Iglesia hoy. La Iglesia de los árabes
autor: Gregorios III Lahham
Patriarca griego-melquita de Antioquía, Alejandría, Jerusalén y de lo demás de Oriente
fecha: 2006-03-01
fuente: La Chiesa degli arabi
traducción: María Eugenia Flores Luna

La expresión Iglesia de los árabes significa en resumen que la Iglesia de Cristo que vivió y vive en ámbito árabe se encuentra en una relación profunda con este mundo árabe, con sus dolores y sus esperanzas, sus alegrías y sus sufrimientos, sus dificultades y sus crisis. Es la Iglesia del Emmanuel, una Iglesia-con y una Iglesia-para, con la sociedad árabe y en la sociedad árabe. Sin olvidar sus raíces árabes y su pertenencia árabe a través de la historia y de la geografía, la cosa más importante no está en esta expresión es ser árabe de la Iglesia sino su misión en la sociedad árabe. Y la realidad es que esta sociedad árabe en que vive la Iglesia árabe, plantada en suelo árabe y diseminada en la profundidad de su historia y geografía - la realidad es que esta sociedad árabe es en su mayoría musulmana. En ella los cristianos constituyen 15 millones sobre un total de cerca de 260. Por tanto la Iglesia de los árabes es la Iglesia de la sociedad árabe, la Iglesia del mundo árabe y también es la Iglesia del Islam, la Iglesia de la sociedad musulmana. Una Iglesia que vive en este mundo árabe y musulmán, que interacciona con ello, sufre con ello y con ello se alegra, construye y espera, cree y ama. Ella es de veras la Iglesia del Emmanuel, la Iglesia-con y la Iglesia-para.

Una Iglesia a la escuela de Jesús

En esto la Iglesia del oriente árabe, la Iglesia del Islam, se mete en la escuela de su Maestro, el Señor Jesús, el Emmanuel, el Dios amor, el Dios de la redención, de la salvación y del don, el cual definió el objetivo de Su encarnación y Su nacimiento en estos términos: «El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar la propia vida como rescate para muchos» (Mc 10, 45). Y aún: Yo he venido para que tengan (todos tenga) la vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). San Pablo agrega: «Tampoco Cristo buscó complacerse a sí mismo» (Rom 15, 3) y aún: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo» (Rom 14, 7). Y Jesús nos ha dicho: «¡Ustedes son la luz del mundo! Así resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus obras buenas y den gloria al Padre que está en los cielos» (Mt 5, 16).
Estos santos versículos representan una clara invitación dirigida a cada cristiano para que salga de él mismo y de su aislamiento, de su gente: («Deja tu país, tu patria y la casa de tu padre" Gn 12,1) y de todo lo que podría constituir un obstáculo entre él mismo y el otro, de modo de poderlo encontrar para ser también él Emmanuel… un hombre-con y para.

Una Iglesia con el hombre

El cristiano tiene que superarse a sí mismo, su Iglesia y su persona para ser de veras “católico” (es decir universal). El término Iglesia de los árabes y del Islam expresa uno de los rasgos de la Iglesia en el Credo: «Creo en la Iglesia, una, universal (católica)», es decir que reagrupa cada cultura, civilización, lengua, nación y etnia. La expresión Iglesia de los árabes no es un eslogan ni un objeto de jactancia o autocomplacencia ni un título de distinción, un certificado de buena conducta, una excesiva manifestación de soberbia.
Esta expresión no pertenece al orden de lo faltante, de lo superfluo, de lo secundario o de lo agregado, no es objeto de un jugar a la alza; ella es parte de nuestro credo y de nuestros dogmas. Si estuviera en India, diría Iglesia de los indianos, del Hinduismo y del Budismo. Por tanto puedo decir que mi Iglesia es la Iglesia del hombre, de cada hombre y para cada hombre, para cada tiempo y para cada lugar, una Iglesia de veras universal y católica. En su ser omni-comprehensivo no pierde sus particularidades, en su bajar en las particularidades no olvida su universalidad y catolicidad.

Una Iglesia con el Islam

Nosotros cristianos árabes tenemos una relación profunda con los musulmanes de los países árabes: compartimos con ellos la carne y la sangre, la etnia, la nacionalidad y las tribus, la cultura, la civilización y las usanzas.
Somos una Iglesia que convive cotidianamente desde hace 1400 años con el Islam, por ello intensamente influenciada. A lo largo de la historia nuestra Iglesia ha compartido con los connacionales musulmanes importantes responsabilidades nacionales, sociales y hasta militares. El Islam está presente en todas nuestras sociedades, familias, intereses, congresos, estudios, prédicas y conferencias, pensamientos, análisis sociales y proyectos. ¡Tú, cristiano, no puedes pasar junto a tu hermano musulmán en esta patria como si te fuera extraño o no te concerniera! Tú estás con él en un diálogo existencial, cotidiano y dirigido hacia el destino.
Cuando decimos Iglesia del Islam entendemos con eso la comunidad de los cristianos que se destacan por su relación singular con los musulmanes. Y todos nosotros conocemos que los servicios ofrecidos por la Iglesia raramente distinguen entre cristianos y musulmanes.
Iglesia del Islam significa una Iglesia cuya historia, presente y pasada, y cuya cultura está ligada de manera estrecha al Islam y a los musulmanes. Todos conocemos las grandes cantidades de estudios acerca del Islam producidos por los cristianos locales, sin mencionar la mole enorme de las obras escritas por los estudiosos occidentales sobre el Islam. El término Iglesia del Islam expresa pues la unión de la Iglesia con el Islam, a nivel de existencia, conciencia, destino, civilización, espiritualidad y atención pastoral. Iglesia del Islam expresa la particular responsabilidad que portamos hacia el Islam y los musulmanes.

Ningún proselitismo sino solidaridad y convicciones comunes

Iglesia del Islam no significa absolutamente comunidad de musulmanes que abrazan el cristianismo y tampoco comunidad de cristianos que se afanan para guiar a los musulmanes al cristianismo. Esta expresión, a mi parecer y según el análisis que hago, está muy lejana de la idea del proselitismo en todas sus formas. Esta expresión, para mí, es sinónimo de amor y respeto, colaboración y solidaridad, optimismo, diálogo, convivencia, compasión y sostén recíproco, trabajo común en nuestros países árabes para construir un mundo mejor, para edificar la civilización del amor.
Es necesario que estas convicciones sean compartidas por todos nosotros, hijos e hijas de nuestra Iglesia patriarcal (y en fin de todos los cristianos). Ellas tienen que constituir la Carta Magna de nuestra espiritualidad, de nuestras enseñanzas en los institutos del clero para la formación de los sacerdotes, de los religiosos y de las religiosas, y de la enseñanza en nuestras escuelas e instituciones, en todas las fundaciones religiosas, culturales, sanitarias, profesionales y sociales. Estas convicciones no son una libre opción, ni una elección estratégica ligada a las condiciones particulares de una cierta situación política o social. Estas convicciones son un factor esencial para el descubrimiento del sentido de nuestra vocación, de la esencia de nuestra misión de cristianos griego-católicos, o en general, de nuestra misión en nuestra sociedad árabe medioriental.
Por lo que me concierne, ésta es una condición vital y fundamental para limitar la emigración cristiana que se va agravando en nuestras iglesias.
Emerge con claridad la importancia de este rol para los cristianos después de los eventos que han marcado los inicios del tercer milenio cristiano, entre los cuales los hechos del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, el 11 de marzo de 2004 en España, el 11 de septiembre de 2004 en Rusia y la guerra contra el Irak del 2003 y todas las tragedias que han sucedido y continúan sucediendo.

Iglesia Emmanuel - Iglesia con y para

La permanencia de la Iglesia y de los cristianos en sus lugares es una permanencia al lado de los connacionales en los países árabes y también en los países de la diáspora, con el fin de obrar juntos para afirmar valores que necesariamente tendrán que asumir una relevancia mayor en el mundo árabe, sobre todo por cuanto concierne a los derechos humanos y las libertades fundamentales, entre las cuales la libertad religiosa, de fe y de conciencia, la dignidad del hombre, la abertura y el diálogo este-oeste, el pluralismo intelectual y político en las instituciones árabes.

Iglesia de la abertura y de los horizontes y no Iglesia de la emigración

Partimos de nuestra Iglesia griego melquita para ser Iglesia del Emmanuel en el consorcio humano, aquí en nuestros países árabes y en los países de la diáspora en el mundo entero. Deseamos expresar nuestro vivo augurio de que nuestra Iglesia sea y quede una Iglesia sin confines, una Iglesia de los horizontes, de vistas anchas, de la abertura y del progreso, una Iglesia con y para.
Comprender de veras qué significa que Jesús es llamado Emmanuel, comprender el sentido de la Iglesia que sirve, de la Iglesia de los árabes y el Islam, comprender todas estas expresiones y las realidades que designan es de una extrema importancia. Porque si el cristiano oriental, el cristiano árabe, egipcio, sirio, libanés, jordano, sudanés, no comprende el sentido del nombre de Jesús y su mismo nombre de cristiano, de su ser bautizado en el nombre de Jesús, de su ser llamado cristiano en relación a Cristo Jesús, si no comprende de ser heredero de los que por la primera vez en Antioquía fueron llamados cristianos (Hch 11, 26), si no comprende este nombre y esta realidad, si no percibe este rol y esta misión, si no se da cuenta que no vive para él mismo, este hombre, aunque se llame cristiano, ya ha perdido gran parte del significado del cristianismo, de su bautismo, de su confirmación, de los sacramentos y de su pertenencia eclesial. Así está expuesto al exhalar de los vientos y es un emigrante en potencia. Y así estos pueblos que son cristianos en su nacimiento, origen y raíces, se convertirán en museos a causa de la emigración de sus hijos, restos y ruinas y de ellos se dirá: «Aquí vivió Jesús; aquí vivieron los cristianos. Aquí… ayer, pero luego desaparecieron, emigraron y desaparecieron y su sociedad árabe, de la cual vinieron, a la cual pertenecieron y de la cual formaron una parte imprescindible, perdió así hermanos, parientes, compañeros de la historia árabe y artífices de ella, artífices de la civilización árabe-islámica, de la literatura árabe, de la filosofía y de las ciencias».

La presencia cristiana en Oriente: responsabilidad islamo-cristiana

Como en los principios del Islam los cristianos desarrollaron su rol sobre todo traduciendo la herencia griega al árabe, así hoy ellos tienen que desarrollar un rol cultural al lado de sus hermanos musulmanes.
Mi esperanza, mi deseo, mi augurio, mi oración y mi súplica es que los musulmanes obren junto a sus hermanos cristianos. Lo que yo hago como Patriarca y lo que hacen los otros Patriarcas y los Obispos mis hermanos, los monjes y las religiosas y las varias asociaciones para mantener una presencia cristiana en la región constituye un plato de la balanza. El sostén de mis hermanos musulmanes a este proyecto, el “proyecto para la presencia cristiana en los países árabes”, constituye el otro plato y el más importante.
A esto además nos invitan nuestros hermanos musulmanes intelectuales e iluminados.

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