La luz, los ojos, el significado. La experiencia humana ...
autor: Tommaso Bellini
Docente de Física Aplicada en la Università degli Studi de Milán
Carlo Suave
Docente de Fisiología Vegetal en la Università degli Studi de Milán
Mario Gargantini (moderador)
Director de Emmeciquadro
fecha: 2007-08-19
fuente: La luce, gli occhi, il significato. L’esperienza umana del vedere
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La verità è il destino per il quale siamo stati fatti", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "La verdad es el destino para el que estamos hechos")
traducción: María Eugenia Flores Luna

MODERADOR:
Buenas tardes y bienvenidos a este encuentro. Intenten pensar cuántas veces en nuestra experiencia cotidiana recurrimos al verbo ver, no sólo refiriéndonos a los aspectos ópticos y sensoriales del término ("quiero ver claro ", "ve de llegar a tiempo ", etc.) He aquí, las muchas valencias del término ver que corresponden al hecho de que, en efecto, la experiencia de la visión tiene una amplitud enorme, mucho más allá de las sensaciones inmediatas. Hace falta pero admitir que el hombre contemporáneo, es decir nosotros, ha perdido este sentido amplio del ver, le cuesta ampliar y refinar la mirada. Se puede decir que el hombre de la civilización de la imagen, bombardeado continuamente de imágenes, paradójicamente mira mucho pero ve poco. Ve poco la realidad.
Vivimos por lo tanto una reducción de la experiencia del ver al menos en dos niveles. La reducimos sólo cuando absolutizamos algunos de sus componentes (la componente física, aquella neurológica, aquella psicológica) la reducimos cuando le quitamos su verdadero objetivo, la finalidad, es decir la tensión a reconocer la verdad. Esto vale un poco para todas las percepciones, pero de modo particular para la visión. Es interesante notar, como ha hecho el gran teólogo Von Balthasar, que en alemán la palabra percepción, Warhnehmung, significa justo capacidad de captar lo verdadero. Otra cosa por lo tanto de algo de epidérmico o de mecánico o de emotivo solamente.
La muestra que presentamos es una tentativa de superar estas reducciones. La muestra está bajo la dirección de la asociación Euresis, la asociación para la promoción y desarrollo de la cultura y del trabajo científico, que ya desde hace una decena de años propone al Meeting - y luego en gira por Italia y también fuera de Italia - muestras que quieren contar la aventura científica en toda su extensión y belleza de experiencia humana y humanizante. La muestra se propone, a partir de los datos de la realidad y de las más avanzadas investigaciones científicas y multidisciplinarias, señalarnos la amplitud de una experiencia que todos hacemos continuamente, y las intervenciones de esta tarde nos introducen en esta perspectiva. Al término de las dos intervenciones, les propondré una breve visita guiada virtual con alguna slide de la muestra.
Pero ahora la palabra a nuestros huéspedes: el profesor Tommaso Bellini, docente de Física Aplicada en la Universitña degli Studi de Milán y el profesor Carlo Suave, docente de Fisiología Vegetal en la Universitá degli studi Milán. La palabra al profesor Bellini.

TOMMASO BELLINI:
Saludos a todos. Era ya desde hace algunos años que entre nosotros, los de la asociación Euresis, existía la idea de hacer un trabajo sobre los sentidos. Que es un tema rico, porque los sentidos tienen algo muy interesante: son el punto de encuentro entre la objetividad biológica, la objetividad de los mecanismos del cual están hechos nuestros sentidos, y la subjetividad de lo que probamos, que sentimos, que percibimos a través de nuestros sentidos. Y este año, en ocasión de un Meeting que pone como tema la verdad, nos ha parecido muy apropiado proponer una profundización sobre lo que es el punto de partida de nuestra búsqueda de la verdad. Los sentidos son en efecto nuestro punto de contacto con la realidad que nos circunda. Los sentidos son la vía obligada para conocer la consistencia física de lo que nos circunda, para entender las relaciones, para investigar el significado. Con nuestros sentidos cumplimos continuos análisis físicos y químicos de la realidad. Por ejemplo piensen en cómo nos es fácil percibir una sutil corriente de aire en un día sofocante, o en un ambiente cerrado. Basta un ligerísimo soplo y nos volteamos para entender de dónde viene. Son los termómetros que tenemos bajo la piel y los detectores de presión atacados a la raíz de nuestros pelos. Intenten soplar sobre el dorso de la mano, y verán que no hay soplo, por cuanto débil sea, que la piel no registre. Con los sentidos nosotros percibimos e interpretamos. La variación de temperatura, la ligera presión, y he aquí que enseguida concluimos que debe haber aire en movimiento. Con los sentidos percibimos e investigamos. Percibimos y damos un nombre. Con los sentidos analizamos lo que se encuentra en contacto con nosotros: con el tacto medimos temperatura y presión, con el olfato y el gusto hacemos análisis químicos de aire y alimentos, con el oído medimos las vibraciones del aire en contacto con nuestros tímpanos, que son los sonidos. Analizamos lo que está en contacto con nosotros para investigar el ambiente en que estamos, aun lejos de nosotros. Los sonidos son percibidos porque llegan a nosotros, pero son luego interpretados en el intento de identificar la dirección de su llegada. Es lo mismo para los olores y para los desplazamientos de aire. Y así un poco también es la vista. Con los ojos nosotros captamos una pequeña parte de la luz que se propaga en el ambiente en que nos encontramos. Con los ojos examinamos la luz que entra en nuestra pupila y que es dirigida hacia el fondo de nuestro ojo. Esta luz viene a veces directamente de la fuente que la produce, como cuando miramos el fuego o las brasas, o cuando miramos el sol en el ocaso, o cuando miramos una lámpara, pero normalmente la luz que vemos es luz reflejada o luz difusa. Así yo veo a las personas de la primera fila porque la luz de las lámparas viene reflejada o difundida por su piel, por sus cabellos, por sus vestidos. ¿Pero qué es la luz? Es una onda electromagnética. Es decir una onda que se propaga - como las olas del mar - en el cual aquello que oscila no es un levantamiento de la superficie del mar sino una magnitud que se llama campo eléctrico. El campo eléctrico es una magnitud con la que no tenemos familiaridad, no siendo ella de por sí objeto de nuestra percepción sensorial. Un campo eléctrico que oscila pone en oscilación las cargas eléctricas, y de cargas eléctricas está hecha toda la materia. Así materia y onda electromagnética, o más específicamente radiación electromagnética, están siempre íntimamente ligadas. La radiación electromagnética está inevitablemente implicada en cada transformación que incluye la materia, y es por lo tanto un componente fundamental de lo que existe. La luz es una pequeñísima fracción de la radiación electromagnética que invade el espacio. Las ondas electromagnéticas en efecto pueden tener longitud de onda, o bien distancia entre un máximo de campo eléctrico y aquel sucesivo, muy diversas entre ellas, y la luz corresponde sólo a pocas de estas longitudes posibles. Se va en efecto desde longitudes de onda grandes, como en las ondas largas de las radioondas, que son largas hasta kilómetros, hasta ondas más cortas como las radioondas por la frecuencia modulada, larga metros o las ondas de los móviles y la televisión, larga milímetros, etc. hasta longitudes muy cortas como aquellas de los rayos x, cuya longitud de onda es de fracciones de millonésimo de milímetro. Entre todas estas posibles longitudes de onda está también la luz, que corresponde a longitudes que van de 1/3 de milésimo de milímetro a 2/3 de milésimo de milímetro, siendo las más cortas las que percibimos como azul y las más largas las que percibimos como rojas. En longitudes de onda más cortas con respecto a la luz encontramos los rayos ultravioletas, en longitudes de onda más grandes encontramos los rayos infrarrojos. Pero nosotros no vemos ni los ultravioletas ni los infrarrojos. Nosotros sólo vemos la radiación que llamamos luz, que tiene ondas de longitud incluida entre 1/3 de milésimo de milímetro a 2/3 de milésimo de milímetro. Pero, aunque no la vemos, toda esta radiación electromagnética existe aquí, ahora, en esta habitación. Podríamos imaginar de dotar a algunas filas de radio, sintonizadas todas en estaciones diversas, en diferente frecuencia, a partir de las más largas (con algún modelo viejo de radio) hasta los FM, y luego televisiones (en canales diversos), móviles, radio de servicio (policía, guardia costera), y luego visores infrarrojos, y luego también contadores Geiger para los rayos x y gamma. Y luego contemporáneamente se podría encender todos los aparatos, y todos funcionarían, es decir recibirían una señal en varias longitudes de onda, porque en efecto todas estas radiaciones en todas estas longitudes de onda están aquí presentes. Sólo que nosotros sólo vemos la luz y no las otra radiaciónes electromagnéticas. ¿Por qué somos sensibles precisamente a las longitudes de onda de la luz? Por una afortunada combinación de factores. Ante todo gran parte de la radiación solar es luz, por lo tanto hay una gran disponibilidad de radiación visible. Hay también otras razones fundamentales ligadas a los materiales de los cuales estamos hechos. Nosotros en efecto estamos hechos de agua y moléculas basadas en el carbono. Y con estos materiales es posible ver sólo la luz. Mientras resultaría muy difícil, con los mismos materiales, hacer un ojo para los ultravioletas, o bien para los infrarrojos. En efecto, para hacer un ojo, (y en la naturaleza hay tantos tipos de ojos), siempre es necesario combinar por un lado materiales densos y transparentes, para hacer la lente (en nuestro caso el cristalino y la córnea) y por la otra materiales que en cambio absorban la luz, y absorbiéndola se modifican, así que puedan comunicar una señal. Pero las moléculas de las cuales estamos hechos no son nada transparentes a los ultravioletas, y tampoco a los infrarrojos. Más bien, como todos saben, nuestras moléculas, absorbiendo los ultravioletas, se dañan. Por estas y también por otras razones, parece imposible realizar, con las moléculas de las que estamos hechos, un ojo que vea radiaciones con longitudes de onda diversas de aquellas de la luz. Por lo tanto nosotros captamos este pequeño fragmento de luz, y lo analizamos para entender de dónde haya venido esta luz y así reconstruir objetos cercanos y lejanos, pequeños o gigantescos. Aquí querría pero hacer un salto, y no hablar del ojo y de las imágenes que forma, ni de la retina, es decir aquella piel sensible a la luz que está al fondo de nuestro ojo y que transforma, con un complicado pero maravilloso mecanismo, la luz en una señal eléctrica (pero en nuestra muestra estas cosas están bien descritas). Quisiera en cambio concentrarme brevemente en lo que hay después de la retina. Porque la luz es aquello que advertimos, el ojo es el instrumento con que lo hacemos, pero después ¿qué cosa hay? Es una cosa bastante impresionante. Después del ojo está el nervio óptico. Y el nervio óptico está formado más o menos por un millón de fibras, que son las fibras de un millón de neuronas de la retina que propagan sus informaciones al cerebro. Pero ¿qué quiere decir "propagar las imágenes al cerebro?" En realidad lo que es transmitido por el nervio óptico ya no es una imagen. Es un flujo de impulsos eléctricos. Cada neurona puede transmitir hasta 1000 impulsos eléctricos al minuto. En media, sobre el nervio óptico pasan algo como 100 millones de impulsos por segundo. Ya no hay radiación electromagnética, ya no está la imagen, hay una señal en código, una especie de señal digital, electrónica. Y dentro de este haz de un millón de fibras, algunas mandan impulsos cuando hay luz en una dada posición de la retina, otras cuando hay en un cierto punto un cierto color, otras cuando existen contrastes (un paso oscuro-claro o bien un paso de color), otras aun cuando hay movimientos. En fin, es propio un código. La retina toma la imagen y la transforma en un código. Y nuestro cerebro interpreta este código. Este hecho es muy importante. Dos comentarios: 1) Puede ciertamente dar un poco de impresión, que la imagen captada por nuestros ojos se pierda, reemplazada por un flujo de impulsos eléctricos, porque este hecho parece alejarnos de la realidad: aquello que nosotros vemos es una interpretación de señales eléctricas generadas por una piel sensible a la luz (la retina). ¿Esta codificación quiere decir que nos perdemos algo de la realidad? Ciertamente sí, tanto es así que es bastante simple engañar a nuestros sentidos, como se ve por las ilusiones ópticas, sobre las que hay una sección de la muestra. Pero la razón por la cual esto ocurre es que no estamos hechos para fotocopiar la realidad, sino para entenderla. Para entrar en contacto con la realidad, no sirve fotocopiarla sin analizarla, sacarle fotografías a alta resolución, sino entenderla. Nuestra retina extrae informaciones preciosas de la imagen, por ejemplo evidenciando los contrastes, evidenciando los colores, evidenciando lo que se mueve con respecto a lo que está inmóvil, y esto lo hace no para poner algo arbitrario entre nosotros y la realidad, sino al contrario para permitirnos comprender lo que vemos, por ejemplo distinguiendo claramente un objeto de otro. Ésta es la razón por la que podemos entender las caricaturas. ¿Se acuerdan los Peanuts de Schultz, por ejemplo? Caricaturas hechas con poquísimos rasgos de lápiz, sin embargo entendemos perfectamente las escenas sin alguna fatiga. Justo porque esto es lo que hacemos siempre. Analizamos e interpretamos el dato visual. Comprender e interpretar necesariamente van juntos. Quiero decir que el ver es intrínsecamente, a partir de como estamos hechos, una investigación de la realidad para entender el sentido. No es primero un fotocopiar y luego un interpretar, sino nuestro mirar es intrínsecamente un interpretar. Eso empieza de la estructura biológica de nuestro sentido de la vista y se irradia a cada nivel de nuestro ser: el ver es el encuentro de un objeto con un sujeto. 2) En esta interpretación de la realidad a partir del dato visual también hay un misterio más grande. En correspondencia a las varias longitudes de onda de la luz vemos colores diversos. ¿Pero los colores qué cosa son? Una cosa son las longitudes de onda o bien la distancia entre un máximo y otro en la oscilación del campo eléctrico, y otra son los colores. El color no es una longitud de onda, es algo diferente: es nuestra interpretación de la longitud de onda, es nuestra reconstrucción de la longitud de onda. Pero ¿qué cosa es? Imaginemos de construir una máquina que sea capaz de reconocer los colores, de distinguirlos y de decir el nombre. Que sepa reconocer un color naranja de un color durazno, un ocre, de un color rosa salmón. Como hacemos nosotros. No es tampoco muy difícil construir una máquina hecha así. ¿Pero esta máquina ve los colores? No, sólo hace un análisis de la composición en longitudes de onda de la luz que cae sobre su detector. Pero también nosotros, con nuestros ojos, hacemos en cierto sentido un análisis de las longitudes de onda de la luz. Sólo que nosotros vemos. Como dice el premio Nóbel Francis Crick (+Koch), famoso por el descubrimiento junto a Watson de la estructura del ADN, nadie todavía ha provisto una explicación plausible de como la percepción del rojo pueda nacer de la acción del cerebro. El mecanismo de la visión de los colores está hecho por un gran número de funciones complejas, desarrolladas por nuestro cerebro. Y en efecto si miramos cómo está hecho el cerebro, encontramos una especie de máquina, hecha de descargas eléctricas, de conexiones entre las neuronas, de iones que atraviesan las membranas, de moléculas que se pegan y se apartan entre ellas. En fin una sofisticada máquina pero una máquina. No importa cuan complicada ésta sea, ella está hecha de moléculas y de campos eléctricos, es decir hecha de cosas inanimadas. De funciones. ¿Pero desde cuándo las funciones de una máquina producen una experiencia, un mundo perceptivo, una subjetividad? Todo está lleno de máquinas que desarrollan funciones, a cada nivel de complejidad: este micrófono desarrolla una función. Pero no tiene alguna percepción del sonido que transmiten. Nuestro cerebro es complejísimo, más de lo que logramos por el momento entender. Pero si lo miramos encontramos un conjunto de funciones. Y estas funciones, podrían existir muy bien sin experiencia subjetiva, sin interioridad, sin lo que todos nosotros conocemos como vida. Hemos entrevistado, para realizar el filmado asociado a la muestra que estamos presentando, al profesor David Chalmers, un filósofo australiano que se ocupa desde hace tiempo de las cuestiones relativas a la conciencia. Y él dice claramente justo esto. Él dice: porque a un conjunto de funciones y mecanismos o sea los circuitos de nuestro cerebro, para que a ellos tenga que corresponder una experiencia del ver, pero también del sentir, de los olores, de todas las percepciones, éste es el misterio central de la conciencia.
Espero con este breve relato haber comunicado al menos en pequeña parte la extensión de los temas fascinantes en que nosotros de Euresis nos hemos topado estudiando esta cosa tan normal pero también así especial que es nuestro sentido de la vista.

MODERADOR:
Bueno, pues continúa la reflexión sobre esta facultad que es tan normal y extraordinaria. La muestra, en primer lugar, nos ha ayudado a nosotros mismos y nos ha sorprendido al darnos cuenta de esta extraordinaria cotidianidad que vivimos todos. Ahora continúa a profundizar el doctor Soave.

CARLO SOAVE:
Gracias. Yo soy un biólogo, por lo tanto hablaré un poquito más de aspectos más biológicos. Una vez fui un médico, después me he ocupado de genética, ahora me ocupo de fotosíntesis. En todo caso, como biólogo les hablaré un poco de evolución biológica de la vista. Éste siempre ha sido un problema más bien discutido en el ámbito de la evolución biológica, a partir ya de esta frase de Darwin de 1859, que ven en la pantalla, extraída de su libro "El origen de las especies por medio de la selección natural". La frase, que pueden leer, es: "Suponer que el ojo, con todos sus inimitables dispositivos, por el ajuste del enfoque a diferentes distancias, por el paso de diversas cantidades de luz y por la corrección de la aberración esférica y cromática, pueda ser formado por selección natural parece, lo admito francamente, totalmente absurdo".
¿Cuál era el problema de Darwin? El problema que llevaba a Darwin a decir esta frase, era que en su teoría los pasos evolutivos tienen que ser muy pequeños y el cambio tenía que ser casi imperceptible a lo largo de la escala evolutiva, mientras en cambio, de lo que se podía observar, contemplando la evolución biológica de varios organismos ya se veían órganos muy desarrollados, muy complejos como el ojo. Pero, haciendo esta muestra, a mí no me ha impactado el problema de Darwin que parte de las teorías evolucionistas (no es el objetivo de esta muestra discutir las teorías evolucionistas). Lo que me ha impactado y que me hacía reflexionar es un poco esta frase: ¿pero qué cosa nos hace entender la evolución de la visión, si la comparamos con todos los organismos vivientes que conocemos? Es decir, ¿qué mensaje nos trae la evolución biológica de la vista, qué nos hace entender? Ésta me parecía una pregunta interesante, quizás más que los varios mecanismos, de las teorías.
Pues, desde este punto de vista, he empezado a reflexionar yendo a mirar un poco cómo es la función de la vista en varios organismos biológicos. Ahora les haré ver algunos. Aquí hay muchos ojos: algunos los reconocerán enseguida. Ese que yo estoy apuntando, en alto a la derecha, es el ojo de un pez (pienso se pueda individuar, es bastante fácil). Éste grande, con esta zona verde alrededor, es el ojo de una rana. Éste es el ojo de un búho. En cambio éste es más difícil de entender: es el ojo de una araña. Éste es un falso ojo: ¿tienen en mente a las mariposas que tienen estas manchas en forma de ojo sobre las alas? Estos son falsos ojos que sirven a estas mariposas para mimetizarse, para que el predador piense que es otro animal grande y no las ataque. Pero también hay ojos realmente misteriosos. Miren esta figura, aquí arriba a mano izquierda, o bien ésta de abajo, la tercera de la izquierda sobre la última fila, donde hay esa imagen verde con ese punto rojo. ¿Alguien puede imaginar qué ojos son éstos? Muy difícil. Entonces ahora paso a la diapositiva siguiente y los verán. Éste era el ojo de una medusa. ¿Y aquellas imágenes rojas? Éste no es precisamente un ojo, son células presentes sobre estos tentáculos y contienen un pigmento fotosensible: son los ojos de la medusa. Ésta es una estrella marina: también la estrella marina tiene ojos, los tiene sobre la punta de los brazos. Y aquella otra figura que veían antes, verde con la puntita roja, es una célula vegetal, es un alga unicelular que fotosintetiza y también ella tiene un ojo, tiene este pequeño material acumulado que es un material fotosensible que funciona como un ojo.
¿Por lo tanto, qué nos dice esta cosa? Que ya es muy antigua la capacidad de percibir la luz. Está presente en las medusas, pero, aún antes, en las algas unicelulares: éstas están entre los primeros organismos que se han desarrollado, éstas son algas un poquito más complejas, pero también ellas son muy antiguas, y éstos son vegetales.
Entonces, la pregunta es: ¿pero las plantas nos ven? Ésta es una pregunta que se puede contestar. Yo creo que todos ustedes han hecho esta simple observación: si se mete una planta delante de una ventana, ¿qué cosa sucede? Se dobla hacia la luz. Y aquí no entra la fotosíntesis: es justo porque ve la luz, basta la luz de las estrellas, basta muy poca, luz. La planta ve esta luz: ¿por qué? Porque contiene en todas las células de las hojas una molécula que, golpeada por la luz, cambia de forma. Es éste el punto de partida de la señal, es como la película que ve la luz que llega y padece una transformación. Y esta molécula absorbe la luz en el rojo o en el rojo oscuro. Es como un ojo que de la luz solar sólo ve el rojo y el rojo oscuro. Miren que no es muy diverso, a este nivel de análisis del mecanismo de la visión, con respecto a aquello que nosotros tenemos en nuestra retina. También nosotros tenemos una molécula diferente de aquella de las plantas (aquí está el retinale) la que, cuando es golpeada por la luz, también cambia de forma, y ésta es la señal de partida. Nosotros, además, de estas moléculas tenemos tres variantes un poco diversas, que absorben la luz en el azul, en el amarillo y un poco en el color anaranjado. Luego también tenemos los bastoncillos que ven el blanco y el negro. Por lo tanto, a este nivel, plantas y animales se asemejan bastante en el mecanismo base, porque luego en el fondo, esto es determinado por la física.
Entonces, por ejemplo, nosotros podemos ver estos tres colores: y en la muestra verán cómo, combinando estos tres colores, luego podemos ver toda la gama. Pero, por ejemplo, si cogemos un perro, un perro no tiene las tres variantes, tiene sólo dos: él sólo ve en el azul y en el amarillo. Pues, miren qué cosa sucede. Esto es lo que ve un perro: ve en el azul y en el amarillo (éstos son los bastoncillos que ven el blanco). Por lo tanto, una figura como ésta (un señor con una camisa roja), el perro la ve así. Esta máquina que es un poco rojiza, se la ve así. Los perros son dicromáticos, nosotros somos tricromáticos. Pero, ven, en el fondo el mecanismo es muy parecido. Volvemos un momento a la planta, porque esto ya nos da la primera indicación importante. La pregunta que uno se puede hacer es: ¿qué hace la planta con la vista? ¿Para qué le sirve? Y es ésta una pregunta que nos lleva a la cuestión de la evolución: ¿por qué se ha desarrollado esta función? Traten de imaginar una planta pequeñita que nace en el sotobosque y arriba tiene todas las plantas grandes con estas grandes hojas. ¿Esta plantita allá bajo, qué luz ve? ¿Si nosotros nos metiéramos, abajo, tumbados en el bosque con todo el follaje encima, qué cosa veríamos? Veríamos verde, porque la luz del sol llega desde lo alto, son absorbidos el azul y el rojo por la clorofila que hay en estas células y pasa bajo el verde. Nosotros somos sensibles al verde y vemos el verde. Pero la planta no es sensible al verde: ella sólo tiene un sensor que ve el rojo y el rojo oscuro. El rojo oscuro en el sol existe: pasa abajo también él y la planta ve el rojo oscuro. ¿Y qué cosa hace? Miren: esto es lo que hace. Éstas son plantas de tomate que siempre han sido mantenidas dándoles más luz rojo oscuro. Cuando ven una luz con mucho rojo oscuro crecen altas, altas, altas. ¿Pero por qué? Porque así evitan la sombra. El problema de esta plantita aquí, es crecer alta, de modo que puede encontrar la luz del sol y puede hacer la fotosíntesis. Para esto le sirve aquel ojo.
Éste es ya un primer punto importante: este modo de ver la luz sirve a la planta, como también a las algas y a la medusa, para entender algo de aquello que tiene alrededor. (En la planta que está en el sotobosque y por tanto tiene que moverse para ir a buscar la luz). Sirve para tener información sobre el ambiente; cierto, una información muy genérica: si hay luz o no hay luz y qué color hay de luz, no más. No hay imagen porque no hay un ojo que puede formar una imagen. Se comienza a encontrar un ojo que forma una imagen subiendo un poco en la escala evolutiva. Aquí hay algún ejemplo tomado de los moluscos. Ésta es una serie de moluscos: ésta, por ejemplo, es una lapa, éste es un cono, éste es un nautilo, éste es un cangrejo y éste es un pulpo. También la lapa nos ve: éstas son las células epiteliales de esta pequeña lapa y estas pequeñas células contienen un pigmento fotosensible. Por tanto, se comporta un poco como la medusa: ve la luz o no la ve. Pero miren en este cono (ésta es una concha que todos ustedes habrán visto en el mar). Aquí ya empieza a formarse un primer hundimiento, con estas células fotosensibles y entonces ya empieza a formarse una estructura que pudiera empezar a parecer un ojo o por lo menos el fondo de una retina. Miren pero en el nautilo: aquí ya está mucho más hundido, el epitelio empieza a cerrarse y por tanto sólo un rayo de luz puede penetrar y sensibilizar la retina. Miren ahora en este cangrejo: aquí hasta se forma la lente refractaria, el epitelio, la retina, efectivamente entonces éste parece mucho más a un ojo. Luego, si nosotros llegamos al pulpo, veremos cuánto el ojo del pulpo se parece al nuestro.
¿Pero si yo tuviera un ojo de este tipo como aquel del Nautilo, cómo vería una figura, una letra A mayúscula? Se ve mal, pero ya no es sólo una cuestión de luz y oscuridad, sino se empieza ya a entrever un perfil. Es una A muy confusa, pero si tuviéramos el ojo del cangrejo la A la veríamos bien. Piensen entonces en el pulpo que tiene el iris, la córnea, el cristalino, el humor vítreo: ¡éste vería bien las imágenes! Miren, éste es el ojo del pulpo y éste es nuestro ojo. Ven que al final en este nivel somos muy parecidos: tenemos la córnea, la pupila con el iris, el cristalino, el humor vítreo, la retina y luego el nervio óptico. Dentro de esta retina tenemos todas estas células fotosensibles, aquellas que contienen los pigmentos, los conos y los bastoncillos, y la señal es mandada luego al nervio óptico. Aquí hay un ejemplo de cómo es transformada la imagen que se forma sobre la retina, que es una imagen analógica como la cámara fotográfica, en un impulso de tipo digital.
Por ejemplo, ésta es la retina: si ahora yo ilumino la retina con un punto luminoso, aquí al centro, parte esta secuencia de impulsos: un tren de impulsos con cierta forma. Si yo ilumino la retina en otro punto más periférico, ya no al centro, sino de lado, parte otra secuencia de impulsos. Pues, hasta, aquí ven las formas de los impulsos según cómo ilumine yo una parte o la otra o la otra aún de la retina. Ésta es la conversión de la imagen en una combinación de trenes de impulsos que es la señal que llega luego al cerebro. ¡Aquí nos distinguimos mucho del pulpo! Y nos distinguimos, sobre todo, por este punto de vista: éste es nuestro ojo, aquí está el nervio óptico y la vía del nervio óptico fundamentalmente luego se bifurca en dos principales vías: una vía retina a techo óptico y la otra vía que es la retina talámica, que va luego a la corteza. Es evidente que lo que nos diferencia evolutivamente es el desarrollo de la corteza. Esta vía más baja, la que va al techo óptico, es aquella filogenéticamente más antigua, más arcaica.
A medida que se avanza en la evolución, aquella que crece enormemente es la vía que va a la corteza, también porque está este gran desarrollo de la corteza. Miren aquí: ¡éste es el cerebro de una rata, éste de un gato, éste es un cerebro humano! Ven el enorme desarrollo de la corteza que nosotros tenemos con respecto a un animal como el gato y la rata. Sin embargo, las dos vías coexisten, pero cambia muchísimo el desarrollo de la vía que va a la corteza (piensen que sólo en la corteza cerebral nosotros tenemos unas 30 áreas cerebrales que están implicadas en la experiencia visual). Aquí hay una proyección: éste es el nervio óptico, ésta es la vía más reciente, aquella filogenéticamente reciente, por lo tanto como la nuestra, que llega hasta toda la corteza occipital con varias zonas, varias áreas cerebrales implicadas en la vista.
Ahora, lo que nosotros podríamos preguntarnos es: una rata, que tiene predominantemente sólo la vía más antigua, la que va al techo óptico, ¿qué cosa ve? Cierto que es difícil preguntar a una rata: "Excusa, ¡cuéntame qué cosa estás viendo!”. Pero se puede tener una indicación de para qué sirve esta vía más antigua considerando a pacientes a lo mejor humanos, que han tenido una lesión, a causa de traumas u otro en la vía más reciente. Por ejemplo, hay casos bien descritos de un paciente que ha tenido una lesión en la vía cortical del hemisferio derecho y por lo tanto no ve el campo visual izquierdo, porque tiene esta lesión en la vía cortical reciente, pero tiene aquella antigua aún funcionante: entonces se puede preguntar qué cosa ve. Por ejemplo, hay un caso típico, en el que el médico le presenta a este paciente un punto luminoso puesto en el hemisferio visual izquierdo y por lo tanto es lo que él no ve. Y el médico le pregunta al paciente: "¿Qué ves"? Y él contesta: "No veo nada". Entonces el médico dice: "Trata de coger lo que estoy haciéndote ver". Y el paciente contesta: ¿"Cómo hago para cogerlo si no lo veo"? Y le dice el médico: "Pero ¡intenta lo mismo!". Entonces el paciente alarga la mano y en el 99 por ciento de los casos coge el punto. Por lo tanto, ¿qué quiere decir? Qué con esta vía antigua se ve, pero ¿qué cosa falta? Falta la conciencia del ver. ¡Es una visión ciega! Se ve, pero no se tiene la conciencia de lo que se ve. Todas las comparaciones siempre son un poco imprecisas, pero es como cuando nosotros conducimos el coche: nosotros conducimos de modo automático, hablamos con Mario Gargantini de manera muy rápida y mientras tanto hacemos la curva, si está el semáforo en rojo nos paramos, vamos absolutamente en automático. Vemos en un modo un poco ciego, sin tener una plena conciencia. Cierto que si un niño pasa delante enseguida sobreponemos la visión consciente, (sólo para hacer un ejemplo). O bien se puede hacer el ejemplo opuesto: ¿pero qué cosa se ve con la visión cortical, aquella en nosotros tan desarrollada? Traten de imaginar: con la visión cortical podemos ver a ojos cerrados, con los ojos de la mente, podemos imaginar dónde estábamos esta mañana, también los lugares, podemos verlos con los ojos de la mente, es decir sin usar el ojo orgánico. Ésta es una nueva adquisición: es decir, a medida que la evolución aumenta, se pasa de una visión de luz-oscuridad, luego se empieza a formar una imagen, luego hay una imagen que se precisa y que permite reaccionar (la vía antigua permite ver con la visión ciega), y por fin existe la visión consciente, aquella cortical. Y aquella cortical es la visión que nos interroga, nos pregunta: "¿Qué cosa estoy viendo?". No sólo nos da informaciones sobre el mundo externo, sino también nos pregunta: "¿Qué cosa estoy viendo? ¿Qué sentido tiene lo que veo, qué sentido tiene aquella realidad?".
Éste me parece el mensaje que al final se presenta mirando en grandes líneas la evolución de la vista: de una cosa muy simple (luz-oscuridad), al conocimiento, a la conciencia de lo que hay alrededor y del significado y del sentido de las cosas. Éste me parece el mensaje que yo he presentado reflexionando en estos aspectos con ocasión de esta muestra. En el fondo la evolución es un recorrido, es una vía y por lo tanto, como todas las vías, como todos los recorridos, la pregunta verdadera de un recorrido es: ¿adónde va a terminar, cuál es el punto de llegada? Todos nosotros cuando partimos para un viaje nos preguntamos adónde iremos a acabar. He aquí, ésta es la cosa sobre la cual reflexionar. ¿Cuál es el mensaje que nos trae esta evolución? ¿Cuál es el punto de llegada de esta vía, al menos el punto, por el momento? Por el momento el punto es la conciencia de lo que hay alrededor de nosotros y la pregunta del significado de lo que hay alrededor de nosotros. Nosotros tenemos la exigencia de comprender lo que hay alrededor de nosotros. Desde este punto de vista es indudable que nada puede haber en el intelecto si no existe la sensación del ver (ésta es una frase que encontrarán en la muestra de Santo Tomás), pero es igualmente verdadero que para tener una percepción auténtica de lo real, de lo que existe, se requiera un conocimiento, una conciencia. Éste me parece el mensaje importante que sale de esta evolución biológica de la vista. Gracias.

MODERADOR:
Gracias. Pues, por estas dos intervenciones habrán percibido cómo la puesta en juego de esta muestra es más que una simple descripción, anque en sí misma interesante, de un proceso como el proceso visual. La puesta en juego toca el nivel del interrogante sobre el yo, sobre el yo consciente, sobre lo que somos nosotros en profundidad. Y yo añado a estas intervenciones, que ya deberían haber inducido a visitar la muestra, una breve degustación de como está estructurada la muestra misma.
Está estructurada según ocho espacios expositivos, que sintetizo aquí. El primero habla justo de la asombrosa naturaleza de la luz, que antes esbozaba el profesor Bellini, de las posibles fuentes naturales y artificiales, su naturaleza corpuscular ondulatoria, intrigante por algunos aspectos pero en todo caso valiosa, como todos los aspectos de la naturaleza que poco a poco indagamos, preciosa, justo, también por nuestra misma experiencia del ver. Gracias a esta naturaleza nosotros podemos ver el espectáculo de los colores, con su extraordinaria gama indicada antes, y podemos tener la posibilidad también de revelarlos con simples experimentos; en la muestra tendrán la posibilidad, este año más aún de lo que se ha hecho en los años anteriores, de tener realizaciones interactivas, exibit, simulaciones donde precisamente hacer experiencia directa, no solamente leer o escuchar descripciones, sino iniciar a darse cuenta del tipo de posibilidad que la naturaleza extraordinaria de la luz nos pone a disposición.
Por lo tanto, la primera parte es el nivel propio físico de todo el fenómeno. Se llega luego a la descripción de la arquitectura del ojo (señalada antes de algún modo sea en una que en la otra intervención), una obra maestra de la tecnología, de la evolución. Por lo tanto el ojo humano, con todos los extra de serie ya en su sitio, ya listos, preparados a la entrega, algunos luego que se perfeccionan, mucho más, como a veces se hace para una comparación con una simple cámara de fotos o videocámara, por lo tanto un organismo que ya en su primer nivel descriptivo revela toda la amplitud de posibilidades a la cual después se llegará procediendo en la investigación. El tercer stand es relativo a la retina, por lo tanto a la actividad hi-tech de este sofisticado sensor digital, que tiene una estructura que ha sido revelada también no mucho tiempo atrás. Desde hace un siglo se conoce la forma de las neuronas principales pero todos los mecanismos complejos que se originan allí y que luego proceden en la continuación del recorrido de las señales todavía son objeto de estudio. Pero es interesante este aspecto de la retina justo como avanzada del cerebro (como quizás ha intuido involuntariamente, como siempre, Leonardo en sus dibujos, haciendo ver esta parte saliente), que quiere casi asomarse al mundo como si - uso esta analogía - el deseo de encontrar la realidad, el deseo de conocimiento, el deseo de ver, entrar en relación con la realidad empujara también el nivel físico de nuestra evolución. Y allí ya inicia aquella elaboración, aquel trabajo de codificar y decodificar del cual se hablaba. También esto es interesante, no es solamente un punto de paso donde es recogida una representación de la realidad que luego pasará a los estadios superiores para la elaboración; inicia la elaboración, inicia la actividad, no es pasivo.
Desde los primeros momentos, de las primeras fases de la experiencia del proceso de la visión, hay una actividad, hay un yo en acción. El otro stand, el siguiente, es dedicado al espectáculo de los colores, por lo tanto a la percepción de los colores, al resultado de la combinación de los impulsos recogidos por tres tipos de receptores sensibles a los tres colores primarios, con las dos formas adicional y sustractiva. Aquí habrá un stand con la posibilidad, ofrecida por algunos de nuestros amigos que trabajan directamente en el sector, de tener representaciones en vivo muy eficaces. Ayuda a la comprensión de este aspecto que hallamos en las dos formas de la síntesis adictiva y aquella sustractiva: por un lado, por ejemplo, en la misma visión o también en los mosaicos, y de la otra parte en las espléndidas vidrieras, piensen en las de las catedrales góticas. La percepción de los colores sobre la que será directamente posible poner la mano y hacer experimentaciones visitando la muestra.
Y luego, entonces, el espacio de lo que ha sido indicado como el cerebro intérprete, que hace continuamente este trabajo de interpretación. Este mecanismo complejo y fino, este recorrido diferente que toma inicialmente, parece, la cosa dispersa, parece tomar vías muy distintas, como se ha descubierto de unos treinta años a esta parte, que pero después se reúnen en una experiencia unitaria de la visión que nosotros hacemos. Por lo tanto, una continua interpretación que tiende a la verdad y al sentido de lo que se ve, un trabajo donde toda la persona se arriesga, donde la persona arriesga toda su identidad, su historia, su experiencia, arriesgando, precisamente, ilusionarse, como hemos visto. Las ilusiones tienen un valor, no hay que entenderlas como limitativas o restrictivas de las posibilidades, sino como un modo para captar mejor algunos aspectos, percibir mejores aspectos donde, sin ellos, no se captaría qué cosa es la realidad.
El stand de los efectos especiales enseña algunas características específicas del ojo, siempre en esta línea de los aspectos originales, que pueden parecer sorprendentes, a veces diferentes de nuestra primera interpretación inmediata, que permiten por ejemplo ver los detalles aislados pero en su contexto: el hecho de que la nuestra no sea una visión puntual sino sea una visión que siempre tiene presente qué cosa hay alrededor, tiene presente un poco el todo en el fondo. Pues, esto pero da origen a estos juegos, si queremos, a estas ilusiones ópticas, pero es la que nos permite percibir mejor y no tener una visión selectiva que provocaría también dificultades.
O todavía, aquel hecho sorprendente que, cada cuatro segundos, cerremos el ojo, y por lo tanto no vemos: ¿por qué no vemos a intermitencia? ¿Por qué no vemos la oscuridad cada cuatro segundos? También aquí hay todo un mecanismo que para ser explicado los reenvio a la muestra, pero el cerebro se desconecta por un instante y tiene en una reserva de memoria la imagen para poder tener una continuidad y por lo tanto impide que nosotros registremos lo que físicamente registraríamos, porque por un momento debería haber oscuridad. En fin, una parte de la muestra, no es propio un stand sino es una parte que recorre algunos de los stands, es dedicada al encuentro con otras dimensiones del conocimiento, porque también es típico de la experiencia de nuestras muestras, sobre todo en los últimos años, este ensanche de nuestro conocimiento científico para dialogar, para interactuar con otros niveles de relación con la realidad.
Entonces es inevitable, hablando del ver, hablando de la visión, pensar en el arte. El artista como el científico, es el que hace un uso macizo del ver, que tiene que esforzar el ojo para captar mejor la realidad, para representarla, para darnos una representación de su visión. Entonces lo hemos leído así: el ojo del artista que nos ayuda a ver, utiliza colores, formas, dimensiones en modos diferentes, según la época, según los contextos, según el clima cultural, para ligar la imagen percibida a la historia y la identidad del sujeto que mira. Y así tenemos en las varias fases, no necesariamente cronológicas, pero en parte también cronológicas, subrayados diferentes que en momentos diferentes el ojo del artista, el ojo del pintor o la creatividad del arquitecto ha puesto en evidencia y ha ayudado a todos a ver, a captar.
Piensen en la perspectiva, en la diferencia entre la visión de perspectiva y la visión plana que había antes o al uso de la luz en arquitectura, a veces también hasta exagerado en la época moderna con todo transparente como si la transparencia fuera el ideal máximo. Entonces éste es un contrapunto que la muestra tiene para ampliar ulteriormente esta nuestra capacidad de comprender, esta experiencia de la visión que en sí, hemos visto desde el principio, tiene esta dilatación, tiene esta continua llamada al sujeto, al yo, a la persona que ve en unidad, en una experiencia única, y que en este ver es continuamente movido, desde el principio por el deseo de encontrar la realidad en su verdad y en su belleza.
Así, también nos conectamos al tema general del Meeting. Nos ha parecido significativo y sintético de esta posición una pieza de Romano Guardini que ahora leemos juntos a modo de conclusión e invitándolos a mirar la muestra, de la cual les doy luego algún detalle técnico. Guardini dice: "Ver es encontrar la realidad. El ojo es simplemente el hombre en la medida en que él puede ser tocado por la realidad - por lo tanto un contacto, una relación - en las formas de ésta ordenadas a la luz. En su mirar el hombre vive, igualmente como en su escuchar, hablar, actuar, y todos los problemas de su vida vuelven nuevamente a su mirar - es una continua interacción, es una unidad que se expresa - no se puede construir ninguna cosa del ver sin tomar en consideración la existencia - la existencia viva - del hombre. Las raíces del ojo yacen en el corazón - en lo que es la identidad, el núcleo central del sujeto - últimamente el ojo ve a partir del corazón". Esto nos ha parecido significativo, como conclusión del camino propuesto en la muestra.
Muestra por lo tanto que los invito a visitar. La visita, por como está construida, con esta abundancia de efectos y mecanismos para poner en acto, debe ser hecha necesariamente por grupos de unas cuarenta personas. Es necesaria una reserva para hacer ordenado el flujo de la visita y para hacerlo eficaz, fructífero y gustoso. Luego, naturalmente, se puede profundizar, después de la visita, el discurso en un catálogo que no reconduce simplemente los paneles de la muestra, sino tiene una serie de contenidos de profundidad, y más allá también, dentro de una sección especial del nuevo sitio de Euresis que se está inaugurando en estos días, que los invitamos a visitar para continuar sea el trabajo de la muestra que la relación con este tipo de experiencia que la ha generado. Gracias.

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