La oscuridad y el encendedor
autor: Julián Carrón
fecha: 2008-05-18
fuente: Tracce.it

Encuentro de don Julián Carrón con los profesores de Comunión y Liberación
Milán, 18 de mayo de 2008

Franco Nembrini: Buenos días para todos y bienvenidos a este segundo encuentro con Julián, que agradecemos una vez más por la atención y la paternidad con la que nos acompaña.
El 14 de octubre pasado nos lanzaste un desafío: educar es una comunicación de sí mismo, de su propio modo de relacionarse con la realidad (14 de octubre de 2007). Me parece que puedo decirte que este desafío ha sido recogido por muchísimos entre nosotros con gran decisión y con un gran compromiso, también por los muchos que hoy están ausentes físicamente, pero que siguen este gesto a través de las muchas conexiones. Ante de todos los amigos italianos de Calabria, Campania, Puglia y Sicilia, y luego todos los que nos siguen, en directo o en diferido, desde Argentina, Bélgica, Brasil, Camerún, Canadá, Chile, Colombia, Corea, Ecuador, Etiopía, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Irlanda, Kazakistan, Kenia, Lituania, Malta, México, Nigeria, Holanda, Paraguay, Perú, Portugal, Rusia, Eslovenia, España, Uganda, Hungría, EE.UU. y Venezuela. Saludémoslos a todos con un aplauso.
En preparación al gesto de hoy han llegado más de doscientos cincuenta aportes, y puesto que Carrón ha pedido que esta mañana la forma del encuentro fuera una asamblea me he permitido pedir a algunos entre nosotros que vengan al micrófono para contar brevemente su experiencia y para ponerle a Julián las cuestiones que nos parecen más decisivas. Le dije el otro día: "Mira, Julián, probablemente las preguntas son las mismas de octubre, porque el desafío de la vida es éste y si nos encontráramos dentro de diez años creo que nos haríamos las mismas preguntas, pero realmente me ha impresionado constatar que, si el 14 de octubre hemos partido de una desconfianza, de un cansancio (se acuerdan que la primera pregunta que le pedimos afrontar era en síntesis ésta: "¿Pero para qué me meto en estos líos, continuando esta profesión, en estas condiciones"?); en cambio hoy las mismas preguntas están puestas desde un punto positivo, desde un desafío recogido, desde una tentativa en acción. Empezamos.

Stefano: Mientras mi padre llega en los brazos de Dios y mis hijos empiezan a volverse adultos y mi vida está circundada por una viril compañía de hombres, percibo que la "razón verdadera" es la raíz de todo esto, y de esto quiero hablarles.
El encuentro de octubre con Franco y Carrón ha volcado mi vida; es como si después de mucho tiempo hubiera abierto de nuevo la ventana, dejando que aire fresco llenara la habitación y me sintiera invitado a salir. Frente a la vida me sentía como en un rincón, sin perspectiva, sobre todo sin esperanza. Sí, creo que ésta es la cuestión verdadera: sin auténtica esperanza. Aquel encuentro me ha puesto de nuevo frente al inicio: no la organización de esto y aquello, no la ansiedad del resultado, tampoco los balances sobre mi vida todavía contaban algo; sólo quedó Él, el buen Jesús, que volvía a retomarme, o mejor, yo volvía a verlo, a sentirlo, a captarlo presente.
La primera cosa que me ha ocurrido es que la realidad ha vuelto a aparecer. Desde demasiado tiempo la realidad había dejado de ser para mí un dato, un hecho dato, y pues una huella para mi vida, memoria de lo que he vivido y de lo que me ha sido perdonado. Mi mujer, mis hijos, los amigos de la comunidad, mi padre y mi madre: todo esto había perdido color y sabor, quedaba delante de mí sin que yo lo viera, o mejor, lo reconociera. ¡Qué sorpresa volver a darme cuenta de ellos! Qué bello coger el paso tímido de mis hijos o conmoverme por el rostro de mi mujer después de veinticinco años de matrimonio, o sentir que amaba el destino de aquellos chicos que llenan los salones del colegio donde enseño y ¡advertir que todo esto se me da ahora!, ¡es Cristo mismo que se me da ahora! Es increíble: no basta con que Cristo esté presente, hace falta que también esté yo, hace falta que estén mis ojos, mis manos, mi razón abierta a aquello que está ocurriendo, hace falta que yo sea sencillo frente a la realidad.
La Escuela de comunidad me ha hecho mucha compañía en estos últimos tiempos, ha sido como el sobrevenir de la carta de un amigo que conociéndome me ha ayudado a girarme y a tener viva aquella enorme provocación que ha sido el encuentro con Franco y con Carrón. La fe que pretendía tener, y por eso decía: "He aquí, soy un miserable, pero tengo fe", justo la fe era lo que no tenía.
Conocer la realidad por lo que es, el dato, la huella, Su presencia. Cuantas veces, leyendo lo que ustedes me escriben en Huellas, estoy delante de su humanidad nueva que vuelve a mirar todo, realmente todo, con la sencillez genial de la fe. Así a menudo me ocurre por la mañana sorprenderme como girado por la otra parte, como preocupado (o sea, ya todo ocupado) por mis pensamientos. Antes no me daba cuenta tampoco y ahora levantarme y enseguida pedir, rogar, pedir para poderlo reconocer en el día que está ocurriendo, hoy ésta es la mañana. Ayúdenme para que no pierda esta postura.

Nembrini: Gracias, Stefano. Ésta posición del yo, que se ha recuperado, éste abrir los ojos sobre una realidad encontrada de nuevo, siente pero enseguida el golpe de un montón de necesidades, de un montón de dolor, frente al cual uno se encuentra. Me ha impactado como muchas vuestras contribuciones partieran de aquí y pusieran justo la pregunta: "Yo también intento, yo quiero afrontar seriamente la realidad, pero ¿Cómo sostener el choque de esta fatiga, de este mal, de este dolor dentro de mí y alrededor de mí"?. Una intervención hablaba de "humanidad dolorida frente a la cual me encuentro y dentro de la cual estoy sumergido"; otra contribución, que cuenta del dolor que encontramos todos los días, preguntaba: "Pero ¿cómo se puede testimoniar aquella victoria de la que hablaste en octubre, aquella certeza, delante de tanta necesidad humana?".
Le he pedido a nuestra amiga Lucia de Verona, para que fuera ya una tentativa de respuesta en positivo, que nos contara aquello que ha ocurrido en Verona en el curso frecuentado por uno de los cinco que han matado a un chico por un cigarrillo.

Lucia: En una calle del centro de Verona, en la noche entre el 30 de abril y el 1° de mayo, cinco chicos de 19-20 años le han golpeado a muerte a Nicolás Tommasoli, de 28 años, porque se había negado a darles un cigarrillo. El hecho ha involucrado directamente a una chica de Gs, Elisa, compañera de clase de uno de los cinco agresores. Elisa se ha movido enseguida, escribiendo el volante que ahora les leo.
"Frente al inesperado acontecimiento que nos ha impactado muy de cerca, aquello de encontrarse con un compañero de clase en la cárcel, la pregunta que surge espontánea es: pero ¿cómo es posible llegar a esto, llegar a un punto tal que una pequeña chispa provoca una tragedia? Ésta pregunta la pusimos todos, estudiantes y profesores, estupefactos frente al peñasco que nos ha precipitado encima. Banalmente se puede contestar que la culpa es de la pertenencia política extremista si se ha cumplido un gesto semejante, o bien que se trataba de una persona agresiva. Pero decir esto no es suficiente. Estas motivaciones no responden realmente a aquellas preguntas. De una discusión en clase ha salido la posibilidad que lo que ha conducido a una cosa tan grave sea en realidad un vacío que está presente en todos nosotros, un vacío que cada uno de nosotros trata de llenar y que nadie logra ignorar: la necesidad que exista algo que nos llene, la necesidad que lo que hacemos y lo que somos no se pierda, la necesidad de ser tomados en serio en todo nuestro yo, siempre. Raffaele no es un monstruo, un loco o un exaltado, es un chico que ha hecho un error muy grave y pagará por esto, pero además de esto es un chico que tiene esta necesidad como todos nosotros y su pregunta es también la nuestra: ‘¿Por qué’?. Igualmente Nicolás era un joven como todos nosotros, no un enemigo que eliminar, que ahora ya no está y sus padres se ponen la misma pregunta: ‘Por qué’? ¿Cuál es el sentido de aquella vida quebrada y las otras marcadas para siempre? Pero ¿quién nos responderá de modo bastante verdadero que nos salve del vacío que nos envuelve?"
Elisa se ha involucrado con sus compañeros, con los profesores, con el rector, encontrando resistencias y personas dispuestas a reconocer, en la suya, una posición humana capaz de estar frente a la tragedia sin censurar nada, y esto ha solicitado a los otros chicos de Gs y a nosotros profesores. A través de ella hemos podido conocer más la realidad, porque teníamos delante una persona que estaba mirándola con verdad y con el deseo de encontrar a todos para testimoniar una novedad, dentro de la tempestad de declaraciones que querían definir el caso.
Quisiera preguntar: nosotros, que hemos encontrado una novedad para nuestra vida y como otros profesores advertimos un sentido de incertidumbre e impotencia frente a un desastre humano cada vez más inminente, ¿cómo podemos sustentar la esperanza de quien está cerca de nosotros, de los chicos que tenemos en el curso? ¿De dónde partir para afirmar que la alternativa a la nada es Cristo?

Julián Carrón: ¿De dónde partir? De donde partir lo tenemos delante de los ojos y ¡no lo vemos! ¿De donde ha partido aquella chica? Nosotros tenemos que mirar lo que ocurre delante de nosotros. ¿Y qué ocurre? Que una chica, la última, la más pequeña, ha mirado a la cara lo que había acontecido a un compañero y ha hecho aquel volante, como hemos escuchado. Intentamos ensimismarnos en aquella chica: ¿qué la hizo partir? ¿Cuál ha sido el punto de partida, el origen que le ha hecho desafiar todo y todos arriesgando públicamente aquel juicio? No es una inteligencia particular, no es un conocimiento particular, no es una energía particular: es sencillamente la capacidad de adherir a algo que viene antes. Ha mirado a lo que le había sucedido a aquel chico y a aquel compañero suyo con lo que había en ella, y esto le ha dado la certeza: la hizo vencer la impotencia que todos sentimos delante de estas cosas. No porque era la mejor, no porque tenía más energía, no porque tenía más conocimientos, sino porque era más leal y más sencilla frente a lo que la experiencia le había propuesto.
Me preguntaba esta mañana: pero a nosotros, cuando hemos escuchado en la canción una vez más "no fue por los treinta dineros, sino por la esperanza que Él un día me había suscitado en mí", ¿qué ha sucedido? ¿Ha sido el hervir de la esperanza que Él había suscitado o no? ¿O prevalecen todos los otros pensamientos, todas las otras cosas porque nosotros, delante de lo que sucede, somos como refractarios, es decir no nos dejamos impactar y estamos solamente a la merced de nuestros pensamientos y de nuestras capacidades (que, en cuanto sucede algo, se ve hasta que punto son nada, nada delante de aquello que ocurre)?
Es impresionante que el Señor elija a una jovencita para corroborar para todos nosotros el método, para hacer entender que no son nuestros falsos problemas, no son nuestras preocupaciones, no son nuestros pensamientos, sino es la sencillez de un yo delante de lo que Él hace. Y entonces no existe vacío, no existe un hecho incluso feo en la vida que no se pueda mirar, precisamente por aquella esperanza que Él ha suscitado en nosotros, por aquel "antes" (aquel "antes de cualquier otra cosa", aquel "antes" por el cual “Te he amado de un amor eterno y he tenido piedad de tu nada"): si nosotros no lo dejamos entrar cada vez, cada instante en nuestro yo, nosotros ya estamos derrotados.
Me decía Franco que a veces casi parece inútil todo nuestro estar delante de mucho dolor. ¡Menos mal que el Misterio no ha razonado así! ¡Menos mal que el Misterio no ha pensado que era inútil tener piedad de nuestra nada, de nuestro dolor, que no era inútil hacerse Hombre! Menos mal, porque de otro modo todo ya sería acabado. Y por esto Él constantemente nos despierta.
Es verdad que todo eso es superior a nuestras fuerzas, es verdad, es verdad. Es inútil escondérnoslo: es verdad, es absolutamente superior. Por esto hace falta otra cosa con respecto de las usuales cosas que nosotros tenemos en la cabeza; y nosotros podemos empezar a entender, si nos identificamos cada día con nuestra necesidad y nos damos cuenta de qué es lo que nos hace volver a empezar, de cuánto necesitamos esta mirada llena de ternura sobre nuestra nada para volver a partir. El problema es que esto nos parece poco, que nos parecen más incidentes y más importantes todas nuestras preocupaciones, nuestros pensamientos, nuestras reuniones…Todo nos parece más incidente, más real, más decisivo que lo que el Misterio ha hecho y sigue haciendo. Como si Él se hubiera un poco distraído, o fuera un poco ingenuo: hacerse Hombre, renunciar a Su papel de Dios, a Su poder, a Su potencia… parece poco incidente sobre la historia, y por esto nosotros damos importancia a todo excepto que a esto. Después de esto, la primera cosa que aparece nos frustra y estamos todos por los suelos. ¡Felicitaciones! Y luego decimos: "¿Qué hacemos?". Quizás deberíamos empezar a seguir a aquella jovencita; que es lo mismo que había hecho aquella otra jovencita de catorce años que se llamaba Maria: delante de lo que parecía imposible (para Él nada es imposible) estaba toda invadida por aquella conmoción, porque Dios había mirado la nada de Su sierva. Lo que parecería a los ojos de todos absolutamente inútil y no incidente sobre la realidad, aquella acogida, aquel "sí", ha sido la cosa más decisiva de la historia. ¡Pero en esto no creemos! Por tanto, delante de cualquier hecho, nos encontramos aturdidos, vencidos, derrotados. Es suficiente una chica que lo tome en serio y nace el clamor que hizo en aquel colegio. ¡Díganme ustedes qué es más incidente! ¡Tomamos en serio, al menos a veces, la realidad! En cambio nosotros seguimos diciendo: "La familia, la sociedad, el ambiente"…!bolas! Por caridad, lo sé, yo también lo decía a mis profesores cuando era rector en el colegio: es verdad que la familia…es verdad que la sociedad… es verdad, es verdad, es verdad. ¿Pero nosotros tenemos algo que ofrecer a estos chicos que están delante de nosotros? Es todo verdadero pero ¿aquellos que me encuentran tienen la posibilidad de encontrar algo, de encontrar un yo que tiene algo que decir a lo que ocurre, o no? Pero por esto hace falta que nosotros no seamos los primeros que estén ya derrotados.

Nembrini: Muchas intervenciones vuelven sobre la cuestión de la unidad, en el sentido que la tentativa, el moverse personalmente es como si exigiera enseguida ser jugada, ser puesta en campo junto a sus propios amigos, junto a alguien. Hay esta tentativa personal, pero esa a menudo queda algo individual, no se convierte en una comunión, no se convierte en una amistad recuperada. Se vive una nostalgia con respecto de una unidad que se siente a la vez como necesaria e imposible, a lo mejor justo con aquellos amigos, con los del movimiento que están contigo dentro de la misma situación, en el mismo colegio, en la misma ciudad. ¿Cómo el moverse de la persona genera una unidad - preguntan en muchos - por ejemplo en el mismo colegio, entre gente que pertenece al movimiento y se ignora? ¿Qué quiere decir tener la preocupación - también lo habías reclamado en octubre - de la presencia de la Iglesia, la preocupación ideal de volver presente la Iglesia allí donde estamos? ¿Qué favorece esta expresión, qué la expresa públicamente?
En algunas ciudades, por ejemplo, algunos de nosotros han vuelto a hacer la Escuela de comunidad juntos, y esto ha marcado un punto de partida importante. Luego, enseguida, es como si también esta tentativa inmediatamente se perdiera, cambiara de método, como tú siempre nos dices, es decir se volviera de nuevo una preocupación organizativa, como si el problema fuera volver a hacer el CLE, hacer nacer el movimiento, hacer nacer algo, y se resbala enseguida…

Carrón: ¡Basta ya! Dejen que lo haga Él, ¡lo sabe hacer muy bien! A nosotros nos toca responder con nuestro yo. De allí nace todo. La cuestión es que en todas estas cosas pensamos que el "sí" que decimos no sea suficiente para engendrar todo, y se ve sobre todo en como se concibe esta unidad.
Franco dice: esta nostalgia de una unidad, que se siente a la vez como necesaria e imposible. Es así: tan necesaria cuanto imposible que sea generada por nosotros. Por tanto es inútil que nos preocupemos por esto. La unidad - lo hemos visto haciendo la Escuela de comunidad - es una consecuencia. La primera unidad que ha acontecido en la historia ha sucedido alrededor de Uno, Jesús. Ésta ha sido la primera unidad, la primera comunión. ¿Y como ha nacido esta comunión? ¿Cómo ha nacido? ¿Los discípulos se pusieron de acuerdo? Intenten ensimismarse con esto: ¿se han puesto de acuerdo? Miramos como nosotros intentamos engendrar esta unidad y comparémoslo con lo que hicieron los apóstoles: somos terriblemente ridículos, y no estamos de pie. ¿Por qué? Porque nosotros tenemos una ingenuidad espantosa con respecto de nuestra capacidad humana. Don Giussani nos lo ha repetido casi cada día: todas las revoluciones han buscado esta unidad y jamás la lograron, porque es la cosa más imposible a los hombres, tan necesaria y tan deseada cuanto imposible. Lo vemos: tampoco con la persona que uno ama es posible, imagínense con el resto.
¿Pues, de dónde nace esta unidad? ¿Cómo ha nacido? Nace, ha nacido y siempre nacerá de esta identificación con Otro, con algo distinto con respecto de nosotros. Podemos estar juntos, podemos sorprender el ocurrir de la unidad (sin pensar que la generamos nosotros) si encontramos a Uno capaz de responder a todo el deseo del corazón. Entonces podemos estar juntos sin devorarnos, sin que todas nuestras pretensiones puedan tomar la delantera sobre todo el resto, estando bien, como en nuestra casa, estando a gusto, solamente por una cosa: si allí nosotros encontramos a Uno que es capaz de llenar toda nuestra espera, y por tanto podemos engendrar una relación distinta entre nosotros, porque estamos tan contentos, tan realizados, tan agradecidos que Él haya venido encuentro a nosotros, haya mirado nuestra nada, antes de cualquier otra cosa por el hecho de que Él exista. Entonces me encuentro con los otros en una actitud absolutamente distinta. Si no es así, si la experiencia no es ésta, ¿qué quiere decir hacer la comunidad? Inexorablemente se convierte sólo en nuestra tentativa de administrar algo, de ponernos de acuerdo. Pero a mí no me importa nada de ponernos de acuerdo; porque podríamos estar de acuerdo y no tener el Único que responde. ¿Me hago entender? A mí me interesa saber si existe Alguien capaz de responder a toda la espera de mi corazón y al corazón de los demás. Si no existe, ¿por qué me meto en líos? Y si existe y yo lo encuentro y empiezo a hacer una experiencia distinta del vivir, capaz de abrazar mi yo, de hacerme sentir agradecido y alegre porque Él existe, entonces, sin proyectos, como un sorpresa, me encuentro bien con los otros: antes con la mujer, luego con los amigos, con los compañeros…Aunque todo el resto no va, ya empiezo a hacer una experiencia por la cual la relación con los otros no es violenta, no es una pretensión, sino es gratuita. No podemos dárnoslo nosotros mismos, lo debemos recibir, tenemos que estar disponibles a recibir al Único capaz de engendrar la unidad. Pero nosotros, en cambio, estamos disponibles a hacer veinte encuentros porque los manejamos nosotros, pero estamos menos disponibles a dejarnos llenar por el Único capaz de engendrar la unidad. Porque es como si no entendiéramos cuál es el alcance de la cuestión, es decir no entendemos cuál es el problema del yo, cuál es el problema de esta desproporción estructural que nos determina, y por tanto que es tan necesaria una respuesta cuanto es imposible dárnosla nosotros; todo el deseo infinito de plenitud tiene tanta necesidad de una respuesta cuanto yo me encuentro constantemente, con todas mis tentativas, a reconocer la imposibilidad de darme una respuesta. Por eso yo no logro solucionar mi problema y tengo necesidad de abrirme constantemente a Otro para hacer una experiencia distinta de la relación con los demás.
Entonces la Escuela de comunidad la hacemos por esto, no para hacer el gesto de CL pegado a la nada. Si la Escuela de comunidad no es esto, no es el cambio de método que nos desplaza constantemente de como nosotros creemos engendrar las cosas; si la Escuela de comunidad es una discusión, en lugar de un seguimiento que se propone es imposible. Si no vamos cada vez a la escuela de comunidad con la conciencia de la necesidad que no logramos responder y que tenemos que aprender a ensimismarnos con otro que ha recorrido el camino antes de nosotros, ¿Para qué vamos allí? ¿Para hacernos nuestros comentarios? Entonces es mejor quedarse en la casa. ¿Saben por qué? Porque incrementamos el nihilismo: después de haber escuchado todos los comentarios, vamos a la casa peor que antes. ¡Es el incremento del nihilismo, pensando hacer la Escuela de comunidad! ¡La Escuela de comunidad no es eso! Haremos un paso adelante decisivo en nuestra historia, si borráramos de las Escuelas de comunidad los comentarios: se hable solamente de experiencia. De tus comentarios no me importa nada, imagínense si también a mí no se me ocurren otros tantos comentarios… no lo digo sólo para vosotros, también lo digo para mí, que puedo añadir comentarios sobre comentarios. Pero la cuestión no es ésta. La cuestión es: ¿he tenido alguna experiencia que pueda iluminar algo? Nosotros somos los expertos del análisis de la oscuridad, pero prender un encendedor vence más la oscuridad, ¿entienden? Todos los comentarios sobre la oscuridad no son capaz de vencer la oscuridad como prender un encendedor. Por tanto, si uno prende un encendedor que ilumina la vida, porque allí ha visto la derrota de la oscuridad, vamos todos a la casa aliviados: la oscuridad no vence más, y así, para quien está disponible, se produce una unidad y no vuelve a la casa con una soledad infecunda y un último escepticismo, como muchas veces ocurre entre nosotros. Gracias a Dios, ¡a nosotros la vida no se ahorra! ¡Gracias a Dios! Porque nosotros pensamos que haciendo comentarios sobre comentarios la vida se nos ahorra, que nada tenga consecuencias, en el fondo. Menos mal que el Señor usa esta grieta que le dejamos, entonces todo vuelve a iniciar, todo es posible que empiece de nuevo.

Nembrini: Sobre esto me parece que el testimonio de Cinetta de Roma pueda ayudarnos y, en el mismo tiempo, te preguntamos un juicio sobre una posible dirección.

Cinetta: El 14 de octubre volví a la casa con el entusiasmo de quien se siente delante de una cosa grandísima, pero casi estaba reduciendo todo a un pensamiento, a un comentario sobre la realidad y sobre el movimiento. No sé si es una afirmación correcta, pero he entendido que la totalidad que me había impactado la hice tan pronto coincidir con un montón de cosas que hacer para el movimiento, muchas cosas, y en buena fe, pero la prueba que no eran de la misma naturaleza de lo que me había impactado el 14 de octubre es que, en lugar de abrirme a todos y de hacerme sentir más libre, me encerraban siempre más en un modo correcto de pensar el movimiento y la realidad, que mientras tanto escapaba por todas partes.
Luego en diciembre ha venido Nembrini a Roma por una asamblea con los profesores. Me esperaba como máximo una explicación más. En cambio vi a uno en el que las cosas que yo también había escuchado se habían convertido en un desafío para las circunstancias cotidianas, porque experimentadas no como una esfuerzo titánico individualista, sino dentro de una relación que lo corregía, lo hacía crecer, no lo encerraba en una posición justa de quien actúa por Cristo, pero sin Cristo. Por esto, con pocos amigos hemos querido empezar una Escuela de comunidad para profesores. Nunca lo habríamos hecho antes. La hemos iniciado con este deseo fuerte: que toda la energía de nuestra vida estuviese en tensión para averiguar si - como dice la Escuela de comunidad - aquel hombre allí, que nos ha suscitado mucha esperanza, es realmente lo que dice ser. Nos hemos arriesgado por primera vez ser amigos, no para organizar el movimiento, sino para descubrir qué es la realidad. El primer resultado es que hemos dejado de lamentarnos por los chicos que no son como tienen que ser, de las circunstancias que no van como tienen que ir. Una amiga mía que enseña en mi colegio y que tiene una clase difícil, decía: "Ya no vengo a verificar mi capacidad sino mi fe, y cuando abría la puerta del salón antes pensaba: no habrán estudiado tampoco hoy; ahora en cambio la abro preguntándome: qué tendrá que decirme hoy el Misterio?". O bien otros entre nosotros, descubriendo – haciendo Escuela de comunidad - que la consistencia de sí mismo no está en el resultado, sino en lo que viene antes, están reinventando también el modo de dictar clase en cursos que todos los demás profesores consideran perdidos. O bien una amiga mía, a la cual una alumna pregunta: "¿Por qué debo estudiar? Qué quiere decir conocer?", invita a ella y a todo el curso a hacer Escuela de comunidad. Es una cosa inicial, pero me parece que esté rompiendo - como ahora tú decías - todos los esquemas.
He aquí, la pregunta es ésta: me parece que hacer Escuela de comunidad, por lo menos como enorme deseo, quiera decir encontrarse frente a una propuesta total. ¿Es esto que hace de nosotros un sujeto nuevo dentro del colegio, es esto que puede engendrar entre nosotros una unidad que no sea defender la propia idea de Jesús?

Carrón: Fíjense, es suficiente que uno empieza a seguir que las cosas inician a ponerse en orden, en su justo lugar.
Todo el modo con el que nosotros afrontamos la realidad (la escuela, la familia, los amigos, el dolor, las circunstancias) desvela cuál es el sentido del vivir que nosotros hemos alcanzado. El problema no es que sucedan algunas cosas, o que nos encontramos delante de ciertos chicos, o a una cierta situación del colegio. El problema es como yo – ahora Cinetta lo decía – llego al colegio un instante antes de subir el primer peldaño: si lo que me determina es aquello que me ha sucedido a mi, y entonces tengo una posición original para entrar en un modo distinto en el colegio; o si ya estoy determinado por todas las dificultades, por todas las circunstancias, por todos los prejuicios o hechos que he visto el día antes, y entonces ¿qué puedo esperarme de eso?
Todo el análisis puede ser absolutamente verdadero, no quiero negar las dificultades que existen, pero la cuestión es que, en cuanto uno deja entrar algo distinto, las cosas siguen siendo como antes - no es que cambia la circunstancia, no es que cambia el colegio, no es que cambian los chicos, no es que de un día al otro todos los chicos empiezan a tener gana de estudiar, no es esto, todo queda tal y cual -, pero la novedad está en él, en cómo entra al colegio. Por esto había contado, en otras ocasiones, aquel episodio, que me había impactado, de un estudiante mío que – había sucedido un accidente a un amigo del grupito del movimiento del colegio – había dicho: "Pero ¿por qué Dios hace estas cosas?". Es decir, antes de todo había la rebelión. Entonces yo le dije: el problema es como tú estás delante de estos hechos. Y le hacía este ejemplo: "Si tú cuando vuelves a la casa esta tarde encuentras a alguien que te da una bofetada, ¿qué haces?". Puesto que era un tipo duro, dice: “Yo le doy a él otras dos bofetadas". "Pero si cuando llegas a tu casa, tu mamá te da una bofetada?" Queda paralizado y dice: "Yo le preguntaría por qué". ¿Y por qué, cuál es la diferencia entre la manera con la que tú te pones delante de la bofetada de un desconocido y delante de aquella de tu mamá? Materialmente la bofetada es la misma, pero mientras no la aceptas del desconocido, no puedes decir lo mismo de tu mamá. Tú, delante de tu mamá, no puedes introducir una duda: tienes demasiados hechos delante de tus ojos que cuando miras la cara de tu mamá - visto que la bofetada no coincide enseguida tu experiencia de la mamá - preguntas: ¿por qué? La cuestión es: cuando tenemos que afrontar la realidad, ¿hay algo que es tan seguro, tan consistente que no elimina la unión con el Misterio - como aquella bofetada no elimina la unión que aquel chico tenía con la mamá -, la unión con aquel Misterio que me despierta constantemente la certeza y la esperanza del vivir? Por esto tiene razón Cinetta: en la relación con la realidad lo que averiguamos es nuestra fe, es la certeza de la fe. Delante de circunstancias dolorosas que ocurren (por ejemplo aquella descrita por nuestra amiga de Verona) a veces preguntamos: "¿Qué puedo decir yo"?, o bien: "¿Qué hacer"? Tienes que decírmelo tú qué hacer, porque en este momento tú demuestras qué es para ti la fe, ¡si tú tienes algo que decirles a aquellos chicos, si tienes que algo decirles a aquellas familias, si tú tienes que algo decir! Por esto, frente a cada hecho que ocurre (el colegio, los chicos, el accidente, la bulimia, todo) la cuestión es: ¿pero yo qué tengo que decir? La consistencia, la unión con Quien he encontrado resiste delante de esto? De otro modo nosotros hacemos una especie de gran reserva india, que no sirve para estar en la realidad. Y si a mí la fe no sirve para estar en la realidad, delante de todo lo real, con todo el drama, ¿qué me importa de ella?
Una de las cosas más bellas de estas últimas semanas es el hecho de haber ido a visitar a un cura, amigo nuestro, que ha muerto luego, y me asombraba de qué amistad es la nuestra, cuando tenemos esta certeza en los ojos, porque podemos mirar a la cara incluso la muerte. Yo estaba allí tranquilo, casi disgustado por no poder ir con él. "¿Por qué? ¿Por qué nosotros podemos desafiar hasta la muerte?", me preguntaba cuando lo miraba allí, sobre la cama. ¿Por qué? ¿Quizás porque estamos de acuerdo, porque tenemos la organización, por qué somos más agudos en el análisis? ¿O por aquella certeza que viene antes de cualquier impedimento, es decir con lo que tenía antes de hacer un paso en la habitación de mi amigo que se iba hacia el abrazo de Cristo? En conclusión la cuestión es ésta: como yo llego a este encuentro con el amigo moribundo, como yo llego cada mañana a dar clase, como yo llego cada mañana al encuentro conmigo mismo, como me abrazo. ¿Y este "antes" por qué está determinado, de qué está definido, por qué está llenado, invadido? ¿Está invadido por mi impotencia o está invadido por la presencia de Otro?
Y aquí nosotros también nos encontramos a darnos cuenta de la mentalidad de todos, es decir, la mentalidad ilustrada. Para muchos de nosotros lo que llamamos cristianismo no es otra cosa que esta mentalidad ilustrada, para la cual nosotros queremos llevar adelante los valores cristianos sin Cristo. Vemos como estamos llegando al final de esta historia por la quiebra que todos reconocen. ¿Por qué no lo logramos? Por esta ingenuidad sobre la naturaleza del hombre, por esta negación del pecado original como reconocimiento de una incapacidad última, por este desconocimiento del hecho de que es posible sólo lo que Otro hace posible. No es que Cristo haya venido para hacer un paseo en la tierra porque no tenía nada que hacer: estaba absolutamente consciente de que “sin Mi no pueden hacer nada", y por tanto ha muerto por nosotros y ha resucitado por nosotros. Esto no vale solamente por la Semana Santa o por la Misa, mientras para entrar en el colegio necesitamos de otra cosa. Necesitamos de aquella victoria de la Resurrección, de otro modo nos quejamos, con muchas razones adecuadas, por caridad; pero todas estas razones adecuadas son nada delante de la victoria de Cristo, porque ninguna de estas cosas puede eliminar esta victoria.
Por tanto es solamente cuando nosotros dejamos entrar Su victoria que no dependemos del resultado, sino de este "antes", de Él que viene antes, y entonces tenemos una hipótesis para la vida. Amigos, ésta es la propuesta que nos hace la Escuela de comunidad, antes de todo para nosotros, no para los demás, sino para nosotros. Cada uno puede decidir si necesita de esta propuesta o no, antes de cualquier reunión, antes de cualquiera organización.

Nembrini: La tercera cuestión sobre la cual quisiera que nos paráramos me parece quizás la más decisiva, también sólo por el hecho de que la propone el cincuenta por ciento de las contribuciones. La digo así: el punto más confuso me parece permanecer aquello de la presencia, de la claridad de una propuesta en el ambiente en el que se trabaja, ante todo a los mismos alumnos. Muchos entre nosotros tienen una duda sobre esto: "Yo enseño bien, lo logro bien, suscito un cierto interés por mí, por mi materia, también voy a comer la pizza con los alumnos, existe una relación. Después de esto está el problema de la propuesta: si, cómo y cuándo invitarlos a Gs, invitar al movimiento, invitar a la Escuela de comunidad". Nos cuesta entender cuándo y dónde hablar de Cristo, decir de mi pertenencia, para mí tan especialmente significativa, porque cuando miro a mis alumnos o a mis colegas o a los padres que encuentro, tengo justo el deseo que vivan de la misma cosa, que miren lo que yo miro, pero es como si fuera un paso que siento abstracto, yuxtapuesto. Me parece el punto decisivo, porque según yo, debajo de todo eso, hay un sutil dualismo que tenemos que mirar a la cara y ayudarnos a derrotar.
Le pediría a Caterina de Pisa que haga su intervención donde la cuestión emerge con mayor claridad, así también te ayudamos a contestar.

Caterina: Queremos ponerte dos preguntas. Advertimos una separación entre nuestro trabajo en las clases con los estudiantes y la experiencia de Gs. Me explico mejor. Hay estudiantes y padres que están interesados, nos estiman y nos agradecen por lo que hacemos con los cursos. En el colegio no somos los únicos que hacen bien su propio trabajo. En este año nos encontramos varias veces para preguntarnos cuál es la diferencia con respecto de los otros. Tú nos has acordado que queremos ser sobre todo gente que, debajo de todo esto, siempre va al colegio con la preocupación ideal suprema: Cristo y la Iglesia. ¿Cómo se detalla esta preocupación ideal en nosotros? Enseñando matemáticas o latín estamos preocupados de hacer entenderles a los chicos las matemáticas y el latín. Entendemos que Cristo, el único que nos desafía en la verdad de las personas y de las cosas, no puede ser la añadidura inarticulada a la clase, una propuesta desatada de lo que hacemos en los salones, la preocupación de “si” y “cómo” invitarlos a Gs; ¿entonces qué quiere decir hacer una propuesta clara a nuestros estudiantes? Porque deseamos que nuestros estudiantes conozcan a Cristo, encuentren esta realidad que nunca nombramos en nuestras clases. ¿Cómo puede empezar esto? ¿A qué tenemos que mirar? ¿Dónde tenemos que poner nuestra atención para que no se escape lo que sucede? Sintéticamente: ¿cómo nace Gs?
La segunda pregunta. En el movimiento muchas familias tienen a hijos que frecuentan los colegios. Han pedido a nosotros profesores que hagamos algo por sus hijos y esto - que nos parece más bien como un descargar - crea una cierta incomodidad. Vemos luego comunidades de Gs con una maciza presencia de hijos de familias de CL. Por una parte, hay una preocupación justa en los padres hacia la educación cristiana de sus propios hijos dentro de la experiencia del movimiento; por la otra, hay una molestia en nosotros profesores porque nos parece una dinámica forzada, que no es aquella del encuentro como puede ser aquella de nuestros estudiantes. Te pedimos una ayuda para juzgar esta cosa, porque sentimos cargar sobre nosotros, dentro de nuestras comunidades, una imagen que amenaza de volver pesada la vida.

Carrón: ¿Pero alguna vez nosotros nos ponemos la pregunta sobre qué es verdaderamente enseñar? ¿Qué es realmente el conocimiento? Porque si uno me dice que enseña bien y luego tiene el problema de añadir algo, ¡me pregunto si enseña bien, no si hace Gs! Porque si puedo explicar algo sin dar razón de la totalidad, yo no explico bien la realidad, porque entender una cosa es entender el nexo con la totalidad (por lo que yo sé… me corrijan ustedes que son maestros en Israel más que yo). ¡Díganme si explicar algo no es conectarlo al todo! Y si uno me dice que explica muy bien, hasta que tiene éxito, y no llega allí, yo me pregunto: ¿pero nosotros alguna vez nos preguntamos realmente qué es el conocimiento? Porque es lo mismo que hemos dicho en la Escuela de comunidad sobre la fe, es decir que nosotros podemos empezar a hablar de la realidad como todos y luego añadimos algo, el Misterio. ¡No! ¿El problema dónde está? Que cuando nosotros hablamos de la realidad, el Misterio no tiene nada que ver. Y como no tiene que ver con el modo con el cual yo miro a la realidad, entonces empieza a surgir un problema falso: "¿Cuándo, en qué momento tengo que introducir el Misterio"?, o: "¿Cómo lo pego?". ¿Entienden? Inexorablemente, este dualismo no está vencido, no podrá ser vencido si tenemos que ver cuándo pegarlo o cómo hacer. ¡No! A veces tenemos que llegar a preguntarnos qué es enseñar, qué es entender algo, qué quiere decir usar la razón según su naturaleza de razón (tomar conciencia de lo real según todos los factores) y qué tiene que ver esto con la enseñanza de don Giussani sobre el concepto de razón y con aquello sobre el cual el Papa nos sigue corrigiéndonos, cuando nos pide "ampliar la razón". Pero una afirmación como la del Papa, sin toda la historia con don Giussani, sería reducida por nosotros a un eslogan del que no sabríamos que hacer. Nosotros podemos entender qué quiere decir precisamente por aquella modalidad con la que don Giussani ha empezado a introducir a todos nosotros en la realidad. Porque enseñar, educar - siempre nos hemos dichos - es introducir a la totalidad, a la realidad en su totalidad. Si puedo explicar cualquier cosa sin la unión con la totalidad, yo no estoy educando, no es que no estoy haciendo Gs (en este contexto no me importa), no estoy educando y sobre todo no estoy haciendo bien el profesor. ¿Miren cómo podemos hacer los profesores como todos y luego "añadir" Gs? ¿Pero esto a quién interesa? Esto no será nunca el movimiento. ¡Nunca! ¡Este no será nunca Giussani! Les desafío, a quien quiera, a mirar a la cara lo que él nos ha dicho.
Entonces la cuestión, amigos, es si empezamos a considerar bien en cómo nosotros estamos enseñando, pero no con respecto de una cierta "espiritualidad" de CL, que no interesa a nadie, no: ¿qué quiere decir que enseño según el modo con el cual yo uso la razón y como explico cualquier aspecto del real en la relación con su totalidad? De otro modo nosotros - como sucede a veces en los colegios católicos - explicamos todas las materias como todos y luego algunos añaden una ideología y otros añaden otra ideología, pero en el fondo todos somos homologados. El problema es que nosotros a menudo hemos aceptado este principio y estamos allí todos en orden, sin estar delante de qué quiere decir educar, qué quiere decir enseñar, qué quiere decir entender una cosa en su relación con la totalidad de la realidad.
Éste es el desafío que tenemos delante, es un desafío nuestro, porque hasta cuando nosotros como profesores, como personas que enseñan, justo por el valor de nuestra enseñanza, no nos ponemos esta pregunta e intentamos responder, en realidad nosotros ya entramos en el colegio derrotados - lo siento -, y por esto luego hace falta añadir algo otro.
Díganme si don Giussani, cuando entró en el colegio, tenía otra preocupación que ¡explicar hasta el fondo la realidad! Y toda la fatiga que hizo, todo el recorrido que ha hecho es porque no se ha ahorrado nada de aquel camino, que él ha tenido que recorrer en primera persona para documentarlo paso después de paso, para facilitar en nosotros el camino para poder ser leal hasta el fondo con la razón, para enseñarnos como esta utilización de la razón introduce una novedad del otro mundo sin deber pegar nada más. Tanto es verdad que dice que el hombre realmente religioso es quién vive intensamente lo real, cuando en cambio todos dirían que el hombre religioso es quien hace más actos religiosos a lado de lo real. No, don Giussani nos desafía sobre la intensidad del vivir, y – ¡atención! – todo el planteamiento del movimiento, desde el primero que lo encuentra hasta el Grupo Adulto, está o cae si don Giussani tiene razón sobre este punto. De otro modo es imposible mantener de pie una propuesta como la nuestra, si no es verdadera, es decir si mi relación con la realidad no es así, si la religiosidad es no vivir intensamente lo real. Si no, ¿por qué deberíamos hacerlo? ¿Para tratar de llenar de actividades los chicos fuera de la realidad? ¡No! ¡Esto no será nunca el movimiento! ¿Por qué? Porque todo el planteamiento tiene que ser unitario: del estupor de la realidad hasta el Misterio, todo de un golpe – estamos viéndolo en la Escuela de comunidad: todo de un golpe, del primer deseo hasta el infinito –. No es que a cierto punto hay una encrucijada y uno va por allí y otro por allá. No, ¡no, no! Todo, desde el momento inicial hasta el infinito. ¿Tienen presente el esquema, el dibujo, en la Escuela de comunidad? (¿Se puede vivir así? p. 68). Éste es don Giussani, ésta es la propuesta, y nosotros tenemos que verificar si esta explicación de la razón y del deseo, y por tanto del conocimiento y de la respuesta de la libertad, es verdadera o no es verdadera. El desafío de don Giussani es sobre este punto: ¿es verdadero o no es verdadero esto? Y si no es verdadero, digámonoslo claramente, y entonces ¡basta ya! Pero si es verdadero, o nosotros vencemos este dualismo disfrazado o nosotros ya estamos derrotados por ello.
¿Entonces, como nace Gs? Nace de una persona que vive la realidad en un modo tan unitario que a uno le nace la gana de participar de su vida. La cuestión es si delante de una persona, en el modo en el que enseña matemáticas o en el que enseña latín, en el modo con el cual uno está introducido a lo real a través de aquel particular, hay una percepción tan unitaria que hace surgir en quien la encuentra la pregunta: "¿Pero quién es éste?". Gs nace como nace el cristianismo: delante de una persona, de un testigo que, en el modo en el que vive la realidad, despierta la pregunta. Si nosotros, dando clase, no logramos despertar la pregunta en los chicos, si no perciben una novedad en el modo en que nosotros afrontamos la materia, debemos ponernos, luego, el problema.
Desde cuando descubrí esto, he ido a dar clase divirtiéndome, es decir gozando de la lección. Si hay algo que ver, los chicos lo verán; y si no hay nada que ver, ¿por qué deberían tener el deseo de venir conmigo para hacer algo el fin de semana? La cuestión es si me encuentro delante a alguien y yo éste no quiero perderlo. Porque - como decíamos en octubre - la educación es la comunicación de sí mismo, es decir del modo con que cada uno de nosotros se relaciona con la realidad. Y esto lo vemos por todas partes, también en la relación entre hijos y padres. ¿Cómo comunicamos? En el modo con el que nosotros nos relacionamos con la realidad. Es inexorable. Si no logramos despertar la curiosidad por el modo con el que vivimos lo real en el colegio… Y esto no es ante todo porque tengo que hacer Gs o porque tengo que hacer el movimiento. ¡No! Es para no ahogar en el colegio, es un problema mío, no hago así porque "tengo que" dar testimonio. No, no. Hago así para vivir yo, y esto da testimonio. Por eso decía que para vivir así necesito dejar entrar este "antes", porque sin ello yo no entro a dar clase tampoco muerto. Pero si tengo esto, yo no puedo no entrar en aquella circunstancia de manera distinta, original, no determinado por el resultado, por las circunstancias, por nada, y entonces a los colegas o bien a los chicos puede venir la curiosidad y también la gana de compartir la vida, y esto sucede sea para aquellos que tienen a padres de CL sea para aquellos que son hijos de ateos, indiferentemente. Nosotros no debemos tener una actitud diferente con los unos y con los otros: es el mismo problema. Si nuestros padres no aceptan que ellos no son los dueños de los hijos, que tienen que doblarse frente a la modalidad con la que el Misterio lleva a sus hijos al destino (que nosotros no conocemos) y que la única cosa que podemos hacer es testimoniar lo que nos ha sido dado; si nosotros no hacemos así, al final creemos poder darles a nuestros hijos todo a través del discurso, pero no movemos nada en ellos y los aburrimos tanto que ya no quieren escucharlo.
"Mucho hace quien poco molesta"… Hacemos mucho con nuestros hijos o con nuestros amigos no poniéndoles unos obstáculos, ¿entienden? Porque cada hombre es un misterio, no es un mecanismo sobre el cual yo puedo incidir como si fuera reducido a los factores antecedentes; es un misterio. Podemos hacer todo lo que queremos y el otro puede decidir dejarnos sobre el umbral de sí mismo, y nosotros de allí no avanzamos tampoco de un milímetro: pueden ser los hijos o los amigos o los colegas. Ésta es la dignidad del yo. Por tanto la única arma, el único modo para mostrar el amor al destino del otro es testimoniarlo: "Mira si hay algo que te interesa de lo que te digo. Y ¿como te lo digo? Viviendo, viviendo delante de ti". Y así no lo dejo solo y me intereso de él. ¡No, no! Es tan verdadero que me intereso de él, que sigo viviendo delante de él y sigo mirándolo como hace Jesús. A cada uno que encuentras, ¡lleva todo lo que tienes adentro, toda la mirada llena de ternura, de afección para aquella persona! Luego espera. ¿Qué más podríamos hacer? El otro es un misterio.
Lo que nos escandaliza es la libertad, pero nosotros pertenecemos a un movimiento en el cual quien lo ha generado ha dicho: "Yo he apostado todo por cincuenta años sobre la libertad pura". Y ¿quién puede apostar todo por cincuenta años sobre la libertad pura? Quien es tan cierto de la verdad que lleva que no necesita saltar la libertad, ponerla por un lado, forzar nada. Basta con poner delante toda aquella belleza para que quien tiene el deseo de vivir pueda sentir el desafío. Cuando tenemos que usar otros métodos quiere decir que no estamos seguros nosotros, es un juicio sobre nuestra certeza. Sobre esto nos jugamos todo, porque una presencia - para decirlo sintéticamente - es un yo que en el modo con que vive la realidad es él mismo una propuesta, porque no es posible vivir según todos los factores de lo real lo que tengo de frente (de las matemáticas a la relación con los colegas o con los estudiantes) sin implicar la totalidad; y allí se ve si he encontrado Algo que me permite vivir así o no. Todo el resto es un dualismo añadido, que en el tiempo no resiste: a mí me cansa y a los otros no le interesa.
Por tanto, amigos, es sobre esto que tenemos que ayudarnos y acompañarnos. Nos ayudamos desenmascarando dónde se introduce el dualismo. Si no tenemos claridad sobre esto, nosotros discutimos sobre falsos problemas.

Nembrini: Sobre esto yo querría que, a través de la pregunta que hace Martino de Padua, nos ayudaras. Quizás sea una cuestión que no concierne a todos, pero es tan imponente como responsabilidad que merece la pena afrontarla juntos. Se trata de Gs. Si he entendido bien lo que acabas de decir, ayudar una comunidad de Gs en una ciudad o en un colegio es el extenderse, el desbordar de la posición que has descrito. ¿Porque entonces, tan frecuentemente, hay como un esquematismo, una clausura de nuestras comunidades, que hasta padecen la fatiga de vivir dentro de estructuras organizadas? Los gestos existen, se hace el radio, se hace la caritativa: está todo garantizado desde el punto de vista de la experiencia del movimiento, pero es como si la vida verdadera y la realidad estuviesen en otra parte. Hasta la equivocación suprema formulada así por algunos chicos de Gs mientras hablaban a sus responsables: "Miren, ustedes son buenos, a lo mejor también son del Grupo Adulto, son confiables, por lo tanto piensen en garantizarnos los encuentros del movimiento, la Escuela de comunidad, la caritativa, pero no se permitan entrar en el asunto de como pasamos el sábado por la noche". Me parece que hay adentro una doblez, una equivocación como resultado de nuestra tentativa incluso generosa, que se debe absolutamente corregir y juzgar.

Martino: La nuestra es una historia sencilla, diríamos ejemplar: radio, reanudación en grupitos, caritativa, coro, tentativa de estudio, almuerzo entre profesores que siguen Gs y sobre todo mucha compañía entre algunos de nosotros. El hecho es que, después de este otoño caliente, después del encuentro de octubre y la asamblea con Franco en Padua, algo se ha movido, por lo menos como deseo de renovación. Varias han sido las tentativas de respuesta a la propuesta de octubre: una Escuela de comunidad, encuentros para profesores, reactivación de Diesse [Didáctica e innovación escolar. Centro por la formación y la capacitación ndr]. En todas estas tentativas, incluso buenas, nos parece que algo falta, ya que la tentación todavía es aquella de arreglar, reorganizar la categoría de los profesores. Pero si algo nuevo ha ocurrido nos parece necesario volver a partir de aquel famoso: "Quien soy yo"?. En el último encuentro entre los que siguen Gs, muchos han puesto esta pregunta: "¿Pero qué es Gs para mí"?. la pregunta partió de la dificultad de algunos en manejar a los de Gs, por otros la dificultad nació del resentimiento por el tiempo robado al propio trabajo al estar con los de Gs; por otros más había como una duda por el hecho de que en Gs están los hijos de gente del movimiento y no sus propios alumnos. De aquí la pregunta: ¿pero qué es, entonces, Gs? Captamos que algo nuevo está ocurriendo y deseamos por eso una ayuda y una confrontación, no sólo ocasional, sino puntual, con alguien más adulto.

Carrón: Mi parece que lo que decía antes sea ya una tentativa de respuesta a esto. Porque la cuestión, dicha en términos que me gustan más, según la modalidad del Papa, citando a San Agustín, es: ¿qué mueve al hombre en el íntimo? ¿qué es capaz de hacer saltar el yo? Porque si no nos hacemos esta pregunta, si no nos metemos delante de esta cuestión, nosotros creemos solucionar el problema arreglando las cosas, administrando las cosas. Podemos ser capaces de manejar lo existente hasta cuando no quede nada, va muy bien, pero si la cuestión es ésta, a mí no me interesa. Acaba como en algunas obras católicas, donde en el fondo administramos lo que existe, hasta cuando cerramos la iglesia porque ya no viene nadie.
La cuestión es que nosotros hemos encontrado algo por lo cual, cualquiera sea la circunstancia, allí donde uno llega empieza algo: somos como al principio de la expansión del cristianismo. Si nosotros llegamos en un colegio, ¿en el modo con el cual nos ponemos, despertamos algo? Y ésta es la cuestión - como decía antes - más complicada, porque para engendrar algo, para despertar algo no basta con gestionar, no basta con organizar, porque ahora vemos que esto es un problema transversal: concierne la Iglesia, la escuela, los partidos, las asociaciones, todo, porque gracias a Dios nosotros no aguantamos más. ¿Por qué? Porque hasta ahora también nosotros hemos vivido de lo que quedaba de aquel tipo de "yo" sobrevivido desde cuando el cristianismo tenía incidencia sobre la historia y era capaz de despertar el deseo. En conclusión, nosotros hemos vivido de las rentas de una tradición. Ahora que el cristianismo, la tradición, es cada vez menos incidente y lo que prevalece es todo el resto, nos encontramos delante de esta parálisis, de este desinterés por todo, de esta incapacidad de interesar en algo, en la que nosotros también nos encontramos, delante de cursos donde la gente está aparcada sin hacer nada.
Entonces es realmente un desafío para nosotros: ¿tenemos algo que ofrecer por esto, tenemos alguna respuesta a esto? Es la verificación de la fe, como ha sucedido en muchos momentos de la historia. Después de las invasiones bárbaras San Benito ha tenido que empezar desde cero. Hoy que los bárbaros son penetrados, tenemos que volver a empezar, y ver si en esta situación tenemos algo que ofrecer, de otra manera podemos sólo administrar aquello que todavía queda del pasado. Vemos que el desierto avanza, que cada vez más hay menos interés, que cada vez más pierde fuerza el yo, que aquel "efecto Chernobyl" del que habló Giussani cada vez se extiende más. Pues: delante de esto, ¿ante todo he encontrado por mi vida (que muchas veces está en la misma situación de aquella de los chicos) algo, para mí, para volver a empezar, y por tanto puedo ofrecer algo a los chicos? Si no es así, ya es una derrota con fecha de vencimiento (a lo sumo podemos correrla un poco). Por esto es muy importante como nosotros generamos Gs: recojamos los últimos "japoneses" o somos capaces de empezar a interesar a personas que si no encuentran una experiencia así, un humano así, que desafía hasta su historia, quedan indiferentes. He ido a visitar un colegio y me ha impactado lo que me decían los amigos que trabajan allí: deben llamar todas las mañanas a los padres y hablar por teléfono con los chicos para convencerlos que vayan al colegio. Estamos en este nivel. Y, decía, esto es transversal, concierne a todos los niveles sociales. Será cada vez más así, esto es un ejemplo de cómo sucederá siempre más. Pues, o nosotros tenemos alguna respuesta para esto, o si nos conformamos con gestionar lo que todavía queda, los primeros que ya están derrotados somos nosotros.
¿En esta situación qué quiere decir hacer Gs, si no hacer participar a los chicos a este nuevo descubrimiento? Una prueba [test] de como hacemos Gs es lo que decía Franco sobre el sábado por la noche: que un chico diga así: "Tú garantizas los rituales del movimiento, pero luego no te permitas sindicar sobre cómo paso el sábado por la noche", es un juicio muy pesado, porque quiere decir que él participa, sí, a los gestos normales de Gs, pero estos gestos no son capaces de arrastrar el yo: "Yo participo en los gestos, luego el resto me lo administro yo: ¡no te permitas entrar en este asunto! ". ¿Pero ustedes pueden imaginarse a uno que se enamora y que dice: " Me enamoro, pero luego el sábado por la noche me lo gestiono yo"?. ¿Es un acontecimiento realmente totalizador o son solamente reuniones que hacer? Yo me pregunto: ¿pero qué sucede en aquellos encuentros? Si nosotros no miramos el origen, también el hacer Gs vuelve a proponer el mismo esquema perdedor, es decir ustedes no son capaces de impactar el yo en un modo que tenga que ver con todo. Esto es un juicio sobre nosotros: ¿pero yo que propuesta hago? Y si ustedes responsables de Gs no tienen esta preocupación, yo diría: mejor cerrar Gs y volver a empezar, porque es una equívoco total. Fíjense, Podemos proponer que hagamos muchas cosas, pero si esto hacer las cosas no es capaz de impactar realmente el yo, sucede esto. Pues la pregunta es: ¿qué propuesta hacemos nosotros? ¿Qué propuesta soy yo? Esto no es un juicio sobre los chicos.
También aquí, como en otros ámbitos de nuestra vida, hay como una ambigüedad en el fondo: ponemos nuestra esperanza en gestionar, y por tanto dependemos siempre del resultado y cuando el resultado no viene estamos deprimidos, o bien la ponemos en lo que hemos encontrado (aquella esperanza que Él ha suscitado en nosotros) y por tanto podemos poderosamente desafiar a todos? Es solamente en este modo que empezamos a ver cómo el Señor actúa. Pero la cosa más terrible que podemos hacer es que lo que Él hace, lo que Él despierta, luego nosotros lo usamos para arreglarlo, para encerrarlo en nuestras cajas, y así ahoga. Lo siento, amigos, pero nosotros tenemos una gran responsabilidad si hacemos así. No querría estar en vuestra piel. Porque debemos preguntarnos si nosotros queremos "servir" lo que Otro hace, o si queremos "administrar" lo que Otro hace. Y llegamos al punto crucial, que es el problema de la fe: nosotros reconocemos que existe Alguien que está actuando, y por tanto guiar Gs no es gestionar Gs, sino es obedecer a lo que Otro hace, es seguir lo que Otro hace. ¿O nosotros usamos aquello que Otro hace para hacer nuestras cosas? Atención, porque muchas veces lo que sucede entre nosotros es que un problema nuestro – nuestro de adultos –, no solucionado a nivel personal, provoca un vacío que queremos llenar gestionando a los otros. Cada uno se tome su responsabilidad delante de Dios. Porque el vacío que muchas veces nosotros tenemos como adultos lo queremos llenar con la gestión de los chicos. No es justo. ¡No es justo! Yo no quisiera tener esta responsabilidad. Porque muchas cosas no son problemas de los chicos, sino son problemas nuestros que, como no los hemos solucionado en nuestra relación con el Misterio, creemos poder solucionar haciendo el jefe o el “sargento”. Lo digo claramente: sobre todo es inútil, porque esto no sirve a ustedes para solucionar el problema. Aunque logren gestionar, esto no soluciona nada de vuestro malestar, seguirán teniendo el malestar. ¿Me hago entender? No soluciona nada, porque la gota no es capaz de llenar el vaso, y estaremos cada vez más en el malestar. Por esto es un nuevo inicio. O nosotros queremos obedecer a lo que Otro hace porque lo reconocemos en acción – es un problema de la fe, de la que estamos hablando en la Escuela de comunidad, es un problema de la fe: ¿nosotros, en el fondo, creemos que Otro está actuando, y que por tanto nosotros tenemos que seguir aquello que Otro hace? – o somos como todos, es decir, arreglamos los otros dentro de las estructuras. ¡No es justo! Y donde sucede, tienen que decírmelo, porque hace falta eliminar esta ambigüedad en nuestras comunidades, en Gs. Es necesario decírmelo, porque no es verdadero, no es justo esto, no es justo que los chicos paguen esto. ¿Me hago entender?

Nembrini: Para concluir, una última cuestión. En muchas partes se registra y se comenta una tentativa de presencia en el ambiente, también por los instrumentos que nuestra historia ha engendrado. Muchos han retomado un interés por la profesión, a lo mejor poniéndose juntos a otros en hacer propuestas, proyectos, iniciativas. Por ejemplo, la asociación Diesse se ensancha, abre otras sedes, empieza a moverse algo a lo mejor dónde no se había movido nada, empieza un trabajo entre amigos y colegas, a menudo dentro de los colegios. Pero, también aquí, los testimonios y los cuentos acaban como con una última duda, señal siempre – creo – de aquel dualismo que esta mañana nos has ayudado a fotografiar de modo tan claro. Me preguntan: "Hago un buen trabajo con los amigos, con Diesse, de acá, de allá… ", pero es como si luego la persona se encontrara entre el vado. Hecho el trabajo o la profundización o la iniciativa sobre la disciplina, sobre la profesión, la pregunta es: "¿Pero qué tiene que ver esto con la fe? Qué tiene que ver con una relación buscada y deseada, realmente intensamente deseada, con el Misterio?", cuando, incluso, el hacer estas cosas es sentido en oposición con una religiosidad verdadera.

Carrón: Ésta es una cuestión que ya había afrontado en otras ocasiones. Para nosotros muchas veces el encuentro es el punto de llegada, no el punto de partida. Es decir, si lo que he encontrado, lo que llena mis ojos, mi razón, mi afección, mi corazón, mi libertad, no me permite entrar hasta el final en todo aquello que tengo que estudiar, enseñar, querer, entonces queda afuera, no ilumina toda la realidad. Y nosotros, de este punto de vista, muchas veces somos perezosos. ¿Qué quiere decir ser perezosos? Decía anteayer, charlando, nuestro amigo Cominelli: muchas veces es como si uno dijera: “He leído El riesgo educativo", y siempre hiciera la repetición de El riesgo educativo, que va muy bien, por caridad, pero El riesgo educativo no puede ser el punto de llegada, tiene que ser el punto de partida con el cual yo entro en todas mis materias. Pero esto no lo hace El riesgo educativo, no lo hace don Giussani, sino tiene que hacerlo cada uno, cada uno tiene que hacer el recorrido en las materias con toda su lealtad, sin eliminar nada, sin pegar nada, sin hacer ideología, desde el interior, para verificar cada palabra de El riesgo educativo. Y esto cada uno tiene que hacerlo, y éstos son los instrumentos. Porque, como decía la otra vez, si no llegamos hasta la didáctica, somos dualistas. Pues, no basta con repetir El riesgo educativo; ello es el viático para caminar, es decir es la hipótesis para entrar en todo, no para sustituirme a todo; si no hago como todos los profesores, y luego digo algo sobre El riesgo educativo; es la posibilidad que se nos da para entrar en todo, para iluminar todo, para desafiar cualquier oscuridad. Pero esto es un trabajo nuestro. Como yo, con todo esto, tenía que hacer el trabajo de la exégesis estudiando los textos de la Biblia; no se me ahorraba, más bien me despertaba toda la gana de entrar en mérito, hasta el acusativo griego (tenía que dar razón de aquel acusativo, ¿entienden?). Es decir, si no llega hasta allí, entonces nuestro estudio no me interesa, porque si no tiene que ver con lo que me interesa más, no percibo la relación entre el acusativo y lo que me interesa más, lo que tengo de más querido, pero no por un problema sentimental o solamente afectivo, sin por un problema de la razón: que si Él es la clave de bóveda de la realidad, yo tengo que descubrir esto y tengo que penetrar hasta el fondo. Y esto no está hecho por El riesgo educativo. El riesgo educativo es la puerta de entrada. Y digo gracias a Dios, porque todavía nos queda mucho trabajo que hacer: participar en esta aventura fascinadora para ver cómo esto llega a todo, y por tanto te hace interesar de todo. Porque si con El riesgo educativo ya hubiéramos terminado, sería solamente una repetición, que antes o después aburre. La cuestión es que esto es lo que me permite abrir de par en par la puerta a todo, interesarme de todo, porque lo que interesa es la realidad.
Por esto digo: con los instrumentos, como no podemos hacer todo esto solos, tenemos que acompañarnos. Las asociaciones deben tener la preocupación de ayudar en esto, poner juntos las personas que están interesadas en esto, favorecer que ninguna iniciativa se pierda, porque cada uno está llamado a dar su contribución en esto: no la gestión de lo que nace en la cabeza del organizador, sino la organización al servicio de cualquier ocasión de creatividad que el Misterio suscita en cada uno. Ésta es la subsidiariedad, me parece, de la que hablamos muchas veces. Es decir, que de todo lo que el Misterio mueve entre nosotros nada se pierda, y entonces la aventura es fascinante para nosotros, para la enseñanza, para las relaciones con los compañeros sobre las materias, porque tenemos un punto de diálogo sobre las materias que interesan a ellos, para los chicos. Todo adquiere una unidad del otro mundo. Y esto es lo que puede interesar a nosotros, ¿ de otro modo, por qué deberíamos hacerlo? ¿Por qué no hacemos otra profesión? Nosotros tenemos que experimentar que aquí está la modalidad que nos impide "dejar", porque, por una parte, vemos la dificultad de este tipo de trabajo en que estamos sumergidos, de esta profesión, pero por la otra, para uno que quiere vivir, es lo que no le deja tregua. Por tanto tenemos que decidir si para nosotros toda esta dificultad, todo esta situación a veces complicada y difícil en la que nos encontramos, es sencillamente un obstáculo, o en cambio es un desafío, la ocasión que podemos tener justo por aquel "antes" de la fe que permite entrar en todo. Y así crece la fe, que es la única cosa que nos interesa, crece la certeza que existe una Presencia en la historia sobre la cual podemos apoyar toda nuestra esperanza.
¡Gracias!

Nembrini: Muchísimas gracias, Julián, creo que nos has dado materia de reflexión y de trabajo por todo el próximo año. Querría pedirte un último esfuerzo: te pediría dar dos avisos, los que nos recomiendas siempre; ayúdanos a dejarnos con una entrega, con una tarea clara: el aviso sobre la misión, es decir, qué quiere decir que dentro de esta experiencia está contenida una pasión por el mundo y el aviso de la Escuela de comunidad como método, como camino, como instrumento.

Carrón: La misión. A nosotros ha sido dada esta gracia para todos, y nosotros podemos contribuir, colaborar a la misión de Cristo en la medida en la cual respondemos a esta gracia dada a nosotros. Porque la Virgen ha contribuido con su "sí" y cada uno contribuye con su "sí", haciendo por primero este camino, no para demostrar algo a los otros, sino para hacer por primeros nosotros este camino. Por tanto, dejemos perder todas nuestras preocupaciones sobre los resultados, sobre el movimiento… yo no he tenido nunca, tampoco por un minuto, la "preocupación" del movimiento, no es un problema que me concierne. Si quieren uno que se preocupe del movimiento, busquen a otro. No es un problema que me concierne la preocupación del llevar el movimiento, porque lo lleva Otro que lo ha hecho. ¿A mí qué me apremia? Decir sí a lo que Otro hace y pedir, estar disponible a reconocer lo que Otro hace (sea Cleuza, sea Vicky sea el recién llegado como aquella chica de Verona) A mi me interesa estar así, porque entonces es Él que hace y yo estoy agradecido por poder estar en un lugar donde veo estas cosas, porque esto es lo que contribuye más. Y nosotros tenemos que decidir sobre este punto: o nosotros reconocemos que Él está actuando, y entonces esto introduce una novedad, una esperanza para ir cada mañana al colegio, para afrontar las dificultades, la pesadez, la situación de los chicos, todo, y así colaboramos a la gloria de Cristo, o bien apostamos solamente sobre nuestras energías, y entonces es imposible que uno no se canse. Pero es un problema de principio, es un problema de método, es un problema de dónde nosotros reponemos nuestra esperanza, de cuál es el punto de apoyo, porque el resto viene como algo que desborda de esta humanidad distinta, original en la modalidad en la que se pone en la realidad: inexorablemente hace misión, aunque no hable, en el modo con el que mira, con el que está con los colegas, con el que vive en paz, con el que no tiene la preocupación del rol, con el que no tiene la preocupación de gestionar, con el que está alegre, alegre porque Él existe y hace libres de todo el resto. Y esto puede hacer interesar a los otros en una persona así.
Por esto nosotros nos damos la ayuda que es la Escuela de comunidad. La Escuela de comunidad no podemos dejarla caer en un nominalismo de escribas de la exégesis: hay muchos escribas en Israel. Nosotros debemos evitar a toda costa esto. ¿Y saben cuál es la modalidad? Cada paso de la Escuela de comunidad tiene una verificación. Estamos viéndolo ahora. ¿Cuál es la verificación de la fe, es decir, que nosotros hemos hecho experiencia real de la fe y no hemos hecho charlas sobre la fe? La libertad. ¿Si me dicen todo el recorrido de la fe desde la “A” hasta la “Z” y no se encuentran un poquito más libres, qué me están diciendo? ¿Y por qué tiene que ser interesante ir adelante en el capítulo sobre la libertad, si con aquello sobre la fe no ha sucedido nada? ¡No es razonable para nosotros! Quien tiene la experiencia de reconocer una Presencia presente empieza a sorprenderse libre, libre, es decir satisfecho, cualquiera sea la circunstancia. Entonces, si nosotros no dejamos caer esto como método, la Escuela de comunidad se convierte en otra cosa, e ¡intenten decir entonces si no les interesa!

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