Género o gender? Lectura científica /2
autor: Clara Atzori
Dirigente médico hospitalario, especialista en enfermedades infectivas, miembro de la Asociación Scienza&Vita, Milán
fecha: 2014-05-30
fuente: SCIENZAinDIRETTA/ Genere o gender? Una lettura scientifica
Publicado en el N. 53 de Emmeciquadro
traducción: María Eugenia Flores Luna
previos: Género o gender? Lectura científica /1

A este punto afrontamos el gender, aventura sintetizable en este sentido como la intrusión de una particular visión política y filosófica en la ciencia y en la ley, violentamente.

Este es el verdadero problema, la entrada violenta de una visión ideológica sin que haya habido un compartir preliminar y oportuno, un consenso con respecto a las temáticas tratadas, sea en el mundo científico que en el mundo jurídico y, más en general, en el mundo social.

¡Este análisis, compartir y consenso no existe! Y la imposición tiende a ocurrir por parte de una minoría, que definiré «gendercracia», a través de mecanismos legislativos difundidos por una neo lengua desligada de la realidad. Trato de aclarar.

¿Qué nos dice el gender? Anuncia la disolución del concepto de fisiología y de norma, pretende que ésta no exista, rechaza el sistema binario que distingue lo fisiológico de lo patológico, niega que exista una patología antes que una desviación, entendida no en sentido moralista, sino más bien como el alejarse de un camino (el desarrollo fisiológico) en que reconocemos una armonía, un significado, un fin.

El gender pretende una revolución basada en la deconstrucción cultural, es decir afirma que todo es cultura, todo puede ser manipulado y cualquier elección es posible prescindiendo de lo biológico para el individuo humano.

Es un problema muy serio en ámbito científico verificar si esta posición tiene que ser aceptada pasivamente o si en cambio se puede discutir en cuanto, quizás, no es una praxis previsiblemente que procura un bien. Porque el gender, radicalmente, afirma la primacía del deseo, no precisa de qué deseo, sustenta más bien cualquier deseo y en particular pretende hacer del deseo del ser humano, entendido como «máquina deseosa», un derecho a prescindir del análisis de su contenido y sus consecuencias.

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En la primacía del «proceso de subjetividad», el gender pretende que una parte específica del individuo, su pulsión, sea de algún modo «autorizada» en sentido general, sin que haya una lectura racional, razonable de sus conexiones con lo biológico. Es un asunto muy serio, que va afrontado.

Muy sintéticamente el gender rechaza la unidad bio-psico-cultural, esta integración que científicamente vemos como fundamental incluso en su extrema complejidad. Estamos frente a un problema de veras serio porque es rechazado, digamos en su totalidad, además del sistema binario también la prerrogativa típicamente humana del lenguaje entendido como etiqueta arbitraria, pero etiqueta ligada a lo real y por lo tanto lenguaje como posibilidad efectiva de comunicar entre nosotros acerca de la realidad.

El lenguaje en el gender es interpretado como una etiqueta violenta, una modalidad arbitraria y opresiva para nombrar la realidad con finalidad de dominio y subordinación del otro, se trata además de un lenguaje no ligado a la realidad porque el gender cree que la realidad no es de por sí cognoscible. También el problema de la interpretación negativa del lenguaje en el gender es muy serio porque es propio del ser humano, además de la posibilidad de la racionalidad, aquella de la comunicación a través del lenguaje, es decir la palabra, hablada y escrita.

Estos tres ejes: no a lo biológico, pulsión como derecho, negación del lenguaje (o mejor de la importancia del lenguaje) con respecto a la realidad, son los tres asuntos fundamentales que nos ponen en dificultad con el gender como teoría compartida socialmente y desvelan la naturaleza ideológica.

¿Qué afirma en particular el gender sobre la sexualidad? Que la identidad sexual es el resultado de superestructuras culturales y sociales que hay que derribar, que la sexualidad hay que liberarla en sentido polimorfo según las preferencias subjetivas. Algunas expresiones nos ayudan a entender mejor: «los cuerpos no tienen sentido fuera de los discursos que definen el sexo; los cuerpos, sus procesos, sus partes no tienen ningún sentido fuera de los modelos culturales y sociales que permiten interpretarlos» (H. Moore).

La sexualidad para el gender no es expresión de la identidad incluso biológica, sino prescinde de ésta por lo tanto la sexualidad como deseo fluido, modificable, indecible, (es muy importante esta anotación, no hace falta apoyar el biologismo, sino recordar que la identidad también es biológica).

Para el gender yo soy, hago, lo que siento o pienso que sea o que haqga.

La dicotomía cuerpo-psique en la teoría del gender

La teoría del gender afonda en una raíz muy antigua, aquella de la dicotomía cuerpo-mente o en todo caso cuerpo-psique, que pretende una separación de las dos cosas, cosa que hemos visto ser científicamente incompatible como lectura objetiva de aquello que ocurre en cada individuo.

Incide en la teoría gender una lectura de Marcuse, (Eros y Civilización por ejemplo) en que la diferencia sexual es entendida como la desigualdad por derribar: el concepto de lucha de clase no es «político» sino trasladado a esta diferencia macho-hembra, que no es vista por lo que es, es decir una diferencia que aceptar, sino es interpretada como una desigualdad por derribar: ¡eliminamos la diferencia así terminaremos de combatir!

Influyen enormemente en el gender el feminismo radical, tema que no puedo profundizar aquí y el homosexualismo filosófico, militante y que ha «estudiado» la teoría del lenguaje. Un inciso: es importante notar que muchísimos de los autores del gender son ellos mismos de orientación homosexual, porque personas en armonía con los ejes portantes que hemos mencionado antes (lo biológico, lo cultural, lo relacional) dirían quizás cosas «extrañas» con respecto a una realidad que para ellos no es perceptible como «norma» porque es observada por una posición adaptativa diferente.

Michel Foucault, estudioso homosexualista, filósofo, ha dicho: «La noción de sexo no existe antes de una determinación suya dentro de un discurso en que son precisadas sus constelaciones de significado».

Es un discurso complejo desde un punto de vista filosófico, conceptualmente en síntesis es negado el hecho de que el lenguaje sea anclado a lo real. Pero si las palabras pueden decir cualquier cosa, prescindiendo del anclaje a la realidad a la que son referidas, hasta aquel punto está abierto el camino a la incomunicabilidad total.

Los enemigos de la ideología de género.

Curiosamente, en esta «liberalización para todos» son identificados los enemigos. ¿Quiénes son?

El cristianismo y la Iglesia Católica en particular, definida patriarcal, androcéntrica, enferma de paradigma heterocéntrico, sexista y sexo fóbica; el psicoanálisis clásico, porque prevé un proceso sexual psíquico (la fase oral, la fase anal, la fase genital, el complejo de Edipo… ¡fuera todo!).

Porque la sexualidad, el itinerario a etapas (que prevé un punto de salida y una meta de macho a hombre, de hembra a mujer), para florecer a una identidad adulta se opone al concepto de que cada uno puede ser lo que quiere prescindiendo de lo biológico. El enganche entre la corporeidad y el psiquismo está cortado, censurado.

La importancia del lenguaje.

Es el concepto del estructuralismo «positivo» que es puesto en tela de juicio, se cuestiona es decir el reconocer que hay estructuras del lenguaje que se adhieren a reglas, la gramática misma, que son consensos culturales, fluidos y cambiables, pero significativos para una efectiva comunicación,

La conciencia de la estructuración «arbitraria» del lenguaje, no impide reconocer que es necesario un anclaje objetivo de las palabras a la realidad, de otro modo nos votamos a la incomunicabilidad.

En cambio el gender promueve el «juguemos a la destructuración», a la deconstrucción del lenguaje y de las palabras y genera el «anti lengua» como modalidad revolucionaria.

El rechazo del heterocentrismo.

Es el rechazo consciente, voluntario, declarado de reconocer que en la diferencia sexual existe un valor fundamental.

La misma palabra «heterosexualidad» ya es un neologismo, reciente e introducido artificialmente, porque desde el punto de vista del significado la realidad verdadera es la existencia del sexo que indica el principio de una significativa diferencia, separación, dicotomía entre seres humanos. Macho y hembra, hombre y mujer, no expresan otra cosa que esta radical diferencia, es decir no son primariamente «heterosexuales», más bien son reales seres «sexuados», «normativos» con respecto a todo lo que desciende observando la diferencia que los caracteriza. La adjetivación «heterosexual» como característica del tipo de atracción que los distingue ha sido acuñada después, curiosamente en respeto a la aparición de la palabra «homosexualidad», mientras que la verdadera palabra que hay que considerar es «sexo».

Las pretensiones del gender son que la perversidad polimorfa post-freudiana reemplazará la sexualidad heterosexual, homosexual, bisexual con aval legislativo.

Uso instrumental de la ciencia.

Si el gender quiere prescindir de lo biológico entonces no debería solicitar de usar la ciencia como instrumento para realizar sus deseos. Porque si entonces quiere prescindir de la ciencia tiene que arreglarse sin la ciencia (pero ¿cómo hacemos con los niños en probeta, las hormonas, la cirugía etc., necesarios para realizar el deseo prescindiendo de lo bio-lógico?),

En realidad la ciencia es negada, pero usada. En efecto el FIVET, el útero en alquiler (la maternidad subrogada por los proyectos homoparentales) es un must irrenunciable para el gender. Porque evidentemente, si el principio biológico es dual, es decir solicita una diferencia inicial que entra en relación para crear al nuevo individuo, y esta dualidad no es respetada en la homoparentalidad, es claro que necesitará usar algunos escamotage biotecnológicos.

A aquel punto, lo biológico, razonablemente anclado a la realidad, es decir verdadero, se vuelve útil: como la cirugía y la endocrinología para el inexistente «cambio de sexo».

El gender pretende académicamente prescindir de lo biológico, pero lo utiliza para sus objetivos. Acerca de el cyborg-gender non entro en el mérito porque es un argumento aún más complicado.

Respecto al «derecho» de elegir.

Si todos tienen el derecho de elegir, todos tienen que «continuar» teniendo el derecho de elegir. No es admisible que algunos puedan elegir más que otros o que a algunos les sea impedido elegir.

Éste es un poco el motivo por el cual es inaceptable que se oscurezca el disturbio F66.1 y el relativo derecho a solicitar cuidados para una orientación sexual indeseada.

Observaciones conclusivas

Para concluir: «todo pasa a través del lenguaje» no corresponde a «todo es lenguaje»! Pero la terminología es fundamental.

Los peligros de la anti lengua son evidentes: derecho a la salud se convierte en eutanasia; derecho reproductivo se convierte en aborto, contracepción, fecundación en vitro; homofobia, transfobia. La neo lengua difunde conceptos inexistentes, confunde y plasma nuestro modo de pensar y de ser.

La desaprobación informada de la ideología de género, sin embargo, no es lo mismo que «homofobia, transfobia, etc.» y no es un «discurso» del odio cuanto más bien amor por la realidad y por la razón. En efecto estamos haciendo un discurso objetivo, objetivable, atribuible a fuentes que todos deberíamos ir a verificar. Hace falta quedar anclado a la realidad, y tienen también que serlo la ciencia, la cultura, y la legislación resistiendo a la tendencia hegemónica de la gendercracia.

Noto que hay cierta tendencia violenta, en el sentido que el desconocimiento de la realidad bio-lógica ya es una violencia en sí misma: si acaricias la naturaleza, ella te abraza, pero si la violentas probablemente no contestará de manera muy positiva.

Para acabar: en la teoría gender donde los sujetos son GBLT-QIA-GV, un «yo» deseoso, abstracto, jugando en la deconstrucción de la unidad de la persona «real» (fragmentando psiquismo, biología, lenguaje y roles) «define» el propio espacio de «máquina deseosa», prescindiendo de la significancia de lo «bio-lógico» que objetivamente estructura y precede su pensamiento.

Sin embargo un vasto y creciente corpus de pruebas genéticas, neurofisiológicas, psicocomportamentales, etológicas, sociológicas, etc. muestran que, científicamente hablando, la clasificación sexual es más que una simple construcción social.

Los requerimientos deconstrucionistas del gender representan un asunto que afrontar en medicina y psicología y lo más pronto posible en ámbito público, no sólo de parte de algunos especialistas.

El ser humano en su dimorfismo hombre-mujer remite a un misterio. Es importante reiterar esto: estamos ante algo realmente grande, de lo cual medicina, psicología y filosofía no pueden pretender agotar unívocamente el misterio, la riqueza, la complejidad, sino que pueden llegar a describir de modo razonablemente compartido si no se separan de lo real.

Separándonos de lo real podemos decir de todo y más, pero ya no estamos haciendo cultura sino delirio.

Es necesario estimular el debate antropológico y científico público sobre la diferencia macho/hembra, no leída como desigualdad por derribar, sino como llamada a una fecunda relación.

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