Escribir entre creatividad y funcionalidad
autor: Barbara Meccarelli
fecha: 2015-10-03
fuente: Scrivere: tra creatività e funzionalità. Per una comunicaczione che comunichi
(Escribir: entre creatividad y funcionalidad. Para una comunicación que comunique)
traducción: María Eugenia Flores Luna

Liberarse de los condicionamientos expresivos contemporáneos, descubriendo en la escuela la escritura experiencia generadora de investigación, construcción, autocrítica: áncora para nuestras posibilidades comunicativas.

La escritura es un viaje: una salida, una meta, un trayecto, poco a poco, definido por la curiosidad del descubrimiento, por el gusto de la creatividad, por el placer de la construcción personal.
Hoy una de las necesidades más urgentes para nuestros chicos es justo redescubrir la escritura, o los recursos y el valor añadido de una comunicación clara y planificada, comprensible para el interlocutor, tanto que lo solicita a emprender el mismo viaje, a través de las interrogaciones razonamientos, emociones.
Los jóvenes de los sms, de wa y de los twitter hoy tienen necesidad de reapropiarse de la verbalización de pensamientos y emociones, y de escribirlos…. para sí mismo y para los demás, descubriendo el método de la escritura, los tiempos lentos, el gusto.
Barbara Meccarelli, profesora de secundaria, anticipa consideraciones e hipótesis de trabajo, en base a los años de experiencia en el terreno con los estudiantes.

“Escribir es exactamente aquel blanco […]: el no saber qué cosa escribir.
Es ser de golpe proyectados al inicio del mundo. Cierto que da miedo.
Pero es un reto, no una tragedia; que puede llevar hasta la felicidad.
Una inteligencia que no recibe jamás ningún desafío, lentamente se consume y muere”.
(P. Mastrocola, La escuela relatada a mi perro)

La cuestión de partida: la escritura en el “mundo social”

Estoy en clase con mis alumnos. Los miro y me muevo entre el entusiasmo de estar aquí a recoger sus ideas, impresiones, emociones y la responsabilidad de trazar para ellos un trayecto de instrumentos y ocasiones para crecer…. Me doy cuenta que tienen ganas de decir, de contar, de compararse, entre curiosidad y necesidad. Pero la velocidad y brevedad del estilo comunicativo de la sociedad actual empujan las posibilidades expresivas dentro de angostos confines: cada día la “lección” que se aprende fuera de aquí es aquella del pragmatismo y de la eficiencia a toda costa, para optimizar tiempos y espacios de la página y de la elaboración compleja del pensamiento sostenido por el alma y el cerebro. Inmersos en la híper-comunicación, a menudo estamos a merced de lo aproximativo, incluso en una tipo de atrofia expresiva. En la sociedad de nuestro tiempo es siempre menor la cultura del orden y del método, de la claridad, de la exhaustividad, de la preocupación de ser realmente comprendidos y del deseo de un feed-back a las propias exteriorizaciones.

Somos la generación wa y social: gracias a estos medios sin duda desarrolla nuestra posibilidad de ser y de estar en contacto con el mundo global, en tiempos y modos que mejoran la recíproca realización, ampliando los recursos para una comunicación sincronizada a distancia. Pero corremos el riesgo de identificarnos con estos medios, perdiendo a menudo de vista el corazón de la cuestión: el encuentro. Nos acostumbramos momento a momento a entrar directamente en la conversación, mayormente sin percibir el inicio, omitiendo honorarla con una “bella” letra mayúscula, o sin saludar … como si se tratara de una conversación constantemente abierta; se renuncia a la sintaxis, a la necesidad de una proposición principal que haga de árbol maestro para el resto del enunciado, prefiriendo inicios de tipo “porque..”, “lo que pasa es que..”; se reducen los verbos, la nominalización es el gran reto de la simplificación y de la esencialidad; renunciamos a una gráfica legible, porque lo que cuenta es comunicar velozmente; desmenuzamos el pensamiento en fragmentos que instintivamente nacen e inmediatamente mueren aplastados en la pantalla mayormente sin pasar por el análisis de la reflexión, de las consecuencias o del impacto que las palabras dichas puedan tener en quien las lee, indistintamente por cosas de poca y de mucha consideración; cuando chateamos nos aseguramos dejar nuestro mensaje en el “desktop”, pero no nos preocupamos en el caso que el otro no nos responda, no nos preguntamos si el mensaje haya sido claro, por qué la respuesta tarda en llegar, conformándonos con nuestra observación….

La recaída de todo esto es verificable en la comunicación escrita de los chicos, en que los errores formales más frecuentes conciernen a la puntuación, a la omisión de los sujetos, la confusión en el uso de suyo/propio, la coherencia de los tiempos verbales, las concordancias, el salto de línea y parágrafos. Luego hay la preferencia por un estilo parataxis y simplista, indiferenciado respecto a tipologías textuales específicas.[1] A menudo, además, falta la conclusión a los discursos, como si no se tuviera idea de un diseño único de lo que se escribe, no se sintiera que la escritura es un viaje con una salida y una meta, independientemente si a ésta se llegue (con una conclusión que termina) o no se llegue (con una conclusión que no termina).

Probablemente quien ha crecido hace una o dos generaciones, percibe, en modo más o menos crítico, la diferencia entre este modo de escribir y aquel “lento” al cual, como teen-ager, estaba acostumbrado por la carta y el e-mail… Pero los adolescentes de hoy nacen digitales y conocen sólo esta forma de comunicación.

Entonces la escuela se vuelve un verdadero reto, la oportunidad de valorizar la sensibilidad comunicativa en los jóvenes, proveyendo recursos para exteriorizarla y proponiéndose lugar de experiencia.
Desgraciadamente, sin embargo, a menudo el salón de clase, el profesor, los compañeros corren el riesgo de convertirse en el hábitat dentro del cual se mueve un mundo paralelo a aquel externo, hecho de tiempos y espacios “extraordinarios”, donde la lentitud del pensamiento, la paciencia y el cuidado de la construcción, la ampliación antes que el contenido, alteran los parámetros habituales, que por el resto de la jornada atraen el ordinario principio eficientista-optimizante. Por tanto el reto de la escuela es aquel no sólo de hacer adquirir competencias, instrumentos “técnicos” para un rendimiento óptimo de la producción escrita, sino aquel de proponer una experiencia de comunicación compleja, que haga madurar en cada estudiante la consciencia de lo imprescindible de un cierto tipo de comunicación más lenta y articulada y de “mecanismos” mentales y emotivos que con ella se activan cada vez.

El profesor es entonces el “mentor” que guía a los chicos en un camino al descubrimiento de los propios recursos, hacia la lectura de pensamientos y emociones personales y la consciencia de posibilidad e instrumentos expresivos.
La escuela es la dimensión humana en la cual responder, con la experiencia, a la urgencia de una comunicación que comunique.

Primero – encontrar el centro: rem tene, verba sequentur[2]

(mira a los hechos, las palabras seguirán)
El primer paso por cumplir es hacer sentir el momento de la escritura no como una tarea por desarrollar, sino siempre como la respuesta necesaria a una cuestión que se plantea, el modo con el cual poder narrar la propia posición al respecto.

Por tanto la fase propedéutica a la redacción de cualquier texto es buscar aclarar a sí mismo el centro del pensamiento y de las emociones personales respecto al tema en cuestión, para luego esforzarse por comunicarla a quien leerá: animar debates específicos, solicitando siempre escribir lo que se piensa y se siente inicialmente a trazos, progresivamente con frases más definidas, involucra a los chicos directamente, haciéndolos encontrar siempre con la dimensión pluriperspectiva de las cuestiones y ayudándolos a enfocar el punto de vista personal e iniciar a relatarlo por escrito[3].

Segundo – Proyectar el texto: entre creatividad y orden

La toma de consciencia de sí mismo del escritor como un sí “en busca de” –del pensamiento, de la emoción, de la palabra justa- hacer sentir la escritura como un taller, una “laboratorio” en el cual trabajar la construcción, afinar, la labor continua y perfeccionamiento del modelado de su propia opinión, hasta llegar a un “manuscrito” satisfactorio [4].

Por tal razón antes de escribir un texto hace falta pensarlo y proyectarlo, construyendo una “brújula” de referencia para el viaje que con ello se emprenderá. Se trata de un modo para provocar las ideas y ordenarlas. Debe ser constante desde el inicio el objetivo de comunicar a quien lee la propia idea central, a través de una escritura clara, cohesiva en la estructura, comprensible en la forma, que lo ponga en condición de hacerse entender por quien lee.

Esta fase operativa incluye algunos “puentes” que poco a poco conducen a la forma del texto [5]:
- el análisis de los términos de la cuestión planteada, o de la llamada “traza”: leerla con atención para concentrarse en el objeto de reflexión y las relativas direcciones requeridas; subrayar y evidenciar las palabras-claves; circunscribir argumento, idea central, destinatarios, registro lingüístico. Es el primer acto de consciencia del perímetro dentro del cual moverse;

– el brainstorming: puesta al centro de la página la palabra-clave del argumento, en modo extemporáneo se le apuntan ideas alrededor, palabras, sugerencias: mente y emociones se activan en torno al discurso, abriéndolo al input y varias prospectivas y ampliando poco a poco los horizontes a los cuales mirar;

- del mapa mental al mapa conceptual de las ideas: “capturándolas” en grupos temáticos, luego parágrafos del texto, se inicia a articular y organizar el propio punto de vista sobre la cuestión, apoyando la retícula de nuestra matriz cognitiva, que tiene necesidad de fijar las ideas por grupos interrelacionados; [6]

- el guión: se establece el orden con el cual proponer los contenidos y verificar el grado de realización respecto a la cuestión planteada, en vista de una articulación orgánica de lo escrito.

¿Cuáles riesgos?
Si se percibe este proceso de construcción como bloque coactivo no abierto, ello se vuelve una jaula, de la cual las ideas no logran salir para tomar forma y aprisiona la creatividad.
Es necesario, entonces, que el profesor trabaje con la consciencia de lo indispensable de esta fase operativa: pensarlo como un momento de encuentro consigo mismo y con el argumento, concentrándose en eso de modo exclusivo; sentirlo como una dinámica generativa, o entenderlo como bosquejo, hipótesis operativa abierta y flexible a las variables de la creatividad, de la emoción y de la reflexión, indispensables para plasmar lo escrito precisamente escribiendo. Los alumnos, por su parte, deben ir con confianza por el camino que el profesor viene trazando y estar dispuestos a “trabajar” consigo mismos. Los Padres de familia, a veces difidentes hacia novedades estructuradas desconocidas a su formación, tendrán que captar la cuestión de método como un recurso importante para los hijos, no como una amenaza para su libertad.
Gracias a la planificación, en definitiva, la redacción del texto se vuelve el espacio en el cual, escribiendo, modelar libremente imágenes y palabras en torno a ideas de algún modo ya esbozadas en la mente.

Escribir en el Primer Bienio: entre escritura creativa-subjetiva, rigor argumentativo, capacidad de síntesis

A los 14-15 años no se ha terminado de soñar, de imaginar, de fantasear, de colorar a pinceladas la realidad con las propias emociones e impresiones; por tanto la escuela superior debe continuar a reforzar su expresión, valorizando la introspección y la creatividad de los estudiantes y ofreciendo las vías prácticas para exteriorizarlas: no hace falta entonces restringir el campo de acción exclusivamente a una escritura funcional, ni a una mirada a la realidad sólo analítica y pragmática. Ésta es la edad prolífica de ideas y sugerencias, en la cual a la intolerancia de los jóvenes hacia el mundo adulto –embrollado en superestructuras mentales- corresponde el deseo de llevar aún consigo la mirada verdadera e ingenua a las cosas y las ganas de imaginar y crear. Este potencial que, si bien custodiado y tenido vivo, asegurará al adulto que habrá libertad y sensibilidad en la mirada hacia el mundo.

Por eso un currículo de escritura que acompañe a estimular, custodiar, acrecentar la capacidad imaginativa lleva con el tiempo a una perspectiva productiva de ideas y preguntas sobre la realidad, fecunda para cualquier tipología textual que se quiera con el tiempo utilizar.

Por tal razón en el bienio es bueno valorizar ante todo la escritura creativa:
-El escrito (al inicio de año, en la transición de la escuela secundaria de I grado), a través del cual pedir a los alumnos hablar de cuestiones de actualidad y problemáticas ligadas a la propia edad: involucra a sí mismo en primera persona, contribuye a la consciencia del propio juicio y de la propia perspectiva de las cosas;

-la descripción subjetiva: lo pone en contacto con el propio mundo emocional y activa la consciencia de la mirada personal de las cosas; además, enriquecida por la comparación en clase con las producciones de otros, produce la consciencia de más miradas posibles sobre una misma cosa; es además una oportunidad de enfoque al lenguaje figurado, para hacer comunicables percepciones, impresiones, emociones;

-la narración: acerca a la posibilidad de elaborar, dándoles de manera implícita, dinámicas profundas del propio pensamiento y vivencia; familiarizando con sus características, el estudiante se da cuenta de cómo cada modalidad expresiva tenga un código proprio que permite el buen éxito.

Cada creación de estas tipologías textuales debe partir siempre de la claridad de la idea central en torno a la cual rota todo. Así en los chicos se volverá siempre más espontáneo hacerse preguntas personales sobre una cuestión.
Después de haber potenciado estas modalidades de comunicación escrita por un año, o por al menos cuatro meses, se puede pasar a trabajar sobre la especificidad del texto expositivo y, sobre todo, de aquel argumentativo, preferiblemente en una perspectiva contrastada. Aun en este caso, las fases de proyección quedan ineludibles, a partir del circunscribir el argumento requerido y del enfocar la propia idea central sobre la cuestión: ella se convertirá en la tesis del argumento y la capacidad imaginativa, hasta ahora activada para textos creativos, alimentará el proceso de producción y articulación de ideas y posiciones sobre el tema tratado, incluso dentro de un formalismo estructural dictado por la necesidad del estilo argumentativo.

Además en el bienio se necesita iniciar a construir otra competencia de base propedéutica para las complejas modalidades expresivas de tipo ensayo: aquella de la síntesis. Eso es posible con un ejercicio intenso sobre el resumen y sobre el enfoque de la idea central que siempre se debe preservar.
Con tales bases en el trienio se podrá trabajar de modo fácil en el artículo del periódico, ensayo breve, tratamiento conciso que implica precisamente creatividad, rigor de la claridad, expresión esencial. Todas con un único punto fundamental de partida: el centro del propio pensamiento.

Escribir en el Trienio: Ensayo breve y tratamiento conciso - Rigor, esencialidad, exhaustividad para explicar, razonar y convencer

El ensayo breve y el tratamiento conciso, unidos por los requisitos de la argumentación y de la síntesis, son rigurosos en el método de impostación, porque están dirigidos a la finalidad di ilustrar, explicar, motivar la propia perspectiva sobre una cuestión. Síntesis y esencialidad, del resto, son el esfuerzo requerido constantemente por nuestra sociedad, dirigida a una comunicación que busca algo comprimido y una optimización. Se necesita entonces, hacer entender que esto constituye un valor añadido a la comunicación cuando es fruto de un trabajo de modelado progresivo y constante, no de eliminación de ideas, sino de manipulación, del lenguaje para reducirlo al máximo grado de intensidad y esencialidad, sin renunciar o debilitar el centro imprescindible del propio discurso.

Siguiendo el trabajo iniciado en el primer bienio, en el curso del trienio se puede actuar sobre las especificidades de cada tipología textual: en el tratamiento conciso el discurso tiene un máximo grado de densidad en torno a un argumento bien circunscrito; en el ensayo, con confines más extensos, hace falta recabar el quid que ligue ideas provenientes de inferencias personales y de documentos, para luego correlacionarlos a un punto de vista subjetivo.

En cuanto a estrategias didácticas y operativas la producción científica específica es rica de informaciones. [7] En esta sede llamaría la atención sobre dos dinámicas operativas basilares para comprender, a través de la experiencia directa, las peculiaridades de estos tipos de escritura: leer ensayos para captar las posibilidades del lenguaje y de la estructura; analizar documentos de diversa índole sobre un mismo tema, que abre las puertas a la variedad de las perspectivas y logra una argumentación articulada y persuasiva. En esta fase de observación deben obviamente seguir más momentos de talleres en el curso del año, aun en modo cooperativo, dirigidos a la escritura concisa documentada y no documentada.

Trienio - artículo de periódico: Creatividad y escritura que no concluye

El artículo de periódico permite hacer valorizar al máximo el centro del propio pensamiento, permitiendo expresarlo más inmediatamente respecto a la escritura argumentativa; con ello los estudiantes pueden dar voz al espíritu crítico propio de su edad con una modalidad comunicativa directa, esencial, por imágenes, a ellos congeniales. Al mismo tiempo aun ello tiene códigos e ítem que seguir para asegurarse claridad y realización del propio pensamiento.
Como siempre, más el estudiante siente interés por la idea que quiere contar, más es asegurada la adherencia al tipo de texto que escribe. Es indispensable entonces recordar siempre la idea central.

Si han sido experimentados antes los requisitos de orden y rigor de la escritura argumentativa, la aproximación al artículo del periódico, que permite una comunicación más directa y creativa hasta coloquial, no prescinde de la necesidad de claridad y coherencia.
Escribiendo artículos del periódico los chicos aprenden a dar forma a las propias opiniones y emociones con un lenguaje directo y denso de significados, comunicando de modo inmediato conceptos y percepciones respecto a la realidad y entrando en empatía con el lector. Lo lapidario, lo incisivo, la provocación y el proceder por imágenes, propias del lenguaje periodístico, están muy cerca al estilo y a las preferencias comunicativas de los chicos, porque salen del imaginario de quien escribe y directamente irrumpen en aquel de quien lee, despertando sensibilidad y curiosidad sobre las cosas.

Además la conclusión abierta del artículo de periódico permite a los estudiantes comprender el valor y las potencialidades de implicación de una comunicación que no concluya, sino abierta a interrogaciones: gracias a ella quien escribe y quien lee son impulsados a entrar al propio “taller interior” para solicitar razonamientos y emociones. Los jóvenes de tal modo experimentan como comunicar no sea sólo argumentar, no sólo sostener, a menudo autorreferencialmente, una tesis con la cual persuadir y convencer; sino que quiere decir aun y sobre todo hacerse preguntas y trazar un propio trayecto para responder, no necesariamente definitivo y exhaustivo, moverse con cerebro y corazón frente a las provocaciones.

Revisar el texto: frente a frente consigo mismo…. Y el otro

Las revisiones del texto es el último acto, por eso de gran peso. Es aquel momento en que se ajusta la chaqueta después de un largo y fatigoso viaje para acercarse a quien queremos encontrar: el lector. Es en efecto aquella fase en la cual se controla que todo esté bien, para que de verdad la comunicación llegue clara e incisiva. En este momento se activan capacidades de autocrítica sobre el contenido y la consciencia del registro lingüístico, de la corrección formal, de la organización y de la fluidez del discurso.
Llegados a este punto es maduro el sentido de responsabilidad personal en la comunicación…

Por una comunicación que comunique

Vivir la escritura como una experiencia en progresiva construcción en la escuela, como momento de crecimiento y oportunidad para dar voz a los sentimientos y a los pensamientos y percibir determinante el propio punto de vista: de tal modo los jóvenes ya no sentirán la escritura sólo como vía funcional ligada a finalidades prácticas deterioradas por las urgencias personales ni los muros escolares arriesgarán cada día convertirse en un mundo paralelo a la vida real.

Con una inversión constante de la persona en todas las fases de la escritura, de la idea a la construcción de pensamientos completos dentro de un discurso organizado, de la atención formal a la elección del léxico, de la ampliación o restricción progresiva de las ideas a la revisión final, un chico puede percibir el momento de la escritura cada vez como acto generador de una parte de sí mismo, en ello puede representar el propio ser dentro de las cuestiones de la vida y de la realidad, y es, así, reclamado a la responsabilidad de una mirada propia y a relatar aquello que en el corazón, en la mente, en el espíritu se mueve en aquel momento.
Así, quizá, puede en verdad sentir que la escritura no es tinta, sino es voz y puede salvarnos en este tiempo asfíctico, en esta sociedad mecánica, reportándonos el alma a una comunicación que comunique.

BIBLIOGRAFIA e SITOGRAFIA

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[1] “Alguno dirá: cuántas hstorias, hoy escribe cada uno y habla como quiere! Cierto. Pero debe saber que vendrá juzgado y clasificado, admirado o humillado; que resultará eficaz o poco convincente, que obtendrá un objetivo o bien le faltará (por una metáfora especulada o por una exhibicionista expresión inglesa). Las reglas, en la lengua y en otras actividades humanas, no son impuestas a capricho. Son (casi siempre) el destilado de la experiencia y producen resultados. Recuerden, en cambio: quien escribe claro, sabe escribir.”: B. Servegnini, L'italiano, (El italiano). Lecciones semiserie, Rizzoli, 2007, pp.9-10.

[2] Catone il Censore, Praecepta ad Marcum filium.

[3] «El cerebro aprende mejor y asimila muchas más cosas cuando el organismo está activamente comprometido en la exploración de lugares físicos y materiales y en la formulación de problemas que desea realmente resolver»: Gardner H., Sapere per comprendere (Saber para comprender), Feltrinelli, 2009, p. 83.

[4] En las Indicaciones Nacionales de 2010, p.8 se subraya que “conocer no es un proceso mecánico, implica el descubrimiento de algo que entra en el horizonte del significado de la persona que “ve”, se “da cuenta”, “prueba”, “verifica”, para entender. No es (nunca ha sido) la escuela del nocionismo para poder ser considerada una buena escuela. Sino es la escuela del conocimiento la que suministra los instrumentos aptos a consentir a cada ciudadano proveerse de la caja de herramientas y ofrecerle la posibilidad de elegirlas y utilizarlas en la realización del propio proyecto de vida.”

[5] Las Indicaciones nacionales de 2010, p.10 evidencian que “los trayectos de los liceos proveen a los estudiantes instrumentos culturales y metodológicos para una comprensión profunda de la realidad, para que él se aplique, con actitud racional, creativa, proyectual y crítica, frente a las situaciones, a los fenómenos y a los problemas”; ponen además entre los objetivos específicos de aprendizaje del bienio el hecho que el estudiante “en el ámbito de la producción escrita sabrá controlar la construcción del texto según progresiones temáticas coherentes, la organización lógica dentro y fuera de la frase, el uso de los conectivos (….), de la interpuntuación y sabrá cumplir adecuadas elecciones lexicales. Tales actividades consentirán desarrollar la competencia textual sea en la comprensión sea en la producción (cuidar la dimensión textual, ideativa y lingüística).” (p.18).

[6]Buzzan, Buzan T., Usiamo la testa (Usemos la cabeza), Frassinelli, Cles 2003, p. 129.
Afirma que «Los mapas mentales están íntimamente conectados a la función de la mente, y pueden ser usados en casi todas las actividades que involucran el pensamiento, el recuerdo, la planificación o la creatividad». Estudios muy útiles sobre mapas y escritura son recogidos en M. Guastavigna, Rappresentazioni grafiche della conoscenza (Representaciones gráficas del conocimiento), http://www.youblisher.com/p/9480-Dispense-sulle-rappresentazioni-grafiche-della-conoscenza/, 2010

[7] Interesante la contribución, producida en los albores de la introducción del ensayo breve en el currículo del trienio, por A. Lignani del IRSAE Umbria, Il saggio breve: spunti e riflessioni (El ensayo breve: ideas y reflexiones), GESP 2001

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