Evangelización de América. Una espléndida realidad
autor: Jean Dumont
Nació en Lion en 1923, estudió derecho y filosofía. Siendo estudiante funda y dirige una revista de historia contemporánea. A los veinte años fue director literario de ediciones parisienses; a los veintidós, lanza ediciones Amiot-Dumont. Cómo investigador y estudioso de manuscritos franceses y extranjeros saca a la luz pruebas inéditas. Establecido en Sevilla, se especializa en la historia de España de los siglos XV y XVI. Ha escrito numerosos ensayos. Trabajando para ediciones Effe di effe se editaron "Los falsos mitos de la revolución francesa" y "El evangelio en Américas."
moderador: Giancarlo Cesana
fecha: 1992-08-28
fuente: Storie dalla evangelizzazione dell’America. Una splendida realtà
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "Il giallo, il nero, l' indio e il latino in cerca di americhe", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "El amarillo, el negro, el indio y el latino en busca de americas")
traducción: Jorge Iván Hoyos Morales

Dumont: La evangelización de América en los siglos XV, XVI, XVII e incluso en el XVIII, tuvo aspectos muy variados en el tiempo y en el espacio. Pero el árbol no tiene por qué esconder la selva: esta evangelización tuvo ciertas peculiaridades; intentaremos exponer aquí una directriz.

Juan Pablo II lo dijo en el '79, con ocasión de su primera visita a Santo Domingo, núcleo de asentamiento de Cristóbal Colón en América, desde dónde partió una vasta empresa de evangelización, que merece toda nuestra admiración y gratitud. Luego lo repitió el 1 de enero de 1992, en la basílica de San Pedro, diciendo: "Fue una espléndida realidad que no puede ser subvalorada, la introducción de la fe en el continente americano, la proclamación y difusión del mensaje evangélico". Resplandor desconocido por los mismos católicos y calumniado como pocos. Es cierto que hubo sombras, como en todas las conquistas de la historia. Tal como lo dijo recientemente un mejicano, que ganó el premio Nobel: Octavio Paz. Sin embargo estas sombras siempre son resaltadas, en buena parte para culpabilizar a la Iglesia y los católicos, por medio de la prensa, la televisión, o curas católicos, aún más masoquistas que los progresistas, de modo que se esconden no las sombras sino las luces.

Hablaré ante todo de la evangelización de América cuya exclusividad no quiso ser dejada a España por parte de Isabel la católica y sus sucesores, cosa que se ignora hoy. Esta evangelización fue obra de las grandes Iglesias de España, Francia y Flandes, al final de los siglos XVI y XVII en plena reforma católica; en esas iglesias florecían santos y nuevas órdenes religiosas. Me pregunto ¿Cómo habrían podido estas iglesias dejar de ser admirables, sencillamente por el hecho de atravesar el atlántico en esa época? Y ¿Que pasa con aquellos frailes españoles de san Juan de Dios, estos primeros campeones de la caridad, que administraron los hospitales para los indios de las minas peruanas? Los primeros evangelizadores de las Antillas fueron frailes franciscanos venidos de Francia y de Borgoña por llamada directa de Isabel la Católica.

La evangelización de América fue en un primer momento la gran aventura, el gran testimonio y la gran modernidad de un cristianismo sin fronteras, mucho antes que ocurriese eso en nuestra Europa de hoy. Y es la incomparable Isabel la Católica, reina de Castilla, quien enseguida colocó sobre la balanza todo lo necesario para garantizar la auténtica difusión del mensaje evangélico respecto a los indígenas, dando prioridad al amor, exigiendo buenos tratos, garantizando la libertad y, como a los españoles, rechazo de la opresión para los bautizados. Desde el 1493, solo un mes después del descubrimiento, Isabel en sus instrucciones pide a Cristóbal Colón que los indios sean tratados con amor, "amorosamente", dice el texto español original del 1501; se precisa que deben ser evangelizados en calidad de hombres libres tal como son y no como esclavos, "sin ejercer sobre de ellos ninguna constricción". Añade en 1503 que se trata de actuar de modo que los indígenas vivan y "sean como los demás habitantes de nuestro reino."

No son sólo palabras porque los actos confirman eso. Isabel envía de nuevo a las Antillas, como hombres libres a los esclavos indios que Colón envió a Europa para ser vendidos y destituye a Colón. Así Isabel, de una vez, desde los primeros años de la conquista, crea la libertad temporal y la libertad espiritual de los indios. Es la verdadera descubridora de América en la fe y en el amor. El propio Las Casas siempre hará referencia a ella, recordando además: "Su alteza no se cansaba de pedir que los indios fueran tratados con dulzura, y que fueran utilizados todos los medios para hacerlos felices". En el 1504 Isabel dice hasta que el primer intento de la colonización es el de "llevar estos pueblos a nuestra santa fe católica". esta última frase, extractada de su testamento, fue la regla que inspiró no sólo a Las Casas, Vasco de Quiroga, el apóstol de México, sino también a los descendientes de Isabel, Empezando por su nieto Carlos V. Y de modo muy concreto porque la monarquía española pagó todos los gastos de la evangelización, los viajes y el mantenimiento de los misioneros, la creación de las diócesis, la construcción de iglesias y conventos. Un hecho poco conocido es que los jesuitas de las reducciones del Paraguay, aquellas aldeas cristianas de la época, recibieron del rey de España un sueldo generoso y fueron financiados en sus gastos lo que aseguró, los ornamentos sacerdotales, las campanas y otras cosas. Varios estudiosos han subrayado que con lo gastado en cada década, se habría podido financiar una "invencible armada" en Europa. En cambio este dinero fue destinado por España, para sostener un pesado fardo cristiano de manera consciente y con alegría durante tres siglos.

La intervención de Isabel y sus sucesores como el regalo de las iglesias de España, de Francia y de Flandes, fueron providenciales, porque la Roma de los papas del renacimiento, la de Alejandro Borgia, el papa de la armadura; de Julio II, sumido en sus corrupciones, se preocupó poco de la evangelización americana y directamente no realizó ningún aporte. La primera intervención, provocada por religiosos españoles de América, tendrá lugar en el 1537, con las bulas de Pablo III, entre las que están Sublimis Deus, que imitó lo hecho por Isabel. Es el verdadero vicariato apostólico confiado por la Iglesia a la monarquía de los descendientes de Isabel, desde el 1508, lo que aseguró la elección de los misioneros, de los obispos y el trabajo de amor espiritual respecto a los indios y a los esclavos negros. Esto fue obra de todo un pueblo cristiano, de los religiosos obviamente, con una miríada de figuras notables, San Francisco Solano, franciscano, que se lanzaba en busca de indios con su violín, atravesando las terribles selvas del Paraguay o bien este otro perfil angélico, San Luis Bertran, dominico, evangelizador y servidor de los indios en Colombia o bien San Pedro Claver, jesuita, que se hizo protector por cuarenta años de los esclavos negros del Caribe, de quien se dice, besaba las llaga de los negros. Tanto que fue proclamado por la Iglesia patrón de las misiones de los negros, lo que nos recuerda que la evangelización de América fue el modelo de todas las misiones. Otro modelo vendrá de los jesuitas en las reducciones del Paraguay y otros lugares, a menudo teniendo que padecer una verdadera esclavitud para servir, para vivir al servicio de los indios que reunieron. Las cartas a la familia del último provincial jesuita del Paraguay muestran que ni siquiera pudieron respetar el descanso del domingo, teniendo que dedicar todas las tardes de fiesta a cortar los vestidos por los indios, hacer jabones, o al curtido de las pieles. Pero este trabajo manual y amor espiritual también fue asumido por el clero secular y los obispos, contrario a lo que muy a menudo se escribe. Un Jerónimo de Loayza, primer arzobispo de Lima, hizo devolver a los conquistadores, bajo pena de negarles la absolución, todo lo que habían quitado a los indios para indicarles que estos son sus herederos universales. Los diez últimos años de su vida los pasó en un hospital, que él mismo había construido para los indios, y se colocó a su servicio. También citamos a santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, que murió durante una de sus visitas pastorales a su diócesis, las cuales se llevaron a cabo de manera incesante a lomo de mula o a pie, durante 14 años; hasta llegar a las regiones más apartadas, dónde incansablemente hacía el catecismo, confirmaba; daba todo a los indios, incluso la propia camisa.

Pero el trabajo de amor espiritual también fue hecho por los laicos. El primero entre todos los laicos fue el rey de España. Debe decirse que, por ejemplo, las aldeas jesuitas del Paraguay no nacieron por iniciativa de los jesuitas, sino de Felipe III, que solicitó su creación, al gobernador del Paraguay, en 1609 y prohibió desde entonces la conquista del Paraguay. Y además los laicos del poder colonial como el virrey del Perú, Toledo, que creó un hospital y una escuela de música en cada parroquia india y aseguró a los indios el derecho de explotar las minas tal como lo tenían los españoles. El virrey de México, Mendoza, todos los miércoles recibía personalmente las quejas de los indios y ayudó mucho a los evangelizadores. También, un ministro del gobierno español de México, Vasco de Quiroga, que antes de Mendoza, acogió a los niños indios abandonados y dedicó su propio sueldo y algo más, para financiar sus hospitales indios de Santa Fe, lo que se constituye en una renovación de las comunidades de los primeros cristianos que él mismo fue a evangelizar: tareas que se ampliarán a toda una provincia, Michoacán, cuando sea nombrado obispo.

Un manantial de progreso económico y social fue el inicio de la artesanía y la fundación de colegios (análogamente está haciendo hoy la Unesco en los países del Tercer Mundo). En Perú también se tuvo cuatro de los seis apóstoles canonizados, pertenecientes al siglo religioso que siguió ala conquista, caso único en la historia de la Iglesia. Fueron laicos, Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, san Juan Macías y santa Mariana de Quito. El hecho es que los laicos, organizados en órdenes terciarias y potentes cofradías, tuvieron un papel capital en la cristianización de la sociedad india y criolla de la época. Este trabajo de amor espiritual también fue obra de los conquistadores mismos, contrariamente a un prejuicio arraigado aún hoy. Cortez, conquistador de México, que los franciscanos llamaran el nuevo Moisés y los humanistas españoles nuevo San Pablo, sería el primer organizador de la evangelización en el continente americano a partir del mini concilio que se reunió en 1524 y fue el fundador del primer hospital en México. Pizarro estuvo tan atento a la evangelización que, en diciembre pasado, los laicos universitarios españoles de los grupos de apoyo misionero "Juan Pablo II", que intentan una nueva evangelización del Perú, nos han sugerido acogerlo como modelo. Recordemos además, que a fines del siglo XVI, un centurión español, retirado, el conquistador Rodrigo del rio, será quien conduzca una admirable conquista pacífica y cristiana del Norte de México.

A menudo es imposible distinguir los conquistadores de los evangelizadores; en efecto unos y otros pertenecen al mismo pueblo cristiano, frecuentemente a las mismas familias cristianas. En Perú, el evangelizador más querido de los indios, ya que habla muy bien sus lenguas, es el jesuita Martin Pizarro, nieto del conquistador. En México el conquistador Rodrigo de Rio tuvo un hermano franciscano, muerto a su lado como mártir de la evangelización.

Por último la evangelización es obra de los indios mismos. Se registran verdaderas migraciones apostólicas, familias enteras a la vanguardia de la evangelización, a mil kilómetros de casa y todo para ayudar al conquistador evangelizador Rodrigo de Rio. Este ocurrió en México, pero también en Perú, dónde uno de los más eficaces evangelizadores será el príncipe inca Pablo, hermano del emperador inca Uascar quien abrirá cuatro escuelas de catecismo una de las cuales, ubicada en Chincha, contaba con más de 500 indios. Como si fuera poco debe decirse que la evangelización de los indios no fue una evangelización ni superficial, como muy a menudo se ha escrito. Pueblos enteros de indios y de primaria importancia abrazaron enseguida autónomamente la fe cristiana.

Debe decirse que, gracias a la gran fecundidad misionera de la Iglesia española, se tuvo en Perú una misión con una escuela anexa para mil personas de modo que los misioneros pudieran tener a los niños indios todo el día para educarlos en la fe cristiana. Todo eso se hizo en total libertad. El primer concilio de América, en Lima, durante 1552, estableció: "Ordenamos que nadie bautice indios de más de 8 años de edad, sin averiguar que es bautizado voluntariamente y por amor a lo que solicita y recibe, y entienda el sacramento. No se tendrán que bautizar a niños indios antes de la edad de razón, ni contra la voluntad de los padres o de aquellos que lo tienen a su cargo". Si ocurrieron destrucciones de ídolos o templos paganos, como en tiempo de las misiones de San Martin y San Bonifacio en Galia o en la Alemania post romana, esto se realizó en razón de los sacrificios humanos que a menudo alimentaron esos ídolos y esos templos. Sacrificios humanos y antropofagia, un ritual que tampoco hoy aceptaríamos, al menos en nombre de los derechos del hombre y el derecho de intervención para garantizarlos. Pero hubo advertencias en tal sentido como la del concilio de Lima, también en 1552, que estableció: "La Iglesia no está autorizada para destruir los templos y los ídolos en las aldeas de infieles."

Así que en Perú, quedaron de pie un gran número de templos incaicos durante el siglo primero de la evangelización. Además, hubo una profunda alianza de la evangelización con lo mejor de las culturas nativas. En Perú la cultura Quechua, por ejemplo, se volvió y todavía hoy es una cultura profundamente cristiana. Gracias a las escuelas de música y a las capacidades literarias de los evangelizadores del siglo de oro español las oraciones, parábolas e himnos Quechua son católicos, pertenecen a la literatura Quechua como los cantos y los mitos folclóricos. Lo anterior fue escrito por el especialista José María Arguedas, un no católico.

Toda la liturgia y la evangelización se hicieron en las lenguas indígenas cuyas cátedras se multiplicaron. El rey de España, en efecto, responsable del patronato eclesiástico, estableció "que debían ordenar sacerdotes, y no recibiera licencia de ejercer tal sacerdocio ninguna persona que no supiera la lengua indios". De modo pues que la evangelización no fue para nada una ciega europeización y tampoco la nueva Iglesia de América fue una iglesia importada sino una escuela y una iglesia realmente india como ha observado Enrique Dussel, el historiador de la teología de la liberación. En toda América, y en particular en México, hubo simbiosis entre el arte cristiano y las artes precolombinas, en aquel colosal testimonio que es el arte indocristiano del siglo XVI, del que especialista el mejicano Costantino Reyes Valerio, ha publicado un primer balance. Solamente en México se pueden contar 120 monumentos y decenas de millares de metros cuadrados de pintura y frescos; este arte indocristiano manifiesta la potencia artística de la evangelización americana. El protestante inglés Toynbee, en su obra la religión vista por un historiador, celebra el modelo mundial de la feliz fusión de dos civilizaciones.

A partir de 1531, todo esto recibe la ratificación de lo alto, con la aparición de la Virgen de Guadalupe al pobre indio Juan Diego, en México. Una aparición cuyo relato, Nican Mopohua, escrito en la lengua azteca, el Nahuatl y en caracteres latinos gracias a un indio, se remonta a 1540 y no es mas que un gran testimonio indio y cristiana; es el primer texto literario azteca escrito. En efecto los aztecas ignoraron la escritura y este lo observó el académico español Luca de Tema. A propósito de la imagen que la Virgen quiso dejar sobre la capa de Juan Diego, el papa Benedicto XIV dirá según el salmo: "Dios con ninguna nación obró así". De este modo la aparición de Guadalupe fue culturalmente india, según la fórmula del historiador mejicano Miguel León Portilla. En Perú también fueron culturalmente indios y sin ningún intervención europea los grandes santuarios de Copacabana y Cocharcas; en el primer santuario, la Virgen fue tallada en el 1583 por un indio del lugar, Tito Iupanchi; en el segundo una réplica de la misma Virgen india fue erigida gracias a un milagro que hizo al lisiado indio Quimichi, quien por largos años pidió limosna para recoger el dinero necesario con el cual levantar este santuario a la Virgen.

Así se cumple plenamente esta espléndida realidad de la evangelización americana, de la que nos habla a Juan Pablo II. Una espléndida realidad cuya historia será confirmada de modo abundante. En Perú, la cristianización de los indios será tan profunda que la gran revuelta contra el poder colonial, estoy hablando de la de Tupac Amaru, al final del siglo XVIII, se hará en nombre del cristianismo, pero derrumbando las referencias religiosas de los indios, con respecto de sus orígenes arcaicos, como escribe Nathan Vashtel, el historiador de la visión de los vencidos. En México, del 1925 al 1930, será el catolicismo indio que se opondrá con resistencia heroica a la empresa de descristianización violenta de los sin Dios jacobinos y bolcheviques.

La evangelización de América ha sido la realización del designio de Dios, del que ha sabido mostrarse digna. Los pueblos de América desconocidos por los europeos fueron conocidos por Dios desde la eternidad y protegidos por aquella paternidad que el Hijo ha revelado en la plenitud de los tiempo, como leemos en Gálatas 4,9. Nunca las palabras de Pablo se han mostrado más justas; los que fueron sometidos a los elementos del mundo, a los dioses que en realidad no eran dioses, se les otorgó la adopción filial y el ser herederos. A los que, más por ignorancia que por malvada ideología, se sonrieran de estas afirmaciones a pesar de los inmensos archivos y testimonios, y a pesar del profundo cristianismo indio, contestamos con la imagen del primer asentamiento cristiano en América, en la isla de Haití, Santo Domingo, que data de los primeros años del descubrimiento y la evangelización, es decir de los años 1500.

En esa época los edificios eran muy ligeros, de paja (como luego lo será el célebre convento dominico desde dónde se pronunciará en 1511, el sermón en defensa de los indios por parte del dominicano Montesinos, precursor de Las Casas) salvo un edificio, un estupendo edificio de piedra, con las bóvedas góticas según el estilo del renacimiento, cuyas ruinas todavía existen en Santo Domingo después de la parcial destrucción del 1911. ¿Se trataba quizás de una iglesia triunfalista, del edificio de un gobernador, del cuartel de los conquistadores para confirmar lo que algunos osan llamar "la opresión cristiana de América"?. Este única, incomparable, gran construcción de piedra de Santo Domingo es un hospital, el hospital San Nicolás de Bari. El modelo es italiano porque se ha inspirado en el gran hospital romano del San Espíritu de Sassia, creado por los laicos italianos de la orden hospitalaria del Espíritu Santo, cuyo ejemplo se extendió a toda la cristiandad europea, desde París a Santiago de Compostela. La iniciativa de esta admirable construcción ha sido también de Isabel la Católica. Desde el 1503, Isabel dio orden al gobernador Obando, que "cree en los grandes poblados y en las aldeas dónde lo juzgare necesario, hospitales dónde serán acogidos y curados los pobres indios y los cristianos". Si este edificio es amplio y bonito, contrariamente a los tópicos tan arraigados acerca de las abominaciones realizadas por los primeros cristianos que vinieron a América, se debe a los regalos generosos de los habitantes de la ciudad, del ayuntamiento y en gran parte del isabelino Obando, de su propio patrimonio. Obando levantó dos otros hospitales para indios y cristianos, en la misma isla. ¿Estos hospitales fueron quizás una buena acción aislada? ¿Rápidamente olvidada? Nada de eso. En el 1509 Fernando el católico (Isabel murió en 1504) le ordenó al gobernador a Diego Colon, sucesor de Obando, hacer un adecuado mantenimiento e incrementar estos hospitales. Apenas los conquistadores se establecen en el continente americano real, es decir en Panamá, levantan un hospital (1513) prototipo de los numerosos hospitales que se volverán populares en América hispánica, entre otras cosas hospitales para indios, por iniciativa de una orden hospitalaria americana, la orden de los betlemitas, animada también por conquistadores y altos funcionarios e incluso financiada por los colonos. Así desde el principio de 1500, los primeros grandes edificios europeos en América fueron erigidos en Santo Domingo y no fueron precisamente para la opresión sino monumentos de la caridad, del amor cristiano, seguido por otros monumentos, que son inmortales testimonios y modelos todavía hoy.

La evangelización, en su conjunto, constituye un modelo para la nueva evangelización, a la que el papa Juan Pablo II nos llama a todos con empeño efectivo, incansable, generoso como hicieron en ese entonces laicos y religiosos de toda clase hechos realmente apóstoles.

Cesana: Éste es el único encuentro en el que habría deseado que participara más gente porque no es justo buscar sólo emociones y cuan justo es un sano anti intelectualismo, se está tan equivocado que no se busca entender cómo han sucedido las cosas. Jean Dumont nos ha hecho realmente entender cuanto ignoramos la historia y como necesitamos conocer la historia, sobre todo la historia de la Iglesia, que es la historia de nuestro pueblo.

Su intervención me hizo recordar una discusión que alguien me refirió y que ocurrió durante un congreso de curas estadounidenses. Un cura progresista hizo una filípica contra la colonización, la conquista y las violencias en América latina. Otro cura le ha hecho notar que en América latina se disentía de esto, porque los latinoamericanos nativos siempre han existido, mientras los norteamericanos han sido exterminados. Yo creo que precisamente esta observación nos ayuda a entender cómo la documentación que se ha dado hoy es significativa porque en América latina el mestizaje, es decir el hecho que la población de los conquistadores y los españoles se haya mezclado con la población local, es un hecho muy difundido y sin reservas, mientras que en América del Norte no hay indios. Pero pensamos que América del Sur ha sido conquistada por católicos retrógrados, en cambio América del norte parece haber sido liberada.

Pensemos en estas cosas e intentemos realmente entender cómo va el mundo.

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