Hobbes. Persona y estado en su pensamiento
autor: Luigi Negri
fuente: Persona e stato nel pensiero di Hobbes

Hemos visto citar el pensamiento de Hobbes como solución a los graves problemas de hoy en día. Este ensayo de Luigi Negri (actual Obispo de San Marino-Montefeltro), tomado de Persona e stato nel pensiero di Hobbes, Milán, Jaca Book 1987 - Cáp. IV, puede ayudarnos a entender. Les sugerimos que lean el documento integral.
Los problemas con los cuales Hobbes se ha enfrentado (primero entre todos el problema de la paz como convivencia ordenada de los hombres y de los pueblos en la verdad y en la libertad) también son los problemas de hoy. Si el camino teórico, ético y político de Hobbes fuera exacto y la solución propuesta fuera adecuada - es decir objetivamente conforme a las exigencias de la persona y de la vida social - el suyo sería un pensamiento sin posibilidad de desarrollo.
Si como en cambio creemos, su intento concluye en aporías mucho más graves de aquéllas que han "provocado" su camino, incumbe sobre nosotros la responsabilidad "histórica" de bien distintos aproximaciones y de bien distinto movimiento de pensamiento.

Como Bobbio nos ha enseñado permanentemente, la posición de Hobbes es el inevitable punto de referencia del entero arco de la especulación ético-política contemporánea [1]: en la variedad de las posiciones antropológicas, éticas y de las planificaciones ético-políticas de estos últimos dos siglos, se lleva a consecuencias extremas un impacto teórico y ético que en Hobbes aparece ya claramente y proféticamente cumplido, sin ningún malestar o perplejidad respecto a las consecuencias más dramáticas, Belohradsky diría sin algún "escrúpulo" [2]. No podemos no sentir sobre nosotros el "peso" cultural de la revolución que el hombre del fin del siglo XX vive respecto a la impostación y a las consecuencias ético-antropológicas de la posición hobbesiana. Como el Concilio Ecuménico Vaticano II ha definido claramente, el hombre de hoy a la merced de los grandes sistemas ideológico-políticos, corre el riesgo de ser reducido o a "trozo de materia" o "a ciudadano anónimo de la ciudad terrenal": la gravedad de esta derrota del hombre es en fin la señal de la derrota de aquellas formaciones de pensamiento que lo han conducido hasta este punto, teórico y práctico-social [3].
"Los trágicos hechos de este siglo, que han ensangrentado el suelo de Europa en espantosos conflictos fratricidios, la ascensión de regímenes autoritarios y totalitarios que han negado y niegan la libertad y los derechos fundamentales del hombre: las dudas y las reservas que pesan sobre un progreso que, mientras manipula los bienes del universo para aumentar la opulencia y el bienestar, no sólo daña el hábitat del hombre, si no también construye terribles mecanismos de destrucción, el epílogo fatal de las corrientes filosófico-culturales y los movimientos de liberación cerrados a la Trascendencia; todo esto ha terminado por desencantar al hombre europeo, empujándolo hacia el escepticismo, el relativismo, es más haciéndolo caer en el nihilismo, en el sin sentido y en la angustia existencial" [4].

Hemos releído y releemos Hobbes en lo vivo de una tragedia humana que justo Hobbes ha teorizado proféticamente e históricamente preparado, historia de una totalización de la vida social "anunciada", podríamos decir
"El mesianismo milenario de la ideología tardo ilustrada, asumido el poder en las mismas manos, empezó a sacrificar al ídolo de un radiante futuro millones de compatriotas. Y mientras el mundo aplaudió a los gigantescos esfuerzos ilustrados, las poblaciones, obstinadas en su incapacidad de acoger la gran ideología de salvación, impregnaban con la propia sangre el suelo del archipiélago.
Sin embargo el voluntarismo tardo-ilustrado no logró obligar a los hombres, a edificar el propio mundo interior según su imagen y no creó una nueva antropología, sino sólo logró obscurecer la conciencia popular en una atmósfera de siniestro terror…, a nuestro lado viven generaciones mudas. Ellas atraviesan en silencio la vida, llevando consigo en la tumba un grito no expresado.
Y sobre el mundo, tomado por la angustia, como un hongo atómico, ha surgido el fantasma nebuloso del socialismo. Y nosotros que vivimos a la sombra de estos espantosos acontecimientos nos abrimos paso en el mundo de los espectros socialistas hacia la realidad y la historia" [5].
Estamos frente a un fundamental surrealismo en la consideración del hombre.
Hobbes comparte (como mucha parte de la antropología de carácter humanístico) el presupuesto del absolutismo originario del yo, captado en su puntual individualidad: tal absolutismo consiste en el originario derecho de posesión sobre toda la realidad. Notamos entre paréntesis, que muy significativamente el derecho al hombre es un derecho no al reconocimiento de la verdad, del sentido de la realidad y, por lo tanto, a un empleo adecuado de ella: sino es originariamente, un derecho a la posesión de la realidad misma. Aquí el horizonte ya es sintomáticamente modificado en sentido moderno: a la categoría de la verdad como expresión de la potencialidad teórica y ética del hombre se ha sustituido definitivamente la categoría del poder (como capacidad de auto expresión de la originaria y definitiva actualidad del hombre).

Pero justo para que tal derecho pueda ser auténticamente argumentado y adecuadamente actuado (para no autodestruirse en la inevitable guerra de uno contra todos) se exige, lógicamente, el traslado irrevocable de los derechos del individuo a la realidad super-individual del Estado (animal artificial sí este último, pero lo único efectivamente "real", es decir en el que se realizan objetivamente y sin laceraciones, las características de los individuos).
Ya estamos en el centro de aquel "ruinoso" paso que caracteriza de modo dramático gran parte de la antropología, de la ética y de la política moderno-contemporánea: el hombre de sujeto libre y creativo (tan más enfáticamente libre y creativo cuanto más ha actuado la eliminación de Dios) se encuentra - por el mismo movimiento de pensamiento que ha subrayado de modo tan determinante la subjetividad - volviéndose esencialmente "objeto" manipulable de parte de sistemas de carácter materialista y político. En el episodio del pensamiento hobbesiano se cumple, con una inmediatez claramente profética, aquel gradual y secular paso del hombre de sujeto de la historia a objeto de sistemas ideológico-políticos totalizadores, que es el drama fundamental de nuestro tiempo [6]. En el lenguaje hobbesiano casi resulta imposible recobrar la fundamental sustancia ética de la persona. La persona ya no es más el lugar del drama cotidiano de la libertad (pro o contra el ser) y por lo tanto sujeto de aquella responsabilidad irreducible a cualquier contexto o condicionamiento (lugar de aquella fundamental trascendencia sobre el mundo y sobre la historia por la que la persona es constituida como interlocutora única e irrepetible de Dios). Lo que queda de la grandeza de la persona (cuya argumentación adecuada ocurre exclusivamente en la óptica metafísico-religiosa) es aquella individualidad puntual (el individuo, precisamente: un grumo de reactivad individual, en un clima de masificada intercambiabilidad) que debe lo más rápidamente posible ser funcionalizada a la vida de la sociedad y a su estructura institucional: el "Estado", precisamente.

La persona entonces (o mejor dicho el individuo) es tal en la medida en que se "niega" (y también ésta es una bien trágica paradoja) como realidad que trasciende el orden político y en la medida en que acepta de coincidir objetivamente y definitivamente con la estructura socio-política.
Hobbes (también en esto precursor de mucho estatalismo ideológico de estos siglos) concede al individuo todo y sólo aquella libertad que no "molesta" el poder del Estado y el desarrollarse de aquel derecho estatal que es originario e inalienable. La conciencia como categoría o dimensión fundamental de la persona, tiene en su aspecto "público" (aquél precisamente que tiene relieve en la sociedad) coincidir con la lógica o la razón del Estado.
En su aspecto "privado" puede no coincidir: tal libertad de conciencia como posibilidad de no coincidencia de la conciencia individual con aquella colectiva es precisamente "tolerada" por el Estado, en la medida en que acepta ser y de quedar "privada", es decir programáticamente no incidente en la estructura de las relaciones sociales.
Para Hobbes la multitud de los individuos sirve exclusivamente a formar al único individuo artificial que tiene plena legitimidad de existir en la historia: el Estado.
Hobbes no niega la artificiosidad del sistema estatal ni por algunos aspectos, a pesar de desconcertantes enfatizaciones, una cierta monstruosidad: queda, en todo caso, la observación que el Estado es la única realidad humana y política real, es decir existente con plena legitimación lógica y ética.
Persona, conciencia personal, dimensión ética de la existencia, libertad de elección, expresión social de la libertad personal y es decir libertad religiosa y social: todos estos valores, que indica la irreductibilidad ontológica y ética de la persona, encuentran en la estructura del Estado no un factor fundamental de oposición más bien, y más dramáticamente, de legitimación. Así la vida social no es el ámbito de la expresión de la persona comprometida en la actuación de su destino trascendental, sino es el campo "exclusivo" del asunto personal. El individuo "existe" si acepta coincidir totalmente con la estructura de la vida social (el Estado).
El intento de absorber la realidad de la persona (y por lo tanto su objetiva responsabilidad de carácter ético y creatividad histórica) en la realidad de las relaciones sociales, o más precisamente en la estructura de la sociedad estatal, exige obviamente la reducción de la entera vida social a la realidad del Estado.

Este intento sobre el que se ha ejercitado por siglos el pensamiento ético-político de dirección laicista (los rasgos salientes de esta absorción serán, sin duda, por un lado el pensamiento hegeliano, por el otro el complejo movimiento de pensamiento marxista-leninista) es conseguido por Hobbes con la doctrina inevitable del paso desde el estado de naturaleza al Estado civil.
El cual Estado civil – es útil repetirlo – es para Hobbes un Estado teorética y prácticamente absoluto, fuera del cual no tiene que existir nada [7].
La lógica de la absorción del individuo en la estructura del Estado no se detiene para Hobbes frente a ninguna consecuencia: la más paradójica - y dramática al mismo tiempo - es contenida en la identificación de la libertad personal con la obediencia totalmente pasiva a las leyes del Estado.
Estamos en una trágica paradoja (además padecida por millones de individuos, y contemporáneamente de naciones y de pueblos) por esto se ha teorizado que la libertad consistía exactamente en su negación; y así el mismo movimiento de pensamiento ideológico que había enfatizado la libertad como sustancial irreductibilidad del individuo a cualquier otra realidad (primera entre todas la realidad de la divinidad trascendente), ha terminado por afirmar la libertad del individuo a través de la negación de la misma.
Hobbes ha radicalmente formulado la cuestión fundamental del occidente moderno-contemporáneo: la reducción científica (biológico-materialista) del individuo en función de la creación de una sociedad, de un Estado absoluto, condición única para la paz. Antropología, ética, política al servicio de un proyecto de total renovación del hombre y de la sociedad. Tal movimiento de pensamiento y tal proyecto han caracterizado la edad moderno-contemporánea.
Hemos llegado a lo que constituye, según nosotros, el núcleo "duro" de nuestra investigación de carácter ético y socio-político del pensamiento de Hobbes, en la perspectiva del historia ética y socio-política moderno-contemporánea.

Tal núcleo "duro" es representado por la idea de Estado moderno - como Estado "absoluto" -. Se trata de un absolutismo de tipo teórico y ético, la concepción es decir del Estado como la realidad que define de modo permanente la personalidad del hombre, que informa definitivamente la estructura social y por lo tanto regula el curso de los acontecimientos históricos.
Tal imagen del Estado es aquella, sin embargo, a la cual hace referencia toda la tradición laicista moderno-contemporánea y que ha encontrado su formulación más sintética y más dramáticamente expresiva en la proposición XXXIX del Silabo de Pío IX: "El Estado como norma y fuente de todos los derechos goza de un derecho que no admite confines."
La concepción del Estado como absoluto en términos teóricos y prácticos tiene una dimensión que es más profunda y más decisiva que el funcionamiento de la estructura misma del poder.

El absolutismo como progresiva y programática absorción en la dimensión socio-política de las dimensiones fundamentales de la persona y de su actuar social y por lo tanto la organización de la vida política como absorbente el entero arco de la sociedad, es el hilo conductor fundamental de la reflexión ético-socio-política moderna y contemporánea.

Notas

[1] Cfr. N. Bobbio, Da Hobbes a Marx, Morano, Nápoles, 1965
[2] La enseñanza de este joven filosofo checoslovaco, expresión lucida del movimiento de pensamiento y acción que ha determinado Charta 77 (manifiesto del disenso "laico" checoslovaco) es un punto de referencia sustancial para la reflexión que desarrollamos en estas páginas. Cfr. V. Belohradsky, II mondo della vita: un problema politico, Jaca Book, Milán 1981
[3] La solicitud del Magisterio de la Iglesia respecto al hombre en el mundo moderno-contemporáneo, que ha sido objeto de la enseñanza del Concilio, ha encontrado su desarrollo coherente en el Magisterio de Pablo VI y de Juan Pablo II. La referencia al Magisterio de Papa Wojtyla ha constituido un elemento esencial para nuestra reflexión ético-política. Por esto, cfr. L. Negri, L'uomo e la cultura nel Magistero di Giovanni Paolo II, CSEO, Bolonia 1983

[4] Juan Pablo II, a los participantes al V Banquete del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, “la Traccia" ", a. III, p. 1131/IX

[5] AA.VV, Sulle ceneri dell'ideologia, La Casa di Matriona, Milán 1983, pp. 68-69. Consideramos este volumen como un testimonio sobre el redescubrimiento de la religiosidad por parte de las jóvenes generaciones rusas, llegado en Occidente a pesar de la brutal represión del poder soviético, un libro capital por la comprensión del actual momento ético y cultural.
[6] Cfr. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, La Liberación. Instrucciones sobre: "Algunos aspectos de la teología de la liberación" y "Libertad cristiana y liberación", Documentos n. 6, Litterae Communionis, Milán 1986.
[7] En este momento parece ser significativa la polémica de Hobbes, aunque original, a nivel jurídico: en defensa de la exclusividad del derecho positivo, es decir aquél promulgado por el Estado, respecto a todas las formas del así llamado derecho consuetudinario. Cfr. T. Hobbes, Dialogo fra un filosofo e uno studioso di diritto comune in Inghilterra, in Opere politiche di Thomas Hobbes, a cura de N. Bobbio, Turín 1948.

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