Ecología. Los guardias de la creación
autor: Mario Gargantini
fecha: 2010-01-06
fuente: I custodi del creato
traducción: María Eugenia Flores Luna

2010: Año internacional de la biodiversidad

Archivada sin ninguna conclusión significativa la Conferencia sobre el Clima de Copenhague, inicia otro año en el que los temas del ambiente estarán en primer plano: sea porque los problemas afrontados en Copenhague aún se tienen que precisar y solucionar; pero también porque otras temáticas ecológicas, además de aquella climática-energética, se impondrán a la opinión pública resumidas en la palabra clave: biodiversidad. El 2010 en efecto ha sido proclamado por la ONU como Internacional Year of Biodiversity (IYB) y pronto iniciarán eventos y manifestaciones de todo tipo dirigidos a señalar la preocupante pérdida de diversidad biológica que aflige a buena parte del Planeta.
Hay que esperar que el tono y el nivel de las iniciativas no se limiten a la fase de la denuncia y que también en este caso el hilo conductor del debate no sea un escéptico catastrofismo, capaz de transformar la justa desaprobación de comportamientos irresponsables y desprejuiciados en una confusa mezcla de valores y contenidos, donde a la valorización de la naturaleza corresponde una simétrica reducción del rol y de la dignidad del hombre.
El auspicio es que este IYB sea una ocasión para poner énfasis sobre los datos, sobre los exámenes esmerados del estado real de los ecosistemas, sobre la comparación rigurosa entre indicios y evidencias experimentales, sobre el utilizo coherente y prudente de los modelos, con la conciencia de una complejidad inevitable. Desafortunadamente parece que en la aproximación de las temáticas ambientales los comentarios, los proclamas y las visiones globales tengan el predominio sobre los datos, sobre las medidas, sobre la documentación específica y circunstancial. Hay una superabundancia de enunciaciones de principios y conclusiones pero una carencia o una subvaluación, de todo lo que está en medio y que puede autorizar la enunciación de afirmaciones conclusivas y arduas: es aquella labor paciente y respetuosa de la realidad, que incluso muchos investigadores están desarrollando también en campo ambiental; y que a veces no permite satisfacer la voracidad de los Mass Media siempre en busca de exclusiva y fáciles eslóganes.
Precisamente para poder desarrollar adecuadamente aquella labor, teniendo en cuenta todo el espectro de los factores implicados, más allá y antes de los datos hace falta unos criterios, que tendrán que ser más robustos cuanto más alta es la puesta en juego. Unos criterios que orienten la recolección de datos, su lectura, la individuación de las múltiples interconexiones, la deducción de los juicios y las decisiones acerca de las siguientes acciones necesarias.
En esta perspectiva han llegado, más que nunca preciosas, las palabras de Benedicto XVI, que ha vuelto más veces en este período sobre los temas de la salvaguardia del ambiente, a partir del mensaje por el XLIII Día Mundial de la Paz, por el cual el Papa ha elegido el título: Si quieres promover la paz, protege la creación. Son intervenciones que reclaman y profundizan lo que había ya expuesto con claridad en la Encíclica Caritas in Veritate; y vale la pena notar, como el mismo Pontífice subraya, que la importancia de la "conciencia ecológica" ya había sido remarcada por sus predecesores con varias reanudaciones.
¿Cuáles son por lo tanto los puntos salientes de este magisterio de la Iglesia con respecto a la vertiente ecológica?
El punto clave es la referencia al ambiente natural como "creación": " El creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades —materiales e inmateriales— respetando el equilibrio inherente a la creación misma. Si se desvanece esta visión, se acaba por considerar la naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar de ella. Ambas posturas no son conformes con la visión cristiana de la naturaleza, fruto de la creación de Dios" (Caritas in veritate, 48). No se trata pues de una invitación sólo para los cristianos, sino de un contribución eficaz al compromiso de todos por un mundo más vivible; esto es corroborado por el hecho de que el concepto de creación no disminuye el valor del hombre, más bien lo exalta como destinatario y responsable de un bien tan grande: "Considerar la creación como un don de Dios a la humanidad nos ayuda a comprender la vocación y el valor del hombre."
La idea de creación es pues el principal carácter de originalidad de la posición de la Iglesia; y también es un elemento de demarcación con respecto a tanto ecologismo hijo de una cultura escéptica y panteísta. En vez de agotar nuestras relaciones con el ambiente en un indistinto activismo, el Papa habla de una "reciprocidad" en la acción genuinamente ambientalista: "al cuidar la creación, nosotros constatamos que Dios, a través de la creación, cuida de nosotros."
Además Benedicto XVI pone en guardia respecto a cada tendencia a absolutizar la naturaleza o "a considerarla más importante que la persona humana misma ", ignorando la fundamental diferencia ontológica y de valor entre la persona humana y los otros vivientes. Remarca por tanto la perplejidad de la Iglesia hacia las posiciones inspiradas "al ecocentrismo y al biocentrismo" poniendo en guardia respecto a la inclinación hacia un "nuevo panteísmo con énfasis neopaganos que hacen derivar de la sola naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista, la salvación para el hombre."
El énfasis sobre la creación se revela sin embargo el más adecuado para dar también fundamento a las actividades de conocimiento y al estudio del ambiente: "Para guiar a la humanidad hacia una gestión globalmente sostenible del ambiente y los recursos del planeta, el hombre está llamado a emplear su inteligencia en el campo de la investigación científica y tecnológica y en la aplicación de los descubrimientos que de ésta se derivan". Y además referirse a la naturaleza como "creada" ofrece sólidas y realistas bases a cada acción de tutela y saneamiento que no sea puramente voluntariosa o demostrativa.
Qué aquella de Benedicto XVI no quede como pura afirmación de principios se nota también en los énfasis realistas y con valoraciones críticas hacia un cierto modo de considerar el ambiente; llegando a denunciar "el actual ritmo de explotación (que) pone seriamente en peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales"; y a hablar de "degrado ambiental, (que) es a menudo el resultado de la falta de proyectos políticos previsores o del perseguimiento de miopes intereses económicos."
Una intervención, aquella por el día de la Paz, que abre interesantes perspectivas en la línea, ya indicada en la encíclica, de una auténtica "ecología humana" y a partir de la urgencia de una seria labor cultural: "El degrado de la naturaleza está, en efecto, estrechamente conectado a la cultura que modela la convivencia humana, por la cual cuando la ecología humana es respetada dentro de la sociedad, también la ecología ambiental trae beneficios".
Entre las perspectivas abiertas bastará con citar la importancia de la solidaridad inter e infra generacional, que empuja a una particular atención hacia las condiciones futuras del Planeta y reclama sobre todo "la responsabilidad histórica de los Países industrializados". Otra contribución propositiva es la invitación a incentivar una investigación y desarrollo que se meta al servicio del hombre, en la conciencia de que "la técnica no es nunca sólo técnica" sino expresión del hombre, de sus deseos, de su idealidad.
En fin, la urgencia de una nueva mentalidad que "induzca a todos a adoptar nuevos estilos de vida". Pero también aquí la propuesta es en positivo y no según la lógica de la pura renuncia y del "menos es bello". Los estilos de vida que alude Benedicto XVI son aquellos "en los que la búsqueda de la verdad, de lo bello y de lo bueno y la comunión con los otros hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen la elección de los consumos, de los ahorros y de las inversiones". Sobre los estilos de vida el Papa ha vuelto al mensaje del 1º de enero; donde el énfasis ha sido puesto sobre la responsabilidad educativa, que también en este ámbito se impone como una prioridad: "Todos en efecto somos responsables de la protección y del cuidado de la creación. Por tanto, también en este campo, es fundamental la educación: para aprender a respetar la naturaleza; orientarse cada vez más a construir la paz a partir de elecciones de amplio radio a nivel personal, familiar, comunitario y político."
Nuevos estilos de vida no se pueden imponer por ley y tampoco con un esfuerzo voluntarioso y moralista (que recorre muchas iniciativas de los movimientos ambientalistas). Es ante todo un problema de formación y madurez de la persona: sólo un hombre consciente de sí y de su puesto en la creación podrá contribuir de modo no veleidoso a proteger el ambiente natural. El ambiente en fin - como se afirma en las conclusiones de la exhibición Atmosfera, que Euresis ha propuesto hace dos años en el Meeting de Rímini y sucesivamente en otras ciudades - es "una cuestión de hombres."

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