Dante - De la Vida nueva a la Comedia, el amor
autor: Elena Landoni
fecha: 2015
fuente: Dalla vita nova alla commedia: L'amore
Publicado en el N. 7 de Líneatempo (2015.4)
traducción: María Eugenia Flores Luna

La intervención traza la evolución de la idea del amor de la Vida nueva a la Comedia. A través del distanciamiento de las posiciones de Guinizzelli y Cavalcanti, Dante delinea en su interior también la propia novedad poética, identificándola con una responsabilidad veraz y vocacional.

Que en la Comedia el amor no se limite a ser un “contenido” para combinar con otros, sino un elemento de “estructuración” de la obra entera, es testimoniado en primer lugar por el hecho de que el «poema sacro» es preanunciado desde el final de La Vida nueva como el lugar en que el Autor espera «hablar de ella lo que jamás fue dicho de alguna».

Lo que quiere decir también que la reductio ad unum que la Comedia realiza en el campo erótico, en un momento en que las diversas posiciones se estaban radicalizando a los límites del enfrentamiento, exorbitada por los confines propios de la obra y ahonda sus raíces muchos años (y de escritos literarios) antes.

Sobre todo, sin embargo, la temática del amor resulta ser estructurante porque es aquella en la que más que en cualquier otra Dante mide su evolución poética, comparándose con quien lo había precedido inmediatamente.

Nada hace más claro este asunto que seguir paso a paso el itinerario fijado en la Comedia en relación a la concepción del amor y a su representación literaria.

El punto de partida coincide, confirmando ulteriormente la importancia de este argumento en el horizonte dantesco, con el inicio del camino en el mismo infierno.

En la segunda ronda, la condena de los lujuriosos de inmediato es inextricablemente ligada a la incriminación del amor en la literatura. Francisca narra el pecado que la ha condenado para siempre junto a Pablo:

Amor, que al noble corazón se agarra,
a éste prendió de la bella persona
que me quitaron; aún me ofende el modo.
Amor, que a todo amado a amar le obliga,
prendió por éste en mí pasión tan fuerte
que, como ves, aún no me abandona.
(Infierno V, 100-105).

No sólo, agregará después, han llegado al beso fatal impulsados por la lectura del beso entre Lancelot y Ginebra [1] pero el verso 103 es una reformulación muy reconocida de Guinizzelli «Foco de amor al corazón gentil se agarra», perteneciente a la canción-manifiesto Al corazón gentil retorna siempre el amor (v.11); reformulación que sin embargo en Dante agudiza el sentido de la inmediata reciprocidad del sentimiento, más matizada en el modelo. Los dos tercetos apenas citados son construidos especularmente, a fin de evidenciar lo invevitable de la correspondencia de amor. Releámoslas atentamente.
La homología existente entre el v. 100 y el v. 103, y luego entre el v. 101 y el 104, sugiere extender el paralelismo también a los versos 102 e 105, ya refiriéndose el uno al otro gracias a la repetición de «que […] aún». Se establece así una relación entre «que me fue quitado; y el modo aún me ofende» y «que, como ves, aún no me abandona»; pero el pronombre relativo que inaugura ambos versos disuade a leerlos autónomamente, separados de sus referencias. Los periodos que nos interesan son por tanto «Amor […] a éste prendió de la bella persona que me quitaron; aún me ofende el modo » y «Amor […] prendió por éste en mí pasión tan fuerte que […] aún no me abandona». Lo que ofende a Francisca (literalmente: que se ha revelado como un golpe contra ella y que la enclava por siempre en el infierno) no es el modo en que le fue quitada la bella persona, sino el modo de la sujeción de Pablo al placer. Es poco plausible, por otra parte, pensar que otra modalidad de uxoricidio hubiera sido más aceptable para ella. Sin contar, last but non least, que la conjunción «y» es coordinante, y que restituiría linealidad sintáctica uniendo entre ellas las dos proposiciones principales: «Amor […] a éste prendió de la bella persona […] y aún me ofende el modo».

A favor de esta interpretación va agregado también el no descontado proseguimiento de la secuencia.

Dante, frente al drama de los dos cuñados que lo involucra hasta el punto de hacerlo desmayar, insiste en querer saber los particulares de la historia, exponiéndose a la sospecha de voyerismo: « Pero dime, en la edad de los dulces suspiros ¿cómo o por qué el Amor os concedió que conocieses tan turbios deseos?» (Versículos 118-120). En resumen: ¿cómo han hecho para darse cuenta de que su deseo era recíproco? Pregunta del todo fuera de lugar, si el amor fuera de verdad un mecanismo de inevitable atracción recíproca, como Francisca había apenas sostenido. Y en cambio justo ésta es la pregunta del descubrimiento. Porque es aquí que Dante eleva el discurso a otro nivel, consciente de cómo es que en el origen del amor hay un deseo que se asoma a la libertad del otro. Y que sólo esta libertad implica el riesgo de la duda, de la interpretación de los indicios, del descubrimiento de sí mismo.

Y en efecto presionada por el realismo de la pregunta, Francisca tiene que rectificar la intención alineándose a la misma racionalidad, realista ya sin poderse ocultar detrás de la forma en que había expirado la poesía de amor (en este caso, la revocación de los versos de Guinizzelli). Y puede así identificar el «punto» en que la tentación, de por sí no aún impugnable, se vuelve pecado. Es el ceder al deseo, la renuncia al juicio frente a la atracción instintiva. El meollo problemático parece ser precisamente éste, también porque al inicio del canto la condena inapelable, en cuanto emitida definitivamente por Dios, ya había tenido su precisa motivación: la sumisión de la «razón» al «talento».

El «punto» que los ha vencido, como dice Francisca en los versos citados en las notas, es la lectura de un pasaje literario. Responsable de la instigación a pecar es «el libro y quien lo escribe».

Pronto veremos cómo Dante hubiera ya afirmado en la Vida nueva la necesidad de superar la engañosa representación del amor. Aquí, en el Infierno V, dramatiza articuladamente la negatividad; más adelante, en el Purgatorio XVIII, 70-72, la corregirá con decisión, evidenciando abiertamente el núcleo portador de mentira: «Aun suponiendo que obligadamente surja el amor que dentro se os encienda, la potestad tenéis de refrenarlo». Y en el Purgatorio XXIV anunciará la novedad de la propia poesía de amor, señalándola en aquel realismo que ya había sido decisivo en el coloquio con Francisca.

En efecto Dante revela a Bonagiunta Orbicciani que su intención es transcribir lo que efectivamente el amor inspira dentro de él: « Y yo le dije: «Soy uno que cuando Amor me inspira, anoto, y de esa forma voy expresando aquello que me dicta.» (Purgatorio XXIV, 52-54). El interlocutor reconoce inmediatamente la diversidad respecto a sí mismo y a los otros: « Bien veo ahora cómo vuestras plumas detrás de quien os dicta van pegadas, lo que no sucedía con las nuestras; (Ibídem, 58-60), identificando la novedad del colega en la canción Las damas que tienen la inteligencia de amor de la Vida nueva.

No es casualidad que justo en la Vida nueva Dante hubiera ya hecho entender cómo quería superar a sus dos grandes predecesores, Cavalcanti y Guinizzelli.

En el capítulo XV del libello Dante encuentra a Beatriz y la ex de Cavalcanti. Hay que releer el episodio.

Vi venir hacia mí una gentil mujer, que era de famosa belleza y fue ya mujer de este primer amigo mío. Y el nombre de esta mujer era Juana, salvo que por su belleza, según lo que otros dicen, le fue impuesto por nombre Primavera, y así era llamada. Y cerca de ella mirando vi venir a la admirable Beatriz. Estas mujeres vinieron a mí así, la una cerca de la otra, y parece que Amor me hablara al corazón y dijese: «La primera es llamada Primavera sólo por esta venida de hoy; que yo moví al que le impuso el nombre a llamarla así Primavera, o sea prima-vendrá el día que Beatriz se mostrará después de la imaginación de su devoto. Y si también quiso considerar su primer nombre, tanto es como decir Primavera, sin embargo su nombre Juana procede de aquel Juan el cual precedió la luz verdadera diciendo “Ego vox clamantis in deserto: parate viam Domini” [2].

Se entiende de inmediato que Dante está hablando de poesía. El nombre Primavera es afirmado en efecto en las Rimas de Cavalcanti: «Fresca rosa nueva / agradable primavera». Amor mismo había sugerido el senhal, porque es profético respecto a aquello que habría luego ocurrido: Primavera “prima vendrá” el día que aparecerá con Beatriz ante Dante. Poco después entra también el registro realmente profético: el nombre real de Primavera es Juana, de aquel Juan «clamans in deserto», que «parat viam Domini». Primavera y Juana significan la misma cosa: precede, prepara el camino a quien viene después. Juan precede a Cristo, Primavera precede a Beatriz, Cavalcanti precede a Dante.

Lo que el Amor dicta al corazón del poeta, «dentro» según el Purgatorio XXIV, es el significado real de las palabras de la poesía erótica de Cavalcanti («Primavera»); significado comprensible sólo a la luz de un hecho histórico, el encuentro luego efectivamente ocurrido entre los tres. Exactamente como ocurre a las palabras del profeta Juan el Bautista después de la encarnación del Verbo, un “Hecho” histórico.

La inspiración de amor a la cual Dante es fiel recupera la verdad que se oculta detrás de la tradicional poesía de amor.

Cavalcanti había denominado a su mujer Primavera por su belleza, pero el nombre contenía más verdad de cuanto Guido pudiera imaginar. El significado auténtico luego ha sido inspirado directamente por amor dentro del corazón de Dante.

Pero ¿por qué convocar ex abrupto al Bautista en medio de una historia de amor y poesía? Aquí las cosas se vuelven fascinantes, y ejemplares del modo de proceder de la alegoría dantesca. Juan es vox clamantis, Cristo es el Verbum. Ahora, hay un sermón de San Agustín, el 288, que habla de Juan el Bautista y que se titula justo De voce et verbo. No tenemos evidencias que nos digan con certeza que Dante lo conociera; pero la cultura medieval avanzaba por antologías, glosas, centones, y Agustín era un autor muy conocido, directamente o indirectamente, a Alighieri. Dice pues San Agustín: Vox praemittitur ut verbum postea intelligatur […]. Verbum si non habeat rationem significantem verbum non dicitur; vox autem, etsi tantum modo sonet, et irrationabiliter perstrepat, tamquam sonus clamantis, non loquentis, vox dici potest, verbum dici non potest […]. Ergo si vox Ioannes, Verbum Christus: ante Ioannem Christus, sed apud Deum; post Ioannem Christus, sed apud nos. [3]

El Bautista es la vox, Cristo es el verbum. La diferencia está en la ratio significans, es decir en la capacidad de revelar plenamente el significado de la vox. Es la misma dinámica que pone en escena Dante respecto a Cavalcanti, llevando las palabras a su verdad profunda, su inspiración “dentro” de amor.

La definición poética dada por Dante a Bonagiunta en el Purgatorio XXIV, 52-54 reproduce esactamente la situación descrita en Vida nueva XV.

Pero la respuesta de Bonagiunta («¡Ah hermano, ya comprendo dijo el nudo que al Notario, a Guiton y a mí separa del dulce estilo nuevo que te escucho!» Purgatorio XXIV, 55-57) introduce otro requisito, la dulzura, que nos lleva derecho a Guinizzelli. En efecto sólo dos cantos después Dante relata su encuentro con el primer Guido, amado y admirado, como le confiesa el poeta más joven, por «Vuestros dulces versos, que, mientras duren los modernos usos, harán preciada aun su misma tinta.» (Purgatorio XXVI, 112-114).

La dulzura, pues, no representa una novedad del estilo dantesco, sino un atributo ya alcanzado y característico de la poesía de amor.
La novedad de la concepción dantesca tiene que insertarse dentro de esta dulzura de estilo.

Una vez más, en la Vida nueva Dante había ya procedido a señalar también la propia superación de la óptica de Guinizzelli, como luego reiterará en el V del Infierno haciendo confesar a Francisca su pecado mediante la paráfrasis de un verso de Guido. En el cap. XI del libelo Dante responde a un amigo, que le había preguntado qué cosa fuera el Amor, refiriéndose explícitamente a cuanto teorizado por el poeta de Bolonia en Al cor gentil: «Amor y corazón gentil son una cosa, / así como el sabio [Guinizzelli, precisamente] pone en su dictar», y reiterando también en la prosa explicativa la dinámica de potencia y acto en que se incardinaba la fenomenología erótica del tiempo: «Este soneto se divide en dos partes. En la primera digo de él como potencia, en la segunda digo de él cómo de potencia se reduce en acto» (XI, 6).

En el capítulo sucesivo, sin embargo, habla de lo que efectivamente ocurre en presencia de Beatriz, y explica cómo el amor «no solamente se despierta allí donde duerme; sino allí donde no está en potencia, ella, obrando maravillas, lo hace venir» (XII, 1); precisando luego, en la prosa que acompaña el soneto. En los ojos lleva mi mujer Amor, que «en la primera parte digo sí como virtuosamente hace gentil todo lo que ve, y esto es tanto como decir inducir Amor en potencia allí donde no es; en la segunda digo cómo reduce en acto Amor en los corazones de todos los que ve» (XII, 5).

En resumen la experiencia beatificante ante la mujer amada desmenuza las normas hasta ahora vigentes de potencia y acto y es posible para todos, siempre que se responda a su mirada con un “mirar” atento e inclinado al significado. Aquí es ya abandonada toda dinámica mecanicista: aquí hay un juego, una relación entre personas.

Notas

1 « Leíamos un día por deleite, cómo hería el amor a Lanzarote; solos los dos y sin recelo alguno. Muchas veces los ojos suspendieron la lectura, y el rostro emblanquecía, pero tan sólo nos venció un pasaje. Al leer que la risa deseada era besada por tan gran amante, éste, que de mí nunca ha de apartarse, la boca me besó, todo él temblando. Galeotto fue el libro y quien lo hizo; no seguimos leyendo ya ese día.» (Inf. V, 127-38).

2 La Vida nueva se cita en la edición de Guglielmo Gorni, Turín, Einaudi, 1996, XV, 2-5

3 Sermón 288. De voce et verbo, 2, 3 e 4. Para leerse en S. Aurelii Augustini opera omnia, por Franco Monteverse, Roma, Città Nuova, consultable sea en latín que en italiano en www.augustinus.it.

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