Educación, identidad y diálogo
autor: Ignacio Carbajosa Pérez
Docente de Antiguo Testamento en la Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso de Madrid
Alon Goshen-Gottstein
Director of The Elijah Interfaith Institute de Jerusalem
Abdel-Fattah Hassan
Docente de Literatura italiana al Ain Shams University del Cairo
Roberto Fontolan (moderador)
Director del Centro Internacional de Comunión y Liberación
fecha: 2013-08-22
fuente: Educazione, identità e dialogo
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La natura dell'uomo è rapporto con l'infinito", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "La naturaleza del hombre es relación con el infinito")
traducción: María Eugenia Flores Luna

ROBERTO FONTOLAN:
Buenos días. Nuestro encuentro en esta cuarta jornada del Meeting se articulará sobre tres términos: identidad, diálogo, educación. El tema constituye otro capítulo de la larga historia del Meeting que desde el inicio se ha constituido, se ha presentado como expresión de un sujeto de clara identidad cristiana, que ha propuesto y llamado al encuentro personas, culturas y fes, conscientes como somos de que la obra del diálogo, que para nosotros es encuentro profundo con la naturaleza del hombre, se nutre y crece gracias a la educación. Viniendo al mundo, cada hombre recibe algo de quien lo ha precedido y del ambiente que lo circunda. Siguiendo a los maestros, verificando la cultura que lo impregna y a veces lo manipula, el hombre profundiza la propia identidad, la propia tradición y se abre al otro en cuanto portador de la misma experiencia fundamental, según cuanto hemos aprendido en los años de don Giussani. Para cada uno de los términos de nuestro título, hemos propuesto a nuestros relatores, que ahora voy a presentarles, localizar las bases de la Escritura, de la Sagrada Escritura, bases de experiencia humana que constituyen las aproximaciones a la fe. Además, también hemos propuesto una ulterior ocasión que me gusta recordar. En el último encuentro de Asís, Benedicto XVI ha tocado un punto muy importante y muy delicado usando estas palabras: “La crítica de la religión, a partir de la Ilustración, ha afirmado repetidamente que la religión fuera causa de violencia y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. Que aquí la religión motive de hecho la violencia es cosa que, en cuanto personas religiosas, nos tiene que preocupar profundamente. En un modo más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde la violencia es ejercida por defensores de una religión contra los otros”. Manifestaciones de esta violencia nos ofrece la crónica contemporánea. Entonces, pongámonos esta pregunta, les decía el Papa a los líderes religiosos: nosotros sabemos que “ésta no es la verdadera naturaleza de la religión… Contra eso se objeta: ¿pero de dónde saben cuál sea la verdadera naturaleza de la religión?. ¿La pretensión de ustedes no deriva quizás del hecho de que entre ustedes la fuerza de la religión se ha apagado? Y otros objetarán: ¿pero existe realmente una naturaleza común de la religión, que se exprese en todas las religiones y es por tanto válida para todas?”. Por eso, decía el papa, “estas preguntas las debemos afrontar si queremos contrastar de modo realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos”. Hemos encontrado interesante esta ocasión porque muchos rechazan esta idea de modo no convincente: para muchos líderes religiosos, la idea de que la religión y la violencia estén enlazadas es una conexión falsa. Pero el problema es: ¿cómo la argumentamos, cómo la demostramos, cuál es la verdadera naturaleza de la religión? En este sentido era interesante el desafío mundial lanzado por el Papa en aquel encuentro. Bien, ahora nuestros relatores. A mi izquierda, el rabino Alon Goshen-Gottstein. Es la tercera vez que participa en el Meeting, es un honor tenerlo aquí también en esta ocasión. Es una de las figuras más relevantes del diálogo interreligioso a nivel internacional, ha fundado y dirige el Elijah Interfaith Institute, que quiere decir el Instituto Elías Ecuménico, podemos decir así. Ha escrito numerosos libros, ha conseguido el doctorado de investigación sobre el pensamiento rabínico en la Universidad Hebrea de Jerusalén en 1986, está comprometido trabajando en un libro titulado Behind Idolatry, es decir, más allá de la idolatría, me ha dicho que está trabajando activamente sobre este texto que saldrá dentro de poco. A mí lado, está padre Ignacio Carbajosa. Ha ya intervenido ayer al Meeting, en un bellísimo encuentro con el arqueólogo Buccellati. Es ordenado sacerdote en la Diócesis de Madrid en1997, es Ordinario de Antiguo Testamento en la Universidad San Dámaso de Madrid. Por último, el profesor Abdel-Fattah Hassan. También por él podemos hablar de un agradable retorno. Aún el otro día hemos tenido una bellísima mesa redonda sobre el tema de la libertad religiosa y encontramos de vez en cuando, nos lo hemos dicho también antes, también aquí al Meeting, personas que han aprendido el árabe de él, que lo ha enseñado por muchos años al instituto Comboni del Cairo: si muchas entre las personas presentes y las que encontrarán fuera de aquí logran entender sea el árabe clásico que el árabe coloquial, es gracias a este señor. Actualmente enseña Literatura italiana, porque no sólo es un profesor de árabe sino también un gran estudioso de la literatura italiana. El otro día ha cerrado su intervención citando a Ludovico Ariosto. Bien, doy enseguida la palabra al rabino Alon que hablará en inglés y que abrirá esta sesión nuestra. Gracias.

ALON GOSHEN-GOTTSTEIN:
Gracias, Roberto, por haberme invitado aquí por tercera vez al Meeting. Les tengo que confesar que me siento un poco inseguro, porque generalmente la gente al teléfono me cambia por una señora. El problema de mi voz asumirá una naturaleza todavía peor porque me oiré hablar en italiano con voz femenina, y eso me preocupa no poco: les pido disculpas desde ahora. Espero me entiendan, trataré de hacer un discurso articulado a pesar de esta difícil situación. Querría explicarles cuál es el compromiso que me he propuesto hoy. Nos hemos reunido para hablar de tres cosas: identidad, instrucción o educación y diálogo. Luego Roberto nos ha enviado una nota diciendo que habríamos tenido que hablar de violencia y razón. Ya hay cinco argumentos de que debatir. A esto tenemos que añadir el hecho de que tenemos que afrontar la idea de que la naturaleza del hombre es relación con el infinito. Luego tenemos también que hablar de amistad. Por lo tanto me encuentro a hablar de siete argumentos. El problema aún es peor, sin embargo, porque me ha sido dicho que soy rabino, pero puedo hablar sólo como hebreo. He sido presentado sin embargo también como doctor y por lo tanto tendré también que hablar del debate interreligioso. Por tanto, tengo que hablar de siete por tres, veintiuna perspectivas diferentes en veinte minutos. Será realmente muy laborioso. El único modo para resolver el problema es hablar mucho, muy velozmente. Bien, tengo intención de afrontar estos desafíos, estos veintiún puntos, de este modo: trataré de entender cuál es realmente el punto fundamental sobre el que se introducen los demás puntos. Tenemos realmente un menú muy complejo. He llegado a la conclusión de que lo mejor para mí consista en detenerme sobre la identidad, que es el punto clave. Una vez entendido qué es la identidad, a este punto podríamos pasar a considerar las consecuencias de la identidad, la instrucción, la violencia, la amistad y demás. Es intención mía por lo tanto presentarles una serie de modelos: estos modelos no son hebreos, son el resultado de mi estudio. En todo caso, trataré de decir algo respecto a las implicaciones en ámbito hebreo de estos modelos. Pasaremos en reseña cinco diferentes modelos para entender la identidad, tratando de analizar cada caso para ver cuáles son las consecuencias de los problemas relativos a la identidad por todos los aspectos que hemos sido llamados a considerar.
El primer modelo presupone que mi identidad sea simplemente la identidad de una persona, de un ser humano. De este modelo podemos tener dos versiones: una secular y una religiosa. Comenzamos con la primera. La versión secular del ser humano evidencia que nosotros vivimos en una sociedad donde, al menos en los Países democráticos, todos tienen derechos y deberes: la sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad de evitar todos los conflictos de identidad, tratando de crear una convivencia armoniosa. Por tanto, la sociedad debe estar basada en la tolerancia y la tolerancia de por sí está basada en la dignidad del ser humano: tal dignidad es puesta en relieve en el respeto de los derechos humanos que se convierten siempre en parte más integrante de nuestro diccionario colectivo. Por tanto, tenemos un Estado secular o semisecular, en ciertos casos. Estos Estados tratan de respetar la multiplicidad de las diferentes identidades. Nosotros somos todos ciudadanos, todos tienen derechos y deberes que tenemos que respetar: el concepto de base es que somos todos iguales porque somos seres humanos. Bien, este ethos secular por algunos aspectos también implica el pensamiento religioso sobre el diálogo. Porque es muy raro que un cierto sistema logre simplemente limitarse a un modelo, y por tanto el modelo religioso y secular se mezclan y en práctica el diálogo y la educación se basan justo sobre el presupuesto secular según el cual el ser humano tiene un valor propio en cuanto persona. La instrucción y la educación, en este caso, llevan al pluralismo. En práctica, hace falta aceptar al otro y hacer de tal manera que cada persona vea los propios derechos respetados. ¿Qué es el diálogo, según tal interpretación? El diálogo es un mecanismo que permite administrar potenciales tensiones que puedan poner en riesgo el vivir armonioso de la sociedad. Yo soy hebreo, Usted es cristiano, Usted es musulmán: nuestras identidades religiosas pueden estar al origen de un conflicto. Las sociedades civiles o seculares favorecen el diálogo para ayudarnos a superar estas tensiones. Naturalmente, nuestras diferencias son consideradas como potencial fuente de violencia, y por lo tanto el diálogo es un instrumento para limitar la violencia. Gracias al diálogo, los diferentes grupos se comprenden, hablan y viven juntos. Cuando observamos el mundo occidental, y también parte del mundo no occidental, vemos que los organismos de Gobierno se dedican a estimular el diálogo porque la sociedad tiene que continuar. Sabemos que existen dificultades, por lo tanto el diálogo ayuda en este sentido. ¿Cuál es el punto más importante de todo esto? Las Naciones Unidas efectivamente pueden ser consideradas justo la suma de las instituciones internacionales. Hace dos años, han dedicado una semana al diálogo ecuménico: nunca habría pensado que las Naciones Unidas habrían hecho entrar la religión a su Edificio de Vidrio. Lo hacen porque han entendido que el diálogo interreligioso ayuda a neutralizar los conflictos de identidad. Por tanto, si hablamos de razón y tratamos de entender cómo la razón administre la violencia, según este modelo podríamos decir que el discurso de los derechos se ha vuelto más importante que el discurso de la razón. Por tanto, derecho equivale a razón en los tiempos modernos, y todas las religiones han tenido que afrontar este aspecto. Algunas religiones han meditado más sobre la cuestión para tratar de entender cómo justificar y dar una base al concepto de identidad sobre bases religiosas. Otro punto es la amistad. ¿Qué significado tiene según este modelo? Todos son iguales, todos son seres humanos, por lo tanto deberíamos ser amigos en el ámbito del diálogo. Éste es el primer modelo, pasamos al modelo número dos, que está directamente correlato sin embargo tiene una dimensión religiosa: por tanto, implica un desafío teológico. Ahora querría hablarles de la imagen de Dios. El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. ¿Qué significa el hecho de que se reconozca que la persona humana hace parte de la imagen de Dios? ¿Y qué sentido tiene, en relación a los otros elementos de la identidad? ¿Yo soy más hebreo o más parecido a Dios? ¿Cuál es mi rol? Éste es un desafío teológico interno, no se trata de un desafío que tenga que ser discutido a nivel internacional. Hace falta tratar de entender cuál sea el potencial de este concepto para el objetivo de mi identidad, y por tanto en relación a todo lo que seguirá de eso. Y aquí, la educación se vuelve muy importante. Nosotros tendemos a pensar en la educación como en unos valores que tenemos que entregar y transmitir a otros. En realidad, la educación es un proceso que crea valores, es la elección de dar prioridad a ciertos valores: por tanto, privilegiar la imagen de Dios como elemento fundamental de la educación no significa sólo que existan valores por transmitir. Implica en cambio hacer una teología, una pedagogía constructiva y transformar la imagen de Dios en algo que podemos transmitir a los otros. Todos nosotros a menudo hablamos de la imagen de Dios pero en la Biblia hebrea la imagen de Dios sólo aparece dos veces: y por tanto, decir que este concepto es fundamental parecería equivocado según el análisis estadístico, visto que sólo aparece en el Génesis y luego desaparece totalmente. Desde un punto de vista teológico y educativo-pedagógico, ha sido hecho mucho trabajo para poner al centro esta imagen. Es propio de un proceso educativo analizar un cierto ideal y ponerlo a la base de todo para abrirse a la sociedad.
Por cuanto concierne al diálogo interreligioso, hay muchos desafíos. Judaísmo y cristiandad tienen posiciones diferentes al hablar de las imágenes de Dios. Hay que hacer un trabajo: en este caso, tiene que entrar la educación para hablar de la imagen de Dios desde el punto de vista del Islam. Los musulmanes dicen que Dios no tiene imagen: al mismo tiempo, me han dicho amigos musulmanes que Mahoma ha hablado de la imagen de Dios, lo que significa que eso tiene que ver con el desafío de la educación. ¿Cuáles son las implicaciones de la imagen de Dios en términos educativos? El concepto fundamental para entender a los demás es el respeto. Según los textos rabínicos, el concepto de la imagen de Dios es utilizado como base del respeto: no hay que matar a los otros porque los seres humanos son imagen de Dios. Del punto de vista de la violencia, si trabajáramos adecuadamente con la imagen de Dios quizás no necesitaríamos el diálogo. Entender qué sea realmente la imagen de Dios, desde un punto de vista teológico y como categoría pedagógica, podría ser una base de convivencia en el respeto. Si nosotros estamos hechos a imagen de Dios, y pensamos ante todo en eso, el diálogo no sirve. ¿Entonces, a qué sirve el diálogo desde el punto de vista del segundo modelo mío? Querría decirles que la imagen de Dios nos da la idea de que quizás el diálogo sirve justo porque estamos hechos a imagen de Dios. Por lo tanto, si el otro está hecho a imagen de Dios, probablemente puede enseñarme algo de Dios, de mi vida espiritual. El problema es pues cómo construir un diálogo entre imágenes de Dios. Éste es un concepto sobre el que no se ha trabajado mucho pero pienso que merezca la pena. En cuanto a la amistad, no es sólo entre yo y tú como personas sino como imágenes de Dios: yo soy amigo tuyo, pero amigo de Dios a través de la imagen de Dios que está en ti.
Pasamos al tercer modelo, al concepto por el que mi identidad está basada en el hecho de que soy miembro de una religión particular: y he aquí el motivo por el que estoy aquí a hablar de diálogo. La idea es que, visto que pertenecemos a religiones diferentes, somos diferentes, y potencialmente hay un conflicto. Veamos de analizar las cosas en base a los conceptos de identidad y educación. Desde el punto de vista de las religiones tradicionales, la educación es a la fidelidad y al credo de la tradición religiosa. Por tanto, no me sirve el otro, no me sirve el diálogo, sino sólo permanecer en la tradición que me es propia. Si sirve el diálogo, es porque hay otras fuerzas, una opresión civil, o porque, si la religión es misionera, hay un impulso misionero al diálogo. Pero en términos de formación de la identidad, fundamentalmente, el diálogo no sirve. En todas nuestras religiones, hay personas que se oponen al diálogo interreligioso porque prevén un cierto modo de construir las identidades religiosas de los individuos. Gran parte del diálogo formal no logra alcanzar a la comunidad. Hago un ejemplo: el Jefe Rabino de Israel y el Vaticano dialogan desde los tiempos de la visita de Juan Pablo II. Se hablan, publican trabajos, pero en realidad no hay ninguna diferencia porque los frutos de esta relación no son transmitidos nunca a la gente. Hay presiones políticas externas, Israel depende del Foreign Office, se encuentran en términos formales y políticos pero no se dan cuenta, en términos de identidad, de cuánto este diálogo sea importante para sus comunidades religiosas: el diálogo no alcanza nunca a las personas. La gente sabe que el Jefe Rabino dialoga con los católicos, pero en realidad muchos no saben que eso ocurre porque la identidad es definida de modo tal que no retoma dentro de sí el diálogo: y eso no se traduce en la educación. ¿Cómo penetra la violencia según este modelo de identidad, definido principalmente como identidad en la propia tradición religiosa? Yo no creo que el hecho de que uno sea fiel al propio credo religioso abra la puerta a la violencia. Podría suceder pero no es necesariamente así. Hacemos una distinción entre lo que es la violencia de primer y segundo orden. Aquel de primer orden prevé que se reconozca que hay algo legalmente violento en el modo en que la religión de ustedes es estructurada. Yo no me refiero al Islam, sino a la estructura particular del Islam, que puede ser no violenta o menos. La violencia de primer orden es algo fundamental, que hace parte de la identidad religiosa. La violencia de segundo orden es un estímulo que, en algunos casos, enciende algo que no se habría verificado de otro modo. La identidad hebrea no está abierta a la violencia de primer orden. Por 2000 años, los hebreos como minoría, han aprendido a no hacer proselitismo, han tratado de convivir con los otros. La violencia no es un elemento fundamental de su identidad. Sin embargo en Israel, a causa de nacionalismo, autodefensa, cuestiones de territorialidad, hoy hay otros elementos que entran en juego en el paradigma y estimulan un potencial de violencia: y eso puede ser un gran problema. Objetivo de la educación y de la instrucción, no es sólo aquel de educar a ser fieles a la propia identidad, sino de educar para controlar aquellos elementos que pudieran hacer estallar la violencia. Si uno se concentra sólo en la identidad, que la violencia sea de primer o segundo orden, no tiene importancia, estallará. Tendrá que haber en todo caso un esfuerzo intencional para contener el potencial de violencia: en particular, la imagen de Dios que está en nosotros. Último punto: ¿qué es la amistad? Aquí la respuesta está clara. La mayor parte de nosotros sabe que nuestros amigos son de nuestra tradición religiosa: cristianos amigos de cristianos, hebreos de hebreos, musulmanes de musulmanes. Es normal que la amistad regrese a la propia comunidad: si la identidad es construida en base a la identidad religiosa, en la mayor parte de los casos los amigos serán de la misma fe de ustedes.
Un tercer punto, lo menciono porque Ignacio ha compartido un esbozo de su trabajo que, como nos dirá, habla de Abraham y sugiere una comunidad, un parecido en términos abrahámicos entre las tres religiones. Se supone pues que podemos construir nuestras relaciones en términos abrahámicos. Yo diré que no creo que nadie pueda construir una identidad abrahámica con respecto a otra cosa. La figura de Abraham, si es vista de cerca, es fuente más de conflicto que de armonía. Es una figura que ha sido desarrollada para sugerir paz y colaboración: en realidad, es una construcción que puede ser útil para la educación, pero no para construir la identidad.
Abandono este argumento para continuar sobre el último modelo. Aquí estamos en el corazón del título del Meeting. Modelo de nosotros como hijos de Dios. Naturalmente se trata de un modelo asociado a la imagen de Dios, una identidad directamente construida en relación a Dios. Yo soy quien soy justo porque yo y mi gente somos construidos en relación a Dios. Somos hebreos, cristianos y musulmanes pero tenemos en común a Dios. Hay algo, en la relación hombre/Dios, que nos lleva más allá de las diferencias. Y aquí la educación y el diálogo son dos desafíos completamente separados. La educación sirve para alcanzar los frutos más elevados de la tradición, es decir Dios. Si se alcanza a Dios, el diálogo tiene otro significado: ya no concierne a la tentativa de estar bien juntos sino pregunta qué podemos aprender los unos de los otros. Si la religión es interpretada así, no hay espacio para la violencia porque Dios es universal. Si se ve más allá de las identidades, se puede superar el conflicto. El papa Benedicto XVI habla de razón como elemento complementario a la violencia. Hay una correlación entre el temor del Papa, el relativismo y el pluralismo. Cada sistema religioso necesita equilibrio. Si uno tiene una visión tipo aquella hindú - pluralismo religioso, todos hacia Dios - la no violencia es un instrumento para el éxito de la religión. El Papa no es capaz de desarrollar este pluralismo porque teme las consecuencias relativistas. Por tanto, usa la razón como alternativa. ¿Qué funciona mejor para contener la violencia, Dios y la búsqueda espiritual que lleva a todas las religiones más allá o el poder de la razón? Yo soy más hindú que seguidor del Papa.
Por cuanto concierne al judaísmo, querría hablar del concepto de construcción de la identidad. Relato una pequeña anécdota. Cuando he fundado mi instituto en 1996, el primer curso veraniego en 1997 ha reunido por tres semanas hinduistas, budistas, hebreos, musulmanes, etc. Después de tres semanas nos hemos encontrado para discutir las implicaciones de aquel curso para todos los estudiantes. Algunos estudiantes hebreos ortodoxos han dicho que antes del curso temían que su identidad hubiera sido amenazada, pero en cambio había sido reforzada. Es un testimonio extraordinario. Hemos descubierto que el diálogo con los demás refuerza nuestra identidad. El diálogo verdadero lleva a otro lugar los particularismos. ¿Cuántos de ustedes se han sentido más cerca a otros, de fe religiosa diferente de la de ustedes, que a miembros de su misma religión? ¿Por alzada de mano? Sólo cinco. Los demás tienen que venir absolutamente a un seminario mío. ¿Por tanto, me pregunto, el diálogo y la instrucción, qué son? Si observamos los modelos, vemos que ninguna religión representa un solo modelo. Nuestras religiones reúnen los varios modelos. La educación tiene que hacernos entender cómo construir nuestra identidad. ¿Seré a imagen de Dios? ¿Según la imagen secular? La educación nos ayuda a construir una identidad múltiple y el diálogo nos ayuda a entender cómo podemos llegar juntos, con todas las diferentes religiones, a aquel punto supremo, a aquella forma de identidad que nos dará la paz y que proviene de Dios.

ROBERTO FONTOLAN:
Ha sido una larga y veloz cabalgata, pero gracias al rabino Alon hemos tenido realmente un gran panorama. Es muy fascinante. Ahora escuchamos al Padre Ignacio Carbajosa.

IGNACIO CARBAJOSA PÉREZ:
Hay un punto en común que las tres tradiciones religiosas sentadas en esta mesa comparten: la figura de Abraham. Es un punto de partida que nos aúna en el paso desde el politeísmo irrazonable hasta una religiosidad sensata, a partir de la llamada del Dios que ha hecho los cielos y la tierra. Las tres religiones aquí representadas tienen en común algunas tradiciones o leyendas sobre el modo en que Abraham pasa de la idolatría a la adoración de un único Dios. Estas leyendas hacen del padre de Abraham, Tera, un fabricante y vendedor de ídolos. En efecto, Abraham, junto a los hermanos, ya desde pequeño trabajaba en el negocio de su padre vendiendo ídolos. Les propongo, para iniciar mi intervención, la lectura de una de estas tradiciones sobre Abraham, conocida, en una forma o en otra, por las tres religiones.
«Abraham preguntó a su padre: "Dime, padre mío, ¿dónde está el Señor que ha creado el cielo y la tierra y que también ha creado a ti y a mí sobre [esta] tierra?". Y Tera responde a su hijo Abraham, diciéndole: "Bien, quien ha creado todo eso está con nosotros, en casa". Y Abraham responde a su padre: "Por favor, muéstramelos, mi señor". Y Tera condujo a su hijo Abraham hacia el portal interno y hacia la habitación. Y Abraham vio, y he aquí toda la habitación llena de ídolos de madera y piedra, doce grandes iconos y otros innumerables, más pequeños junto a ellos. Y Tera le dijo a su hijo: "He aquí, éstos son los que han hecho todo lo que has visto en toda la tierra; y ellos son los que han creado a mí y a ti y a todos los hombres de la tierra". Y Tera se prosternó delante de todos sus ídolos y salió de allí. Después de haber salido de allí, Abraham dijo a su madre: "Bueno, toma de prisa por mí un cabrito del rebaño y haz una comida exquisita. Y llevaré esta exquisitez como oferta a los ídolos de mi padre para que la coman, quizás suscitaré su benevolencia". Su madre hizo así. Y Abraham tomó aquellos manjares de la mano de su madre y los llevó delante de los ídolos de su padre. Y les ofreció de comer, sin que su padre Tera lo supiera. Y aquel día Abraham quedó sentado con ellos y los observó, y vio que no tenían voz, no se movían: ninguno extendía la mano para comer. Y Abraham les tomó el pelo diciendo: "¡Quizás ahora las exquisiteces que les he preparado no les gustan, o quizás son demasiado pocas y es por eso que no comen! Mañana les haré otras más ricas y abundantes, y veré cómo será". Y el día siguiente pidió a su madre que preparara [otra] comida exquisita. Abraham tomó las viandas de su madre y las llevó a la habitación, delante de los ídolos de su padre. Y les puso de comer, y las ofreció a todos, y durante todo aquel día Abraham quedó sentado delante de ellos, en la eventualidad de que se pusieran a comer. Y Abraham los vio, y allí faltos de voz y de conciencia, ninguno de ellos alargó la mano hacia las viandas para comer. Y más tarde, aquella noche, el espíritu del Señor recubrió a Abraham dentro de aquella casa. Y [Abraham] invocó y dijo: "Qué lío, para mi padre y para toda esta generación malvada, cuyo corazón se ha desviado hacia las [creencias] insensatas. Y ellos sirven a ídolos como aquellos de allí, hechos de madera y piedra, que no comen, no sienten olores, no oyen y no hablan. Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen; tienen manos, sin tener tacto; tienen piernas, pero no caminan. Los que los han construido serán como ellos, y así todos los que ponen su certeza en ellos, que les sirven y que se prosternan ante ellos". Y cuando Abraham vio todas estas cosas y todos los actos malvados, se irritó fuertemente con respecto a su padre. Y fue, tomó en mano el hacha, entró en la habitación y destruyó todos los ídolos de su padre. Y luego, cuando hubo acabado de destrozar los íconos, puso el hacha en manos del más grande de los ídolos que estaba allí delante de los otros, y salió. Y su padre Tera volvió a casa, escuchó desde la entrada el ruido de los golpes del hacha y entró a la casa para constatar de qué se tratara y se dio con su hijo Abraham. Y Tera entró a la habitación y encontró todos los ídolos rotos, con los manjares preparados por Abraham aún delante de ellos. Y Tera vio este hecho y se irritó mucho y salió de prisa de la habitación en dirección de Abraham. Y encontró a Abraham aún sentado en casa y le preguntó: "¿Qué les has hecho a todos mis ídolos?". Y Abraham respondió a su padre Tera diciendo: "No, mi señor, sólo les he llevado las viandas. Y cuando se las puse a ellos para que comieran, todos alargaron la mano antes que el más grande de ellos se hubiera servido. Y el gran [ídolo] vio lo que le habían hecho y se irritó mucho contra ellos. Fue, tomó el hacha que estaba en casa, se lanzó contra ellos y los destruyó todos: he aquí, el hacha todavía está en su mano, como has visto". Tera se irritó con Abraham por haber pronunciado aquellas palabras, y en su rabia Tera dijo a Abram su hijo: "¿Pero qué discursos estás haciendo? ¡Me estás diciendo mentiras! ¿Quizás aquellos ídolos tienen espíritu, alma y capacidad de cumplir todos los actos que me has contado? ¿Quizás no están hechos de madera y de piedra, y no soy yo mismo quien los ha fabricado? ¡Eres tú que has puesto el hacha en su mano para poder decirme que ha sido él quien los golpeó a todos!". Y Abraham respondió a su padre diciendo: "¿Y tú cómo puedes servir a aquellos ídolos, que no tienen poder para hacer nada? ¿Pueden salvarte quizás, estos ídolos en los que pones tu certeza? Y ahora, no está bien que tú y todas las personas malvadas que frecuentas se comporten de este modo. ¿Son quizás locos o tontos, y no tienen discernimiento, [al punto de] servir a la madera y la piedra de este modo?"».
Hasta aquí el relato, que conoce tantas otras formas parecidas y nuevos episodios, que, en todo caso, siempre tienen en común el paso de una actitud irrazonable a una sensata, adecuada a la realidad que tenemos delante y al instrumento con que tomamos conciencia de este real: la razón. Este paso de la idolatría a la adoración del Dios único que ha creado cielo y tierra no ocurre, en cambio, como resultado de un razonamiento abstracto o una búsqueda profunda. Es descrito como resultado de una Revelación, es decir de la intervención de Dios en la historia, cuyo primer hecho es la llamada de Abraham.
Revelación (o fe) y razón. He aquí los dos términos que hoy parecen contrapuestos. Es a esta contraposición, que alguien diría in terminis, que es atribuida el origen de la violencia entre pueblos y culturas. La violencia entre las religiones sería atribuida a la afirmación intolerante de una revelación contra otra. Por fuerza, siempre según esta opinión, revelación implica la afirmación de una verdad no alcanzada por la razón, entonces, no común a todos los hombres, y por lo tanto, por naturaleza particular, no universal. No habría posibilidad de diálogo porque la hipotética verdad no es alcanzable excepto que por revelación.
De otra parte, el mundo moderno aparentemente ha nacido de la superación de la fe como factor común de los pueblos europeos. Las guerras de religión que siguen la reforma protestante han hecho evidente que la revelación cristiana ya no era el punto firme sobre el cual construir la convivencia. Desde aquel momento, la razón se ha impuesto como el factor común a todos los pueblos y a todas las personas. Para favorecer la paz, la convivencia y el diálogo, las religiones deberían relativizar sus pretensiones de verdad o al menos ponerlas a un lado en la casa común. Se entiende pues la preocupación con la que Benedicto XVI se dirigía a los representantes de las religiones convocadas en Asís, el 27 de octubre pasado, para un jornada de reflexión, diálogo y plegaria:
“La crítica de la religión, a partir de la Ilustración, ha afirmado repetidamente que la religión fuera causa de violencia y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. (…) Los representantes de las religiones reunidos en 1986 en Asís querían decir - y nosotros lo repetimos con fuerza y gran firmeza: ésta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es en cambio su distorsión y contribuye a su destrucción. Contra eso se objeta: ¿pero de dónde saben cuál sea la verdadera naturaleza de la religión? ¿(…) existe realmente una naturaleza común de la religión, que se expresa en todas las religiones y es por tanto válida para todas? Estas preguntas las debemos afrontar si queremos contrastar de modo realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos. Aquí se necesita una tarea fundamental del diálogo interreligioso (…)”.
Entonces - nos preguntamos con el Papa - ¿cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Para intentar responder a esta pregunta, volvemos a la figura de Abraham que representa el origen de nuestras tradiciones religiosas. Sea en el texto bíblico (común al hebraísmo y al cristianismo) que en las tradiciones posteriores, nacidas en el seno del judaísmo y del Islam, es el evento de la revelación de Dios en la historia que pone a Abraham en la condición de usar la razón con toda su potencia. Así hoy, todos, también los no creyentes, se reconocen en aquellos hechos del padre de las gentes que, llamado por Dios, sale de la irracionalidad de la idolatría para reconocer a Aquel que ha creado los cielos y la tierra. En estos versículos del Alcorán sentimos salvada toda la exigencia de nuestra razón:
«Y cuando lo envolvieron las tinieblas de la noche, [Abraham] vio una estrella, y dijo: “¡He aquí Mi Señor!”. Pero cuando la estrella tramontó dijo: “No amo lo que tramonta”. Y cuando vio la luna elevarse en el horizonte, dijo: “¡He aquí Mi Señor!”. Pero cuando también ella fue tramontada exclamó: “¡Si mi Señor no me guía, también estaré yo entre los perdidos!”. Y cuando vio el sol naciente gritó: “¡He aquí Mi señor! ¡Éste es mucho más grande!”. Pero cuando también eso tramontó, Abraham gritó: “¡Oh pueblo mío, soy inocente de la idolatría de ustedes! ¡Yo vuelvo la cara hacia Él que ha creado los cielos y la tierra, en pureza de fe y ningún compañero a Él quiero darle!”».
Si miramos en cambio la Biblia, podremos ver cómo la extensión de la razón que la intervención histórica de Dios ha provocado soporta el encuentro con la filosofía griega. En estos versículos del libro de la Sabiduría, nacido en el ambiente de la Alejandría helénica del siglo I a.C., conmueve la potencia especulativa del pueblo hebreo. Aunque la formulación de este libro es tardía, la impostación y sus raíces (ya presentes en la profecía clásica hebrea del siglo VIII A.C.) preceden al gran movimiento de la filosofía clásica de Grecia, en el siglo IV A.C.:
“Sí, vanos por naturaleza son todos los hombres que han ignorado a Dios, los que, a partir de las cosas visibles, no fueron capaces de conocer a «Aquel que es», al considerar sus obras, no reconocieron al Artífice. En cambio, tomaron por dioses rectores del universo al fuego, al viento, al aire sutil, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a los astros luminosos del cielo. Ahora bien, si fascinados por la hermosura de estas cosas, ellos las consideraron como dioses, piensen cuánto más excelente es el Señor de todas ellas, ya que el mismo Autor de la belleza es el que las creó. Y si quedaron impresionados por su poder y energía, comprendan, a partir de ellas, cuánto más poderoso es el que las formó. Porque, a partir de la grandeza y hermosura de las cosas, si llega, por analogía, a contemplar a su Autor.” (Sab 13,1-5).
¿Y cómo no quedar conmovido por la provocación al uso de la razón de parte de Jesús de Nazaret, tal como nos ha sido transmitido en muchos textos del Evangelio? En efecto, como decía nuestro querido don Giussani, “en la experiencia cristiana, más bien máximamente en ella, aparece claro cómo en una auténtica experiencia estén comprometidas la autoconsciencia y la capacidad crítica, (la capacidad de verificación) del hombre, y cómo una auténtica experiencia esté bien lejana respecto al identificarse con una impresión tenida o al reducirse a una repercusión sentimental. Es en esta «verificación» que en la experiencia cristiana el misterio de la iniciativa divina [¡es decir, la revelación!] valoriza existencialmente la «razón» del hombre”. En este texto del evangelio de Mateo, los gestos potentes de la iniciativa divina, los gestos de Jesús, son propuestos a la interpretación del hombre, de modo que la fe, imposible sin esta iniciativa, puede florecer sobre una experiencia máxima de razonabilidad, nunca contra la razón:
«Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo, por lo que envió a sus discípulos a preguntarle: « ¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» Jesús les contestó: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. ¡Y dichoso aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» ¡El que tiene oídos que oiga» (Mt 11,2-6.15).
Se entiende pues la intención del Papa Benedicto XVI cuando en Ratisbona ha enfatizado, con las palabras del emperador bizantino Manuel EI Paleólogo, que "no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios". Defender este principio contra las distorsiones y la manipulación de los fanatismos religiosos, es decir, defender la verdadera naturaleza de la religión es decisivo para la contribución que las religiones todavía podrán dar en nuestras sociedades. No por casualidad, siempre según Benedicto XVI, las "distorsiones de la religión emergen cuando es dada una no suficiente atención al rol purificador y estructurante de la razón al interno de la religión”.
Hasta aquí hemos visto, aunque sumariamente, cómo la identificación entre religión y violencia, anclada en la presunta oposición entre revelación y fe, no responda a la verdadera naturaleza de la religión. La razón moderna no tiene que temer a la verdadera religión sino más bien su distorsión. Pero, llegados a este punto, tenemos todavía que entender cuál es la contribución que una verdadera religión puede dar a la sociedad al alba del tercer milenio. De cuanto hemos dicho, tomando en consideración las objeciones que la razón moderna opone a la religión, parecería que esta razón haya alcanzado un estadio de autosuficiencia, por lo que se sustentaría sola en el ejercicio de la razonabilidad mientras desarrolla la onerosa tarea de vigilar que la religión no imponga lo irracional en la ciudad común.
Desafortunadamente esta imagen de razón autosuficiente llegada (ya de más de doscientos años) a la madurez como punto sin retorno, no responde a cuanto hemos visto en el último siglo, probablemente el más violento en absoluto. Dicho con las palabras de Benedicto XVI, “una cultura meramente positivista que removiera en el campo subjetivo como no científica la pregunta acerca de Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más altas y por lo tanto un colapso del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más que graves”. Es aquí donde se sitúa el rol correctivo provisto por la religión, sin el que, según Benedicto XVI, “la razón puede caer presa de distorsiones, como ocurre cuando ella es manipulada por la ideología, o aplicada en un modo parcial, que no tiene plenamente cuenta de la dignidad de la persona humana”. Desde este punto de vista tenemos que reconocer el valor epocal del magisterio de Papa Benedicto XVI, generado por el advenimiento cristiano y concebido como una gran lucha en favor de una razón ensanchada y contra el positivismo racionalista moderno que representa una “limitación auto decretada de la razón a lo que es verificable en el experimento”.
A este punto volvemos a Abraham y a su rotura con el politeísmo. Hay un curioso paralelismo entre la cultura politeísta mesopotámica, de la que sale Abraham y nuestra cultura cientista. Parecería extravagante una comparación como ésta y en cambio no lo es para nada. A proponer esta comparación ha sido el gran arqueólogo Giorgio Buccellati, especialista de Mesopotamia del tercer milenio antes de Cristo, con el que ayer he tenido ocasión de dialogar en uno de los encuentros de este Meeting. A su parecer, “estamos todos penetrados por esta mentalidad politeísta que tiene como característica principal la voluntad de fragmentar el Absoluto. Los mesopotámicos interpretan este «desafío», desde su punto de vista, de manera estupenda. Y también muy eficaz. Fragmentar el Absoluto significa de un lado crear los dioses, del otro delinear una situación por lo que la realidad última es previsible. Fragmentar quiere decir poder analizar, controlar, distinguir. La fragmentación del Absoluto es una actitud que también tenemos hoy: lo desmenuzamos para controlarlo. En el fondo es el objetivo fundamental de todas las operaciones científicas (…). Mientras la sensibilidad bíblica es diferente: el Absoluto no es fragmentable. La tradición bíblica tiene la constante capacidad de aceptar un Absoluto que no es previsible”.
Como Abraham hace más de tres mil años, también hoy nosotros tenemos delante este desafío epocal: ampliar la razón para abrazar la realidad según la totalidad de sus factores. Reclamar la razón para que no se encierre en una fragmentación de la realidad que no hace las cuentas con todo lo real, pertenece a la verdadera naturaleza de la religión y es la gran contribución que puede dar en esta dramática coyuntura histórica. El gran movimiento del Misterio, entrando en la historia y llamando a Abraham de la idolatría, se convierte en la gran caridad de Dios con el hombre, pobre en su medida, como nos recordaba nuestro querido don Giussani:
“Toda la historia de todo el mundo se vuelve clara en un filón que parte de un hombre de la Mesopotamia, Abraham. Dios lo ha elegido para hacerse conocer por los hombres y para salvar a los hombres que navegaban en un olvido total o en una afirmación de la totalidad según una propia medida. Las otras religiones constituyen una interpretación que el hombre da del Misterio. En cambio éste es el primer momento en que se puede recibir una interpretación concebida concretamente de nuestra relación con el Misterio”.

ROBERTO FONTOLAN:
A usted, ahora, profesor Hassan, la tarea de cerrar esta serie de intervenciones, en la que también hemos seguido un cierto orden histórico de las fes por lo tanto su experiencia de hombre del Islam.

ABDEL-FATAH HASSAN:
Creo que estos tres términos, reconciliados y armonizados, puedan ser el triángulo del bienestar, de la prosperidad y de la paz de la humanidad. Según yo, a la base de este triángulo está la educación que lleva a un dúplice objetivo: conservar la identidad, superando los pasos del miedo al otro, y reconocer la identidad ajena: un binomio que conducirá a una apertura dialógica entre todos nosotros. La violencia deriva de la orgullosa tentativa de agarrarse a la propia identidad, no reconociendo o bien subestimando la identidad ajena. Por tanto, si hay una armonía entre educación, identidad y diálogo, si podemos reconciliar o armonizar estos tres elementos, tendremos resultados provechosos.
Una educación moderada, equilibrada, basada en la comprensión plena y justa de la propia tradición, de la propia identidad, e incluso del modo de vivir peculiar de los otros. Una educación al respeto de los valores sublimes - justicia, convivencia, igualdad, respeto recíproco, cooperación por el bien común - nos salvaría, protegería a cada uno de nosotros de ser víctima de crisis o contradicciones interiores.
Trataré de traducir un versículo del santo Alcorán, en la Sura XI, aquella de Hud, un profeta de Dios. Dice el Altísimo: “Si tu Señor hubiera querido, hubiera hecho de todos los hombres una sola comunidad”, es decir habríamos sido todos de un único modelo. En cambio, siempre somos diferentes entre nosotros. Luego Dios, el Altísimo, ha creado entre nosotros la diversidad, diversidad de doctrina, de culto, de tradición, de lenguas, etc. Otro versículo, en la Sura de las Habitaciones íntimas. Dice el Altísimo: “Oh hombres, los he creado macho y hembra y los he hecho pueblos y tribus para que se reconozcan recíprocamente”. Que, por lo tanto, somos cristianos, musulmanes, hebreos, budistas, el Altísimo quiere que nosotros tratemos de imitar los atributos de Dios: Dios es benévolo, Dios es tolerante, Dios perdona. He aquí dos versículos que hablan desde el punto de vista de la revelación coránica, que veo estar en armonía con las citas bíblicas y aquéllas evangélicas citadas por quien ha hablado antes que yo.
Cuando soy consciente de mi identidad, los horizontes se abren al encuentro y al diálogo con los otros, para alcanzar un futuro mejor para todos, porque somos todos pasajeros en el mismo barco: nuestro planeta es el barco, cuya salvación es salvación de todos nosotros. Cada uno de los pasajeros tiene su cabina, es decir su identidad particular que queda intacta: dejando la cabina, nos encontramos en los pasillos, en los salones, en las salas de espera. Hablo de una experiencia vivida, de pruebas tangibles que he experimentado, por ejemplo, ayer, cuando he tenido el honor de encontrar a estas almas benditas de Portofranco. Es una experiencia que he vivido por toda la vida, habiendo sido educado por los Ulema del Islam autentico, verdadero, moderado, lejos de las interpretaciones excesivas, equivocadas. La educación religiosa me ha llevado a ser un musulmán practicante Imam de las mezquitas donde hago la prédica del viernes desde hace más de veinte años. Aquí en Roma he tenido el honor de ser vice Imam del Centro islámico en los Parioli. Orgulloso de mi identidad, siempre he respetado las diversidades reconocidas por Dios el Altísimo y he llegado al diálogo y al respeto del otro. Por siete años he trabajado en el Cairo, la capital de mi País, donde he conocido al doctor Wael Farouq, con los padres combonianos, he enseñado la lengua árabe a los curas y a nuestros queridos amigos de todo el mundo, con los que siempre he cultivado una relación de amistad. En la escuela cristiana comboniana, en el Cairo, me llamaban sheikh Abdel-Fattah, el jeque Abdel-Fattah, y ponían la alfombra para la plegaria en mi despacho para permitirme hacer el rezo de mediodía. Me he vuelto tal como un pájaro con dos alas: un ala simboliza la identidad, la otra, esta apertura dialógica. Si conservo mi identidad sin reconocer y respetar la identidad ajena, se rompe un ala y yo no podré jamás volar. He estado así también en la Universidad de Roma, en la Sapienza o en la Universidad para extranjeros de Perugia, donde he ido en 1985 como estudiante becado. Toda mi vida está atravesada por esta experiencia: la catástrofe es cuando hay una separación entre la identidad nuestra y el respeto de la identidad ajena.
Quiero citarles un versículo coránico, un diálogo, Sura CIX, v. 6.
«1 Diga: "¡Oh descreídos!
2 Yo no adoro a aquel que ustedes adoran
3 y ustedes no son adoradores de aquel que yo adoro.
4 Yo no soy adorador de aquel a quien ustedes han adorado
5 y ustedes no son adoradores de aquel que yo adoro:
6 a ustedes su religión, a mí la mía"».
Al final, llegamos al respeto de la realidad, de la naturaleza, del ser humano creado por Dios, de las diversidades. Hay otro ejemplo, en la Sura XL, de palabras que salen de la boca de un profeta de Dios:
“Oh pueblo mío
haz pues lo que quieras
porque también yo lo haré
a mí modo”.
Hay pero algunos estereotipos, prejuicios que crean fallas en la relación entre estos tres lados del triángulo. Deben ser borrados de nuestra vida. El musulmán es una sanguijuela, el cristiano es un borracho, el judío es avaro, etc. Tenemos la responsabilidad de educar, comunicar lo que hemos encontrado - el sabor de la gracia divina, la amistad, el respeto entre nosotros en las diversidades - a los que están cerca de nosotros, los amigos, los alumnos, etc. Tenemos que educar a las generaciones futuras a no generalizar, a tratar imparcialmente al otro aunque sea un rival, es decir si habita sobre la otra ribera del río, como han dicho los filósofos.
Cito un versículo coránico, la tercera Sura, v. 75, aquella de la familia de Al Imran, de donde desciende la bendita casta Virgen María:
“Entre la gente de la Escritura hay algunos que, si les confías un qintâr, te lo devuelven y otros que, si les confías un denario, no te lo devuelven hasta que tú no estés encima de ellos para recobrarlo. Y eso porque dicen: “No tenemos obligaciones hacia los gentiles”. Y conscientemente dicen mentiras contra Alá”.
No puedo tratar a todos del mismo modo: el común denominador, es decir el punto de encuentro entre nosotros, en todas las religiones celestes y también no celestes, tiene que ser la educación, la formación de generaciones que no sean prisioneras de prejuicios y malentendidos, de estereotipos, y que sean así capaces de sembrar el bien en vez del mal, el amor en vez del rencor, la construcción en vez de la destrucción. Ésta es nuestra responsabilidad como educadores como políticos como maestros universitarios, partidos, élite, instituciones de la sociedad civil, etc. Tenemos que dejar el decir al hacer, presentando ejemplos de estos valores sublimes para que las próximas generaciones nos imiten y sigan nuestras huellas. En resumen, tenemos que insistir sobre la educación al amor y a la paz, a la cooperación por el bien común, a la amistad, al diálogo y al respeto recíproco.
Sólo me detendré sobre un versículo que habla de hacer el bien no sólo a quien comparte tu fe sino a todos.
«Dice el Altísimo: “Hagan el bien y difundan el bien para toda la gente, para todas las criaturas”». Nuestro rol tiene que ser el de encontrar el modo de transmitir estos conceptos a todas las clases sociales, para ampliar el ámbito de los encuentros, de la comprensión y de la hermandad humana, porque - tengo que confesarlo - este tipo de encuentros hoy es limitado a la élite. Tenemos que ampliar el panorama de los que se sienten en éxtasis en este ambiente de amor, respeto, cooperación y amistad. Si uno de nosotros no se siente lleno de la propia identidad, se sentirá tan frágil que no osará acercarse al otro. Es como el ejemplo de la oruga antes de convertirse en mariposa: se siente débil dentro del capullo y no encuentra el coraje para volar. Cuando este refugio se parte, la mariposa vuela y goza entre las criaturas de Dios. Como intelectuales, bien conscientes de esto, tenemos que respetarnos recíprocamente, construir puentes de encuentro y canales de contacto entre nosotros. Por esto y más, he dicho al Meeting del año pasado - y lo repito - que estaba fascinado por el contenido del libro El riesgo educativo de don Giussani, un libro para cada hombre y para todas las sociedades, cualquiera sean la cultura y la religión. Entonces también hablé de los motivos que me han inducido a traducir este libro porque he encontrado una palabra verdadera - la sabiduría siempre deriva de la misma luz -, puntos de encuentro en la importancia de la educación, del corazón que es único en todos nosotros, del educar lo que es humano dentro de nosotros, aunque agarrándonos a nuestra identidad religiosa y cultural. Tenemos que respetar la diversidad y la identidad ajena y así probar el sabor de la amistad verdadera y llegar a un diálogo no formal, como ha dicho el doctor Alon, una amistad verdadera. Que el Altísimo nos dé la fuerza para ir adelante con este espíritu de hermandad, de amistad, de respeto entre nosotros, que el Altísimo nos bendiga a todos. Agradezco calurosamente al gentilísimo auditorio. Gracias infinitas.

ROBERTO FONTOLAN:
Tenemos pocos minutos para cerrar esta sesión nuestra con algún comentario. El Meeting no es la sede del diálogo interreligioso, hay otras sedes mejor tituladas que nosotros donde se conduce lo que técnicamente es considerado diálogo interreligioso. Nosotros somos una realidad de encuentro y por tanto, por algún minuto, querría ir adelante sobre las líneas que han sido seguidas por nuestros relatores, favoreciendo el cruce de alguna breve reflexión del uno con respecto al otro. Pediría al rabino Alon que comience este comentario recíproco con el que acabamos nuestra sesión.

ALON GOSHEN-GOTTSTEIN:
La primera observación es dirigida a Usted, Roberto. Naturalmente espero que el Meeting se transforme en un lugar de diálogo interreligioso y deseo su colaboración. Agradezco al amigo Fattah por dos observaciones muy interesantes. Cuando se habla de diálogo interreligioso, se buscan siempre las metáforas, por ejemplo el subir sobre una montaña, los colores del arcoíris: raramente se encuentran metáforas espléndidas como las que Usted ha usado. Aquella del transbordador - estamos todos sobre el mismo transbordador y tenemos que sobrevivir de otro modo nos ahogamos - y la metáfora de las dos alas: son metáforas que me han enriquecido mucho, gracias. Ignacio, querría también comentar cuanto Usted ha dicho respecto al concepto de la tradición abrahámica. Es muy interesante: se pasa del judaísmo al Islam, se vuelve luego al judaísmo. Cuando mi Dios describe a Abraham, dice: cuando este sujeto ha crecido, ha empezado a tratar de entender cómo fuera posible que todo funcione solo, sin guía. Sus padres eran idólatras y él trataba de alcanzar la verdad, sabiendo por experiencia propia que sólo hay un Dios y todos los otros se equivocan. A los cuarenta años, encontró al Creador y empezó a discutir con los otros, diciendo: “Lo que hacen está equivocado”. Destruyó los ídolos, afirmando que sólo había un Dios que hay que adorar. He aquí, éste es el concepto. Hay comentarios de un francés que ha escrito sobre la idea de Abraham a los cuarenta años. Hay una tradición que dice que Abraham sólo vivió tres años. Son historias diferentes pero una es la historia de la razón: Abraham razona, no hay revelación, llega a la verdad con el razonamiento. A la edad de tres años, puede haber sólo una revelación. Por tanto, podemos hablar de Abraham como de una historia de pura razón o pura revelación. La cosa interesante es que la versión de la razón lleva a la violencia, porque, cuando Abraham percibe a Dios, rompe los ídolos: por tanto, la razón no excluye para nada la violencia, aunque la historia no dice que Dios ha dicho a Abraham que rompiera los ídolos. Por razonamiento, Abraham se vuelve violento como expresión de religiosidad, y no necesariamente porque Dios lo quiera. Vemos que la historia de Abraham se vuelve más compleja y estructurada en modos diferentes, como confirmación de lo que queremos decir o bien contra lo que afirmamos.

IGNACIO CARBAJOSA PÉREZ:
Respondo velozmente porque tenemos que ir todos a comer. Mi punto de partida sobre Abraham, sin duda, es la historia del Génesis, es decir esto “¡Va!” de Dios dirigido a Abraham como inicio de una novedad. Uso estas historias sobre Abraham porque el punto que quiero defender es que, en esta revelación histórica, en este primer Ingreso de Dios en la historia de la humanidad, ha habido - y en estos relatos se ve - un amplitud de la razón: El paso de la idolatría a la razonabilidad. Gracias a Dios, ha roto solamente los ídolos, no es que ha agarrado a su papá y se los ha roto en la cabeza. En todo caso, si tengo que dar aún un paso: el doctor Alon, que bien conoce la Biblia hebrea, dice que hay solamente dos pasajes donde está la expresión imagen de Dios. Si abrimos la Biblia cristiana, todavía está san Pablo que usa el griego εỉκόνος τοû θεοû, imagen de Dios, que es aquello de lo que nosotros los cristianos nos asombramos todos los días: que Dios, que no tiene una imagen (y entonces se comprende la prohibición de hacer imágenes de Dios: es razonable. ¿Cómo hago para hacer una imagen de Dios? Siempre será una imaginación, será violenta porque otro puede imaginar a Dios en otro modo) haya revelado Su imagen en Cristo. Su imagen es aquella de la misericordia: todo el Evangelio está lleno de estas imágenes de Dios hecha carne, todas las parábolas de la misericordia. Un hombre que se inclina sobre el hombre y le da de comer: es misericordia. Es esto que nos permite aquella pasión última por el hombre de la que el profesor Abdel - Fattah ha hablado tan bien. Como la alteridad: nosotros ya estamos hechos hombre y mujer, una alteridad radical absoluta, pero tantas identidades. Es decir, nosotros hemos aprendido en el culmen de la Revelación esta última misericordia entre nosotros.

ROBERTO FONTOLAN:
Profesor Fattah, a Usted las últimas palabras.

ABDEL-FATTAH HASSAN:
Gracias. Querría referirme a la observación del doctor Alon. Esta figura retórica del barco sobre el que se encuentran los pasajeros la he tomado en préstamo de un hadith profético, de un dicho profético del profeta Mahoma, sea la paz en él y en todos los profetas. Pero mi rol es sacar esta figura retórica para insertarla en el contexto de mi intervención. Dos: ¡a lo mejor pudiéramos destruir todas las cosas malas, no con el hacha sino con el atractivo de la palabra, del amor y del diálogo! Gracias.

ROBERTO FONTOLAN:
Gracias. Hay una propuesta que el doctor Alon quiere hacerles a todos. Aún algunos segundos para cerrar este encuentro nuestro.

ALON GOSHEN-GOTTSTEIN:
Sé que estar sentados aquí nos ha hecho entender que la Siemens hace óptimos hornos. Sin embargo querría sugerir una cosa, también poden decir que no. El problema del Meeting es que siempre somos nosotros los que hablan y sólo escuchamos sus aplausos, no sus voces que querría escuchar. Querría proponer que cantemos juntos una canción muy simple, que toca el tema de este Meeting. ¿Están listos a cantar por dos o tres minutos? Muy bien, gracias.

ROBERTO FONTOLAN:
Con tal de que Usted, doctor Alon, sea entonado.

ALON GOSHEN-GOTTSTEIN:
Sí, diálogo es armonía. Por tanto, querría que cantaran conmigo una canción de veras muy simple, tomada del Génesis, III, versículo 9. Después de que Adán cantó, Dios se dirigió a él: el Señor llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás?”. Y esto es lo que escuchamos cuándo buscamos la vía de acceso entre el hombre y el infinito. Por lo tanto, querría cerrar con una canción que efectivamente es un ruego, que permite a cada uno de nosotros algunos instantes para concentrarse en las palabras: “¿Dónde estás?” y dirigirse a Jesús y pedirle que nos haga entender dónde estamos. Lo haremos juntos. Ustedes tienen sólo que aprender una palabra, que es el equivalente de: “¿Dónde estás?” en hebreo, “Ayekah”. ¿Ok? Repetimos: “Ayekah”. Les enseñaré ahora qué cosa tienen que hacer y luego cantaremos juntos. Tienen que repetir “Ayekah”.

Canta
¡Repitan! Una vez más. Ahora cantaré la primera parte de Dios que se dirige al hombre y ustedes responderán elevando el pensamiento a Dios.

ROBERTO FONTOLAN:
Gracias a todos y felicitaciones al doctor Alon por su entonación. Tiene una voz realmente maravillosa que nos ayuda a continuar nuestra jornada.

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