de la mayor verdad metafísica que nos viene provista por el cristianismo y es rechazada por los intelectuales de hoy: que haya una posibilidad de relación entre voluntad e intelecto, mientras nosotros queremos mantenerlos distinguidos. Se trata de una relación que ha desaparecido a partir del voluntarismo franciscano: si existe la verdad de la bondad, es ésta que la hace deseable y no tiene nada que ver con el intelecto. La voluntad busca la verdadera bondad, pero no se trata de una voluntad que se quiere satisfacer, el intelecto está implicado él mismo. En el funcionamiento del conocimiento es esto el motor del intelecto. Esto existe ya en Santo Tomás de Aquino, y por lo tanto los dos van al mismo paso, cosa que ya ha desaparecido…

STEFANO ALBERTO:
Teniendo presente que los diez minutos están pasando y ahora me miran muy mal, la pregunta a quién y la respuesta tiene que ser telégrafica.

DOMANDA:
Al profesor Milbank. También yo soy un investigador universitario en ciencias de la formación en la universidad de Turín. Soy muy esquemático justo para respetar la invitación de don Pino. El conocimiento siempre es un acontecimiento, la educación siempre es un acontecimiento, como también ahora Michelle añadía. Y subrayaba como en la pedagogía contemporánea existe mucho la idea que la educación es un procedimiento y el conocimiento una metodología… Quería preguntarle dónde se empieza a ver que el conocimiento siempre es un acontecimiento, que la educación siempre es un acontecimiento, es decir algo más que una simple metodología.

JOHN MILBANK:
Espero que lo que he dicho haya sido bastante claro. En una perspectiva secular, existe la idea de un sistema de conocimiento fijo, espacial, por lo tanto hay una permanencia inmanente que sustituye la transcendencia. O bien existe la idea de lo que es absolutamente nuevo, pero en este caso el evento es visto como algo casual y contingente. Todas las tentativas hechas para tratar de defender el nexo de los eventos desde el punto de vista secular, ¡beh! deriva del sentido que todo es importante para nosotros, que la política, el amor, la creatividad están unidos al evento. Pero se puede captar la significatividad del evento si conocemos la participación y la revelación. Lo mismo ocurre en el arte. El arte tiene que ser original, pero si no revela una verdad transcendente, entonces sólo revela sí misma, acabando por banalizarse Es imposible lograr llevar un sentido de los eventos si vamos más allá de un horizonte teológico, en cuanto no hay ninguna profundidad ontológica.

STEFANO ALBERTO:
Diría que como format este focus se ha logrado, aunque quizás, para los años próximos, tendremos que pensar en la posibilidad de profundizar las cuestiones emergidas. Digo una posibilidad espacio-temporal un poco más amplia. Agradeciendo a nuestros relatores, también agradeciendo a todos los amigos que nos han seguido en la sala de al lado, en diferido, con cierto sacrificio, querría retomar la provocación final del doctor Milbank. Han logrado hacernos creer que los ideales por los que un hombre puede dar la vida son abstractos, son vagos, más vagos que el instinto o que lo que se puede medir con los instrumentos de la ciencia y utilizar de nuevo con las invenciones de la técnica. Pero así todo es rápidamente secado, todo se empobrece. El trabajo que hemos hecho hoy, con diversas sugestiones y desde muchos puntos de vista, ha iluminado en cambio aquella realidad que existe, no porque ella ha decidido existir, porque nadie, tampoco Jean Jacques Rousseau, puede decir: yo me he hecho por mi mismo. También él ha tenido una mamá y un papá, no ha decidido él venir al mundo. Ésta que el doctor Milbank ha llamado sugestivamente "participación metafísica", es el redescubrimiento de aquella que John Henry Newman decía “la primera evidencia del hombre": yo no me hago por mi mismo. Que haya una educación que nos ayude a recuperar este realismo, esta gratitud, y por lo tanto esta pasión en la aventura de la vida en todos sus aspectos, pienso sea, después de hoy, aún más consciente y aún más necesario para cada uno de nosotros. Agradezco aún a Father Davison, al profesor Pabst y al profesor Milbank. Gracias a todos Ustedes.

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