El problema del sufrimiento
autor: Francesco Botturi
Docente de antropología filosófica, Universidad Católica del Sagrado Corazón, Milán, Italia
Innocenza Laguri (entrevistadora)
fuente: Il problema della sofferenza /1 /2 /3 /4
traducción: María Eugenia Flores Luna

Este diálogo informal ha sido hecho en ocasión de un momento de profundización para los estudiantes del Liceo de Ciencias Sociales Sagrado Corazón de Gallarate que el año pasado han frecuentado un stage en Institutos para chicos minusválidos y para ancianos.

1. Censura y fiction sobre el dolor

Pregunta:
El problema del dolor, del sufrimiento, de la enfermedad, de la muerte viene completamente censurado, por ejemplo quien habla es tomado por un deprimido o, en el caso de grandes hechos dolorosos, se van a buscar las disfunciones del sistema sanitario, tecnológico, científico que están detrás de ésta o a aquella desgracia. Luego en general existe esta pesada censura. ¿Concuerdas con esto y qué significa esta censura? ¿De qué manera es útil ser consciente de ello?

F. Botturi:
Sí, estoy de acuerdo, creo que efectivamente esta censura exista, porque aquélla que prevalece es una mentalidad tecnológica de nuestra cultura occidental, cosa que nos hace creer que las dificultades sean objeto de un problema. Problema quiere decir, como decía el filósofo Marcel, algo al cual corresponde, con la debida técnica, una solución. También el sufrimiento es concebido como algo que se debe contestar mediante una técnica, unos procedimientos y unos instrumentos, también de vario tipo. Por eso es oportuno distinguir, a nivel léxico, entre dolor, que es el síntoma del sufrimiento y que es afrontado como problema que hay que solucionar, y sufrimiento, que es una cuestión mucho más amplia que un problema técnico.
También deberíamos preguntarnos esto: "¿Por qué sufre el hombre dentro de las condiciones de su necesidad, por qué no piensa en su condición de malestar como algo precisamente en lo que tiene que proveer sin particular ansiedad, sin particular problema, sin angustia y sin depresión? Es decir: ¿por qué el sufrimiento no es sencillamente una necesidad como las otras? ¿Es el sufrimiento algo que se agrega en un modo diferente de la simple necesidad?
Éstas son las preguntas por resolver.
Querría hacer también notar esta otra cosa, es decir que justo esta idea de poder manipular, de poder objetivar hasta el fondo, de poder disponer de algún modo del propio sufrimiento sí hace que nuestra cultura sea cada vez más pobre e incapaz de interpretar el sufrimiento humano. Es decir es cada vez más capaz de organizar sistemas técnicos para enfrentar las situaciones de malestar, de dolor, pero es cada vez más pobre en símbolos, en cuentos, en creencias, en gestos que den un sentido a cuanto ocurre en la vida. Sería interesante entender cuál sea el origen de esta pobre condición espiritual del hombre contemporáneo respecto al sufrimiento. De modo necesariamente sintético se puede decir esto: el hombre contemporáneo es de hecho un histórico hijo de la tradición cristiana, de ella conserva la idea de una existencia reconciliada y sin dolor. En cambio, el hombre contemporáneo no se fía ya de su Dios, pero se encomienda a la potencia, incluso así frágil, de la propia acción técnica. En tal modo ya no hace experiencia de la progenie cristiana, mientras frente a la siempre renaciente amenaza del sufrimiento, halla el sentido fatalista del paganismo y su pesimismo, pero sin ser ya capaz de vivir el sentido trágico, es decir ya sin el ideal heroico de sabiduría cósmica dentro de la tensión trágica que fue del paganismo clásico. Pues, ni pagano ni cristiano, el hombre contemporáneo está en realidad desprevenido respecto al sufrimiento y por tanto oscila penosamente entre un sentido de omnipotencia tecnológica y un sentido de angustia respecto al problema del sufrir. Por eso trata lo más posible de evitar el problema, poniéndose frente a ello a través de sus estrategias tecnológicas.

Pregunta:
Aparentemente parece lo contrario visto que a nivel mediático, de fiction, se habla de muerte. De gente que sufre, que llora, que se desespera hay en abundancia.

F. Botturi:
Sí, es una justa observación, pero ayuda a entender mejor lo que decíamos antes. Va mientras tanto precisado, para evitar equívocos, que el hombre debe proveer lo más posible a liberarse del dolor, de situaciones de fatiga que a menudo son también situaciones de humillación e indigencia grave, no solamente material. Pero hecha esta aclaración, el problema que estamos tratando es cuál sea el objeto, cuál sea el contenido de esta experiencia del sufrimiento. La cuestión es ésta: nosotros no podemos pensar sencillamente en el sufrimiento en términos de un "problema" al cual proveer, que hay que solucionar y eliminar.
Ahora la cultura mediática y del espectáculo continuamente presenta imágenes de sufrimiento, imágenes de la violencia, de la muerte, pero por como generalmente son presentadas, es decir espectacularmente, sólo tienen el efecto de provocar emociones pero no de hacer que nos interroguen. Son espectáculos en los cuales tener sensaciones, de algún modo sólo sirven para exorcizar el problema, y en cambio no para hacer copartícipes en la cosa. Todo esto no concierne al dolor y sufrimiento, sino en general caracteriza nuestra cultura y es importante darse cuenta. La emotividad exasperada es la otra cara de la exaltación de la técnica, es decir a una cierta exasperación técnica, en el sentido de confidencia, confianza dada a la capacidad técnica al afrontar las cosas, corresponde, por otra parte, una actitud emotiva muy fuerte, una cultura de la emoción. Las dos cosas se corresponden evidentemente: tanto se trata de ser fríos y objetivos al afrontar técnicamente una cosa, cuanto se acompaña este esfuerzo con un tipo de inmersión emocional, de exaltación psicológica, de experiencia intensa, precisamente, intensiva de sí mismos y de las propias sensaciones. Este doble régimen funciona como una complementariedad como tener juntas dos cosas opuestas que hacen sistema y que evitan en cambio plantearse la cuestión fundamental que es ésta, muy sencillamente: "¿Yo qué tengo que ver con todo esto?" ¿Qué tengo que hacer con la situación de fatiga, de sufrimiento que me ocurre y que ocurre a los otros? Yo como humano que soy, ¿qué tengo que ver con esto? Evidentemente tengo que ver muy poco, si el problema es simplemente un dispositivo técnico de una parte y una emoción psicológica de la otra. Es como si fuese un punto ciego, al centro, que nunca es afrontado. Cosa que sí hace que luego, en lo concreto de las situaciones, sobre todo donde más son dramáticas, más prolongadas, más inesperadas luego hay un derrumbamiento de las personas, un ahogarse en la propia desesperación, en la angustia. Hoy somos débiles, desprevenidos, en realidad como indefensos respecto a la agresividad interior, podríamos decir espiritual, del sufrimiento que no es ni un problema puramente psicológico ni puramente técnico.

2. El resentimiento por el sufrimiento inevitable

Pregunta:
¿En qué sentido debemos tener en cuenta que el sufrimiento es parte del sujeto humano, cómo es posible sostener la pregunta sobre el sufrimiento?

F. Botturi:
Parto de la pregunta sobre el significado. ¿Por qué el sufrimiento? Lo que hemos llegado a decir hasta ahora es una valoración de insuficiencia de cómo la cultura contemporánea, la mentalidad corriente nos enfrenta con este problema. Ante todo porque, sobre esto estoy muy de acuerdo, es una cultura técnica y psicológica, relativa, como decíamos antes, que no ayuda a hacer espacio a la cuestión del sufrimiento humano como un momento de la existencia, que la experiencia nos dice ser inevitable. De otra parte, en todas las grandes culturas el símbolo del nacimiento, del llanto del niño o el dolor del parto de la madre y la fatiga del parto, siempre es un símbolo fundamental, es decir el hombre nace, lo positivo por excelencia, pero acompañado por el sufrimiento, esto debería hacer reflexionar. Y hace bien entender que el sufrimiento está así al origen de la vida que no será ninguna técnica la que solucionará completamente los problemas, ni tampoco será una distracción emotiva que nos podrá salvar. Éste es el realismo al cual haría falta volver, de otro modo no estamos en la vida, sino estamos en el sueño o estamos luego en la pretensión de las cosas. Muchas veces en muchas situaciones extremas, me refiero a casos muy conocidos de nuestra crónica nacional y no sólo, ahí donde la técnica ya no resiste, todo lo que se logra hacer es eliminar el problema, pero como el problema es una persona se trata de eliminar a las personas. No queremos ser pesimistas, pero no es verdad que el sufrimiento puede ser eliminado, y hay un modo insuficiente para afrontarlo que lo multiplica en las personas y, segunda cosa, crea en ellas un estado de ánimo, que no hemos nombrado aún, de resentimiento, de ira. Diría que la actitud del "resentimiento" es muy importante de entender y quienquiera de nosotros puede experimentarlo si mira dentro de sí mismo. Fácilmente estamos resentidos cuando la vida presenta esta cara desagradable o a veces también horrible. Estamos tan desprevenidos respecto a la cuestión que la única cosa que se logra hacer en última instancia, cuando fracasan nuestros pobres medios, es odiar lo que ocurre, pero odiar lo que ocurre, como nos sucede a nosotros, quiere decir luego odiarnos, odiar a los otros. ¿Cuántas veces la retórica de los casos piadosos esconde un sentimiento de intolerancia? ¿Cuántas veces viene la duda, si se siente decir "por su bien, lo hemos suprimido?” Por su bien o porque no se logró soportar más la visión, porque se está dominado por un resentimiento interior frente a lo que la vida da y que no se querría?
Se decía "sostener la pregunta", me parece una bonita expresión. Una vez descubierto que la cuestión del sufrimiento no es tan fácil de resolver ni tecnológicamente ni técnicamente ni por emociones psicológicas sino hace falta afrontarla, ¿cómo sostener la pregunta? Me parece una buena fórmula, el sufrimiento es una pregunta de sentido, pregunta de cómo sea posible integrar, en una vida positivamente entendida, también este elemento. ¿Cómo sostener esta pregunta?

3. No resignación sino educación del deseo

Pregunta:
¿Se puede hablar de educación al sufrimiento? ¿Es como hallar un significado para ello?

F. Botturi:
No hablaría de "educación al sufrimiento", cambiaría registro, justo porque el discurso que queremos hacer no es absolutamente aquel del dolor, como se usaba un tiempo cuando se decía que hace falta aceptar, hace falta resignarnos. No, es al contrario, aquí el problema no es la resignación sino es una capacidad humana de afrontar una situación fundamental de la existencia, y posiblemente también caminar a la luz de una respuesta. En lugar de "educación al sufrimiento" usaría esta otra fórmula: "educación al deseo o del deseo."
Me parece éste el punto que a menudo es tenido oculto. Para entender bien este punto es importante retomar la distinción que hacíamos entre dolor y sufrimiento.
El dolor es el efecto de una disfunción por lo tanto algo el cual se puede proveer, por ejemplo una enfermedad, pero sólo es un aspecto del sufrimiento. Es precisamente el aspecto objetivable, afrontable, a través de una medición, una cuantificación, mediante estrategias operativas que permiten solucionar. Se trata de medios importantes, por los que siempre agradecemos la medicina que hoy sabe hacer cosas que una vez incluso ni se imaginaba. Y no hay que agradecer sólo a la medicina: hay muchas otras estrategias, aquellas sociales, que organizan la vida civil para que ella sea más soportable. Pero este aspecto objeto del sufrimiento que es el dolor no es absolutamente suficiente a sí mismo, más bien no existe nunca solo en sí mismo. Aunque se trate de un dolor físico, el sujeto que lo vive también hace la experiencia del sufrimiento, que podríamos definir como probar un estado de esclavitud, recordando una fórmula de Simón Weill muy pesada. Esta dimensión no es objetivable, no es objeto de ninguna estrategia técnica dentro, alrededor o junto a la cosa que no funciona, que puedo analizar también. Hay algo más que es la experiencia del sufrir. ¿Qué es? Precisamente el estado de esclavitud, el hecho de que hay una cosa que me es impuesta, que se vuelve un tipo de capa de plomo sobre la vida porque me hace preguntar: "¿Pero qué sentido tiene? ¿Por qué? ¿Qué cosa he hecho?".
Cuando ocurren grandes apuros en la vida uno se pregunta: "¿Qué he hecho de mal para que me tuviera que ocurrir una cosa parecida?" Se advierte que es como toda la existencia que va en crisis. ¡Porque no debería ser así, éste es el punto!
Todo lo que estoy diciendo evidentemente es lo que no hay en una vida animal, nosotros decimos que los animales sufren pero no es precisamente cierto, los animales padecen y llevan el dolor físico que puede ocurrir y que nosotros les infligimos (y por lo tanto, justamente, si tuviéramos sentido humano deberíamos entender que estas criaturas vivientes nuestras también tienen derecho a evitar el padecimiento del dolor). Pero esto no quiere decir que el animal sufre, porque es diferente del hombre, en cuanto no se hace esta pregunta, no es capaz de reflexionar sobre la cosa (el sufrimiento), la padece solamente, no se pregunta porque no tiene el sentido de su ser esclavo.
Pero si tratamos de entender qué nos dé la sensación de ser esclavos, descubrimos el lado positivo de todo el asunto: el hombre sufre porque desea, porque es un ser deseoso. Podríamos decir, quizás demasiado apresuradamente, que el hombre desea la felicidad, y eso quiere decir que el hombre, bien o mal más o menos conscientemente, tiene en todo caso una idea de algún éxito entero, total de sí mismo, es decir tiene el sentido de la propia totalidad humana y la propia totalidad subjetiva como íntegra, como desarrollo total de la capacidad humana, como armónicamente dispuesta en el mundo como amiga de la realidad. Éste es el objeto del deseo fundamental del hombre, que es exactamente el origen de su sufrimiento, es por este deseo que la disfunción tiene como halo, como eco, como resonancia dentro de la vida este sentido de esclavitud, este sentido de bloque, de algo mucho más grande del objeto del dolor: nuestro sufrimiento, es nuestro deseo contradicho. Nuestro deseo contradicho es el escándalo que nos diferencia de los animales. Ellos, cuando una cosa no se logra van a otra cosa, tratan de enfrentar la dificultad, tienen sus estrategias de defensas y ataque. Quizás la tecnología nos querría así, como seres calculadores en términos de utilidad o menos. Pero el hombre no está hecho de este modo, éste es el punto. Es inhumano pensar en afrontar las dificultades de la vida sólo mediante la estrategia, porque el problema es que mientras hago esto, dentro late la pregunta: "¿Pero por qué es así?"; "Y si luego la cosa no se logra, ¿qué será de mí?" Donde el "mí" significa: "¿Y mi deseo adónde va a acabar?". He aquí éste es el punto. Yo creo que una primera verdad del sufrimiento sea ante todo el entender la raíz del deseo que ella tiene.
Se puede hacer callar este deseo (que quiere decir abolir el sentido de la felicidad) y tratar de reducir todo a dolor. De este modo se pierde la conciencia de sí mismo, se vuelve como una máquina que tiene que proveer a solucionar problemas, tiene que inventar dispositivos, pero no es capaz de afrontar la cuestión del sentido.
De otra parte el sufrimiento también queda donde el "problema" del dolor es solucionado. Porque, aunque ha pasado, mi vida ha sido herida en todo caso y está la pregunta. Trasladar todo sobre el aspecto de la capacidad de afrontar la cuestión desde el punto de vista de sus resoluciones es la evidente derrota de una idea grande del hombre. La primacía atribuida a la modalidad técnica, en primera instancia positiva, es en realidad trágica. Está el problema radical del sentido de lo que nos ocurre, sobre todo de lo negativo que nos ocurre en la vida y por toda la vida.
Un autor francés del 900 como Léon Bloy, tiene páginas muy bellas sobre este tema cuando dice que sin el sufrimiento, sin la experiencia del sufrimiento, si queremos podemos decir sin ser capaces de sufrir es decir de interrogarnos sobre el sufrimiento, el hombre no sería capaz de explorar partes, rincones por así decir, dimensiones de su existencia, de su alma. Y esto es lo verdadero, que todas las experiencias de sufrimiento que son vividas, y no son simplemente desesperadas, registran, manifiestan, a menudo en un modo clamoroso. Esto es como se dice normalmente, el sufrimiento hace madurar la vida. ¿Por qué? ¿En qué sentido? No porque el sufrimiento en sí sea una cosa bella, sino porque, justo en cuanto nos hace tocar con la mano, mediante lo negativo, el deseo positivo que vive en nosotros (habita en nosotros), nos obliga a darnos cuenta de las dimensiones interiores del nuestro vivir y nos hace ver la vastedad. La vastedad es la vastedad de la totalidad de la existencia que pide una respuesta. Sostener la pregunta respecto al sufrimiento significa sostener la pregunta respecto al deseo. ¡Lograr mirarlo a la cara! ¡O, mejor, sentir que estamos habitados por este impulso profundo a la vida y a la vida buena, a la vida exitosa, y a la vida armoniosa! Es la idea de la armonía del todo que nosotros somos y del todo en el cual estamos. Porque si también nosotros solucionáramos cada pequeño o grande dolor, el resto del mundo pierde sentido, si solucionamos la situación que nos molesta pero luego no realizamos una armonía de convivencia con todo y todos, ¿qué nos sirve?
Entonces el problema, en realidad, del dolor individual me interesa porque es parte de aquel todo. Si suelto el sentido de dolor del todo al cual participa, y yo me apego a eso, también me vuelvo maniacal de la cosa, clavado en la cosa y obsesionado por la cosa, ya no veo el contexto y sobre todo no añado ninguna dinámica de ganancia de la vida, de pregunta.

4. Hacia la superación de la soledad

Pregunta:
¿Este punto podría enlazarse a la cuestión aislamiento y relación con los otros? ¿Este todo del cual se es parte mediante el dolor también es una pregunta hacia la superación de la soledad, hacia la comunión y la solidaridad?

F. Botturi:
Esto es muy cierto, también experimentalmente. Pero hoy esta experiencia es hecha en negativo: a menudo hoy no hay comunión porque nuestra cultura tiende a volvernos individualistas, por lo que cada uno tiene que solucionar solo sus problemas; cuanto más tiene un problema, tanto más se esconde de los otros hasta que no lo ha solucionado: hoy los dolores de la vida nos separan de los otros. Cada uno de nosotros podría contar muchas historias de parientes, amigos o vecinos que hacen así: desaparecen, luego sabes que han tenido este sufrimiento, se han encerrado, porque el dolor individual no está dentro del gran movimiento de la vida y por lo tanto no se comparte, es de aquella persona individual y suyo solamente. Al contrario, en la medida en que en el dolor se ve la dimensión de sufrimiento y por lo tanto de remisión al deseo, extraordinariamente uno se percata de que el dolor que incluso es mío y ciertamente en cierto sentido es incomunicable, pero es partícipe de una cuestión, de una pregunta que es de todos.
El sufrimiento pues es la experiencia que puede, quizás de modo único, reconducir al hombre a su necesidad más originaria, aquella de la relación. El hombre viene al mundo dentro de una relación humana que lo precede, y su verdadero nacimiento no es sólo aquel biológico, sino está constituido por el reconocimiento personal y social; el hombre necesita de otro sujeto humano para tener valor, para llegar a sí mismo, para ser consciente de sí mismo. El sufrimiento, si es vivido como pregunta, es una situación de la existencia que aúna a los hombres.

Pregunta:
En una sociedad como la nuestra, donde el especialista domina, parece que a pocos competentes les sea reconocida la tarea de ayudar a afrontar el sufrimiento.
Un ejemplo extraído de la crónica: el psicólogo es el competente habilitado para contestar al luto, así, cuando el soldado es muerto en Afganistán, viene la psicóloga del ejército para confortar a la viuda o la mujer. ¿Qué quiere decir, aunque la cultura es especializada, tener en cuenta esta totalidad reclamada por el sufrimiento?

F. Botturi:
¿Qué puede hacer la psicología delante del sufrimiento? Puede aliviar el aspecto del sufrimiento que es el dolor, pero no afronta el problema del sentido, a menos que haga algo diferente, reconociendo los límites de la psicología: la psicología, como en general las ciencias humanas, sirven para analizar situaciones, para tomar medidas; la medicina, las estrategias sociales vuelven la vida más soportable, pero no dan el sentido del sufrimiento, su naturaleza no tiene esta tarea.
Sintéticamente, tenemos que decidir entre estas dos opciones:
a) decidir si, mediante técnicas y estrategias, afrontamos de modo suficiente la cuestión del sufrimiento, del deseo, que es la cuestión central de la vida;
b) utilizar todo cuanto concierne a técnicas y estrategias, pero inscribirlas en un horizonte más vasto.
Si la elección cae sobre a), tendremos expertos que solucionan el problema del dolor, se habla de expertise, pero ella no cubre toda la cuestión, a menos que uno niegue que exista la cuestión del deseo, o bien lo reconozca pero trate de ahogar la cuestión.
Yo pienso que la cuestión sea no liberarse del deseo, sino liberar el deseo. Para quien toma en consideración el propio deseo, es importante que tome en consideración la alternativa puesta por el Cristianismo, que es parte fundamental de nuestra historia y de nuestra cultura.
El cristianismo no es la religión del dolor, sino más bien la religión del deseo. En efecto es la sede de un acontecimiento que lleva en sí las señales de la Resurrección, de un evento que se propone como profecía y cumplimiento como garantía de la posibilidad de que el deseo humano no sea vano, que el deseo humano pueda tener una respuesta adecuada. Por eso la fe cristiana es capaz de tomar en consideración la totalidad de la vida, que sí hace que la vida pueda caminar de modo tranquilizador, constructivo, solidario.

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License