Gregorio Magno en Moralia in Iob, el doctor del deseo
autor: Giuseppe Botturi
fecha: 2015
fuente: Il dottore del desiderio. Letture dai Moralia in Iob di Gregorio Magno
Publicado en el N. 7 de Lineatempo (2015.4)
traducción: María Eugenia Flores Luna

Gregorio Magno y el siglo VI

En los programas de la escuela secundaria Gregorio Magno (aprox. 540-604) es sin duda uno de los grandes excluidos: muy tarde para entrar a la literatura latina clásica y antigua tardía; muy precoz para ser puesto entre los autores de literatura y filosofía medievales. Quizá se pueda tener alguna noción del curso de historia, pero ¿cuántos estudiantes concluyen el año teniendo presente qué cosa ha sido el siglo VI para la formación de Europa? De toda manera: «Si es verdad que el siglo VI después de Cristo es una de las grandes épocas de la historia, no menos cierto es que papa Gregorio I sigue siendo una figura importante de esta época» [1].

La biografía de Gregorio es muy variada. Nacido en Roma de una rica familia patricia, recibe una educación orientada a los clásicos (como revela su prosa), y luego hace una brillante carrera administrativa, que lo lleva a convertirse en praefectus urbi, el más alto funcionario de la administración civil de Roma (572/573). Insatisfecho de la vida activa, decide muy pronto iniciar la vida de monje (574), trasformando la casa de la familia en el monasterio de san Andrés del Celio, donde vive por tres años, casi seguramente según la regla de san Benito. En este periodo adquiere un profundo conocimiento de la Sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia (Jerónimo, Agustín, pero también Benito y Juan Casiano), que tanto le será útil en el futuro. En 579 es ordenado diácono y enviado por papa Pelagio II como apocrisiario (hoy diríamos nuncio apostólico) donde el emperador de Constantinopla, en el intento de contener la presión longobarda. Recordemos en efecto que a partir de 535 Bizancio había unido nuevamente Italia al Imperio Romano pero, en 568, el Norte y el Centro se perdieron una vez más a causa de la invasión de los Longobardos; en consecuencia sólo los exarcados de Rávena y de Roma, además de Italia meridional y Sicilia, quedaron territorio romano (o mejor dicho, bizantino).

En 585/586 Gregorio es llamado a Roma. En el invierno de 589/590 la Urbe es flagelada por una grave inundación y carestía, a las cuales sigue una epidemia de peste, por la cual muere también Pelagio II. De repente Gregorio es elegido papa [2]. Desde entonces y hasta su muerte el empeño de papa Gregorio aborda cinco ámbitos:

1) el cuidado de la comunidad romana;

2) las relaciones con el Imperio de Oriente;

3) los Longobardos;

4) el cuidado de la conservación y la difusión de la fe en todo el territorio del patriarcado romano (extendido desde el Norte de África, a través de España y Galia, hasta Bretaña);

5) la actividad de escritor.

Gregorio Magno escritor y las Moralia in Iob

Toda la producción literaria de papa Gregorio nace de una sola intención: prodesse, o sea servir al progreso humano, espiritual y social de quien estaba confiado a sus cuidados [3]. Sus obras se inclinan por tanto a cubrir diversas exigencias prácticas y, por eso, géneros literarios:

Liber regulae pastoralis (591), que
representará por siglos el texto base de la espiritualidad y de la actividad pastoral de obispos y sacerdotes.
Homiliae in Evangelia (pronunciadas y publicadas entre el 590 y el 593);

Homiliae in Exechielem (contemporáneas al asedio de Roma por parte de los Longobardos en 593);

Diálogos (593-594) [4] ;

Comentarios bíblicos: en el Cantar de los Cantares y en el Primer Libro de los Reyes (595-599);

Epistulae: más de 800;

Moralia in Iob.

La composición de las Moralia in Iob comienza durante los años de permanencia en la corte de Constantinopla (579-585) y se concluye probablemente en Roma durante el pontificado (aprox. 600). La obra nace de una exigencia precisa, es decir de los insistentes pedidos de los monjes de Roma y del obispo Leandro de Sevilla (hermano mayor de Isidro) presentes en Constantinopla; así Gregorio comenzará a tener para ellos conferencias monásticas, que luego tendrán un orden definitivo en los treinta y cinco libros del comentario. Gregorio piensa leer en profundidad la historia de Job, el hombre justo (que no pertenece al pueblo de Israel) abatido por sufrimientos que él no comprende, y que llega por eso a desafiar a Dios, preguntándole la razón de su actuar [5]. En la figura de Job Gregorio ve la condición de cada hombre, que siempre, antes o después, se encuentra tratando con el misterio del sufrimiento y del mal, dentro y fuera de sí mismo.

¿Cómo se comenta el Libro de Job? Los tres sentidos de la Escritura.

Para abordar la exégesis de las Moralia es indispensable recuperar una interpretación que para nosotros, en el siglo XXI, es algo más que obvia: la polisemia del texto, o sea la multiplicidad de los significados de la Biblia. Siendo la Escritura la Palabra con la que Dios se revela al hombre, para los Padres de la Iglesia es verdad que contiene una riqueza de significado y de juicio en la vida del hombre, que jamás podrá agotarse, y que más bien iluminará siempre la historia humana, bajo todo punto de vista. Buscar la inteligencia del texto bíblico significa entonces poner toda nuestra existencia en diálogo con Dios:

[…] la hermenéutica no es para Gregorio un estudio del texto en sentido moderno de la expresión, sino más bien un evento. El hermeneuta, que de vez en cuando puede ser “predicador”, “doctor”, “oidor” o simple creyente, se pone ante el toque del Espíritu que, en soberana libertad, tangit a uno y a otro utilizando cada creyente como organa veritatis para obtener un sonido audible a todos […]. [6]

He aquí por qué Gregorio distingue tres sentidos de la Escritura, según como explica él mismo en la carta introductoria a las Moralia, dedicada a Leandro de Sevilla:

Sciendum vero est, quod quaedam historica expositione transcurrimus et per allegoriam quaedam typica investigatione perscrutamur, quaedam per sola allegoricae moralitatis instrumenta discutimus, nonnulla autem per cuncta simul sollicitius exquirentes tripliciter indagamus. Nam primum quidem fundamenta historiae ponimus; deinde per significationem typicam in arcem fidei fabricam mentis erigimus; ad extremum quoque per moralitatis gratiam, quasi superductum aedificium colore vestimus. Vel certe quid veritatis dicta nisi reficiendae mentis alimenta credenda sunt? Quae modis alternantibus multipliciter disserendo ferculum ori offerimus, ut invitati lectoris quasi convivae nostri fastidium repellamus, qui, dum sibi multa apposita considerat, quod elegantius decernit, adsumat. Aliquando vero exponere aperta historiae verba neglegimus, ne tardius ad obscura veniamus; aliquando autem intellegi iuxta litteram nequeunt, quia superficie tenus accepta nequaquam instructionem legentibus, sed errorem gignunt. (Ep. Leandro, 3) [7]

Los tres sentidos – literal, alegórico y moral – se complementan y se aclaran mutuamente, sin que cada pasaje bíblico tenga necesariamente que contenerlos en igual medida:

1) El sentido literal, o histórico (historica expositio), busca los datos que se refieren al personaje de Job, el cual es ante todo una persona oprimida por el dolor y sometida a duras pruebas. Tal sentido no coincide con la búsqueda de datos histórico-arqueológicos que prueben la existencia real del personaje en cuestión; quiere más bien indagar la historia, es decir el relato así como está expuesto según su sentido literal. Del resto, el hecho de que Job pueda no ser una persona que haya existido no quita nada al valor histórico de su figura, que consiste en indicar un tipo, el modelo de persona que se da en la realidad.8
2) El sentido alegórico, o tipológico (per allegoriam … typica investigatio), releva todos los eventos del Antiguo Testamento que simbolizan, es decir prefiguran, indican con antelación, a Cristo y la Iglesia.

3) El sentido moral (per sola allegoricae moralitatis instrumenta) lee los eventos narrados como alegoría de cada alma y de la experiencia universal de cada persona, de su búsqueda de la felicidad y de la lucha incesante entre la tendencia al bien y el ceder al mal, entre un uso pleno del libre albedrío y el ceder al vicio y al pecado. Con las Moralia in Iob nos encontramos en presencia de un texto altamente simbólico, que requiere mucha ductilidad de parte del lector en el dejarse conducir por diferentes caminos, como Gregorio expresa con una bella similitud:

Divinus enim sermo sicut mysteriis prudentes exercet, sic plerumque superficie simplices fovet. Habet in publico unde parvulos nutriat, servat in secreto unde mentes sublimium in admiratione suspendat. Quasi quidam quippe est fluvius, ut ita dixerim, planus et altus, in quo et agnus ambulet et elephas natet. Ut ergo uniuscuiusque loci opportunitas postulat, ita se per studium ordo expositionis immutat, quatenus tanto verius sensum divinae locutionis inveniat, quanto ut res quaeque exegerit, per causarum species alternat. (Ep. Leandro, 4)9

Por último no hay que olvidar que el fin último de la exégesis es penetrar profundamente en la Escritura para encontrar así una orientación eficaz a nuestra conducta de vida10. Lejos de un trabajo intelectual, las Moralia in Iob invitan por tanto a leer la historia de Job con el alma abierta, curiosa, dispuesta a aprender, y no inclinada a frenar la sagrada página en esquemas rígidos que mal se adaptan a la experiencia humana real (o conversatio hominum, como la llama Gregorio). De esta búsqueda sincera de la Verdad brota también la grandeza literaria de esta obra que no deja, a distancia de siglos, de iluminar la vida. Gregorio Magno es en efecto a menudo y con ganas asistemático en sus exposiciones, prefiriendo servirse ampliamente de alegorías, símbolos y metáforas11.
El deseo del bien, condición necesaria de la libertad. Lecturas de las Moralia in Iob
La reflexión de Gregorio Magno siempre toma impulso de la observación de la condición real de los hombres, justo así como ellos viven, esperan, sufren. Entre las páginas de las Moralia está pues siempre presente la constatación que el hombre aspira profundamente a la felicidad, pero a menudo en modo confuso: las preocupaciones del vivir cotidiano y su soberbia lo hacen olvidar quién sea él de verdad y qué quiera realmente:

[…] Gregorio Magno también atribuye una extrema importancia a la concepción platónica de la caída del alma, que a sus ojos no sería más que el pecado de Adán descrito en el relato del Génesis. El Dios infinito, por naturaleza estable y siempre igual a sí mismo, ha creado el alma humana similar a sí, estable y predispuesta a la contemplación amorosa de su Creador; pero el alma ha abandonado voluntariamente esta estabilidad natural por amor a sí misma y a causa de este cambio ha precipitado en la desigualdad consigo, deslizándose por debajo de sí misma. […] el hombre se encuentra al mismo tiempo presa del cambio externo, que coincide con el trastorno de nuestra vida a través de las edades sucesivas, y del inestabilidad interior, por lo cual el alma se impulsa hacia lo alto, pero recae en sí misma pasando de un sentimiento al otro o de una preocupación mundana a otra, como si cambiara continuamente de lugar. […] La vida consiste en un perpetuo ir y venir y esta mutabilidad es la imagen misma de la muerte12.

He aquí pues que el problema crucial para que el hombre pueda orientar sus propias energías a la búsqueda de lo que verdaderamente es bien, satisfacción, alegría es el redescubrimiento de su identidad real. Ella implica el reconocimiento de su proprio ser como criatura – o sea del propio vínculo esencial con Dios, padre creador – y por eso el redescubrimiento del auténtico deseo del corazón humano. Gregorio subraya a menudo la condición de afán en la cual vierte el alma humana; en el paso siguiente él lo expresa mediante la imagen del mar, metáfora de la vida del mundo [13].

Quid enim maris nomine nisi saecularium mentium amara inquietudo signatur? Quae dum se vicissim inimicitiis impetunt, quasi adversantes se undae collidunt. Recte etenim mare vita saecularium dicitur, quia dum procellosis actionum motibus concitatur, ab internae sapientiae quiete atque stabilitate disiungitur. (…) Quid enim in hac vita laboriosius quam terrenis desideriis aestuare? Aut quid hic quietius quam huius saeculi nihil appetere? (Mor. 18, 43, 68) [14]

El rechazo de los terrena desideria y la invitación a no desear nada de este mundo no debe ser entendido como una exhortación a la fuga del mundo, una retirada que podría causar en el hombre cualquier satisfacción o cualquier ventaja. El pensamiento gregoriano es inequívoco al respecto: así como el hombre busca, siempre, la satisfacción completa de su deseo de vida, cualquier solución alternativa es, de por sí, pobre en comparación. Siempre recurriendo a la imagen del mar – aquí, más precisamente, de la tempestad – Gregorio muestra cómo la real aspiración del hombre consista en el deseo de vivir (amor vivendi), y en nada menos que esto:

Fluctus enim cum tumentes desuper imminent, cumque eam quam deferent mortem minantur, nulla tunc navigantibus cura rerum temporalium, nulla carnis delectatio ad mentem reducitur; ea ipsa quoque ex navi proiciunt, pro quibus longa navigia sumpserunt; cunctae res in despectum mentis veniunt, amore vivendi. Quasi ergo tumentes super se fluctus Deum metuit, qui dum veram vitam desiderat, omnia despicit quae hic possidens portat. Nam velut tempestate deprehensi pondus navis abicimus, quando ab oppressa mente desideria terrena removemus. Fitque ut sublevata navis enatet, quae mergebatur onerata, quia nimirum curae quae in hac vita deprimunt mentem in profundum trahunt. (Mor. 21, 22, 35) [15]

El náufrago quiere salvarse, y para tal fin toda su mercadería valiosa no vale nada; cunctae res in despectum mentis veniunt no es un juicio negativo sobre los bienes terrenos, sino la atribución de su efectivo rol, secundario, respecto a lo que es más necesario para la vida.

¿Qué cosa puede persuadir al hombre a abandonar los bienes falaces por aquel autentico? No una simple indicación verbal, sino más bien la experiencia del bien, la cual puede – sola – reavivar la búsqueda:

Sustollam te super altitudinis terrae” (Is. 58,14) […] Altitudines autem terrae sunt, lucra rerum, blandimenta subditorum, divitiarum abundantia, honor, et sublimitas dignitatum; quae quisquis per ima adhuc desideria incedit, eo ipso alta aestimat, quo magna putat. At si semel cor in caelestibus figitur, mox quam abiecta sint cernitur quae alta videbantur. Nam sicut cum quisque montem conscendit eo paulisper cetera subter iacentia despicit, quo ad altiora amplius gressum tendit, ita qui in summis intentionem figere nititur, dum annisu ipso nullam praesentis vitae gloriam esse deprehendit, super terrae altitudines elevatur; et quod prius in imis desideriis positus super se credidit, post ascendendo proficiens sibi subesse cognoscit. (Mor. 31, 47,96) [16]

Si semel cor in caelestibus figitur: cuando el hombre se une a las realidades celestes – o sea cuando hace experiencia de la presencia de Dios – entonces él recupera el término del parangón que le permite estimar según la verdad cada bien, como la similitud del ascenso a la montaña bien ejemplificada.

Gregorio Magno es realista: sabe bien que el deseo del bien debe ser continuamente renovado, y que la búsqueda del hombre no es jamás concluida de una vez por todas [17]; la vida asume por tanto las connotaciones de un camino, largo el cual el hombre viator debe siempre decidirse a alcanzar la meta, sin detenerse en el trayecto:

Via quippe est vita praesens, qua ad patriam tendimus; et idcirco hic occulto iudicio frequenti perturbatione conterimur, ne viam pro patria diligamus. Solent enim nonnulli viatores, cum amoena fortasse in itinere prata conspiciunt, pergendi moras innectere et a coepti itineris rectitudine declinare, eorumque gressus tardat pulchritudo itineris, dum delectat. Electis ergo suis ad se pergentibus Dominus huius mundi iter asperum facit, ne dum quisque vitae praesentis requie, quasi viae amoenitate pascitur, magis eum diu pergere, quam citius pervenire delectet; ne dum oblectatur in via, obliviscatur quod desiderabat in patria. (Mor. 22, 24, 47) [18]

Esta espléndida imagen presenta, con simplicidad y clareza, la dinámica de la búsqueda humana: ad patriam tendimus; quod desiderabat in patria; la historia del hombre en esta tierra es incomprensible si no se considera el deseo de encontrar el bien supremo – Dios – que sólo puede colmar de paz el corazón de Su criatura. He aquí pues por qué existe quien ha querido llamar a Gregorio Magno el «doctor del deseo»:

La tentación es pues constitutiva de la experiencia espiritual, pero como polo del deseo interior del hombre; al contrario de la contemplación, que nos eleva hacia Dios, ella tiende a distraernos de él, arrastrándonos hacia abajo. Esta dialéctica domina la meditación gregoriana de la conversatio hominum, que está bajo el signo de la lucha interior. En la obra gregoriana todo está subordinado a la educación interior del deseo humano, con el fin de orientarlo hacia Dios [19]

Notas
1. AA.VV., L’italia e l’Africa imperiali: amministrazione. Gregorio Magno, en: Storia del Mondo Medievale, Milán, Garzanti 1978, p. 810.

2. Seis meses después de la muerte de Pelagio, en agosto de 590, llega la aprobación del emperador Mauricio a la elección del nuevo papa. Gregorio, que es aún sólo un diácono, trata de huir, pero es descubierto, llevado a San Pedro y consagrado sucesor del apóstol. Es el 3 de septiembre de 590.

3. Se trata de la misma preocupación defendida por san Agustín (354-430) – autor muy querido para Gregorio – come razón de ser de la retórica cristiana en De doctrina christiana, libro IV.

4. En cuatro libros; el segundo está enteramente dedicado a la vida de Benito de Norcia (aprox. 480/490-560) y constituye la única fuente biográfica sobre el santo.

5. Jb 31,35-40. Job, hombre rico y feliz, es en efecto privado de sus rebaños, los hijos, la salud, hasta ser humillado por la mujer. Para una esmerada introducción al Libro de Job se señala: J. Lèvêque - C. Kannengiesser, Job (Le livre de), Dictionnaire de spiritualité ascétique et mystique - Doctrine et histoire, tomo 8 (Paris, ed. Beauchesne 1974), coll. 1201-1225.

6. G.I. Gargano, Gregorio Magno esegeta della Bibbia, en: Liber Annuus, 54 (2004), p. 291.

7. Se tenga presente que sobrevolamos la explicación histórica de algunos pasajes, mientras de otros examinamos de manera profunda el sentido místico a través de la alegoría; otros los explicamos únicamente con el criterio de la moralidad alegórica; en ciertos pasajes, por último, buscamos con gran empeño cada uno de estos tres sentidos. En efecto, desde antes establecimos las bases históricas; luego, por medio del sentido místico, erigimos el edificio de nuestra alma como ciudadela de la fe; en fin, con la belleza del sentido moral, revestimos de algún modo el edificio agregando el color. Y de hecho, ¿qué son las palabras de la Verdad si no alimentos para nutrir nuestras almas? Variando frecuentemente el modo de exponer presentamos a la boca los platos en modo tal de no ofender el gusto del lector invitado, que es de cualquier manera nuestro comensal. Él, observando la variedad de las comidas que le vienen presentadas, puede elegir fácilmente lo que quiere. Algunas veces omitimos explicar los pasajes claros del relato para llegar antes a aquellos oscuros; y hay pasajes que no se pueden entender literalmente, porque tomados superficialmente inducen al error de quien lee antes que instruirlo (trad. E. Gandolfo).

8. A tal propósito observa J. Daniélou: Quizá se me objetará que la existencia histórica de la mayor parte de estos personajes, Enoc, Job, Daniel, es muy problemática. Veo bien, en efecto, que muchos de ellos podrían haber recogido en sí los rasgos de múltiples individuos y parecer más modelos que personas. Pero esto no puede poner en absoluto en duda el carácter histórico de los modelos que ellos representan. Porque yo me niego, con la Iglesia, a relegarlos a la categoría de mitos. Ellos certifican que han estado entre los paganos unos santos sacerdotes, unos santos reyes, unos santos justos (J. Daniélou, Les saints «païens» de l’Ancien Testament, Paris, Éditions du Seuil 1956, pp. 11-12; trad. mía).

9. La palabra de Dios, de hecho, si de un lado empeña con sus misterios a la gente culta, por el otro calienta con su inmediatez a las ánimas simples. Con su claridad ofrece nutrimento a los humildes, mientras con su profundidad no termina de sorprender a los espíritus más elevados. Es como un río, diría, de aguas bajas y profundas, donde un cordero puede moverse libremente y donde un elefante puede nadar. Así, como lo requiere la naturaleza de cada pasaje, debe cambiar oportunamente el género de la explicación: tanto mejor si encuentra el verdadero sentido de la palabra de Dios cuanto más varía el modelo de interpretación adecuándose a cada pasaje.

10. […] tenemos aquí la confirmación del principio, compartido por unanimidad por los Padres de la Iglesia, que no se puede hablar de comprensión de un texto bíblico si a la inteligencia del texto no le sigue la praxis de la vida (G.I. Gargano, Gregorio Magno esegeta, cit., p. 277).

11. Cfr. G.I. Gargano, Il libro, la parola e la vita, L’esegesi biblica di Gregorio Magno, Cinisello Balsamo, Ediciones San Pablo 2013, pp. 11-13.

12. P. Courcelle, Connais-toi toi-même. De Socrate à Saint Bernard (1975), trad. it. Conosci te stesso. Da Socrate a San Bernardo, por F. Filippi, Milán, 20102 , pp. 166-167.

13. El mar es muy a a menudo, en los Padres de la Iglesia y máximamente en san Agustín, imagen de la condición atormentada del mundo, trastornado a causa del pecado sea a nivel social, sea a nivel personal del individuo. La cruz de Cristo es pues el único leño que puede surcar el mar sin hundirse, llegando segura.

14. ¿Qué significa el mar, si no la amarga inquietud de las ánimas mundanas? Las cuales, cuando se atacan unas a otras con las enemistades, se enfrentan como ondas provenientes de partes opuestas. Y de hecho la vida de la gente de mundo con razón es parangonada al mar, porque cuando está agitada por el movimiento de acciones tempestuosas se aleja de la quietud y de la estabilidad de la sabiduría interior. (…) ¿Que hay en efecto más difícil en esta vida, que dejarse consumir por los deseos terrenales? Y, viceversa, ¿qué hay más pacífico, que no desear nada de este mundo?

15. Cuando se presentan ondas impetuosas y amenazantes que pueden procurar la muerte, entonces los navegantes no piensan más en los bienes temporales ni les viene en mente algún placer de la carne; más bien, botan al mar las mismas mercaderías por las que habían emprendido la larga navegación: todo viene despreciado por amor a la vida. Ahora Job dice temer a Dios como las ondas impetuosas, porque, deseando la vida verdadera, desprecia todo lo que lleva como un poseído. Nosotros tiramos la carga de la nave como sorprendidos por la tempestad, cuando borramos de la mente oprimida los deseos terrenales; entonces la nave que estaba por hundirse, elevada, flota, precisamente porque los cuidados deprimentes de esta vida hacen que se hunda.

16. Yo te hace pisar las alturas de la tierra. (…) En cambio las partes elevadas de la tierra son las ganancias, los elogios de los súbditos, la abundancia de riquezas, el honor y la sublimidad de las dignidades: estas cosas parecen elevadas a quien las cree importantes y camina aún entre bajos deseos. Pero si el corazón hace tanto por aferrarse a las cosas del cielo, se da cuenta inmediatamente cuánto sean mezquinas las cosas que parecían elevadas. En efecto, como quien escala una montaña, cuanto más sube más alto desprecia lo que queda abajo porque tiende con su andar a las cosas más altas, así quien trata de fijar su mirada en alto, mientras con el mismo esfuerzo descubre que es casi nada la gloria de la vida presente, se eleva por encima de las alturas de la tierra, y lo que antes, cuando se encontraba en medio a los bajos deseos, creía que estaba encima de él, cuando sigue subiendo progresa, se da cuenta de que está abajo de él.

17. Porque si ya se ha mencionado la predilección de Gregorio por san Agustín, ¿cómo no recordar el célebre incipit de las Confesiones? Fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum donec requiescat in te (Aug. Conf. 1,1,1).
18. La vida presente es una ruta directa a la patria; y por eso aquí, por un juicio oculto, somos conmovidos por una continua perturbación, para que no nos aferremos a la ruta en vez que a la patria. Sucede en efecto que algunos viajeros, si durante el viaje ven prados agradables, vagan y se alejan del recto camino iniciado, y la belleza del camino, que los fascina, retarda sus pasos. Por eso a sus elegidos, itinerantes hacia él, el Señor hace áspero el camino de este mundo, para que nadie, deleitándose del reposo de la vida presente como en un prado ameno, prefiera caminar más antes que llegar más rápido y, encontrando placer en la vía, olvide lo que deseaba en la patria.

19. C. Dagens, San Gregorio Magno e i Moralia in Iob, en: //Opere di Gregorio Magno. Commento morale a Giobbe // vol. 1, por P. Siniscalco, Roma, Città Nuova 1992, p. 36.

Bibliografía
a) Texto: Opere di Gregorio Magno. Commento morale a Giobbe (Obras de Gregorio Magno. Comentario moral a Job), I/ 1-4, por Paolo Siniscalco. Introdución de Claude Dagens. Traducción de Emilio Gandolfo, Roma, Editorial Città Nuova 1992-2001; el texto usado en tal edición es cambiado por Gregorius Magnun, Moralia in Job, ed. Marcus Adriaen, Turnhout, Brepols 1979 –1985 [CC SL 143, 143 A, 143 B].

b) Estudio: AA.VV., L’italia e l’Africa imperiali: amministrazione. Gregorio Magno, en: Storia del Mondo Medievale (Italia y África imperiales: administración. Gregorio Magno, en: Historia del Mundo Medieval) Milán, Garzanti 1978, pp. 810-853.

-Benedicto XVI, Audiencia general del 28 de mayo de 2008 y Audiencia general del 4 de junio de 2008 (San Gregorio Magno 1-2).

-P. Courcelle, Connais-toi toi-même. De Socrate à Saint Bernard (1975), trad. it. de F. Filippi, Conosci te stesso. Da Socrate a San Bernardo (Conócete a ti mismo. De Sócrates a San Bernardo), Milán, Vida y Pensamiento 20102 , pp. 159-196.

-C. Dagens, San Gregorio Magno e i Moralia in Iob, in: Opere di Gregorio Magno (San Gregorio Magno y las Moralia en Job, en: Obras de Gregorio Magno.), Comentario moral a Job / vol. 1, por P. Siniscalco, Roma, Editorial Città Nuova 1992, pp. 7-61.

-J. Daniélou, Les saints «païens» de l’Ancien Testament, Paris, Éditions du Seuil 1956, pp. 7-35; 109-128.

-H.R. Drobner, Lehrbuch der Patrologie (1994), trad. it. de A. Di Berardino, Patrologia, Casale Monferrato, Piemme 1998, pp. 646-659.

-G.I. Gargano, Gregorio Magno esegeta della Bibbia, in: Liber Annuus (Gregorio Magno exégeta de la Biblia, en: Liber Annuus), 54 (2004), pp. 261-294.

-G.I. Gargano, Il libro, la parola e la vita, L’esegesi biblica di Gregorio Magno (El libro, la palabra y la vida, La exégesis bíblica de Gregorio Magno), Cinisello Balsamo, Ediciones San Pablo 2013.

-J. Lévêque - C. Kannengiesser, Job (Le livre de), Dictionnaire de spiritualité ascétique et mystique - Doctrine et histoire, tomo 8 (París, ed. Beauchesne 1974), coll. 1201-1225.

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