La literatura para la infancia, ciertos y fantasiosos
autor: Renata Rava
Coordinadora Didáctica de la Escuela Primaria Sagrado Corazón de Milán
fecha: 2011-08-23
fuente: La letteratura per l’infanzia: certi e fantasiosi
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "E l’esistenza diventa una immensa certezza", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "Y la existencia se convierte en una inmensa certeza")
traducción: Juan Carlos Gómez Echeverry

Teniendo que hablar de literatura para la infancia y queriendo estar segura de lo que digo, he considerado iniciar retornando a la que ha sido cuando era niña, mi experiencia de lectura.
El primer libro que recuerdo como un encuentro significativo, a los ocho años, me abrió un mundo.
Aquella lectura fue una novedad que se introdujo en mi realidad cotidiana, lo recuerdo porque ha sido el repentino, no previsto, ocurrir de una excepcionalidad: participar en una aventura que no era mía, no vivida directamente por mí o por las personas que me rodeaban.
Leer se ha revelado así una historia en la cual estaba implicada: mi yo, mi corazón, ha sido partícipe de un mundo lejano, extraño, que poco a poco se convirtió en mío, hasta el descubrimiento de una correspondencia: en aquel libro estaba yo.
Sebastián al principio de su aventura, en La Historia Sin fin, dice: "en un libro hay una historia completa. Hay personajes que yo no conozco todavía y hay todas las posibles aventuras y proezas y batallas, y algunas veces hay tempestades de mar o bien se llega a países y ciudades lejanos. Todas estas cosas de algún modo ya están en el libro. Para vivirlo hace falta leerlo, esto es claro. Pero están dentro desde el principio. Querría saber justo cómo." [1]
Algo nuevo, desconocido para mí, llevaba en sí algo que era mío.

Desde entonces en cada libro busco esta oportunidad o, como dice Calvino, este placer [2] y catalogo así mis lecturas: aquellas en las cuales sucede esta experiencia y aquellas que me dejan indiferente, aburrida.
Los libros que recuerdo son aquellos que despiertan y renuevan mi humanidad hecha de deseos, sentimientos, razón, voluntad, afanes y miserias. Así, reconociéndome en los hechos narrados, me conozco y la lectura hace explícita y profunda la conciencia de mi naturaleza más de lo que yo misma pruebo y vivo en el afán ordinario en el que transcurro. Como Lewis observa "mis ojos no me bastan, quiero ver por los ojos de los otros". [3] Leer me hace crecer, la vida que encuentro leyendo incrementa mi persona, abre el conocimiento y mueve el ánimo.

Hoy soy una lectora apasionada, con una suerte adicional: haber recibido el regalo de una compañía de amigos y maestros que me ha indicado, sugerido y provisto sobre qué leer, por ejemplo los libros del mes. [4] Los libros se aconsejan a los amigos.
Mi experiencia como maestra y directora, en el parangón continuo con padres y colegas, es ofrecerles a los niños buena literatura, dar cuentos y libros a favor de la vida y del crecimiento.
La elección de qué se les lee a los niños o se les propone que lean, por lo tanto, es fundamental y tiene que ver con la educación del corazón. Como en tantos otros ámbitos, la tarea de los padres y del maestro es la comunicación de sí mismo, de lo que en la experiencia propia se ha madurado como esencial y que cada vez más conscientemente se desea proponer a otros.
Por esto parto de mí, de las lecturas que amo, que me despiertan un gusto, que me hacen respirar, que me hacen ver un camino posible, que contienen un atractivo vencedor.
Una maestra observa: "lo que logra atarnos a un libro es la experiencia de encuentro con algo que transmite lo que nosotros tenemos, encontramos palabras que hacen emerger nuestra humanidad y por esto marcan, se convierten en imágenes que no nos dejan. Es esto lo que les deseo para mis alumnos, encontrar libros que se les metan pegados”. [5]
Lo que el adulto propone no puede ser banal, sino que tiene que ser lo que le habla al hombre sobre los grandes temas de la vida y las cuestiones más agudas de la conciencia humana. Por lo tanto, es importante no ser superficiales, aproximados o indiferentes en la elección sobre qué ofrecer, de igual forma pienso que un niño puede y debe tener libre elección e iniciativa en su lectura personal. Es necesario, en efecto, salvaguardar y respetar la alteridad del niño, también el más pequeño, y no cerrarse entre las cuatro paredes de lo ya conocido.
Lewis, en su ensayo crítico sobre la lectura, se pone la pregunta sobre cómo reconocer un buen libro e identifica como criterio, para distinguir entre los "muchos" aquellos "pocos" que lo son, la experiencia que corresponde a la palabra gustar, la experiencia por la cual "aquello que se ha leído está constante y profundamente presente a la mente". [6]

Una certeza cimentada en lo verdadero

1. La primera exigencia humana, de la razón y del corazón, es el destino. A cada uno de nosotros le apremia saber cómo irá a terminar y deseamos que acabe bien: la expresión cierta de vivieron felices y contentos no es infantil o formal, sino que es sustancia y condición de todo actuar humano.
Es la certeza que las fuerzas del mal no prevalecerán [7], la certeza de un destino bueno, de una positividad última que triunfará sobre todo, del caballero que derrota el dragón, del bueno que prevalece sobre el malvado, de la resurrección que vence a la muerte.
La opción por la vida, por la luz en la penumbra, es contenida en mucha literatura para la infancia: las fábulas clásicas son paradigmáticas al respecto.
Tolkien sintetiza tal valor escatológico escribiendo que "el consuelo de las fábulas, la alegría de la feliz conclusión o más correctamente de la buena catástrofe, del repentino vuelco feliz, esta alegría es una gracia repentina y milagrosa, no niega la existencia del dolor y el fracaso, ella niega la derrota final y universal y en cuánto tal es un evangelium." [8]

2. En la dinámica de la vida, la persona tiene una tarea.
Las fábulas, las novelas de aventura tienen protagonistas, que puede ser tontos o superdotados, capaces de desgastarse por el ideal y de moverse con decisión: son ejemplos de moralidad. Es emblemático que en algunos libros los protagonistas cambien a lo largo del desenlace de los hechos y tomen conciencia de su real identidad: del Patito Feo a Pinocho y a Frodo. Siempre hay un viaje que cumplir, un camino que requiere una fatiga, oferta y expoliación. En otros cuentos, si bien muy leídos, crece sólo la cantidad de acontecimientos, pero no hay cambio, para el protagonista.

3. El tercer aspecto es el valor dado a la realidad material, a la circunstancia, a lo que hay o a lo que se encuentra. Cosas y personas pueden ser el recurso para el protagonista; su modo de ponerse frente a quien encuentra, por ejemplo la viejecita aparentemente insignificante, es condición para que la realidad se revele como un potente don para sí mismo. La amistad llega a ser posible donde parecía imposible y “hay siempre alguien que ayuda el protagonista a combatir contra el malvado". [9]
En el respeto y en el amor a la realidad, a sus leyes, por ejemplo en la atención a no quebrantar los límites de tiempo y espacio, se le revela al hombre la salvación.

En la literatura toma cuerpo la verdad de la realidad personal, natural e histórica.
La narrativa, las fábulas, las novelas clásicas siguen hablándonos en el tiempo, en mil hechos, de la verdad, de las exigencias últimas del corazón y de la posible realización de nuestro deseo último por el sorprendente encuentro con una excepcional presencia que se hace vecina.
"Los cuentos son verdaderos, son, en su conjunto, en la siempre repetida y variada casuística de hechos humanos, una explicación general de la vida". [10]

Una certeza afectiva

La experiencia del hombre es cierta si hay unidad entre conocimiento y afecto. Si la verdad fuera una afirmación, no sería de por sí certeza: la certeza requiere un ligamen afectivo con lo verdadero.
¿Qué ocurre en la lectura? ¿Cuál es el ligamen afectivo que hace posible una experiencia de certeza en el encuentro con la obra literaria?

1. La verdad se encuentra no como una cosa dicha, una prédica o una explicación, sino que está contenida en un trozo de vida, en un acontecimiento, en una aventura, en una historia: es una verdad encarnada.
Benson [*] en el prefacio al Amo del Mundo [**] escribe “me ha parecido que el mejor medio para expresar valores y principios que me son muy queridos y que yo creo verdaderos e infalibles, era necesario traducirlos en acontecimientos que pudiesen conmover". [11]
Esta posibilidad de encontrar una verdad de modo significativo e incidente es particularmente agradable a los niños, a todos los niños.
A este propósito Ada Negri recuerda el primer año de su enseñanza en una escuela elemental:

Gritaba, siempre gritaba, hasta el punto de ponerme ronca. Lograba endulzar la voz sólo en los fantásticos cuentos con los que gozaba calmar su inquietud: la zambullida en lo maravilloso los refrescaba, les hacía mansos como corderos; y yo aprovechaba a través del cuento, para enseñar a ellos, por sorpresa, cosas a las que no habrían, de otro modo, prestado atención. [12]

Es una experiencia compartida por muchos profesores, una maestra escribe: "ánimo, lealtad, deseo de pertenencia, reconocimiento del valor de sí, respeto último por el otro: vienen fuera palabras sin necesidad de ponérselas en boca."
Hoy hay muchos textos que se proponen afrontar explícitamente problemáticas de ecología, multicultura, integración, malestar, con el propósito de favorecer el respeto de algunos valores. Personalmente los siento ficticios y moralistas, porque ponen la atención sobre aspectos que son consecuencias de una posición humana y no valores en sí mismos. No son en general textos queridos por los niños.

2. El ligamen afectivo es, ciertamente, algo muy concreto: es la relación personal que introduce a la lectura. Es el momento esperado de la mamá o del papá que leen, de la maestra a la cual prepararle el sitio y a la cual estar muy cerca, de la compañía gratuita y libre que se intercala al trabajo del adulto y del niño.
La verdad toma voz en aquella relación: adulto y niño están juntos, comparten los mismos sentimientos; protagonista es la voz que se modula, que da peso a las palabras, que hace temer y que anima.

La narración más que en las palabras consiste en el movimiento inquieto de los ojos, en el agitar los brazos, en las actitudes de la persona que se levanta, da una vuelta alrededor por la habitación, se inclina, se levanta, haciendo la voz desganada, o bien excitada, o bien asustadiza, o dulce, o chillona, representando la voz de los personajes y el acto que ellos cumplen. Hay que tener en cuenta la mímica de las narraciones, y se puede estar seguros que sin hacer esto, la narración pierde la mitad de su fuerza y eficacia. [13]

La certeza aumenta, se desea todavía más, se desea que re-acontezca de nuevo así, en aquel modo, con aquellas palabras, con aquel ritual. En la vida de la clase, el libro de narrativa es un hilo que tiene juntos los días.
Las maestras dicen: "la lectura es un momento en que estoy segura que los niños están completamente presentes y de manera libre", "a través del libro se vive, se descubre, se teme, se reacciona, se pide ayuda, como en la vida real. Más aun, con el libro el niño vive algo que quizás no ha vivido nunca personalmente, pero que hace parte de sus necesidades y experiencias, a lo mejor también las más profundas o escondidas", "escuchar la lectura del profesor significa sentirse creados, los personajes y la historia construyen un mundo de pensamiento y visión de las cosas" y todavía más "la lectura en clase es una experiencia que va más allá de las personas, sea del niño sea del maestro, porque el libro es otra cosa para ambos". [14]
El niño que escucha es eficazmente descrito así:

Alguien habrá notado con cuál hipnótica lentitud pestañea un niño que escucha a un anciano re-evocar… su expresión no es de hilaridad. Hay en él una tensión inmóvil como cuando los animales mudan, como los insectos en metamorfosis: es quizás similar a los ruiseñores en pleno canto que, se dice, tienen una fuerte temperatura y el plumaje todo desgreñado: Él está creciendo, en aquellos instantes; está bebiendo con deleite y tremor la fuente de la memoria: el agua fúlgida y oscura de la cual tiene vida la percepción sutil [15]

3. La lectura es unión afectiva porque estoy yo, niño, que leo, la lectura me toma ("no escucho a mamá que me llama", "si leo no tengo necesidad de beber, de comer") [16], me mueve en mí algo.
El ensimismamiento (“siento la voz de los "personajes") y el juego que sigue de ello, el dibujo no solicitado expresan la necesidad de apropiarse precisamente, de establecer un nexo entre sí, el propio contexto y todo lo que se experimentó al leer. "Aventura, fantasía, sentimientos, deporte: cada uno elige lo que más cerca está de lo que quiere, de lo que desea. Alguien leyendo quiere reír, otro llorar, hay quien quiere temblar de miedo o volar a mundos impensables. El lector entra en el libro al punto de identificarse con los protagonistas y los hechos: “Yo soy Beth", "yo me parezco a Jo”, "Boka está en forma, querría ser como él". Hasta sucede que la identificación sea tal de desear revivirla por fuera del libro, de esta manera el arbusto del Sacro Cuore [nuestro colegio] se convierte en el armario de Narnia, el ingreso al mundo fantástico". [17]
No se lee para permanecer como se es, sino para convertirse en algo diferente, leer es ocasión de parangón y de juicio.
El lector convalida la obra, interpreta y desarrolla el potencial que contiene la obra. Nace de nuevo.

4. El ligamen afectivo se crea por una belleza, la belleza de la lengua: sonidos, palabras y sentido son una única experiencia. Hay en el mercado libros feos porque la forma lingüística no se cuida, se privilegia lo hablado, se forjan términos, se restriegan nombres: el juego lingüístico, de por sí interesante, hace pesado el texto.
Por el contrario otros libros, aparentemente menos conformes, se revelan bellos y lingüísticamente agradables. Ciertas sonoridades, ciertas repeticiones, la musicalidad de ciertas expresiones, un léxico interesante son de por sí ocasiones que vehiculan un sentido. "El ritmo de las palabras leídas por mí en voz alta, me doy cuenta que es para ellos manantial de comprensión del contenido, pero también de enriquecimiento del léxico. Este último aspecto lo he entendido en tercero (de primaria), cuando les leí a Pinocho: Collodi no tiene un lenguaje tan inmediato para ellos, sin embargo, poco a poco, se lo han apoderado, hasta coger enseguida la sutil ironía, ciertos juegos de palabras del autor y términos hasta aquel momento desconocidos cómo principiar para decir iniciar". [18]
Florenskij habla del valor mágico de la palabra, "cada palabra es una sinfonía de sonidos: lleva potentes depósitos históricos y encierra un mundo entero de conceptos". [19]
Las palabras son densas: nombres, adjetivos, listas de verbos, refranes y modos de decir, metáforas.
"Fue en los cuentos donde intuí por primera vez la potencia de las palabras y la maravilla de las cosas, piedra y madera, hierro; árboles y hierba; casa y fuego; pan y vino" cuenta Tolkien. [20]
La forma coopera al sentido, la palabra expresa más de cuanto parece, evoca, lanza más allá y va atrás, es memoria y recuerdo.

Una certeza fantástica

La fantasía es parte de la realidad. Tolkien ha subrayado la aportación de la fantasía al conocimiento de lo real: "la Fantasía es una natural actividad humana. Ciertamente ella no destruye y tampoco ofende la Razón. Cuanto más la razón es aguda y clara mucho mejor obrará la fantasía". [21]
"Prefiero las historias fantásticas” escribe un niño "porque en las historias verdaderas a veces el desenlace feliz no está, no es seguro que el malo siempre pierda”. [22]
Deseamos algo más verdadero de lo que es real, algo que nos muestre la verdad de lo que es real. No existe confusión entre fantasía y realidad.
El mundo fantástico, en efecto, abre el camino a la novedad, a nuevas posibilidades, al imprevisto, a lo desconocido, al acontecer de lo excepcional. En el mundo fantástico siempre hay algo extraño, puede ocurrir de todo y no te imaginas nunca lo que puede suceder: mundos nuevos, personajes sorprendentes, incluso alguna cosa peligrosa.

La fantasía, el crear o hacer entrever Otros Mundos era el corazón del deseo de la Cuentística. Y yo deseaba los dragones con un deseo profundo. Ciertamente temeroso como era no deseaba tenerlos en las vecindades, no quería que pudiesen introducirse en mi mundo relativamente seguro, en el cual era posible, por ejemplo, leer historias con la mente tranquila, libre del miedo. Pero el mundo que contenía también la posibilidad de imaginar a Fafnir fue más rico y más bonito, por cuanto peligroso fuese. Quien habita en llanuras fértiles y tranquilas puede oír hablar de colinas atormentadas y del mar, sin miedo, y anhelarlos en su corazón. Porque el corazón es fuerte si bien el cuerpo es frágil. [23]

Lo que es misterioso contiene algo diferente respecto a lo que conozco, contiene algo que puedo también temer pero que me fascina y de lo cual tengo nostalgia.
Lo mágico contiene un espacio de libertad en que el deseo crece, es posible lo que deseo.
La atracción por la magia, por el superpoder, diría también por lo peligroso, es una ulterior expresión de la amplitud de nuestra búsqueda.

Ciertamente, hoy el niño vive todos los condicionamientos de nuestro tiempo, no está exento de confusión y de desequilibrios. La primera condición desfavorable es la banalidad, la obviedad, lo indistinto: más que el exceso de fantasía prevalece el proliferar insulso de fantasías. "La fantasía puede ser llevada al exceso. Puede ser malhecha. Puede ser doblegada para un mal uso. Puede incluso hasta engañar las mentes de las que surge". [24]
Luego está el gusto por lo macabro, por lo monstruoso, difuso en las series sobre vampiros y en el género del horror. El hombre siempre ha tenido la exigencia de dar una forma simbólica al mal, de contenerlo. Este contenedor es la posibilidad de limitarlo y por lo tanto de poderlo dominar y destruir. Esta necesidad viene hoy usada e inducida, comercializada: es un producto de consumo, una emoción perseguida exasperadamente y separada del conocimiento, una lujuria espiritual la llama Lewis.
Una parte del mundo editorial aprovecha este dato de naturaleza de modo perverso y hace dinero.
Quizás más sutil es "el espantoso sotobosque de historias escritas o adaptadas para los niños edulcoradas o expurgadas, estúpidas, verdaderas tonterías faltas de trama" [25] y aquellas lecturas aparentemente correctas y buenas, cuya filosofía, también explícita, promueve un hombre capaz autónomamente de bien, paz, igualdad, no violencia, integración.
Pero éstos son errores fácilmente reconocibles si se someten a la criba de la experiencia del adulto y del niño mismo.

La fantasía le gusta al niño porque el niño está en una posición abierta frente al acontecer de lo nuevo: si no vuelven a ser como niños indica una posición necesaria para el reconocimiento de lo nuevo, para la verdadera novela.
El niño es en este sentido el hombre verdadero, aquel que es profundamente hombre, porque en él es más nítida la necesidad y más fácil la adhesión a otro diferente de sí mismo, como magistralmente observa Don Giussani "el corazón de un niño está hecho para descubrir, para gozar, para viajar por todo el universo sin descanso, jamás cansado y siempre feliz, en paz, curioso y satisfecho". [26]
Al niño le encanta gozar, le gusta el juego, la lectura es un juego que recrea, que le permite apartarse de la realidad y volver a ella con más certeza sobre una nueva posibilidad.
Una amiga, en los momentos de impotencia frente al profundo dolor por los hijos que tuvo que dejar en custodia, lee historias. El gigante egoísta le ha dado esperanza.

Quisiera detenerme sobre un aspecto que determina y a menudo condiciona la relación del niño con la narrativa.
Para algunos niños se entremete, en efecto, un obstáculo: no saben leer. La fatiga de la descodificación es demasiado alta para permitir el acceso a este bien. "¡Leer es feo"! dice alguien, "yo no soy capaz” añade otro.
"A veces la fatiga es tal que casi parece imposible pensar que dentro de aquellas palabras pueda haber una ganancia", "más aún, la lectura requiere una posición del cuerpo tendencialmente estática y para muchos, también esto es un escollo" afirman las maestras.
La responsabilidad en el enseñar a leer es de la escuela, pero es la compañía personal de un adulto, maestro, padre o amigo que introduce a leer.
La comunicación ocurre de persona a persona, en un diálogo que construye, que no se contenta con afirmaciones (este libro es bellísimo, ánimo, léelo), sino que, además de proponer, acompaña.
Cuenta una mamá de una niña que no le gusta leer: "a veces me vuelve loca, por lo cual tomo el libro en mano e inicio a leer en voz alta alguna página, en aquel instante en el cual el libro es momento de diálogo privilegiado conmigo, todo cambia. Y ella termina siendo quien lee sola dos capítulos”.
No hay un modelo absoluto fijo pero hay experiencias hechas de juicio y de gestos que se ofrecen y que caen en lo concreto de la realidad que el otro es. Sirvo yo, adulto intérprete e inventor, que trato de hacer, eso sí, que lo que proponga tenga un sentido para el otro. Esto me confirma a mí y permite crecer al otro.
A veces, en cambio, asumimos de otros, juicios sin criticidad; personalmente, no considero correcta la excesiva preocupación que los niños tienen que leer mucho. Prefiero pensar en la propuesta de lectura hecha a los niños como la propuesta de una degustación que pueda hacer crecer el apetito. El camino no es igual para todos: la experiencia significativa de lectura personal ocurre a menudo más tarde, no se trata sólo de favorecer una buena costumbre.

El niño que tenemos en frente es un hombre que crece y es en aquel niño, que se renueva la historia con la certeza y la fantasía que sólo el gran autor, nuestro Señor, puede tener.
"Misterioso es el narrador de cuentos; leyenda popular, lo vemos escrito en un libro, pero se sabe que cada evento perfecto es el evento de un hombre solo, que sólo la experiencia preciosa, caída en suerte a un ser singular, puede reflejar, como en una copa hechizada, el sueño de una multitud.
El evento irrepetible es historia universal, la máxima profundidad máxima superficie". [27]
Educar significa ayudar el ánimo del hombre a entrar en la totalidad de la realidad.
La literatura es un camino.
Proponer, acompañar y gozar del camino del otro, también a través del ámbito literario, es tarea de padres y maestros. Esperamos ser para los niños una ayuda, una presencia benévola, de la cual el Padre se sirve para realizar la fantasiosa historia de cada uno, una presencia que ofrece obras y autores capaces, como escribe Rialti, de "exponer al hombre a la transcendencia, a la infinita belleza de la gran historia providencial en la que vivimos, nos movemos y existimos". [28]

Notas
[1] M. ENDE, La storia infinita, Milano, Tea Due, 1988, pp. 16-17.
[2] “El primer placer verdadero de la lectura de un libro verdadero lo experimenté bastante tarde: tenía doce o trece años, y fue con Kipling, el primero y sobretodo el segundo libro de la jungla. No recuerdo si me llegó a través de la biblioteca de la escuela o lo obtuve como regalo. De allí en adelante buscaba algo en los libros: ver si se repetía aquel placer de la lectura provocado con Kipling.” [Manuscrito inédito] en ITALO CALVINO, Sulla fiaba, Milano, Mondadori, 2009, p. XII.
[3] C.S. LEWIS, Lettori e letture, Milano, Vita e Pensiero, 1997, p.19.
[4] El Movimiento de Comunión y Liberación sugiere mensualmente unas lecturas con un propósito educativo.
[5] En el texto se recogen intervenciones y observaciones de los profesores y alumnos de la escuela primaria de la Fundación Sacro Cuore de Milán.
[6] C.S. LEWIS, Lettori e letture, p. 27.
[7] Mt 16, 18.
[8] J.R.R. TOLKIEN, Il Medioevo e il fantastico, Milano, Bompiani, 2004, p. 225.
[9] Cfr. nota 5.
[10] I. CALVINO, Sulla fiaba, p. 38.
[11] R. BENSON, Il padrone del mondo, Milano, Jaca Book, 1987, p. VII.
[12] A. NEGRI, La cacciatora ed altri racconti a cura di A. ARSLAN e A. FOLLI, Milano, Scheiwiller, 1988.
[13] PITRÈ cit. in I. CALVINO, Sulla fiaba, p 5.
[14] Cfr. nota 5.
[15] C. CAMPO, Gli imperdonabili, Milano, Adelphi, 1987 p. 14.
[16] Cfr. nota 5.
[17] Ibidem
[18] Ibidem
[19] P. FLORENSKIJ, il valore magico della parola, Milano, Medusa, 2003, p. 81.
[20] J.R.R. TOLKIEN, Il Medioevo e il fantastico, p. 217.
[21] J.R.R. TOLKIEN, Il Medioevo e il fantastico, p. 213.
[22] Cfr. nota 5.
[23] J.R.R. TOLKIEN, Il Medioevo e il fantastico, pp. 202-203.
[24] Ibidem p.213.
[25] Ibidem p. 203.
[26] L. GIUSSANI, Realtà e giovinezza. La sfida, SEI, Torino, 1995, pp 78-79 (Los jóvenes y el ideal).
[27] C. CAMPO, Gli imperdonabili, p. 29.
[28] E. RIALTI, «L’Osservatore Romano», 14-01-2008.
[*] Robert Hugh Benson (18 de noviembre de 1871 - 19 de octubre de 1914). Teólogo y escritor inglés. Sacerdote de la iglesia de Inglaterra se convierte al catolicismo en 1903.
[**] Versión digital de la obra en inglés puede ser consultada en el sitio del proyecto Gutemberg: http://www.gutenberg.org/ebooks/14021

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