El salto del hombre en el lenguaje
autor: Noam Chomsky
Andrea Galli (entrevistador)
fecha: 2015-08-06
fuente: Il salto dell’uomo nel linguaggio
traducción: María Eugenia Flores Luna

Desde cuando salió en el ya lejano 1957 su primera obra sobresaliente, Syntactic Structures, el nombre de Noam Chomsky es uno de aquellos con los cuales quien se ocupa de lingüística debe, quiera o no, tener en cuenta. Su idea de una gramática profunda y "universal" – el conjunto de propiedades innatas y comunes a cada hombre en el cual se desarrollarían las gramáticas particulares de los diferentes idiomas – ha puesto desde entonces una objeción radical al lenguaje visto como fruto del aprendizaje en una tabla rasa. En su crítica a la corriente del “comportamentismo” en la psicología del 1900 y a sus derivados, ha destacado la singularidad de la naturaleza del lenguaje humano. Alcanzadas las 87 primaveras, pero aún en primera fila en el debate científico, Chomsky, estadounidense, profesor emérito de lingüística al Mit de Boston, será uno de los huéspedes del próximo Meeting de Rímini (martes 25 de agosto), donde intervendrá junto al neurolingüista Andrea Moro – ambos presentados por el astrofísico Marco Bersanelli – sobre el tema Stupirsi di fatti semplici: il linguaggio dell’uomo e i limiti della comprensione (Asombrarse de hechos simples: el lenguaje del hombre y los límites de la comprensión).

Profesor Chomsky, después de decenas de investigaciones, ¿qué lo impresiona más del misterio del lenguaje?

«Hablaré justo de eso en Rímini. Pienso que el misterio más grande sea aquel que podemos definir clásico, el problema que llevó a Descartes a postular la res cogitans como una propiedad que distingue a los seres humanos de cualquier otro “animal-máquina”.

La propiedad es el llamado “aspecto creativo del uso del lenguaje”, la habilidad de cada hombre de producir nuevas frases, sin límites, para expresar los propios pensamientos de modo apropiado a las situaciones, pero no determinados por ellas – “inducidos pero no “obligados” según los seguidores de Descartes – y de evocar en otros pensamientos que ellos mismos, como reconocen, habrían podido formular».

¿Piensa todavía, cómo ha sostenido aun en el reciente pasado, que sea difícil conciliar el nacimiento del lenguaje con la actual biología evolucionista?

«Es difícil en primer lugar por los problemas inherentes en el estudio de la evolución de las capacidades cognoscitivas, en general. Las evidencias son extremamente sutiles y la actual metodología de indagación de la biología evolucionista no nos lleva muy lejos. Los problemas de fondo son afrontados en un importante artículo escrito por un biólogo evolucionista de fama, Richard Lewontin, contenido en la enciclopedia del Massachusetts Institute of Technology Invito alle scienze cognitive (Invitación a las ciencias cognoscitivas). Son problemas de particular importancia concernientes al lenguaje porque se trata de una facultad muy “aislada”, sin analogías significativas en otras especies, que el trabajo comparativo nos dice muy poco. Sin embargo no faltan algunas contribuciones dignas de ser notadas. Quizá el más importante es aquel de Eric Lenneberg aparecido en su trabajo de 1967 Fondamenti biologici del linguaggio (Fundamentos biológicos del Lenguaje), que ha puesto las bases para el moderno estudio de la biología del lenguaje. Pienso que los descubrimientos sobre el lenguaje en los últimos años nos permitan llevar adelante estos estudios en modalidades que yo y otros hemos discutido».

¿Usted está de acuerdo con quien sostiene que el lenguaje es la principal señal de una diferencia ontológica entre hombre y animal?

«Es la visión tradicional: de Descartes, Darwin y muchos otros, incluso los principales estudiosos contemporáneos de los orígenes del hombre como Ian Tattersall. Pienso sea una posición de considerable valor».

La investigación sobre traductores automáticos continúa, con grandes inversiones: ¿es un callejón sin salida o podemos esperar en el futuro un software capaz de ofrecernos una traducción de una lengua extranjera« confiable y útil, aunque no sea perfecta?

«Les puedo citar una anécdota personal. Mi primer encargo académico hace 60 años incluía el trabajo part-time en un proyecto para una máquina capaz de traducir. Expliqué de inmediato que no trabajaría porque no existía en ninguna parte un enfoque del problema, a nivel científico, que partiera de principios reconocidos y en el momento nos habríamos debido conformar con esfuerzos de ingeniería de bajo nivel, bastante toscos. Muchos años después la Ibm y otros llegaron a las mismas conclusiones.

Los programas hoy disponibles tienen una cierta utilidad, lo que está bien, pero tienen poco valor intelectual o científico. No debería ser una sorpresa. Es relativamente desde hace poco que las ciencias más avanzadas han podido dar una contribución significativa al potencial de capacidades técnicas, sean de ingeniería o médicas. E incluso campos mucho más simples del lenguaje humano – por ejemplo la notable capacidad de orientación de los insectos y sus sistemas de comunicación – se sitúan en los límites de la investigación científica.

La comprensión científica es cosa ardua. La ciencia explora al interno de los confines de lo que comprende y se concentra, típicamente, en sistemas artificialmente abstractos de los fenómenos complejos de la experiencia. Y es el motivo por el cual, después de todo, los experimentos de los científicos son abstracciones e idealizaciones de alto nivel. Traducir implica una serie de habilidades y se funda en recursos intelectuales que van mucho más allá del lenguaje mismo».

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