La ciencia entre educacion y creatividad
autor: Charles Harper, Gino Segre, Constantino Tsallis (moderador: Marco Bersanelli)
fecha: 2008-08-29
fuente: La scienza fra educazione e creatività

Encuentro en el Meeting per l’amicizia fra i popoli, "O protagonistas o nadie"
Participan:
Charles Harper, Senior Vice President of the John Templeton Foundation; Gino Segre, Profesor of Physics and Astronomy at the University of Pennsylvania; Constantino Tsallis, Centro Brasileiro de Pesquisas Fisicas and Brazilian Academy of Sciences

Moderador:
Marco Bersanelli, Docente de Astrofísica en la Universitá degli Studi de Milán

MODERADOR: Buenos días a todos, bienvenidos a este encuentro títulado “La ciencia entre educación y creatividad”. El título del Mitin de este año pone al centro de la atención a la persona como protagonista de su experiencia humana. Pues, respecto a la vertiente científica nos hemos preguntado cómo podemos comunicar y profundizar esta experiencia de ser un sujeto: el hombre como sujeto de la investigación. De aquí, el tema de la educación y de la creatividad que, también en la experiencia científica, tienen un rol central, contrariamente a lo que a menudo se imagina de la ciencia. La ciencia es expresión de lo humano, no algo diverso o paralelo a él. Además, por tercer año consecutivo, el título del Mitin de Rímini también nos ha llevado a imaginar un simposio internacional que iniciará esta tarde en San Marino, que reúne un pequeño grupo, una docena de científicos de nivel internacional que juntos se compararán sobre la cuestión de la creatividad y la educación en el mundo de la ciencia. Es un convenio organizado por Euresis, por la John Templeton Foundation, con la Fundación CEUR y la universidad de San Marino. El título es "Creativity and creative inspiration mathematics, science and engineering: developing a vision for the future." (La creatividad y las matemáticas de inspiración creativa, ciencia e ingeniería: desarrollando una visión para el futuro)
Es el significado del diálogo que queremos tener hoy con los tres protagonistas del debate que empezará esta tarde. Lo que nos espera es por lo tanto un diálogo informal, no tanto una lección o un profundización técnica sino el encuentro con tres de estos protagonistas, con su experiencia de hombres fascinados por la experiencia científica. No pierdo más tiempo y presento a los tres grandes huéspedes que tenemos hoy. A mi izquierda, Charles Harper, que es Senior Executive Vice President, jefe estratégico, digamos, de la John Templeton Foundation, y que trabaja como soporte de programas científicos y culturales de amplio elenco, a nivel mundial. Piensen que ha desarrollado y conducido programas científicos culturales por una suma de más de 200 millones de dólares sobre argumentos de variada naturaleza en el campo de la ciencia, que se extiende de la cosmología a la bioquímica, a las neurociencias, a la biología, a la medicina, a la filosofía de la ciencia y a la relación entre la ciencia y la religión. Ha tenido un Phd en la University of Oxford y ha trabajado como su formación científica en el campo de la astrofísica planetaria, en particular sobre la formación del sistema solar y de la luna, y también sobre el estudio del origen de los meteoritos de origen marciano. Además, tiene un diploma en Teología en la University of Boston y de Management and Administration en la Harvard University. Y está aquí en el Mitin de Rímini por el cuarto año consecutivo: ya es habitual, como se dice, de nuestra compañía. Con Charles hemos imaginado esta experiencia de San Marino de que les decía antes. A mi derecha, Gino Segre. Gino ha nacido en Florencia, ha estudiado en Harvard y al MIT y es profesor en el Departamento de Física y Astronomía en la University of Pennsylvania. Ha sido Visiting Profesor en el MIT, en la Oxford University, en el CERN de Ginebra, donde nosotros, en Europa, y en la University of California en Berkeley. Sus principales campos de investigación conciernen la física teórica de las partículas a alta energía y la astrofísica. Gino Segre ha conseguido numerosos y prestigiosos premios internacionales. Y añado también que ha escrito dos libros ambos traducidos al italiano: el primero tiene un título un poco peculiar que suena así "A alguien le gusta frío.", "no elegido por mí", pienso diría Segre. El segundo, que está a punto de salir en italiano, es "Faust en Copenhague". Son libros sobre argumentos científicos pero accesibles a todos. Por último, a la derecha más allá, está Constantino Tsallis. Constantino ha nacido en Atenas, ha crecido en Argentina, ha estudiado en Francia, en la universidad de París y luego ha pensado bien en transferirse a Brasil donde es aún profesor en el Centro brasileño de investigación. Por lo tanto tiene una visión planetaria. Su investigación atañe a la mecánica estadística, sea en cuanto concierne los fundamentos, sea por sus aplicaciones que son las más distintas, porque tocan diversos niveles del conocimiento entre los cuales los fenómenos críticos, la biogénesis, los problemas del caos, la inmunología, la economía y la psicología cognitiva. Constantino es Doctor honoris causae en numerosas universidades y también él ha recibido numerosos reconocimientos internacionales, entre los cuales el México Price of Science and Technology, que es el más prestigioso premio científico de América latina, de España y de Portugal. Constantino es External Professor en el Santa Fé Institute, en el Nuevo México, en los Estados Unidos. Conoce bien seis lenguas entre las cuales el italiano: como verán, no habrá necesidad de traducción, así como tampoco para Gino, naturalmente, que es italiano.
La primera pregunta que quiero dirigir a nuestros tres grandes huéspedes es precisamente aquella que señalaba antes, o sea el hecho de que la ciencia es percibida como una actividad impersonal, una cosa casi independiente de la persona que se ocupa de ciencia. La pregunta muy simple es ésta: ¿hay un rol para la creatividad en la labor científica, y en qué cosa consiste, sobre todo en relación a algún ejemplo que cada uno de ustedes pueda ofrecernos y que nazca de su experiencia o de otros científicos que han encontrado en su recorrido? Daría la palabra a Constantino.

CONSTANTINO TSALLIS: Gracias, Marco había escrito que pensaba que Gino y yo habríamos hablado en italiano y yo he respondido: Gino hablará ciertamente en italiano, yo en seudo italiano. Pero me han dicho que este público es indulgente con las errores en italiano de los que no son italianos, y quizás también con las equivocaciones de los italianos. Quería decir que el espectáculo acá es de verdad grandioso, y por lo tanto cada uno de nosotros tiene los buenos días y ésta será una jornada increíble. Para esta pregunta que ha hecho Marco, quería decir que yo veo una cadena que comienza desde el momento del descubrimiento, en el sentido de que se ve una cosa que no se ha visto nunca antes. Un momento de fascinación, de estupor, de sorpresa. Después, viene aquella etapa que yo llamaría de creatividad, cuando se comienza a hacer algo con este descubrimiento, con aquel estupor inicial. Finalmente con la creatividad se desea arribar al punto final que sería la ciencia, el conocimiento. O sea, yo veo la creatividad como un momento entre el estupor inicial y más tarde, cuando se convierte en objeto científico. Este proceso yo lo veo relacionado a tres conceptos. John Keats ha escrito que la belleza y la verdad son la misma cosa. En su frase, que ven aquí en inglés - "Esto es todo lo que queremos, esto es todo lo que sabemos en la tierra, esto es todo lo que tenemos necesidad de saber" - hay una igualdad entre belleza y verdad. He decidido poner una segunda frase, formulada por el Papa en el texto de aquella conferencia no hecha en la Sapienza. En aquella conferencia, escrita en italiano, señala la igualdad entre verdad y bondad. Por la propiedad transitiva, si la belleza es igual a verdad, y la verdad es igual a bondad, entonces belleza es igual a bondad. Por la propiedad transitiva, he aquí el concepto de igualdad. De estos tres conceptos sale a la luz un triángulo entre las palabras "verdad", "belleza" y "bondad". Veo la verdad como la utopía de la ciencia: el significado de aquello que yo veo, de aquello que yo descubro, de aquello que comparece ante mis ojos. Belleza sería la utopía del arte, el significado de aquello que yo siento. Y finalmente bondad sería la utopía de la ética, el significado de aquello que hago.
Para ilustrar como estas cosas le suceden a tantas personas, y hayan sucedido también a mí, quería decir dos palabras sobre un concepto central en mi labor: la entropía. La entropía es un concepto muy similar pero distinto de la energía, aún más universal que el concepto de energía. La entropía es una medida del desorden: un sistema que es muy desordenado tiene una gran entropía, un sistema ordenado, muy organizado, tiene una entropía cerca del cero. Este concepto me ha dado la posibilidad de hacer una larga labor por más de veinte años, ha comenzado en1985 en México. Estaba en un congreso mucho más pequeño que éste: ha habido un coffee break y hemos salido todos. Yo me he quedado en la sala con un profesor francés y un estudiante mejicano al cual el francés explicaba algo relativo a los fractales, que son conceptos geométricos. Estaba a una cierta distancia de ellos y no escuchaba las palabras, pero podía ver las ecuaciones que el profesor francés explicaba en la pizarra al estudiante mejicano. En sus fórmulas emergía una potencia que, por razones que no es el momento de discutir, aunque si no son particularmente complejas, me ha hecho pensar que se pudiera generalizar el concepto de entropía utilizado en física en los últimos 130 años. Es una expresión que se estudia en todos los cursos de física, de matemáticas, de ingeniería, de biología, la fórmula de Bolzano que conecta el mundo macroscópico y microscópico. Viendo aquella P potencia Q, en la explicación de geometría de aquel francés, me ha venido súbitamente la idea de que se pudiera generalizar el concepto de entropía, aquello de Bolzano. Así, volviendo a la casa, en Río de Janeiro, he escrito la fórmula y la he dejado dormir tres años, porque no entendía bien a qué correspondía aquella generalización. Tenía una fórmula pero no sabía bien a qué correspondía. En 1988 he decidido publicarla, ha salido a la luz un artículo, un paper, como lo llamamos nosotros. No ha sucedido nada por cinco años, pero luego ha salido otro paper de dos argentinos, padre e hijo, que han aplicado aquella fórmula que me había salido así instantáneamente en México a un problema gravitacional de astrofísica. Entonces se hizo claro que aquella fórmula tenía algo que ver con los sistemas que tienen correlaciones a amplio range, sea en el espacio sea en el tiempo, correlaciones no locales sino globales. Así ha comenzado esta historia: Hoy hay más de 2500 paper hechos por casi 2000 científicos de 63 Países del mundo sobre esta cosa. O sea es una cosa nacida así, gratuitamente, graciosamente, carismáticamente: es la misma palabra porque karis en griego significa gracia. Ha nacido así, de la nada, pero ha producido, 23 años después, una cantidad increíble de discusiones científicas y tantísimas aplicaciones, en medicina, en economía, en lingüística.
En este sentido les decía que la razón por la cual, en mi curso de 1985, generalizaba el concepto de entropía con aquella P potencia Q, ha sido exclusivamente un concepto de belleza. La expresión que viene fuera tiene una cierta belleza, una cierta armonía matemática que me había desconcertado, pero este ejemplo de belleza claramente está relacionado con un movimiento de verdad, porque ha producido 2.500 paper científicos y tantas aplicaciones. A esto quería sólo añadir que siempre es así. Las cosas grandes han nacido pequeñas. Me han dicho que esta grandiosa reunión, aquí en Rímini - son millares de personas -, ha nacido como una reunión casi familiar con don Giussani. Pero el testimonio que yo quería hacer ver aquí es que la belleza, en la ciencia, no tiene sólo un aspecto artístico, de emoción, sino también una eficiencia increíble al tocar la verdad.

GINO SEGRE: Gracias Constantino. Sí, es verdad que la ciencia en la cual participo tiene una cierta belleza, una calidad casi artística, pero muy a menudo los científicos, cuando publican, tratan de esconder esta calidad: el factor emotivo, como un gran matemático escribió de Gauss, quizás el más gran matemático de todos los tiempos. Gauss era como un zorro, con la misma cola escondía las huellas por donde había pasado. Existe a menudo la idea que es suficiente publicar el resultado, que debería tener una tal calidad marmórea, casi pura y abstracta, para esconder la creatividad, las calidades humanas que han logrado producirlo.
Yo también querría contarles una historia, menos personal de aquella que Constantino ha relatado, la historia de un experimento de física. Yo me intereso en partículas extrañas que se llaman neutrinos. El neutrino es una partícula de masa casi cero, con interacciones casi cero: les puedo garantizar que hay millares de neutrinos producidos por el Sol que pasan a través de mi mano y las manos de ustedes cada segundo. Los neutrinos están en todo sitio, pasan a miles de kilómetros de la Tierra sin interaccionar. El neutrino ha sido introducido como concepto en 1930 por un físico austríaco que se llamaba Wolfgang Pauli pero que no lo ha publicado. Luego la idea ha sido retomada por el gran físico italiano Fermi, en 1934, con una teoría bellísima: él decía que el neutrino no se vería nunca. En cambio la ciencia avanza y veinte años después, en los años '50, en un experimento se han visto los primeros neutrinos. La idea de que se pudiera estudiar los neutrinos que vienen del sol parecía absurda, y en cambio han sido vistos, por un colega mío de la universidad que ha muerto.
Pero ahora les cuento otra historia, aquella de las estrellas. Una estrella como nuestro sol, debería durar millones de años, 10 millones de años en que el hidrógeno al centro del sol viene transformado en helio: al final de la vida hay un colapso de la estrella. Las estrellas un poco más grandes que el sol sufren este colapso: el estado final del colapso sólo dura diez segundos y es debido a la fuerza de gravedad. Cuando viene agotado el carburante, es decir, el hidrógeno, la gravedad induce el colapso de la estrella por lo cual, al final, una estrella más grande que el sol logra convertirse en una bola pequeña unos kilómetros. Pero en este colapso final hay una explosión que es llamada supernova: la última supernova vista por el ojo humano fue estudiada por Kepler y Galileo, y fue en 1609. No es una cosa que sucede cada día, es una cosa que sucede una vez cada siglo o dos, pero en los años '80 un grupo formado por japoneses y mis colegas de la universidad de Pennsylvania ha tratado de crear un detector para estudiar además los neutrinos en Japón. Ellos pensaban buscar otras cosas, la probabilidad de encontrar una supernova era prácticamente de cero. Pero en 1987 un pastor de los Andes de Sud América fue el primero en ver una estrella que inmediatamente después han captado también los telescopios: era una supernova. Dado que la teoría física decía que el 99% de energía sale en forma invisible como neutrinos, y mis colegas se han ido a ver si había traza de neutrinos salidos en aquellos 10 segundos, justo al inicio de la explosión. ¡Y los han encontrado! También estaba yo cuando han dado esta noticia a uno de mis colegas, se ha puesto a llorar delante de una teoría construida en abstracto que todo de repente se ha revelado en una verdad. Como dijo el físico italiano Pablo Rubbia, en aquellos 10 segundos la física de los neutrinos extragalácticos ha pasado desde el ser science fiction al ser science fact.
La explosión de la supernova en esta galaxia cercana ha ocurrido hace 187mil años, y la luz ha gastado 187mil años para llegar hasta nosotros. La idea de que se puede llegar a comprender el universo, su funcionamiento, la vida y la muerte de las estrellas es una cosa que provoca una emoción muy profunda en los científicos: espero también en ustedes. Es un modo de acercarse a las verdades profundas: en un cierto sentido, es uno de los grandes esfuerzos que el hombre hace por tratar de entender y comprender el funcionamiento de la naturaleza. La belleza de estas ideas es distinta, evidentemente, respecto a la creación artística, pero las emociones que pueden provocar son paralelas.

CHARLES HARPER: Estoy contento por estar aquí con ustedes en Rímini, me gusta venir aquí, para hacer parte de esta comunidad de amistad y curiosidad. ¡Es para mí realmente un placer, y si no hablo italiano, mi alma lo hace! Porque el alma de quienquiera habla italiano, desafortunadamente no mi cerebro. Gino Segre y yo vivimos en Filadelfia, la ciudad del amor fraterno: no nos habíamos encontramos nunca, hemos debido venir aquí al Mitin de la amistad entre los pueblos para podernos encontrar. Yo sé que ustedes están animados por un sentido de curiosidad y es por esto que quiero concentrarme en el tema de la curiosidad. Uno de los mayores científicos de la era moderna apenas ha fallecido, en julio del año pasado en Houston, Texas. Era cardiocirujano, Michael. Una vez le ha sido preguntado qué cosa lo empujaba a hacer eso que hacía en su vida: había efectuado más de 60mil intervenciones al corazón y había publicado 160mil artículos sobre la investigación. Entre otros, era un gran administrador que gestionaba una gran estructura sanitaria. Él decía que la curiosidad y la investigación del conocimiento eran fuerzas trascendentes de vida, cosas espirituales, algo que nos empuja intelectualmente y, desde cierto punto de vista, también fisiológicamente a buscar la verdad. El cerebro influye en nuestro organismo en modos para nosotros desconocidos.
Por lo cual a la pregunta que Marco nos ha dirigido, o sea si la creatividad personal desenvuelve un rol en la labor científica, la respuesta es sí, ciertamente. Y es, este espíritu de curiosidad, el amor por el aprendizaje, el deseo de la comprensión, la voluntad de integrar y comprender nuevas tecnologías, aspectos, técnicos, desarrollos para el beneficio del pensamiento y del ser humano que puede enriquecerse. Para mí todo inicia también con la gratitud: yo estoy agradecido de que existan Instituciones que alimenten la curiosidad del hombre, que permitan a todos hacer preguntas que pueden parecer locas y que continuamos a hacernos por años, que nos consienten vivir en las bibliotecas, perseguir modos de vida que serían verdaderamente impensables. Cuando por la primera vez, hace años, he ido a Oxford, he escrito a la universidad una carta: me habían dado una beca para ocuparme de ciencia planetaria. He dicho que estaba realmente agradecido por la oferta y por los recursos que ponían a mi disposición, quería saber si me habrían consentido estudiar un argumento que quizás, a sus ojos habría parecido absurdo, insólito, diferente. Porque si yo quiero dedicar cinco años a trabajar duro, a quedar encerrado en una biblioteca, quiero hacer algo realmente insólito, diverso, fuera de lo común, algo que me interese de veras y que despierte mi curiosidad. La respuesta ha sido: para nosotros está bien.
En parte, las ventajas que nos derivan de este mundo están ligadas precisamente a estas instituciones que nos permiten perseguir nuestra curiosidad. Las preguntas que pueden parecer absurdas son ¿qué cosa es el tiempo, cuáles son las leyes de la naturaleza, por qué existe la Luna en órbita entorno a la Tierra, por qué Marte es un planeta así pequeño y Júpiter en cambio es un planeta tan grande… Y además, cómo era la atmósfera al principio de la vida sobre la Tierra, era hidrógeno y helio como sobre Marte y Júpiter o bien no? O bien, qué ha sucedido, en los principios, a la superficie de nuestro planeta. Si miramos a la Luna, nosotros vemos manchas oscuras, como de volcanes, y unas zonas más blancas. Estas zonas más blancas son dadas por la vieja costra superficial, son cristales que navegaban sobre un océano de magma desde los primeros años de vida de la Luna: están llenos de cráteres. Si nos fijamos en cambio en la Tierra, el aspecto es completamente distinto. Pero seguramente hubo una era en la cual la Tierra tenía una superficie muy antigua, cubierta de cráteres como las regiones más blancas de la Luna.
¿Podemos preguntarnos qué ha sucedido a la superficie de la Tierra? ¿Qué aspecto tenía, adónde ha ido, cuándo se ha creado? He tenido la ventaja de poderme ocupar de problemas de este tipo por diversos años gracias al dinero de los contribuyentes, a la NASA y a Harvard. El don de nuestra civilización, estas instituciones, nos permiten alimentar esta curiosidad, de correr riesgos, de dar prueba de locura, y esto es un enorme patrimonio. Estar en Italia es para mí una oportunidad particular, porque el origen de todas estas instituciones, las Universidades, los Centros de investigación, residen justo en Italia donde han sido desarrolladas en el siglo XII, quizás también antes, en Salerno. El espíritu que se ha venido afirmando en el siglo XII ha llevado a la construcción de las grandes catedrales góticas. A esta investigación que quería entender cómo Dios hubiera creado el mundo, como con la matemática, con las leyes, con el orden fuera posible llegar a entender la creación. Las grandes catedrales como aquella de Chartres, representan precisamente esta visión del universo construido por el ser humano y la cultura de la exploración equivale a construir una catedral del conocimiento que los hombres sacan gracias a esta creatividad. Los primeros que han desarrollado esta cultura de la exploración fueron personas intensamente curiosas que viajaban para aumentar su conocimiento. Europa, entonces, era ignorante, el conocimiento era patrimonio de los Países árabes. Costantino el africano viene a Salerno para dar vida a la primera universidad de la historia del mundo, una universidad de tipo moderno. Abelardo, un inglés que enseñaba en las escuelas de la catedral de Chartres o bien Gerardo de Cremona, que vive en Toledo y traduce 70 libros a partir de los textos árabes de Aristóteles tolemaico o Leonardo de Pisa. Son ellos que buscaban la comprensión también lejos de su cultura y quedaron impresionados de la nueva literatura que les era transmitida por la lengua árabe y fueron sorprendidos en aprender de los antiguos griegos. A partir de esta exploración han nacido las grandes universidades en París, Oxford, Bolonia, y luego Padua. Es un tipo de cultura que existe ya hace 800 años y la ciencia proviene justo de estas grandes instituciones que inicialmente daban vida a una fusión de teología y filosofía con la ciencia y la matemática.
Para mí, ciudadano americano, todo esto es muy interesante, porque debo decir que en América hay problemas de integrismo, una lucha continua. Yo nutría un fuerte entusiasmo, quería entender cómo era posible ser cristiano y al mismo tiempo ocuparme de ciencia. Verdaderamente me adentré en los problemas de estas interrogantes: ¿existe Dios?, ¿cuáles son las leyes de la naturaleza? ¿Cómo puedo entender la cultura que ha caracterizado mi infancia con la cultura de la ciencia que ha sobrevenido más tarde? Me estrellé con estas problemáticas. Y estoy agradecido a las instituciones y a los grandes centros de investigación que me han permitido por años ocuparme de tales cuestiones y de convertirme en parte de la ciencia moderna. Estoy agradecido a Italia, cuna de esta cultura de exploración, cuna de las universidades, que ha permitido que la ciencia crezca y me ha dado la posibilidad de llegar a ser un científico.

MODERADOR: Agradezco a nuestros amigos porque hemos sido introducidos en un nivel tan real y personal del asunto que parece el modo más directo de comunicar. La otra observación es que evidentemente la ciencia juega un rol cada vez más importante en la formación de la mentalidad general, no sólo de la comunidad científica. El modo en que los argumentos científicos son presentados en la escuela o en los medios de comunicación incide fuertemente, muchas veces a lo mejor inconscientemente, sobre nuestra visión del mundo. Sobre todo algunas cuestiones controvertidas. Hemos puesto a tema en estos días el acontecimiento de los cambios climáticos o bien la manipulación genética, cosas que tocan profundamente la vida de todos. O bien cuestiones de carácter fundamental como el origen de la vida, el origen del universo o bien la estructura íntima de la materia. O aún la naturaleza de la conciencia, el nivel consciente de la naturaleza. Y aquí, yo querría preguntar: ¿según ustedes, cuál es la responsabilidad de nosotros como investigadores, como científicos, respecto a estos temas que a menudo son atacados por otros y son presentados en un modo que inciden luego en la mentalidad de todos?

CONSTANTINO TSALLIS: Pues, el tema es la responsabilidad social de la ciencia y de los científicos. Yo quería ilustrar esto con un caso que me ha sucedido más o menos hace once años, en Turquía, en Esmirna. Fui invitado por la universidad del Egeo en Esmirna, para hablar de mecánica estadística. He llegado y el profesor que me había invitado ha empezado a hacerme preguntas. Decía: "Que bien, Usted es brasileño, ha llegado acá de Río de Janeiro, pero en fin, el griego… ". He percibido que quería saber mi porcentaje de grecidad, si se puede decir así. Porque Grecia y Turquía no es que siempre hayan sido amigos, en particular cuando los turcos han tomado Constantinopla. A los griegos aún no les parece bien que Constantinopla se llame Estambul. En suma, él quería saber si estaba hablando con un brasileño, con un griego o con quién otro. Entonces le he dicho: mire, nuestros países han tenido conflictos por siglos, pero…
Ésta es mi respuesta a su pregunta, Marco. Pero el rol de nosotros los científicos, artistas y deportistas es hacer ver a los pueblos que no necesitan necesariamente hacerse la guerra: miren la Georgia, ¿quién sabe lo que sucederá? Las personas, los pueblos también pueden encontrarse para colaborar, para hacer cosas juntos y por fin para convertirse en amigos. ¿Por qué he evidenciado ciencia, arte y deporte? Porque son aspectos universales del hombre. La Ciencia es su búsqueda de la verdad, su tentativa de entender el mundo. El Arte es modelar la realidad en un modo particular que satisface mejor o diferentemente el espíritu. Y el deporte es aquella admiración que provoca la superación de un límite físico: hemos visto todos en esta Olimpiada de Pekín como es bonito uno que hace un salto de cinco metros. Es increíble pero lo hace, y nosotros quedamos perplejos, un poco como cuando vienen las ideas en la ciencia, aquel momento inicial de estupor que nos deja perplejos: ¿por qué esto es así, cómo nadie lo había visto como lo he visto yo? Son lenguajes universales, la ciencia, el arte y el deporte. Entonces le he dicho a este colega turco que nuestro papel era de hacer ver esto, que los pueblos no tienen necesidad de hacer la guerra o sólo pensar en el dinero sino de convertirse en amigos, de colaborar. El me ha mirado enseguida con estos ojos: quizás era la primera vez que un medio griego les decía una cosa así en Esmirna. Y debo decir que es de Esmirna que mis abuelos han partido en el 1920, cuando hubo la guerra entre Grecia y Turquía, una de las muchas guerras entre Grecia y Turquía, de otro modo habrían sido matados todos. El me ha dicho: "Sí, es verdad, nos diga el nombre de algún científico griego y nosotros lo invitamos."
Esto ha sucedido hace once años. Estas cosas no suceden rápidamente, a veces suceden muy lentamente, hay algunos que toman centenares de años, milenios, para suceder. Pero no importa, hay una progresión, algo que está yendo adelante. El año pasado estuve una vez más en Turquía, en Marmaris, una escuela organizada por un profesor turco. Yo le hablé de aquella idea de la que hablé con el otro turco once años antes: " ¿Por qué no haces una reunión sobre mecánica, estadística y cosas de este tipo, con científicos griegos y turcos, dos días en territorio griego, dos días en territorio turco?". El me responde: "Pero sería una cosa increíble, ¡si hiciéramos una reunión científica entre turcos y griegos!”. La cosa sale después en los periódicos y un día después él viene y me dice: "Mire, tengo acá el teléfono de aquel griego que me habías dicho, un griego de Creta". Entonces tomo el teléfono en presencia de este director y hablo con él. Existe la idea de hacer una reunión entre griegos y turcos, digo. Y él responde: está bien. Hemos hablado media hora, en griego, el turco no entendía pero sabía cuál era el tema y después le he pasado el teléfono y ellos dos han hablado en inglés. En suma, para hacerla breve, esta reunión se tendrá dentro de quince días, el 15 de septiembre. Serán dos días en Rodi y después dos días en Marmaris.
El segundo y último aspecto que quería tocar concierne a la pregunta de Marco sobre las consecuencias sociales de la ciencia. Hay una cosa que yo veo importante en la ciencia, la tolerancia a la equivocación, porque en la ciencia, así como en tantas otras cosas en la vida, es fácil equivocarse. ¡Es increíble que pueda funcionar con tantas equivocaciones! Cuando hacía mi doctorado en París, era profesor auxiliar de física en la universidad. La materia de que nos ocupábamos tenía relación con la termodinámica y la mecánica estadística. El profesor se llamaba Tavernier y tenía otro auxiliar además de mí. Había muchos estudiantes que hacían los exámenes, 150 chicos, nosotros hacíamos las correcciones juntos y hacíamos la media de nuestros votos. Veía que mi juicio siempre era el peor, un día me he fastidiado y he preguntado: "¿Por qué siempre pongo notas más bajas que ustedes"? Tavernier me ha respondido: No te preocupes, es porque eres joven. Cuando seas viejo darás mejores notas". Luego he ido al Brasil, los años han pasado: ahora pongo buenas notas, ¿por qué? Porque quizás cuando uno es joven no ve bien cuanto sea fácil equivocarse. Pasados los años, viendo que las equivocaciones son dos, trescientas, quinientas, cinco mil, te dices: "Está bien, este estudiante ha fallado, no lo hagamos sufrir, pongamos una nota mejor”. También esto es fruto de la ciencia. Miren la medicina, un día dice que la aspirina es buena, veinte años después dice que no se puede tomar, pasan otros veinte años y todavía es buena. ¿Por qué? ¿Qué cosa tienen en la cabeza estos médicos que continuamente cambian de opinión? Sucede porque la ciencia es compleja, es fácil equivocarse y la verdad científica nunca es completa. Los años pasan y emerge un aspecto que no habíamos visto. Ahora descubrimos que las consecuencias de la aspirina quizá sean más malas que buenas: así va la medicina, así va la física, la química. Todas las cosas van así.
En fin quería contar, a propósito de aquella colaboración entre Grecia y Turquía, un caso increíble que ha sucedido hace un mes en Creta. Estábamos en un congreso. Una señora griega se ha metido de acuerdo con un turco sobre una cosa increíble. Ella es ortodoxa, él es musulmán, y han decidido ir a la iglesia ortodoxa de los Columbarios en Creta y encender juntos una vela por el buen éxito de la reunión que será dentro de quince días. Cuando lo he sabido he pensado: "Esta reunión ya ha sido un suceso, no hay más necesidad de discutir de física". Gracias.

GINO SEGRE: Gracias, imagino que, por uno que se llama Costantino, el hecho de que Constantinopla se convierta en Estambul sea una tragedia pero nuestro amigo es muy tolerante, como hemos visto. Y debo decir que la ciencia también ha sido una ayuda a la colaboración entre cristianos y musulmanes, entre pueblos diversos. Yo lo he visto directamente, he estado por tres años en el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares de Ginebra, fundado hace más de cincuenta años. Al principio decían: habrá científicos brillantes, pero ¿cómo podrán funcionar juntos alemanes, franceses, italianos e ingleses? En cambio ha sido un éxito enorme porque todos estos pueblos diferentes, cuando tienen algún interés en común, cuando quieren llegar a los resultados, trabajan juntos y dejan las peleas a un lado. Viven y trabajan juntos: he aquí porque estar al Cern ha sido para mí una experiencia muy profunda. Para los científicos, quizás, más que la responsabilidad social es la responsabilidad intelectual, porque la ciencia se ha vuelto complicada. Si se mira hacia atrás, hace algún centenar de años, por ejemplo, en la época de Galileo, vemos que hubo una teoría que decía que los cuerpos pesados caen en el vacío más velozmente que un cuerpo ligero. Galileo tuvo una idea muy simple: tomamos una pelota que pesa diez kilos y una que pesa un kilo. Vosotros decís que aquélla que pesa diez kilos cae más rápidamente, pero ponemos un hilo sutil que colegas las dos. He aquí que se convierten en un cuerpo de once quilos y ya no podemos decir que aquel más pesado cae más rápidamente de aquel ligero. Éste es un concepto que podemos todos entender mientras que cuando hablamos de células estaminales o del clima, como quizás han escuchado ayer, hay ideas diferentes. ¿Cómo puede un joven entender, darse cuenta de estos problemas y actuar? Porque está en ustedes la posibilidad de programar el futuro, asumirse la responsabilidad. Los científicos tienen en cambio la responsabilidad de ayudar al público a tomar las decisiones sobre contaminación, catástrofes climáticas, células estaminales, sobre cuestiones de biología y sobre las que tienen una relación directa con la vida. Una vez, en tiempos todavía recientes, era posible abrir el capó del automóvil, mirar dentro y ver qué cosa funcionaba o menos. Ahora no se puede hacerlo más, el motor es un ordenador. Por eso el científico tiene una responsabilidad. No debe sólo pedir que se mire el trabajo que hace porque es bonito y porque tiene necesidad de dinero para continuar a hacerlo. Deben pedir, preguntar, exigir de los científicos las explicaciones, una ayuda para ser protagonistas del mundo de la ciencia, aunque no haciendo directamente experimentos. Tienen que ser protagonistas al contribuir a su futuro, sea social que intelectual. Entender cómo funciona el mundo, el genoma, el universo, es entender verdades: se trata de cuestiones culturales, estéticas y naturalmente también sociales. Por eso el científico tiene que ser protagonista, junto a ustedes, en esta lucha por su futuro. Gracias.

CHARLES HARPER: Estoy contento de escuchar que el libro de Gino Segre será traducido pronto al italiano. Es un libro espléndido, les gustará leerlo, nos da una idea de la magia ligada a la explosión de todas estas ideas científicas cuando los jóvenes participan. Yo he aprendido mucho, leyendo los libros de Niels Bohr, he aprendido de su entusiasmo. Él agrupaba a los jóvenes que venían de toda Europa, de los Estados Unidos, de Rusia: la gran aventura era aprender aquella nueva ciencia que era la mecánica cuántica. Era un científico y al mismo tiempo un divulgador, para mí ha sido un ejemplo muy importante. También éste debe ser el rol de un científico en la era moderna. Pero querría comenzar a un nivel más elemental: hay una frase famosa del que ha sido uno de los más importantes visionarios de la ciencia, Francis Bacon: "El conocimiento es poder". Bacon tenía razón en el sentido de que la cultura de la ciencia concierne a la creación de un poder que hay que utilizar para el bien, para mejorar la vida del hombre, la medicina, el desarrollo de nuevas tecnologías. Pero es un poder que solicita la responsabilidad humana.
¿Pues, cuál es la responsabilidad de los científicos en el contexto cultural actual y en el difundir lo que es la percepción de la ciencia? La respuesta a mi juicio podría ser la siguiente: la responsabilidad de los científicos es de carácter general, está en el aprendizaje y en la enseñanza, en guiar el poder que los científicos mismos crean, para evitar el integrismo más siniestro basado en la ignorancia. Ahora irónicamente, a veces esta ignorancia se basa, justo sobre la especialización. La especialización es el aumento del conocimiento pero a menudo la sabiduría general paga los gastos de esta especialización, del conocimiento especializado. Los científicos tienen la responsabilidad de crear una visión equilibrada, balanceada, sabia, porque están al inicio del proceso que concierne la creación de estas fuerzas, de estos poderes. El problema es análogo al que hay entre los jóvenes sacerdotes y los ancianos: hay siempre la tentación, para nosotros los seres humanos, de poseer la verdad. En la ciencia, el horizonte se invierte pero el principio es el mismo: demostrar humildad.
Hoy tenemos un problema: la ciencia es mal representada a nivel de la opinión pública porque para muchos representa el abuso, el exceso: una filosofía de vida, una pseudo religión, una respuesta a todas las preguntas, como si la opción racional fuera aquella del científico y todas las otras opciones estuvieran en competencia con ésta. Tenemos una literatura de conflictos que los medios de información utilizan, porque son muy buenos en vendernos la idea de que existan conflictos en realidad artificiales. En los Estados Unidos nosotros vivimos una crisis de alienación y esto vale para una gran porción de la población, que se está alejando de la ciencia porque los científicos - poco creativos en el trabajo pero divulgadores a tiempo lleno - tienen un enorme suceso en promover una visión según la cual la ciencia es un tipo de anti-religión. Y esto da lugar a muchos problemas, sobre todo en una cultura como aquella americana, donde gran parte de la población es religiosa y por esto piensa que debe encontrarse frente a una elección: deben elegir alejarse de la religión para acercarse a la ciencia, es como hacer un pacto con el diablo. Si por lo tanto es responsabilidad de los divulgadores científicos promover esta nueva cultura, una de nuestras responsabilidades es ofrecer una visión alternativa, más armoniosa, más constructiva, que corresponda mejor a aquellas que son los orígenes de la ciencia y de la cultura de búsqueda de la que he hablado antes. Porque la ciencia es parte del gran dilema del poder.
Hace solamente setenta años existía un gran científico, Lisa Meitner. La víspera de la navidad de este año se cumplirán setenta años de cuando ella ha tenido una idea, mientras se encontraba en la selva de Suecia. La idea de una gran energía que derivaba de la fusión nuclear. Ha aplicado la ecuación de Einstein, E=mc2, ha desarrollado experimentos en el laboratorio en el cual laboraba en Berlín, de allí ha escapado porque era de origen hebreo. Era el año 1938. Estas ideas científicas han llevado después a producir una tecnología que habría podido destruir el entero Mitin en una fracción de según. Hace cincuenta años vivimos en un mundo que dispone de una fuerza capaz de destruir enteras civilizaciones. Es una bendición que, desgraciadamente, haya habido solamente dos casos en que han sido destruidas unas ciudades - desgraciadamente era mi país -, dos ciudades destruidas gracias a la fuerza destructiva de un arma desarrollada por los científicos, por una idea nacida en la Nochebuena de 1938 en la mente de Meitner.
La responsabilidad de los científicos es construir una ciencia humana que corresponda al poder que nosotros creamos y que podría no ser necesariamente humano. Francis Bacon tenía esta visión: crear una institución que fuese fábrica de conocimiento. Y tenía razón. Francis Bacon tuvo pero otra visión que todavía no se ha realizado: aquella de un conocimiento espiritual que pudiera curar la violencia y los problemas que veía entorno a si. La creación de nuevo conocimiento no ha estado capaz de encontrar un modo que permita a los seres humanos mejorar, tener más poder de guía respecto al poder creado por la ciencia. Nosotros somos como niños armados de fusil en una guardería. Todavía somos brutos, dentro de nosotros, no hemos desarrollado un modo que nos permita ser más humanos. Creamos más rápidamente poder a través de la ciencia y de la tecnología, y éste es el dilema que tendremos que afrontar en el futuro. El poder creado por la ciencia está avanzando pero nuestra calidad de seres humanos no: es este el gran desafío del futuro, la responsabilidad de los científicos que deben evitar rígidos integrismos, excesos de la ciencia, y deben en cambio abrazar de nuevo la antigua tradición que es aquella de la búsqueda del mejoramiento de la condición humana. Un esfuerzo unido para llegar a la paz, a la armonía, a la tolerancia, para poder beneficiarse de todas las ventajas que la condición humana ofrece.

MODERADOR: […] Es imposible retomar solamente algunas de las reflexiones así ricas que nos han sido ofrecidas, pero quizás, justo para cerrar simbólicamente el círculo, me gustaría ahora releer las dos frases con las cuales Constantino ha comenzado, cuando ha mandado aquella diapositiva que decía: "La belleza es verdad y la verdad es belleza y la verdad nos vuelve buenos y la bondad es verdadera". Yo creo que después de haber escuchado a los tres, estas palabras hayan cambiado para nosotros. Después de esta hora, sentimos más claro, vemos más claro que es así. Y nos concierne a todos, este modo de percibir la belleza y la verdad como experiencia, concierne a la enseñanza, al estudio o en todo caso a la vida, lo que nos rodea. Porque realmente la dimensión científica, esta posibilidad extraordinaria que nos es dada, entra siempre más en la vida de todos nosotros, cotidianamente. Yo pienso por tanto que este diálogo pudiera continuar. […]

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License