Guerra santa y cruzadas
autor: Annamaria Ambrosioni, Pietro Zerbi
fecha: 1988
fuente: Problemi di storia medioevale, ed. Vita e pensiero, pp. 183-185

1. Los primeros ejemplos guerra santa

Falco (en La Santa Romana Repubblica, p. 263) pone de relieve que la Iglesia da a sus soldados el estandarte de san Pedro cuando quiere bendecir una empresa que busca o defender la cristiandad contra el asalto de los infieles o dilatar sus confines conquistando territorios infieles: esta es una de las primeras y más significativas formas con la cual la autoridad de la Iglesia subraya el carácter religioso de una expedición militar. Este gesto se convierte en algo frecuente en el occidente cristiano sobretodo en la segunda mitad del siglo XI y es uno de los elementos que caracterizan las guerras santas, es decir las guerras lícitas, justas y además bendecidas por Dios porque son dirigidas por un poder espiritual o al menos motivadas por intereses religiosos: la defensa y difusión de la fe cristiana.
La guerra santa es diferente y tiene una técnica particular, como evidencia P. Rousset (Les origines et les caractères de la première croisade, Genève 1945, pp. 28-31, 88): En los estandarte del ejército se reproducían imágenes sacras, los soldados estaban convencidos de la justicia inmanente de Dios, es decir, que El combatía con el ejército cristiano y que la victoria no les sería esquiva si los corazones de los combatientes estaban purificados; pero si los soldados estaban en pecado eso provocaría la derrota. Por ello antes de la batalla, el ejército ora, hace limosnas y procesiones, se confiesa y comulga y al final se lanza a luchar cantando himnos religiosos. Durante el clero juega un papel protagónico: acompaña los soldados o se queda rezando para ayudar con las armas espirituales a las materiales.
Pero ¿Cómo nació la idea de guerra santa? En primer lugar, debemos tener presente que las poblaciones emergidas con nueva fuerza en la vida europea posterior al año 1000 son a la vez germánicas y cristianas; esto quiere decir que tienen herencia germánica, lo cual es determinante en el alto medioevo pero que también han tenido una formación cristiana. En cierto modo la guerra santa es fruto del encuentro entre el espíritu militar germánico y el ideal cristiano. El esfuerzo por consolidar esta relación se hace evidente en algunas instituciones medievales como la caballería, que se desarrollo en Francia, Alemania e Italia durante los siglos XII y XIII.
La caballería, que en sus orígenes era el cuerpo de quienes combatían a caballo, nació en el mundo feudal y más precisamente debido al fenómeno de los hijos segundos, que al estar excluidos de la posibilidad de heredar los feudos paternos, se dedicaban al oficio de las armas y combatían al servicio de otros señores, rudos, violentos y deseosos de botines. En el siglo XI, pero sobre todo en el XII, la Iglesia apadrina la caballería y le infunde los ideales de justicia; la institución caballeresca quiere santificar el uso de las armas obligando a los caballeros a usarlas solo en los casos que parecía ser indicados por el Nuevo Testamento: ‘Por ejemplo en la carta de Santiago está escrito que es deber de los cristianos proteger las viudas, los huérfanos y los débiles. Desde entonces la tarea del caballero será la defensa de la justicia y la protección aun armada de los débiles e indefensos. De esta forma se encuentra el ideal cristiano con el germánico: el uso de las armas es considerado como algo justo y meritorio solamente en los casos que parecen estar contenidos en el mensaje cristiano. De esta misma mentalidad nace otra institución, que ha sido poco estudiada: las llamadas órdenes monásticas caballerescas, que surgen para garantizar la seguridad de quienes peregrinan a los Lugares Santos (por ejemplo la orden de los Juanitos, hoy Soberana orden militar de Malta), o para la defensa armada de los Lugares Santos como la orden de los Templarios y la de los Caballeros Teutónicos, que después se trasferirá a Alemania y conquistará Prusia. Aquí nos encontramos con monjes, que por lo tanto han hecho votos de obediencia, castidad y obediencia, pero que también son soldados, es decir que han asumido una empresa militar como su misión específica: también aquí se hace evidente la fusión entre el espíritu militar germánico y el ideal cristiano.
La guerra santa también tiene sus orígenes en la idea teocrática de gobierno del mundo, es decir en la convicción que existía un orden de las cosas terrenas que ha sido pensado y querido por Dios para garantizar la paz, la justicia, la libertad necesaria para que la Iglesia lleve a cabo su misión. Por tanto lo poderes constituidos como Iglesia e imperio, sacerdocio y nobleza, no tenían más oficio que el de asegurar en la tierra el triunfo del orden querido por Dios; “la res publica christiana” es precisamente la estructura con la que se busca que el plano divino cale en la historia humana. A la luz de esta convicción se entiende mejor que nunca el por qué son perseguidos los herejes, el por qué surge la inquisición y también la idea de guerra santa: porque el estado cristiano es querido por Dios, para realizar el proyecto divino sobre las cosas es necesario que el estado triunfe por lo tanto debe no solo defenderse sino también dilatarse con las armas.

2. Caracteristicas peculiares de las crezadas

La cruzada es una guerra santa particular, diferente y con algunas peculiaridades que han sido evidenciadas por Rousset (Les origines,…, p. 21). El hace notar que la iniciativa de cada cruzada proviene del papa, lo que les confiere su más grande e inconfundible característica: la indulgencia cruzada, una indulgencia plenaria, raramente concedida en el medioevo, es decir la completa remisión de las penas temporales debidas al pecado. Una de las más importantes características de la espiritualidad medieval es la de estar proyectada hacia una dimensión escatológica; por tanto la espera del fin inminente de las cosas es muy fuerte y a veces vuelve a florecer con particular prepotencia; por eso mismo se advierte la necesidad del perdón de Dios más para la salvación colectiva, que para la salvación individual de cada hombre. Se comprende entonces como la indulgencia cruzada, concedida a quienes participaban en esa empresa y partían por amor a Dios y al prójimo, tuviese tan gran aceptación en una sociedad tan sedienta de perdón. Una tercera característica de las cruzadas es el signo de la cruz que todos lo combatientes llevan en sus espaldas. Este simbolismo del medioevo tiene un gran significado, porque en esa época se piensa más con símbolos que con conceptos. La cruz quería significar el compromiso de los combatientes para liberar el lugar en donde Cristo había tomado la cruz, y también era un síntoma de aquella renovada aspiración a la vida evangélica que se estaba manifestando en los movimientos religiosos populares como el eremítico y el nuevo monacato: partir para las cruzadas significaba imitar a Cristo, dejándolo todo y tomando la cruz para seguirlo, como dice el Evangelio. Naturalmente non todos los cruzados partían animados con estos ideales religiosos: en las cruzadas jugaron un papel muy importante los aventureros, los caballeros sin tierra, los señores feudales en busca de dominios de ultramar.

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License