La vida, exigencia de felicidad. Testimonios /2
autor: Elvira Parravicini
neonatóloga y Asistente de la Clínica Pediátrica en la Columbia University de New York
Orlando Cárter Snead
d irector del Center for Ethics and Culture de la Notredame University
Andrea Simoncini (moderador)
docente de Derecho Constitucional en la Universidad de Estudios de Florencia
fecha: 2012-08-23
fuente: La vita: esigenza di felicità. Testimonianze
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La natura dell'uomo è rapporto con l'infinito", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "La naturaleza del hombre es relación con el infinito")
traducción: María Eugenia Flores Luna

ORLANDO CARTER SNEAD:
Ha sido realmente algo extraordinario. Para mí es un enorme placer estar aquí con el viejo amigo Andrea Simoncini, y es indudablemente un profundo honor para mí hablar con la doctora Parravicini, vistas todas las cosas que hace: verdaderamente sorprendente, algo sorprendente. Hoy querría, digamos, presentarles una perspectiva ligeramente diferente, en cierto modo, afrontando un poco el mismo discurso que precisamente ha afrontado en su extraordinaria presentación la doctora Parravicini. Deseo hacerme [así parece, no hacerles] una pregunta: ¿quién es el neonato? ¿Y cómo es que, reflexionando precisamente sobre esta pregunta, podemos lograr entender mejor quiénes somos nosotros y también lo que nos debemos los unos a los otros? Yo creo que el punto de partida para todas mis reflexiones no sea un principio teórico-técnico, cuanto más bien sea necesario empezar con nuestra experiencia humana, una experiencia compartida del neonato, una experiencia del neonato mismo, cuando precisamente lo encontramos en la vida cotidiana.

Luego con este punto de partida propongo hacernos una pregunta, es decir quién es biológicamente el neonato y - aún más importante - quién es el neonato desde el punto de vista moral, desde el punto de vista humano y desde el punto de vista jurídico. El objetivo final es de nuevo aquel de entender mejor quiénes somos todos nosotros y qué nos debemos los unos a los otros. Les propongo que la reflexión sobre las identidades y la experiencia del neonato lleve a ideas muy importantes: por ejemplo, por cuanto concierne a los bienes del hombre como la solidaridad y la comunidad; también la importancia de la vulnerabilidad y de obligaciones no elegidas; luego nos da ideas sobre la dignidad humana y sobre la antropología moral; en fin también sobre la relación del hombre con el infinito. Empezamos por lo tanto a preguntarnos quién es como sustancia biológica el neonato.

Naturalmente, está claro en primer lugar notar que el niño recién nacido es un miembro, un miembro individual de nuestra especie: el neonato en el sentido de la taxonomía es miembro de la familia humana. El neonato es dependiente y lo es radicalmente: entre los mamíferos el niño nace, digamos, pronto en el proceso evolutivo, es decir antes de que su cabeza se haga tan grande que el nacimiento, el parto sea imposible. Por consiguiente, el niño es muy dependiente, radicalmente dependiente, incluso entre los mamíferos precisamente entendidos como clase en su conjunto. Al mismo tiempo hay, ya justo desde el inicio, un reconocimiento y un enlace: por ejemplo los niños recién nacidos ya de cuatro días pueden de manera confiable discriminar el rostro de la madre y preferirlo a otros, respecto precisamente al rostro de un extranjero, de un extraño. La voz de la madre, ha sido demostrado así, activa circuitos cerebrales, que no son sólo correlacionados a la comprensión/elaboración de los sonidos, sino también controlan el movimiento de la boca durante el discurso: por tanto ya desde el inicio la voz materna no es simplemente un estímulo sino desarrolla proprio una actividad de enseñanza, enseñando al niño como hablar. Luego, la relación entre mamá y niño es recíproca, en el sentido que el neonato tiene también él un efecto en la mamá: todos nosotros sabemos cuál es la reacción de una mamá que amamanta al llanto del propio niño. Pero el neonato necesita - y le gusta, también - interaccionar con el ambiente: los neonatos muestran una preferencia por los nuevos estímulos auditivos y visuales. También su llanto refleja un poco la melodía y los tonos de quienes le hablan alrededor.

Y luego llegan al mundo con una capacidad, es decir la capacidad de responder a aquellas que son las señales y los estímulos emotivos: los neonatos reaccionan negativamente, de modo adverso, a los investigadores que por ejemplo se dirigen a ellos y enseguida apartan toda la atención sin explicación. El niño expresa sorpresa e inquietud cuando hay un cambio repentino de tonalidad y también de modalidad de expresarse. Pero al mismo tiempo el neonato como ser cognitivo es bastante inmaduro, tiene un sentido muy limitado de la propia identidad con respecto a aquella de los demás, no tiene la capacidad de formular o bien evaluar los planes dirigidos a un determinado objetivo, sus facultades racionales, las facultades racionales que, digamos, normalmente caracterizan a la especie humana no están todavía activas en el neonato.

Por tanto pasamos ahora a otra pregunta, es decir la identidad del neonato como algo humano, moral, y luego haré también algunas anotaciones relacionadas a la identidad jurídica del neonato. El neonato - y esto ha sido documentado también en las observaciones hechas por la doctora Parravicini - es «un extraño misterioso que acogemos, amamos y del cual cuidamos incondicionalmente» [controlar entidad de la cita], tiene un pedido, hace peticiones con relación a nosotros como miembro de la familia humana. El neonato tiene derecho a cuidado, afecto, protección: la misma vulnerabilidad del neonato pide fuertemente protección. Nosotros, en nuestra experiencia cotidiana, todos reconocemos el desdén y la indignación que advertimos en presencia de abusos o daños a un niño recién nacido.

Por cuanto concierne a la cuestión jurídica, en la tradición de mi País, pero también del de ustedes, hay una línea que, precisamente, se perfila al momento del nacimiento, en el bien y en el mal. Un neonato tiene una personalidad completa delante de la ley, puede por ejemplo heredar propiedades, puede por ejemplo formular reivindicaciones ilícitas contra privados, puede apelar y hacer valer los propios derechos constitucionales contra el Estado, y goza de protección en base al derecho penal. El neonato por lo tanto tiene una personalidad jurídica completa en el momento del nacimiento. Por tanto, repensando un poco a la identidad biológica, y luego también a aquella moral y jurídica, ¿qué podemos decir? ¿Qué es lo que esta experiencia nos enseña al final con relación a qué es realmente el neonato y quiénes somos nosotros después de todo? Ante todo, del neonato aprendemos que llegamos al mundo y estamos enseguida en relación con los demás: como ha mostrado la doctora Parravicini este extraño misterioso tiene enlaces de parentesco con la actual generación, es decir a la presente generación de los propios hermanos y hermanas, tiene enlaces con sus padres y abuelos y también con las generaciones futuras. Como hemos visto al neonato es capaz de reconocer a la mamá, el neonato responde a la lengua, al lenguaje de la comunidad, el neonato reacciona a todos aquellos que son estímulos emotivos e interacciones. Una lección importante y negativa es enseñada por el neonato, es decir que no venimos al mundo como sujetos, personas radicales, algo completamente desligado y despegado de los demás miembros de la comunidad humana: nosotros, en cambio, llegamos al mundo y en este momento estamos en comunidad con los demás. Siempre conexo a este aspecto, sabemos por la experiencia del neonato que no entramos al mundo como voluntad carente de cuerpo, sino venimos al mundo como organismos profundamente necesitados y vulnerables, organismos físicos profundamente vulnerables y necesitados.

Desde el inicio, tenemos que confiarnos y basarnos en la benevolencia de los demás, siempre por aquella dependencia radical de la que hablábamos, y reconocemos en nosotros mismos, cuando encontramos al neonato, todos aquellos reclamos que el neonato nos hace: nosotros advertimos, por ejemplo, el deber de proteger a esta criatura, advertimos la necesidad de hacerla crecer y ocuparnos de ella, no por lo que pueda hacer por nosotros, no por contrato de algún tipo, sino justo por lo que es esta criatura, miembro de la familia del hombre.

Y yo creo que esta consideración tiene importantes consecuencias justo porque podemos entender lo que son los fundamentos de la dignidad humana y los confines de nuestra antropología moral. Y por lo tanto ¿por qué este neonato tiene peticiones respecto a nosotros, reivindicaciones? ¿Por qué intuitivamente entendemos por ejemplo que el neonato tiene derecho a cuidados y protección de nuestra parte, aun entre extraños? No como han dicho algunos - Peter Singer, Martin Nussbaum - y los autores Giublini y Minerva han sugerido: no es por una capacidad particular que tiene el neonato, capacidad de entender quién es; no es porque el neonato tiene la capacidad de reconocer y desear objetivos futuros; y no es tampoco porque el neonato sea capaz de autonomía, o de vida independiente.

No es absolutamente por estos criterios que advertimos justo que este neonato solicita ser protegido y que nosotros cuidemos de él: nuestra experiencia nos dice que esta antropología moral no es correcta. Es en cambio porque el neonato es un miembro viviente de la familia humana que vemos nuestra familia en él, vemos un organismo, un miembro de nuestra familia vulnerable e inmaduro, que solicita todo nuestro cuidado y todo nuestro amor. Y esta reflexión, esta consideración, es decir la idea que justo este aspecto, la identidad del neonato, no su o sus capacidades, que precisamente nos dirigen estas peticiones, es justo esta reflexión que nos debería hacer pensar en otras categorías, otras categorías de personas indigentes que podamos encontrar, personas que de algún modo tienen dificultades cognitivas, porque precisamente son pequeños también ellos o porque han tenido daños cerebrales, lesiones, o porque tienen una patología cognitiva desoladora que a cierto punto los conduce a la demencia. Extender el amor y nuestras preocupaciones respecto al neonato precisamente por lo que es el neonato también nos ayuda a entender que es incoherente e insostenible no extender el mismo tipo de amor, el mismo tipo de preocupación también a otros elementos más vulnerable de la familia humana. En fin, ¿el neonato qué nos enseña, qué nos enseña nuestra experiencia del neonato, por ejemplo sobre la relación del hombre con lo infinito y su anhelo al infinito?

En cierto modo, en sentido temporal como todos nosotros, el neonato está entre dos infinitos: su relación se extiende atrás en el tiempo, llegando prácticamente hasta nuestros primeros antepasados comunes como seres humanos, pero al mismo tiempo también se extiende en el tiempo, hacia el futuro, hacia aquellas generaciones de seres humanos que tienen que nacer todavía. Pero en sentido aún más profundo el neonato es alguien concreto, hecho a imagen y semejanza de Dios, algo precioso e insustituible, refleja nuestra humanidad común, pero también indica a Aquel que ha hecho posible para nosotros conocerlo, amarlo y servirlo en este mundo y ser feliz con Él para siempre en los cielos. Muchas gracias.

ANDREA SIMONCINI:
Es muy difícil siempre el rol del moderador en los encuentros del Meeting: pienso que esta noche es justo imposible; imposible añadir algo sin distraer o arruinar lo que hemos escuchado. Aunque, discúlpenme si digo sólo una cosa, a conclusión de este encuentro, partiendo de una de las fotos que nos ha hecho ver Elvira - aquella en que estaba toda la familia reunida con esta pequeña niña que habría vivido por cuatro horas, el rostro feliz de la madre, el rostro fascinado de un hermanito, el regocijo del otro -: he aquí, yo frente a aquella foto, pienso, he tenido un reacción que pienso muchos de ustedes han tenido. Y me he hecho esta pregunta: ¿pero cómo se hace para ser felices, encantados, por una niña que dentro de cuatro horas ya no estará?

Y el punto es que - disculpen si tengo la presunción de decir - y el punto es que la respuesta de todos nosotros no es más que: no lo sé, pero ha ocurrido; no sé por qué, no sé cómo se pueda estar contentos en una situación semejante, sin embargo ha ocurrido, ocurre. Sólo se necesita dejarlo ocurrir, sólo que se haga espacio a esto. Yo pienso que éste es el punto sintético que yo saco del encuentro de hoy: nosotros hablamos de la vida partiendo de la experiencia, no de un discurso. El punto que más me resuena entre las mil sugerencias que cada uno de nosotros ha tenido es que justo la verdad es algo que ocurre y que siento que corresponde de una manera que no entiendo - porque, repito, aquellas sonrisas, aquel regocijo sería inexplicable -, sin embargo ocurre. Quizás, mejor, más que algo que ocurre es Alguien que ocurre, la verdad. Hoy - éste es el punto que saco de la lección de Carter - nosotros tenemos que reflexionar sobre esta experiencia: nosotros tenemos que ser capaces de juzgar esta cosa que sucede, y este juicio sistemático sobre lo que sucede se llama cultura. El derecho, la política hace parte de la cultura de un pueblo; las reglas - cómo se administra un hospital, cuáles son los protocolos - hacen parte de la cultura de un pueblo. Hoy todo conjura a que estas experiencias, es decir estos hechos no ocurran. No se hace el Comfort Care y por lo tanto no se activa de ningún modo frente a estas personas y así ninguno tendrá más la experiencia de esta felicidad. No se activa: el protocolo nos pide hacer otra cosa. ¡Hoy el verdadero ataque es impedir que ocurra la posibilidad de ver fotos así! Entonces sólo digo que ésta es la responsabilidad: educar a hombres, mujeres, con la pasión por lo que ven y que no tienen miedo de las reglas y de los protocolos, sino se dejan llevar por este atractivo. Gracias otra vez a todos y gracias a Elvira Parravicini y a Carter Snead.

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