Cristianos y la esclavitud en la edad moderna
autor: Fidel Gonzalez
fuente: Cristiani e schiavismo in età moderna

En 1988 la Pontificia Comisión "Iustitia et pax" del Vaticano publicó un documento titulado "La Iglesia frente al racismo por una opción más fraterna". El documento afirmaba como el Cristianismo ha destruido la esclavitud desde el interior, es decir, a partir de la experiencia de la pertenencia a Cristo. Sin embargo con el alejarse de la conciencia de pertenecer a Cristo, de la memoria de su llegada al mundo, la esclavitud tuvo un notable incremento, en efecto los intereses de los Estados nacionales fueron puestos por encima de los derechos de las personas y de las sociedades.
Se relanzó entonces con fuerza un sistema económico basado en la esclavitud de raíz pagana (…) con el nacimiento de un capitalismo de matriz protestante y, en concreto, calvinista. Este momento coincide y se desarrolla a partir de los grandes descubrimientos geográficos. Se habla frecuentemente del tráfico de esclavos desde el Atlántico iniciado por los portugueses, olvidando algunos detalles y hechos históricos.

El tráfico desde el Atlántico es relanzado por estos cristianos "desmemoriados" que se llamaban católicos, pero cuando éste se convierte en un tráfico económico provechoso vendrá administrado hasta el final por los protestantes calvinistas y por su capitalismo.

Datos sobre el tráfico en el Atlántico

A partir del 1600 y en su nivel máximo en el 1700 ilustrado, escribe la precedente mencionada Comisión pontificia, “ha sido elaborada una real ideología racista, que se oponía a la enseñanza de la Iglesia". Una relación presentada al gobierno inglés en el 1787, aporta algunos datos interesantes acerca de la estrecha unión existente entre la afirmación del Iluminismo político y el tráfico de los esclavos; en aquel año 100.000 negros fueron trasportados en América por compañías inglesas, franceses, portugueses, holandeses y daneses; de esta lista falta España, cuyas leyes prohibían tal comercio. Se pensaba en aquel período que el tráfico de los esclavos, vivos o muertos, había transportado a América unos 40 millones de personas desde el 1511 hasta el 1787, pero los históricos están discutiendo todavía estas cifras. El continente africano subsahariano suscitó los intereses de Europa sólo a partir del siglo XIV; las motivaciones económicas han sido predominantes en el contacto entre Europa y África.
Al principio Portugal se fijó en este continente como punto de apoyo en sus rutas hacia las Indias orientales. Pero más tarde, con la ocupación de Brasil, las tierras africanas se convertirán en un mercado humano de mano de obra para llevar a América. En el 1600 las potencias mercantiles protestantes conquistaron los mercados e hicieron de todo para alcanzar el monopolio absoluto de lo que fructificaba principalmente: el tráfico de los esclavos. El comercio de los esclavos, que alcanzó su ápice en los siglos XVII y XVIII, tuvo como lugares de destino las trece Colonias americanas que serán independientes en el 1774 formando los EE.UU. y las colonias del "algodón, del azúcar y del café": los países de las Antillas y el mar del Caribe bajo predominante dominio inglés, holandés, francés y en parte español, el gran Brasil, con a lado los tres grandes enclaves de las Guayanas inglesas.

El calvinismo inglés y la esclavitud

No se puede leer la historia del esclavismo norteamericano prescindiendo del contexto religioso calvinista y fundamentalista que se vino a crear en estos países en consecuencia de la voluntaria inmigración de calvinistas separatistas (dissenters) precedentemente y luego de puritanos, perseguidos por la Iglesia anglicana en la primera mitad del '1600. En el Nuevo Continente las diferencias religiosas entre los diferentes grupos fueron cada vez menores, y las sectas se reunieron en un primer momento, en los "congregacionistas". Luego los principios protestantes del libre examen y la autonomía total de la conciencia de cada uno recondujeron a la separación tanto que la América protestante y calvinista se volvió, y lo es todavía, la patria de innumerables sectas fundamentalistas y paracristianas. En este contexto religioso, a la práctica del tráfico y de la esclavitud de los negros y al maltrato y al exterminio de los indios, introducido inmediatamente, sigue inmediatamente la teoría que intenta dar un fundamento teológico.
Ya en el 1650 la esclavitud ya se había introducido plenamente y al final del siglo ya se había establecido firmemente como parte del sistema social legalmente constituido y aprobado.
Parece que en estas colonias el tráfico de los esclavos negros africanos inició en el 1637 con la aprobación de las iglesias protestantes locales.
En el 1641 fue emitido un código de leyes los "Body of Liberties" para regular las relaciones entre los blancos y los negros. El código prohibía poner en esclavitud a los habitantes de la colonia (blancos o negros) permitía, en cambio, hacer esclavos a los prisioneros de una guerra justa y los extranjeros llegados en las colonias para venderse o para ser vendidos en los mercados, es decir los negros. Inició así la esclavitud legal de los indios hechos prisioneros y de los negros vendidos en los mercados.
Tal legislación esclavista nació en una sociedad prácticamente "teocrática", dónde autoridad civil y religiosa coincidían, siguiendo el ejemplo establecido en Ginebra por el mismo Calvino; para él un protestante esclavista estaba en total acuerdo con su fe religiosa en la práctica de la esclavitud.
Poco por vez la práctica de los esclavos, a causa de la economía basada sobre la agricultura de las colonias, especialmente en el Sur, se convirtió en uno de los comercios más provechosos y fue también señal de la bendición divina. Muchos comerciantes del Norte (los yankees) se dedicaron al tráfico con aquel fervor mercantil que caracteriza los principios y la tradición calvinista holandesa e inglesa, para proveer la "mercancía" necesaria a los campesinos del Sur.
A partir del '600 el tráfico y el asentamiento de los esclavos en América será prácticamente controlado por el mundo mercantil "calvinista" en sus versiones sea americana, sea europea (Holanda, Inglaterra, Francia) y atado al nuevo capitalismo, hasta cuando el monopolio pase de modo indiscutido a Inglaterra con el tratado de Ultrecht del 1713.
El provecho y la riqueza fueron tales que Inglaterra, después de la guerra de Sucesión española, preferirá dejar a las otras potencias otros "beneficios territoriales" y cogerse entonces las zonas de control del comercio (Gibraltar y Malta) y el monopolio absoluto del "oro negro" de entonces. Esto llevó al nacimiento de un nuevo contrabando y una nueva "mafia" del mercado de los esclavos, como certifican las fuentes de la época.

Inglaterra y los esclavos

El interés de Inglaterra en este tráfico tiene raíces lejanas, ya desde dos siglos se distinguía en la práctica de este tráfico inmundo. En el 1563 sir John Hawkins, con un barco bautizado Jesús, había transportado a América por lo menos trescientos esclavos africanos, con ganancias extraordinarias.
La misma reina Isabel I llega a ser así accionista de un generoso provecho comercial a partir del 1564. Los monarcas ingleses, Stuart precedentemente, y luego Hannover, se han distinguido en su fervor esclavista desde el punto de vista comercial.
Guillermo III (1689-1702) había suprimido cada impuesto aduanero sobre el tráfico de los esclavos y autorizó el tráfico a cualquier compañía privada, abriendo la competencia con la Royal African Company, la compañía estatal inglesa que tenía hasta aquel momento el monopolio esclavista con los mercados americanos.
Según datos del 1743, surcaron el atlántico unos 1421 barcos negreros ingleses que competían con otras 1250 de la Nueva Inglaterra (colonia inglesa de Norteamérica). La dimensión del tráfico, bajo protección británica, era tal que Jefferson, él mismo poseedor de esclavos, en la primera redacción de la Declaración de independencia de los futuros EE.UU., quiso señalar tal hecho como uno de los crímenes del rey inglés Jorge III, a sostén de las argumentaciones que defendían la independencia.
Sin embargo, sea Jefferson que los otros padres de la independencia americana, incluso Washington, practicaban lo que condenaban en los otros y se tendrá que esperar todavía casi un siglo para ver la abolición de la esclavitud.

Justificación teológica

La teología calvinista y las iglesias protestantes calvinista, puritanas y congregacionistas, no sólo no se opusieron nunca oficialmente a la institución de la esclavitud, sino la sustentaron desde el punto de vista teológico y legal. La diferencia con la América Latina de matriz católica está precisamente aquí.
Ciertas zonas de América Latina como el Brasil y los países que se asoman al atlántico, han sido países receptivos de esclavos negros, pero en escala menor con respecto a los países de dominación calvinista (basta mirar el actual mapa latino-americano). Además el tráfico no entrará en los textos constitucionales y en los códigos de estos países católicos.
La religión católica reconoce la existencia del pecado pero no lo aprueba, al revés el estado calvinista reconoce y considera lícito un hecho intrínsecamente malo como la negación de los derechos a la persona. Para comprender esta actitud hace falta recordar que los calvinistas, afirmando el concepto de predestinación, también aceptaron todas las consecuencias; según tal concepción algunos electos, bendecidos por Dios, son los sujetos de todos los derechos divinos y humanos. El amor hacia el prójimo es por lo tanto selectivo a segunda que uno tenga la predestinación o no, como William Ames, teólogo calvinista del siglo XVII, afirma: "Entre los hombres tienen que ser más queridos aquellos que son más cercanos a Dios, y, en Dios, a nosotros mismos". Por consiguiente, que en esta jerarquía selectiva del amor al próximo "nosotros debemos desear la felicidad para los temen a Dios, pero a los que no temen a Dios solamente en la esperanza y en la suposición de su fe y su arrepentimiento."
Esta teología calvinista llegó a teorizar hasta la belleza de la desigualdad como sano principio del orden social, estratificado en clases distintas. La igualdad de todos los miembros de una sociedad sería así la negación de la belleza y causa de confusión y desorden, es decir, de pecado: "Fue el orden que dio belleza a esta maravillosa estructura del mundo… para entenderlo mejor nosotros tenemos que ver qué cosa es el orden. Es una disposición tal de cosas iguales y desiguales entre ellas que da a cada una el debido y justo puesto…. Nada se puede imaginar de más lejos respecto a la recta razón y a la verdadera religión que el pensar que por el hecho de que fuimos iguales en el nacimiento y que todavía seremos iguales en la muerte, se tenga que ser así por toda nuestra vida."
En esta sociedad puritana ordenada y estratificada, el papel de clase superior les corresponde a los electos de Dios que son los blancos calvinistas, mientras todos los demás son razas inferiores de siervos. Por esto, afirma Benedict Ruth, "el racismo es el nuevo calvinismo, el cual afirma que un grupo de hombres lleva los estigmas de la superioridad y el otro grupo lleva aquellas de la inferioridad."
Hace falta reconocer, sin embargo, que las comunidades protestantes no fueron monolíticas en su actitud hacia los esclavos. Pero en general los teólogos y predicadores puritanos que se opusieron a la esclavitud fueron pocos y aislados. La Iglesia anglicana oficial, aunque no sustentaba una doctrina calvinista rígida como las iglesias presbiteriana y puritana, sin embargo aprobó la esclavitud y difundió una mentalidad esclavista llegando a aprobar leyes como aquella promulgada en el 1692 de la asamblea del Maryland según la cual una mujer blanca que hubiera quedado embarazada de un esclavo, debía ser condenada a siete años de esclavitud y preferiblemente puesta a servicio de los pastores de la iglesia anglicana.
Un análisis de las otras iglesias protestantes presentes en los Estados Unidos en esta época nos lleva a las mismas conclusiones. Serán los cuáqueros, surgidos en Inglaterra en el 1650 por obra de George Foz y muy pronto refugiados también ellos en América del Norte que poco a poco se convertirán en antiesclavistas. A ellos se unirán los menonitas, una secta nacida en Alemania en el 1536. Estas sectas, duramente perseguidas por los calvinistas por sus posiciones, organizaron su primera protesta antiesclavistas en el 1688.
A ellos se sumaron los labandistas, secta protestante nacida en Francia en el 1670 y que en el Nuevo Continente se encontró, de hecho, reducida en esclavitud.
Los cuáqueros llevaron adelante su lucha por todo el 1700 consiguiendo siempre mayores consentimientos y consiguiendo la abolición de la esclavitud en Pennsylvania en el 1780.

El tráfico de los esclavos en Angola y Brasil

En el 1600 la economía del Brasil, de Norteamérica y de los países del Caribe exige un considerable número de mano de obra pagado a bajo precio a través de la explotación de los esclavos africanos. Las ricas tierras del Brasil y las islas de las Antillas se convierten en poco tiempo en territorios condicionados por las potencias marítimos protestantes y calvinistas: Inglaterra y Holanda a las que irá el monopolio del tráfico.
Amberes y Rótterdam se acapararán el mercado de las especias por todo el Occidente. Nacen las dos Compañías del moderno capitalismo calvinista: aquella de las Indias Orientales holandeses en el 1602 y aquella de las Indias Occidentales holandeses en el 1621.
Los calvinistas holandeses entraron en Brasil en el 1630 con la conquista del estado de Pernambuco, en consecuencia de la destrucción de la potencia marítima portuguesa. El intento de conquistar todo el Brasil no se concretó, pero su asentamiento, junto a aquel de ingleses y franceses, permitió controlar el tráfico comercial atlántico en el Caribe y por lo tanto el tráfico de los esclavos. Los holandeses serán con los ingleses los negreros más activos al menos hasta el 1848.
Sucesivamente a la penetración en Brasil, los calvinistas también destruyen la potencia portuguesa en el Océano Indico y entre el 1637 y el 1642 se apoderan de todos los principales establecimientos portugueses en la costa occidental de África.
Las compañías comerciales se vuelven las verdaderas poseedoras del poder en todos los niveles. Este poder usará todos los medios, de la prensa (fomentará el nacimiento de la leyenda negra anticatólica y antiespañola), a la piratería marítima, de la matanza de los misioneros al ataque de las ciudades portuarias españolas y portuguesas en patria y en los territorios de ultramar.
Dos hechos históricos favorecieron el predominio calvinista: Holanda e Inglaterra, hostiles tradicionales de la católica España, se encontraron favorecidos por el contraste español-lusitano. Los portugueses fueron apoyados por los ingleses en función antiespañola pero se convirtieron en el mismo tiempo en rehenes de aquel poder calvinista que hará de Portugal uno de los países más atados a la masonería y al anticlericalismo. Esto llevó en el 1641 al final de la lucha entre portugueses y holandeses por el Brasil, al pasaje bajo el dominio holandés de las colonias de Angola, de San Tomè y de Axim en Ghana y al total control del comercio de los esclavos de parte holandesa.
En los años '40 del siglo XVII, la Compañía holandesa de Indias Occidentales logró transportar a América unos 3000 esclavos al año, es decir, la mitad, quizás un tercio del total. La actividad principal de la Compañía holandesa en África fue por lo tanto el comercio de los esclavos, que “habiendo sido el motivo principal de la conquista de Angola, no puede ser descuidado en ningún modo", como se lee en un memorial del gobierno holandés de Pernambuco.
La política holandesa en Angola fue muy solapada. En efecto, ocupando los territorios a lo largo del litoral del mar, los holandeses empujaron a los portugueses, que ocupaban anteriormente aquellos territorios, a lo largo del interior y a estos últimos dejaban el trabajo de razia consiguiendo el doble objetivo de no enemistarse los locales y procurándose así, con el mínimo esfuerzo y costo, la "mercancía" necesaria a sus tráficos. Holandeses y portugueses, los primeros por interés, los segundos por supervivencia, firmaron muchos acuerdos en este sentido.
Hubo una diferencia notable entre las compañías "protestantes" por el trato, incluso inhumano, reservado a los esclavos por los portugueses y de los calvinistas.
Los portugueses hacían dormir a los esclavos en naves, los nutrían bien, antes y después del embarco. Durante la travesía dormían sobre bancos y no estaban obligados a yacer entre sus excrementos. Lavaban el piso cada dos días con vinagre, entregaban una comida caliente dos veces al día alternando el maíz a los fríjoles con un gran cazo de aceite de palma, un poco de sal y a veces un pescado seco. Cada esclavo recibía unas viejas ropas y una manta por la noche. Este comportamiento, aunque tenía el objetivo de conservar en fuerza a los esclavos para venderlos mejor una vez llegados a destino, fue, de hecho, más humano que las medidas de campo de concentración tomadas por los holandeses. La ocupación territorial holandesa de las costas angoleñas acabará pronto, pero continuará aquel comercio junto a los portugueses con los que quedaron en un pacto. Después de la vana tentativa de protestantización del Congo por parte de los calvinistas, este reino, sucesivamente a una sangrienta guerra civil fomentada por las varias Compañías comerciales, es dividido en tres partes.
Inicia así el período de anarquía más triste de la historia de estos países de las cuales negreros y compañías Comerciales traen grandes provechos hasta el siglo XIX. La eliminación a obra de los holandeses del monopolio portugués sobre el comercio europeo con el África Occidental, facilitó el nacimiento de compañías nacionales inglesas y franceses en África y en Indias Occidentales, capaces de competir con los holandeses mismos en la adquisición de esclavos africanos.
En el 1652 y el 1713 se abre la lucha por el predominio que acaba con el aniquilamiento de los holandeses a favor de ingleses y franceses. Portugueses y brasileños hicieron de nuevo su aparición en el comercio en el Norte del ecuador mientras otros gobiernos europeos (Suecia, Dinamarca y Brandeburgo) se unieron a aquellos ingleses y a franceses en la tentativa de emular el ejemplo holandés y crearon compañías nacionales por el tráfico de los esclavos.

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