La educación moderna. ¿Especialistas de la nada? /2
autor: Sergio Belardinelli
Docente de Sociología de los Procesos Culturales y Comunicativos en el Alma Mater Studiorum Universidad de los Estudios de Bolonia
Giorgio Israel
Docente de Matemática en la Universidad La Sabiduría de Roma
Alberto Savorana, (moderador)
Portavoz de Comunión y Liberación
fecha: 2012-08-24
fuente: L'educazione moderna: specialisti del nulla?
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La natura dell'uomo è rapporto con l'infinito", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "La naturaleza del hombre es relación con el infinito")
traducción: María Eugenia Flores Luna
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ALBERTO SAVORANA:
Yo sólo subrayo un pasaje de esta rica ponencia del profesor Belardinelli, que es un pasaje que me parece particularmente relevante y decisivo, porque es aquel en que el profesor ha descubierto la fuente, el inicio de aquella situación por la que hoy se habla de “nihilismo trágico y divertido”, cuando ha dicho que “el sujeto moderno quiere ser individuo, quiere emanciparse de cualquier vínculo”. Hoy nosotros podemos decir que la historia, la historia de estos siglos ha demostrado, con hechos, la falsedad de esta pretensión. Este individuo que se ha pretendido libre, desligado de cualquier vínculo, no existe, porque el hombre por su naturaleza es ‘relación con’. He aquí entonces que vuelve el título del Meeting de este año. Este individuo que pretendía poseer todo se encuentra abatido, como decía el profesor, en el miedo paralizador con respecto a la vida. Ahora escuchamos al profesor Israel.

GIORGIO ISRAEL:
Por algún minuto les pareceré fuera de tema, pero quisiera citar una lectura que he hecho en el verano. He leído un antiguo libro, un libro de un místico judío de la España del siglo once, Bayha ibn Paqûda, titulado Introducción a los deberes del corazón. Es un libro que esencialmente es dirigido al reclamo de una visión espiritual de la religión, contra las desviaciones de carácter materialista que dan demasiada importancia a los deberes materiales con respecto de aquéllos espirituales. En efecto Paqûda dice: el hombre es alma y cuerpo y esto significa deberes del alma, deberes del cuerpo, deberes prácticos que aun la religión pide. Él observa que los deberes del alma son mucho más numerosos e importantes de los del cuerpo, porque los del cuerpo, dice, son intermitentes, mientras que los deberes del alma nos acompañan de modo absolutamente continuo, como amar a Dios, tener confianza en Él, amar al prójimo como a sí mismo, amar al extranjero como al prójimo.
¿Por qué lo cito? No quiero hablar de este libro, porque este libro fue traducido durante la segunda guerra mundial y luego publicado enseguida después por un célebre estudioso judío André Chouraqui y por un igualmente célebre intelectual católico francés, Jacques Maritain. En esta edición se relata cómo fue hecha esta traducción: Chouraqui en la Francia ocupada por los nazistas participaba en la Resistencia e cumplía acciones, volvía en la noche y cada noche traducía alguna página de este libro. Parece casi una disonancia.
En la introducción del libro él dice: “Teníamos que enfrentar la explosión más inimaginable de odio que hubiera ensangrentado el mundo y nuestro deber era oponerle sólo nuestras fuerzas y nuestra voluntad de amor. Durante viajes incesantes, entre montañas y selvas […] la meditación de la obra que yo traducía iniciaba a las disciplinas interiores probadas por el testimonio de los mártires y de los santos. Bayha enseñaba la gran paciencia a las fuentes del ser, donde la unidad triunfa sobre todas las violencias, la unidad del amor más potente que los frutos amargos de tantos muertos. Al retorno de cada misión hallaba la página por completar, madurada en la acción cotidiana”. He aquí porque he citado esto, no está fuera de tema y explico enseguida porqué. Me he preguntado, frente a un ejemplo como éste, ¿cómo es posible afrontar una crisis dramática sin un alimento espiritual, sin un alimento del significado de la existencia? Es ésta la lección que se nos da, es decir no el hombre material solamente, lo que Husserl llamaba el “mero hombre de hecho”, puede vencer una crisis, sino la persona, síntesis de materialidad y espiritualidad, síntesis de deberes práctico-éticos y deberes morales. Sólo la persona puede afrontar una crisis.
Ciertamente, nosotros no vivimos una crisis comparable a aquélla e incluso vivimos en un período que en cierto modo, desde el punto de vista del drenaje de moral que lo invade, no es menos grave y, tanto para establecer algunos enlaces, no es por captatio benevolentiae que yo citaré una frase de don Giussani, sino porque me ha venido a la mente una interacción justo cuando el amigo Savorana me pidió un artículo para Atlantide, me mandó algunas citas de don Giussani y ésta me conmovió mucho: “Cuando se estrecha a nuestro alrededor el cerco de una sociedad adversa hasta amenazar la vivacidad de nuestra presencia, y cuando una hegemonía cultural y social tiende a penetrar en nuestro corazón y agrava nuestras habituales vacilaciones, ha llegado el tiempo de la persona”, es decir la persona como respuesta a esta crisis. Don Giussani habla de la autoconsciencia, de una “percepción clara y amorosa de sí mismo, cargada de la conciencia del propio destino” por tanto el tiempo de la persona como respuesta a una crisis.
¿Pero todo eso no tiene que ver justo con la educación, porque no es quizás la educación el acto más importante con que una sociedad se auto perpetúa? ¿Y cómo se puede afrontar el tema de la educación si no como un problema de relaciones de personas? ¿Y cómo puede enfrentarse una crisis educativa si no poniendo en juego el momento de la persona, la definición de su destino, de los fines espirituales que localizan y conducen este destino?
¿Y tiene sentido afrontar en cambio este tema y esta crisis, en vez de en términos de personas, de relaciones de personas, y de objetivos de personas, hablando de capital humano, concibiendo la instrucción como un incremento mensurable, un “valor añadido” del capital humano, a lo mejor medible como una utilidad marginal?
¿Verdaderamente pensamos que con esta visión de la educación y de la instrucción nosotros podemos superar una crisis, reduciéndola a un problema de carácter económico? Pero por otro lado, ven, todo ocurre, porque a este economicismo, a este formalismo, corresponde una tendencia cada vez más fuerte, que no está, atención, en el ánimo de los educados, es decir de los jóvenes, que piden otra cosa, pero se da muy seguido en el ánimo de malos educadores; una tendencia que francamente aflige también a quien, como nosotros, desde hace mucho tiempo enseña y ve esta degeneración, es decir un creciente desinterés por los contenidos, un creciente desinterés por la cultura, por el conocimiento y un interés exclusivo por los métodos, por las técnicas. Y entonces todavía pongo aquí una pregunta: ¿pero para qué existe el proceso de la instrucción si no para transmitir y ayudar a adquirir con las propias piernas ambas cosas? ¿Y la transmisión de qué? De conceptos, de contenidos, de conocimientos, de cultura, de aquel conocimiento que es instrumento de libertad. Nosotros damos el conocimiento para la libertad. Yo te doy este conocimiento, te doy los instrumentos para reforzar tu conocimiento y luego decidirás hacer lo que quieras - como dijo Pico della Mirandola - descendiendo también, si quieres, a un nivel bestial o bien aquel de expresar al máximo tu libertad. El conocimiento como instrumento de libertad, ¿pero sin esto qué queda? La cáscara vacía del método del conocimiento. El proceso de la instrucción y más en general de la educación es destruido simplemente si es reducido a técnicas de aprendizaje. Ven, allá abajo hemos escrito el tema del Meeting de este año, “La naturaleza del hombre es relación con el infinito”. Bien, yo, como se ha dicho en la presentación, yo soy un matemático, aunque más un historiador de la matemática. Un gran matemático del Novecientos dijo: la matemática es la ciencia del infinito. El problema de la enseñanza de la matemática es un problema educativo de instrucción central, no se hace otra cosa que hablar y decir que la matemática es cada vez más central pero que desdichadamente ella se sabe cada vez menos, que es siempre más detestada, que es la materia más odiosa, repelente, antipática y ¿cómo salir de todo esto, visto que este instrumento, así fundamental, es al mismo tiempo tan repelente?
Es justo un tema sobre el cual, también junto a mi mujer Ana Millàn, he escrito un libro, fruto de años de reflexión. Hemos intentado dar una respuesta al problema de la enseñanza de la matemática. Según nosotros de modo simple, devolviendo la matemática a la cultura, es decir dando a entender cómo la matemática es una de las tantas grandes empresas intelectuales del hombre, que se enlaza con la filosofía, hasta con la teología y que sólo así puede ser entendida.
Del resto - volvemos así al tema del infinito -, la matemática, más que la disciplina que sirve para hacer las cuentas de las compras, a calcular cuánto cuesta el seguro del coche, a hacer la declaración de la renta o cosas de este tipo, la matemática, ante todo, es la disciplina que ha desafiado el tema del infinito, que es en el fondo el tema central, que más nos intriga, si lo pensamos, desde cuando ha nacido la reflexión filosófica y teológica: ¿cómo es que el ser humano, ser finito, logra pensar en el infinito, y verdaderamente puede pensarlo hasta el fondo?
Un estudio profundo y no meramente práctico de la matemática conduce justo a esta pregunta, en definitiva no resuelta, si no en este sentido: que la matemática en práctica ha logrado manipular el infinito mostrando al mismo tiempo la imposibilidad de dominarlo. Por eso, ella contribuye a hacer entender cómo la característica paradójica del hombre sea intuir y pensar el infinito incluso quedando irreductiblemente separado de ello, de su completa adquisición. No piensen que ésta sea la vía justa para hacer atractiva una materia repelente; luego las técnicas vendrán, si el interés y la pasión existen. Si en cambio se cree que la matemática tenga que ser adquirida reduciéndola a práctica, a cálculos de la vida cotidiana, entonces tenemos aquella matemática que denigraba Benedetto Croce, aquella escuálida contrafigura de la matemática que es llamada “la matemática del ciudadano”, tan en boga en la pedagogía de hoy. Si se hace esto, irá cada vez peor, será una cosa siempre más repelente y cada vez sabremos menos y cada vez menos también sabremos calcular. ¿Por qué he hecho este ejemplo? Porque éste es el ejemplo de un modo para transformar una enseñanza de contenidos, de conceptos, de conocimientos basados en el interés y la pasión, en una técnica, en una cosa vacía.
Y sobre esto hoy pontifican personas que a lo mejor no entienden nada y no saben nada de esta forma de conocimiento, sin embargo son doctos en otra ciencia. Cuánto se usa hoy el término ciencia para cosas que con la ciencia no tienen nada que ver, es decir ¡la técnica del aprendizaje! He aquí, exactamente los científicos de la nada. En realidad es una pseudociencia que es practicada por un ejército de expertos de la nada, que sin embargo es revestida de método. En nombre de un enfoque técnico se destruye el único motor auténtico del proceso educativo, que es la pasión y el interés.
Y he aquí porqué hoy asistimos al abandono progresivo, a la denigración también, a veces hasta al linchamiento, digámoslo, de todas aquellas personas que, dotadas de cultura y de conocimiento, reivindican la importancia a favor de los expertos, los que, curiosamente, no tienen que dar cuenta nunca de sus competencias para esta paradoja, porque siendo expertos y basándose solamente en la metodología, en las técnicas, no tienen que responder a nadie. Por lo cual, hoy, existe aquélla que es llamada ya comúnmente la dictadura de los expertos, la dictadura de la tecnocracia, los dictadores de los test, los que reemplazan la evaluación de mérito con la estadística, con las estadísticas. Hemos visto, por lo demás, en los hechos - Savorana también lo señalaba antes - qué cosa da todo esto.
Siempre para entrar apenas de pasada en la actualidad, se ha citado este increíble hecho de los test de aprendizaje formativo activo, en los cuales se ha dado la realización del conocido proverbio, reducido a muchos dialectos, según el cual el parche es peor que el agujero, y por eso lo han arreglado haciendo aún peor. Piensen en el concurso para los dirigentes escolares, con aquellos centenares de preguntas de las que el Ministerio mismo ha reconocido que gran parte, hasta el 30 por ciento, hay que eliminarlas. ¿Y qué decir de los test de admisión en la universidad? En muchos casos, ustedes creo lo saben, los test de admisión ya no los hacen tampoco los profesores en la universidad, son encargados a empresas privadas y no se sabe quién los prepara, y en base a cuáles competencias. Pero no importa, son expertos calificados, no se sabe cómo y por quién.
Vean, hace días he leído una entrevista a un Presidente emérito de la Corte Constitucional, Valerio Onida, que ha hecho un recurso contra una de estas evaluaciones numerológicas, las que señalaré enseguida después de un momento, y observaba esto: en general las evaluaciones tienen que hacerlas las comunidades científicas o profesionales de referencia, no delegadas a expertos que comúnmente a menudo son de nombramiento político y aun de nombramiento político no transparente. He aquí, esto parece hoy completamente abolido. Las evaluaciones no las hacen las comunidades científicas de referencia, ya no las hacen los profesores universitarios, ya no las hacen los profesores en las escuelas, las hacen otros, las hacen, precisamente, los expertos, que son hoy comúnmente economistas de la escuela, esta curiosa nueva especialización o bien los estadísticos, noble profesión, pero que dudo que sola logre dominar el entero conocimiento, o bien también otras curiosas invenciones como, por ejemplo, que podrían hacer parte de una parodia como los expertos de gestión de sistemas complejos, cosas de este tipo, son éstos los que evalúan a los que conocen. Todo esto en nombre de un mito de la objetividad. Ven, la ciencia se tergiversa, la ciencia ya no existe, sino hay una técnica que, en nombre de la objetividad, evalúa el conocimiento.
Leí justo anteayer un artículo de uno de estos economistas de la escuela, que decía: “No quiere la evaluación quien no entiende que estas cosas se pueden medir como se mide la temperatura y quien no la quiere, quiere decir que tiraría el termómetro, lo rompería”. Es trágico que lo diga luego un profesor universitario, quienquiera tenga un mínimo de cultura científica sabe que hasta la temperatura no era considerada una magnitud medible, hasta que la física no ha descubierto la temperatura absoluta, imagínense la cultura, imagínense los conocimientos.
¿Cuál es la unidad de medida de los conocimientos? La unidad de medida de longitud es el metro; si nos ponemos de acuerdo los que estamos aquí para medir esta mesa conseguiríamos, si no erramos, el mismo resultado, porque tenemos un metro que es definido según los estándares del oficio internacional de órdenes de las medidas. ¿Cuál es el metro de los conocimientos? Los test, como me contestó una vez uno de estos expertos. Bien los test los hacen las personas: para uno es bueno, para el otro es malo. Yo por ejemplo he reputado muchos test INVALSI como pésimos, otros los han defendido. Es discutible, pero ciertamente no es objetivo como un metro.
Sin embargo este engaño de la noción de objetividad va adelante. Cito aún un ejemplo: justo el día de “Ferragosto”, la Agencia nacional para la evaluación de la universidad y de la investigación - ANVUR - nos ha dado las así llamados medianas - no insisto, quien conoce un mínimo de estadística quizás sabe qué es - que son aquellos números, calculados sobre las citas de los trabajos científicos, en base a los que se decide si un profesor puede entrar en una Comisión de concurso, o bien un candidato puede presentarse, si es menor no puede. Bien, el resultado por ejemplo es que la comunidad científica a la que pertenezco, los historiadores de la matemática, estando entre los matemáticos y los humanista y por tanto publicando, sobretodo, libros que no vienen nunca evaluados, porque no están en la base de datos de las sociedades privadas internacionales que hacen este género de medida, ahora bien nuestra comunidad ha sido cancelada: nadie podrá presentarse como funcionario y tampoco como candidato y más bien yo mismo, lo digo sin vergüenza, por los parámetros que han puesto, a pesar de todos mis trabajos, no podría presentarme tampoco en un concurso, porque todo lo que he hecho no está catalogado. Como ha dicho un colega, nosotros serenamente esperamos que el Ministerio nos mande una carta en que declare que no estamos aptos para entrar en una Comisión de concurso para fijar esta carta enmarcada en el estudio como un título de honor. Éste es el nivel. Hoy todo esto es promovido por una curiosa alianza entre un dirigismo estatal, que se anida en el Ministerio y esta corte de los expertos que gravitan alrededor de este dirigismo estatal. Burocracia ministerial y dictadura de los expertos están produciendo en Italia formas de dirigismo estatal sin precedentes. Ésta es una cuestión que hay que decir como una denuncia civil y les explico por qué. No es que los procedimientos de evaluación numérica no se hagan en el extranjero, se hacen y cómo. En los Estados Unidos los han inventado, pero quien tenga un mínimo de buena fe se puede informar, en los Estados Unidos hay un debate muy amplio sobre esto, al punto por ejemplo de que algunas comunidades científicas - matemáticos, ingenieros - han dicho recientemente que se oponían al uso de la evaluación numérica, bibliométrica, a costo de ser despedidos. Hay un debate y como los Estados Unidos son un País basado en la estructura privada, en la iniciativa privada y las universidades son comúnmente - también las mejores - privadas, una la usa, una la usa en un modo, una en otro, una no la usa, una asume en cierto modo, en fin hay un pluralismo extremo. En Australia la bibliometría ha sido eliminada; en Francia, que es un País en que todo eso controlado por el Estado, no hay. En Italia - y será el primer País en el mundo en que el Estado usa estos criterios de carácter estadístico para evaluar el conocimiento, la cultura, la universidad y la escuela - es algo que tampoco en la Unión Soviética ha sido hecho.
He aquí porque digo que ésta es una forma de dirigismo estatal, sin precedentes.
En los minutos que me quedan yo concluyo con una reflexión que, aun ésta, puede parecer extraña y en cambio tiene un enlace preciso con lo que he dicho hasta ahora, que titularía: defendámonos del materialismo. Sea bien claro, esto no quiere decir que uno no tenga derecho a ser materialista, cada uno tiene derecho a ser lo que quiere. Puede parecer extraña esta frase. Parece o que yo quiera poner en tela de juicio la legitimidad de ser materialistas o de decirse tales, o bien que yo quiera aquí ponerme a levantar problemas filosóficos, quizás insolubles, que van adelante desde cuando el hombre existe. Pero el problema es precisamente éste: defendámonos de la filosofía de Estado del materialismo. Éste es el problema. Cada uno tiene derecho a ser como quiere, pero, como no tiene que existir una filosofía de Estado espiritualista, no tiene que existir tampoco una materialista. El cientifismo de hoy, la tecnocracia, el materialismo como filosofía de Estado, como ideología existe, lo tenemos encima, hay esta tendencia a tratar de hacer avergonzar a quienquiera que no acepte ciertas metodologías, que son definidas a priori - no se sabe por qué - como científicas, porque viene enseguida imputado de ser contrario al método científico, contrario a la objetividad, contrario al mérito y a la meritocracia. Paréntesis: desde hace tiempo me he convencido que quizás debamos adoptar - visto que las palabras precisamente son piedras - la buena costumbre de hablar de incentivación, de promoción y de premio al mérito, pero a lo mejor no de meritocracia, que es una palabra un poco antipática, porque meritocracia es el gobierno de los que tienen el mérito. No me gusta mucho como idea, mucho mejor es decir promoción al mérito. Cerrado el paréntesis.
Recuerdo la frase inicial que he citado de don Giussani, cuando hablaba de la hegemonía cultural que se estrecha como un cerco de una sociedad adversa alrededor de nuestro corazón y agrava nuestras habituales vacilaciones; aquello de lo que he hablado hasta ahora es exactamente este tipo de hegemonía cultural. Hegemonía cultural que, siendo promovida a nivel estatal, está convirtiéndose en una filosofía de Estado. Éste es el problema.
Hoy decir: no acepto el tipo de evaluación bibliométrica, no acepto la educación como tecnología de la instrucción, no acepto esto, no acepto aquello, significa escuchar: eres un retrógrado, eres incluso un enemigo de la instrucción, eres una persona que hay que desechar. Esto que en el debate lo se pueda decir, yo lo acepto plenamente. Que esto se convierta en una ideología de gobierno, una ideología de Estado, ésta es una cosa extremadamente peligrosa.
En particular, la última cuestión que quiero tocar, cuando hablo de materialismo también hablo con razón, porque hoy en día otra cosa que parece haberse convertido en una verdad indiscutible, es que para ser racionales, avanzados y científicos, cuando se habla de educación, también hace falta hablar en términos de cerebro, de neuronas y de sinapsis. Ahora, sé que ha habido aquí un debate sobre estos temas, he leído los informes, me parece muy interesante. Bien yo querría decir que naturalmente también éste es un problema filosófico famoso, antiguo, pero - cada uno tiene el derecho de pensarla como quiere, nadie quiere denigrar las neurociencias, faltaría más - es igualmente evidente que tenía razón el célebre filósofo cristiano Paul Ricoeur, cuando decía: es muy interesante saber lo que ocurre en el cerebro cuando se piensa, pero el cerebro es un objeto de conocimiento, no es un sujeto, es un objeto de la ciencia y hablar de cerebro que piensa, Ricoeur decía, es un oxímoron, tanto es verdad que Aristóteles, San Agustín, Maimónides, Galileo, Newton, para citar algunos, han razonado muy bien sin saber que existieran neuronas y sinapsis. Yo no necesito tampoco saber que tengo un cerebro para razonar. Yo no necesito saber que tengo un cerebro para razonar; razono y luego entre mis razonamientos también está el estudio científico del cerebro, con toda su nobleza, que es aquélla de las neurociencias, pero transformar las neurociencias en la verdad del pensamiento es disolver la filosofía, la teología también, porque cuando se habla incluso de las estructuras neuronales en que habría la idea de la transcendencia significa destruir, disolver teología, religión, etc., en las neurociencias.
Bien éste no es sólo un proyecto desastroso - porque lo es de hecho, basta con estudiarlo a fondo para darse cuenta - sino es un proyecto que seca el terreno de un enfoque grávido de contenido y significado y aquí pienso en las tentativas de solucionar los problemas de la enseñanza con las neurociencias, de las que no sale nada, salvo inflar aquel dramático fenómeno que es la medicalización de la instrucción, que está transformando demasiadas dificultades de aprendizaje en patologías a veces dudosas, a veces de fundamento inconsistente, como una que puedo decir - lo digo por competencia directa - como la discalculia, que es una invención completa. Y eso no significa decir que no existan los problemas de desabilidad, sino es una ofensa a la auténtica desabilidad llegar al punto de empezar a ampliar el grupo de niños que tienen problemas al 5, al 10, hasta el 15 por ciento, en ciertos casos, de enfermos, de personas perturbadas, de personas en que el problema del aprendizaje es transformado en un problema de carácter médico-sanitario. Ésta es una fuga de las responsabilidades, ésta es otra destrucción de la educación. Fuga de las responsabilidades, renuncia, es un rendirse, es el rechazo de afrontar también con el amor y la competencia aquellas dificultades. El profesor que a la primera dificultad enseñando las tablas de multiplicar enseguida dice que el niño es un DSA, como se dice, uno que tiene problemas de aprendizaje o la familia que, de inmediato a la primera dificultad, enseguida pide el diagnóstico de esto, están cometiendo algo grave, cometen una fuga de responsabilidad, un rendirse, una pereza, una falta de voluntad de afrontar, repito, con amor y competencia lo que puede ser solucionado por tal vía. Lo que no puede ser solucionado se afronta con otros medios, con todo el amor y el respeto que se le debe.
Concluyendo, si queremos salvar la educación, hacer que la educación contribuya a vencer la crisis, hace falta poner al centro el conocimiento, el interés, la búsqueda del significado, la pasión y sobre todo remarcar que el centro de la educación tiene que ser la relación entre maestro y alumno. Aún aquí recordaré que don Giussani ha escrito bonitas palabras sobre la educación por testimonio, explicando como gran parte de lo que nosotros aprendemos, lo aprendemos por testimonio y que sería ridículo pensar en reconstruir todo el conocimiento solos. Muchas experiencias de física se dice que son verdaderas, yo lo acepto, porque el testimonio que se da de que son verdaderas es confiable. Lo que dice en general don Giussani también es verdad para la física, para la biología etc. Nadie puede pensar en ir a verificar de nuevo todo aquello que ha sido hecho. La educación sin el testimonio sería, cito precisamente a don Giussani, moverse en un metro cuadrado, no hacer nada, sería destruir en realidad el conocimiento.
Sin el testimonio de un maestro, de un maestro sobre cuyos hombros apoyarnos, nosotros no iremos a ninguna parte, aunque, naturalmente, los maestros son los que son capaces de adiestrarte a moverte con tus piernas, transmitiendo conocimiento. Luego la educación es en primer lugar testimonio y concluyo con esta pregunta: ¿cómo puede existir un testimonio que no ofrezca contenido y búsqueda de significado?

ALBERTO SAVORANA:
También doy las gracias al Profesor Israel por su contribución, porque, como ven, si la pretensión del individualismo, de un yo aislado, produce el nihilismo del que hemos hablado, la reducción de la realidad a la apariencia, su medida entendida de manera materialista, produce una disolución del pensamiento, una pérdida del yo y, últimamente, desde el punto de vista del adulto, una fuga de las responsabilidades.
He aquí, nosotros estamos agradecidos al profesor Belardinelli y al profesor Israel porque su trabajo ya está al inicio la documentación que esto puede no ser y no es el resultado unilateral de la educación, también hoy frente a un desafío epocal, tanto que no se realice la profecía del filósofo Kierkegaard, que hace algún siglo decía: “Cada comunicación de verdad se ha vuelto para todos una abstracción, porque nadie tiene ya el coraje de decir yo”, es decir de afirmar esta entidad que, en su ADN, tiene inscrita la naturaleza de relación, de ser relación-con. Entonces se comprende bien porque la palabra, que ha usado al final el profesor Israel, es la gran arma de una batalla sin armas, aparentemente impotente: el testimonio, que parece la cosa más efímera, más insignificante, sin embargo es el único punto sobre el que se puede certificar una recuperación.
Entonces podríamos al final re-titular este encuentro no “especialistas de la nada” sino, rescatando el término tan vituperado por nuestros profesores, “expertos de lo humano”; pero expertos en el sentido de la etimología antigua, de expertus, es decir del que ha hecho experiencia y por eso no tiene miedo de exponerse en la relación con el otro, no pide una sumisión en nombre de cualquier principio de autoridad laica o religiosa, sino acepta el desafío de una relación, exhibiendo las propias razones, exhibiendo la consistencia de sí mismo. Por eso puede ser capaz de despertar interés, curiosidad, pasión y búsqueda de lo auténtico.
En un libro, que ha sido reeditado recientemente, de don Giussani, El milagro de la hospitalidad, hay una frase que me ha conmovido mucho de don Carrón, en el Prefacio, donde dice que la hospitalidad - pero nosotros podríamos poner en su lugar la palabra educación - “la hospitalidad [o la educación] es sin medida y es sin cálculo, es en efecto el comunicarse de algo pleno sobre el cual la vida se apoya”.
Deseémonos una miga de esta experiencia, para que podamos ser realmente expertos en la cotidiana lucha por la educación, por aquel riesgo eminentemente humano que es la comunicación de sí mismo al otro, para que haya futuro. Gracias y buen Meeting.

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