Evolución, mirar los hechos
autor: Nicola Sabatini
fecha: 2007-11-16
fuente: Evoluzione: stare a guardare i fatti

El debate sobre evolución y evolucionismo conoce etapas siempre nuevas y de vibrante estímulo para la razón y la racionalidad científica, tocando a veces niveles de incandescencia muy elevados, como cuando el Cardenal Schönborn tomó posición con un famoso artículo suyo sobre el New York Times [1].
Nuestra reseña de prensa ha referido fielmente el último episodio de esta disputa jamás adormecida: la piedra en el estanque ha sido lanzada por Massimo Piatelli Palmarini con un artículo sobre el Corriere della Sera [2] que otros títulos periodísticos, (Il Foglio, Avvenire, Il Riformista, el mismo Corriere della Sera), han puesto de relieve, llamando a una serie de importantes científicos a responder [3].
El debate gira entorno a los fundamentos de la moderna visión de la evolución de derivación darwiniana. La así llamada "Síntesis Moderna" tiene tres pilares conceptuales, que hay que considerar siempre juntos: el genocentrismo (las características de los organismos vivientes son determinadas últimamente por los genes), la casualidad (los cambios en los patrimonios genéticos que se transmiten son casuales), la selección natural (como mecanismo al cual es confiada la elección entre las diversas variantes casuales).

Es raro encontrar a alguien que meta en seria discusión los tres principios al mismo tiempo (pero se vea por ejemplo el reciente artículo de Massimo Pigliucci "Do we need an extended evolutionary synthesis?" [4]), por tanto las disputas a las cuales se asiste son debates en torno a matices de peso que hay que dar a esto o a aquello de los tres pilares. También la discusión instigada por Piatelli Palmarini no sale de esta situación, con una proposición problemática del principio de selección y del rol de los genes y encontrando respuestas que se limitan a liquidar tales problemas como "obviedad", (Boncinelli [5]), o poniendo indebidamente la posibilidad teórica de que las observaciones de Palmarini puedan presuponer la hipótesis de una "intervención externa" (Pievani [6]), casi como si nos encontrásemos frente a una forma de neo-creacionismo local. Extraño y fascinante argumento de investigación, el de la biología evolutiva: especialmente en este campo las preguntas que son abiertas por la aproximación científica de los datos amenazan con desmoronar certezas que parecen graníticas, inmutables e indiscutibles. Por eso el ataque de Piatelli Palmarini es justificable: es la síntesis moderna quien es insuficiente. Si se dice por ejemplo que el rol de la física es comprender mejor, no se puede liquidar la cuestión con un "ve, gracias, ya lo sabíamos”. El problema es enorme, y la solución - si existe - todavía está bastante lejos por venir. Del mismo modo no es razonable continuar defendiendo una formulación teórica vieja de 60 años, formalizada antes de los descubrimientos más recientes de la biología. En el fondo el mismo Darwin no ha tenido nunca el beneficio del conocimiento de lo que sabemos hoy. Pero, como Schönborn nota, "a menudo, en la comunidad científica, se excluyen a priori todos los interrogantes movidos, a nivel científico, a los puntos débiles de tal teoría. Aquí vale en parte un tipo de censura parecida a aquélla que en el pasado a menudo se le reprochaba a la iglesia" [7].

¿De dónde puede venir un planteamiento nuevo? De un lado de un serio trabajo de investigación en el campo, que pocos hacen en cuanto las investigaciones experimentales sobre el rol de la selección natural son extremadamente costosas y como siempre poco financiadas. Tal trabajo es en realidad fundamental, pero se estrella con la poca disponibilidad de parte de muchos neodarwinistas si algún titubeo a dejarse interrogar por los datos, casi que ellos puedan en cierto sentido 'arrollar' el edificio peligrante de la síntesis moderna.

Del otro lado es urgente la recuperación de una racionalidad amplia, que acepte, a partir del dato de observación, que el método de la ciencia, intrínsecamente naturalístico y limitado a los aspectos mensurables de las cosas, no puede ser la justificación para una mirada reduccionista a lo real.
Lo que falta en fin es una aproximación, una mirada nueva a la naturaleza, que nos preserve de la ideología sea ella creacionista o materialista, y nos abra a una plenitud del empleo de la razón todavía poco testimoniada por los protagonistas del asunto. Todavía según las palabras de Schönborn: "La cuestión decisiva no se pone pero sobre el plano de las ciencias naturales, y tampoco de la teología, sino se coloca entre uno y otro: sobre el plano de la filosofía de la naturaleza. Estoy cada vez más convencido que los progresos decisivos en el debate sobre la teoría de la evolución ocurrirán a nivel de la filosofía de la naturaleza, de la metafísica en último análisis. Nos hará bien a todos adentrarnos un poco más en profundidad en los nexos filosóficos de nuestro debate" [8].

Lo que determina la mirada que nos lleva a lo real es una posición humana, 'filosófica', según la acepción de Schonborn, y como tal no puede ser defendida ideológicamente como si fuese una verdad a priori, con la excusa de su "cientificidad" o "laicidad": es este caso los que pierden serían tanto la ciencia cuanto la filosofía.
Más bien, en un cuadro de complejidad creciente como el actual, nos parece más razonable cuanto dice Benedicto XVI: “no se trata de decidirse ni por un creacionismo, que se cierra sustancialmente a la ciencia, ni por una teoría de la evolución que disimula los propios vacíos o lagunas y no quiere ver las cuestiones que traspasan las posibilidades del método de las ciencias naturales. Se trata más bien de esta interacción entre diversas dimensiones de la razón" [9].
Y concluyendo afirma: "las ciencias naturales han abierto grandes dimensiones de la razón que hasta ahora no habían sido abiertas y nos han transmitido así nuevos conocimientos. Pero en la alegría por la grandeza de su descubrimiento ellas tienden a quitarnos dimensiones de la razón por las cuales continuamos a tener necesidad. Sus resultados levantan preguntas que van más allá de la competencia de su canon metodológico y a las cuales en ello no es posible dar una respuesta. Sin embargo, son preguntas que la razón tiene que poner y que no pueden ser dejadas sólo al sentimiento religioso. Hace falta considerarlas como preguntas razonables y también encontrar los modos razonables de tratarlas" [10].
Como decía Hannah Arendt: "La primera batalla cultural es montar la guardia a los hechos."

Notas:
1 Cfr. "Finding design in nature" de Christoph Schönborn, New York Times, 7 de julio de 2005.
2 Cfr. "Darwin" de Massimo Piatelli Palmarini, Corriere della sera, 4 de noviembre de 2007.
3 Cfr. "Tra Dio e Darwin meglio ascoltare la natura" de Massimo Piatelli Palmarini, Corriere della sera, 9 de noviembre de 2007.
4 Cfr. "Do we need an extended evolutionary synthesis"? de Massimo Pigliucci, Evolution DOI:10.1111/j.1558-5646.2007
5 Cfr. "Il neodarwinismo ha prodotto aberrazioni, Palmarini ne sigla la resa" de Giuseppe Sermonti, Il Foglio, 7 de noviembre de 2007.
6 Idem
7 Cfr. "Diamo a Darwin quel che è di Darwin e a Dio quel che è di Dio" de Christoph Schönborn, Il Foglio, 12 de octubre del 2007, ahora en "Creazione ed Evoluzione. Un convegno con Papa Benedetto XVI a Castel Gandolfo ", a cura de Stephan Ocho Horn y a Siegfried Wiedenhofer, Ediciones Dehoniane Bolognia 2007 (en colaboración con la Librería Editorial Vaticana).
8 Idem
9 Cfr. "Benedetto XVI: "L'evoluzione? Non esclude il Dio creatore" di Benedetto XVI, Avvenire, 13 de noviembre del 2007, extraido de "Creazione ed Evoluzione. Un convegno con Papa Benedetto XVI a Castel Gandolfo " bajo la dirección de Stephan Ocho Horn y Siegfried Wiedenhofer, Ediciones Dehoniane Bologna 2007 (en colaboración con la Librería Editorial Vaticana).
10 Idem

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License