El reverso del derecho. Los nuevos derechos
autor: Tommaso Emilio Epidendio
Asistente de Estudio en la Corte Constitucional
Orlando Carter Snead
William P. and B. White Director, Center for Ethics and Culture, University of Notre Dame, EE.UU.
Andrea Simoncini
Docente de Derecho Constitucional en la Universidad de Estudios de Florencia
fecha: 2014-08-26
fuente: Il rovescio del diritto: i nuovi diritti
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "Verso le periferie del mondo e dell’esistenza. Il destino non ha lasciato solo l’uomo", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "Hacia las periferias del mundo y de la existencia. El destino no ha dejado solo al hombre")
traducción: María Eugenia Flores Luna

MODERADOR:
¡Buenos días a todos! Agradezco a todos por haber decidido participar en este diálogo. Iniciamos este encuentro que tiene un título particularmente apropiado, particularmente exitoso… como saben existe una amplia literatura sobre los títulos del meeting, que fomentan mucha fantasía y discusión pero el título para este encuentro me parece que sea uno de los mejores productos de quien piensa en los títulos del meeting, porque el reverso del derecho es un juego de palabras un poco complicado para explicarles a nuestros amigos que no comparten la lengua de Dante, pero que expresa muy bien la idea, de lo que querríamos probar a decir hoy. La otra cara del derecho, el rostro escondido de este gran crecimiento de la presencia y el rol que tiene la regulación jurídica, el derecho en nuestras sociedades. Hoy es indudable que hablar de derecho va de moda, el derecho es un argumento entre los más populares y no digo sólo por el influjo inevitable que tenemos de la producción cinematográfica americana o bien el hecho que ya de manera diría casi morbosa todos los programas televisivos tienen algún juez, está presente algún abogado, algún testigo, algún acusado, no sólo por este aspecto más superficial hay un motivo más profundo por el cual el derecho hoy ha tan adquirido este rol central en el debate público; es porque el derecho, podríamos decir así, la ley, el derecho es un tipo de antropología práctica; podríamos decir de este modo que si quisiéramos entender sintéticamente, cuáles son los valores fundamentales de una sociedad, qué considera una sociedad que sea importante, qué considera una sociedad que es algo por lo cual vale la pena vivir o también pelear, lo que normalmente se llaman bienes, aquí si queremos entender esta actitud de fondo que tiene unida a una sociedad tenemos dos vías: o encargamos a un grupo de filósofos, sociólogos, antropólogos y les pedimos hacer un estudio profundizado e indudablemente tendría un gran número de detalles y un gran número de información para darnos y que concluiría con un bonito volumen o bien una alternativa, seguramente más aproximada, mucho menos precisa, para entender cuáles son los valores de fondo de una sociedad es aquella de pasar medio día en un palacio de justicia y encontrar un poco de abogados, un poco de jueces, un poco de actores y convenidos como se llaman las partes de los procesos, un poco de policías, porque es como si en el derecho hubiera un tipo de caída, como si allí precipitara lo que en el fondo se considera importante, tanto que vale la pena pelear, por eso, tanto que vale la pena oponerse.

En cierto sentido, usando una imagen que hoy está de moda, podríamos decir que el motivo por el que nos interesa el derecho, el motivo por el cual nos interesan estos fenómenos que están sucediendo es que el fenómeno jurídico, la regulación jurídica, es un poco como un gran selfie de la sociedad en la cual nos encontramos, como un tipo de imagen capturada de aquello que sucede. Y entonces, si el derecho es un poco el selfie de la sociedad, ¿hoy qué imagen nos da, nos restituye esta foto?

Y la imagen es seguramente, desde un cierto punto de vista, inquietante, una imagen que cambia, que está cambiando profundamente; si tenemos que tratar de entender a la sociedad a través de la lente del derecho el primer dato es que algo se está moviendo, algo muy fuerte se está moviendo. El derecho es indudablemente una de las conquistas más relevantes de la civilización europea con respecto al mundo, una de las marcas de fábrica de Europa, la gran contribución que la civitas de los romanos da a la polis de los griegos es justo este sistema autónomo de regulación social que se basaba en la razón práctica y no en la voluntad de quien tenía el poder. Por tanto el derecho nace, desde el nacimiento, para oponer la razón al poder, mejor la razón al pre-poder, a la prepotencia; la razón como límite a la voluntad de quien es más fuerte… La humanidad ha probado de varias maneras idear otros modos, modos diferentes, pero a mí me parece que al final las soluciones sean estas dos: o las reglas de la vida común son propuestas y realizadas a través de formas jurídicas o bien quien es más fuerte… Y entonces la ley, el derecho nace como para poner un límite al poder prepotente. Aquí justo sobre esto parece que esté cambiando la foto de la sociedad. Partimos de un dato bastante común que escucharemos desde el inicio, el lenguaje. En el lenguaje común el derecho se ha convertido en un tipo de gramática del debate público. Todos los debates empiezan se desarrollan y acaban pidiendo derechos, pidiendo extender derechos, luchando por derechos declarando que han sido negados. Los derechos son como la sintaxis del modo para hacerse entender, del modo para subrayar el relieve de una cosa. En la región en que vivo, Toscana, me ha ocurrido una vez en emergencias ver un cartel que hacía publicidad al servicio sanitario toscano cuyo título era: el cuidado para el dolor es un derecho del ciudadano. Obviamente se hablaba de las terapias para aliviar el dolor, sin embargo el significado simbólico de una frase de este tipo es muy fuerte, la región que dice “yo puedo garantizar el derecho a no sufrir”. El hecho de que una institución pueda garantizar derechos se ha convertido en la principal razón de ser de las instituciones mismas, por lo cual cuando ya no hay más dinero para garantizar los derechos, de aquellas instituciones francamente no sabemos qué más hacer.

Piensen en la categoría de los derechos sociales, las jubilaciones los servicios sanitarios, la escuela, la asistencia. Toda la gran conquista del siglo veinte ha sido esta actividad que eran todas formas de hecho de caridad de la sociedad civil, se han convertido en derechos tomadas del estado y garantizadas como prestaciones a todos. Hoy desafortunadamente el estado ya no tiene dinero, por tanto menos prestaciones menos derechos. Pero aquí venimos a la paradoja precisamente sobre la cual querría pasar rápidamente la palabra a nuestros dos amigos. Hay sin embargo una paradoja porque en esta época en que los derechos sociales están derrumbándose, vienen sistemáticamente disminuidos si no negados, una nueva categoría de derechos en cambio está estallando. Mientras estos derechos que nacen en las relaciones sociales en este sentido se están deprimiendo fuertemente, otros derechos son la categoría de los derechos civiles o mejor lo que hemos llamado en el subtítulo del encuentro de hoy, estos nuevos derechos. Sobre esto querría citar rápidamente una línea de un texto sobre el que ya otras veces nos hemos interrogado aquí en el meeting, texto de Julián Carrón sobre Europa. Dice Carrón: a partir de los años setenta se han desarrollado cada vez más numerosos derechos nuevos, con una fuerte aceleración en los últimos quince, veinte años. Su matriz es aquel afán de liberación antes del sesenta y ocho. Hoy se escucha también hablar de derecho al matrimonio y a la adopción entre personas del mismo sexo, derecho a tener un hijo, derecho a la propia identidad de cada género, derechos de los transexuales, derecho del niño a no nacer si no es sano, derecho a morir y la lista podría ir adelante de largo. Muchos sienten estos derechos como nuevas conquistas de civilización, muchos otros los sienten como atentados mortales a los valores fundamentales de nuestra sociedad, y no al azar ha hecho que el derecho se haya convertido en el corazón de encendidos debates políticos. No tanto entre las aclaraciones de los partidos políticos sino en cuanto al interno de las aclaraciones de los partidos políticos. Los temas éticos son los auténticos nuevos temas en que nos dividimos.

Un poco singular esto: no logramos encontrar un punto en el cual hacer partir de nuevo la economía, y todos padecen con resignación este dato, pero la batalla se reenciende y enfurece cuando se discute de temas bioéticos. De dónde nace, se pregunta Carrón, esta extraña mezcla de atractivo y aversión, cito: cada uno de ellos nace en última instancia de exigencias humanas, la necesidad afectiva, el deseo de paternidad y maternidad, el miedo del dolor, la búsqueda de la propia identidad. Cada uno tiene raíces en la experiencia humana y aquí su atractivo. El punto es: ¿son estos nuevos derechos la respuesta a estas preguntas? La convicción de que la realización de la persona se pueda conseguir a través de nuevos derechos, y sobre todo la idea que el hombre se sienta realmente libre cuando ya no depende de nada. ¿Está fundada esta convicción en la experiencia humana? Es posible para el hombre determinarse a sí mismo. ¿Dándole al hombre el poder de elegir el inicio y el final de la vida, dándole la posibilidad de elegir cómo será su hijo, dándole la posibilidad de elegir el propio sexo y la propia identidad, le hemos dado de veras lo que busca, lo que busca para ser libre? Cuál es el reverso del derecho. Y aquí estamos de nuevo frente a esta gran paradoja. Impresionante, el derecho nacido para poner un límite al poder del hombre sobre el hombre, acaba hoy por ser el instrumento que remueve todo límite al poder del hombre sobre el hombre. Y el efecto aún más paradójico la solicitud obsesiva de nuevos derechos no libera al hombre de las dependencias, sino en realidad una gigantesca, la súper dependencia del Estado, que es el único suministrador, defensor, controlador de estos límites. Nacido así para limitar el poder del estado, el derecho termina por atribuirle, un nuevo súper poder aquel de hacer feliz.

Pues, yo obviamente diciendo así he probado a pintar, con tintas quizás un poco sombrías pero es un poco el objetivo de quien tiene que introducir el tema para estimular un poco la discusión. Cuál es el panorama, cómo querríamos ahora probar a introducirnos aquí en este panorama. Agradezco de veras de corazón a nuestros dos interlocutores que han aceptado hacer con nosotros este diálogo, que son Tomás Emilio Epidendio, juez y asistente de la Corte Constitucional Italiana, un aplauso. Y a mi derecha el profesor Cárter Snead de la Universidad de Notre Dame, profesor de leyes, bioética, director del centro de cultura y ética en la universidad. Entonces, estoy agradecido además por el hecho de haber aceptado la invitación y por el hecho de darme la oportunidad de saludar a queridos amigos más que acreditados estudiosos como escucharemos porque queríamos tener como dos puntos de vista, de un lado el punto de vista más académico, punto de vista de quien estudia este fenómeno, sobre todo el fenómeno de los derechos y el fenómeno de cómo el derecho de derechos fundamentales entran en el sector de la vida, de la ética, de la personalidad, es decir este proyectarse del derecho dentro de este aérea y por lo tanto a Cárter le hemos pedido ante todo ayudarnos a dar, como decir, una mirada a esto y a entender qué está en riesgo, qué está en juego, no dando por sentado que nosotros ya conocemos el fenómeno. Tomás es ante todo un juez, por lo tanto tiene aquella sensibilidad que nace ante todo de la profesión y de la experiencia, una sensibilidad que debo decir se ha afinado a través de una extraordinaria profundidad cultural y una capacidad de extenderse más allá del conocimiento técnico que es solicitado a cualquier juez de manera excepcional sobre toda una variedad de temas que escucharán. A Tomás hemos pedido probar a profundizar el tema y a tratar de entender qué hay detrás de este cambio de escena, este cambio de escenario al cual estamos asistiendo. Si el tiempo lo permite luego también podremos tener un poco de réplica. La palabra al profesor Cárter Snead de la universidad de Notre Dame.

ORLANDO CARTER SNEAD:
Buenos días, es un placer enorme para mí estar aquí con ustedes. Es la cuarta vez que participo en el Meeting de Rímini con el querido amigo Andrea Simoncini y el nuevo amigo el juez Epidendio. Gracias a los que han organizado este encuentro. Para mí es realmente un honor estar aquí.

Querría retomar desde el punto inicial que Andrea ha expresado cuando decía que es importante evaluar el significado pedagógico del derecho y de los derechos humanos. En otras palabras estoy perfectamente de acuerdo con él. Si queremos entender cuáles son las cosas importantes para una sociedad, las cosas que ella quiere perseguir y los problemas que quiere evitar es importante poder analizar el discurso jurídico y el derecho de una cierta sociedad. La corte Suprema americana ha dicho que el derecho es un depósito de empeños morales por lo tanto esto refleja el discurso jurídico y la cultura. Sin embargo no es sólo la reflexión al mérito que persigue una sociedad. También da forma a los compromisos de cierta sociedad, de cómo ella interpreta el cuadro ético y cómo tiene que ser la vida compartida de una sociedad.
Hoy en nuestra conversación querría proponerles cuanto sigue. Querría que habláramos del discurso de los derechos humanos y su evolución de cuándo ellos han sido desarrollados por los filósofos iluministas, cómo han sido desplegados en el contexto de la bioética pública. La bioética pública es la governance de la ciencia, de la medicina, de la biotecnología en nombre de la ética y del bien ético.
Hoy querría resaltar tres puntos importantes y me concentraré, para ahorrar tiempo, en el segundo y en el tercero. Mi primer punto es el siguiente: nosotros, junto a la Iglesia Católica, hemos abrazado justamente con cautela el lenguaje y el discurso de los derechos humanos, pero si reflexionamos sobre el uso del discurso de los derechos humanos en la bioética pública nos percatamos de por qué es importante ser cauto. Por qué hace falta afrontar la cuestión con cautela y trepidación.

Tenemos que hablar del abrazar precisamente este lenguaje de los derechos humanos partiendo de una mejor comprensión de la persona humana y del bien común. Como ha dicho Andrea el derecho, el discurso jurídico (en este caso el discurso sobre los derechos humanos) refleja una cosa importante sobre cuánto nosotros retenemos ser la naturaleza del ser humano y el bien público. Hay una serie de riesgos en la retórica actual sobre los derechos humanos respecto a estos puntos, o sea los derechos humanos se han desarrollado en el curso del tiempo, en la era moderna y hay la posibilidad de basarse en una interpretación de la persona humana y del bien común que es falseada, empobrecida, sutil y restrictiva. Tenemos que evitar estos peligros cuando acojamos o abracemos el lenguaje de los derechos humanos. A este punto querría iniciar subrayando el bien, la importancia de los derechos humanos desde un punto de vista conceptual; les explicaré luego por qué es importante inspirarnos en la cautela.

Los derechos humanos como concepto, son un instrumento potente desde un punto de vista cultural para captar la parte prepolítica, intrínseca, la dignidad inalienable de cada miembro de la familia humana. Los derechos humanos no son otorgados por los Estados y ellos no pueden ser quitados a los hombres, constituyen un estándar mínimo absoluto de atención y tutela para todos los miembros de la familia humana frente a las amenazas deshumanas y destructivas de parte de los potentes. Por tanto no tiene que sorprendernos el hecho de que los derechos humanos actuales han nacido en respuesta a las atrocidades de los regímenes totalitarios del siglo veinte. Por tanto los derechos humanos son importantes y quiero ser claro: nosotros como católicos o como personas de buena voluntad tenemos que acoger el lenguaje, el concepto de los derechos humanos. Incluso sin embargo existen motivos de escepticismo y preocupación y de cautela en el acoger los derechos humanos como son entendidos hoy. ¿Por qué ser cautos? Los motivos son particularmente claros cuando consideramos el discurso de la bioética pública, en particular sobre cuestiones correlativas a la interrupción del embarazo, a las tecnologías de procreación asistida, a la investigación en los embriones y usaré una de estas cuestiones para explicarles el motivo por el cual hace falta ser extremadamente cautos y atentos para acoger el lenguaje de los derechos humanos.

Brevemente, existen dos problemas que nos tienen que preocupar y me concentraré en particular en el segundo pero también citaré el primero porque es importante. El primero, en el discurso de los derechos humanos, es lo que yo llamaría problema del origen y de la justificación. ¿De dónde derivan estos derechos y por qué debemos respetarlos?

El segundo problema más profundo es el problema que Andrea ha señalado como la cuestión de la antropología moral y práctica, o sea cuáles son las premisas sobre la identidad y la naturaleza de la persona humana y la naturaleza del prosperar del hombre, el vivir juntos que son la base del discurso actual sobre los derechos humanos. Luego hay un gran riesgo en esto, o bien tener una interpretación restrictiva del hombre como sujeto radical, atomizado con voluntad personal que no tiene ninguna relación ni obligación con respecto a los otros miembros de la sociedad y cuyo objetivo es sólo seguir los propios proyectos y deseos. Pienso que mirando la experiencia de nuestras vidas como individuos y como comunidad nos damos cuenta que ésta es una falsa descripción del hombre, por lo tanto tendremos que tratar de evitar estos riesgos cuando hablemos de derechos humanos, es decir no tenemos que acoger esta visión restrictiva del hombre. Es un problema particularmente agudo en el contexto de la bioética pública. Por tanto el primer problema que he citado, aquel del origen de la justificación, aquí no me detendré mucho pero es importante decir que hay desacuerdos, hay ambigüedad sobre el por qué los derechos humanos sean vinculantes, cuál es el contenido y cuál es la fuente. Maritain, un famoso filósofo católico, muy importante en persuadir a la Iglesia, a adoptar una actitud más favorable sobre los derechos humanos al final de la Segunda Guerra Mundial. Se ocupó de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 con otros y explicaba por qué sea posible para un grupo de líderes mundiales, que tuvieron profundos desacuerdos sobre cuestiones fundamentales, sobre cómo haya sido posible concordar sobre los conceptos de los derechos humanos. Maritain dijo “estamos de acuerdo sobre estos derechos a condición de que no se pregunte por qué”. Vemos precisamente en esta citación que emerge el problema del origen de la justificación en una comunidad plural. Muchas fuentes han sido propuestas para los derechos humanos, no me adentraré. Querría más bien detenerme en particular en los derechos de la bioética pública. Una primera pregunta es: ¿quién es el ser humano? Es decir el titular, el portador de estos derechos. Estamos en el problema del individualismo radical y luego… ¿los derechos para qué sirven? ¿Cuál es el concepto de hombre prosperando y cuál es el problema de relativismo que deberíamos evitar con atención?

Luego los filósofos políticos, en el período del Iluminismo han desarrollado el concepto de derecho humano. Parecen arraigar la propia idea de derecho en una imagen del ser humano, de la persona que es concebida prácticamente como sujeto solo, solitario, antagonista, vulnerable, alguien que necesita los derechos para tutelarse fundamentalmente de los asaltos de otros. La persona es concebida como un sujeto radicalmente solo, no naturalmente social ni conexo a otros. La persona es concebida principalmente como un conjunto de voluntad. Lo que hace a un sujeto especial y lo define es la propia voluntad, los propios deseos y los objetos de los propios deseos. El cuerpo (y esto es importante en el ámbito de la bioética pública) sólo es considerado un instrumento para perseguir los objetivos de la propia voluntad. Por tanto el cuerpo es un instrumento, no tiene nada especial en su unidad entre mente y cuerpo. Hay un dualismo sustancial, una separación entre cuerpo y mente con la mente importante y con el cuerpo que funge de instrumento. Las personas son concebidas simplemente como aquellas que toman decisiones racionales, consumidores que ven el mundo externo y que son un instrumento para perseguir los propios deseos. Las relaciones sociales en esta interpretación del mundo tan radical, son instrumentos también ellos y las relaciones con los demás son instrumentos para alcanzar objetivos. El máximo bien para una persona en este cuadro es la investigación y la consecución de proyectos que se han construido. Luego no hay naturaleza, no hay teología… simplemente está el deseo del individuo y los proyectos personales como vemos en esta imagen. Ésta es una visión de la autonomía radical que está al centro de estas interpretaciones distorsionadas y empobrecidas de la persona y sus deseos. No existen vínculos naturales a la voluntad y a los deseos del individuo, por lo tanto el sujeto es una tabula rasa, no hay vínculos naturales, no hay vínculos teológicos. Las relaciones personales son un puro instrumento, son contractuales. Yo encuentro a las personas y estipulamos acuerdos para perseguir proyectos que nos hemos trazado. Cuando no nos sirve trabajar más juntos nos separamos con consentimiento. Esto es lo que da forma a nuestras relaciones, por lo tanto no hay espacio para obligaciones que no sean objeto de elección. No hay personas que puedan reivindicar cosas en mí o en mi ayuda que yo no sea libre de aceptar libremente, en una relación como la he descrito. He aquí la imagen.

Es por lo tanto una comunidad de extranjeros, de personas que se reúnen por ventajas recíprocas y por motivos utilitaristas. Las personas, en este cuadro tan empobrecido, son adversarios aislados, envueltos en la naturaleza de su derecho. Esta visión de los derechos humanos nos separa, nos hace armar los unos contra los otros, se concentra en lo que nos divide antes que en lo que nos une. El bien ético, como vemos y como podemos imaginar bien, máximo en este cuadro es la autonomía, el sumo bien al cual todos los otros bienes son subordinados. La injusticia es considerada un vínculo a la libertad que de perseguir los proyectos selectos personalmente. El rol de los gobiernos para nosotros como máximo es remover los vínculos, vínculos públicos o privados, naturales y por lo tanto establecer las condiciones para afirmar el propio yo libremente.

Esto es particularmente evidente, este riesgo, esta visión particularmente herida del individuo es evidente en el discurso sobre el derecho humano en el ámbito de la bioética pública. En este ámbito haré un ejemplo para ahorrar tiempo, son las tecnologías de procreación asistida; sin embargo en todo esto hay otras cuestiones como la interrupción del embarazo, la contracepción, la reproducción asistida y la investigación destructiva del embrión, la decisión del final de la vida. Cada cuestión en el ámbito de la bioética pública, aquí se habla de derechos humanos en un modo que refleja justo este individualismo radical, la persona es una persona que es representada sólo por la propia voluntad autónoma. Las relaciones sociales son instrumentos para conseguir los propios deseos inspirándose en la libertad como la interrupción del embarazo para alcanzar una familia idealizada como se hace cuando se usan las técnicas de reproducción asistida o bien con un concepto muy extenso de salud como precisamente en el caso de la investigación en los embriones. La única relación vinculante entre los hombres es aquella libremente elegida y también los niños y las familias son vistos bajo las lentes de la voluntad es decir un proyecto libremente elegido o rechazado por los propios fines a veces con el auxilio de las tecnologías. Haré un ejemplo: no la interrupción del embarazo sino más bien la cuestión de la contracepción, la reproducción asistida y los derechos humanos; en este caso las tesis en defensa de los derechos humanos para tener máximo acceso y uso de estas tipologías de reproducción asistida son contextualizadas en el ámbito de la autonomía. Sirven la libertad de decisión, la decisión de poder procurar o evitar la procreación que es fundamental para autodefinirse y por lo tanto para procurar deseos y autoexpresarse. Un pionero de la medicina reproductiva Jacques, describe el objetivo de estas tecnologías como dando ayuda a los padres a realizar el propio sueño de tener una descendencia libre de enfermedades. Y el niño ¿cómo se configura en este cuadro?

Es un proyecto, es el objeto del deseo de los padres, el niño es un vector en el que los padres vierten las propias aspiraciones, el niño es un producto que puede ser acogido o rechazado en la medida en que ello coincide con los deseos de los padres. Veamos un poco como se enfrentan estas cuestiones en los EE.UU., en Italia, en Europa y en el mundo. La contracepción: veamos una publicidad sobre los anticonceptivos, se verá que esta mujer dice: “éste es mi niño”, ahora, ven que está resbalando un violonchelo en un tobogán. Este niño en cambio es en realidad una tele cámara costosa sobre un trípode, por lo tanto este niño es puesto en analogía con un pasatiempo, un proyecto, por lo tanto el objeto de la voluntad. Esto concierne a la selección del sexo en las tecnologías de asistencia a la reproducción, el niño varón es el producto preferido por acoger mientras las niñas son rechazadas y descartadas. La eugenesia y el screening genético, estas técnicas controvertidas en el ámbito de nuestro discurso. Para construir un niño, elijan el sexo de su niño, amplia gama de matices cutáneos y sobre todo altura máxima - esto me ofende un poco visto que no soy muy alto - y sobre todo sin enfermedades. Naturalmente no hay nada equivocado en los proyectistas de niños. Clonación humana afrontada más o menos del mismo modo que los que la sustentan. Más recientemente habrán escuchado la historia de los Australianos, esta pareja se ha puesto de acuerdo con una mujer de modo que pudiera ser una madre subrogada: uno sano y el segundo con síndrome de down. Este niño ha sido rechazado por los padres, en cuanto no estaba a la altura de los estándares cualitativos que estaban establecidos en el contrato y que se esperaban y deseaban, y esto refleja el modo terrible, el individualismo radical y un disminuido concepto de hombre en una errónea interpretación de los derechos humanos. Y por lo tanto ¿qué hacer? ¿Tenemos que abandonar los derechos humanos considerándolos un proyecto errado y como algo que ha sido contaminado gravemente por una visión restrictiva del hombre y de su prosperar?

Ciertamente que no. Yo diría que tenemos que acoger y abrazar el concepto de derechos humanos por todos los motivos que he enumerado al inicio, un válido lenguaje en particular en una cultura moralista importante y decir por qué somos importantes y los derechos inviolables e insustituibles. Luego para poder corregir todo esto consolidaré brevemente para obviar estos riesgos intrínsecos en el debate sobre la bioética pública tenemos que recuperar una comprensión más profunda y un concepto del hombre más profundo y de su prosperar y tenemos que tomar en serio lo que ha dicho don Carrón sobre el corazón del hombre y sus deseos y esta proliferación de derechos a la salud, a la autonomía en el contexto por ejemplo de la reproducción asistida son considerados normales en el ámbito del deseo del hombre y lo importante es que no sean distorsionados y tergiversados. Para hacer esto tenemos que dar modelos de otros y en nuestro discurso tenemos que incluir la idea de que las personas tienen todas la misma dignidad. Cada persona es intrínsecamente igual en dignidad puesto que hace parte de la familia humana. Cada ser desde la concepción a la muerte natural es válido e insustituible a prescindir de edad, dimensión, lugar donde vive, raza, sexo y utilidad o el ser carga para los otros y el poseer o no tener ciertas capacidades físicas o mentales. Y por el contrario es incoherente, injusto excluir algunas personas del círculo de los que son sanos, quiero decir los que son inmaduros o pequeños. Hace falta rechazar la idea que no existe una persona no humana, una no-persona. Las relaciones con los otros no son instrumentos, más bien venimos al mundo colocados en relación con los otros, con relaciones de parentesco, con vínculos. A las generaciones pasadas, presentes y futuras: nosotros llegamos a este mundo como individuos radicales, desconectados de los otros miembros de la comunidad humana. No somos voluntades sin cuerpo, somos profundamente vulnerables y necesitados como organismos vivientes y ya desde el inicio nos apoyamos en los otros para sobrevivir y tenemos un deber de asistencia recíproca con todos los otros miembros de la familia humana. Las personas reivindican cosas de personas que yo no conozco y que tampoco me gustan, personas que se ocupan de mi tutela, de mi protección a prescindir de lo que elijo y hago lo mismo con respecto a ellos. Y tenemos que compartir la belleza de esta visión y transmitirla, es decir quiénes somos, qué debemos los unos a los otros con integridad, totalidad, competencia, en particular en relación a la procreación, la familia, el objetivo de la investigación científica, los fines de la medicina y el suministro de cuidados médicos esenciales. Y tenemos que actuar con este fin cuando hablamos de derechos humanos en el cuadro de la bioética pública y en todos los contextos jurídicos de ley. Gracias a todos.

MODERADOR:
Agradezco a Carter Snead por esta gran fotografía; él ha agrandado el selfie y nos ha hecho ver de manera muy detallada esta ambigüedad, qué hay detrás, cómo puede ser el reverso de esta medalla que hoy todos… Y ahora damos la palabra a quien todo este fenómeno, que ha sido visto como de un punto de vista un poco desde la cima, justo como una mirada científica, cómo en cambio lo vive quien está justo dentro en plena tempestad y por eso la palabra a Tomaso Epidendio

TOMASO EMILIO EPIDENDIO:
Gracias, gracias de veras por esta oportunidad de encuentro. Aquí, precisamente, tengan presente que yo hablaré de este tema desde mi perspectiva, es decir de una perspectiva que parte de una experiencia de veinte años en derecho de la nación por lo tanto invito ya desde ahora a integrarla con la experiencia de ustedes. El tema es “Los nuevos derechos” pero ante todo ¿qué son los nuevos derechos? En realidad, ésta es una expresión bastante genérica, con la que normalmente nos referimos a los derechos que han sido reivindicados y reconocidos en estas últimas décadas por las estructuras políticas occidentales. En este sentido son un poco el orgullo de nuestra cultura jurídica. Con una característica más, que desde mi perspectiva he podido apreciar bien, y es decir que a menudo, esta nueva tipología de derechos, estos nuevos derechos precisamente, antes de ser reconocidos por la estructura pública, son reconocidos por las estructuras judiciales, por los organismos jurisdiccionales. Hay un reconocimiento previo, con respecto a la instancia política, son las sentencias de la corte constitucional italiana, son sobre todo las sentencias de las que ya escuchan todos los días en todos los periódicos, de las cortes supranacionales como la corte de Estrasburgo o la corte de justicia de la Unión Europea. Luego también éste es un nuevo elemento de realidad para tener presente. Son derechos que en vez de madurar tradicionalmente en el debate público parlamentario, tienen a menudo una elaboración de otro tipo.
Aquí justo aprovechando una bellísima indicación de la presentación en el web del Meeting, querría tratar este tema pero no como un enemigo por combatir, porque se debe decir enseguida que entre estos nuevos derechos no todos… también éste es un punto. Muchos son divisibles, muchos provocan la reacción de las conciencias, ya han sido mencionados muy bien por el profesor Snead: derecho al aborto, derecho a poner fin a la propia vida, derecho a las uniones entre personas del mismo sexo, derecho al hijo: volveremos a esta expresión. Ahora bien la tentación y según yo el modo limitado de afrontar algo que nos turba como un enemigo, puede hacernos perder el objetivo. Yo querría afrontar en cambio este tema justo como una provocación a la cual responder. Y entonces querría sin embargo para responder a una provocación hace falta partir del dato real. Y el dato real debe ser visto sin reticencias, sin encubrimientos, hasta el fondo cara a cara. A este fin querría aislar un punto en el tiempo de un recorrido muy largo, parte, por suerte ha sido ya señalada por el profesor Snead: una fecha, 1975. En 1975, la Pontificia Comisión Justitia y Pax, indica un documento “La Iglesia y los derechos del hombre” en la cual es indicada muy claramente una pastoral de los derechos del hombre, basada en la dignidad del hombre. Después de muchas precauciones, también la Iglesia, parece aceptar la idea de que el lenguaje de los derechos del hombre sea una etapa fundamental en el progreso moral del hombre. Miren que esto es importante: en este momento, la así llamada cultura laica y la así llamada cultura católica parecen converger en un punto en que el lenguaje de los derechos pueda convertirse en un tipo de lengua franca del debate público global a través del cual, cada uno, quien sea, en cualquier país, de aquí la propagación aun fuera del ámbito occidental, independientemente de la legislación de su país, pueda invocar y obtener el reconocimiento de un derecho en el cual se debe agregar el consenso porque está basado en una experiencia evidente, elemental, la dignidad del hombre. Cultura laica y cultura católica convergen en el tener confianza y esperanza en el hecho que este lenguaje, sea un lenguaje que por fin pueda hacer llegar a la humanidad entera un gran proyecto, a una situación de paz y consenso. He citado a Maritain y podríamos citar como parte laica a Bobbio, posiciones que también veremos en algunos puntos que serán luego puntos críticos, están totalmente sobrepuestos. Hagamos un salto temporal: venimos al hoy, por lo tanto los derechos como derechos de dignidad, derechos compartidos, necesariamente compartidos.

Ahora en cambio vemos, polémicas, incluso manifestaciones en la plaza de algunos países de los sostenedores de un derecho contra los sostenedores de otro derecho. Es la época, podremos decir de derechos en contra. Ésta es según yo la provocación de la realidad: qué ha ocurrido en estos treinta-cuarenta años. Según yo puede ser útil una imagen, simple y banal que proviene de un famoso largometraje animado de fantasía de Walt Disney, aquel del aprendiz de brujo, espero que lo recuerden, Mickey Mouse (el Ratón Mickey) en el rol del criado de un brujo que tiene que leer de un libro muy grande fórmulas mágicas y dominar los elementos del universo. El brujo cierra el libro, va a reposar y encarga a Mickey Mouse que limpiara el castillo; a este punto el pequeño criado fascinado por la posibilidad que el gran libro de las fórmulas mágicas da, usa el lenguaje mágico y anima a una escoba de paja para hacer el trabajo de limpieza que le había sido dado y se duerme, soñando también él con dominar los elementos. Se despierta luego sobresaltado porque la escoba y el cubo que ha animado siguen llevando agua y el pequeño ratón no logra detenerlos, entonces dominado por el paroxismo empuña un hacha y trata de despedazarlos y empeora la situación, porque se multiplican las escobas y los cubos y por lo tanto la situación empeora. Aquí yo creo que el riesgo con los derechos humanos sea un poco como aquel de ser aprendiz de brujo, usamos un lenguaje potente, ha sido dicho muy bien por el profesor Snead, un lenguaje potente, a veces para hacer cosas para las cuales no sería necesario. El Ratón Mickey que usa el gran libro para barrer. Luego frente a la paroxística multiplicación de ramas/derechos - disculpen la paradoja simplista - la tentación es de reaccionar con violencia, que puede ser también la violencia de la prohibición, por lo tanto al derecho opongo otro derecho o aún peor opongo una prohibición, una imagen opresiva y haciendo así empeora la situación. El castillo es aún reducido a peores condiciones. Aquí yo no querría dar golpes de hacha a los derechos, porque aquel de los derechos es un lenguaje, no es ni bueno ni malo, es algo que puede ser bueno según el contexto en que se usa, también temporal, también institucional, y mucho ha cambiado desde los años 1970, y depende de quién lo usa. Es un lenguaje que habla al deseo, ha sido dicho del hombre y asume por lo tanto la forma de una promesa, es una promesa del estado de satisfacer un deseo y aquí está su encanto, lo sabe muy bien el profesor Simoncini de la región Toscana, el derecho a no sufrir, pero quién es que no quiere garantizar el derecho a no sufrir, está claro que este lenguaje apela a la profundidad del hombre, tiene una fuerza, un atractivo irresistible.
No sólo, es una promesa y lleva la idea de la facilidad - es fácil prometer -, de aquí el atractivo por muchos años de la política, parecía que costara poco prometer, no sólo prometer, sino sobre todo satisfacer un deseo parece inocuo, el mito del derecho moderado, el derecho no hace mal, vean que ésta es una de las razones más importantes del éxito de tantos derechos incómodos. ¿Qué mal hay en reconocer este derecho? Qué pierdo yo, gana sólo alguien más. El mito del derecho moderado, junto a la fallida discusión sobre los fundamentos sobre los que – atención - grandes maestros estaban de acuerdo en la segunda mitad del siglo pasado. Maritain y Bobbio están de acuerdo sobre el hecho que no hace falta interrogarse sobre los fundamentos, lo importante es la tutela del derecho. Éste es el punto de partida, la fuerza y también la debilidad del lenguaje de los derechos, porque si es verdad que a través del lenguaje de los derechos yo concentro la atención en el valor que un bien tiene para el hombre y por lo tanto venzo aquella instancia, también aquella de aspectos negativos, dominante en el siglo pasado del positivismo jurídico, en ver el derecho como forma, como procedimiento, la ley tenía sólo que ser válida y podía decir cualquier cosa, de aquí los totalitarismos. Ningún dictador ha conquistado la propia posición sin dar una apariencia de validez procedimental. Aquí entonces el lenguaje de los derechos es un lenguaje fuerte, tiene una positividad, pone la atención, el focus, en el valor, pero haciendo así oscurece las desventajas que son correlativas y relativas a esta ventaja.

Sobre todo cuando el valor, como muy bien el profesor Snead ha dicho, para el individuo, es un lenguaje individualista o puede ser traducido en un lenguaje individualista, no dice a quién es impuesto, qué y de qué manera es impuesto, ésta es la así llamada retórica de los derechos, y la retórica no es una cosa negativa, sino es el arte de usar la palabra, pero como todos los lenguajes y todas las retóricas enfatiza una posición y eso permite el éxito y oculta otras cosas, estas cosas son ocultadas. Hagamos un ejemplo: en la expresión “derecho al hijo”, hay una ambigüedad de fondo, puedo querer decir tantas cosas con esta expresión, puedo querer decir que existe un derecho de las parejas a no ser limitadas en su querer hijos naturalmente, puede ser reivindicar un derecho contra el control estatal de los nacimientos, éste es un derecho de libertad, “derecho al hijo” podría querer decir aun poder recurrir a las técnicas que los aparatos que la ciencia biomédica pone a disposición de las parejas que naturalmente no pueden tener hijos para permitir tener hijos. Qué es oscurecido de este modo, frente a un poder hay una sumisión, aquella a la cual es expuesto el hijo y aquella ligada al hecho que recurriendo a la ampliación de las técnicas son multiplicadas las figuras paternas, ya no hay sólo una madre uterina, sino estará la madre genética, el padre genético, la madre natural que ha dado a luz, incluso la madre legal que ha pedido a otra mujer dar a luz a un hijo genéticamente suyo, todos estos sujetos están involucrados en la afirmación de este derecho, están en una posición de sumisión, solamente que usando el lenguaje de los derechos, enseguida esto no se ve, pero puede querer decir también más, “derecho al hijo” podría querer decir derecho al hijo producido, como ha dicho el profesor Snead, el estado tiene la obligación, la condición gubernativa tiene la obligación de proveerle el hijo, él tiene que pagarle los gastos por la procreación asistida o bien tiene que buscarle en adopción un hijo y luego al final habrá un límite. He aquí por qué un estudioso francés del 1900 Villy decía: los derechos prometen el infinito, no conocen límites y luego añadía y cómo no quedar desilusionados si no mantengo las promesas, si éste es el lenguaje del deseo, el deseo infinito está claro que no se podrá pretender poder dar una realización completa aquí y ahora.
¿Qué hacer en positivo? Hace falta portar enseguida el debate a lo que la retórica de los derechos oscurece, en este momento, llevar el debate a los costos cuantitativos, pero sobre todo cualitativos en términos de pérdida de libertad, y en términos de compresión de otros derechos, además somos favorecidos, porque la realidad rechaza las trampas de Herodes, emerge. Un ejemplo es el caso Limpard, parecía estar en juego sólo el derecho a la salud, estaba en juego la mitología del derecho-moderado, del derecho aislado, ya de pública discusión el hecho que aquel derecho no viviera solo, estaba junto al derecho al trabajo y vivían juntos.
Porque se ha llegado a ciertas deformaciones debido al hecho de que había una lucha entre derechos, cada uno de los cuales expresaba un valor para determinados individuos y no para otros.
Atención sin embargo a no centralizar tampoco la atención sobre el dato cuantitativo, no tanto como límite al reconocimiento de los derechos. Hacemos enseguida un ejemplo de estos derechos, los derechos y las tragedias ligadas a la inmigración, quien querría oponer un costo cuantitativo para limitar la matanza de muchas vidas humanas, pero por fin la realidad ha impuesto aquello que enseguida se habría tenido que decir. No disociar a la autoridad que promueve el derecho respecto al sujeto que tiene la responsabilidad de sustentar el relativo costo. Porque los derechos cuestan y ahora por fin llegamos. Si en positivo, y éste es el primer desafío que nos espera, logramos no a empuñar el arma de las prohibiciones, aun disfrazándolas de derechos, está claro que cuando ya el derecho es reivindicado, el nuestro siempre aparecerá como un imponer un límite, será vivido de modo para nada fascinante, una compresión de libertad, si en cambio centralizamos enseguida la atención a quién, qué es impuesto, de qué manera, porque también hay un modo, por la tutela, piensen en el cambio de embriones en el hospital Pertini, existe una modalidad de tutela política que se puede ocupar de disciplinas de detalles que la tutela judicial no es capaz de ofrecer, porque un juez no es un legislador, es un órgano que da una respuesta a un conflicto. Existen los costos cualitativos, compresión de otros derechos, pérdida de otras libertades, de parte de otros sujetos y existen los costos cuantitativos. Luego el primer punto es portar el debate a lo que la retórica de los derechos oscurece. Segundo desafío, más complejo, éste es el desafío del tercer milenio, porque aquí la realidad nos está ayudando, después del proliferar de los derechos en contra, por fin se ha vuelto a poner en duda el axioma de partida, el hecho de que fuera inútil discutir los fundamentos de partida. El último número de la más importante revista italiana de filosofía y derecho “Ars interpretandi” es intitulada completamente a valores y argumentaciones de derecho. Esto para darles la idea que eso es posible. Ciertamente volver a discutir de valores es positivo, volvemos a hablar de los fundamentos. También aquí hay otra trampa ideológica, ¿cuál es esta trampa? El riesgo de pasar de un exceso a otro. Hemos partido al inicio del novecientos con el pensamiento del positivismo jurídico en que se afirmaba la total separación de la moral del derecho, total separación, arriesgamos encaminarnos hacia una meta en que el derecho y la moral son identificados. Esto también es un desafío para nosotros los católicos, éste es el riesgo del problema.

Traducir completamente, atención al adverbio completamente, la moral en el derecho y volver a lo antiguo, errores que en el pasado ya han sido hechos con una advertencia que probablemente ahora habrá como ha ocurrido en los años 1970, una convergencia de las varias culturas hacia estas identificaciones: todo tiene que convertirse en derecho, solamente que no se estará de acuerdo sobre la moral que tiene que convertirse en derecho, probablemente será una mayoría secular si no hasta una moral elitista, he aquí éste es el riesgo del tercer milenio y según yo en esta vía una útil indicación puede ser dada, aquí me interesa robar estos últimos minutos, para citar un libro que quizás no ha tenido el eco de otras intervenciones de nuestro Pontífice, es un libro que había escrito cuando era Cardenal, los españoles me perdonarán, el título original es “Corrupción y pecado“, el título en la traducción italiana es “Sanar de la corrupción” aquí aparece un método que yo llamaría, sin parecer irrespetuoso y sobre todo sin atribuirle al Pontífice una muy personal lectura mía de la provocación que nace de este libro, el método Bergoglio. Ante todo también el Papa parte de un caso, un caso de gran clamor ocurrido en Argentina, también aquí banalizo un poco por síntesis, el caso Catamarca es el homicidio de una joven estudiante de una escuela dirigida por religiosos al que sigue un sospechoso encubrimiento, efectivamente el proceso madura con gran dificultad, de parte de algunos potentes políticos locales porque aparece la implicación, en efecto llegará luego una condena, de los llamados “hijos del poder”, de los jóvenes hijos de estos políticos. El punto de partida parece un caso puramente jurídico, corrupción institucional pura. El Papa no desconoce esta dimensión, existe una dimensión en que el derecho tiene un significado suyo, el derecho tiene un costo, recordémoslo, cuando hablamos de total juridización, no tenemos que olvidar que el derecho tiene un costo que es el uso de la fuerza.

Este mito del derecho moderado ha excluido, ha obnubilado este aspecto que en cambio los jueces le reconocen. Yo no he afirmado nunca en mi aula de justicia un derecho sin que alguien más llorara, porque si se llega a deber usar la fuerza del derecho, quiere decir que yo tengo que recurrir a la coacción, y eso es un costo, es un costo que a veces es necesario soportar, cuando se tiene que defender de las violencias ajenas, pero justo porque recurre a la fuerza y comprime la libertad tiene que ser la última ratio. Decía, el Papa reconoce que hace falta defenderse de la violencia, por lo tanto el derecho tiene su significado, hasta tiene significado la protesta social, ha habido las marchas del silencio en Argentina. No habría habido nada si esta monja del instituto religioso no hubiera acompañado a otras personas y este escándalo hubiera llamado a las conciencias de todos los argentinos a hacerse la pregunta sobre lo que estaba ocurriendo. Sin embargo el fenómeno no se agota allí y según yo el mensaje fuerte de este libro que realmente es muy denso, son cincuenta páginas, pero según yo es un verdadero y propio tratado de teología política del tercer milenio, muy simple aparentemente, en realidad muy profundo. La tesis de fondo, según yo, es que hay una perfecta continuidad entre corrupción del corazón y corrupción institucional. La concepción de la corrupción del Papa, es una concepción amplia, espero no traicionar el pensamiento que es complejo desde el punto de vista teológico por lo tanto invito a la integración, al menos como yo he logrado percibirlo. La corrupción como elemento metafísico de lo inmanente, corrupción como descomposición que concierne el mundo natural, concierne al hombre caído, también concierne a la institución, porque es una descomposición también de la institución, descomposición que quiere decir pérdida - dice el Papa - de la capacidad de ser, de crecer, y de servir, y cuál es su receta, su receta es lo que con una palabra difícil podremos decir un tipo de fenomenología antropológica de la corrupción. Destaca cuáles son los rasgos del comportamiento del hombre corrupto, para que cada uno de nosotros se pueda reconocer, cada uno de nosotros pueda darse cuenta de aquello de lo cual es corrupto y no se da cuenta, es decir de estar enfermo, son rasgos impresionantes para la reflexión de cada uno de nosotros en la experiencia que hacemos de la vida cotidiana. Detrás de este mensaje sin embargo yo como jurista leo otro aún, dice el Papa después de haber dicho una palabra fuerte: de la corrupción no se puede ser perdonados, del pecado sí, pero porque el corrupto amenaza no darse cuenta de ser corrupto y por lo tanto no puede pedir perdón, porque no cree estar en falta y puntea el triunfalismo, el proselitismo, puntea el sutil confín por ejemplo entre complicidad y amistad, cuánto es sutil aquel confín y luego sin embargo expone de modo fuerte, leo esta expresión porque es muy significativa “La corrupción en último análisis ¿qué es? Es una esperanza que se hace inmanente en el futuro virtual de los triunfos alcanzados”. Cómo he entendido yo esta frase: queremos reducir todo y pensar que todo esté aquí y ahora. Yo creo que más allá de la corrupción tradicional política también haya una corrupción de los derechos, un inmanentismo de los derechos, una pérdida del horizonte transcendente del valor del cual aquellos derechos son expresión. Si nosotros perdemos este horizonte y queremos hacer todo inmanente entonces el derecho se convierte en un ídolo, se convierte en un absoluto, hay una identificación de la moral con el derecho y entonces nos encontramos frente a derechos por lo que se podría decir lo que ha sido dicho por un filósofo alemán sobre el estado secular liberal, es decir los derechos viven de presupuestos que no son capaces de mantener, esto no debemos olvidarlo nunca. Les agradezco.

MODERADOR:
Agradezco de corazón a Tomás por esta presentación suya realmente tan profunda que me parece haya echado una luz y dé una contribución nueva a un tema como éste. Hasta esta idea de corrupción que puede agredir los derechos. Pero como tenemos justo diez minutos, querría aprovechar la ocasión de escuchar aún a nuestros relatores, porque me parece que haya sido muy interesante aquello que nos han dicho, solamente por una palabra, un especie de réplica final. La primera cosa sorprendente que me parece hemos captado de este diálogo es que no ha habido una demonización de los derechos y de los nuevos derechos, que es hoy una posición muy difusa. Es como si se quisiera aquí aceptar el desafío. Como siempre ante la modernidad, ante lo que es propuesto, se puede tener una actitud defensiva, o bien, como la palabra problema dice, se puede “ser puestos en juego”. Yo quería preguntar, probando a definir en qué términos positivos es este desafío, en este mundo en el cual vivimos, partiendo de Cárter, siendo así un profundo conocedor de este sector: ¿cómo se puede promover a través del derecho una cultura que no sea aquella premisa antropológica, es decir hay la vía, hay la posibilidad de utilizar aquellos instrumentos para hacer que no haya un especie de ideologización, por lo cual sólo una cultura es aquella que vence? ¿Hay espacios? ¿Existen instrumentos?

ORLANDO CARTER SNEAD:
Ciertamente, como has dicho en el exordio de este encuentro, se ha hablado de derecho, discurso jurídico, de cómo los derechos reflejan una imagen un poco selfie… que nos es querida. Hace falta tener cuidado al interpretar el derecho o al formular el derecho en el ámbito de la bioética pública, y he hablado precisamente de las técnicas de reproducción asistida, asegurarse de capturar, acoger la complejidad de la riqueza no sólo del individuo, sino también de la vida social, compartida. Como propuesta concreta ¿qué puedo decir? En mi país, en el cual no hay vínculos jurídicos sobre el uso de las técnicas de reproducción asistida, en su país, en el cual había y han sido anuladas por la corte constitucional, sin hacer normativas propuestas concretas, deberíamos estructurar el derecho de modo que refleje la realidad, la riqueza de la persona, por lo tanto, obviamente el derecho tiene que actuar, reflexionare que en el uso de las técnicas de reproducción asistida, el sujeto importante es el niño. No es un niño producto, es un don que tiene que ser acogido sin condiciones. León Kant, mi médico, decía que el recién nacido es un extranjero misterioso que acogemos sin condiciones previas. El derecho debe ser constituido en coherencia con esta verdad, y no crear violencia, no transformar al niño en un producto que puede ser devuelto si no está a la altura de sus expectativas como consumidores; y la madre atendida por el médico tiene que ser considerada una paciente, no una consumidora. El médico mismo no es sólo un proveedor de bienes y servicios sino un sujeto que se pone en relación con la madre y el niño, con la obligación de atender a ambos, y nosotros tenemos que servir a la salud de ambos. También el concepto de salud tiene que ser reflexionado en su complejidad, en el derecho como bien físico de los sujetos implicados, no sólo objeto de su deseo. Por tanto que la interrupción del embarazo no se convierta en una forma de prevención: un niño no es una patología, tiene una identidad suya. Cómo regular la sanidad de modo de poder constituir una sociedad en que las personas tengan acceso a la medicina esencial y los padres, las mujeres en particular, no tengan que hacer una elección entre carrera, vida profesional sin hijos, con respecto a tenerse que dirigir a tecnologías a veces inhumanas, peligrosas, para alcanzar el sueño de tener un hijo más adelante con la edad. El derecho debe reflejar la sociedad que acoge a los niños, sustenta a las familias, las mujeres, los hombres y se ocupa de sus exigencias de base, la salud, en particular relativamente a este ámbito. En práctica, el derecho debe reflejar y dar forma a la cooperación, del modo más rico posible a la luz de qué es la persona, qué debe a los otros, y cuál es la naturaleza del vivir juntos y cómo tiene que ser. Gracias

MODERADOR:
Gracias por este breve flash. El cierre, a Tomaso.

TOMASO EMILIO EPIDENDIO
Yo he delineado una reacción sobre qué hacer en positivo, que podría decir estratégica, a largo plazo. Me gustaría en todo caso concluir sobre algo más inmediato. Querría partir de un ejemplo muy banal. Tenemos que tener presente, ya creo haberlo ilustrado ampliamente, que el derecho no es un absoluto. Es un lenguaje, bueno o malo, su rol no va enfatizado. Al mismo tiempo tenemos que darnos cuenta del hecho que el reconocimiento de los derechos se juega, en un estado democrático, en el juego de minorías y mayorías, y que a veces somos minoría.
Partamos de temas candentes: las uniones entre personas del mismo sexo. Está claro que el reconocimiento de un derecho de este tipo desde la perspectiva de quien comparte determinados valores puede tener y tiene un efecto impresionante, puede animar a toda una serie de comportamientos y delinear una figura de sociedad. Un poco provocativamente querría decir que no me preocuparía demasiado, porque luego la realidad al final vence. Algunos artificios retóricos de los derechos - derecho aislado, derecho moderado - luego al final han sido desvelados y antes o después ciertas ideas sobre la estructura de la familia se afirmarán en la realidad. Aquello que según yo en cambio es la verdadera batalla por hacer enseguida y ahora, es cuando los derechos, también los derechos moderados, muestran su peor cara. Cuando, por ejemplo, se piensa y se hipotiza impedir el uso de determinados términos, porque son connotados por el género. Allí hay una invasión de la libertad. ¿Qué quiero decir? Una cosa es una legislación secular estatal, que es derecho, no es moral, que no impide mi libertad hasta el fondo. No debemos-famosa citación de Eliot - soñar con sistemas tan perfectos que sea inútil ser bueno. Lo que es importante es que sin embargo el derecho no niega mi libertad, porque entonces sí que hace falta defenderse. Ese es el punto sin retorno del derecho. También es el punto de la legitimidad, según yo. Sobre esto se debería hacer ahora un discurso sobre la legitimidad. Ésta es según yo la reacción a breve plazo: que tenga en cuenta el contexto, que enfatice un valor que según yo es uno de los valores fundamentales, de aquello en lo cual yo personalmente creo y muchos creen, el rol de la libertad del hombre. Habrá una dimensión en la cual de veras el testimonio, el ejemplo, serán más fuertes que una batalla jurídica. Hay en cambio situaciones en que la violencia organizada, el volver forzadamente en algo jurídico de una instancia impide esta libertad, y entonces se vuelve ilegítima.

MODERADOR:
Agradezco. Estos encuentros del Meeting son aquellos en los cuales no tenemos relatores que repitan un discurso ya hecho, son casos de diálogo real el motivo por el cual el Meeting existe. Cosas en las cuales sucede aquello que es hoy cada vez más difícil: se puede aprender. Tengo que decir que he aprendido mucho escuchando a nuestros relatores, porque hemos tratado de afrontar este tema de los nuevos derechos, de la explosión del derecho, y del reverso del derecho en una manera no habitual, no aquella que el viento de tempestad de una cierta retórica pública, que parece hoy dominante, nos propone. Me parece que haya salido como una prospectiva inicial, una larga vía, sin embargo una perspectiva original.
Primer punto: el análisis del cual hemos partido, ¿estos nuevos derechos son algo que criminalizar de antemano? No, porque son expresión de un deseo, de una pregunta. Como cada pregunta, cada deseo, el problema no es la pregunta, sino si hay una vía para la respuesta. ¿Es errado, para una madre, desear que el propio hijo nazca sin enfermedades? ¿Podemos decir que es errado? ¿Alguien de ustedes aquí, si no de manera un poco hipócrita, podría decir “No, prefiero que nazca enfermo, o bien no me interesa”? No se trata de criminalizar la pregunta que existe. El problema es: ¿podemos pensar que una persona que es concebida sin enfermedades será feliz? ¿Es decir, la ausencia de enfermedad quiere decir la felicidad? Y más aún: ¿cuál es el costo que estamos dispuestos a pagar para tener un hijo sin enfermedades? Eso me parece la cosa más estrepitosa que hemos oído. Muy bien Tomaso nos la ha explicado y Carter nos ha dado un gran panorama: cada derecho tiene un costo. La idea de que los derechos puedan crecer, sin que crezcan las sujeciones, es decir sin que alguien de la otra parte sea obligado, es una idea no inmoral, irrazonable. Éste es el punto que siento como gran contribución, interesante al debate: hacerse la pregunta sobre cuál sea hoy la real dimensión de los derechos humanos o los nuevos derechos que están naciendo, y luego hacerse la pregunta “¿Qué costos tienen estos derechos? ¿Cuál es el rostro feroz de estos derechos?” es una pregunta racional, al cual ningún debate político que sea racional puede sustraerse. Estamos poniéndonos el problema de cuáles son los impactos razonables de una regulación jurídica de cierto tipo en la sociedad. Una sociedad que piensa en estos temas ocupándose sólo del lado de los derechos y no entendiendo cuáles nuevas sujeciones crea. ¿Quién es el clon? ¿Quién es el embrión? ¿Qué nuevos sujetos (en el sentido de sometidos)? Ante todo es un problema de racionalidad del debate político. El uso de la razón y punto crucial de anticipación razonable de los impactos que ésta tendrá en la sociedad. Hay una gran llamada a un debate público razonable, aquel al cual el Papa Benedicto XVI, al nunca o poco mencionado discurso del Bundestag, había llamado a todos: no se trata de trasladar principios morales en el debate jurídico sino de preguntarse la Razón dónde está en este debate. Se dice “Pero esta posición es una posición débil, este apelo al corazón es una posición débil, haría falta alinearse…” Sobre esto, disculpen, cierro leyendo porque realmente me ha conmovido. Lo decía ahora Carter hablando del rol propositivo que puede tener la ley cuando reconoce la sociedad, y no cuando la forma, o ahora esta testarudez de la realidad de la cual hablaba Tomaso. La idea del testimonio, que habrá espacio. “Pero el espacio del testimonio es perdedor, hace falta combatir en los coliseos”. El Padre Pizzaballa ha dicho: Se escuchan a menudo declaraciones y análisis desesperados sobre la situación. Parece que estamos cerca al final de todo. Han acabado quizás los viejos modelos pero no el mundo y nosotros con ello. Sin embargo no es raro escuchar entre nuestra gente, y quizás también entre nuestros religiosos, palabras de desaliento y resignación. Se habla también de choque de civilizaciones y luego no así indirectamente, se habla también de una especie de llamada a las armas para defendernos. Todo esto no tiene nada que ver con la fe cristiana. Olvidamos así un hecho fundamental: el Cristianismo nace de la cruz y no puede prescindir de ella. Jesús se convierte en el rey del mundo en la cruz, no después del suceso de la multiplicación de los panes. El Cristianismo, en fin, nace de un fracaso humano, de una derrota. Y de un corazón traspasado. Cuando hablamos del poder del corazón es allí que tenemos que mirar, a aquel corazón que es la medida del amor de Dios, y por consiguiente también del nuestro. Nuestro actuar como cristianos se debe medir con aquel corazón”. Me parece que sea un gran augurio para todos, que también un debate sobre cuestiones como éstas mire a aquel corazón que citaba, citando al Papa Francesco, Cardenal Bergoglio, en el tema de la corrupción. Es éste el punto del cual podemos partir. Yo agradezco a todos, hemos superado los tiempos pero ahora está el almuerzo, para todos. Gracias.

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