El padre ausente /3
autor: Claudio Risé (entrevista de Massimo Centini)
fecha: 1998-03-18
fuente: Papà ha perso la festa

Ya carnaval necesita de la publicidad televisiva, si quiere hacer un poco de público. Las mimosas del 8 de marzo son cada vez más disminuidas, tanto que alguien propone abolir la fiesta. ¿Y el día del padre, como está?

Hay que preguntárselo, en nuestra sociedad de padres súper ocupados que - dicen las estadísticas - dedican unos 15 minutos al día a sus propios hijos. A la verdad, la fiesta que el calendario consumista ha puesto en la solemnidad de san José nunca ha encontrado un gran eco, excepto las ventas de superalcoholicos, corbatas, inútiles llaveros e improbables plumas firmadas. Quizás entonces, en lugar de celebrar, sería más razonable reflexionar acerca del efectivo papel del padre en esta cultura consumista y cada vez más impermeable a los valores verdaderos. Y nos hacemos ayudar por Claudio Risé, psicoanalista y docente de Polemología en la universidad de Trieste, pero sobre todo autor de algunos libros sobre el papel de lo masculino como el reciente Essere uomini. La virilità in un mondo femminilizzato (Red Edizioni) [Ser hombres. La virilidad en un mundo feminizado].

P. Profesor Risé, ¿qué sentido tiene hoy el día del papá?

R. El día del papá (preferiría a la verdad si se llamara "del padre") podría tener un gran sentido. El padre es actualmente, en efecto, la figura más carente dentro de la familia, y pues también de la sociedad y aquella de la cual se siente mayor necesidad. El sentido de esta fiesta podría ser por tanto un tributo de honor al padre de parte de toda la comunidad, y al mismo tiempo una meditación sobre esta figura en gran parte perdida.

P. ¿Pero quién conspira para enajenar las peculiaridades del padre?

R. El padre es debilitado, más que por un complot, por un sistema que lo tiene secuestrado de la familia para encerrarlo en el trabajo y en la carrera. El tiempo libre de los dependientes varones, en los Estados Unidos, ha disminuido del 20% del año 1930 al 1980: el tiempo para crecer a los hijos los padres ya no lo tienen. Al mismo tiempo, todo lo que se refiere al padre ha sido golpeado por un sentido depreciador: paternalista, patriarcal son adjetivos despreciativos que tienden a devaluar el mundo de los comportamientos paternales. Es como si el padre en el mundo occidental contemporáneo fuese un estorbo: el hombre adulto es apreciado como funcionario empresarial, o como consumidor, pero no tiene que pretender hacer el padre.

P. Pero tal reducción, a menudo la casi total enajenación, del papel paternal por motivos sustancialmente profesionales, ¿cuáles recaídas presenta sobre el plan simbólico?

R. El padre es el que hace de puente entre los hijos y la sociedad, representándola en la familia, dónde la madre expresa ante todo el mundo de los afectos, y de las necesidades. El padre es quien inicia en las normas, en los esfuerzos necesarios para afirmar sus propios objetivos más elevados, en la autoridad que tenemos que ejercer sobre nosotros mismos, y que tenemos que reconocer en la sociedad. Hoy todos estos sectores, en efecto, en una situación de ausencia paternal, están fuertemente en crisis: nos cuesta reconocer el sentido de las normas generales, cada pequeño esfuerzo es vivido como sobrehumano y la autoridad es vivida, y a menudo administrada también, bajo la forma del abuso. El padre es por fin el representante y el activador específico de la dimensión sobrepersonal, trascendente, en la cual reside la posibilidad de desarrollar la relación con el Padre, con Dios.

P. ¿Qué no hace más el padre hoy?

R. El padre ya no hace su profesión, precisamente el puente entre los hijos y la sociedad. Además ya no les transmite a los hijos varones el saber instintivo y el saber de la cultura material masculina. Una tarea iniciática, que en los siglos era desarrollada siempre por el padre y por una serie de figuras masculinas vicarias (maestros, instructores de artes y oficios, directores espirituales, etcétera) y que hoy es desarrollada por la madre y por las figuras femeninas que la acompañan: maestras (casi toda la escuela es feminizada) asistentes sociales, psicólogas, todas las helping professions [ayudantes profesionales] son hoy, en gran parte, de mujeres. Eso interrumpe, por primera vez en la historia, la transmisión de la orientación instintiva de padre a hijo. La madre, en efecto, no puede transmitir el instinto masculino, porque no lo tiene.

P. Había un tiempo, que muchos de nosotros han vivido, en que a los niños se decía: “espera que tu padre lo sepa”. Esta frase reflejaba un preciso status del padre varón, era de alguna
manera una indicación de identidad.¿Hoy todavía tiene un peso?

R. Desafortunadamente hoy es mucho más frecuente que el padre, solicitado por los hijos a dar una respuesta o tomar una posición diga: habla de esto con tu madre. Para los hijos, especialmente
si son varones, una actitud de este tipo pone a riesgo todo el universo simbólico que el padre encarna.

P. ¿Desde cuándo ha iniciado la pérdida del papel tradicional del padre?

R. Este proceso ha caracterizado un poco toda la industrialización, pero se ha dramáticamente acelerado y definido después de la segunda guerra mundial, con el afirmarse, como sujeto hegemónico en Occidente, de las grandes multinacionales, que han, se diría, "secuestrado" a los padres de la familia y de los hijos.

P. ¿Qué hay que hacer para que el papel del padre recobre su antigua y fundamental solidez?

R. Es necesario un cambio total del modelo de cultura. Hoy, para aumentar en continuación los consumos sobre los cuales es fundado todo el desarrollo económico, el centro del proceso educativo y toda la vida social es el principio femenino/materno de la satisfacción de la necesidad. Su importancia tiene que ser relativizada, hace falta volver a honrar el principio masculino de la acción y de la construcción de nuevas formas, también sociales y comunitarias.

P. La maternidad es un hecho natural, la paternidad un hecho cultural: ¿pues podemos suponer que un porcentaje de hombres, incluso teniendo a hijos, no sientan ninguna implicación respecto a los hijos? ¿Es posible?

R. Creo que exista un instinto paternal, tal como existe un instinto materno: esos pero no están presentes en todos los individuos. Sería mejor que un hombre o una mujer, en los cuales estos instintos profundos, indispensables para construir una paternidad o una maternidad positiva, estén ausentes, se abstengan de construir una familia, para la cual no tienen la necesaria madurez afectiva.

P. Una reciente investigación pone a los niños italianos entre los más maleducados de Europa. ¿Cuántas y cuáles culpas tienen los padres?

R. Muchísimas. Los padres italianos han abandonado con particular velocidad su papel, también porque éste es un País donde el arquetipo de la Gran Madre ha sido desde siempre dominante, con las consecuencias que siempre comporta, sobre el plan de la resistencia a cada autoridad sobrepersonal.

P. Hablemos de padres separados. Hoy, aunque algunas cosas estén cambiando lentamente, todavía es la madre quien es considerada la única que tenga derecho de 'prelación' sobre los hijos, a menudo los padres son culpables sólo por el hecho de ser varones, y por lo tanto desprovistos de la innata capacidad de criar a hijos sin la madre. ¿Están precisamente así las cosas?

R. La jurisprudencia, hasta hace unos años totalmente inclinada sobre las solicitudes maternas, en los últimos años se ha ido gradualmente modificando, dejando espacio a una mayor atención a la posición de los padres, en la medida en que se difunde en la sociedad la conciencia del desastre representado por su desaparición y deslegitimación. El proceso es sin embargo todavía demasiado lento, tal como es carente y parcial el nivel de información psicológica de los jueces de los tribunales competentes, en gran parte representada por mujeres.

P. Un consejo rápido a todos los padres, que tienen que poner en práctica en el día de su fiesta.

"Por un día sean padres. Amorosos, cariñosos, pero padres: no hermanos o candidatos-amigos de sus propios hijos. Padres."

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