La colonización española de América
autor: Culturanuova.it
fecha: 1997
fuente: La colonizzazione spagnola dell'America

Una "leyenda negra"

Primera premisa

A Europa le ha correspondido unificar el mundo. Guste o no, pero es así: no le ha correspondido a China, ni a la India, ni a Japón, ni al Islam, sino a Europa a la que le ha cabido en suerte unificar el planeta. Ha hecho esto con el único modo en que el mundo se hace mundo y que caracteriza la relación entre dos civilizaciones de diferentes niveles de desarrollo: la colonización. Es un fenómeno tan antiguo como el mundo: practicado por los babilonios, egipcios, fenicios, persas, griegos, romanos, árabes y chinos.
Pero Europa tenía un motivo análogo al de la civilización islámica: tanto el cristianismo, que está en al base misma de Europa, como el Islam tienen una vocación universalista. Concibiéndose como fruto de la iniciativa del Creador del cielo y de la tierra, ambos aspiran a llevar su verdad hasta los confines del mundo. Además de los motivos económico-materiales, Europa ha tenido una motivación ideal muy fuerte (más conciente en el caso de España que de otros países) y que se mantuvo fuerte aun cuando la laicización de la vida pública parecía tenerla completamente socavada.
Hay que resaltar que la civilización islámica también tenía el deseo de unificar el mundo, sometiéndolo, precisamente por su vocación universalista. Por tanto el Islam no puede ser visto como el “sur” del mundo, sino como un norte faltante: Habría querido integrar a sí mismo a Europa y al resto del mundo, pero que no lo pudo hacer. El Islam que pudo someter todo el norte de África, amplias zonas de África oriental y algunas de Asia que estaban cerca del océano Índico, llegando a expandirse desde Senegal hasta indonesia, desde Hungría a Mozambique. Luego en la época moderna Europa ha ganado el desafío.
Es justo reconocer los límites de la colonización europea (de América y de otros lugares). Pero hay un hecho que nunca se podrá olvidar: no es que sin la expansión colonial europea el mundo habría sido un paraíso de fraternidad conformado por pueblos pacíficos donde cada uno habría permanecido contento en sus confines. Había una mortífera lucha por la hegemonía, y no está dicho que si la hegemonía hubiese sido impuesta por otros, el destino del mundo habría sido mejor.

Segunda premisa

Como es sabido, el nuevo mundo es descubierto por un católico, Cristóbal Colón, a expensas de un estado que se autodefinía como “catoliquísimo”. España. Las potencias católicas, España y Portugal, inicialmente se valieron de esta ventaja lo más que pudieron para colonizar la mayor parte del nuevo mundo, desde Florida hasta tierra del fuego, conquistando áreas civilizadas y sobretodo abundantes de metales preciosos.
La manera como sucedió tal colonización ha sido objeto de críticas despiadadas por la supuesta brutalidad, sobretodo de los colonizadores españoles quienes habrían exterminado civilizaciones muy avanzadas y evolucionadas como lo eran la Azteca y la Inca.
No es que tales críticas sean totalmente infundadas, pero hay muchos motivos para creer que nos encontramos, no tanto frente a una serena valoración de hechos objetivos sino más comúnmente frente a una interesada campaña de agresión, orquestada de forma propagandística. En primer lugar hay que tener presente el hecho que Holanda e Inglaterra han alimentado, en los siglos modernos, una leyenda negra antiespañola (y anticatólica) lamentando no haber llegado primero y buscando legitimar, a costa de la destrucción de España, su colocarse en el puesto de los españoles. En tiempos más recientes la leyenda negra ha sido alimentada por todos aquellos que, por uno u otro motivo, odian la idea de una América latina que tiene su identidad específica, diferente de la identidad de América anglosajona. Por ejemplo desde hace tiempo, en muchos lobbies estadounidenses, se considera como humo en los ojos el enraizamiento de catolicismo en América latina, porque esto da al pueblo un criterio con el cual contrarrestar la idea, protestante y anglosajona, de un individualismo exasperado que mira solo al provecho individual.

Apuntes para un jucio

1. Contra toda explotación, por la verdad histórica integral

Queremos ser claros: no queremos defender ninguna forma de explotación del hombre sobre el hombre, de injusticia o de violencia.
Pero precisamente por esto consideramos como deber obligatorio y sacrosanto el dar elementos para un juicio completo acerca de las vicisitudes de la colonización de América latina, a menudo deformada en estos últimos años, que:

  • no recae en culpables, sino que
  • concentrándose falsamente en un único “culpable” cual chivo expiatorio de todas las culpas.

En efecto, ¿Cual es el juicio que trasmiten, no tanto los historiadores serios, sino las divulgaciones escolares y periodísticas? Lo que se trasmite es esta leyenda: que los españoles habrían sido una síntesis de obtusidad, brutalidad, ferocidad a diferencia de los ingleses, holandeses y portugueses a los cuales les correspondería portar la palma de la civilización y del respeto a los derechos humanos.
Por tanto: ingleses buenos, españoles malos. Preguntémonos: ¿Es verdadero este esquema o se trata de una leyenda propagandística construida artísticamente?

2. ¿Ingleses buenos?

Hablamos de ingleses, pero, como lo subrayamos arriba, incluimos en este término otros estados europeos no españoles como Holanda, Portugal y Francia. Es obvio también que al hablar de “ingleses” no estamos hablando de todo el pueblo inglés, sino de los exponentes de la clase dirigente inglesa en la edad moderna, quienes tenían una cierta visión de la realidad orientada por el protestantismo. Efectivamente no existen pueblos malos y pueblos buenos, sino personas, el bien y el mal está presente por todas partes y son posibles en todos.
Preguntémonos en primer lugar si los ingleses, los que ocupan el primer lugar en las acusaciones contra los españoles, fueron respetuosos con los “indígenas” de Norteamérica.
La cultura protestante que animaba a los colonizadores ingleses, los empujaba no a convertir, sino a extirpar los pueblos amerindios que a sus ojos estaban predestinados a la condenación eterna.
Las cifras que veremos luego hablan por si solas: ¿En que numero y como se redujo la población de “piel rojas” en USA? Y por otra parte con respecto a su cultura: ¿Acaso no es verdad que quedó como tierra quemada?
¿Quien ha practicado la esclavitud hasta 1860 no ha sido España, sino Los Estados Unidos de América? Y ¿Quien ha discriminando los negros con el Apartheid hasta hace pocos años, hasta fines del siglo XX no fue España sino Sudáfrica anglosajona?
Quien ha definido con fiereza a su propio pueblo como una “raza exterminadora”, que no se mezcla con ninguno de los pueblos sometidos, sino que elimina de manera brutal la cultura y, si es necesario, la población no ha sido un español sino un inglés, Charles Dilke (en su célebre Greater Britain).

3. Españoles, ¿Síntesis de toda brutalidad?

Tenemos muchos elementos para decir que los españoles respetaron el valor de la persona humana más que los ingleses.

3.1 Desde el punto de vista teórico

Mientras que los ingleses, estaban ligados a una idea protestante de la predestinación de algunos, afirmaron que los “pieles rojas” no pertenecían al número de los “elegidos” y por tanto era lícito y justo usar con ellos métodos brutales, en cambio para los españoles, católicamente convencidos que no es posible saber en esta vida quien es elegido y quien no, buscaron, aun con miles de errores, la conversión de los indios.

3.2 Una mirada a las cifras

En relación con esto se pueden ver los porcentajes de descendientes de los habitantes originarios en los países latinoamericanos (mestizos). La siguiente tabla compara los porcentajes entre los descendientes de los habitantes nativos en diferentes países del nuevo mundo. (fuente ADN-Kronos):

Comparación de la población en los países colonizados por diferentes potencias europeas
Paises colonizados Paises colonizadores % amerindios % metizos % europeos % descendientes de esclavos (africanos u otros)
México España 39% 60% 9%
Perú España 45% 37% 15%
Haití Francia 0% 0% 5% 95%
Brasil Portugal <3%
Guyana br. Inglaterra 0% 0% <4% 96%
Estados Unidos Inglaterra <1% ? 85% ca. 12% ca.

Los datos son claros: Si el intento de España hubiese sido un genocidio de los pueblos amerindios, ¿Por qué el porcentaje de descendientes de tales pueblos sería tan elevada? Y viceversa ¿Por qué en los países colonizados por otros pueblos europeos (tan prontos a señalar la ferocidad española) esa población amerindia es tan escasa?

3.3 Una mirada a la cultura

Obsérvese el arte, la música y la cultura latinoamericana, cuanto han recibido de la cultura indígena. En lo países de civilización hispánica se ha creado una nueva cultura, en la cual el elemento originario y el elemento europeo se han fundido.
Documento inequívoco de tal fusión es la existencia de un amplio porcentaje de mestizos, nacidos de la unión entre europeos e indios. Otros europeos, protestantes de origen, desdeñaban los matrimonios mixtos, nunca se habrían unidos con seres infrahumanos y predestinados a la condenación; los españoles, de cultura católica, no; esto significa que los no españoles no reconocían en los amerindios seres plenamente humanos.
Símbolo de tal fusión, a quien lo mire con fe, es el milagro de la Virgen de Guadalupe: la madre de Dios aparece en el semblante de una mestiza, profecía de un encuentro positivo y enriquecedor entre dos mundos y dos culturas.

¿Cinismo insensible?

¿Por quien sabemos de los abusos de los españoles? Por los españoles mismos, y en especial por el padre Bartolomé de las Casas: lo que significa que para ellos no estaba bien visto el maltrato a los indígenas. Lo que pasó es que después los ingleses y holandeses explotaron esos documentos con fines propagandísticos antiespañoles.
En efecto es necesario distinguir la responsabilidad de la corona Española que siempre buscó tutelar los derechos humanos de los pueblos sometidos (teniendo como fin la conversión al catolicismo) para que no sufrieran abusos y la responsabilidad atribuible a ciertos aventureros españoles que arribaban al nuevo mundo por la avidez de riqueza y de poder.
La firmeza de Carlos V para evitar la brutalidad respecto a los enfrentamientos con los indígenas, se ve en la postura que asume en el debate que sostuvieron en su presencia, Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda.

4. ¿Paradisíaca inocencia de Imperios precolombinos?

Cierta rudeza por parte de los españoles deben encuadrarse en contexto histórico de entonces. No todos los indígenas eran criaturas paradisíacamente inocentes (otro mito de desenmascarar): pensemos sobretodo en los sacrificios humanos. Investigaciones confiables atestiguan como cifras plausibles de sacrificios humanos la belleza de 50000 víctimas anuales (al menos en ciertos años). Basta mirar cualquier imagen de las divinidades aztecas para darse cuenta de la ferocidad sanguinaria que de ellas emanaba. No es casual que los pueblos sometidos por los aztecas, quienes les proporcionaban el “material humano” de tales sacrificios, se mostraron muy complacidos de poder unirse con los españoles para liberarse de un yugo tan inhumano, contribuyendo de forma no secundaria a la victoria española.
A propósito, relacionamos un trozo.
“Acomodados todos y seis delante del ídolo, doblaban la rodilla y se hacían entorno a la piedra piramidal convexa que (…) estaba delante de la puerta de la cámara del ídolo. Esa piedra era totalmente curveada, en ella colocaban de espaldas a quien debía ser sacrificado, su cuerpo se doblaba dos, de manera que al dejar caer el cuchillo sobre el pecho, este se le habría fácilmente por la mitad. Dispuestos estos sacrificadores en orden, cogían a todos los que capturados en guerra, se destinaban al sacrificio con ocasión de la fiesta y detrás de muchas personas armadas, les hacían subir por unas gradas largas hasta la palizada, todos en fila y completamente desnudos. Enseguida descendía un dignatario del templo, nombrado para llevar a cabo esa tarea y portaba en sus manos un pequeño ídolo (…) lo mostraba a quienes se aprestaban a morir.
Luego todos se iban tras el y llegados al lugar donde los sacrificadores estaban listos, estos últimos cogían a sus víctimas humanas, una a la vez: dos la cogían de los pies, dos de las manos y luego la colocaban boca arriba en la llamada piedra angular mientras que el quinto sacrificador colocaba en la garganta de la víctima el collar de madera. Por tanto, con extraordinaria rapidez, el sumo sacerdote le abría el pecho, le sacaba el corazón con las manos y lo mostraba al sol. Se volvía hacia el ídolo y le roseaba el rostro con sangre. En cuanto la piedra del sacrificio era colocada cerca de la escalera, que no distaba más de dos pies del primer escalón, el cuerpo del sacrificado bajaba rodando por las gradas del templo con gran facilidad: era suficiente un puntapié para hacer rodar los cadáveres. Y de esa manera sacrificaban los prisioneros de guerra. Una vez que los cuerpos de los prisioneros llegaban a la base de la escalera, quienes los habían capturado los cogían, se repartían su carne y la comían, y así se celebraba la festividad.
Por pocos que fuesen los sacrificados, eran al menos cuarenta o cincuenta por vez, pues había guerreros muy hábiles en el capturar a los enemigos (…) Terminados los sacrificios, enseguida unos jóvenes salían del templo preparados como ya se ha dicho, todos en orden y en fila los unos frente a los otros, y danzaban y cantaban al son de un tambor con ocasión de la solemnidad y en honor del dios que celebraban. A su canto respondían todos lo nobles, ancianos y los iluminados, danzando en el círculo formado por ellos, haciendo de esto un gran espectáculo a los ojos según sus costumbres, teniendo siempre en medio niños y niñas. A tal espectáculo asistía toda la población. Este día, el día del dios Huitzilopochtli era una fiesta de precepto muy observada en toda la región.”

5. ¿Genocidio?

Algunos libros escolares, por fortuna pocos y poco difundidos, hablan de genocidio a propósito de la implosión demográfica que se dio inmediatamente después de la colonización de América latina.
Aquí es donde realmente cae la farsa: ¿Cómo podría la población mexicana estar compuesta en un 90% por descendientes (puros o mestizos) de los antiguos amerindios si los españoles hubiesen querido “exterminarlos”?
¿Y con base en cual teoría habrían debido programar tal exterminio? No estaba Mein Kampf en circulación, sino en ideas que hablaban de conversión, de bautismo, de una nueva civilización creada con los pueblos amerindios pero no contra o sin ellos.
Por otra parte si el intento de los españoles hubiese sido el de exterminar a los indígenas, es impensable que estos, que eran millones, se hubiesen quedado mirando a aquellos que eran unos pocos miles.
La verdad es que no hubo ningún genocidio. Y en efecto ningún historiador serio habla de ello. Un historiador autorizado como Franco Cardini, ha precisado que el número de amerindios voluntariamente asesinados por los españoles (en la época de la conquista) se puede contar no en términos de millones, ni de miles, ni decenas de millones sino en términos de “algunos centenares” (entrevista en Il Sabato, num. del Meeting 1992, pp. 5/12).
¿Hubo un colapso demográfico? Si, pero es difícil evaluar con exactitud su magnitud (se “disparan” cifras que no se pueden verificar y que casi seguramente son exageradas, como aquel cálculo según el cual se pasó de más de setenta millones a menos de cinco millones en todo el continente).
Lo que si es cierto es que no hubo una voluntad de exterminio por parte de los españoles. No solo su cultura lo hacia algo impensable, sino su mismo interés económico hacía contraproducente y absurda tal política. Exterminar la mano de obra nos corresponde a ninguna lógica.
Entonces ¿Por que hubo un colapso demográfico? Sobretodo por el “shock microbiano”, puesto que los indígenas no estaban en capacidad de sobreponerse a enfermedades que para los europeos no eran mortales (como el sarampión y la misma influenza).
También se puede imaginar que los ritmos de trabajo impuestos por los españoles en “las Encomiendas” hayan predispuesto el organismo de los indígenas a estar más vulnerables a las enfermedades infecciosas.
Tampoco se puede ocultar que dependiendo si se es europeo, africano o indígena, la tolerabilidad frente a idénticos ritmos de trabajo es diferente. La cantidad de fatiga que pudiese soportar un blanco o un negro, podría ser gravemente insoportable para un indígena. En este sentido la explotación de los indígenas, sin el consentimiento de la corona española, que realizaban muchos encomenderos, es cierto que era un acto despreciable y odioso, pero no tenía la intención de provocar la muerte de los indígenas. Ese no era el interés económico de los encomenderos. Entre una encomienda y un campo nazi de concentración hay una gran diferencia.

En síntesis

Es necesario distinguir por un lado el daño a las culturas precolombinas y por otro lado el daño a los antiguos amerindios.

“Daño a las culturas” precolombinas

Ciertamente puede afirmarse que la corona española fue responsable de una brusca supresión de muchos aspectos de las civilizaciones precolombinas: aquellos relacionados con la religión, que no era solo alternativa la Cristianismo sino que era violentamente infrahumana. Sin embargo los aspectos que podían ser desligados de la religión no fueron destruidos, como lo dijimos antes .

“Daño a las personas”

La elevada mortalidad que habría sucedido inmediatamente después de la colonización española se puede atribuir casi totalmente a causas involuntarias, es decir: a) al shock microbiano, responsable de la casi totalidad de la implosión demográfica del continente, y b) un trágico cálculo de la planeación de los ritmos de trabajo, que soportables para los seres humanos hasta entonces conocidos, imprevisiblemente se revelaron como excesivos para la complexión física de los amerindios; y esta fue, junto al shock microbiano, la causa de la elevadísima mortalidad en las islas antillanas.
La corona española interviene, primero con Isabel y luego con Carlos V, para proteger a la población indígena. Su intención era integracionista: se quería hacer de los indígenas buenos súbditos de España. Ciertamente no se les quería eliminar. El mismo Cristóbal Colón, aunque era un personaje de gran prestigio, fue arrestado por comprobársele maltrato a los indígenas. Y no es casual que el emperador le diese la razón a Bartolomé de las Casas cuando se dirigió a la corona para que se hiciese justicia con los indígenas.
Por tanto los abusos que hubo se deben atribuir a la perversa voluntad de personas particulares, que llegaron al nuevo mundo con intereses rapaces, y no deben ser atribuidos a la corona española que, donde pudo, intervino para defender a los indígenas, sancionando los abusos conocidos y documentados.

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