La crisis de la "sociedad de la posesión" se vence con ...
autor: Claudio Risé (entrevista)
fecha: 2009-07-13
fuente: Risé: la crisi della "società del possesso" si vince con la rinascita dell'umano /1, /2, /3

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Hoy el mundo ha perdido el gusto a una real renovación, porque esto implica un don de uno mismo al otro y pone en juego el propio “Ego”, del yo y de todas las cosas que posee. ¿Cuáles son las consecuencias en nuestra sociedad de una tal actitud caracterizada por cierre, dificultad de relación y escasa previsión? Discutimos con Claudio Risé, psicoanalista y escritor, que ha publicado apenas el libro La crisis del don. El nacimiento y el no a la vida (San Paolo Ed., 2009, www.claudio-rise.it), una obra que trata los temas del nacimiento y el necesario renacimiento y transformación en el curso de la vida del hombre, condiciones que llevan a una auténtica renovación y desarrollo en el mundo mismo.

Prof. Risé, la primera pregunta surge espontánea: ¿existe una relación entre la importante crisis económica que estamos viviendo y el carácter de una sociedad como la nuestra, que en su nuevo libro usted ha definido "sociedad de la posesión”? ¿Cuáles son los escapes de este estancamiento?

La sociedad de la posesión produce fatalmente crisis, justo porque en ella importantes recursos, producidos por la genialidad humana, del desarrollo económico, de la búsqueda científica y tecnológica, son secuestradas continuamente por las categorías más ávidas, que acaban con destruirlos en un loco juego a la multiplicación de las rentas y de los patrimonios individuales. La actual crisis ha nacido de la destrucción de enormes riquezas, por la alianza entre la avidez de ahorradores convencidos de poder aumentar con exceso los propios patrimonios sean estos inmobiliarios que mobiliarios, y partes de una finanza sin escrúpulos que lo dejaba creer posible, para administrar los recursos.
Esta destrucción de energías nuevas ha reproducido, en campo financiero y económico, aquella destrucción de vida nueva en nombre de la defensa e incremento de los intereses y posesiones individuales, que yo pongo en mi libro a la base de la actual "crisis del don”, y de las prácticas y legislaciones abortistas. De todo eso se sale tutelando el desarrollo de la nueva vida (nuevas ideas, visiones, conocimientos y técnicas), con respecto a su reducción materialística en bienes y rentas inmediatas.

En sus páginas es trazado un trayecto que examina las imágenes respecto al nacimiento, aceptado o descartado, presentes en lo inconsciente, en el mito, y en la tradición hebreo cristiana. Se trata de una impostación muy inusual, sobre todo para aquellos lectores interesados a comprender con inmediatez y en forma concreta los fenómenos de la sociedad en que vivimos. ¿Este estudio qué cosa nos explica del hoy? ¿Y qué cosa nos enseña?

Lo inconsciente colectivo, expreso (como ha enseñado Carl Gustav Jung y su escuela) en los mitos y en los ciclos legendarios de las varias culturas, como también en la historia de las religiones, exhibe los aspectos invariantes, arquetipos, de la psique humana. Por esto, como dice la frase de Pasolini que reportó en exergo, no hay nada más concreto y actual del mito: hablando de hace mil años, desvela con sorprendente precisión el ánimo del hombre de hoy. Por otra parte, lo inconsciente colectivo también registra (y también esto Jung lo ha visto) los cambios manifestados en el psiquismo humano después del acontecimiento cristiano y la modificación de ello permitido y solicitado en las relaciones personales, en el sentimiento de amor por el otro, y de oferta de si mismo
La renovación antropológica llevada por el cristianismo tiene al propio centro un nacimiento y un regalo, aquel de Dios hecho hombre, destinado a provocar la renovación del mundo, y de cada individuo, en su vida personal. Desde entonces en adelante cada hombre y cada sociedad, puede elegir entre la renovación y la transformación de si mismo, ( el renacimiento que Jesús le indica a Nicodemo), o la defensa de lo existente. Esta segunda solución, la observación clínica lo enseña bien, comienza en realidad un proceso regresivo, y de destrucción de vida.

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Hablar de renovación y renacimiento significa también hablar de niños. Usted cita en exergo un paso de Elie Wiesel: "¿Tienes miedo de hacerte grande? Sí, miedo de hacerme grande en un mundo que a pesar de sus retóricas declaraciones, no quieren a los niños; más bien los hacen centros de su desprecio, de su falta de confianza en sí mismo, de su venganza". Efectivamente el mismo Wiesel, acompañando a Barak Obama en la visita de Buchenwald, ( el 5 de junio de 2009), ha afirmado que a pesar de los horrores de la guerra el mundo no ha aprendido todavía a garantizar la dignidad de la vida humana. ¿Comparte estas palabras de Wiesel?

Absolutamente. La reducción del ser humano a objeto y el aniquilamiento de su dignidad, continúan siendo la gran tentación a la que el hombre es sometido, y a menudo se somete. Las categorías lingüísticas y retóricas del "políticamente correcto" son funcionales a la cobertura y enmasqueramento de esta realidad dramática. El hombre está listo a matar al otro hombre, al niño que nace, las ideas, la personalidad o el carácter de otra persona (como cotidianamente ocurre en la lucha política), con tal de no cambiar, para afirmar aquello que cree que sea su propio interés.

Tratando el tema de la relación entre hombres y mujeres Usted afirma que el niño que nace es una figura decisiva para el desarrollo lleno del amor en la pareja. ¿En qué sentido?

El amor entre los dos siempre solicita la abertura a un "tercero" para extenderse completamente. Del punto de vista transcendente se trata, naturalmente, de Dios, que instituye el amor mismo, con su amor creativo, al cual hace falta quedar abiertos, e dirigidos. En la dinámica de la pareja el tercero es también el niño (los niños) y puede extenderse a los hijos simbólicos de la pareja: las ideas, las iniciativas, las obras.

De lo que Usted dice en su obra el proceso de secularización ha tenido un papel negativo en la relación de amor entre el hombre y la mujer, y en particular sobre el matrimonio. Una pregunta provocadora: ¿en un mundo sin Dios de verdad no es posible el amor entre los individuos?

El hecho es que, por suerte, no basta con negarlo, para hacer desaparecer a Dios. Muchos ateos hacen en realidad referencia a un principio superior, de bien, que ellos viven interiormente como la personalidad religiosa vive a Dios. Ciertamente cuando la negación se pone sistémica, como ha ocurrido en los totalitarismos comunista y nazi, el amor entre las personas tiende a ponerse problemático, y a ser reemplazado por la obediencia al Partido. Aquello continúa todavía hoy, por ciertos aspectos, en las subculturas políticas que hacen referencia a aquellas realidades.

Según lo que Usted escribe en el libro La crisis del don, muchas mujeres, que dieron vida al movimiento feminista en los años '70, están dándose cuenta hoy de la necesidad de una renovada relación entre hombre y mujer. No sólo: también el movimiento de los hombres, presente en muchas formas también en Italia, se habría metido a la búsqueda de una nueva visión. ¿Cuáles son los motivos de estas tendencias? ¿Y cùales los posibles resultados?

Sea el desengaño feminista, que documento através de una serie de textos y posiciones conocidas y acreditadas, sea el movimiento de los hombres, al cual siempre he dedicado mucha atención, son realidades ya afirmadas desde los años '90. Por lo tanto, más que de tendencias hablaría de transformaciones en curso de tanto tiempo, aunque menos visibles también por el predominante silencio reservado a ellas por las comunicaciones de masa. Que prefieren el monstruo (o la estrella) en primera página, en lugar de la información sobre la sutil y profunda transformación de las conciencias, inquietante también para los mismos operadores de la comunicación de masa, en gran parte devotos justo a aquella sociedad secularizada de la posesión, de la cual justamente estamos hablando.

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En un anterior libro suyo Felicidad es consagrarse. Contra la cultura del narcisismo y por el descubrimiento del otro (Sperling & Kupfer, 2004) ha observado que las principales víctimas de la sociedad de la posesión son los jóvenes "constantemente asustados por la representación del mundo como penuria" a menudo subrayada por el sistema mediático. ¿Cuáles consejos les daría a estos jóvenes, que expresan no raramente sus miedos aún en los temas desarrollados en las aulas escolares?

"No tengan miedo", como no al azar lo han repetido muchas veces los dos últimos Papas. La sed de posesión se alimenta de la cultura (muy difusa también en entornos católicos, porque de "impacto”) que subraya la necesidad respecto al don, la penuria respecto a los recursos, el miedo respecto a la confianza, el malestar respecto al placer. Jesús está agradecido y feliz por el hecho de que el cántaro con el aceite precioso sea versado a sus pies, es el don que aumenta nuestros recursos, es esparcir el cántaro que garantice la provisión continua. Sean generosos: cada placer profundo empieza, y continua, en el regalo.

No faltan en todo caso los jóvenes que se comprometen con convicción para defender una visión de la vida portadora de renovación, dignidad y felicidad. Basta con pensar en todos los que están ocupados en el ámbito de los movimientos pro-vida. ¿A todos estos jóvenes cuál camino sugiere para un mejor éxito en sus metas?

¡Ya me parecen estar sobre el camino, a lo mejor más que yo! La defensa de la vida es un camino, que emana potentes fuerzas de renovación. Que hay que alimentar siempre, con la devoción al amor, y a la belleza.

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