El salafismo, a las raíces teológicas de Al-Qaida e Isis
autor: Michele Brignone
fecha: 2016
fuente: Il salafismo: alle radici teologiche di Al-Qaida e Isis
traducción: María Eugenia Flores Luna

El rasgo que probablemente afecta más de la ideología y de la praxis del Isis es la violencia teorizada y concretamente ejercitada contra las poblaciones no-musulmanas o de los musulmanes que no se reconocen en la intransigencia del así llamado neo-califato. Si esta violencia asume en el caso del Estado islámico acentos paroxísticos, con asesinatos en masa, esclavitud de seres humanos y acciones de verdadera limpieza étnica,[1] ella se basa en una lectura salafita del Islam que el Isis comparte con otros grupos y movimientos.

El salafismo (salafiyya) es una corriente del Islam sunnita fundada en una lectura literaria y rigorista de los textos fundamentales, que pretende llevar al Islam a la pureza de las primeras generaciones de musulmanes (al-salaf al-sālih, los “píos antepasados”) y rechaza como idólatra cualquier idea o práctica que entre en conflicto con la afirmación absoluta del monoteísmo (tawhīd). [2]

Las ideas y las enseñanzas salafitas atraviesan toda la historia islámica pero, por razones que aquí no es posible desarrollar y sobre las cuales además los estudiosos discrepan, se vuelven particularmente invasivas en los últimos decenios. Una de las principales referencias de los musulmanes que se basan en la salafiyya es el teólogo sunnita Ibn Taymiyya (m. 1328), el cual, en respuesta a las convulsiones producidas por la conquista de los mongoles de Baghdad (1258) y por las incursiones cruzadas en el Levante, se asignó la tarea de purificar el Islam de toda forma de desviación, llegando a justificar, en ruptura con la tradición jurídica prevalente, el jihad contra los gobernantes musulmanes que no aplicasen escrupulosamente la sharia.

A través de los siglos, la teología puritana elaborada por la escuela de Ibn Taymiyya ha servido de marco teórico para muchos movimientos fundamentalistas. Entre estos destaca el wahhabismo, una forma de salafismo que, surgido en la península arábiga en el siglo XVIII, se volverá ideología oficial de la Arabia Saudita. En el Novecientos en cambio, la teología de Ibn Taymiyya viene descubierta y actualizada sobre todo en Egipto y en la India musulmana, los dos polos que antes habían estado en contacto – y se habían encontrado – con la modernidad europea.[3] Las razones de este descubrimiento son fácilmente comprensibles: Ibn Taymiyya ofrece en efecto firmes raíces teóricas y textuales a los pensadores y a los activistas que rechazan los aportes del pensamiento y de las instituciones occidentales en nombre de la superioridad y de la autosuficiencia del Islam respecto a cualquier otro “sistema” de vida.

Al-Qaida, Isis y los no-musulmanes

Deduciendo del monoteísmo la necesidad de instaurar un orden temporal unitario y uniforme, las ideologías que se valen del exclusivismo salafita aborrecen e impiden la expresión de cualquier pluralidad. Organizaciones como al-Qaida o Isis representan la manifestación más extrema de este “fanatismo del Uno”[4] y su actitud con respecto a los no-musulmanes o a los musulmanes “desviados” se nutre de este exclusivismo.

Para al-Qaida, que actúa como una red yihadista transnacional y no administra algún territorio, las relaciones con el resto del mundo son dominadas desde el principio por el yihad permanente contra los “infieles originarios” (los occidentales en guerra contra el Islam), los “apóstatas” que gobiernan las tierras musulmanas y los “hipócritas”, es decir los musulmanes no practicantes plenamente.[5] Se trata de una división tripartita inspirada en el principio de “fidelidad y ruptura” (al-walā’ wa-l-barā’), una doctrina nacida paradójicamente en ámbito chiíta, pero aprobada por el salafismo y que prescribe un apego exclusivo al Islam y la disociación radical de todo lo que el Islam no es. En esta óptica de guerra global, la identidad concreta de los no-musulmánes se desvanece, terminando reabsorbida en la endíadis “hebreos y cruzados”.

Las cosas cambian si se pasa del nivel global e ideológico a aquel territorial y práctico, donde al-Qaida está presente a través de sus filiales. En el caso de Siria, por ejemplo, la identidad del no-musulmán y el tratamiento que se le reserva se hacen más precisos y concretos, como vemos de la casuística expuesta por al-Jawlani, leader de Jabhat al-Nusra, en una entrevista realizada con al-Yazira. Al-Jawlani invitaba de hecho a los alauitas y drusos a corregir los propios errores doctrinales y abrazar el Islam para salvar la vida, mientras a los cristianos prevenía las garantías previstas por la dhimma, la protección que bajo ciertas condiciones, entre las cuales el pago de un impuesto (la jizya), es concedida por el Islam a “Gente de la Escritura”, agregando sin embargo que en los territorios bajo el control de al-Nusra a los cristianos no ha sido aún impuesta alguna tasa.[6]

La posición del así llamado Estado islámico no se distingue mucho de aquella de al-Qaida, si no por una mayor brutalidad. Como para al-Qaida la visión del mundo es guiada por la obsesión por la lucha contra los tres grandes males del mundo: la incredulidad (kufr), la idolatría (shirk) y la apostasía (ridda), categorías en las que acaban por entrar no sólo los no-musulmanes o los musulmanes “heterodoxos”, sino también los sunnitas muy “tibios”. Pero aun en este caso, el hecho de que el Isis ocupe y administre territorios en los cuales están (o estaban) presentes grupos no-musulmanes, hace dramáticamente concreta la cuestión de la alteridad en la ideología salafita-yihadista.

La retórica del Isis está llena de invectivas contra los chiítas y los alauitas, llamados polémicamente “los contradictorios” y “los nusayritas”, que desde los tiempos del Jordano al-Zarqawi, padre fundador del así llamado Estado islámico, ocupan el primer puesto en la jerarquía de los enemigos por eliminar. Pero, en términos relativos, el grupo que ha probablemente pagado el precio más alto desde que el Isis ha tomado posesión de las tierras a caballo entre Irak y Siria es aquel “idólatra” de los yazidas, cuyas pérdidas humanas han alcanzado proporciones genocidas.

Situación sólo aparentemente menos trágica es aquella de los cristianos. En su caso en efecto el ímpetu yihadista habría sido limitado, según algunos analistas, por la sharia y, en particular, por las normas que, como hemos visto, garantizan la protección a cambio del pago de una tasa. Tales disposiciones son recavadas por un versículo del Corán (9,29), cuya aplicación está detallada en el llamado pacto de Umar, un documento en el cual están registradas las condiciones que habrían sido acordadas entre el segundo Califa (634-644) y la población cristiana de Jerusalén en el momento de la toma de la ciudad en 637. Cuando en 2013 el Estado islámico (convertido mientras tanto en Estado islámico del Irak y del Levante) ha conquistado la ciudad siria de Raqqa, a los cristianos del lugar les ha sido hecho subscribir un documento de protección, luego replicado por los cristianos de al-Qaryatayn, que recalcaba las condiciones del pacto de Umar, imponiendo doce condiciones a cambio de las cuales los cristianos obtenían la salvaguardia de la vida, de los bienes, de las iglesias y de los hijos.[7] Sin embargo, las cláusulas contenidas en el pacto y la modalidad con la cual ha sido impuesto a los cristianos, hacen evidente su naturaleza intimidatoria más que de tutela. No es una casualidad que en Mosul, donde las dimensiones de la comunidad cristiana eran tales que disturbaban la paranoica obsesión del Estado islámico por la uniformidad religiosa, las condiciones establecidas por los yihadistas han sido muy eficaces para convencer al exilio a los cristianos,[8] los cuales han preferido dejar las propias casas antes que regresar a aceptar la humillación y las vejaciones de una ciudadanía de segunda clase.

¿Es o no es Islam?

La justificación en términos religiosos de los actos cometidos por al-Qaida y sobre todo por el Isis, que de la religión no trae sólo la ideología de la lucha armada sino recaba un entero sistema político y Jurídico, ha resaltado el tema de la relación entre estas organizaciones y el Islam. Es un tema muy complejo, desde el momento que, como todos los movimientos y las organizaciones salafitas, el Isis se refiere constantemente a fuentes islámicas – tanto que cada acto suyo resulta siempre apoyado por una referencia textual – pero según una metodología diversa de aquella adoptada por la tradición mayoritaria sunnita. Como ha mostrado la estudiosa de teología islámica Sohaira Siddiqui, este mecanismo es evidente en el caso de la violencia y de la guerra, que el derecho clásico seguramente contemplaba, pero al mismo tiempo regulaba y limitaba. El objetivo del Isis, en cambio, es “difundir la violencia y expandir el Califato, independientemente de las pérdidas humanas que esto pueda causar […]. Su arquitectura jurídica está creada para cumplir esta misión, prescindiendo de lo que digan las opiniones mayoritarias al interno del pensamiento jurídico islámico en su conjunto”.[9]

Sin embargo, no obstante la objetiva distancia entre la hermenéutica salafita-yihadista y aquella sunnita clásica, las autoridades musulmanas no logran refutar hasta el final las ideologías extremistas: no sólo porque su autoridad está a menudo comprometida por la subordinación a gobiernos autocráticos y corruptos, sino porque ellos se creen guardias de aquel mismo patrimonio al cual recurren, incluso con métodos diversos, los ideólogos salafitas. Es este el motivo por el cual muchos pensadores invocan sin rodeos una reforma que tenga el coraje de operar una ruptura epistemológica con la tradición pasada. En el mundo islámico el debate está abierto, probablemente más abierto de cuanto a menudo imaginamos.[10]

Notas
[1] Amnesty International, Ethnic cleansing on a historic scale. The Islamic State systematic targeting of minorities in northern Iraq, p. 4. El documento está disponible en la dirección
https://www.amnesty.org/en/documents/MDE14/011/2014/en/

[2] Una óptima síntesis sobre el salafismo es aquella oferta de Bernard Haykel, On the Nature of Salafi Thought and Action, en R. Meijer (por), Global Salafism: Islam’s new religious movement, Columbia University Press, New York 2009, pp. 33-57.

[3]Emmanuel Sivan, Radical Islam. Medieval Theology and Modern Politics, Yale University Press, New Haven and London 1990 (edición aumentada), p. 96.

[4] Cfr. Pierre Hassner, La revanche des passions. Métamorphoses de la violence et crise du politique, Fayard, Paris 2015, p. 53.

[5] Se vean los párrafos extraídos del texto de Ayman al-Zawahiri, La fidelidad y la ruptura. Un artículo de fe alterado y una realidad perdida de vista, en Gilles Kepel, Jean-Pierre Milelli (por), Al-Qaeda. Los textos, Laterza, Roma-Bari 2006, pp. 247-286. Es bueno notar que la doctrina de la fidelidad y de la ruptura se presta al interno mismo del salafismo en diversas lecturas y en diversos niveles de aplicación, de aquello exclusivamente individual a aquello político. Es evidente que para los ideólogos de al-Qaida se trata ante todo de un criterio de planteamiento político.

[6] La entrevista está disponible en la siguiente conexión http://bit.ly/1BqthEF

[7] Para un trato más extenso de la relación entre Estado islámico y cristianos me permito recomendar a Michele Brignone, Isis o la opción preferencial por el terror, en La cruz y la bandera negra, en “Oasis” 22 (2015), pp. 78-89.

[8] Pierre-Jean Luizard, Le piège Daech. L’État islamique ou le retour de l’histoire, La Découverte, Paris 2015, p. 166.

[9] Sohaira Siddiqui, Beyond Authenticity: ISIS and the Islamic Legal Tradition, Jadaliyya, 24 febbraio 2015,
http://www.jadaliyya.com/pages/index/20944/beyond-authenticity_isis-and-…

[10] Cfr. Amal Ghazal y Larbi Sadiki, ISIS: The ‘Islamic State’ between Orientalism and the Interiority of MENA’s Intellectuals, Jadaliyya, 19 de enero 2016,
http://www.jadaliyya.com/pages/index/23616/isis_the-islamic-state-betwee

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