Karl Marx. El proyecto "científico" de la revolución
autor: Roberto Vicini
fuente: Il progetto "scientifico" della rivoluzione

Reflexiones acerca del pensamiento de Marx
Como entender el pensamiento de Marx: ¿cómo una teoría política, una ideología, una sociología? ¿Es un "canon de interpretación histórica”, "ciencia" o "filosofía de la praxis? Indudablemente la producción teórica de Karl Marx contiene todos estos aspectos y sus varios intérpretes han hecho nada más que desarrollar potencialidades ya contenidas en su reflexión. Pero nosotros no queremos introducirnos en la selva de las interpretaciones. Una tal investigación nos llevaría demasiado lejos y quizás no sería una gran ayuda. Estamos convencidos, en efecto, de una fundamental uniformidad de su reflexión. El pensamiento de Marx es sí ideología, política, ciencia económica, sociología, etcétera, pero es todo esto en cuanto filosofía, y es filosofía en cuanto discurso sobre el hombre, es decir en cuanto antropología.

Filosofía y política

Una primera indicación significativa la encontramos en la misma vida de Marx. Como todos los jóvenes de la "izquierda hegeliana" (Feuerbach, Ruge, Bauer, Stirner) su existencia transcurrió en constante rotura respecto al mundo y a la orientación burguesa. La actitud negativa, el radicalismo, lo aunó a los otros "jóvenes" más que una consonancia de ideas o un programa definitivo.
La profesión de Marx fue el compromiso periodístico político, aquella "libre literatura" que entonces no tenía posibilidad de renta y de inserción estable en la sociedad. Se le fracasó el proyecto de capacitación filosófica en Bonn. En un primer tiempo emprendió la redacción de los "Anales alemán-franceses" (Ruge y Heine eran colaboradores de esa); luego emigró a París, Bruselas y Londres, viviendo con escasas rentas, con trabajo periodístico, subvenciones, deudas.
La producción teórica siguió los acontecimientos de su existencia y dependió estrechamente del compromiso político. Los escritos de Marx, en efecto, son ante todo manifiestos, programas, tesis: en ningún caso representan una totalidad llena de contenido en sí misma. Las mismas disertaciones más sistemáticas, "científicas", como por ejemplo El Capital se constituyen como apoyo a la acción revolucionaria.

Por otra parte, si Marx no nos ha dejado un corpus doctrinal "sistemático" es porque eso contrasta con su concepción de filosofía. En la número once de las Tesis sobre Feuerbach (obra con la cual Marx se distancia de Feuerbach y asume su propia fisonomía de pensamiento) se afirma: "Los filósofos sólo han interpretado el mundo en modos diferentes; se trata pero de cambiarlo. La filosofía, entendida como pensamiento de la realidad como adecuación-conciliación de "idea" y "mundo", de "esencia" y "existencia", ha llegado definitivamente al puerto con el esfuerzo conceptual de Hegel. En el pensamiento el mundo ha sido justificado y elevado a Absoluto.

Indudablemente el mérito de Hegel –observa Marx en Crítica de la filosofía hegeliana del derecho – es el de haber comprendido racionalmente el mundo en su desarrollo histórico, hasta el punto más alto al cual ha llegado: la sociedad burguesa. Él ha "descrito la esencia del Estado moderno" y, por primero, ha "sentido como un contraste la separación entre la sociedad civil y aquella política", entre la esfera de la existencia individual (del burgués-ciudadano) y aquella de la vida política, indicando la necesidad de una síntesis, en un nueva – moderna – esfera de la ética.
Hegel ha comprendido pues que el hombre es un ser político, cuya naturaleza consiste fundamentalmente en ser un individuo social y cuya "suprema libertad" consiste en la "suprema comunidad"; pero luego – y aquí su gran límite "idealista" – ha sólo "aparentemente disuelto este contraste” (entre sociedad civil del Estado, entre individuo y comunidad), terminando por vender "como esencia del Estado la realidad de hecho."
La síntesis hegeliana, en efecto, es sólo "especulativa" (está solo en el pensamiento) por eso, de hecho, mantiene la distinción entre intereses particulares y generales terminando por legitimarla. Así Hegel esconde y justifica las antítesis reales, mientras éstas – Marx opina – realmente deberían ser suprimidas.

He aquí porque la praxis – la acción revolucionaria – tiene que reemplazar la teoría. Esta última ya no puede constituirse como totalidad concluida en sí misma, sino aceptar ser una parte de esta totalidad, la parte que prefigura y planea la misma totalidad, un mundo, es decir, vuelto efectivamente racional, donde el hombre realiza completamente su propia humanidad y está libre. Si la acción revolucionaria reemplaza la teoría es para realizarla, para llevar a cabo la misma hipótesis hegeliana de una identidad entre idea y mundo, entre racional y real. El mundo reducido (abstractamente) a filosofía en Hegel, exige una reducción completa (práctica) de la filosofía a mundo en Marx.

La crítica filosófico-científica al capitalismo

Abandonando su carácter "puro", la teoría en Marx se transforma en crítica y aguza su poder "negativo", la capacidad, es decir, de desenmascarar la irracionalidad de la realidad y de sustentar la acción revolucionaria. Más precisamente ella viene a configurarse como una crítica a la economía política o, que es lo mismo, como ciencia.
Justamente en fuerza de tal fisonomía "científica", el marxismo ha querido distinguirse de las otras formas de socialismo (utópicas y con tendencia al moralismo). Tal carácter de cientificidad sin embargo no puede ser separado – más bien, desde cierto punto de vista se identifica – con el carácter filosófico del pensamiento de Marx, con su presentarse como "teoría crítica."
El planteamiento del discurso de Marx en efecto no tiene precedentes en la cultura occidental: se trata de un discurso específico, con una lógica específica pertinente a su propio objeto (la sociedad burgués-capitalista), de un análisis (ciencia) es decir, donde pero el criterio de valor tiene un papel importante y es indistinguible respecto al mismo plan analítico. Se trata, según Marx, de "explicar" el objeto, "sociedad capitalista", cogiendo y analizando toda una serie de relaciones específicas: "Tenemos que comprender el nexo esencial entre la propiedad privada, la codicia, la división de trabajo, capital y propiedad inmobiliaria, de cambio y competencia, de valor y minusvalía del hombre, de monopolio y competencia etcétera, y de toda esta alienación con el sistema del dinero" (Manuscritos económico-filosóficos).
Luego Marx no elabora directamente una nueva "filosofía" o idea de hombre (la idea ya ha sido cumplida por Hegel); más bien se refiere a tal visión en el análisis, para orientarla y permitirle convertirse en "crítica". Marx no construye ni siquiera una nueva teoría económica (ella ya es ofrecida por los economistas ingleses: Smith y Ricardo), sino trata de explicar críticamente lo que esta teoría presenta como un dato objetivo y natural.
Se puede decir que este proyecto "científico" inicia a tomar cuerpo por primera vez en los Manuscritos económico-filosóficos escritos en París en el 1844. Este conjunto de tesis y apuntes críticos completa el plan de las obras anteriores. Fue redactado después de que Marx había leído los clásicos de la economía inglesa y francesa y algunos autores alemanes. Con estos instrumentos Marx se prepara a liquidar, de modo definitivo, a Feuerbach y a Hegel llevando a cabo el primer borrador programático contenido en las Tesis sobre Feuerbach (sobre todo en la primera, donde ponía en evidencia sea el defecto del materialismo, que el del idealismo).
¿Cuál es el punto crítico sobre el cual Marx conduce su ataque? El hecho de que la economía política describe como algo necesario lo que en realidad es una contradicción histórica: el hecho de que la finalidad de riqueza de la sociedad se realiza al precio de un empobrecimiento-embrutecimiento de la gran parte de los hombres, de los mismos hombres (proletarios) que son sus productores. En la sociedad capitalista "el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce el despojo del obrero. Produce edificios, pero cuevas para el obrero. Produce belleza, pero deformidad para el obrero…. Produce espiritualidad, y produce la imbecilidad, el cretinismo del obrero."
La economía política clásica "parte del hecho de la propiedad privada", pero no la explica. Ella expresa el proceso material de la propiedad privada,… en fórmulas generales, abstractas, que luego… impone como leyes. Pero "no comprende estas leyes", o sea no nos da razón "de la división entre trabajo y capital, entre capital y tierra", etcétera. Sencillamente supone lo que tiene que explicar."
Resultado de todo esto es que ella "oculta la alienación que hay en la esencia del trabajo", la alienación por la cual "cuanto más el obrero produce, tanto menos tiene para consumir; y cuanto más crea valores y tanto él está sin valor y sin dignidad; y cuanto más su producto tiene forma y tanto más el obrero está deforme,… y cuanto más el trabajo es espiritualmente rico y tanto más el obrero se ha vuelto sin espíritu y esclavo de la naturaleza."
La contradicción tiene un espesor material. Marx por tanto comienza de la descripción de un dato objetivo. Ella está allí bajo nuestros ojos; consiste en el hecho de que cuanto más el obrero produce riqueza, tanto más se empobrece. Esto porque, ante todo, está privado del objeto de su trabajo. En cambio, siendo el objeto el resultado de su actividad productiva (ya Adam Smith, el "Lutero de la economía política", había conducido cada valor al trabajo que lo crea y, por lo tanto, al hombre), el obrero viene específicamente privado de ésta (del acto del producir) y es decir de lo que lo constituye en su humanidad: el trabajo.
La capacidad de transformar la realidad para volverla funcional ("orgánica") a sí, es vendida ella misma sobre el mercado como un objeto, como una "mercancía" entre las otras (aunque especial, porque fuente de todas las otras mercancías), consiguiendo de eso en cambio sólo un salario, lo que basta para mantenerse en vida y reintegrar sus propias energías, la misma fuerza-trabajo. La esencia (o "naturaleza genérica" del hombre) es bajada al rango de medio para la existencia (mantenimiento biológico de la vida).
La alienación, visible a simple vista, en el embrutecimiento material del proletariado, es pues un hecho espiritual: no consiste tanto en la fatiga del trabajo, cuanto en la pérdida de su carácter humano.
Se comprende aquí como el "materialismo" de Marx esté lejos de aquello "vulgar", del 1700: ello quiere ser justamente una crítica al gordo materialismo de un mundo (burgués-capitalista) sin espíritu, es decir donde las relaciones sociales se han vuelto inhumanas, ya no más transparentes a la acción creadora del hombre. Se comprende igualmente como la potencia crítica del discurso de Marx, la capacidad de desenmascarar lo que el análisis "científico" de la economía política no había advertido como contradicción, deriva de la referencia a una visión del hombre, que guía el análisis mismo, sin ser, sin embargo, directamente examinada.
¿Por qué Smith y Ricardo no han visto la contradicción? ¿Qué ha permitido, viceversa, a Marx revelar el carácter no-humano del trabajo? El hecho de poseer un instrumento crítico, una clave "filosófica" para comprender el fenómeno: la misma categoría (hegeliana) de "alienación". Ella constituye el elemento significativo de todo su discurso.

La antropología materialista

El fundamento de la concepción antropológica marxiana ya se puede encontrar en las Tesis sobre Feuerbach. Hace falta tener presente, en efecto, que la relación con el líder de la izquierda hegeliana ha constituido el punto de inicio de toda la reflexión de Marx. Esto porque con Feuerbach tomaba cuerpo por primera vez la exigencia de una superación de la religión en una dirección claramente ateística (para Feuerbach el hecho religioso equivale a alienación, ya que "Dios" no es otra cosa que la abstracción de las calidades humanas) y de un derrocamiento del idealismo hegeliano (última máscara "racional" de la teología) en materialismo.
Se trataba de poner correctamente la relación entre "sujeto" y "objeto", ya que "Dios" o el "Pensamiento" no eran más que productos (abstracción objetivada) de aquel sujeto real que es el hombre en carne y huesos. Reivindicar la centralidad del hombre, por lo tanto, significaba reivindicar a un tiempo su "naturalidad" y su materialidad.
Marx nunca abandonó esta perspectiva, por la cual "la crítica de la religión es el presupuesto de cada crítica"; más bien – desde los primeros momentos – ha tratado de distanciarse de la tendencia a considerar al hombre como "un ser abstracto, aislado del mundo". Eso se debía al hecho de que Feuerbach quedaba anclado al punto de vista del materialismo vulgar, por el cual la naturaleza del hombre estaba entendida en el sentido de "dato" biológico, objetivo-irreformable. Mientras que el hombre "es el mundo del hombre, el Estado, la sociedad."
En este sentido, en la primera de sus Tesis, Marx – poniendo las bases del materialismo histórico-dialéctico – sustentaba que el hombre es "actividad práctico-sensible" o bien capacidad de transformación de la realidad. La esencia del hombre consiste en la relación (dialéctico-práctica) que establece con la naturaleza, y por tanto no es siempre igual a sí misma, sino muda y se determina históricamente según formas diferentes. Las naturalezas del hombre de las cuevas, del hombre medieval o del burgués son diferentes, porque es diferente la relación económico-social que el hombre establece con la realidad.

En los Manuscritos es retomada y desarrollada esta intuición. El existir del hombre es totalmente fundido, puesto en una relación esencial con aquel cuerpo "orgánico" que es la naturaleza, respecto a la cual "tiene que quedarse en continuo progreso, para no morir."
Marx subraya como la relación (dialéctica) que constituye al hombre sea práctico-sensible, ya no más "contemplativa". Esta preocupación materialista se inscribe pero en una visión más global, bíblico-hebrea, o "teológica", que Marx retoma de la tradición y laiciza: el hombre como cumbre de la creación, como aquel punto, es decir, donde la naturaleza se cumple y realiza su propia verdad: el volverse expresión de lo humano, medio a través del cual el hombre se reconoce y reúne consigo mismo. Destino de la naturaleza es el volverse cuerpo orgánico del hombre; viceversa, destino del hombre es la auto-realización, la auto-creación "práctica" a través de la relación con la naturaleza. El proceso de humanización de la naturaleza. Luego este proceso es "social", en cuanto las modalidades de la producción determinan las relaciones sociales, "la sociedad es la consubstanciación (unificación sustancial) del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado del hombre y el humanismo realizado de la naturaleza."
¿Pero qué vuelve posible este proceso? ¿Qué permite a la actividad productiva humana constituir lo inorgánico en orgánico, es decir perseguir un objetivo unitario (que, como tal no puede ser meramente utilitario, sino también estético, desinteresado, finalístico)? Dejemos hablar al Marx de los Manuscritos: "En realidad también el animal produce: él se construye un nido, unas viviendas. Pero él solamente produce lo que necesita inmediatamente para sí mismo o para sus nacidos; produce parcialmente, mientras que el hombre produce universalmente; produce sólo bajo el dominio de la necesidad, mientras que el hombre produce también libre de la necesidad física y produce de verdad solamente en la libertad de esa. El animal produce sólo sí mismo, mientras que el hombre reproduce la entera naturaleza… el hombre sabe producir según la medida de cada especie y por todas partes sabe otorgar al objeto la medida inherente, por lo tanto el hombre también forma las leyes de la belleza."

El carácter de la alienación que invade todas las relaciones dentro de la sociedad capitalista consiste entonces en la expoliación del carácter humano del trabajador. Específicamente, que el trabajo ya sea no libre y creativo significa que este carácter humano emigra desde lo interior hasta lo exterior, se objetiva en el producto, se vuelve para el hombre un "ente extraño", una "potencia independiente", exactamente como en la religión (más "el hombre pone en Dios y menos guarda en sí mismo"); el obrero "por lo tanto no se afirma en su trabajo, sino se niega, no se siente satisfecho sino infeliz, no desarrolla alguna libre energía física y espiritual, sino mortifica su cuerpo y ruina su espíritu". El resultado es que lo "bestial se vuelve humano y lo humano se vuelve bestial."

Teoría crítica y lucha por la emancipación

El hecho de que la alienación sea un hecho humano, manifiesta su origen humana. Es esto el punto que la economía política oculta: presentándonos los mecanismos económico-sociales como un dato natural, termina por olvidar el origen histórico de la injusticia. La alienación es en el fondo una auto alienación y tal "auto alienación del hombre a sí mismo y a la naturaleza se manifiesta en la relación que él establece, entre sí mismo y la naturaleza o con otro hombre, distinto de él."
Eso significa que mana de un tipo de desorden introducido en las relaciones entre hombre y hombre. Esta inversión de la relación humana originaria toma forma en la propiedad privada, es hecha posible por aquel medio o potencia mediadora y que invierte el valor que es el dinero y se manifiesta en una división de clase, división entre quien detiene los medios de producción (el capital) y quien posee sencillamente la fuerza trabajo (proletariado).
Entramos aquí en el momento específicamente "analítico" o "científico" del pensamiento marxiano, que estaba sólo bosquejado en los Manuscritos en cuanto allí prevalecía el acento crítico-moral. Pero la dirección ya estaba señalada. Luego, bajo la presión de los acontecimientos, Marx advirtió cada vez más la necesidad de profundizar el estudio de la sociedad y los mecanismos económicos. Se trató de ofrecer al proyecto totalizador de una auto emancipación humana una base y una perspectiva real. Para que la idea de la emancipación se convierta en historia "no es suficiente que el pensamiento tienda hacia su realización, es necesario que también la realidad misma tienda hacia el pensamiento."

Filosofía como teoría "crítica", pues, para Marx quería también significar capacidad de hallar en el análisis de la sociedad y del momento económico indicaciones "materiales" que no dejaran el proyecto en el reino de la pura utopía. El análisis de la sociedad existente tenía que hacer emerger un lugar social y una fuerza material consonantes con la teoría, capaces de realizar su finalidad.
Ciertamente en el Capital cambió el tono del discurso, la representación se hacía más pobre e interesada al detalle objetivo. Sin embargo el punto de partida y el objetivo quedó idéntico a aquello de los primeros escritos. ¿También en la producción de la madurez Marx no elaboró una nueva teoría económica, sino llevó a cabo el proyecto de una "crítica de la economía política". El lugar "material" de la emancipación también es lugar "filosófico": ¿qué es el proletariado, si no lo humano "puro", reducido a la misma esencialidad (el hombre como "actividad práctica") en una condición "negativa", volcada? Por esto – como se sustenta en la Introducción a la Crítica de la filosofía hegeliana del derecho – "cerebro de esta emancipación es la filosofía, corazón el proletariado."
Desde cierto punto de vista el Marx del Capital es aún más hegeliano que aquello juvenil. Ningún joven de la izquierda, en efecto, habría podido medirse con la agudeza conceptual y la erudición del Maestro de Stuttgart. En cambio Marx elabora una obra cuyas análisis, aunque lejanas de Hegel en el contenido, son de hecho una encarnación de su mentalidad dialéctica y de su método de reducción del fenómeno a concepto. Las categorías que Marx introduce ("modo de producción", "clase", "proletariado", etcétera) permiten iluminar fenómenos meta-individuales (colectivos) y continúan la pretensión hegeliana de hacer una historia racional - aunque, obviamente, tal racionalidad ya no es aquella del Espíritu. Ellas por tanto implican, en su constituirse, la asunción de un punto de vista finalístico.
En fin Marx quiere "describir", "explicar", penetrar los mecanismos objetivos del capitalismo, no mover acusaciones morales. Pero a pesar de esta pretensión científico-naturalista, no valorativa, él presenta de hecho la sucesión histórica como orientada y directa hacia un valor. El desarrollo mecánico casual de la economía es llamado a producir un objetivo: la sociedad "de los libres y de los pares", el "reino de la libertad” (realización práctica del reino del Espíritu). Esto significa que la hipótesis finalística está actuando desde el principio, en el momento analítico, en las mismas categorías del análisis.

Caracteres del capitalismo

En el Capital Marx considera la sociedad capitalista como un todo dialécticamente articulado, donde la estructura del elemento más pequeño refleja aquellas del conjunto y cuyas contradicciones son necesarias y empujan a la superación del estado actual; a un cierto punto la centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo, alcanzan un grado en el que se vuelven incompatibles con su misma envoltura capitalista.
La reconstrucción dialéctica de la totalidad no procede sumando trozo a trozo, sino tiene presente desde el principio el primer momento. Tal "célula" de la economía es la mercancía: el volverse mercancía de cada producto y actividad es la señal de la sociedad capitalista.

También aquí Marx quiere "explicar" históricamente el hecho, no asumirlo como sencillamente dato. La mercancía es la expresión económica del enajenarse del hombre de sí mismo (tal como la antítesis sociedad burguesa/Estado es la expresión política de eso y el proletariado es la expresión social). La forma de mercancía consiste en el hecho de que lo que se produce, originariamente según un valor de uso (es decir en función de una necesidad humana práctica o estética que sea), llega al mercado con un valor autónomo (que ha perdido su origen y destino humano), un abstracto (objetivado) valor de cambio. Este desatarse o perderse del valor humano, este materializarse de lo que es espiritual, tiene como resultado el enajenarse del mundo respecto al hombre: las cosas y las mismas relaciones socio-económicas surgen frente al hombre como potencias extrañas, en las cuales él ya no se reconoce, pero por las cuales está dominado. Exactamente como en la religión. Hegelianamente se podría decir que el hombre productor y consumidor ya no está "cerca de sí mismo", es decir libre; marxianamente, que el trabajador produce con mercancías incluso a sí mismo bajo forma de cosa.

Todo esto se manifiesta en el carácter de fetiche que asume la mercancía. El valor, cuyo origen es siempre humano, aparece como una calidad natural del objeto y las relaciones sociales (el carácter social del trabajo) aparecen como "relación social objetiva, existente fuera" de los productores. El mundo creado por el hombre le surge de frente como una potencia extraña, en la cual no se reconoce, pero que lo domina (y para "encontrar una analogía" – Marx persigue – "tenemos que ampararnos en la región nebulosa del mundo religioso", donde "los productos del cerebro humano parecen dotados de vida propia, y se presentan como figuras autónomas"). El fenómeno de la mercantilización – que sustenta toda la instalación crítico-analítica del Capital – es lo mismo que era calificado en los Manuscritos como "alienación": "El obrero se convierte en una mercancía tanto más barata cuanto más crea mercancías. Cuanto más se convierte en valor el mundo de las cosas, tanto más crece en relación directa la depreciación de los hombres."
La determinación histórica y el medio de este vuelco es el dinero. En la sociedad capitalista él se convierte en "el verdadero espíritu de todas las cosas", porque de medio (para vivir, para mediar la necesidad y su satisfacción) se vuelve fin, valor, expropiando y pervirtiendo el valor real de las cosas. "Visible deidad", "universal prostituta" de hombres y pueblos, que convierte cada calidad en su opuesto, que expropia cada cosa de su carácter humano, obligando "los contradictorios a besarse”. Así Marx lo define.

¿Pero de dónde le deriva este poder diabólico, de universal enlace y separación-enajenación al mismo tiempo? Del encarnar la lógica de la acumulación, el egoísmo, la abstracta capacidad de adquisición o, como ya Marx afirmaba en su Tesis de doctorado sobre Demócrito y Epicuro, el mal más "antiguo" por el cual el individuo quiere por sí mismo la totalidad y la inmortalidad, condición que sólo pertenece al género. Es la ilusión de llenar el límite que deriva de la individualidad, a través de la posesión y de la lógica del tener, en lugar de entregarse al ser, a la relación con los otros hombres que sólo puede hacer experimentar la plenitud de su propio ser total.
Marx escribe en los Manuscritos "Lo que es mío a través del dinero, lo que yo puedo, es decir puede el dinero, eso soy yo…. Las propiedades del dinero son mías, de mí, poseedor suyo: sus propiedades y fuerzas esenciales. Lo que yo soy y puedo no es, pues, para nada determinado por mi individualidad. Yo soy feo, pero puedo comprarme a las más bonitas mujeres. Pues no soy feo, porque el efecto de la fealdad, su poder desalentador, es anulado por el dinero…. Yo soy un hombre malvado, infame, sin conciencia, sin ingenio, pero el dinero es honrado, pues también lo es su poseedor…. El dinero es el más grande de los bienes, pues su poseedor es bueno…. Yo estoy sin espíritu, pero el dinero es el espíritu real de cada cosa…. Yo, que a través del dinero puedo tener todo lo que un corazón humano desea, ¿no puedo yo tener todos los poderes humanos"?.
La contrapartida de este cambio de "todas mis impotencias en su contrario" es pero la depravación y la pérdida del mismo carácter humano mío. En un mundo realmente humano en efecto, "si supones - es decir - el hombre como hombre y su relación con el mundo como relación humana, tú puedes intercambiar amor sólo contra amor, confianza sólo contra confianza, etcétera. Si quieres gozar del arte, tienes que ser un hombre culto respecto al arte; si quieres ejercer una influencia sobre otros hombres, tienes que ser un hombre activo realmente estimulante". Sólo el espíritu puede "comprar" el espíritu, no se puede trocar el tener con el ser.

El proyecto del hombre total

Este "reino" del ser, plenamente humano, no sólo tiene que ser pensado – XI Tesis –, sino tiene que ser instaurado prácticamente. La doctrina por la cual "El hombre es por el hombre el ser supremo", específicamente se realiza, dice Marx, en La cuestión judía" con el imperativo categórico de volcar todas las relaciones en las que el hombre es un ser envilecido, sometido, abandonado y despreciado."
La teoría crítica marxiana se configura entonces – y es el tercer aspecto significativo – como política. El mismo Marx quiso presentar su propia reflexión como una concepción sea de la filosofía clásica alemana, que de la economía política inglesa y de la herencia política de la Revolución francesa.
En su vida ejemplificó este nexo inseparable entre pensamiento y acción: activo desde el 1847 en la "Liga de los Comunistas”– de la cual se volvió presidente y para la cual redactó con el amigo Engels el Manifiesto del Partido Comunista, (1848) –, participó en los movimientos del 1848 - 49; se empeñó por la construcción de la Asociación Internacional de los obreros (entrando a formar parte del Comité general y desarrollando en eso una parte de alto relieve, a menudo en contraste con los otros ejecutivos) y en el Partido obrero alemán, que nació con el Congreso de Gotha en el 1875 de la fusión del partido de Lassalle y de aquello fundado en el 1869 por Bebel y otros marxistas.

Objetivo primario, para Marx, tenía que ser la constitución del proletariado en clase, es decir su constituirse– también a través del instrumento de un partido, del cual los comunistas tenían que ser la vanguardia – en una comunidad consciente de su propia función histórica y por lo tanto capaz de actuar políticamente. Lo que cuenta, dice en efecto Marx en La Sagrada Familia "no es que éste o aquel proletariado se representa temporalmente como objetivo. Lo que cuenta es qué es aquello y qué será obligado históricamente a hacer en conformidad con este su ser."
Cuando – imagina el Manifiesto del Partido comunista – la contradicción ínsita en el mecanismo económico capitalista llegará a su punto de rotura, el proletariado, a través de una revolución, transformará "a sí mismo en clase dominante", destruyendo “violentamente las viejas relaciones de producción", aboliendo en particular la "moderna propiedad privada burguesa" ("última y más perfecta expresión de aquella producción y apropiación de los productos, que apoya… en la explotación de los unos por obra de los otros") y con ella las mismas "condiciones de existencia del antagonismo de clase y las clases en general."
Cuando "en el curso de la evolución – en aquella fase de transición que Marx indicará con el término de dictadura del proletariado –, las diferencias de clase hayan desaparecido y toda la producción sea concentrada en las manos de los individuos asociados, el poder público perderá el carácter político". Se desvanecerá, es decir, el mismo aparato coercitivo del Estado, y en lugar "de la vieja sociedad burguesa con sus clases y con sus antagonismos de clase", sucederá el comunismo, una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos.
Es pues evidente que el proyecto marxiano no se limita a la sola esfera de la política o de la economía, sino se extiende a toda la vida del hombre. El objetivo es la realización del hombre total, de una liberación que va de su oído a la vista, al sentimiento, al pensamiento, a la voluntad y al amor: humanización de la naturaleza es humanización de los mismos sentidos del hombre. El proyecto histórico que pasa a través de la supresión de la propiedad privada, de la distinción entre medios de producción y fuerzas productivas (a nivel económico), además de de la separación entre sociedad civil y Estado (a nivel político), tiene un sentido fuertemente prometeico y ateístico: se trata del proceso por el cual acontece una real apropiación de la esencia humana por parte del hombre mismo, su misma auto creación, su efectivo (no solo ideal) volverse divino o total.

El comunismo – tal como es pensado por Marx – es la nueva y definitiva apropiación de la esencia humana en el momento de desarrollo que la civilización ha alcanzado con el capitalismo; es el "reino de la libertad”, donde el hombre tiene en su poder, como creada por si mismo, toda la objetividad, y es "cerca de si" en su "ser otro". Es el "enigma solucionado de la historia", la verdadera realización de la Filosofía del Espíritu de Hegel, porque real conciliación del hombre con el mundo.
Paradójicamente es éste el punto de mayor interés, pero también el más restrictivo del pensamiento marxiano. No tanto sus análisis y previsiones científicas – relacionadas con una determinada fase histórica y por buena parte ya superadas – cuanto la instancia del humanismo constituye todavía la cuestión crucial. Aunque la teoría de la plusvalía o del "derrumbamiento" ya se han puesto anticuados, hoy aún más es verdadero que la sociedad es alienada, que el carácter humano de las relaciones y de las cosas tiende a perderse, sustituyéndose con aquel único poder expropiante que es el dinero y la lógica de la posesión. Más bien, por algunos aspectos, la alienación jamás ha sido tan profunda.

Sin embargo aquí, en la comparación con la realidad contradictoria de una humanidad cada vez más pobre - y pobre esencialmente de humanidad -, el discurso marxiano termina por manifestar su propio límite y carácter últimamente violento (porque no realista). Si en efecto el hombre es tal por su propia independencia de la necesidad, por su "consciente actividad", por ser dirigido es decir a una posible universalidad o belleza que transcienden lo inmediato, sólo el reconocimiento de una "trascendencia" (la admisión que la humana razón no es todo, sino se constituye en referencia a un "más allá") puede fundar lo humano y garantizar su permanencia. La libertad – como experiencia o sencillamente como instancia – apoya en la apertura a un horizonte ulterior respeto a las relaciones empírico-sociales que se dan. Marx en cambio – contradictoriamente – termina por cerrar al hombre en el horizonte mundano y del "género", agotando su ser en tal relación. En su perspectiva, "no es la conciencia de los hombres que determina su ser, sino es, al contrario, su ser social que determina su conciencia". Quien ha puesto claramente – e insuperablemente – en evidencia esta contradicción del pensamiento marxiano ha sido Giovanni Gentile en La filosofía de Marx: por un lado el marxismo es una filosofía de la praxis, y es decir de la libertad humana (ya que el actuar humano implica una trascendencia del sujeto respeto a las mismas condiciones objetivas); por otro lado, en cambio, termina por prescribir a la libertad un recorrido y condiciones materialistas determinadas.

Su materialismo entonces, si por un lado quiere constituir una defensa del "espíritu" humano, por otro termina por reducir al hombre a ente objetivo, ente que modifica sí las relaciones, pero a su vez es objeto de tal modificación. Y – lo que más nos interesa – no existe una "naturaleza", un valor independiente, absoluto, fuera de esta relación práctico-política, que se constituye ella misma como totalidad. Entonces el hombre puede ser transformado sin que a tal proceso sea puesto ningún límite "ontológico". ¿Pero si el hombre sólo es un producto histórico-social, cómo mantener la instancia de la justicia y de la libertad, del mismo "hombre" como fin? ¿Cómo evitar la confusión entre justicia y poder?
La razón hegeliana con Marx se vuelve proyecto, pero en la medida en que no reconoce que el horizonte último (la totalidad) es "otro" respeto a la capacidad humana, tiende a auto contradecirse, a realizar lo opuesto de lo que proclama. En el fondo el paso decisivo ya ha sido cumplido por Hegel: la identificación entre ser y fenómeno, la elevación de lo existente al rango de absoluto ("lo real es racional") ha vuelto "concreto" el pensamiento y ha permitido la justificación del mundo. Ya lo Absoluto no es abstracto, trascendente o contrapuesto a la realidad, sino se ha efectivamente identificado con él, se ha hecho mundo. A un precio pero: que si todo es verdad, entonces nada es verdad; si todo lo que ocurre es en todo caso racional y necesario, entonces el mundo precipita en el reino de la accidentalidad insensata y de la irracionalidad: ya no existe ningún criterio, en efecto, para distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo útil. La razón llegada a su propia cumbre se vuelca en su propio opuesto (después de Hegel el pensamiento ya no tiene nada que decir y la filosofía ya no tiene sentido: Marx, Nietzsche y Freud no hacen más que tirar las consecuencias).

Pero tampoco el derrocamiento práctico marxiano de la filosofía puede salvar del suicidio la pretensión absoluta de la razón. Y la verdad de eso es ella misma "práctica": también históricamente el ideal de una sociedad libre, de iguales, dónde es suprimido el dominio económico-político de una clase sobre el entero cuerpo social, se ha realizado negándose, es decir llevando a cabo el centralismo burocrático y económico del Estado capitalista.
Podríamos enumerar las contradicciones en que el pensamiento marxiano – y marxista – viene a encontrarse, pero en el fondo pensamos que encuentren una raíz común en el límite antropológico expuesto antes. Este límite hace comprender cómo últimamente Marx no supera el punto de vista burgués que reduce el ser del hombre a su actividad, que hace de él un simple sujeto de necesidades. Más bien, desde este ángulo, la filosofía marxiana constituye la realización más radical del principio de la misma sociedad burguesa.

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License