La Inquisición medieval
autor: Francesco Pappalardo
fecha:
fuente: L'Inquisizione medioevale

1. Los orígenes

Es opinión común que el tribunal de la inquisición fue el instrumento ordinario utilizado por al Iglesia Católica para combatir la herejía. En realidad, garantizar la ortodoxia es tarea en primer lugar del episcopado, el cual espera no solo enseñar la verdad de la fe, sino defenderla contra los que la asedian; además, sólo en ciertos límites es correcto hablar de un tribunal inquisitorial. En fin, se debe especificar que el mismo nombre pertenece bien sea a la institución surgida en el siglo XIII, la llamada Inquisición medieval; a la inquisición española creada por el papa Sixto IV (1471-1484), en el 1478, a solicitud de la reina Isabel de Castilla (1451-1504) y del rey Fernando de Aragón (1452-1516); y también a la Congregación de la sacra romana y universal inquisición, instituida por el papa Paulo III (1534-1549) en el 1542.
La Inquisición nace hacia el final del medioevo propiamente dicho como respuesta de la Iglesia a los excesos de los movimientos heréticos, que no se limitaban a propugnar las desviaciones de contenido exclusivamente teológico – disputas refinadas que hasta entonces se quedaban en el plano doctrinal y actuaban solo con medios espirituales- , sino que incidían mortalmente en la sociedad civil. La firme desaprobación civil contra las vejaciones de lo heréticos constriñe a las autoridades eclesiásticas a intervenir, sobre todo para controlar y para frenar una reacción nacida del pueblo y manejada, no siempre con el mismo discernimiento, por parte de los tribunales laicos, que ilusoriamente pensaban tener resuelto el problema enviando los herejes a la hoguera.
Hoy en día es difícil imaginar el profundo malestar suscitado en la cristiandad por la difusión del catarismo que, bajo la fascinación originada por la austeridad de vida de sus prosélitos, escondía una ideología subversiva. El peligro estaba representado sobretodo por la condena del mundo material, que implicaba la prohibición absoluta de procrear y, como culmen de la perfección, el suicidio ritual, y el rehusarse a prestar juramento, lo cual conllevaba a la disolución del vínculo feudal, uno de los pilares de la sociedad medieval. Por consiguiente, considerada la homogeneidad religiosa de la sociedad del tiempo, la herejía constituía un atentado no solo a la ortodoxia sino también al orden social y político. El historiador protestante Henry Charles Lea (1825-1909), un poco mas benévolo frente a al inquisición, escribe que, en aquellos tiempos, "[…] la causa de la ortodoxia no era otra que la causa de la civilización y del progreso".
La autoridad temporal y la espiritual, después de deliberar separadamente y por largo tiempo – La primera con sus tribunales, acerca de la horca y la hoguera, la segunda acerca de la excomunión y la censura eclesiásticas- terminan uniendo esfuerzos para emprender acciones en común en contra de la herejía. Por eso la inquisición medieval es definida por el historiador francés Jean Baptiste Guirard (1866-1953), como “(…) un sistema de medidas represivas, unas de orden material otras de orden espiritual emanadas conjuntamente por parte de la autoridad eclesiástica y por el poder civil para la defensa de la ortodoxia religiosa y del orden social, igualmente amenazadas por la herejía”.
Las etapas a través de las cuales toma cuerpo el nuevo organismo son:

  • Las constituciones Ad abolendam del Papa Lucio III (1181-1185), en 1184, que obligan a todos los obispos a visitar dos veces al año sus diócesis en la búsqueda, inquisitio, de herejes.
  • La institución de la llamada Inquisición “legatina” por parte del papa Inocencio III (1198-1219), que envía a monjes cistercienses a predicar en las regiones más golpeadas y a disputar en público con los herejes.
  • La constitución Excommunicamus del papa Gregorio IX (1227-1247) de 1231, en la que se nombran los primeros inquisidores permanentes, elegidos preferencialmente entre los dominicos y los franciscanos.

La cualidad constitutiva del nuevo organismo no estaba en la naturaleza de delito, ni la de la pena y menos acerca de la manera de proceder, sino en la figura del juez delegado en materia eclesiástica criminal. Por tanto no se provee la institución de un tribunal especial para una determinada categoría de delitos o de reos – en este sentido, durante el medioevo, nunca existió un tribunal de la Inquisición-, sino el nombramiento de un juez extraordinario, cuya competencia se coloca a la par de la del juez ordinario, el obispo. En fin se debe recordar que los inquisidores solo tenían competencia para juzgar a los bautizados y por lo tanto judíos y musulmanes no estaban bajo su jurisdicción.

2. El procedimiento

La inquisición, gracias a las prescripciones, siempre respetadas, de colocar por escrito las fases del procedimiento, las disposiciones y los testimonios, es una de las primeras instituciones del pasado sobre las que se dispone de tal cantidad de material que es imposible cualquier engaño histórico, bien sea con respecto a la organización, o bien respecto a la praxis adoptada. En efecto, los estudiosos que en los últimos años han empezado a explorar la imponente documentación archivística con sorpresa y se ha encontrado, con que había *tribunales dotados con reglas equitativas y procedimientos no arbitrarios, *cortes judiciales prontas para desaconsejar el uso de la tortura o para desalentar denuncias infundadas y delaciones; *organismos mucho más benignos e indulgentes que los tribunales civiles de aquel tiempo. Aunque, si bien cierta propaganda insista en el carácter ideológico y totalitario de la inquisición, es siempre más evidente el abismo existente entre los métodos propios de esta institución y los sistemas de control de personas y de manipulación de las conciencias propios de los estados modernos.

Es falsa la imagen del inquisidor feroz e ignorante: en general los inquisidores eran personas doctas, honestas y de costumbres irreprensibles, poco dadas a decidir apresuradamente la suerte del acusado y mas bien inclinados a acordar el perdón con el reo y a hacerlo regresar al seno de la Iglesia. La inquisición del siglo XIV inventa *el jurado, consilium, que permita al inculpado ser juzgado por un colegio numeroso y también otras instituciones a favor del condenado, como la *semilibertad o licencia por buena conducta y la rebaja de penas. También es falsa la afirmación según la cual se hacía un uso generalizado e indiscriminado de la tortura, pues los inquisidores del siglo XIV, a diferencia de los jueces civiles, raramente recurrían a ellas y en uso de reglas muy severas. La imaginería según la cual los tribunales inquisitoriales eran *teatro de refinadas escenas de crueldad, de *formas ingeniosas para infligir la agonía y de una *criminal insistencia para obtener confesiones por la fuerza, es el éxito propagandístico de escritores sensacionalistas que han aprovechado la credulidad de muchos.

Falsa es, en fin, la imagen de la inquisición como tribunal sanguinario. En efecto, el examen estadístico de las sentencias, de la que se deduce el bajo porcentaje de las condenas, sobre todo a la pena capital, demuestra que tales tesis son infundadas.
La inquisición tenía como fin corregir y acercar el hereje a la fe; con este fin los inquisidores imponían penitencias de orden espiritual, que daban al reo la posibilidad de enmendarse, atenuaban las penas más graves cuando revisaban y encontraban indicios de arrepentimiento; dejando a los tribunales civiles, es decir a la muerte, los reincidentes que, habiendo regresado a sus errores, hacían que se perdiera toda confianza en su conversión y en su sinceridad.
La pena capital no encontraba su rigurosa ejecución en la Inquisición y a menudo la sentencia era modificada, en claro contraste con *la infaltable ejecución del culpable por parte de los tribunales seculares y con *la crueldad de los organismos inquisitoriales en los países protestantes. Del examen de los archivos se obtiene como resultado. Por ejemplo, que en la segunda mitad del siglo XIII los inquisidores de Toulouse pronunciaron en condenas a muerte lo equivalente a un 1% del total de las sentencias emitidas. Además, los estudiosos han completado el examen de los procesos inquisitoriales de Bernard Gui (?-1331)- el dominico calumniado en la novela el nombre de la rosa (1980) de Humberto Eco y en el film del mismo nombre del cineasta Jean-Jacques Annaud, de 1986-y han constatado que sobre novecientos treinta imputaciones solo cuarenta y dos fueron dejadas a órdenes del brazo secular, mientras que ciento treinta y nueve tuvieron absolución y las demás obtuvieron penas menores, generalmente de extraordinaria benevolencia.
Alcanzados sus fines de destrucción de la herejía, la inquisición medieval decae lentamente casi en todas partes y cada vez está más sometida al control del poder secular hasta desaparecer por si sola en diversas épocas. El desarrollo más significativo y completo es el que hace la monarquía francesa, que gradualmente les va quitando a los inquisidores su competencia en materia de herejía y la confía a los tribunales reales y al parlamento; durante el gran cisma de occidente, la facultad teológica de París reivindica para sí el examen y el juicio que tienen que ver con la herejía. De esta manera, la inquisición en Francia se convierte en una sigla de la cual se apropiará el poder político y sobre el cual la Iglesia ya no tiene ninguna potestad. Los tribunales que procesan a los templarios en 1307 y santa Juana d’Arco (1412-1431) no representaban ya la verdadera inquisición, sino que eran solo expresión del poder “laico”.

3. La Inquisición romana

En el siglo XVI, frente al peligro que representaban las nuevas herejías de Martín Lucero (1483-1546) y de Juan Calvino (1509-1564), que devastaban las comunidades cristianas más florecientes de Europa, la Iglesia católica debe intervenir una vez más de manera enérgica, después de haber experimentado vanamente una actitud reconciliadora. El 21 de julio de 1542, con la bula Licet ab initio, el papa Pablo III (1534-1549) reorganiza el sistema inquisitorial medieval e instituye la Congregación de la santa romana y universal Inquisición o santo Oficio.
Sustancialmente, la autoridad de la Inquisición romana estaba limitada a los estados de la península italiana donde ha constituido un bastión infranqueable contra toda desviación doctrinal y ha defendido el patrimonio espiritual del pueblo italiano, contribuyendo a la victoria de la Contra Reforma sobre humanismo, el renacimiento y la pseudo reforma protestante.
La historia de esta institución aun no ha sido muy estudiada de modo adecuado. En efecto, el carácter anticatólico de la unificación de Italia ha revivido la polémica iluminista y la propaganda protestante que presentaban este organismo como símbolo del oscurantismo, confiriendo un carácter ideológico a la reconstrucción histórica. Un estudio riguroso de las fuentes documentales habría contribuido de gran manera a relegar los ataques más recurrentes acerca de la inquisición romana. El historiador Luigi Firpo, exponente importante de la cultura laicista, uno de los pocos estudiosos que ha tenido acceso a los documentos reservados del Santo Oficio, entrevistado por Vittorio Messsori, se expresó de esta forma: “Estoy seguro que la apertura de aquel archivo, que hasta ahora ha sido limitada por exigencias organizativas, beneficiaría mucho la imagen de la Iglesia (…). Abriendo a todos los estudiosos aquellos escritos, caerían muchos otros pedazos de la abusiva leyenda negra que circunda a la Inquisición”.
Fue reorganizada por el papa san Pio X (1903-1914) con la constitución Sapienti consilio, del 29 de junio de 1908, y reformada por el la Papa Pablo VI (1963-1978) con el motu proprio Integrae servandae, del 7 de diciembre de 1965, donde también le cambio el nombre por el de Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. La reforma modificó el procedimiento del Santo Oficio, pero confirmó su tarea primordial: “tutelar la doctrina de la fe y las costumbres de todo el mundo católico” (n. 29), sobretodo mediante la promoción de la sana doctrina.

Para profundizar: una introducción, en Leo Moulin (1906-1996), La Inquisición bajo Inquisición, traducción italiana., a cargo de Associazione Culturale ICARO, Cagliari 1992; los resultados de la renovada investigación histórica - poco conocido fuera del ámbito de trabajo de los especialistas -, en Brian van Hove S.J., Mas allá del mito de la Inquisición, en La Civiltà Cattolica, año 143, n. 3419, 5-12-1992, pp. 458-467; y n. 3420, 19-12-1992, pp. 578-588; ver también en la voz Inquisition, escrita por Jean-Baptiste Guiraud para el Dictionnaire apologétique de la foi catholique, editado entre 1911 y el 1913, traducido al italiano con el título Elogio della Inquisizione, Leonardo, Milano 1994, a cargo de Rino Cammilleri, con prólogo de Vittorio Messori y con preciosas Notas bibliográficas, redactadas por Marco Invernizzi y Oscar Sanguinetti, reseña pensada y actualizada con las corrientes historiográficas sobre el tema; y una síntesis en mi ensayo El "escándalo de la Inquisición". Entre realidad histórica y leyenda historiográfica, a cargo de Franco Cardini, 3a ed., Piemme, Casale Monferrato (Alessandria) 1995, pp. 353-371. [Toda la bibliografía aquí citada es en italiano. – NT]

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