Deseo y deseos /2
autor: Stanley Hauerwas
docente de Ética Teológica en la Duke University
Carter Snead
fellow at the Ethics and Public Policy Center and associate professor of Law at the University of Notre Dame
Carmine Di Martino (moderador)
docente de Propedéutica Filosófica en la universidad de los Estudios de Milán
fecha: 2008-08-24
fuente: Desiderio e desideri
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "O protagonisti o nessuno", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "O protagonistas o nada")
traducción: María Eugenia Flores Luna

CARTER SNEAD:
Ante todo agradezco a los que han hecho posible mi llegada aquí a este evento extraordinario. Es una oportunidad excepcional para mí encontrarme en este debate. En particular deseo agradecer a Lorenzo Violini, Marta, Stefania, Marco Aluigi, Matteo Turchi, Andrea Rovagnati y también al colega Paolo Corazza de la Notre Dame.

Es realmente un gran honor para mí estar aquí junto a Stanley Hauerwas, que como saben es un teólogo muy estimado en todo el mundo. Además es muy bonito para mí estar aquí en Italia, porque mi mamá es de San Giovanni in Fiore, cerca de Cosenza en Calabria, por lo tanto para mí venir a Italia es como venir a mi casa.

El tema de este Meeting O protagonistas o nada, parece concernir a la persona humana y el recorrido del hombre, tiene que explorar problemas fundamentales, quiénes somos, para qué hemos sido creados, cómo tenemos que vivir, qué cosa debemos los unos a los otros. Este tema nuestro, Deseo y deseos, nos invita a considerar a quién, dónde y cómo mirar para orientar nuestros esfuerzos, para perseguir determinadas cosas, para evitar también la confusión, la tentación, el engaño de parte de otros y de nosotros mismos por lo que concierne a estas cuestiones. Qué significa ser un hombre, qué significa vivir como hombres, tiene que plantear realmente muchas preguntas. Preguntas que son muy profundas y grandes mentes las han examinado. Es con gran humildad que tenemos por tanto que afrontar estos problemas que son de tanta vastedad que quizás estemos tentados a concentrarnos en problemas más cotidianos, porque a menudo arriesgamos banalidad o amenazamos a lo mejor con despistar y confundir a los demás con nuestros mismos errores y concepciones equivocadas. Son preguntas a las que tenemos que responder individualmente todos nosotros y de manera colectiva. Nadie puede tomar clisés del contexto, por ejemplo, de la política americana. Cada uno es un protagonista en este tema, no sólo los filósofos, los eruditos y los no eruditos, somos todos seres humanos, todos hacemos parte de la familia humana. Querría sólo hacer algunas observaciones, plantear algunas preguntas para estimular la discusión, aunque esta tarde el tiempo es limitado.

Hablaré de un aspecto en particular, para empezar, del debate entre los funcionarios gubernativos sea en mi país que en otro lugar, con respecto a los progresos de la biotecnología y las ciencias biomédicas. Yo diría que a menudo podemos hablar también de bioética pública, por cómo se ha desarrollado el discurso. La ciencia moderna, diría, debe ser el único recurso al que podemos apelar cuando hablamos de bioética.

Eso parece ser bastante compartido a nivel público, pero este concepto puede ser engañoso y ser un poco corrosivo. Para lograr en cambio perseguir un desarrollo idóneo del hombre, diría enseguida algunas cosas que sirven para explorar bien el tema.

Ante todo creo que la cuestión ética planteada por las ciencias bioéticas, de los progresos biotecnológicos, constituya un punto fundamental también para este Meeting. En los últimos años ha habido una gran proliferación de las ciencias con grandes implicaciones a nivel humanístico. Nuevas capacidades de desarrollar embriones genéticamente modificados con combinaciones de material celular humano y animal, por ejemplo, todo eso crea problemas a nivel de procreación, de qué signifique ser miembro perteneciente a la especie humana. Las células incluso potentes, las células estaminales derivadas de los embriones, nos ponen problemas relacionados a los embriones que van destruidos en este proceso, y, naturalmente hace falta considerar la posible ventaja de que un día podrá derivar de todas estas técnicas, o bien hará falta entender si es un ejercicio solamente con fin a sí mismo.

El desarrollo de las técnicas para aumentar la vida del individuo, por ejemplo, más allá de lo normal, nos plantea problemas relacionados a la vida del hombre y a su finitud; los descubrimientos acerca de la mente, el comportamiento y el cerebro, las nuevas técnicas de visualización de las funciones cerebrales ponen problemas al libre albedrío, a la responsabilidad moral y todos los institutos morales que se basan en este concepto. El continuo desarrollo de técnicas médicas que conciernen, precisamente, a la función biológica, plantean problemáticas relativas a la autonomía y a la dignidad del final de la propia vida.

El campo de la bioética, indudablemente, plantea problemas relacionados a quiénes somos, qué somos, cómo podemos vivir y qué debemos los unos a los otros.

Otro punto que querría plantear es que, según yo, los desacuerdos políticos, legales, relacionados a este aspecto, deben ser considerados un ángulo de vista privilegiado para evaluar estos problemas; sabemos que a menudo hay ciertos conceptos predeterminados, por ejemplo Steven D. Smith ha identificado tres funciones que pueden ser muy indicativas.

Las dos primeras son importantes, pero hay una tercera, que quizás es más importante, para evaluar la profundidad del tema.

Para completar el tema hablaré de las tres, en todo caso, antes de todo la ley ofrece un contexto dentro del cual los ciudadanos viven la propia vida por lo tanto un régimen estable, previsible, al interno del cual los individuos pueden organizar la propia vida en relación a los otros, se podría añadir también que la ley alcanza este objetivo con la mediación de las relaciones, relaciones entre personas, entre los individuos y el gobierno, entre individuos e individuos etc.

Una forma particular de esta mediación sería la segunda función de la ley, es decir la resolución de las disputas, de las controversias, Smith repite las observaciones de Karl Llewellyn, que dicen que precisamente lograr reexaminar las controversias es justo objeto de la Ley, que dirime las controversias.

Tercera función. Smith dice que la Ley establece políticas para la sociedad, forjando la sociedad hacia condiciones más justas. En una democracia liberal, el pueblo, a través de los propios representantes elegidos, identifica determinados bienes que van defendidos, perseguidos y cosas que deben ser evitadas, especificando cuáles son los medios para alcanzar estos objetivos. Son medios decimos muy vastos por ejemplo el permiso para actividades de un cierto tipo, vigilancia, acción específica, autorización por ejemplo para practicar la medicina o bien prohibición para efectuar determinadas cosas. Por lo tanto la ley que prohíbe ciertos comportamientos, tiene también un objetivo pedagógico, reflexiona determinadas reglas y las enseña.

Querría subrayar y repetir que las deliberaciones políticas relacionadas a la bioética pública son entendidas, como aspiraciones, como esfuerzos para perseguir bienes sociales y evitar lo más posible un daño social.

Estas leyes también sirven para educar al público respecto a determinadas visiones y puntos de vista. Nosotros debemos hasta cierto punto resistir a ciertos dogmas sobre la bioética pública, según los cuales la ciencia moderna sería el único instrumento para solucionar las cuestiones de bioética pública.

En América, pero también a nivel de Naciones Unidas, Unesco, Consejo de Europa, habitualmente escucho la misma cosa, es decir, la ciencia tiene que ser nuestra guía. ¿Cuál tiene que ser la ley para la destrucción de los embriones? Dejemos que decida la ciencia; ¿la clonación por ejemplo debe ser aceptada? decida la ciencia; ¿debemos crear por ejemplo unas quimeras, unos organismos híbridos para la investigación? Dejemos que decida la ciencia que crea el contexto legítimo para eso; ¿debemos promover la disgregación de la procreación humana? hacemos decidir a la ciencia. Podría hacer una lista muy larga, no nos sorprende el hecho de que la ciencia moderna es invocada como la única ciencia que pueda deliberar. Los profesionales, los científicos tienen muy buena reputación, porque son personas consideradas honestas, íntegras en la propia comunidad y además son reclutados precisamente para perseguir el saber, los conocimientos. ¿Por lo tanto por qué dudar de la ciencia?

Hay una inconmensurabilidad inmensa entre los axiomas humanísticos y la ciencia. La ciencia moderna, precisamente por su naturaleza, no tiene nada que decir en relación a conceptos humanos, como libertad, justicia, igualdad, dignidad que son la base de nuestra esencia como hombres. Estas palabras no están en el léxico científico, no se logran entender desde el punto de vista científico.

La ciencia no reconoce estos conceptos y no está interesada tampoco en su elaboración y exposición. La ciencia moderna, entonces, no es el instrumento justo del cual nos tenemos que valer, de otro modo conseguimos resultados insatisfactorios o hasta monstruosos en el peor de los casos.

Una breve descripción de las premisas, de los métodos de la ciencia moderna confirmará mi punto. Probablemente habrán siempre escuchado que yo he hablado de ciencia moderna y no de ciencia, porque diría que la ciencia antigua tenía premisas y métodos diferentes, es decir, se preguntaba qué eran las cosas, qué fueran las cosas naturales, en cambio con la ciencia moderna, a partir de Bacone en el siglo XVII, se ha empezado a preguntar cómo funcionan las cosas, cómo pueden funcionar para nosotros, es decir cómo los fenómenos naturales puedan ser utilizados para los objetivos del hombre.

La metodología racionalista, por ejemplo, ha tratado de producir un conocimiento más estrecho, pero quizás, más productivo.

He aquí lo que entiendo por ciencia moderna. Entender justo las características de la ciencia moderna nos hace entender por qué no es el instrumento correcto para examinar los problemas humanísticos, en relación también a la bioética moderna.

Por su naturaleza, la ciencia moderna está basada en la física, mecánica, es restrictiva y decimos que es objetivista, exclusivista y anti teleológica.

Evaluaré cada uno de estos aspectos en el curso de mi relación.

Alex Rosenberg ha dicho que se supone que pueda existir sólo una sustancia en el universo, dice en otras palabras que no hay nada más que la materia física en el universo. La otra premisa de la ciencia moderna, muy correlacionada a ésta, es aquella del mecanicismo, es decir los fenómenos deben ser descritos en términos de estructura, función de la materia física, por lo tanto los fenómenos naturales son entendidos en términos de movimiento y reposo entre entidades materiales.

Sobre estas premisas los científicos dicen que la mente no es nada más que la función y la estructura del cerebro. Luego está el reduccionismo que dice que la mejor explicación de los fenómenos es dada por la interacción de partículas elementales. Como dice Rosenberg de la biología, el reduccionismo dice que las teorías se deben basar todas en la biología molecular y en la ciencia física, solamente de este modo pueden ser mejoradas, corregidas, perfeccionadas, hechas más adecuadas y completas. Con la llegada de la teoría de los cuantos Erwin Schroedinger, por ejemplo, ha aspirado a describir todos los fenómenos biológicos en términos de relaciones moleculares. En la filosofía de la ciencia hay alguna controversia relacionada a esta capacidad de reducción, pero muchos apuntan a esta reducción completa, lo más completa posible.

El objetivismo en la ciencia moderna es una concepción matemática, la capacidad de traducir todo en matemáticas, en ecuaciones, con el fin de la mensurabilidad, previsibilidad y del control mensurable.

Por lo tanto la ciencia moderna más bien produce, y no descubre el saber de manera activa.

Esta matemática ordena un orden innatural, que es proyectado delante del sujeto como extensión, como posibilidad de parte del mundo de ser aferrado a través de esta técnica solamente. Esta traducción del mundo en términos matemáticos prevé que podamos utilizar ciertos valores como la cantidad para medir las cosas, luego se ha llegado a la aritmética, al estudio de las multitudes, a la geometría, por lo tanto al estudio de las magnitudes. El espacio cartesiano es el mejor vehículo para medir todo, espacio, masa, volumen, presión, también hasta el estado de ebriedad o los resultados de los logros escolares; en otras palabras todo puede ser medido.

Quinto punto. La ciencia moderna es epistemológicamente exclusionista y explícitamente anti teleológica.

Basándose en lo que ya hemos dicho antes, hay conceptos que no son reconocidos se excluyen de ciertos dominios, por ejemplo el bien y el mal son excluidos. Diferente a la ciencia antigua, la ciencia moderna no reconoce los objetivos. No logra tampoco entender para qué sirva la ciencia misma y para qué sirvan en general las ciencias. También el apelo al saber, como fin a sí mismo, no es comprensible en términos científicos, luego la ciencia no reconoce las virtudes humanas de sus adeptos.

También merece la pena hablar de algunas limitaciones epistemológicas de la ciencia moderna: no es una ciencia completamente neutral, como se afirma a menudo. Los científicos tienen que hacer distinciones, tienen que aplicar juicios relacionados a fenómenos naturales para evaluar, tienen que juzgar, tienen que evaluar cuáles fenómenos son significativos y cuáles no. Estas evaluaciones no son científicas pero como ha dicho Philip Kitcher, son normativas y pragmáticas. La ciencia es en función de la capacidad técnica del interés humano, también las categorías para clasificar el mundo natural entre las cuales la taxonomía para las plantas y los animales son en función de la capacidad de los intereses personales y también las preferencias de la ciencia no son exentas de axiomas. Existe la tentativa, por parte de la ciencia moderna, precisamente, de partir de ciertos postulados, como por ejemplo que la naturaleza es ininteligible, uniforme e irregular y claramente esto puede valer para ciertos ámbitos no observables. Hay luego relaciones entre las explicaciones y los fenómenos observables, hay axiomas que representan los motores de la ciencia moderna, hay instrumentos científicos que producen las mediciones que están a la base de determinadas teorías. Bien, no estoy aquí para hablar a favor o en contra de lo que dicen los post-modernistas, es decir que la ciencia es un concepto lingüístico para perpetuar lo que es el deseo del grupo dominante, digo que en todo caso la ciencia no es tampoco aquella ciencia neutral que nos permite descubrir el mundo. Hay muchas cosas aún por debatir sobre la ciencia moderna, no quiero ni decir que la ciencia sea mala, sea algo malo, al contrario el hombre ha podido, gracias a la ciencia, controlar el mundo, en cierto modo ha logrado erradicar ciertas enfermedades, aliviar los sufrimientos humanos. No quiero tampoco decir que los científicos necesariamente sean monstruos, sean indiferentes a aquellos que son los más profundos temas del hombre, digo sin embargo que a menudo no están interesados en determinadas cuestiones.

Los partidarios de la ciencia moderna tienen que darse cuenta que decir: “hacemos todo esto porque lo dice la ciencia”, no basta. Hablamos por ejemplo de las células estaminales, de la investigación sobre los embriones: en mi país nos preguntamos si el gobierno federal tiene que subvencionar las investigaciones que apuntan a la destrucción de los embriones humanos para obtener lo que mañana será la terapia para determinadas patologías.

Aquí el problema es muy humanístico: ¿el embrión merece respeto o va suprimido a beneficio de otra cosa? Los embriones son privados de la consideración del hombre precisamente porque no tienen autoconsciencia o ¿tenemos que eliminar algunos miembros de la especie humana porque en todo caso otros morirían por otros motivos? He aquí, para evaluar de manera responsable el problema, hace falta entender qué le sucede al embrión, hace falta entender el momento de la concepción etc.; en cambio, conocer todos los detalles de la embriología no responde en todo caso a la pregunta de nuestra obligación con respecto al embrión mismo. El principio de igualdad, libertad y dignidad no hacen parte del contexto científico y el concepto de persona de por sí no es entendido como categoría científica. La ciencia puede permitirse sólo entender predicados efectivos de hecho, pero no logra dar respuesta a otras preguntas.

Filósofos, científicos, políticos invocan que nada fuera de la ciencia tiene que ser considerado legítimo, por lo tanto la libertad, la dignidad, la igualdad no tienen que ser involucradas para evaluar la investigación en los embriones y las células estaminales. Pero el discurso de la persona humana sería privo de cualquier contenido. Como decía Steve Smith, “el parecer científico disuelve a la persona como categoría ontológica, la persona al final sólo es un sistema de partículas” y aplicando solamente los principios de la ciencia moderna se comprende por qué Francois Jacob ganador de un premio Nobel, concluye que la biología ha demostrado que no hay una entidad metafísica detrás de la vida del hombre. De las partículas al hombre hay toda una continuidad y no hay ninguna alteración de esencia de la una a la otra, por lo tanto la ciencia es incapaz de distinguir las cosas vivientes de las no vivientes, a excepción de una descripción pura y simple de la función de las cosas. Eso podría llevar a resultados monstruosos, todas las argumentaciones sobre la dignidad del ser humano resultarían insostenibles.

Volvemos al concepto del deseo. Yo estoy convencido del hecho que en última instancia sea el deseo que lleva al hombre a la acción. Pero los deseos están orientados a los fines, nuestro objetivo colectivamente, individualmente, es orientarnos hacia ciertos objetivos, nuestra tarea es aprender a desear el bien, ésta es nuestra tarea mientras, precisamente, tratamos de liberarnos de las problemáticas de ética y ciencia. Esto es lo que tenemos que hacer en nuestra vida.

La ciencia moderna nos da instrumentos potentes para alcanzar estos objetivos, pero no se puede decir nunca cuáles deben ser estos objetivos. Esta verdad la debemos tener bien clara en la cabeza mientras tratamos de convertirnos en aquello para lo que hemos sido creados

DERADOR:
Me permito dirigir dos preguntas secas a nuestros huéspedes antes de concluir. La primera al profesor Hauerwas: usted ha afirmado en su ponencia que asistimos a un tipo de exasperación del deseo de supervivencia, que conduce a una búsqueda de la terapia que da lugar a un mundo extraño en que podríamos asistir a la simultánea presencia de personas que obtienen el trasplante de corazón y otras que mueren de pulmonía. Ahora ha señalado el hecho de que una tal perversión del deseo es un problema de naturaleza teológica. Querría preguntarle en qué sentido la fe tiene que ver con la verdad del propio deseo, con una recuperación de la originalidad o la profundidad del deseo humano.

TANLEY HAUERWAS:
Hipotizo que el cristianismo sea una formación continua y concierna al cómo vivir y al cómo morir, porque los cristianos tienen conceptos, convicciones que hacen que nosotros aceptemos perder nuestra vida en lugar de cumplir un acto inmoral, lo que significa que el Evangelio es una obra de formación continua, para que nosotros nos pongamos al servicio los unos de los otros en un modo que nos permita cuidarnos los unos a los otros sin hipotizar que la palabra asistencia implique que se tenga que cumplir todo tipo de intervención para alargar la vida.

Es éste el núcleo, según yo, de la medicina. En otras palabras nosotros pedimos a algunos que estén presentes, para tener una presencia al lado del enfermo y la presencia es esta forma de asistencia; yo no creo simplemente que vivamos en sociedades que nos den un cuadro moral a favor de semejante empeño; ya no tenemos estas sociedades, he aquí porque he dicho que la medicina es parte de un bien común, un bien que va a sustentar la confianza, la confianza respecto a los que a través del actuar de la medicina nos permiten darnos los unos a los otros de modo que esta confianza pueda ser alimentada y sostenida. No creo por lo tanto que esta comprensión sea posible al interno de la sociedad en que los deseos sean desmedidos y excesivos. He aquí porque es crucial para los cristianos recobrar, hallar el sentido de cuánto sea extraordinario cuidarnos los unos a los otros a través del actuar de la medicina, allá donde no es función de la medicina salvarnos de la muerte. Los temas sobre los que Cárter ha llamado nuestra atención, cuando ha hablado de una sobrevaloración de la ciencia, he aquí, temas de este tipo conciernen precisamente el hecho de que se crea que la ciencia representa la vía que nos permitirá superar aquella que es la condición humana.

MODERADOR:
Gracias al profesor Snead. En la parte final de su ponencia, retomando el tema del deseo, usted ha señalado el hecho de que los deseos están orientados a los objetivos y ha recuperado una noción clásica de nuestra tradición que dice que nosotros somos deseo del bien. Aquí querría hacerle esta pregunta: ¿pero qué nos ayuda a desear el bien? En segundo lugar: ¿pueden ser el bien y el deseo del bien el objeto de un discurso racional?

CARTER SNEAD:
Gracias por esta pregunta. Como he dicho al final de mi presentación, nuestra tarea es prepararnos a desear el bien, debemos acostumbrarnos a querer, debemos acostumbrar nuestro apetito a querer el bien. Usted me ha preguntado a este punto si es posible encontrar un instrumento racional que nos pueda permitir adquirir esta costumbre. Creo que todo dependa de qué entendemos por racional; no creo que dentro del contexto científico haya nada que nos permita llegar y adquirir esta costumbre. Si damos una interpretación más amplia del término racional, tal como además también hace el cristianismo, esta interpretación va mucho más allá de los que son los límites rigurosos del método científico moderno y por tanto si hacemos una lectura correcta y si somos abiertos a los que son todos los aspectos de la realidad, yo creo que sea posible, creo que el intelecto pueda llegar racionalmente a la comprensión de este deseo. Pero el deseo, en última instancia, es un poco la oposición, lo opuesto a la racionalidad, por lo tanto cuando he dicho que somos movidos por el deseo, yo no creo que nosotros estemos movidos por las argumentaciones, no estamos movidos por los principios, somos movidos por el deseo, somos movidos por el amor por el bien. Lo que nos ha dicho el profesor Hauerwas cuando ha dicho que debemos recurrir a las relaciones humanas para ver qué emerge de estas relaciones humanas, nos obliga a mirar en aquellas fuentes que tienen sus raíces en la teología.

Se rechaza a menudo este concepto pero creo, como jurista, yo creo que la ley en el justo contexto sea un instrumento pedagógico y pueda plasmar los deseos del individuo, pueda enseñar a la comunidad cuáles son los valores que hay que sostener. Ésta es un poco la aspiración de la ley. Claramente la ley debe ser bien formulada y bien aplicada, pero existe la posibilidad de que la ley en cuanto tal pueda enseñarle al individuo qué es el bien; quizás no enseñar, no es el término justo, pero pueda en todo caso dar a entender cuál es el bien. Una cosa permítanme después de esta respuesta de Stanley; la naturaleza apócrifa de la muerte de Francesco Bacone nos enseña justo lo que usted ha dicho, o bien el mito dice que Francesco Bacone ha muerto en la tentativa de enterrar una gallina en la nieve para conducir experimentos sobre la naturaleza triogénica de eventuales terapias que pudieran alargar la vida; hay un poco un mito en esta historia y Descartes, otro padre de la ciencia moderna, al final de su labor tenía siempre la idea de la inmortalidad. Lo que confirma aquello que nos ha dicho el profesor Hauerwas o bien que estos deseos han conducido a este artificio de la ciencia que luego cierra los ojos a los problemas del hombre.

MODERADOR:
Agradezco mucho a nuestros huéspedes por las relaciones muy ricas y las respuestas. Yo me permito hacer alguna observación final reportando un aspecto del tema Deseo y Deseos. La invitación a insistir sobre este punto también viene de aquella expresión del profesor Hauerwas sobre los deseos desmedidos y excesivos.

Yo pienso que no se trate de oponer el deseo a los deseos o viceversa o de castigar los deseos para hacer emerger en un tipo de transparencia absoluta el deseo al singular. Me parece se trate de redescubrir la profundidad de los deseos y lo que llamamos deseo al singular es precisamente la profundidad de cada deseo determinado y es al mismo tiempo lo que revela el límite de cada imagen del deseo.

Hoy, y estoy de acuerdo con los dos huéspedes, la tentativa es aquella de agotar el deseo humano en los deseos es decir en imágenes codificadas, exasperadas, pre confeccionadas, decididas por otros, por el contexto, Pasolini lo habría llamado Poder, con la mayúscula.

El deseo es eso en que se juega la verdad de nuestra humanidad y es un fenómeno exclusivamente humano; el deseo no es el impulso y tampoco la necesidad animal, sin ofensa para los animales. Le pertenece al hombre en su diferencia específica. Pavese tiene una expresión que nos hace captar la peculiaridad del deseo, dice: “Lo que un hombre busca en los placeres es un infinito y ninguno renunciaría nunca a la esperanza de conseguir esta infinitud”.

Y Claudel tiene otra expresión muy potente, sintética, dice: “El hombre es deseo insaciable de algo inextinguible”.

El exceso es la medida del deseo y en este sentido también se comprende por qué hay deseos desmedidos, que en alguna medida pierden el camino, se corrompen. Pero el deseo mismo lleva consigo el deseo humano, su ser in infinitum; la desmesura es la única medida del deseo y por eso es que en cierto sentido comprimir el deseo en imágenes codificadas es una empresa siempre intentada pero imposible. El deseo siempre denegará todas las imágenes que poco a poco toma o por vía endógena o por influencia del contexto, del poder.

Cuando nosotros decimos deseo de verdad, de justicia, de felicidad, de amor, decimos formas del deseo infinito del infinito; para tener sentido estos deseos, estas formas originales del deseo, para tener sentido, no deben implicar una medida.

Querría decir, segunda observación, que el deseo además de ser el motor de todo movimiento, estoy de acuerdo con Snead, es al mismo tiempo el principio crítico inmanente a la estructura del yo. Luigi Giussani usa una expresión muy original para hablar del deseo: experiencia elemental, que es el instrumento de la universal comparación que el hombre establece con cada propuesta, en cada relación con la realidad. Por tanto, cuando hablamos del deseo en sus decrecimientos, las palabras pueden ser otras para hablar de la misma experiencia o el mismo evento humano, nosotros hablamos de la única arma crítica de la que el hombre esté en posesión para valorar lo que desde la realidad lo alcanza. No hay capacidad de inteligencia sin esta aun implícita comparación de la realidad con el deseo humano en su profundidad original. Y aquí ocurre, se manifiesta mejor, porque está en el origen, el entrelazamiento de razón y deseo. El deseo es el motor de la razón misma, como de cada acto y también es el arma que la razón está obligada a usar si quiere ejercer la crítica.

Tercera observación que propongo rápidamente. El deseo parece ser el elemento que divide; nosotros somos diferentes porque deseamos cosas diferentes y sin embargo el deseo en su profundidad original puede asumir expresiones o traducciones también muy diferentes entre ellas, hasta muy opuestas aparentemente, decía Giussani. El deseo en lugar de caracterizar lo humano es una objetividad en la subjetividad. El hombre lo tiene encima o, se puede decir también así, entre los pies, sin poderlo manipular, ni depende de su deliberación, de algún modo está obligado a obedecer al deseo profundo aun cuando lo combate. No se puede no desear según la desmesura original. No se puede no desear la verdad aunque se cambie la palabra, no se puede no desear amar y ser amados. Hace falta decir frente al deseo: aquí yo no puedo hacer nada y en este sentido el deseo testimonia la alteridad de la cual nosotros estamos constituidos. Es una objetividad decía, por lo tanto un factor común que nos permite reconocernos, es la identidad última de lo humano a todas las latitudes. Y, sin embargo, todo eso siempre es también incomprendido, por tanto hace falta trabajar para desenmascarar una incrustación, para desafiar las imágenes que vienen a estratificarse sobre el deseo. Hoy es verdad que se tiende a cubrir la originalidad del deseo humano para poner mano al gobierno de los deseos. El énfasis de los deseos es directamente proporcional a la tentativa de influenciar o negar el deseo que se expresa, que es la raíz profunda. Por eso hace falta perforar las imágenes, inducidas por el clima cultural en que se está sumergido, bajar a tomar con la mano las propias exigencias originales y con base a éstas juzgar y estudiar cada propuesta.

Se trata de un trabajo sin embargo, de una lucha, de un desafío y ¿qué hace posible, qué hace practicable esta labor? ¿Qué nos ayuda a hallar el deseo del que también surgen todas las imágenes?

Yo lo diría así: hace falta que se den figuras de humanidad en las que se vea actuando una amplitud conscientemente experimentada del deseo. Se vea en la acción la estatura de lo humano, la conveniencia de una fidelidad al respiro originario de nuestro deseo. ¿Cómo renace entonces el deseo? Querría usar una expresión que le pertenece a Luigi Giussani. El deseo renace de un encuentro y siempre renace de un encuentro. Viendo a alguien, escuchando a alguien, un encuentro que es capaz de romper la medida, de liberarnos de las imágenes que encarcelan la profundidad de nuestra humanidad. Querría decir: no será un suplemento de moralismo, de reclamo a la equidad, a la medida o al equilibrio, la vía de un cambio. No es un reclamo a la medida, sino más bien, para utilizar la palabra que he utilizado antes, el descubrimiento de la desmesura del deseo, lo que podrá traer un cambio. No se trata por tanto de administrar los deseos, sino de suscitar el deseo, de liberarlo de las imágenes que querrían comprimirlo. ¿Y quién es capaz de suscitar el deseo? Sólo quien experimenta una verdadera satisfacción, un éxito humano que supera en todos los sentidos las codificaciones del deseo y la satisfacción que la mentalidad consagra. La batalla debe ser vencida sobre el terreno del deseo, no de la privación. Lo que persuade siempre es el más, nunca el menos. Por tanto hace falta encontrar a alguien en que este más se manifieste de modo de hacer emerger y educar nuestra humanidad misma, y hacen falta por tanto lugares de rehabilitación al deseo, de afirmación pura y de inversión pura sobre lo que nos caracteriza como hombres y que nos aúna más allá de todas nuestras diferencias. Les agradezco por la atención y agradezco sobre todo a nuestros huéspedes.

Notas

1 Durham Gerald Sun, (Noviembre 11, 1984), p. 11D

2 Paul Ramsey, The Patient as Person: Exploration in Medical Ethics (New Haven: Yale University Press, 1970).

3 Ibid, pp. 239-240.

4 Ibid, p. 240.

5 Ibid, p. 266-267.

6 Ibid, p. 268.

7 Ibid, p. 269

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