La Vía Láctea entre ciencia, historia y arte /2
autor: Marco Bersanelli
docente de Astrofísica en la Universidad de los Estudios de Milán
Francesco Bertola
docente de Astronomía en la Universidad de los Estudios de Padua
Davide Maino
coordinador de la exhibición
Elio Sindoni (moderador)
docente de Física General en la Universidad de los Estudios de Milán Bicocca
fecha: 2006-08-23
fuente: “... a che tante facelle?”. La Via Lattea tra scienza, storia ed arte
(“… para qué tantos destellos?”. La Vía Láctea entre ciencia, historia y arte)
traducción: María Eugenia Flores Luna
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Elio Sindoni:
Gracias Marco, a ti, Francesco.

Francesco Bertola:
El recorrido que ha sido establecido en la muestra va desde los tiempos antiguos, cuando el hombre sólo tenía una percepción visual, directa del fenómeno celeste de la Vía Láctea, a los tiempos modernos cuando, como apenas ha sido recordado, con el nacer de la ciencia, con el nacer del método científico, el hombre llega a una situación que a un cierto punto ya no tiene la percepción directa del fenómeno, sino lo tiene sólo a través de complicados instrumentos que hoy son muy sofisticados, situados en la tierra pero también en el espacio. Ahora les hablaré de la parte antigua, la parte anterior al 1600: para fijar una fecha, podríamos decir 1609, cuando por primera vez Galileo apunta su telescopio hacia el cielo. Allí nace la ciencia moderna, este contacto con el cielo a través de instrumentos. En cambio, antes, la percepción era más inmediata, por lo que también los elementos que entran en estas representaciones ahora serían inconcebibles con la visión científica. Aquí tenemos elementos mitológicos, elementos religiosos, elementos filosóficos que entran en estas representaciones y que muestran como, precisamente, haya sido muy vivaz la fantasía del hombre.

La Vía Láctea: ya los griegos, viendo esta estela luminosa de color blanquecino en el cielo, le atribuyen una asociación con la leche. Tanto es verdad que, por ejemplo, Aristóteles llama simplemente a la Vía Láctea “la leche”, to gala. Luego, sucesivamente de leche se ha pasado a “lechosa” y es decir galaxias, en griego, del cual todavía, en español, tenemos el término galaxia. En ámbito latino, en cambio, tenemos “la Vía Láctea”. Esta estela se convierte en una vía, una vía formada de leche y esta leche en el cielo enseguida es divinizada, es interpretada como algo con propiedades divinas, que puede transmitir, por ejemplo, la inmortalidad, en el mito de Juno que amamanta a Hércules para hacerlo inmortal; y justo del seno de Juno brota aquella leche que irá a formar la Vía Láctea. Éste es el mito griego. Pero esta asociación de elementos astrales con la leche también la encontramos, por ejemplo, en Egipto, en las estatuas de Isis que amamanta a Horus. Isis tiene una capa donde hay muchas estrellas y la luna. Si luego venimos al mundo cristiano, de nuevo este carácter sagrado de la leche es exaltado y siempre es asociado, precisamente, a estas figuras astrales.

Vienen proyectadas imágenes

He aquí, ésta es una Virgen, llamada Virgen de la humildad, ha sido todo un género iconográfico que se ha impuesto en el Trescientos, donde tenemos a la Virgen sentada en un cojín, generalmente sobre una alfombra herbosa, que en una postura humilde amamanta al niño. Pero luego vemos, al fondo, las estrellas, y a los pies de la Virgen está la luna. Y luego, detrás de la Virgen, hay toda una aureola que indica el sol. Por eso tenemos la lactancia, este fenómeno tan importante en la vida del hombre, que viene aquí exaltado. Naturalmente en la tradición cristiana esta representación viene del Apocalipsis donde, cuando se habla de la famosa mujer, se dice: “en el cielo aparece luego una señal grandiosa: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas”.

Luego la mujer está a punto de dar a Luz, por lo que de nuevo, también aquí, es asociada a un niño. En la tradición cristiana, la Virgen, incluso, no sólo amamanta al niño sino también puede dar de mamar a otras personas, también a los santos.

He aquí, éste es un famoso cuadro en que se muestra como Bernardo de Claraval ruega a la Virgen y le pide: “Muéstrame que eres mi madre”. La Virgen le rocía en la boca un chorro de leche, quiere decir que le transmite sabiduría, conocimiento, y significa que con aquella lactancia también el Santo se convierte en hermano de Cristo. He aquí, un famoso cuadro, “La huida a Egipto” de Adam Elsheimer, que reúne un poco todos estos elementos de los que he hablado. Tenemos la Sagrada Familia: el niño está en los brazos de la Virgen, por lo que podemos pensar que esté por ser amamantado. Tenemos aquí la luna que se refleja en un lago, y la luna es el símbolo de la Virgen. Luego, arriba, tenemos la constelación del León, donde una de las estrellas principales es la estrella Régulo y regulus quiere decir pequeño rey. Por lo que, tenemos en el cielo con la luna, con la estrella Régulo, la imagen, la transposición de la Virgen y de Jesús. Luego, en cambio, por primera vez en la historia de la representación, tenemos la Vía Láctea diseñada con precisión. La Vía Láctea que atraviesa el cielo: luna, estrellas, leche están aquí unidas todas juntas, y la Vía Láctea da un significado más importante aún.

A menudo la Vía Láctea ha sido llamada un camino en el cielo, una vía. He aquí, he puesto esta imagen de Ildegarda de Bingen, también porque sé que en el Meeting se ha hablado, mucho, también ha habido una muestra en el pasado dedicada a esta santa medieval, esta mujer excepcional. Aquí Ildegarda muestra la Vía Láctea como un puente de nubes entre una y otra extremidad del horizonte. Indudablemente es influenciada por la concepción aristotélica de la Vía Láctea, por lo que este objeto era un fenómeno de la atmósfera. Ahora, esta idea de Aristóteles, a pesar de su gran autoridad, en general no ha sido nunca tomada demasiado en serio, también porque, aún a partir de Demócrito, a través del Medievo, prácticamente casi todos decían que la Vía Láctea era formada de pequeñas estrellas, aunque no se habían visto. Porque el primero en verlas fue Galileo en 1609. Aquí, tenemos esta bonita imagen del puente de nubes. Aquí otra grande tradición, la que llama la Vía Láctea la Vía de Santiago. He leído algunos libros del 1800, ya también en Italia venía llamada comúnmente con este nombre. La historia es que tenemos a Carlomagno que aparece en sueños a Santiago y le dice: “Sigue la Vía Láctea, sigue la vía de las estrellas para alcanzar la tumba donde estoy enterrado. Libera la vía de los invasores, para que los peregrinos puedan alcanzar la tumba”. Aquella tumba todavía está allá, hoy esta vía se llama el Camino a Compostela.

He aquí, cambiando completamente ambiente, hay una gran franja del mundo - todo el Norte de África, la Persia, se extiende hasta Armenia, luego Bulgaria, etc. - en la que la Vía Láctea (el concepto de láctea ya no existe) es la Vía de la Paja, la Vía de la Paja robada. Muy probablemente en estas civilizaciones la paja era un producto de uso común muy importante. También la paja brilla, es clara, por lo que el área en que se habla de Vía de la Paja es aún más vasta que el área en que se dice Vía Láctea, aunque Vía Láctea es el término científico, hoy, Milkway, aceptado comúnmente por todos. Aquí tenemos un dios que ha ido con su carro a robar la paja a un dios vecino, y luego recorre el cielo y en esta carrera la paja cae del carro y deja una estela.

Aquí hay un río: todos los pueblos asiáticos conciben la Vía Láctea como un río en el cielo. Pero es muy interesante esta ilustración de la Divina Comedia en que Dante no habla de la Vía Láctea, Dante sólo dice: “y vi lumbre en forma de rivera brillante de fulgor, entre dos riveras pintadas de maravillosa primavera”. Pero el ilustrador del 1400, en este famoso Dante que está en la Biblioteca Vaticana, ilustra estos versos poniendo a Dante y Beatrice en la bóveda celeste, en la esfera de las estrellas fijas, vemos que también está el Zodiaco que viene luego a encontrarse con la Vía Láctea. Y de este fuego vemos que Dante bebe, toma fuerza, sabiduría. La cosa es interesante porque la Vía Láctea como río de fuego es en cambio típico de la cultura hebrea. Hay pasos en el Talmud en que claramente es descrita la Vía Láctea y es llamada “río de fuego”. Y he aquí que, pasando de una extremidad a la otra del mundo - ésta es una pintura sobre corteza de eucalipto de los aborígenes australianos - de nuevo vemos un río, se pueden ver dos barcas y dos personajes en las barcas. La leyenda dice que en cierto momento éstos se ahogan. Y es de nuevo una representación de la Vía Láctea como río. En India, la Vía Láctea es el Ganges celeste. Es la transposición en el cielo del río más grande que hay en el territorio: antes hubo la Vía Láctea celeste, luego, en cierto momento, la Vía Láctea baja a la tierra y el dios Shiva, que aquí vemos junto a su esposa Párvati, ofrece su cabellera para amortiguar el impacto del agua, desde el cielo a la tierra. Una vez en la tierra, el agua dará origen al Ganges terrestre.

Y he aquí una de las más interesantes concepciones de la Vía Láctea, concebida como el lugar de las almas. Hay toda una literatura griega, aún antes de Platón, por la cual las almas de los muertos van a permanecer en la Vía Láctea. Es expresada muy bien en esta miniatura que está justo aquí en Rímini, en la Biblioteca Malatestiana, y que representa el sueño de Escipión tal como es relatado por Cicerón. Tenemos sobre la cama a Escipión el Emiliano, el cual precisamente ve, en la Vía Láctea diseñada con muchas estrellas, a sus antepasados: Escipión el Africano y muchos de los suyos. Ésta es la concepción que más me ha sorprendido: nace en Grecia, es descrita ampliamente, pero en cualquier parte del mundo siempre se encuentra alguna alusión a este hecho, que las almas van a la Vía Láctea. El discurso es interesante: ¿ha habido un encuentro de culturas que ha producido esto o es la naturaleza misma de la sensibilidad humana que, frente a este fenómeno, reaccione siempre del mismo modo? Aquí, tenemos una ilustración medieval donde vemos a los ángeles que acompañan las almas a lo largo de la Vía Láctea. Y aquí vamos a Micronesia, y de nuevo en este diseño la Vía Láctea es representada como una escalera que lleva al cielo, con las almas que la recorren. Y aquí, bajamos a las culturas mesoamericanas. Ésta es una ilustración del código que es el gran monumento escrito de la civilización inca: vemos a Madre Escorpio, que es la diosa que está al final de la Vía Láctea para acoger a las almas que allí llegan y luego mandarlas a la misma Vía Láctea. Tiene un cierto efecto que en partes tan lejanas del mundo se llegue a una concepción análoga. Y aquí lo mismo, estamos de nuevo en Australia: la Vía Láctea es concebida como este río, que vemos representado por estos peces que van hacia arriba, pero luego a cierto punto vemos huesos humanos, los huesos de personas que han muerto y que brillan en el cielo y nos hacen ver la Vía Láctea.

Ahora, una serie de imágenes de cómo se ha transformado el mito clásico de la Vía Láctea, ilustrado en este bellísimo cuadro de Zucchi, que está en Villa Medici, en Roma. Vemos arriba a la derecha a Juno, Júpiter y el pequeño Hércules que Juno está amamantando. Dice la leyenda que cuando el niño, sacio, se apartó del seno de Juno, partieron dos chorros de leche: uno fue hacia el cielo a formar la Vía Láctea, uno fue hacia la tierra para hacer crecer las azucenas. Muy bonito, muy poético. Ahora, detengámonos en estas dos figuras, de Júpiter y de Juno, y vemos cómo con el tiempo esta representación padece modificaciones, se transforma completamente. Aquí tenemos un antiguo manuscrito del alto Medievo con Júpiter y Juno: Juno, con el seno descubierto, tiene en mano el círculo de la Vía Láctea, este círculo blanco. Luego los diseñadores se copiaban unos a otros, pero sin entender profundamente el significado de las imágenes. He aquí una representación tardía, donde Júpiter y Juno se han convertido en dos mujeres que tienen este círculo en la mano. Una interpretación que aún queda muy misteriosa es aquella dada por Miguel Escoto, que era astrólogo en la corte de Federico II, el cual llama la Vía Láctea, por primera vez, el Demonio Meridiano. He aquí, ésta es una imagen de Escoto, vemos siempre dos personas. “Demonio Meridiano” deriva del salmo 90 de la Biblia. Escoto dice: “La Vía Láctea es un conjunto de espíritus sabios” (he aquí que se vuelve a la Vía Láctea como lugar de las almas y los espíritus) “que deben ser temidos”. No está claro por qué tienen que ser temidos, pero en fin, es lo que Miguel Escoto dice en el Medievo.

Y he aquí que de la Vía Láctea siempre quedan las dos figuras que originariamente eran Juno y Júpiter: ¿aquí se convierten en una especie de ángel y un frailecillo, el frailecillo está amarrado porque, según los Padres de la Iglesia, el Demonio Meridiano era el que provocaba la acidia a mediodía en los anacoretas, por lo cual era algo muy popular en la época. Y luego, siempre los diseñadores, visto que el nombre es Demonio Meridiano, ¿por qué no representarlo con demonios reales? Y he aquí esta bellísima imagen, donde vemos un demonio que tiene en la mano el círculo de la Vía Láctea y el otro demonio que tiene en mano un libro, porque apenas hemos visto que estos demonios eran sabios.

Una bonita imagen que aún está en la Biblioteca Ambrosiana de Milán. De nuevo aquí tenemos estos demonios, diríamos, con las alas de murciélago, y todos tienen en mano un libro, para diseñar demonios muy sabios. Y acá el concepto se desarrolla: incluso, en este manuscrito alemán, el Demonio de Mediodía es confundido con el espíritu de Medianoche, que es la bruja. Aquí siempre tenemos el círculo de la Vía Láctea, siempre las dos figuras, que eran originariamente Júpiter y Juno y ahora se han vuelto dos mujeres de las cuales una tiene la escoba la en mano, para indicar que es una bruja. Aquí, ven cómo la fantasía se ha expresado.

Algunas otras imágenes. Éste es el diseño que un chamán ha hecho a los primeros exploradores que han ido a visitar este pueblo de la Siberia Oriental. El diseño quiere representar el cielo, el universo, pero ven el relieve que es dado a la Vía Láctea, es considerada una cosa muy importante. Y he aquí otra bella imagen, el Padre Cielo de los Navajos que están en Arizona, donde tenemos este dios del cielo con todas las estrellas y la luna: la Vía Láctea es aquel diseño que va de una mano a otra, a través de los brazos. Vamos a la civilización azteca, también la civilización azteca tiene su diosa de la Vía Láctea: aquí la mitología es muy compleja, es una diosa que en cierto momento ha sido completamente desmembrada, como vemos, pero es conocida por ser la diosa de la Vía Láctea. He aquí, ahora, para mostrar cómo aún hoy este fenómeno celeste tenga un gran impacto en el arte, un cuadro del 1800 donde la Vía Láctea está sobre París. Es muy simbólico, este diseño, porque la Vía Láctea parte del Panteón de París. El Panteón es el lugar donde son enterradas las personas ilustres, y justo de allí parte.

Aún otra bonita interpretación de este fenómeno. He aquí Milliere, noche estrellada: vemos hacia el horizonte todo el montón de nubes claras y oscuras que constituyen la Vía Láctea. Y he aquí este pintor contemporáneo que nos muestra la Vía Láctea en una playa desierta. Éste es un cuadro muy famoso que da la idea del asombro del hombre frente al universo. Vemos a este hombre extendido por tierra que mira el cielo y este cielo precisamente es sólo la Vía Láctea. He aquí, concluyo con esta imagen, es una cosa reciente, una escalera que va hacia el cielo, que va hacia el infinito, que va hacia la Vía Láctea. Me hace recordar como en el Medievo una de las denominaciones de la Vía Láctea fuera la Escalera de Jacob: en su sueño, descrito en el Génesis, Jacob ve una escalera recorrida por los ángeles que va hacia el cielo.

Bien, querría hacer una pequeña consideración. Me ha sido dicho que muchos visitadores de la muestra han preguntado: “¿Pero dónde se ve la Vía Láctea, dónde está, porque yo no la he visto nunca?”. Es un hecho muy grave, y obviamente sabemos cuáles son las causas. La causa es la polución luminosa. Imaginen cómo podía ser la situación hace 100 años, hace 150 años, cuando uno salía a la puerta: si había una bonita noche clara de estrellas, la primera cosa que veía era este grandioso fenómeno. Ahora esto ya no se ve más. En ciudades como Milán, si se logran contar diez estrellas, por la noche, es mucho. Pero también en el campo, ya, no existe ningún lugar en que se pueda ver bien. Hace falta hacer una acción de convicción - no quitar la iluminación, no tendría sentido, está ligada al progreso civil -: hacer que esta iluminación sea racional.

La racionalidad consiste en un hecho banal: mandar la luz de la iluminación pública donde es útil mandarla, y es decir hacia tierra, donde hay que iluminar. No mandarla hacia el cielo, como hacen en cambio muchos aparatos eléctricos. Mandar la luz hacia el cielo quiere decir crear un daño irremediable, no sólo a quien está cerca de la lámpara, sino también a quien está muy lejos, porque a cierto punto en el cielo se suman los efectos de todas aquellas lámparas que mandan luz. Por lo que, no es sólo en el centro en Milán que ya no se ve el cielo, sino también yendo fuera, en otra ciudad, también yendo al campo abierto el cielo es disturbado por esta luz enviada hacia arriba. Además, la Región Lombardía es conocida por tener una de las mejores y más eficientes leyes que combaten la polución luminosa, por lo que sólo hay de esperar que estas leyes vengan realmente aplicadas para permitirle al hombre apropiarse de lo que es suyo. Gracias.

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