Facebook, el diablo y el agua santa
autor: Jonah Lynch
fecha: 2009-05-23
fuente: Quando per essere amici bastano i chip. Ma sarà davvero così?
La tecnologia è davvero neutrale? Quando certi miti odorano di zolfo
Vere e finte realtà. Sulle tracce di Cartesio
Quella maschera virtuale che inganna noi e gli altri

No se trata de demonizar ni de dar absoluciones generales, sino de juzgar. Y quizás se encontrará que ciertos anillos, como bien sabe Frodo (de El señor de los anillos), no conviene llevarlos.

1. Cuando para ser amigos bastan los chips. ¿Pero será de veras así?

Sábado 23 de mayo de 2009
"Escuchar un disco es como acostarse con una foto de Brigitte Bardot", dijo el gran director de orquesta Sergiu Celibidache. Alguna cosa se pierde en la traducción del vivo al disco, alguna cosa vital. Mi tesis es que la misma dinámica obra en muchos otros ambientes creados por la tecnología, y que lo que se pierde a veces es lo esencial.
Ahora ya son años que discuto de este tema. Sé bien que es fácil ser malentendido y tachado de ludismo. Muy a menudo la objeción principal es "pero si lo que tú dices es verdadero, entonces como mínimo tengo que botar el celular y el computador". Es una objeción lícita, y la afrontaré en mi conclusión. Pero a menudo es una objeción que impide reflexionar con adecuada seriedad sobre los cambios en acto. Don Luigi Giussani ha escrito: "Empezamos a juzgar: es el principio de la liberación". Ahora ya Son 10 millones los italianos inscritos a Facebook: quiero arriesgar un juicio, y, porque no, lanzar una alarma.
Casi todos los que afrontan la crítica de la tecnología empiezan diciendo que es un instrumento neutral, que puede ser usado por el bien o por el mal. "Internet no impone la manera en que tiene que venir usado, es como un martillo o un cuchillo que puede hacer del bien o del mal". Se insiste en fin muchísimo sobre la capacidad de internet de poner y tener en contacto a las personas: justo en eso consiste la novedad respecto a su rostro inicial, que era dominado por una comunicación del centro a la periferia. Luego se notan algunos comportamientos desviantes y se hace moralismo: "Ciertamente, haría falta contener estas derivas…".
Alguien reflexiona un poco más a fondo y dice: "El web no hace otra cosa que reflejar los deseos escondidos de los hombres. Lo que se encuentra en red es lo que se encuentra en los hombres. Es solo más fácil compartir anónimamente las cosas". Y así se termina por decir que el web es una cosa neutral, usada a veces en malo modo , y que haría falta ser más buenos.
Sin embargo queda una inquietud acerca de la fractura que se registra entre esta fila de razonamientos y ciertas noticias de crónica. ¿Estamos seguros que no se nos esté escapando alguna cosa? ¿Por qué registramos un continuo aumento de la violencia más cruel (los chicos que dan fuego a un mendigo, los tiroteos en los colegios…)? ¿Por qué un chico se ahorca cuando la mamá le quita el celular? ¿Por qué la televisión registra una drástica bajada de calidad, puesta clamorosamente en evidencia algunos meses atrás, cuando ha sido oscurecida Eluana a favor del Gran Hermano? ¿Por qué el corazón de los telespectadores es tan endurecido, por lo menos en la valoración que hacen los directores de las redes? Y luego el hecho que está al origen de este artículo: entre los universitarios que conozco, se usa decir: "Esta noche nos vemos en Facebook" y se chatea desde la propia habitación con más gusto que salir a tomar una cerveza en compañía. ¿Qué significa todo esto?
No podré contestar exhaustivamente a todas estas preguntas. Pero quisiera al menos proponerlas explícitamente, y ver, si no es precisamente en aquella premisa, la presunta neutralidad del medio, el origen de la fractura entre la teoría y la realidad del mundo tecnológico.
Para iniciar a juzgar, propongo una serie de artículos. Hoy, la entrada. Mañana, un primer plato liviano: una pequeña investigación experiencial, para ver si la tecnología es neutral de hecho o sólo en teoría. Luego un segundo plato de carne, necesariamente un poco consistente: algunos esbozos de filosofía, para enseñar brevemente de dónde nace esta idea de neutralidad y para ofrecer algún otro modo para leer la experiencia. Por último, el digestivo: una mirada (franco como el Fernet) a la realidad de Facebook.

2. ¿ La tecnología es de veras neutral? Cuando algunos mitos huelen de azufre

Sábado 30 de mayo de 2009
"Pero si la tecnología viene del demonio, ¿por qué estás escribiendo detrás de un bonito Macintosh para un periódico que existe exclusivamente online?"
Calma: hay una buena diferencia entre decir que la tecnología no es neutral, y decir que es intrínsecamente mala. Aquí hace falta distinguir bien. Por "neutral" ("Internet es un medio neutral") generalmente se entienden dos cosas. Primero, que Internet no ha sido inventado por el demonio. Y aunque hubiera hedor de azufre, del momento que están también implicados tantos buenos científicos e informáticos, en todo caso no es solamente demoníaco. Y por lo tanto no es solamente malo. Si es usado mal, es porque los hombres lo usan así. Hasta aquí, todo bien.
El problema es que a este punto se tiende a hacer un paso injustificado. Es decir, se tiende a pensar que, tratándose de un "medio neutral", será exclusivamente el usuario a usar la tecnología. Pero esto no es verdadero: también es la tecnología a "usar" al usuario.
Veámoslo a través de dos ejemplos. El celular o bien la eliminación del espacio. Puedes ser localizado en todo sitio. ¿Te acuerdas cuándo las relaciones de trabajo estaban tendencialmente circunscritas al lugar físico del trabajo? ¿Y llamarte a casa era lícito sólo en los casos más graves? Ahora se puede trabajar en todo sitio, aunque sobre la playa, y el resultado es que no hay más una distinción entre oficina y casa. Puedes apagar, ¿dices? Sí, pero no puedes imponer en absoluto a todos de hacerlo. Así te encuentras sobre el tranvía, en teatro, en la iglesia, si no en tu oficina, a menudo en aquella de otros. El espacio tiende a ser una escenografía indiferente para el ejercicio arbitrario de la así llamada libertad neutral.
Ciertas experiencias - la primera excursión escolar lejana de la familia, la universidad fuera de sede - no son las mismas, puesto que se puede oírnos en todo caso todos los días, y el cordón umbilical que ata a la casa materna se corta mucho más tarde. De cuando hay los celulares, se toman las citas de modo muy provisional: "luego nos oímos cuando estés en zona".
No todo eso es malo, pero de seguro no es tampoco "neutral". Éstos son cambios profundos en el modo de concebir el trabajo, la unión con los propios seres queridos y la relación con el espacio.
Y luego la televisión o bien la posibilidad de elegir el mundo (falso) en que vivir. La disponibilidad de muchos canales (ya con 3 o 4 es verdadero, ¡imagínense con los 500 canales de Sky!) hace de tal manera que se pueda saltar continuamente de un canal al otro. Estos pasos repentinos no tienen precedentes: aunque el teatro del absurdo más extremo no ha logrado nunca realizar pasos desconectados como puede cualquier persona dotada de un comando a distancia. Esta experiencia refuerza la idea que el mundo no es ante todo "dado", sino elegido. ¿Quieres escuchar algo especial? Entonces eliges un programa que te hará sentir relajado, excitado, asustado, exaltado, dulcemente sentimental etc. O bien, y muy a menudo, no sabes qué quieres escuchar, y entonces haces zapeo entre los canales, parándote por pocos instantes sobre las imágenes que más instintivamente te atraen.
Se podría continuar la lista (el carro, que altera profundamente la estructura de las ciudades; el reloj, que impone al tiempo una arbitrariedad y una abstracción impresionante; el correo electrónico, con su velocidad y pretensión de velocidad…). Quiero pero muy sencillamente hacer ver con estos ejemplos que cada tecnología lleva consigo un cambio de la relación con el mundo, una facilitación de ciertos aspectos de aquella relación y una complicación de otros. Pero eso es precisamente no neutral, puesto que todo depende de cuáles aspectos de la vida son facilitados y cuáles obstaculizados.
La próxima vez el camino se encarama un poco: tenemos que mirar los fundamentos filosóficos de la cuestión.

3. Verdaderas y falsas realidades. Sobre las huellas de Descartes

Domingo 7 de junio de 2009
Describir una situación no es juzgarla todavía.
Ayer hemos visto, por medio de algún ejemplo, que todas las cosas que entran en nuestro horizonte cambian nuestro modo de percibirnos y de percibir lo que está fuera de nosotros. Mi tesis por hoy es que eso ocurre en un modo particularmente potente en las nuevas tecnologías, justo porque cambian la percepción fundamental de la relación entre hombre y realidad. Pero vamos por grados.
En 1637 Descartes publicó el Discurso sobre el método, en el cual escribió que la naciente ciencia de la física llevaba a conocimientos "utilísimos a la vida” y que "en lugar de aquella filosofía meramente especulativa que se enseña en las escuelas, se puede encontrar una práctica,… y volvernos así casi dueños y poseedores de la naturaleza". El proyecto es análogo en Bacone y seguramente tiene raíces lejanas, quizás en Duns Scoto y Suarez.
Dejando a un lado la cuestión de los orígenes, registramos en la frase de Descartes una decisión de fondo: el mundo es un dato, que se puede entender (o al menos describir) con los instrumentos cuantitativos de la matemática y sobre el cual se puede intervenir con la potencia de la técnica, para realizar los objetivos que se quieren.
Ahora, hay dos modos fundamentales de ver el mundo: o es un dato, o es un don. Apresurémonos en decir que el primer caso, la posición de la ciencia moderna, no es una posición ilícita, sino parcial. Quien escribe tiene la licenciatura justo en física, y conoce bien el atractivo de la investigación matemática de la realidad. Pero es una perspectiva limitada.
Un puro dato no tiene un objetivo, no es un bien, sino sencillamente existes. No pide mi respeto o mi obediencia, pero puede ser tratado como un cúmulo de pura materia, disponible a cualquier fin. Hemos tratado así el hierro; ahora tratamos así también las células.
La perspectiva bíblica es profundamente diferente: mientras Dios le da al hombre el "dominio" sobre el mundo, también le da la responsabilidad de nombrar, cultivar y custodiar la creación. Una cosa es ser "dueño y poseedor". Otra cosa bien distinta es ser guardián.
Otro aspecto de la filosofía de Descartes, destacado por nuestro discurso, es la escisión entre cuerpo y alma (o intelecto). Nosotros cristianos creemos que el hombre es una unidad de cuerpo y alma; algunas de las experiencias que hemos examinado en el artículo anterior implícitamente afirman lo contrario. Abstrayendo del espacio, el celular tiende a disminuir la percepción que uno tiene de estar sólidamente en un sólo lugar a la vez. Parece al contrario que nuestra esencia, el elemento de continuidad, sea sólo el cerebro, capaz de relacionarse simultáneamente con mundos completamente inconexos físicamente.
O bien en el caso de la televisión: quién no conoce aquel sentido de alienación que viene cuando, en las vacaciones de verano, a las cuatro de la tarde miras un policíaco filmado todo de noche - y luego cuando acaba la película parece extraño que el sol sea tan alto en el cielo. Aquel extravío momentáneo es el paso entre dos "realidades". Pero "en realidad", hay sólo una verdadera realidad, aquella precisamente en donde está mi cuerpo.
Para concluir el recorrido de hoy, existen dos niveles de consideración. Primero, hay la comprobación que las tecnologías cambian la percepción de la realidad. En algunos casos este cambio nos lleva a percibir el mundo con características que, en realidad, no tiene. En estos casos, se puede hablar de una no-verdad, de un "falsear" la realidad, y por lo tanto de un elemento malo intrínseco a aquella particular tecnología, de cual hace falta ser conscientes.
La segunda consideración es que las nuevas tecnologías nacen de una ciencia que se limita a observaciones puramente cuantitativas y de una filosofía que explícitamente cree que el mundo es un dato y no un don. De aquí deriva la idea de la neutralidad, la idea que el objetivo es determinado por el usuario, y no ya de la estructura de la cosa utilizada. Si en cambio el mundo es un regalo, también tiene una finalidad, puede ser usado bien o mal. Justo porque es un regalo, con un objetivo, se puede usar mal el mundo.
Preguntémonos también: ¿ el objetivo de la vida es (como para Descartes) manipular la realidad para ejecutar ciertas acciones con el mínimo costo de tiempo y dinero? ¿O no es más bien el establecer relaciones verdaderas con el mundo y con las personas, ayudarse a aceptar y a gustar la realidad que nos es donada, quizá también el reproche de la mamá, un mendigo en Rimini o la Sla?
Por fin llegamos al punto crucial por cuanto concierne Facebook.

4. Aquella máscara virtual que engaña nosotros y los otros

Sábado 13 de junio de 2009
Sobre la cuestión de la presunta neutralidad del mundo y de las cosas que se hacen del mundo, se juega un partido decisivo. Mientras, todo sumado, la alteración de la percepción de la realidad, que instrumentos pre - ilustrados (la rueda, el cuchillo, la palanca…) podían tener, era limitada, esto no vale más para los instrumentos de la nueva tecnología. Hemos también visto algunas señas de esta diferencia.
¿Pero por qué estoy en contra de Facebook? Es un ejemplo de aquellos "social network" que desde hace algún año brotan como hongos. Es fundamentalmente una "plaza" que permite a las personas de encontrarse, poner de los escaparates donde exponerse a si mismos y tenerse en contacto. Debería ser una bocanada de aire fresco respecto a las aberraciones de que la red está llena. ¿Y en cambio?
Encontrarse. Si aceptamos que el hombre es una “unidad uno de cuerpo y alma", si tomamos en serio que el mismo Dios se ha encarnado, si esperamos renacer en la carne, tendremos que incluso reconocer que alguna cosa de fundamentalmente distinto ocurre en un encuentro virtual, chateando, respecto a un encuentro real, en la carne. Sentir el perfume, apretar una mano, dar un beso, mirarse a los ojos, reír juntos (no digitar "¡ja, ja, ja, ja…! ): todo eso sólo es posible por medio del cuerpo.
Si me preocupa una frase como "esta noche nos vemos en Facebook" o el hecho que se chatea en la propia habitación con más ganas que salir a tomar una cerveza, es porque se viene a cambiar radicalmente el significado del estar juntos. Este tipo de relación por un “poder”, solitaria, es al humano estar juntos lo que la pornografía es a la relación conyugal.
Poner unos escaparates para exponerse a sí mismos. Desde siempre el hombre, y en particular el adolescente, es tentado de llevar máscaras. Uno quiere resaltar ciertos aspectos de si y esconder otros. Eso viene desenmascarado inevitablemente justo con los amigos, porque no es posible esconder por mucho tiempo la verdad de si a las personas cercanas. Y el ser desenmascarado delante de otro es la esencia misma de la relación humana madura. Todo el resto son "relaciones públicas".
¿Qué sucede cuándo dos, tres, cuatro horas al día (o "siempre", como de reciente promete una red de telefonía celular…) uno "vive" en un mundo virtual, con una cara que se ha construido por si mismo? ¿Qué sucede cuándo el yo público llega a ser más importante que el yo privado?
Tenerse en contacto. El hombre, hecho a imagen y semejanza del Dios Uno y Trino, está hecho para la comunión. Justo esto explica la extraordinaria rapidez de crecimiento de Facebook, que interpreta este deseo sumo, último. ¿Pero qué hace de ello? Los amigos se convierten en una pura cantidad ("yo tengo a 731 amigos”…). Amigos queridos, simples conocidos, y ex-novios son todos puestos sobre el mismo plano. Eh sí, los ex -: se necesita valentía para acercarse a la propia ex- y hablarle. Tienes que ser decidido, y saber qué quieres. Enviar un SMS ya es más fácil. Tener un hilo tramite Facebook es justo facilísimo.
En la soledad de la propia habitación, no realmente a la presencia de una persona, que está hecha de miradas, pausas, expresiones de la cara que revelan las huellas de los sentimientos probados, de la historia común: en aquella soledad se puede escribir, sin compromiso, "sabes, estaba pensando en ti, a lo mejor nos vemos"…
El infierno, por lo que yo sé, tiene que ser una cosa parecida. Una soledad terrible, todo máscaras con nada atrás, sin nunca el regocijo de la verdadera comunión, aquella por la que se dice: "Estás cansado, y no aguantas más. Y de repente encuentras en la muchedumbre la mirada de alguien - una mirada humana -, y todo se vuelve improvisamente más sencillo."
He aquí, mi larga vuelta, iniciada hace cuatro artículos, se ha concluido. La pregunta que me querrías ahora hacer, al final de esta jeremiada contra la tecnología, probablemente es: "¿Y entonces? No tengo que usar el celular, la tv, el carro, etc"? La respuesta más simple que he encontrado es (¡obviamente!) en YouTube, Neil Postman on Cyberspace (1995). Resumo así: delante de un cualquier dispositivo tecnológico, haz tres preguntas. 1. ¿Cuál promesa hace esta cosa, cuáles problemas me solucionará? 2. ¿Me interesa su promesa? ¿Tengo de veras estos problemas? 3. ¿Cuáles otros problemas me creará?
No se trata de demonizar ni de dar absoluciones generales, sino de juzgar. Y quizás se encontrará que ciertos anillos, como bien sabe Frodo, no conviene llevarlos.

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