Intervenciones de la Iglesia contra el esclavismo
autor: H. Jedin, Culturanuova.net
fecha: 1978
fuente: Storia della Chiesa, ed. Jaca Book, Milano 1978, vol. VII, p. 291.

La tarea de la Iglesia es no organizar la sociedad, para volverla más justa: sino es la de anunciar un Hecho acontecido, del cual depende la salvación de la persona: o sea el hecho de que Dios se ha hecho Hombre.
En efecto la Iglesia, anunciando aquel Hecho, ha contribuido fuertemente y decididamente a volver más humana la misma sociedad y la vida terrenal del hombre.
Lo ha hecho en la medida en que ha podido hacerlo.
Es decir en la medida en que le han dado espacio de libertad para hacerlo.
La época que se abre con el final de la Edad Media ve una creciente dificultad por la incidencia y la libertad de la Iglesia: el mundo ha ido cada vez más por otra parte.
La Iglesia por tanto, ya no pudiendo hacer, decimos así, todo (lo que habría querido) ha debido seguir un orden de prioridad:

  1. Anunciar el Hecho de Cristo y permitirle al hombre de encontrarlo;
  2. Promover la condición terrenal del hombre, mitigando con la acción practica los sufrimientos, sobretodo de los más débiles;
  3. La condena pública y solemne de la explotación siempre ha estado en subordinación a los primeros dos puntos; también porque, como se ve en la parte siguiente, ella podía ser contraproducente: no asegura ninguna mejoría de las condiciones de las personas que fueron explotadas, pero por el contrario, meterse en las condiciones de no poderlos ayudar y de verse obstaculizada la tarea principal, que es siempre la evangelización.

La parte que sigue, presentada por una de las más acreditadas Historias de la Iglesia, evidencia cómo, cuando los religiosos católicos eligieron la vía de la denuncia pública y abierta de la injusticia, se encontraron con consecuencias peores de las que se proponía remediar.

El caso de Brasil

"Más allá de los dañinos efectos del padroado, presente también en Brasil, aquí el trabajo misionero fue obstaculizado, en el S. XVII, por la ocupación holandesa en el Norte y por aquella francesa en el Sur. La desgracia más grande fue sin embargo la esclavitud. Mientras la ocupación holandesa (con su centro en Fernambuco) unía en la defensa todas las fuerzas del país, aquellas estatales y eclesiásticas, las fuerzas portuguesas y las indígenas, la postura hacia la esclavitud tenía que convertirse en un importante factor de desunión en el trabajo misionero. Los franciscanos trataron de defender las aldeas indias (aldeias), que estaban cuidando, de los esclavistas portugueses, mientras los jesuitas, guiados por el impetuoso P. Antonio Vieira (/1697), condujeron la lucha contra la esclavitud sobre todo con públicas intervenciones a gran escala, sea en Brasil que en Portugal68. Ninguna de los dos órdenes consiguieron un resultado duradero. En el 1640 los jesuitas fueron echados de San Pablo y pudieron regresar sólo en el 1653, después de haber prometido de no oponerse más a las cazas a los esclavos de los paulistas o bandeirantes, puesto que estos se concentraban sobre todo en las reducciones de los indios en la provincia de Guaira, que pertenecía a la provincia jesuita del Paraguay. Sólo un decreto real del 1758 trató de ejecutar una definitiva abolición de la esclavitud de los indios, mientras que la esclavitud de los negros duró hasta al final del siglo XIX.
Si ésta era la situación, no sorprende que sólo en el 1707 se haya podido tener un sínodo en Brasil. En ello fueron publicadas las primeras constituciones de la archidiócesis de Bahía por obra del arzobispo Sebastián da Vida, después de que éste hubo conocido personalmente, en pesados viajes pastorales, la situación eclesiástica del paese69. Sólo en el 1888 tenía que seguir el segundo sínodo del Brasil. La gran importancia de las Constituciones del 1707 está en el hecho de que se tratada por primera vez y se regulada por el Brasil, hasta los últimos detalles, en 1318 párrafos, toda la vida religiosa, ocupándose adecuadamente también de los indios y de los negros, con el objetivo de querer garantizar sobre todo su vida religiosa70.

68 B. Biermann OP, Die Sklaverei en Maranhào - Brasilien im 17. ] h. Ein unveroffentlichtes Dokument aus der Tdtigkeit des P. Ant. Vieira, NZAf 13 (1957) 103-118, 217-225; G. Freyre, Casa-Grande y senzala, 2 voll., Rio de Janeiro 1954, en inglés: The Masters and the Slaves, Nueva York 1946, en francés: Maitres et Esclaves, París 1952. Por los incesantes intentos de los misioneros en defensa por los derechos humanos de los indianos, cfr. M. Kiemen OFM, The Indian Policy of Portugal en the Amazonas Region 1619-1693, Washington 1954.
69 O. Schulte OFM, De primis Archidiocesis Bahiae constitutionibus año 1707 promulgatis, Roma 1962.
70 Ibid, 140-166

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